Caliente y Frío

Autora: Berusaiyu

 

V

 

         Había llorado mucho en los reconfortantes brazos de Trowa. La última vez que lo hizo de esa manera, fue cuando supo que amaba a Heero y que éste no le correspondía: Una mañana, después de aquella noche de pasión.

         Y fue la tercera vez que Heero le hizo el amor... ¿o sexo?, daba igual para el caso. Duo ya con la resignación de que deseaba a ese antipático, y que más temprano que tarde volvería a tomarlo “por sorpresa”, continuaba su vida de soldado encubierto por los institutos del planeta junto a su amigo. Todo esto, antes de que las cosas se complicaran y ya no hubiera tiempo, salvo intensos momentos entre el fuego y la sangre.

 Como era su costumbre, una noche fue a hablar con Heero y éste estaba frente al computador sin hacerle caso. A Duo le llamó la atención las imágenes de la pantalla y se acercó por encima de ese hombro, con una mano apoyada en el escritorio. No se dio ni cuenta cuando ya lo estaban besando.

         Heero lo había sentado en sus rodillas y lo besaba, al mismo tiempo que se deshacía rápido de las ropas de ambos, con la inigualable maestría de siempre. El suéter, enredado con la camiseta, quedó a medio sacar, amarrándole así las muñecas. Duo se vio obligado a poner sus manos detrás de la nuca y se dejó acariciar por toda su piel atravesada, lateralmente, sobre los muslos de Heero. El escritorio le servía de apoyo, al sentirse desfallecer por el contacto de esos labios que le succionaban los pezones. Después de excitarlo a más no poder con sus caricias y besos apasionados,  se pusieron de pie y Heero lo volteó dejándolo de espaldas hacia él. Abrió el cajón del escritorio y Duo alcanzó a ver la pistola, antes de que éste sacara una pequeña botellita. 

- Con que  ahí guarda sus armas el muy pillo- pensó Duo, quien estaba aprisionado contra el mueble y se quitaba, por fin, el suéter.

Después de lubricarlo de forma deliciosa, lo reclinó sobre el escritorio, dejando que se apoyara con sus manos encima del mueble. Su trenza caía por un lado de su hombro y podía ver reflejada su figura  en la pantalla del computador ya apagado. Aquí vio y sintió como Heero lo penetraba hasta el fondo. El medio cuerpo de Heero se movía, hacia delante y hacia atrás, con ese exquisito vaivén, mientras acariciaban su miembro al mismo ritmo. Un grito y otro, inmediatamente después, rompió el constante jadeo y sintió como expulsaba su semen, embarrando la mano de su amante, para que en un segundo lo llenaran con el caliente líquido.

Duo sentía desvanecerse. Mientras recobraba el aliento, sus piernas flaquearon y estuvo a punto de dar contra el suelo sino es por los brazos de su amante, quienes lo sostuvieron y lo depositaron, suavemente, en la silla que había sido objeto para sus primeras caricias. Él se recostó con los ojos cerrados, esperando normalizar su respiración. Sabía bien que todo había terminado y que debía recoger su ropa. Cual no sería su sorpresa al ver a Heero arrodillado ante él y colocado entre sus piernas flexionadas. Duo hizo el ademán de levantarse de la silla, pero su amante lo detuvo en el acto. Luego comenzaron las caricias, que volvían a hervir su sangre con ímpetu renovado.

Heero introdujo el miembro ya dispuesto para él en su boca, y empezó a succionarlo muy lento. Duo creyó morir de placer y empujó la cabeza de su amante con su mano, haciéndolo más profundo y sin nombre. El éxtasis volvió a explotar cuando vació su líquido, el cual, fue bebido hasta la última gota por aquel maestro.  

Al darse cuenta que Heero estaba recogiendo su ropa,  Duo sintió que el corazón se le recogía dolorosamente, tanto así, que sin darse cuenta había atraído a su amante, hacia sí, en un abrazo desesperado.

- No te vaya por favor- suplicó.

Fue aquí donde ocurrió algo extraño: Heero tomó su trenza y comenzó a deshacerla, dejando sus cabellos sueltos y libres sobre su espalda, hombros, hasta la cintura y más. Luego lo levantó en brazos y se lo llevó a la cama, donde lo depositó con suavidad. Sus cabellos se desparramaron sobre  la almohada. Heero se le quedó viendo con un brillo especial en sus ojos, esa mirada recorrió toda su cara,  como una caricia. Entonces Duo lo dijo:

- Te amo- le declaró, sin saber el porqué de esas inesperadas palabras.

Entonces esperó la respuesta obvia, pero sólo recibió un beso, uno muy especial, ya que sostenía su cabeza con sus manos enredadas en sus cabellos, masajeándole la nuca de manera tal, que perdió todo el sentido de la realidad y de sí mismo.

Esa noche lo tomó 4 o más veces, sin contar lo anterior. La verdad es que tenía la impresión de haber hecho el amor toda la noche, porque no recordaba el momento en que se quedó dormido por el cansancio. Y a la mañana siguiente, esperaba despertar en sus brazos, pero estaba otra vez solo en su lecho. Sin embargo, Heero andaba por ahí y una esperanza iluminó su rostro.

- Apúrate, si no llegarás tarde- fue todo lo que le dijo, con la misma frialdad de siempre. Luego golpeó la puerta al marcharse.

A Duo se le cayó el cielo encima y en vez de levantarse, cayó pesadamente en la cama. Varios minutos mantuvo la vista clavada en el techo del cuarto, parecía no querer pensar. Fue cuando escuchó la puerta abrirse, entonces se colocó de lado y ocultó su rostro.

 - Parece que se le olvidó algo- pensó sin moverse entre las mantas. Luego los pasos volvieron a alejarse y otra vez la puerta golpeándose.

Y el sonido de ese golpe al cerrar la puerta, le rebeló lo que no quería pensar hace unos momentos: la verdad. Que ese sonido se repetiría, una y otra vez, hasta que Heero se aburriera de él, porque a pesar de amarlo con locura no podía retenerlo.

  Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y en pocos segundos, un torrente empezó a emanar sin control, junto con su llanto adolorido. Juró que sería la primera y última vez, que lloraría por su amor no correspondido, entonces, no se detuvo, sino mucho después, cuando no le quedaron lágrimas por derramar.

Ahora, ahí estaba junto a Trowa rompiendo su juramento de no llorar. Juramento que no rompió, ni siquiera, cuando lo creyeron muerto, cosa que le costó no hacer ante el increíble ejemplo de Heero. Y lo hizo ahora sin reproches, simplemente, porque todo estaba acumulado y ya no lo soportaba. Volvió a llorar, no tanto como aquella vez en su cama, pero sí hasta tener su corazón en paz.

Duo sentía que lo habían liberado de un enorme peso, sin querer le  transmitió todo su sentir. No le había contado sus relaciones al detalle, obvio, pero sí sus sentimientos al respecto- bueno, quizás lo del lubricante se le escapó. Y ahora estaba tranquilo, era un largo tiempo de angustia, casi desde el comienzo de todo. Su ánimo comenzó a resurgir al igual que el fénix.

         Caía la noche y las carcajadas de Duo se escuchaban por toda la casa. En eso llegó Heero, de quien nadie se percató de su presencia, sino mucho después.

         Trowa y Duo estaban en la sala, sentados uno frente a otro separados por la mesita del té. Duo a carcajada limpia, ya que Trowa le contó “lo ruidoso de su relación con Quatre, y cómo lo habían pillado a la primera”, y aunque ya habían pasado algunos minutos de terminada la historia, Duo todavía reía cada vez que se acordaba de ella.

         - Yaaaa, Duo córtala ¿si?- decía Trowa divertido.

         - Es que es muy bueno, jajajajajajajaaa- deliraba Duo con lágrimas en sus ojos. En eso le dio unos golpecitos a la rodilla derecha de su amigo y dejó su mano izquierda, como al descuido, encima de ese muslo. Entonces los interrumpieron.

         - Hola- dijo Heero con la mirada fija en Trowa.

         - Que tal- le contestó éste un poco serio.

         - Hola Heero- saludó Duo radiante, sin moverse de su posición- por fin llegas. Mira, me encontré a Trowa y a Quatre en el centro y los invité a acompañarme.

         - ¿Y dónde está Quatre?...

         - Aaah, él no pudo venir, pero en recompensa me traje a Trowa ¿eh?, así como lo ves ¿cierto Trowa?- Duo le dirigía la más maravillosas de sus sonrisas, que incluía el cierre de sus bellos ojos.

         Trowa se levantó lentamente, dijo que era muy tarde y debía irse, además, debía pasar a la tienda a comprar “el postre”.

         - Jajajajajajajaja- Duo no se pudo contener- ¡pues claro amigo!, eso es muy importante- se paró a su lado y posó su mano en el hombro de Trowa- te acompaño a la salida.

         Duo iba demasiado contento como para fijarse en la expresión de Heero, la cual no pasó inadvertida para Trowa. Ya de espaldas hacia la casa y Trowa parado a un lado de la reja de calle, sintió un cariño muy especial por su confidente. Su sonrisa se desvaneció.

         - Trowa no sabes cuanto te agradezco lo de esta tarde, realmente, significó mucho para mí- dijo con la mirada caída que luego levantó para depositarla en esos ojos grisáceos.- no se como pagarte...- dejó la frase en el aire de la cual surgió un breve silencio. 

         - En realidad hay algo- a su amigo le subieron los colores al rostro, lo que llamó su atención- ¿te acuerdas que me dijiste algo de un lubricante?- Trowa tenía la vista en el cielo con su mano en la nuca, y sí, muy avergonzado.

         - ¿He?.....................Jajajajajajajajajajaaaaaaaaaa-  estalló Duo. Luego se calmó de repente, se acercó a Trowa y lo abrazó. Le dio en beso en la mejilla- aceite de oliva- le dijo al oído.

         Trowa al escuchar esto, se recuperó de la sorpresa inicial que le dio ese abrazo repentino. En eso miró por encima del hombro de Duo y su vista chocó con la de Heero, el cual, había visto la escena a través de la ventana. Entonces se separó.

         - ¿Sabes Duo?- silencio- ¿Deberías prestarle más atención a Heero?-  abrió la puerta de la reja- yo tampoco le he dicho a Quatre que lo amo-  y se despidió, dejando a una alma muy confundida mientras se alejaba hacia la ciudad.

         “¿Prestarle más atención a Heero?”, esas palabras sonaron en eco.... ¡Prestarle más atención! Que quiso decirle Trowa con eso, acaso no hacía prácticamente todo lo que quería éste y él sólo había sufrido porque... bueno, ¿qué no lo había escuchado?... ¡el maldito no lo amaba!

         Sintió el impulso de salir corriendo tras de Trowa y pegarle un golpe en la cabeza por idiota. Luego se resignó, Trowa fue muy bueno con él, no se lo merecía. Había llorado en sus brazos y él jamás hizo eso frente a alguien- por lo menos así lo recordaba en ese momento.

         Volvió a recordar esa tercera noche de pasión, de eso ya hace tiempo. Había corrido mucha agua bajo el puente y Heero lo había tomado incontables veces, con ciento y una posiciones diferentes- si es que no eran más. Y es que el sujeto era una verdadera enciclopedia sexual. Aunque a él le bastaba con unas cuantas caricias para sentirse en el paraíso.

         “¿Prestarle más atención a Heero?”, ¡pero que más! Si Heero hacía lo que quería con él. Incluso recordó una vez en que se le ocurrió colgarlo cabeza abajo, sólo sujetado de los tobillos-  “No me gusta Heero”- le dijo, quizás con qué cara, porque lo bajó muy rápido y le hizo el amor de una forma más “tradicional”. Fue una de las pocas veces en que le hizo caso. Pensándolo bien, esa vez no hizo lo que él quería, pero igual era una excepción.

         “Yo tampoco le he dicho a Quatre que lo amo”... Aquí se calmó de improviso... pensaba en esto cuando llegó a la sala y se encontró con un Heero muy diferente. Quizás las palabras de Trowa habían hecho efecto, o era porque Heero estaba furioso.

         - ¡¡¡¡¡¡¡QUE HACIA ÉSE AQUÍ!!!!!!!- gritó casi tumbándolo con su huracán. La trenza de Duo volaba al viento.

         Duo se quedó de una pieza. Ciertamente, había visto a Heero enojado otras veces, pero nunca tanto. Entonces le dijo algo que ni en un millón de años pensó que le diría.

         - Qué pasa Heero ¿Estás celoso o qué?- Duo sabía que esto no podía ser verdad, pero de todas formas lo dijo, aunque no entendía el porqué. Sin embargo, no estaba preparado para la siguiente reacción.

         - ¡¡¡¡¿¿¿¿QUÉÉÉÉÉ????!!!!........- un silencio inesperado cortó el grito.

         Duo no daba crédito a sus ojos, es más, si no lo hubiese visto, no lo hubiese creído. Heero había quedado estático, con una expresión de asombro sin igual: los ojos y boca abiertos de par en par. Luego un rojo intenso comenzó a llenar sus brazos, manos, rostro, cabeza... hasta quedar todo su cuerpo hirviendo al punto de ebullición, donde un vapor blancucho comenzó a salir de sus poros, dejando una nube por encima de su cabeza.

         El corazón de Duo empezó a latir furioso en su pecho. Una esperanza enterrada hace mucho tiempo resucitó al instante. Debía saber, ahora o nunca, y aquella temida pregunta surgió de sus labios.

         - Heero... ¿tú me amas?- dijo conteniendo la respiración.

         Un terrible silencio contestó la pregunta de Duo. Éste se quería morir ahí mismo, y un horrible sentimiento de rabia surgió de él.

- ¡Contéstame Heero!- le gritó.

La expresión y los colores de éste último habían desaparecido, reemplazándolos con una pose inexpresiva. Sin embargo, había un brillo sin igual en sus ojos.

- Duo... yooo...- otra vez silencio.

         Ya no pudo aguantar más y explotó.

         - ¡SI NO ME AMAS, DIMELO!, ¡OISTE!, ¡PORQUE SI ES ASI, NO QUIERO SEGUIR PERDIENDO EL TIEMPO CONTIGO!, ¡YO QUIERO TENER A ALGUIEN QUE ME QUIERA, Y SI NO ES CONTIGO, SERA CON OTRO!- dijo fuera de sí.

         - ¿Trowa?- susurró Heero.

         - ¡TROWA ES MUCHO MEJOR QUE TÚ!, ¡NO TIENES DERECHO NI A MENCIONAR SU NOMBRE!- Duo estaba muy ocupado gritando como para darse cuenta de las reacciones de Heero- ¡TEN POR SEGURO DE QUE SI ÉL  LO QUISIERA, ME IRIA CON....- un golpe en su estómago lo obligó a callar y a caer pesadamente sobre el suelo.

         No supo más.

         Despertó en su cama muy de noche. No tenía ni idea del tiempo transcurrido, y sí, recordó cuando Heero esquivó su golpe para dejarlo inconsciente, pero aquella vez fue una estrategia, quizás para salvarlo, tomando el lugar de él. Ahora le había golpeado más duro que esa vez y todo había acabado.

         ¿Lloraría?... no. El rostro transformado de Heero todavía lo inquietaba.

         Una pelea... La furia de éste. Peleó antes con él, pero no llegaron a los golpes, fue una, una no más, en todo ese largo tiempo. Fue recién terminada la guerra, hace poco entonces. Duo había ido al departamento de Heero, por unas cosas, y encontró todo ese sucio material pornográfico. Fue él quien se enfureció, a tal punto, que lo cortó en seco: Le dijo que era un degenerado, y por eso, nunca más quería verlo en su vida.

         Heero tenía, por toda la casa, videos, revistas, todo tipo de fotos, la mayoría bajadas de internet, ¡libros!- cómo podían vender libros de ésos. Salió asqueado de allí y una idea terrible cruzó por su mente, la cual lo llevó directo al hospital. Debía hacerse algunos exámenes por si tenía alguna enfermedad mortal. El pánico se apoderó de él, bajándole todo el fervor religioso. Se fue recitando todo el camino hacia el hospital los rezos de la Hermana Helen: El Padre Nuestro, el Ave María, El Credo, y otros más, que estaban ya olvidados, pero que el miedo los sacó de las profundidades de su mente. Aprovechó de pedir una “amanda” a la Virgencita de Lourdes y rezar por el descanso del Padre y de la Hermana Helen que desde lo alto velaban por él. Sólo cuando tuvo los resultados en sus manos, minutos después de tomarse el examen (y eso que estamos en el A. C. “después de la colonia”), agradeció a la Virgen y a Santa Teresita por favor concedido, se quedó tranquilo y terminó de rezar,  persignándose varias veces y haciendo la Señal de La Cruz. 

         Duo llegó a sospechar que estaba involucrado, de alguna manera, en ese mercado, y se aterrorizó al pensar en ese video firmado hace tiempo con él, circulando por ahí. ¡A lo mejor producía esa basura!

         Se reconciliaron un día después, aunque sólo pasó una hora cuando lo llamó Heero por teléfono y le prometió deshacerse de “toda la basura”- como le llamó Duo- además, mostrarle el resultado del examen emitido por el hospital, y que usarían protección, de ahora en adelante. Quizás era un poco tarde para esto último- como le insinuó Heero- pero nunca lo es cuando se trata de tu vida. Otra cosa, fue que le aseguró no producir, ni trabajar en ese mercado.

         Lo más tranquilizador de esta experiencia- aparte de los resultados de los exámenes- fue descubrir que al menos estaba libre, ¡por fin!, del fantasma de Reelena, ya que todo “ese material” era gay.  

         Y esa fue la pelea... Heero no estaba furioso, ni siquiera molesto... el molesto era él, pero... ahora que lo pensaba, sí estaba ¿asustado?, sí, asustado.         

         La voz de Trowa volvió a la carga: “Deberías prestarle más atención a Heero”...”yo tampoco le he dicho a Quatre que lo amo”... ¡Quatre! ¡claro!

         Fue corriendo al teléfono e intentó comunicarse, pero nada. Se suponía que Trowa ya debería haber llegado a casa, ¡qué raro! Una sonrisa se dibujó en su rostro, a lo mejor no quieren que nadie los moleste, pero... Dudó unos instantes, luego volvió a llamar, esta vez a Heero... tampoco respondía... “¡TROWA ES MUCHO MEJOR QUE TÚ”... Un sentimiento horrible se apoderó de él, fue hasta el escritorio del despacho, abrió el cajón... estaba vacío...

         El sentimiento, de hace unos instantes, estalló:

         - Oh, no... Trowa... ¡Trowa está en peligro!- dejó una nube de polvo tras su frenética carrera.

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