Caliente y Frío

Autora: Berusaiyu

 

I

 

Caminaba  con las manos en los bolsillos, y con su típica sonrisa dibujada en su rostro. Sólo alzaba, de vez en cuando, una de sus manos para calmar un gran bostezo que le llenaba los ojos de lágrimas. El pasillo estaba oscuro, y la luz de los ventanales se reflejaba en el piso de forma tenue, silenciosa, sólo sus pasos se escuchaban en un eco rítmico.

         Abrió la puerta de improviso y sin esperar invitación entró al cuarto, luego se detuvo en seco- no vio ningún movimiento dentro de la habitación iluminada- Arrugó su linda frente.

- ¡Heero!- llamó mientras cerraba la puerta suavemente a sus espaldas- ¡qué raro! ¿dónde se habrá metido? 

Duo no tuvo que esperar mucho para obtener la respuesta. Heero estaba recostado en el sofá con los ojos cerrados y con un libro entre sus manos.

- ¿Heero durmiendo en un momento como éste?- murmuró con ojos en puntitos, pestañando en dos movimientos rápidos. Luego, sintiéndose un poco molesto pensó: ¡cómo se le ocurre!¡mañana tenemos una misión! Se supone que vendría a explicarle que mejor nos dividiéramos los ataques. ¡Grrrrrr!- gruñó con el puño en alto- seguramente, el  miserable ya había preparado su plan de ataque y se le había adelantado como “casi” siempre- dejó caer los brazos al mismo tiempo que exhalaba un gran suspiro- ¡ni hablar!

Mañana vería lo que haría.

Ya estaba a punto de irse cuando un pensamiento se le pasó por la mente y haciendo caso a éste, fue hacia la cama y sacó la cubre. Volvió con ella entre sus brazos hasta donde estaba Heero.

- Mejor lo cubro... está haciendo frío- pensó. Luego con una sonrisa estiró la manta y la acercó al durmiente- aunque no sé para que me molesto, seguramente este sujeto no se enferma con nada, debe ser algún tipo de robot o algo parecido- continuaba divagando en su mente- si lo único que sabe es pelear, pelear, ganar, ganar y que la misión...

Duo cortó sus pensamientos cuando sintió una mano que le aprisionaba la muñeca. Unos ojos azules oscuros lo estaban viendo, frente a frente,  con una expresión ininteligible. No se había dado cuenta, pero estaba casi encima de Heero. Estaba a punto de reaccionar, cuando fue atrapado por un beso.

Trató de zafarse, pero unos brazos fuertes y seguros lo atrajeron. Duo sintió como su cuerpo caía sobre el otro perdiendo el equilibrio. Intentó decir algo, pero sólo logró que su compañero introduciera la lengua en su boca, para comenzar una exploración lenta, minuciosa. Los ojos de Duo permanecían abiertos en una expresión de sorpresa cabalística. No lograba asimilar lo que sucedía, su mente estaba en blanco. Pasó un momento que pareció eterno  a Duo, en el cual, hubo una chispa de lucidez que le permitió empujar al otro, logrando separar el beso con un sonido sofocante. Sin embargo, esto no duró, ya que Heero volvió a aprisionarlo, nuevamente en otro beso, más apasionado, fogoso y desesperado sin comparación con el anterior.

Las fuerzas comenzaron a disminuir en Duo. Éste ya no sabía que hacer, su mente no sólo estaba en blanco, si no que ahora la cabeza le daba vueltas. Su cuerpo estaba experimentando todas clases de sensaciones, si bien no extrañas, eran tan intensas que  poco a poco, lo dejaban sin control. Pronto escuchó un quejido que venía de su garganta y que estalló en la boca de su- hasta ahora- amigo. Otros más se sumaron, que se escucharon libremente, en toda la habitación.

Ya no sabía donde estaba, ni que estaba haciendo, sólo se sentía flotar en una nube de placer ascendente. De repente, sintió un dolor punzante en su cuerpo que lo hizo caerse de la nube, volviendo a la realidad. Abrió los ojos y vio a Heero encima suyo completamente desnudo, el cual, tenía unas piernas desnudas en sus brazos, una en cada uno de ellos. Duo volvió a sentir ese dolor y por fin supo lo que era...: “¡se lo estaba metiendo!...” Trató de incorporarse y volvió a usar sus manos, colocándolas en los hombros de su compañero para alejarlo. Entonces vio el rostro sonrojado  de Heero, junto con la respiración agitada de éste.

- Heeroooooo- dijo Duo con un quejido en suplica, volviendo a querer separarse.         

Heero lo miró con decisión y se abalanzó sobre él como un torrente salvaje lleno de pasión. Comenzó a besarlo, abrazarlo, acariciarlo en un torbellino de placer sin igual para Duo, que acabó con lo poco de resistencia que tenía éste y arrasó por los suelos el  intenso dolor, para convertirlo, fusionarlo, con el éxtasis máximo de ese vaivén sin fin.    

A la mañana siguiente, Duo se despertó un tanto adolorido. Vio que estaba, cubierto por una manta, y en el sofá de Heero. De golpe recordó la noche anterior y una ola de vergüenza subió hasta su cabeza, provocándole calor a sus mejillas. Miró a su alrededor, no había nadie. Entonces, vino a su mente algo muy importante y se levantó más rápido que el rayo. Vio la hora y cuando lo hizo, sus ojos se abrieron de par en par.

- ¡O no, la misión!- tomó su ropa y desapareció en una nube de polvo.

Y el día estaba acabando, y una figura redonda como una naranja, se escondía en el inmenso mar, tiñendo con sus colores rojizos el cielo.

Duo había dejado su Gundam en reparación, había sido una misión muy difícil, sin contar el suplicio de su propio cuerpo ya adolorido. Vio el Gundam de Heero en el hangar, así que supuso que el muy sinvergüenza debía de andar por ahí... ¡Miren que no haberlo despertado! ¡qué creía! ¡maldito! ¡casi falta a su deber por culpa suya! Y cuando trató de reprochárselo por el comunicador, el muy desgraciado... el hijo de perr... ¡LO HABIA IGNORADO!

Mientras murmuraba por lo bajo, Duo venía echando humos no sólo por la cabeza. Golpeaba el suelo con fuerza a cada paso que daba y se escuchaba uno que otro grito de indignación, que lanzaba de vez en cuando. Sólo paró en seco cuando vio a Heero venir hacia él de forma muy natural. Duo sintió que la rabia lo abandonaba de improviso y que los colores se agolpaban en su rostro, provocándole un calor nebuloso.

Heero se plantó delante de él y lo miró impasible. El sonrojado trató de mantener el control, pero su cuerpo tiritaba como una hoja al viento norte.

- Esteeeeeeee, yyyoooo- comenzó a decir Duo con voz quebradiza y la vista en el suelo. 

- ¿Sí?- respondió Heero de forma cortante.

- Aaaanooocheeeeeeeee...¿tú?... ¿yo?... Esteeeeeeeee..... – sentía que las rodillas se le quebraban, ya no podía más.

- ¿Quieres decirme algo?- contestó Heero con el mismo tono cortante de antes.

Estas últimas palabras sonaron en eco dentro de la cabeza de Duo.   Levantó la vista, y encontró unos ojos sin expresión para él. -¿Si acaso quiero decirle algo?...- Sintió un frío recorrer todo su cuerpo.

-         ¿No?- Heero reanudó su marcha.

-         ¡¡¡ESPERA!!!- gritó Duo, sintiendo que su alma volvía al cuerpo.

Heero se dio media vuelta y lo enfrentó. A Duo le subió toda la sangre a la cabeza, provocando una avalancha de emociones que invadían su cuerpo y que amenazaban con estallar. Parecía un volcán preparado para la explosión, sentía como todas sus emociones se acumulaban una tras otra: vergüenza, ira, dolor, pena... 

Por primera vez Heero mostró un dejo de asombro, ¿preocupación? En sus ojos.

... rabia, tristeza, deseo... Fue aquí cuando Duo notó ese “dejo” en los ojos de Heero... -¿deseo?, ¿era deseo? No, eso fue anoche- Y como si acabara con una revelación muy importante, Duo recobró su compostura tan rápido como cuando la perdía.

- Dejémoslo así.- concluyó Duo en tono golpeado, pero firme.

- Como tú quieras- contestó Heero.  

- No ha pasado nada- dijo Duo, quien dio media vuelta y se alejó  a paso seguro.

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