Caliente y Frío

Autora: Berusaiyu

 

VII

 

         Duo venía a toda velocidad por el desierto. Robó un Mobile Suit (MS) de un lugar conocido y volaba, a más no poder.

         - Espero llegar a tiempo- decía en voz alta- sino jamás me lo perdonaré.

         Era su culpa. No se había percatado de los sentimientos de Heero hasta ahora. Trowa le abrió los ojos. Había sido un estúpido al cerrarse en una falsa suposición.

         - ¡MALDICIÓN!- gritó, varias veces,  con toda el alma.

         Cuando divisó la mansión y el campamento, no tomó en cuenta que podían considerarlo un enemigo, hasta que esquivó un proyectil. Tuvo que maniobrar el robot a la derecha, para luego subir a toda velocidad y volver a caer en picada. Los misiles se hicieron más numerosos y él no tenía tiempo de jugar a las piruetas. Encendió el comunicador.

         - ¡SOY SÓLO YO, DUO, DEJENME PASAR!- les gritó al ejército de Quatre.

         - Disculpa Duo- dijo el soldado desde uno de los robot defensivos- es que es muy difícil perder la costumbre de dispararle a los MS Aries que usaba  Oz.  

         - ¡PUES CONFUNDAN PERO NO OFENDAN!- volvió a gritar.

         Aterrizó a un lado del campamento iluminado con las potentes luces de los MS y de dos saltos bajó del Aries. Con todo el escándalo que había armado, Trowa, Quatre y Heero estaban esperándolo cerca del aterrizaje. Al ver a Heero,  a Duo le salieron numerosas patitas o pies, producto de la velocidad con que se dirigió a su amor.

         - ¡HEEEERRROOOOOOO!- arrastró las palabras en el trayecto. Se abalanzó sobre él, colgándose de su cuello, y le plantó un apasionado beso delante de todo el mundo.

         - Cómo, ¿estos también?- dijo uno de los presentes, quien fue acallado con un fuerte codazo en las costillas. Se dobló llevándose las manos al lugar y vio a su compañero con recelo.

         Después que se “descolgó”, miró a un rojísimo Heero que lo miraba con amor.

         Trowa y Quatre sonreían abrazados entre sí, observando la escena.

         Devolvería el favor, así que invitó a su pareja amiga para celebrar, ¿qué cosa?, pues no hacía falta un día especial para él, después de  “ese día” todos eran especiales. Desde entonces, vivía con su amor (la verdad es que éste ni ocupaba su departamento). Pronto llegaron las visitas y Duo estaba con un feliz- aunque serio como siempre- Heero.

 Tenía un regalo para ellos, muy envuelto en una caja no grande. Heero le había ayudado a comprarlo gracias a los datitos que seguía manejando en su mente, sin volver “a estudiar el tema”.

         Y es que le había confesado, después de una indirecta muy directa de Duo, que no había vuelto a “esa basura”. Que nunca tuvo a otro amante, mujer u hombre, antes o después de él y que todo lo había estudiado, exhaustivamente, sólo para complacerlo al máximo. Y que, sí, reconocía haber llegado muy lejos hasta convertirlo, sin querer, en una obsesión.

         A Duo le llegó la boca al suelo y luego cayó hacia atrás con los pies arriba. Unas gotitas de sudor adornaron su frente mientras seguía en el piso, con la cabeza pegada allí y con  ojos en espiral.

         Era verdad, la naturaleza de Heero le dicó, en el momento mismo de saber su apetito por Duo, saciar esos deseos que estaban interfiriendo con su deber principal: Acabar con la organización de Oz. Sin querer, Duo se fue convirtiendo en parte de la misión, hasta transformarse en ésta misma.

         Había muchas cosas que pasó por alto, sabiendo realmente, la personalidad de Heero. Era tiempo de abrir los ojos y “prestarle más atención”.

         Los amigos estaban reunidos, en casa de Duo, y comentaban los últimos sucesos. Trowa y Quatre, Heero y Duo, jamás pensaron vivir algo semejante. Sin embargo, consideraron lo afortunado que eran por tener algo que no todos, aunque capaces, pueden llegar a tener: Amor.

         Llegó la hora, tan esperada por Duo, de dar ese regalo a sus amigos. Quatre lo abrió y se sonrojó, al mismo tiempo que su pareja. Eran dos mordazas y cada una de ellas tenía  una esfera roja sujetada, en ambos lados, con correas.

         - Ahora podrán hacerlo en cualquier parte- dijo un pícaro Duo.

         Trowa y Quatre estaban demasiados rojos, y demasiados sorprendidos con el regalito. No obstante, una sonrisa lujuriosa adornó el rostro de Trowa, cosa que no pasó inadvertida por todos. 

Heero comenzó a reír, con esa risa maniática que nunca gustó a Duo, pero que ahora le sonaba como música para sus oídos. Pronto sus amigos y amante lo acompañaron proyectándose el sonido hasta fuera de la casa.

         Además, Duo nunca olvidará el día en que su querido Heero le dijo esas palabras tan esperadas.

         Después de ver unos ojos, labios, frente y mejillas debatirse en una lucha espiritual, su boca arrancó un sonido exhausto: 

         - Te amo...

         ¡Ah!, que poderosas palabras. Venidas de él eran indestructibles. Duo cayó a sus brazos derretido y le dijo cuanto lo amaba...

         Esa noche no hicieron nada, sólo se acostaron uno al lado del otro y con caricias dulces, adormiladas, permanecieron abrazados, incluso, después de dormidos, hasta que llegó la mañana. Entonces despertaron todavía entrelazados. Recorrieron el rostro de su pareja con brillos en los ojos. Se acercaron entre sí, y...     

 

...EL END-N

 

 

Nota: Dudas y consultas  a [email protected]

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