Counter LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

Por: Marcos A. Curet Galio

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El día en el cual murió nuestro Señor Jesucristo, ha sido tema de controversia entre personas al igual entre iglesias y sectas religiosas. Hay dos puntos de vista en relación al tema. Unos dicen que Jesucristo murió un miércoles por la tarde y otros que murió un viernes por la tarde. Los que apoyan el viernes como día de su muerte, usan el pasaje que aparece en Marcos 15:42 e interpretan "día de reposo" como el séptimo día de la semana, llamado sábado. Estas personas, en el afán de probar esta tesis, parten de la teoría de que los judíos acostumbraban contar como día entero cualquier fracción del mismo. El primer día sería, según ellos, un par de horas del viernes, el segundo desde las 6:00 P. M. del viernes hasta las 6:00 P. M. del sábado y el tercer día comprendería las horas restantes.

Nosotros, la Iglesia del Señor, rechazamos tal punto de vista, porque no cumple con las condiciones expresadas por nuestro Señor, cuando dijo: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches" (Mateo 12:40). Jesús lo dijo y los principales sacerdotes y los fariseos se aseguraron de que así fuera, veamos: (Mateo 27:62-66). Partiendo de las expresiones de nuestro Señor, es imposible que haya muerto un viernes, pues no se cumpliría lo expresado, de que estaría tres días y tres noches en el corazón de la tierra. Para que esto se cumpliese tal como lo dijo nuestro Señor, tuvo que haber muerto un miércoles por la tarde, y se lo demostraremos a través de la Biblia.

Es importante que sepamos que los babilonios dividían el día en doce horas o partes iguales. Después de ellos, también los griegos, y los judíos durante la cautividad o antes de ella. Contabanse las horas desde la salida del sol hasta su puesta, de seis de la mañana a seis de la tarde. De manera que las horas tercera, sexta y novena correspondían casi exactamente a las nueve de la mañana, las doce del medio día y las tres de la tarde. Tal era la costumbre en el tiempo del Señor, que El también dividía el día en doce horas. Veamos: (Juan 11:9). Según la Biblia nuestro Señor fue crucificado a la hora tercera (como a las nueve de la mañana), desde la hora sexta hasta la hora novena hubo tinieblas (de doce del medio día hasta las tres de la tarde) y a la hora novena Jesús clamó y expiró (las tres de la tarde) (Marcos 15:25, 33-37).

Si comenzamos a contar desde la puesta del sol del miércoles hasta la puesta del sol del sábado encontraremos y no para sorpresa, que hay tres días y tres noches como lo había dicho nuestro Señor, o sea, setenta y dos (72) horas. La Biblia nos muestra que al amanecer del primer día de la semana, el domingo, Jesucristo ya había resucitado. Veamos: (Mateo 28:1-6 y Juan 20:1-10). Analizando la semana de su muerte, encontraremos que se estaba celebrando la Pascua. Esta era una celebración judía que comenzaba el día 14 del mes de Nisán, al ponerse el sol, hasta el día 21 a la puesta del sol. El mes de Nisan era el primer mes del año sagrado hebreo, que correspondía casi a nuestro mes de Abril.

Durante estos siete días de fiesta se ofrecían sacrificios y ofrendas, señalando el primero y el último día, como días de reposo (el día 15 y el 21), (Éxodo 12:16 y Levítico 23:7-8). Los cálculos astronómicos ponen de manifiesto que en el año 30 A. D., año de la crucifixión de nuestro Señor, el día 14 de Nisán cayó jueves. Esto nos indica que el primer día de la fiesta de Pascua (viernes 15), era día de reposo y el último día (jueves 21) también. Teniendo en consideración la costumbre judía se nos hace fácil entender el pasaje de Marcos 15:42, aquí "día de reposo" no se refiere al séptimo día de la semana, llamado sábado, sino al "Shabat Judío". Esta palabra viene del verbo hebreo "Shabbath" que significa, "desistir", "parar" o "cesar", de cualquier actividad. Podría aplicarse a cualquier ocasión sagrada, como un tiempo de cesación de labores, tal como era usado en el Día de Expiación. Este día era observado anualmente en el décimo día del séptimo mes. Veamos: (Levítico 16:31 y 23:32). Así también en otros días y tiempos santificados, (Levítico 19:3,30; 23:24, 38-39 y 25:4).

Los judíos eran bien estrictos en la observación del "Shabat", más que cualquier otra fiesta. Por esta razón, aunque este día era de sí un día de fiesta, ellos lo observaban muy religiosamente. En la víspera del

"Shabat" ellos preparaban sus casas y sus mesas para la espléndida y jubilosa solemnidad del "Día del Shabat".

Hoy día nosotros no tenemos que preparar nuestros hogares ni nuestras mesas para el "Día del Shabat", pero sí nuestros corazones. Debemos preparar nuestros corazones para el "Shabat Cristiano", que corresponde al domingo, el "Día del Señor".

Ahora entendemos porqué el día de la muerte de nuestro Señor era día de preparación, pues al otro día era el último día de la Pascua. El último día de la Pascua cayó jueves y por mandamiento de Dios y costumbre de los judíos, este último día era día del "Shabat" (reposo). Basándonos en esta información obtenemos que nuestro Señor murió un miércoles por la tarde y fue sepultado antes de la puesta del sol de ese mismo día, según la ley judía (Deuteronomio 21:22-23), y por ser víspera del "Shabat" (Marcos 15:42).

Su resurrección fue después de la puesta del sol del sábado siguiente a su muerte, después de las 6:00 de la tarde, comenzando el domingo (primer día de la semana).

Con su muerte Cristo confirmó el Nuevo Pacto que habían anunciado los profetas. Veamos: (Isaías 42:6 y Lucas 22:20). Hizo cesar el sacrificio, la ofrenda y la función de los sacerdotes, que eran símbolos de El. Se sacrificó de una vez y para siempre. Con su sacrificio vino la salvación completa al mundo y no hace falta más sacrificios. La rotura del velo del templo, con la muerte de Cristo, señaló la cesación del sacrificio, la ofrenda y el sistema sacerdotal. Veamos: (Levítico 4:6, 17 y Marcos 15:37-38).

El sacrificio del Señor termina con el viejo pacto de La Ley y nos abre la puerta al nuevo pacto de La Gracia, donde ahora podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:14-16).

Espero les sea de utilidad y de bendición.

En el amor de Jesucristo,

Pastor Marcos A. Curet Galio

 

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