CANDIDATAS A REINA

AUTORA: BERUSAIYU

 

CAPITULO 10: REVELACIONES

 

Le costó encontrar el lugar donde supuestamente estaba Heero. Los datos que tenía él, más algunas señas de Quatre, le informaron que debía estar en esa fábrica  ¿Qué estaría haciendo Heero en un lugar como ese? Era una zona bastante deprimente y lúgubre, parecía estar abandonado. Sino fuera porque vio a algunas personas circulando por los alrededores, creería que estaba solo. Se acercó a un hombre alto, delgado y pálido, para preguntar sobre Heero. El sujeto lo guió hasta las puertas de un hangar y le dijo que esperara. Volvió a salir para hacerlo pasar.

Duo encontró a Heero cerca de una plataforma de Ms (Mobile Suits) Era un lugar enorme lleno de chatarra. Los robots estaban esperando su turno para el desmantelamiento. A eso se dedicaban ahí, era un deshuesadero. El ruido era molesto y los trozos de Ms eran trasladados de un lugar a otro por grandes poleas. Al final de ellas estaba Heero, vestido con un buzo sucio de grasa negra. Ésta no sólo manchaba el buzo, sino también, las manos y el rostro de su amigo.

 Cuando estuvo a su lado, Heero apenas lo miró, pero eso a Duo no le importó para nada, conocía a su compañero y no era nada nuevo para él esa reacción.

- ¡Hola, Heero! ¡Qué tal!- dijo alzando una mano- ¿Cómo te trata la vida? Veo que le haces empeño a la causa pacifista. Nosotros también, nos unimos a los Preventers y estamos muy bien cuidando la paz. Eso creo, uno...- seguía con su usual sonrisa, mientras Heero continuaba perdido en los papeles de registros que tenía en una tabla en sus manos- ... nunca sabe cuando va a ocurrir una emergencia... ¿Sabes...?- continuó hablando sin parar.

Después de unos minutos de plática en monodiálogo, Duo se quedó en silencio. Extrañamente, Heero no lo había interrumpido en ningún momento, como siempre era su costumbre. 

- Entonces... - calló todavía extrañado de no ser cortado por las palabras de Heero-... ¿Qué haces?, ¿eh?- Duo le tocó el hombro y se acercó a los papeles que tenía en la mano. 

         Heero lo esquivó en una reacción sorpresiva. Los ojos de éste se abrieron con el impulso y ese brillo tintineante de hace unos momentos siguió vivo en las pupilas de su dueño. Volteó el rostro para que Duo no lo viera.

         - ¿Qué quieres Duo?- nunca supo como salió esa voz de su pecho.

         - ¿Ummmh?- el gesto de Shinigami era de completa interrogación- ¡Es cierto! ¡Disculpa!- puso su mano en la nuca- Soy yo quien vino a hablar contigo. Lo que sucede es que el otro día...

         Le contó toda la confesión de Relena, pero no sobre lo dicho por Trowa del comportamiento extraño de Heero, después de todo, no terminaba de creerlo.

         Al final calló y dejó que Heero tomara la palabra, sin embargo, nada sucedió. Al ver que su “interlocutor” no decía nada lo encaró.

         - ¿Y? ¿Qué me dices?- Duo ya estaba perdiendo la paciencia.

         - ¿De qué?- la voz de Heero se escuchaba rara. Demasiado disminuida.

         - ¡¡¡CÓMO QUE DE QUÉ!!!- trató de calmarse sin mucho éxito- ¡Si te estoy hablando hace como media hora y no me dices nada!- tampoco consiguió respuesta. Una nube de vapor fue soplada a modo de derrota.

         Heero seguía absorbiendo la dulce voz de su amor. Después de todo este tiempo, no lo había olvidado. Quiso olvidar a Duo, el chico que le partió el corazón, al punto de hacerlo desaparecer en su pecho. Se había alejado de todos, no deseaba saber de nada ni de nadie. Perdido en una vieja fabrica, ahora desmantelaba los Ms, las máquinas de batallas, sus herramientas como soldado, destruía la era a la cual pertenecía y la desmantelaba al igual como trataba de hacerlo con su persona, hasta que no quedara nada y no pudiera sentir más ese sufrimiento.  

         Para eso estaba ahí, pero si quería alejarse de todos, por qué todavía estaba en la Tierra cuando era más fácil desaparecer del universo. Él sabía perfectamente como hacerlo ¿Acaso no tenía nombre, ni pasado? Estaba ahí, ahora al lado de la persona con quien más quería estar, con aquél dueño de sus más profundos sueños y deseos, aquél dueño de toda su persona. Su alma y cuerpo estaban apunto del colapso, no sabía como se mantenían todavía sin ningún tipo de temblor, sin lugar a dudas, su condición de soldado perfecto lo estaban ayudando una vez más.

         - Hey amigo, veo que estás ocupado, mejor vengo otro día- dio media vuelta para irse, no sacaba nada en ese lugar, su compañero no hablaría. Alzó la mano para despedirse.

         - ¡Duo!- dijo reaccionando Heero- ¡Espera!- su compañero se volteó para quedar frente a frente- ¿Quieres saber lo que sucedió? Yo te lo diré.

         - ¡¿En serio?!- Duo se mostró muy entusiasmado. La verdad es que ya estaba harto de tanto misterio.

         - Sí, espérame un momento. No, mejor toma esto- escribió en una de las hojas de papel de la tabla en sus manos y la arrancó para Duo.

         - ¿Qué es esto?- dijo un confundido Duo con el pedazo de papel en la mano.

         - Es la dirección de donde vivo, sólo es un lugar- su voz plana le restó significado- Ahí hablaremos mejor.

         Heero se encaminó hasta perderse de la vista del piloto del Gundam 02, quien se quedó rascándose la cabeza, encogió los hombros y se dirigió al lugar acordado.

         No le fue difícil encontrar la casa. Si bien estaba alejada de la fábrica, era la única por ese camino. La encontró sin tener que usar la dirección. Aterrizó al lado de la solitaria vivienda y bajó en dos saltos de su nave.

         La casa era pequeña, una cabaña, plantada en un lugar estéril abandonada al medio del camino. La puerta no tenía cerrojo, ni ninguna clase de pestillo, sólo la abrió sin dificultad. Se notaba que no le daba importancia al lugar para dejar una casa a su completa suerte, pero a pesar de eso, el interior estaba limpio y ordenado. Demasiado ordenado para su gusto: la cocina con una cacerola y algunos vasos, tazas, platillos, tenía escasos víveres; la cama estaba un poco más allá también ordenada; una cómoda con ordenada ropa limpia; y un baño, la única habitación dentro de la cabaña separada por una puerta.

         Se sentó en la pequeña mesa de la cocina-living-comedor-cuarto y esperó. El lugar era demasiado tranquilo para él, pronto se paseaba como león enjaulado dentro de la habitación. No le gustaba para nada el lugar, si Heero no llegaba luego, él se iría. No pensaba quedarse ahí. Lo único que lo mantenía dentro de la casa era porque algo le impedía irse ¿Curiosidad acaso?, pero esto no duró mucho, ya que fue reemplazado por un presentimiento incómodo. Algo no estaba bien y ya no soportando más la incertidumbre decidió irse. Otro día hablaría con Heero.  

         Abrió la puerta para escuchar un ruido. Desde la entrada de la casa vio venir a Heero en su motocicleta, venía a gran velocidad por la carretera con el sol naranja del ocaso escondido en su espalda. Duo colocó su mano protegiendo su vista y ver mejor. Las ondas de calor nublaban la imagen de Heero, quien con su gran velocidad logró romperlas para la visión perfecta de Duo. Este se quedó mirándolo como quien mira una aparición en cámara lenta, sabiendo que los segundos corren más rápido de lo que parece.

         Heero llegó a su lado. Se quitó los anteojos protectores iguales a los de Quatre y bajó lentamente de la motocicleta. Comenzó a acercarse a Duo con su acostumbrada expresión seria e interesante. Ya no estaba con el asqueroso buzo, sino venía muy limpio, rostro y manos, con unos pantalones ajustados que dejaban ver todo su contorno, y una chaqueta negra del mismo color de aquella prenda sexy. Se detuvo frente a él para quedar inmóvil.

- ¿Entramos?

- Pensé que ya no vendrías- dijo Duo reaccionando. Se  volteó y sintió la mirada de Heero en su espalda mientras entraban en la casa.

         El 01 cerró la puerta tras sí, con la vista recorriendo toda la figura de Duo. Este último, sintió un escalofrío en la espalda y no se animó voltearse frente a su compañero, sino que siguió caminando hasta la silla solitaria frente a la mesa y se sentó.

         Heero permaneció de pie frente a él separado por la mesita. Duo recién se dio cuenta de que no había otra silla para que éste se sentara. Trató de levantarse, pero el otro encontró un cajón en la esquina y lo usó como asiento.

         -  ¿Quieres una taza de té? Creo que tengo unos pasteles por ahí- hizo el ademán de levantarse.

         - No te preocupes, Heero, no es necesario- se calló de improviso.

         Definitivamente, algo estaba mal, la mirada de Heero era demasiado insistente y surtía un efecto incómodo en él. No resistió más y se levantó de improviso.

         - Mejor me voy- dijo Duo sin mirarlo- Se está haciendo tarde y Wufei debe estar preocupado por mí.

         - ¿Pero no querías saber lo que sucedió?- Heero se levantó de un impulso.

         - Otro día me lo contarás. Ya...

         - No lo creo- dijo Heero tomándole el brazo para detenerlo.

         - ¡Qué haces Heero!- se soltó del brazo y corrió hacia la puerta.

         Alcanzó abrirla, pero su compañero llegó rápido detrás de él y la cerró. Quedaron los dos juntos. Heero lo aprisionaba contra la puerta y sentía su respiración en el cuello.

         - Tengo que decírtelo Duo- la voz estaba cargada de ternura- Yo...

         - ¡¡¡BASTA!!!- Duo se dio media vuelta y apartó a su amigo con fuerza- ¡No te atrevas a decirlo! ¡¿Oíste?!- dijo muy alterado- ¡Ahora me iré! ¡Y nada pasó aquí!- se dirigió muy decidido hasta la puerta.

         - ¡No te dejare ir!- volvió a sujetarlo- Duoooooo, tengo que decirte...

         - ¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡¡BASTA, DEJAME IR!!!- decía forcejeando, pero esta vez Heero lo retenía con todas sus fuerzas- ¡¡¡DÉJAME IR!!! 

         - Duo...

         - ¡¡¡NO QUIERO ESCUCHARTE!!!- gritaba fuera de control con las manos en los oídos.

         - ¡¡¡DUO, YO TE AMO!!!- gritó con toda su alma.

         El silencio reinó por unos segundos. Duo lo miró como perdido y Heero no pudo aguantar más. Lo tomó entre sus brazos y comenzó a besarlo.

         Sus lenguas jugueteaban sin control. Las manos comenzaron a recorrer todo lo deseado y los suspiros se dejaban escuchar entre esas bocas. Las piernas comenzaron a flaquear, haciendo que retrocedieran juntos, sin despegarse del beso, hasta la pared, donde Duo quedó aprisionado.

- Nooooo, ¡basta! Esto no está sucediendo- dijo Duo tratando de zafarse sin éxito.

         Heero no se detenía en sus besos y abrazos apasionados, entregados con todo el deseo reprimido durante tanto tiempo.

         - ¡¡¡NO, HEERO, BASTA!!!- gritó Duo entre sus brazos. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro- ¡Por qué..., Por qué ahora!

         - Duo, lo lamento, yo no lo supe a tiempo ¡Fui un estúpido!- dijo con toda su frustración- por favor Duo, dame una oportunidad, yo...

         - ¡¡¡UNA OPOTUNIDAD!!! ¡¡¡PERO SI TE LA DI Y TÚ SÓLO ME DESPRECIASTE!!! ¿QUÉ NO TE ACUERDAS?- Duo no pudo soportarlo y estalló en llanto.

         Heero lo abrazó tratando de contener ese llanto.

         - Duo, lo sé, lo sé... perdóname por favor... fui un idiota... un estúpido idiota... Yo te amo con todo mi alma desde hace tiempo y sólo cuando te vi como perseguías a... mi interior me gritaba mis sentimientos, y yo el muy hijo de perra, no quería escucharlo- sus palabras eran sinceras llenas de emociones reprimidas- Duuuo...

         - No... no puedo... déjame ir... por... favor- Duo se convulsionaba por el llanto y logró zafarse de esos brazos fuertes, pero esto no duró mucho.

         - ¡Duo, no por favor! ¡Te lo suplico!- Heero volvió aprisionarlo y le dio otro beso apasionado.

         Duo con sus últimas fuerzas gritó:

- ¡¡¡NO PUEDO, NO PUEDO HACERLO!!! ¡¿QUÉ NO ENTIENDES?! ¡¡¡WUFEI!!!- las lágrimas de Duo salían sin control.

         - No llores mi amor- comenzó a besar ese rostro adolorido, bebiendo la sal de esas lágrimas, tratando de absorber la pena.

         - Heerooo...

         - Sí, mi amor, aquí estoy- besó sus labios de fuego sintiendo como ese cuerpo comenzaba a rendirse.

- ¡Le prometí... le prometí a Wufei!- la voz comenzaba apagarse en lucha sufriente- ¡le prometí que era suyo!- los lloriqueos convulsivos seguían- ¡De... de nadie más!

         Heero siguió besando su cuello y comenzó a quitarle la ropa. Desnudo de la parte de arriba, Duo se debatía entre la razón y el deseo. Heero besó sus pezones succionándolos de manera exquisita.

         - Heerooo... nooooo... no puedo entregarme- decía Duo delirando.

         Su compañero se detuvo, por primera vez tuvo compasión de su amor, pero sus deseos, su pasión y su amor, eran demasiado fuertes. Duo se encontraba con el rostro sonrojado, ardiendo del dolor por el llanto y las lágrimas habían dejado hermosos surcos. Su respiración entrecortada con la boca semiabierta, daba unos quejidos confusos de agonía placentera o dolorosa.

         Estaba precioso, simplemente, magnífico y deseable.

         - Heeroooo... nooo... no me hagas esto... por favooo... - la última súplica se apagó. Esa débil voz ya no tenía fuerzas para seguir negándose.

         El 01 miró con dolor ese deseado ser y luego, como si una revelación pasara por sus ojos, adquirió una expresión decidida.

         - Lo siento Duo, pero no me importa si eres de alguien más, porque yo soy tuyo y te lo demostraré aunque no quieras- lo levantó en brazos y lo depositó en la cama.

         Heero vio el pecho de su amor subir y bajar por la respiración entrecortada. Se puso de pie y, por unos instantes, lo dejó solo. Volvió ante un desconcertado y perdido Duo quien vio, al igual que en sueños, como una soga comenzaba a atarlo a la cama.

         Las manos de Duo fueron atadas  por sobre su cabeza, y luego Heero arrancó un trozo de sábana para usarla de mordaza. Atado y amordazado, A Duo le arrancaron el pantalón y ya completamente desnudo, Heero se quitó su ropa para dar rienda suelta a sus deseos.

         - Duo, Duooo... haaa... te amo- decía mientras besaba cada parte de ese cuerpo a su merced- Esta noche estaré contigo, sólo esta noche, no importa si mañana se acaba el mundo.

         Heero deslizaba sus manos, masajeando cada parte del cuerpo de su amado. Memorizaba, con su mente y tacto, cada uno de los rincones de esa suave piel, al igual como lo hizo hace mucho con ese rostro conocido hasta con los ojos cerrados. Llegó hasta la entrepierna y comenzó a lamer eufórico cada rincón.

         El cuerpo de Duo se retorcía con cada caricia del agresor, el cual, seguía acariciando, lamiendo y chupando con lujuria sus partes más íntimas. La erección de ambos se hizo evidente, y Heero tomó aquel pene con su mano para acariciarlo a medida que seguía explorando, con su lengua, los testículos y el ano de su deseado amor.

         Los ruidos amortiguados por la mordaza se mezclaron con los jadeos de placer del desesperado amante, quien después de explorar a más no poder succionando con su boca todo, se posicionó encima de su criatura, tomó ese pene y lo puso en su ano. Después se dejó caer, no lento, ni rápido, sino justo el punto necesario que le causara más dolor a la penetración de la que era objeto.  Sí, porque quería sufrir y sentir al máximo ese momento donde él se entregara a su único amor, a la única persona dueña de él. Llegó al final, cuando sintió su profundidad invadida totalmente, y quedó estático disfrutando ese momento. Las lágrimas comenzaron a rodar ahora por su rostro. Lágrimas de dicha y de felicidad.

         Heero abrazó a Duo y le besó en el cuello. También le dio un beso en sus labios amordazados. Como deseaba profundizar ese beso, introducir su lengua hasta el fondo de esa boca, así como estaba unido a él por el sexo, pero se contuvo de quitarle el trapo en su boca y continuó acariciando y lamiendo los pezones, el pecho, mientras instintivamente, empezó a moverse con un ritmo acariciador. Ese ritmo lento al principio, rápido después, golpeaba todo su cuerpo y alma. Sentía la sangre correr por su cuerpo y agolparse con su pulso feroz de placer. Una electricidad recorrió su espalda. Miró entre nubes de placer a su amor y éste sólo tenía echada la cabeza hacia atrás mientras se mecía al mismo ritmo de él. Incrementó el ritmo, quería más y más: “¡Duo, Duo, mi amor!... haaa, haaaa, ¡Mi... vida!”... “Eres tan bello... haaa, haaa”... “¡Oh!, síííí...”- decía enloquecido por la pasión. Balbuceaba confesiones entrecortadas de todos tipos, otras palabras de alabanzas hacia su amor. Heero trataba de decir en un instante todo lo que tenía guardado durante esos años, porque estaba enamorado de Duo mucho antes de ese año fatal. Ahora sabía que cuando Duo robó ese beso de sus labios en el momento de esa confesión, de esa oportunidad a la cual despreció, también había robado algo más: su corazón. Un corazón ignorado por su propio dueño, abandonado en la profundidad de su ser y sin esperanzas de latir por un amor apasionado, y que cuyo adorado muchacho se dignó a abrazar, dándole una nueva vida.

         No le importaba si mañana se acabara el mundo. Si mañana muriera estaría feliz porque su corazón al fin vivía. Había encontrado la felicidad y  atesoraría cada segundo de ella. Su mente enloquecida, luchaba con la lucidez, porque debía acordarse de cada momento, y no sólo ella, sino también ordenaba a su cuerpo, aquél debía memorizar cada sensación.     

         Heero sintió como su querido se convulsionaba, estaba llegando al clímax y aunque él quería seguir para un máximo placer, espero el momento exacto para llegar juntos al punto culmine.

         Y así llegaron. Heero dio un grito que jamás pensó que tenía dentro de su garganta al sentir ese caliente líquido en el fondo de su cuerpo. Era él, quien lo poseía, era su Duo.

         Cuando recuperó un poco el aliento, se fijó en su amor. Duo yacía sin sentido con lágrimas en sus ojos. Heero besó cada uno de esos párpados y luego le quitó la mordaza para darle ese profundo beso ansiado momentos antes.

         Lo vio ahí inerte, más hermoso que antes. El deseo volvió a poseerlo y le quitó ahora la soga que lo mantenía atado a la cama. Lo besaba mientras deshacía las amarras, aprovechaba de explorar al máximo esa deliciosa boca, ese cuello, ese pecho. Saboreó toda esa sal del sudor de su amado, producto del placer. Y mientras seguía acariciándolo con su rostro lleno de una sonrisa de felicidad satisfactoria, no se percató que había terminado su labor de desate, sino que siguió y lo tomó entre sus brazos para levantarlo de la cama. El rostro de Duo calló inerte hacia atrás con los brazos también caído a ambos lados,  Heero al tenerlo entre sus brazos lo quedó mirando por un buen rato con brillos de amor en sus ojos y lo volvió a besar muy lento, sujetando ese cuerpo inerte contra el suyo.

         Luego, siguió besándolo por su cuello, antebrazo. Tomó la mano de su amado, entrelazándola con la suya. Se llevó esa mano hacia la boca y al mirarla el terror lo poseyó.

         Duo tenía las marcas de la soga en las muñecas de sus brazos. La delicada piel de su amor estaba lastimada por esa vieja soga y la fuerza que había usado con él provocó un roce hiriente, pero no estaba sangrando del todo, su piel pelada estaba muy moreteada con algunos coágulos de sangre. Heero corrió al baño y trajo una toalla húmeda para limpiar la herida. La desesperación cubrió su rostro.

         Vendó las heridas con otros pedazos de sábana limpia y recostó a Duo muy delicadamente, en esa cama, cubriéndolo con amor. Besó su frente con una caricia, diciendo:

         - Perdóname Duo por no arrepentirme de nada- lágrimas de profundo dolor cayeron por su rostro.

         Duo despertó adolorido de todo el cuerpo. Vio que estaba solo y tomó su ropa entre sollozos para irse lo más lejos posible de allí, pero cuando iba en la nave, limpiándose las continuas lágrimas a cada instante, la vergüenza se apoderó de él y no quería llegar a su casa.

         Rasid escuchó continuos golpes en la puerta de la mansión.  Duo venía con la cara blanca como el papel, los ojos y labios rojos. Rasid se espantó con la imagen de él y salió en busca de su amo Quatre, ya que el chico de la trenza entró a la casa como paranoico: miraba para todos lados y la mandíbula inferior le tiritaba produciendo un castañeteo terrible.

         - ¡Duo, Duo, qué te pasó... contéstame por favor!- le repetía Quatre, pero su amigo seguía sin decir nada.

         Siguió sin decir una palabra hasta que escuchó a Quatre decirle a Rasid, que fuera por Wufei y Trowa. Duo se congeló al instante.

         - Wu... Wu... fei ¿Está aquí?- la vista de Duo seguía sin vida.

         - Sí, él vino a buscarte porque estaba preocupado por ti, porque no llegabas a casa... ¡Duo!- trataba de hacerlo reaccionar.

         Estaban en esto cuando escucharon la voz de Wufei quien venía seguido por Trowa:

         - ¡Duo!- se dirigió corriendo a su chico.

         Pero al escuchar la voz de Wufei, Duo reaccionó y se levantó muy rápido del piso, donde había estado todo ese tiempo en los brazos de Quatre, para correr con la cabeza escondida lo más lejos posible. Los chicos lo siguieron hasta el cuarto de baño. Duo cerró la puerta en la cara de los persecutores y la aseguró con llave. Nadie pudo convencerlo de abrir la puerta, ni los continuos golpes desesperados, ni las continuas súplica de Quatre, ni los razonamientos de Trowa, ni siquiera las amenazas de Wufei.

         - ¡DUO, ABRE LA PUERTA POR FAVOR, NO VES QUE SÓLO NOS ESTÁS ASUSTANDO!- decía Trowa ya desesperado.

         - ¡APÁRTENSE!- gritó Wufei.

         No pudieron detenerlo, Wufei se lanzó con todo su poder hasta la indefensa puerta y la despedazó de un golpe. Cuando entraron vieron algo que los lleno de pánico: Duo no estaba.

Revisaron las ventanas por si había salido por ahí, pero nada. El baño era muy grande, y al echar una segunda ojeada más minuciosa, encontraron un bulto en el rincón al lado de la tina de baño. Wufei corrió hasta él. Duo estaba hecho un ovillo y tiritaba de forma lastimera.

         - ¡DUO, DUO! ¡QUÉ TE PASÓ!- decía Wufei con el corazón en la garganta.

         Levantó su rostro y vio los ojos sin vida de Duo. Las súplicas de Wufei continuaron hasta que un hilillo de sangre comenzó a correr por la boca de su amado. Duo se estaba mordiendo su labio inferior con tal fuerza que se lo rompió, llenándole la boca del líquido rojo.

         Wufei vio aterrorizado la escena y ya no aguantando más: “¡AHORA MISMO ME DIRÁS QUÉ PASÓ!”- lo tomó del brazo para levantarlo, pero al instante que hizo esto, Duo dio un grito de dolor que lo paralizó de un solo golpe. La trenza se azotó en el aire cuando convulsionado por el dolor volvió a su posición original: un ovillo. Y así permaneció temblando ante la idea de ser descubierto.

         Todos se quedaron de pie viendo en silencio la escena. Wufei se acercó lento con los brazos abiertos, como temiendo acercarse, y luego se precipitó con decisión ante la mano de Duo. Descubrió los vendajes, el miedo comenzó a recorrerlo de pies a cabeza cuando vio las heridas en las muñecas del adolorido muchacho, quien en su estado hacía todo lo posible por resistirse a la exploración. Quedaron estáticos con cara de terror cuando vieron los moretones en el cuello de Duo.

         Quatre se llevó la mano a la boca y sintió náuseas. Wufei abrazó a su querido con ternura, dolor y furia. Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos.     

         - Mataré al maldito que te hizo esto, Duo- el odio mezclado con la ira arrastraron la voz de Wufei en ese abrazo doliente- ¡Te lo juro! ¡Lo mataré!

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