Caliente
y Frío
Autora: Berusaiyu
Quatre se quedó
sorprendidísimo cuando vio la hielera con todos esos helados.
- Es que no sabía cuál era tu sabor favorito, así que
traje todos los que habían- fue la seria explicación de Trowa.
“Y como no quería que se
derritieran, también compré una hielera portátil para el viaje”-. De verdad, no
creía que había exagerado hasta que su amor comenzó a reír musicalmente.
Entonces quiso colocar su cabeza en esa hielera, haber si se le enfriaba un
poquito.
- Aahhhhh, Trowa... eres
maravilloso- le dijo dándole un exquisito beso.
Mientras cenaban en la
cocina como de costumbre, Trowa no contó nada sobre la relación de Duo y Heero
cuando le conversó a Quatre sobre su
visita de la tarde. No lo encontró conveniente, se trataba de una confidencia
hecha sólo a él. Por lo tanto, sólo mencionó
que había hablado sobre ellos y lo bullicioso que eran.
- Trowa, ¡cómo es
posible que hables de esas cosas con Duo!- reprochó un muy sonrojado Quatre.
- Vaya, creía que nada
te avergonzaría- luego continuó- Es que Duo me dijo que los hombres no eran así, generalmente las
mujeres son más escandalosas... bueno, eso es lo que dijo Duo... y yo...- fijó
su vista en el frente- sólo me dejó pensando.
- El amo Quatre es un ser muy espiritual-
interrumpió Rasid- Creo que la razón por la que sucede esto, se debe, a “la
esencia del espacio exterior”, él está muy ligada a ella y puede sentir cosas
que no todos somos capaces.
Trowa se sorprendió con
la revelación, pero sí, sabía algo al respecto.
- ¿Entonces por qué yo
también soy igual?...
- Creo...- arrastró la
palabra Quatre, con su vista clavada en la mesa- que yo te contagio esa
sensibilidad... lo siento- sus ojos a medio cerrar y su cabeza caída entre sus
hombros, rebelaban lo mortificado que estaba, junto con una tristeza
sobrecogedora.
- Entonces soy muy afortunado- Trowa le dedicó una
sonrisa.
Quatre estaba feliz, y
le dio un “gracias” provisto de dulzura. Fue cuando le dieron unas ganas locas
de abrazarlo con todas sus fuerzas, pero se contuvo. Ya lo haría más tarde, eso
sí, tendría que pedirle a Rasid que no se molestara en volver hasta mañana:
“por la mañana”. Tenía su cartita bajo la manga, gracias al dato de Duo, y
pensaba usarlo hasta la última gota: recordó que tenía que vaciarlo a un frasco
más pequeño, porque con el litro que compró, no lograría acabarlo como pensaba.
Una sonrisa lujuriosa se dibujó en su rostro.
Aseguró muy bien las
puertas y ventanas, también desconectó los teléfonos, antes de subir a la
habitación, donde Quatre lo esperaba desnudo bajo las sábanas. Trowa comenzó a
quitarse la ropa, mientras avanzaba hacia su flor del desierto como un colibrí,
estático y veloz. Quatre se incorporó para ayudarle a terminar con su ropa,
cuando se fijó en ese frasquito.
- ¿Y eso qué es...?
- Una sorpresa- dijo,
dejando el ungüento sobre el velador, a un lado de la lámpara que emitía una
luz tenue y sensual.
Quatre iba decir algo,
pero fue acallado con un beso de su amante. Sus pieles comenzaron a confundirse
sobre la cama. Pronto los quejidos, tan mencionados, rompieron el silencio:
“Haa..aah...haaaaaa...
Trowaaa... mi amor”- Trowa se detuvo en seco y miró a un temeroso Quatre-
“Perdón... ¿hice algo malo?”- sus ojos verdes brillaban suplicantes.
- Quatre... yo...- silencio.
“¡¿Por qué no lo podía decir?!, ¡maldición!, ¡tenía
que hacerlo!”
- No tienes que
decir nada si no quieres- dijo Quatre con la vista hacia un lado.
“¡Nooooo mi amor, mi vida, mi todo!, ¡tenía que
hacerlo, maldición!... ¡debía hacerlo!... ¡no podía pasarle como a Heero y
Duo!”
Reuniendo todo su valor, fuerza, amor, todo, todo lo
que tenía de sí... las palabras surgieron de su boca, casi como un ruido
arrancado de su alma.
- Te amo...
La reacción no se dejó esperar. Quatre con lágrimas
en los ojos se le abalanzó al cuello, abrazándolo con fuerza y gritándole un “yo también te amo Trowa”.
Trowa sintió explotar su corazón y comenzó con una
lluvia de besos, caricias y palabras llenas de pasión, que lo excitaron aún
más. Un remolino lo embargó y sentía que daba vueltas y vueltas... hasta que un
¡paf! lo trajo a la realidad:
Habían
rodado en la cama hasta caerse al piso.
- ¡Te encuentras bien Trowa!- preocupado se quitó de
encima.
Después de un ¡auch!, comenzaron a reír. Pronto volvieron a
la cama y Trowa se acordó del
frasquito, ¡menos mal que no le había pasado nada!, la lámpara detuvo su caída
al piso. Era hora de usarlo, ya que su curioso amante volvía a preguntar.
A Quatre le fascinó la idea cuando comenzó a
embetunarlo, introduciendo un dedo- el índice- en su orificio y luego dos, con
ese movimiento delicioso. Entonces le tocó a él, y Quatre pese a lo excitado que estaba quiso ayudarlo.
- Te vas a ensuciar...
- No importa, total hay una toalla aquí-
efectivamente, Quatre siempre traía una toalla a la cama. Era muy limpio el
chiquillo.
Trowa se dejó acariciar por la mano suave de su amor, el
cual frotaba su miembro duro, con energía. Este no pudo evitarlo y comenzó a
gemir sin parar.
- Haaaaaaa... eres muy bueno Quatre...
- Dime que me amas...
- Aaaahaaaah...Te aamooo- dijo con su rostro
encendido-mmmmmh.. y ahora mismo te lo demostraré.
Trowa lo tomó en sus brazos y comenzó a besarlo,
enlazando su lengua con la suya. De nada sirvió la toalla al rubio, quien
terminó limpiándose en su espalda. Finalmente, lo recostó, sin dejar de
besarlo. Se colocó entre sus piernas y estas subieron, por propia iniciativa,
lo más que pudieron, sobre su espalda, atrapándolo. Luego entró en Quatre con
un solo movimiento, que los empujó a los dos hacia delante. Pronto comenzaron a
jadear sin control al aumentar el ritmo.
“Te amo... te amo... te amo”- le decía Trowa en cada
embestida, hasta que el placer sólo le dejó emitir gritos de éxtasis.
Entraba y salía, una y otra vez, sintiendo la
estrechez de su querido. Lo apretaba fuerte contra sí para no dejarlo escapar,
mientras lo balanceaba con pasión descontrolada. Lo besaba, lo mordía, lo... al
menos trataba porque los gritos, los de él y los suyos, le hicieron perder la
razón, sencillamente, no sabía lo que hacía sólo se dejaba llevar. Todo esto,
hasta que un estremecimiento lo dirigió al clímax, a ese clímax que le decía
siempre que era uno con él, con su amado Quatre. Su semen fue derramado muy
dentro, en el fondo, logrando la fusión máxima.
No obstante, aquí no terminó todo, ya que al
recuperarse siguieron amándose con la misma pasión de antes.
- ¡Te amo Quatre!... ha, ha... ¡no lo dudes
nunca!...¡nunca!...ha, ha... ¡prométemelo!- Trowa lo decía tan desesperado que
Quatre lo escuchó clarito, a pesar de la excitación en que estaba.
- ¡Te lo prometo!...haaaaaa...haaaaah... ¡te lo
juro!... aahhh... ¡nunca!, ¡nunca!- agonizaba mientras se balanceaba de
espaldas hacia él.
Un segundo coro de gritos retumbaron por toda la
mansión, llegando hasta el ático, donde algunos pájaros que anidaban por ahí
salieron espantados.
Los hombres de guardia en el campamento, se preguntaron
a que se debía semejante fenómeno nocturno. Quizás algún gato de cacería andaba
despertando a los pájaros, haciéndolos revolotear de esa manera, pero aparte de estas teorías, no le dieron
importancia y siguieron con lo suyo.
Quatre recuperado ya de tanto amor, fue a la cocina
por jugo. Estaba muy sediento y no sólo él. Dejó a Trowa estirado en la cama,
el pobre no daba más, parecía estar clavado al lecho. Se hubiera preocupado,
pero no hacía falta, la sonrisa de satisfacción de aquél se lo decía.
Trowa, por su parte, todavía andaba por las nubes.
Una presencia extraña le llamó la atención: A unos metros de los pies de la cama, Heero estaba parado frente a
él, apuntándole con un arma.
La sorpresa fue grande. Sólo alcanzó a sentarse
sobre la cama. La sábana le cubría de la cintura para abajo.
- No te muevas- fue la orden fría de Heero.
Trowa recuperó su antigua compostura: La del piloto
Gundam.
- Tienes que decirme el porqué.
- Duo es mío y de nadie más...
- Sí, lo sé- dijo mirándolo a los ojos azul hielo.
Un silencio pasó frente a ellos. Trowa se preguntó
por qué no le disparaba, ¿disparaba?...
¡lo iban a matar!, pero, pero, ¡El no quería morir!, ¡ahora no! El miedo se
apoderó de él como nunca lo había hecho.
El sonido de un vidrio al quebrarse rompió el
silencio. Quatre estaba ahí con los
trozos del jarro roto y el líquido esparcido a sus pies.
- ¡¡¡¡HEERO
NO POR FAVOR!!!!- corrió para escudar con su cuerpo a su amor
- ¡Quatre no!- gritó Trowa sin poder evitarlo.
Otro silencio.
- Quatre apártate o si no también te mato a ti- dijo
la voz seca.
- ¡No me importa!, ¡no dejaré que le hagas daño!- El
rubio lo decía en serio.
- Como quieras... – estaba a punto de disparar.
- ¡Heero, no tienes que dispararle a Quatre...,
espera!
Trowa se incorporó, pese a los reproches de su
amado, con las sábanas en la cintura. Apartó, delicadamente a éste de la línea
de fuego y enfrentó al atacante. Un piloto Gundam jamás le teme a la muerte,
menos él, que incluso la deseaba en lo más profundo de su ser, pero eso fue
hace mucho tiempo, cosas habían pasado que lo cambiaron, y ahora, ahora...
¡quería vivir más que nada en el mundo! Tenía miedo a la muerte, mucho miedo...
y sin embargo...
- Heero, yo no quiero morir- comenzó muy
sentencioso- pero no tengo como defenderme, así que supongo que me matarás de
todos modos- un “¡no!” se escuchó a su lado- se que no lastimarás a Quatre por
eso, sólo te voy a pedir una cosa...: Dile a Duo que lo amas.
Heero abrió
los ojos de par en par y el arma tembló en su mano
- ¡Maldito!, ¡dime de una buena vez si te acostaste
con Duo!- desafió furioso.
- ¡Claro que no! ¡él me ama a mí, sólo a mí!- le
gritó Quatre con pasión.
- ¡Y tú qué sabes!- dijo con una sonrisa burlona-
¿acaso estuviste toda esta tarde con ellos?
- ¡NO TENGO POR QUÉ
DUDAR DE ÉL!, ¡ YO SÉ QUE ME AMA Y PUNTO!- Quatre estaba fuera de sí y con su
respiración toda agitada.
- Es verdad- las
palabras tranquilas de Trowa relajaron el ambiente- Yo estoy enamorado de
Quatre.
Heero lo miraba sin
expresión.
- Amo a Quatre y él lo
sabe- miró los ojos sufrientes de su pequeño- ... y si yo puedo decírselo en su
cara..., ¡tú también puedes decirle lo mismo a Duo!.....
Estas palabras afectaron
de forma visible a Heero. Su mano amenazadora, cayó pesadamente a un lado de
él. Su vista también cayó y su cuerpo comenzó a temblar. Luego se desmoronó,
azotándose contra el suelo. Una lágrima solitaria surcó todo su rostro hasta
caer en el vacío.