| De c�mo el conc�n dominicano recibi� las llaves de la ciudad de Nueva York A mediado de julio de 1988 la prensa dominicana rese�� ampliamente la presenta-ci�n de la obra El ron en la historia dominicana, del historiador Jos� Chez Checo. Una semana despu�s, el s�bado 23 de julio, a cientos de kil�metros de Santo Domingo, Cha-guito, Uranio y El Mocho decidieron celebrar la aparici�n de dicha obra sacrificando tres litros de Barcel� Imperial a orillas del r�o Hudson. El escenario elegido para el festejo fue la calle 135 esquina Riverside Drive, en Washington Heights, lugar donde ellos y otros de sus compatriotas quisqueyanos residentes en el Alto Manhattan acud�an cada verano a platicar sobre pol�tica, a escuchar bachatas de Luis Segura y Leonardo Paniagua y a saborear unas que otras Heneiken, Budweiser o Presidente a pico de botella. Cuando el segundo litro de Barcel� estaba a punto de sucumbir, Uranio le propuso a sus acompa�antes la culinaria idea de hacer un locri� de pollo y jam�n ahumado debajo del frondoso �rbol que los albergaba. Desafiando la disposici�n oficial newyorquina que proh�be cocinar en las calles y las aceras, Chaguito fue a la bodega m�s cercana y com-pr� una funda de carb�n sint�tico, cinco libras de arroz, dos libras de jam�n ahumado y dos pollos descongelados. El Mocho, por su parte, baj� de su apartamento un caldero grande, un anafe port�til tra�do de Santo Domingo meses atr�s envuelto en una hamaca de cabuya tricolor, un poco de aceite, media lata de pasta de tomate Victo-rina y un poco de saz�n Ranchero. Uranio se comprometi� a cocinar. Media hora despu�s de iniciado el �cocinao�, el olor del locrio comenz� a esparcirse lentamente hasta alcanzar unas tres cuadras de distancia. La gente del vecindario atra�da por el olor comenz� a llegar en manadas al �rea de la cocina improvisada, hasta sumar unas cien personas. A uno de los curiosos se le ocurri� comprar un ciento de platos de-sechables e igual n�mero de cucharas en un supermercado de la calle 135 esquina Broadway y distribuirlos entre los presentes, d�ndole a entender a Chaguito, Uranio y El Mocho que el locrio se hab�a convertido en un bien colectivo. La inesperada llegada de la polic�a, a quien tambi�n atrajo el olor, oblig� a la mitad de los curiosos a abandonar el lugar. Pero para sorpresa del grupo, los polic�as ni si-quiera preguntaron por los responsables del �cocinao�, sino que disimuladamente se escondieron detr�s de un �rbol, situado a unos diez metros del caldero, como esperando que el locrio estuviera listo. Cuando ello ocurri�, Chaguito, Uranio y El mocho llenaron sus platos y se apertrecharon en la acera del edificio de enfrente, dejando el calde-ro a la suerte de la muchedumbre. Acto seguido la multitud se abalanz� estrepitosamente sobre el caldero. El resulta-do fue funesto: ocho quemados, catorce heridos, once pisoteados y la acera totalmente salpicada de granos arroz grasientos y trozos de carne. La polic�a quiso intervenir cuando, sin saber de donde, apareci� el alcalde de la ciudad de Nueva York, Edward Koch, abri�ndose paso por entre la multitud. Ya enterado de lo ocurrido, el alcalde or-den� a los polic�as detener al causante de la tragedia: el caldero, el cual todav�a mos-traba una reluciente y atractiva capa de conc�n en el fondo. En presencia del gent�o y motivado por el arrebatador olor que sal�a del fondo de caldero, el alcalde desprendi� un pedazo de conc�n y se lo llev� a la boca desespera-damente. Mientras lo masticaba dej� escapar una sonrisa tan intensa y prolongada que varios granos de arroz, engrasados y amarillentos, afloraron a sus labios. Desde enton-ces Koch se convirti� en un asiduo visitante de los restaurantes dominicanos de Washington Heights en busca de conc�n, sin importarle que �ste fuera de locrio, moro o arroz blanco. Dos meses despu�s el alcalde patrocin� en el mismo escenario donde prob� el con-c�n dominicano por primera vez, el locrio m�s grande de la historia culinaria de la Rep�-blica Dominicana. 25 supercalderos, 25 estufas port�tiles, 200 libras de arroz, 50 libras de jam�n ahumado, 75 pollos frescos, 500 platos desechables, 100 litros de Ba-cel� Impe-rial y tres meg�fonos para invitar al vecindario, fueron descargados en la 135 y Riverside Drive un s�bado por la ma�ana ante la mirada imp�vida de cientos de transe�ntes. Como era de esperarse, los organizadores del �cocinao� fueron Chaguito, Uranio y El Mocho, quienes fueron asistidos por veinte cocineros de restaurantes dominicanos de Washington Heights contratados por la m�xima autoridad newyorquina para la ocasi�n. El alcalde, quien desde el d�a anterior hab�a advertido a los cocineros sobre la im-portancia de que el conc�n quedara doradito, grasoso y apetitoso, lleg� acompa�ado de varios polic�as media hora antes de que los invitados comenzaran a devorar el locrio, pues quer�a asegurarse de que nadie tocara ni maltratara el conc�n. Mientras los invitados saborearon el locrio hasta el �ltimo grano de arroz, los coci-neros raspaban art�sticamente el conc�n, cuidando que el mismo no se rompiera y con-servara la forma del caldero. Media hora despu�s las veinticinco piezas de conc�n fueron colocadas una encima de otra hasta formar una torre tan reluciente e imponente como las gemelas del World Trade Center en su �poca de esplendor. Entonces el al-calde extrajo de su portafolio una llave de dieciocho pulgadas de longitud, amarrada por el centro con una cinta azul, roja y blanca, y la deposit� encima de la pila de conc�n. Luego de un prolongado aplauso de los presentes, ley� una proclama anunciando la designaci�n el �rea del �cocinao� con el nombre de Plaza del Conc�n Dominicano, y el 25 de septiembre como d�a oficial del conc�n dominicano en Nueva York. Los palmoteos y la alegr�a del p�blico aumentaron cuando Koch requiri� la presen-cia de Chaguito, Uranio y El Mocho en la tarima improvisada y coloc� sobre sus res-pectivos cuellos una atractiva medalla de reconocimiento por sus aportes a la interna-cionalizaci�n del conc�n dominicano, y le asign� una pensi�n de por vida de dos mil d�lares mensuales. A partir de entonces el conc�n dominicano qued� registrado en los libros oficiales de la alcald�a newyorquina como una de las contribuciones m�s signifi-cativas del pueblo dominicano a la cultura culinaria norteamericana |
| Comun�quese conmigo a: |
|
| Obras recientes del autor |
| P�gina literaria de Franklin Guti�rrez |
![]() |
![]() |
![]() |