CAPITULO 10: REVELACIONES
Le costó
encontrar el lugar donde supuestamente estaba Heero. Los datos que tenía él,
más algunas señas de Quatre, le informaron que debía estar en esa fábrica ¿Qué estaría haciendo Heero en un lugar como
ese? Era una zona bastante deprimente y lúgubre, parecía estar abandonado. Sino
fuera porque vio a algunas personas circulando por los alrededores, creería que
estaba solo. Se acercó a un hombre alto, delgado y pálido, para preguntar sobre
Heero. El sujeto lo guió hasta las puertas de un hangar y le dijo que esperara.
Volvió a salir para hacerlo pasar.
Duo encontró a
Heero cerca de una plataforma de Ms (Mobile Suits) Era un lugar enorme lleno de
chatarra. Los robots estaban esperando su turno para el desmantelamiento. A eso
se dedicaban ahí, era un deshuesadero. El ruido era molesto y los trozos de Ms
eran trasladados de un lugar a otro por grandes poleas. Al final de ellas
estaba Heero, vestido con un buzo sucio de grasa negra. Ésta no sólo manchaba
el buzo, sino también, las manos y el rostro de su amigo.
Cuando estuvo a su lado, Heero apenas lo
miró, pero eso a Duo no le importó para nada, conocía a su compañero y no era
nada nuevo para él esa reacción.
- ¡Hola, Heero!
¡Qué tal!- dijo alzando una mano- ¿Cómo te trata la vida? Veo que le haces
empeño a la causa pacifista. Nosotros también, nos unimos a los Preventers y
estamos muy bien cuidando la paz. Eso creo, uno...- seguía con su usual
sonrisa, mientras Heero continuaba perdido en los papeles de registros que
tenía en una tabla en sus manos- ... nunca sabe cuando va a ocurrir una
emergencia... ¿Sabes...?- continuó hablando sin parar.
Después de unos
minutos de plática en monodiálogo, Duo se quedó en silencio. Extrañamente,
Heero no lo había interrumpido en ningún momento, como siempre era su
costumbre.
- Entonces... - calló todavía extrañado de no ser cortado por las palabras de Heero-... ¿Qué haces?, ¿eh?- Duo le tocó el hombro y se acercó a los papeles que tenía en la mano.
Heero
lo esquivó en una reacción sorpresiva. Los ojos de éste se abrieron con el
impulso y ese brillo tintineante de hace unos momentos siguió vivo en las
pupilas de su dueño. Volteó el rostro para que Duo no lo viera.
-
¿Qué quieres Duo?- nunca supo como salió esa voz de su pecho.
-
¿Ummmh?- el gesto de Shinigami era de completa interrogación- ¡Es cierto!
¡Disculpa!- puso su mano en la nuca- Soy yo quien vino a hablar contigo. Lo que
sucede es que el otro día...
Le
contó toda la confesión de Relena, pero no sobre lo dicho por Trowa del
comportamiento extraño de Heero, después de todo, no terminaba de creerlo.
Al
final calló y dejó que Heero tomara la palabra, sin embargo, nada sucedió. Al
ver que su “interlocutor” no decía nada lo encaró.
-
¿Y? ¿Qué me dices?- Duo ya estaba perdiendo la paciencia.
-
¿De qué?- la voz de Heero se escuchaba rara. Demasiado disminuida.
-
¡¡¡CÓMO QUE DE QUÉ!!!- trató de calmarse sin mucho éxito- ¡Si te estoy hablando
hace como media hora y no me dices nada!- tampoco consiguió respuesta. Una nube
de vapor fue soplada a modo de derrota.
Heero
seguía absorbiendo la dulce voz de su amor. Después de todo este tiempo, no lo
había olvidado. Quiso olvidar a Duo, el chico que le partió el corazón, al
punto de hacerlo desaparecer en su pecho. Se había alejado de todos, no deseaba
saber de nada ni de nadie. Perdido en una vieja fabrica, ahora desmantelaba los
Ms, las máquinas de batallas, sus herramientas como soldado, destruía la era a
la cual pertenecía y la desmantelaba al igual como trataba de hacerlo con su
persona, hasta que no quedara nada y no pudiera sentir más ese
sufrimiento.
Para
eso estaba ahí, pero si quería alejarse de todos, por qué todavía estaba en la
Tierra cuando era más fácil desaparecer del universo. Él sabía perfectamente
como hacerlo ¿Acaso no tenía nombre, ni pasado? Estaba ahí, ahora al lado de la
persona con quien más quería estar, con aquél dueño de sus más profundos sueños
y deseos, aquél dueño de toda su persona. Su alma y cuerpo estaban apunto del
colapso, no sabía como se mantenían todavía sin ningún tipo de temblor, sin
lugar a dudas, su condición de soldado perfecto lo estaban ayudando una vez
más.
-
Hey amigo, veo que estás ocupado, mejor vengo otro día- dio media vuelta para
irse, no sacaba nada en ese lugar, su compañero no hablaría. Alzó la mano para
despedirse.
-
¡Duo!- dijo reaccionando Heero- ¡Espera!- su compañero se volteó para quedar
frente a frente- ¿Quieres saber lo que sucedió? Yo te lo diré.
-
¡¿En serio?!- Duo se mostró muy entusiasmado. La verdad es que ya estaba harto
de tanto misterio.
-
Sí, espérame un momento. No, mejor toma esto- escribió en una de las hojas de
papel de la tabla en sus manos y la arrancó para Duo.
-
¿Qué es esto?- dijo un confundido Duo con el pedazo de papel en la mano.
-
Es la dirección de donde vivo, sólo es un lugar- su voz plana le restó
significado- Ahí hablaremos mejor.
Heero
se encaminó hasta perderse de la vista del piloto del Gundam 02, quien se quedó
rascándose la cabeza, encogió los hombros y se dirigió al lugar acordado.
No
le fue difícil encontrar la casa. Si bien estaba alejada de la fábrica, era la
única por ese camino. La encontró sin tener que usar la dirección. Aterrizó al
lado de la solitaria vivienda y bajó en dos saltos de su nave.
La
casa era pequeña, una cabaña, plantada en un lugar estéril abandonada al medio
del camino. La puerta no tenía cerrojo, ni ninguna clase de pestillo, sólo la
abrió sin dificultad. Se notaba que no le daba importancia al lugar para dejar
una casa a su completa suerte, pero a pesar de eso, el interior estaba limpio y
ordenado. Demasiado ordenado para su gusto: la cocina con una cacerola y
algunos vasos, tazas, platillos, tenía escasos víveres; la cama estaba un poco
más allá también ordenada; una cómoda con ordenada ropa limpia; y un baño, la
única habitación dentro de la cabaña separada por una puerta.
Se
sentó en la pequeña mesa de la cocina-living-comedor-cuarto y esperó. El lugar
era demasiado tranquilo para él, pronto se paseaba como león enjaulado dentro
de la habitación. No le gustaba para nada el lugar, si Heero no llegaba luego,
él se iría. No pensaba quedarse ahí. Lo único que lo mantenía dentro de la casa
era porque algo le impedía irse ¿Curiosidad acaso?, pero esto no duró mucho, ya
que fue reemplazado por un presentimiento incómodo. Algo no estaba bien y ya no
soportando más la incertidumbre decidió irse. Otro día hablaría con Heero.
Abrió
la puerta para escuchar un ruido. Desde la entrada de la casa vio venir a Heero
en su motocicleta, venía a gran velocidad por la carretera con el sol naranja
del ocaso escondido en su espalda. Duo colocó su mano protegiendo su vista y
ver mejor. Las ondas de calor nublaban la imagen de Heero, quien con su gran
velocidad logró romperlas para la visión perfecta de Duo. Este se quedó
mirándolo como quien mira una aparición en cámara lenta, sabiendo que los
segundos corren más rápido de lo que parece.
Heero
llegó a su lado. Se quitó los anteojos protectores iguales a los de Quatre y
bajó lentamente de la motocicleta. Comenzó a acercarse a Duo con su
acostumbrada expresión seria e interesante. Ya no estaba con el asqueroso buzo,
sino venía muy limpio, rostro y manos, con unos pantalones ajustados que
dejaban ver todo su contorno, y una chaqueta negra del mismo color de aquella
prenda sexy. Se detuvo frente a él para quedar inmóvil.
- ¿Entramos?
- Pensé que ya no
vendrías- dijo Duo reaccionando. Se
volteó y sintió la mirada de Heero en su espalda mientras entraban en la
casa.
El 01 cerró la puerta tras sí, con la
vista recorriendo toda la figura de Duo. Este último, sintió un escalofrío en
la espalda y no se animó voltearse frente a su compañero, sino que siguió
caminando hasta la silla solitaria frente a la mesa y se sentó.
Heero
permaneció de pie frente a él separado por la mesita. Duo recién se dio cuenta
de que no había otra silla para que éste se sentara. Trató de levantarse, pero
el otro encontró un cajón en la esquina y lo usó como asiento.
- ¿Quieres una taza de té? Creo que tengo unos
pasteles por ahí- hizo el ademán de levantarse.
-
No te preocupes, Heero, no es necesario- se calló de improviso.
Definitivamente,
algo estaba mal, la mirada de Heero era demasiado insistente y surtía un efecto
incómodo en él. No resistió más y se levantó de improviso.
-
Mejor me voy- dijo Duo sin mirarlo- Se está haciendo tarde y Wufei debe estar
preocupado por mí.
-
¿Pero no querías saber lo que sucedió?- Heero se levantó de un impulso.
- Otro día me lo contarás. Ya...
-
No lo creo- dijo Heero tomándole el brazo para detenerlo.
-
¡Qué haces Heero!- se soltó del brazo y corrió hacia la puerta.
Alcanzó
abrirla, pero su compañero llegó rápido detrás de él y la cerró. Quedaron los
dos juntos. Heero lo aprisionaba contra la puerta y sentía su respiración en el
cuello.
-
Tengo que decírtelo Duo- la voz estaba cargada de ternura- Yo...
-
¡¡¡BASTA!!!- Duo se dio media vuelta y apartó a su amigo con fuerza- ¡No te
atrevas a decirlo! ¡¿Oíste?!- dijo muy alterado- ¡Ahora me iré! ¡Y nada pasó
aquí!- se dirigió muy decidido hasta la puerta.
-
¡No te dejare ir!- volvió a sujetarlo- Duoooooo, tengo que decirte...
-
¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡¡BASTA, DEJAME IR!!!- decía forcejeando, pero esta vez Heero lo
retenía con todas sus fuerzas- ¡¡¡DÉJAME IR!!!
-
Duo...
-
¡¡¡NO QUIERO ESCUCHARTE!!!- gritaba fuera de control con las manos en los oídos.
-
¡¡¡DUO, YO TE AMO!!!- gritó con toda su alma.
El
silencio reinó por unos segundos. Duo lo miró como perdido y Heero no pudo
aguantar más. Lo tomó entre sus brazos y comenzó a besarlo.
Sus
lenguas jugueteaban sin control. Las manos comenzaron a recorrer todo lo
deseado y los suspiros se dejaban escuchar entre esas bocas. Las piernas
comenzaron a flaquear, haciendo que retrocedieran juntos, sin despegarse del
beso, hasta la pared, donde Duo quedó aprisionado.
- Nooooo, ¡basta!
Esto no está sucediendo- dijo Duo tratando de zafarse sin éxito.
Heero
no se detenía en sus besos y abrazos apasionados, entregados con todo el deseo
reprimido durante tanto tiempo.
-
¡¡¡NO, HEERO, BASTA!!!- gritó Duo entre sus brazos. Las lágrimas comenzaron a
rodar por su rostro- ¡Por qué..., Por qué ahora!
-
Duo, lo lamento, yo no lo supe a tiempo ¡Fui un estúpido!- dijo con toda su
frustración- por favor Duo, dame una oportunidad, yo...
-
¡¡¡UNA OPOTUNIDAD!!! ¡¡¡PERO SI TE LA DI Y TÚ SÓLO ME DESPRECIASTE!!! ¿QUÉ NO
TE ACUERDAS?- Duo no pudo soportarlo y estalló en llanto.
Heero
lo abrazó tratando de contener ese llanto.
-
Duo, lo sé, lo sé... perdóname por favor... fui un idiota... un estúpido
idiota... Yo te amo con todo mi alma desde hace tiempo y sólo cuando te vi como
perseguías a... mi interior me gritaba mis sentimientos, y yo el muy hijo de
perra, no quería escucharlo- sus palabras eran sinceras llenas de emociones
reprimidas- Duuuo...
-
No... no puedo... déjame ir... por... favor- Duo se convulsionaba por el llanto
y logró zafarse de esos brazos fuertes, pero esto no duró mucho.
-
¡Duo, no por favor! ¡Te lo suplico!- Heero volvió aprisionarlo y le dio otro
beso apasionado.
Duo
con sus últimas fuerzas gritó:
- ¡¡¡NO PUEDO, NO
PUEDO HACERLO!!! ¡¿QUÉ NO ENTIENDES?! ¡¡¡WUFEI!!!- las lágrimas de Duo salían
sin control.
-
No llores mi amor- comenzó a besar ese rostro adolorido, bebiendo la sal de
esas lágrimas, tratando de absorber la pena.
-
Heerooo...
-
Sí, mi amor, aquí estoy- besó sus labios de fuego sintiendo como ese cuerpo
comenzaba a rendirse.
- ¡Le prometí...
le prometí a Wufei!- la voz comenzaba apagarse en lucha sufriente- ¡le prometí
que era suyo!- los lloriqueos convulsivos seguían- ¡De... de nadie más!
Heero
siguió besando su cuello y comenzó a quitarle la ropa. Desnudo de la parte de
arriba, Duo se debatía entre la razón y el deseo. Heero besó sus pezones
succionándolos de manera exquisita.
-
Heerooo... nooooo... no puedo entregarme- decía Duo delirando.
Su
compañero se detuvo, por primera vez tuvo compasión de su amor, pero sus
deseos, su pasión y su amor, eran demasiado fuertes. Duo se encontraba con el
rostro sonrojado, ardiendo del dolor por el llanto y las lágrimas habían dejado
hermosos surcos. Su respiración entrecortada con la boca semiabierta, daba unos
quejidos confusos de agonía placentera o dolorosa.
Estaba
precioso, simplemente, magnífico y deseable.
-
Heeroooo... nooo... no me hagas esto... por favooo... - la última súplica se
apagó. Esa débil voz ya no tenía fuerzas para seguir negándose.
El
01 miró con dolor ese deseado ser y luego, como si una revelación pasara por
sus ojos, adquirió una expresión decidida.
-
Lo siento Duo, pero no me importa si eres de alguien más, porque yo soy tuyo y
te lo demostraré aunque no quieras- lo levantó en brazos y lo depositó en la
cama.
Heero
vio el pecho de su amor subir y bajar por la respiración entrecortada. Se puso
de pie y, por unos instantes, lo dejó solo. Volvió ante un desconcertado y
perdido Duo quien vio, al igual que en sueños, como una soga comenzaba a atarlo
a la cama.
Las
manos de Duo fueron atadas por sobre su
cabeza, y luego Heero arrancó un trozo de sábana para usarla de mordaza. Atado
y amordazado, A Duo le arrancaron el pantalón y ya completamente desnudo, Heero
se quitó su ropa para dar rienda suelta a sus deseos.
-
Duo, Duooo... haaa... te amo- decía mientras besaba cada parte de ese cuerpo a
su merced- Esta noche estaré contigo, sólo esta noche, no importa si mañana se
acaba el mundo.
Heero
deslizaba sus manos, masajeando cada parte del cuerpo de su amado. Memorizaba,
con su mente y tacto, cada uno de los rincones de esa suave piel, al igual como
lo hizo hace mucho con ese rostro conocido hasta con los ojos cerrados. Llegó
hasta la entrepierna y comenzó a lamer eufórico cada rincón.
El
cuerpo de Duo se retorcía con cada caricia del agresor, el cual, seguía
acariciando, lamiendo y chupando con lujuria sus partes más íntimas. La
erección de ambos se hizo evidente, y Heero tomó aquel pene con su mano para
acariciarlo a medida que seguía explorando, con su lengua, los testículos y el
ano de su deseado amor.
Los
ruidos amortiguados por la mordaza se mezclaron con los jadeos de placer del
desesperado amante, quien después de explorar a más no poder succionando con su
boca todo, se posicionó encima de su criatura, tomó ese pene y lo puso en su
ano. Después se dejó caer, no lento, ni rápido, sino justo el punto necesario
que le causara más dolor a la penetración de la que era objeto. Sí, porque quería sufrir y sentir al máximo
ese momento donde él se entregara a su único amor, a la única persona dueña de
él. Llegó al final, cuando sintió su profundidad invadida totalmente, y quedó
estático disfrutando ese momento. Las lágrimas comenzaron a rodar ahora por su
rostro. Lágrimas de dicha y de felicidad.
Heero
abrazó a Duo y le besó en el cuello. También le dio un beso en sus labios
amordazados. Como deseaba profundizar ese beso, introducir su lengua hasta el
fondo de esa boca, así como estaba unido a él por el sexo, pero se contuvo de
quitarle el trapo en su boca y continuó acariciando y lamiendo los pezones, el
pecho, mientras instintivamente, empezó a moverse con un ritmo acariciador. Ese
ritmo lento al principio, rápido después, golpeaba todo su cuerpo y alma.
Sentía la sangre correr por su cuerpo y agolparse con su pulso feroz de placer.
Una electricidad recorrió su espalda. Miró entre nubes de placer a su amor y
éste sólo tenía echada la cabeza hacia atrás mientras se mecía al mismo ritmo
de él. Incrementó el ritmo, quería más y más: “¡Duo, Duo, mi amor!... haaa,
haaaa, ¡Mi... vida!”... “Eres tan bello... haaa, haaa”... “¡Oh!, síííí...”-
decía enloquecido por la pasión. Balbuceaba confesiones entrecortadas de todos
tipos, otras palabras de alabanzas hacia su amor. Heero trataba de decir en un
instante todo lo que tenía guardado durante esos años, porque estaba enamorado
de Duo mucho antes de ese año fatal. Ahora sabía que cuando Duo robó ese beso
de sus labios en el momento de esa confesión, de esa oportunidad a la cual
despreció, también había robado algo más: su corazón. Un corazón ignorado por
su propio dueño, abandonado en la profundidad de su ser y sin esperanzas de
latir por un amor apasionado, y que cuyo adorado muchacho se dignó a abrazar,
dándole una nueva vida.
No
le importaba si mañana se acabara el mundo. Si mañana muriera estaría feliz
porque su corazón al fin vivía. Había encontrado la felicidad y atesoraría cada segundo de ella. Su mente
enloquecida, luchaba con la lucidez, porque debía acordarse de cada momento, y
no sólo ella, sino también ordenaba a su cuerpo, aquél debía memorizar cada
sensación.
Heero
sintió como su querido se convulsionaba, estaba llegando al clímax y aunque él
quería seguir para un máximo placer, espero el momento exacto para llegar
juntos al punto culmine.
Y
así llegaron. Heero dio un grito que jamás pensó que tenía dentro de su
garganta al sentir ese caliente líquido en el fondo de su cuerpo. Era él, quien
lo poseía, era su Duo.
Cuando
recuperó un poco el aliento, se fijó en su amor. Duo yacía sin sentido con
lágrimas en sus ojos. Heero besó cada uno de esos párpados y luego le quitó la
mordaza para darle ese profundo beso ansiado momentos antes.
Lo
vio ahí inerte, más hermoso que antes. El deseo volvió a poseerlo y le quitó
ahora la soga que lo mantenía atado a la cama. Lo besaba mientras deshacía las
amarras, aprovechaba de explorar al máximo esa deliciosa boca, ese cuello, ese
pecho. Saboreó toda esa sal del sudor de su amado, producto del placer. Y
mientras seguía acariciándolo con su rostro lleno de una sonrisa de felicidad
satisfactoria, no se percató que había terminado su labor de desate, sino que
siguió y lo tomó entre sus brazos para levantarlo de la cama. El rostro de Duo
calló inerte hacia atrás con los brazos también caído a ambos lados, Heero al tenerlo entre sus brazos lo quedó
mirando por un buen rato con brillos de amor en sus ojos y lo volvió a besar
muy lento, sujetando ese cuerpo inerte contra el suyo.
Luego,
siguió besándolo por su cuello, antebrazo. Tomó la mano de su amado,
entrelazándola con la suya. Se llevó esa mano hacia la boca y al mirarla el
terror lo poseyó.
Duo
tenía las marcas de la soga en las muñecas de sus brazos. La delicada piel de
su amor estaba lastimada por esa vieja soga y la fuerza que había usado con él
provocó un roce hiriente, pero no estaba sangrando del todo, su piel pelada
estaba muy moreteada con algunos coágulos de sangre. Heero corrió al baño y
trajo una toalla húmeda para limpiar la herida. La desesperación cubrió su
rostro.
Vendó
las heridas con otros pedazos de sábana limpia y recostó a Duo muy
delicadamente, en esa cama, cubriéndolo con amor. Besó su frente con una
caricia, diciendo:
-
Perdóname Duo por no arrepentirme de nada- lágrimas de profundo dolor cayeron
por su rostro.
Duo
despertó adolorido de todo el cuerpo. Vio que estaba solo y tomó su ropa entre
sollozos para irse lo más lejos posible de allí, pero cuando iba en la nave,
limpiándose las continuas lágrimas a cada instante, la vergüenza se apoderó de
él y no quería llegar a su casa.
Rasid
escuchó continuos golpes en la puerta de la mansión. Duo venía con la cara blanca como el papel, los ojos y labios
rojos. Rasid se espantó con la imagen de él y salió en busca de su amo Quatre,
ya que el chico de la trenza entró a la casa como paranoico: miraba para todos
lados y la mandíbula inferior le tiritaba produciendo un castañeteo terrible.
-
¡Duo, Duo, qué te pasó... contéstame por favor!- le repetía Quatre, pero su
amigo seguía sin decir nada.
Siguió sin decir una palabra hasta que
escuchó a Quatre decirle a Rasid, que fuera por Wufei y Trowa. Duo se congeló
al instante.
-
Wu... Wu... fei ¿Está aquí?- la vista de Duo seguía sin vida.
-
Sí, él vino a buscarte porque estaba preocupado por ti, porque no llegabas a
casa... ¡Duo!- trataba de hacerlo reaccionar.
Estaban
en esto cuando escucharon la voz de Wufei quien venía seguido por Trowa:
-
¡Duo!- se dirigió corriendo a su chico.
Pero
al escuchar la voz de Wufei, Duo reaccionó y se levantó muy rápido del piso,
donde había estado todo ese tiempo en los brazos de Quatre, para correr con la
cabeza escondida lo más lejos posible. Los chicos lo siguieron hasta el cuarto
de baño. Duo cerró la puerta en la cara de los persecutores y la aseguró con
llave. Nadie pudo convencerlo de abrir la puerta, ni los continuos golpes
desesperados, ni las continuas súplica de Quatre, ni los razonamientos de
Trowa, ni siquiera las amenazas de Wufei.
-
¡DUO, ABRE LA PUERTA POR FAVOR, NO VES QUE SÓLO NOS ESTÁS ASUSTANDO!- decía
Trowa ya desesperado.
-
¡APÁRTENSE!- gritó Wufei.
No
pudieron detenerlo, Wufei se lanzó con todo su poder hasta la indefensa puerta
y la despedazó de un golpe. Cuando entraron vieron algo que los lleno de
pánico: Duo no estaba.
Revisaron las
ventanas por si había salido por ahí, pero nada. El baño era muy grande, y al
echar una segunda ojeada más minuciosa, encontraron un bulto en el rincón al
lado de la tina de baño. Wufei corrió hasta él. Duo estaba hecho un ovillo y
tiritaba de forma lastimera.
-
¡DUO, DUO! ¡QUÉ TE PASÓ!- decía Wufei con el corazón en la garganta.
Levantó
su rostro y vio los ojos sin vida de Duo. Las súplicas de Wufei continuaron
hasta que un hilillo de sangre comenzó a correr por la boca de su amado. Duo se
estaba mordiendo su labio inferior con tal fuerza que se lo rompió, llenándole
la boca del líquido rojo.
Wufei
vio aterrorizado la escena y ya no aguantando más: “¡AHORA MISMO ME DIRÁS QUÉ
PASÓ!”- lo tomó del brazo para levantarlo, pero al instante que hizo esto, Duo
dio un grito de dolor que lo paralizó de un solo golpe. La trenza se azotó en
el aire cuando convulsionado por el dolor volvió a su posición original: un
ovillo. Y así permaneció temblando ante la idea de ser descubierto.
Todos
se quedaron de pie viendo en silencio la escena. Wufei se acercó lento con los
brazos abiertos, como temiendo acercarse, y luego se precipitó con decisión
ante la mano de Duo. Descubrió los vendajes, el miedo comenzó a recorrerlo de
pies a cabeza cuando vio las heridas en las muñecas del adolorido muchacho,
quien en su estado hacía todo lo posible por resistirse a la exploración.
Quedaron estáticos con cara de terror cuando vieron los moretones en el cuello
de Duo.
Quatre
se llevó la mano a la boca y sintió náuseas. Wufei abrazó a su querido con
ternura, dolor y furia. Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos.
-
Mataré al maldito que te hizo esto, Duo- el odio mezclado con la ira
arrastraron la voz de Wufei en ese abrazo doliente- ¡Te lo juro! ¡Lo mataré!