LA LOCURA
DEL FIN DE SIGLO.
¿POR QUÉ TENEMOS QUE TENEMOS
QUE RECHAZAR LA LOCURA DEL FIN DE SIGLO?
Por: Ricardo
Abanes
De "Vida
Cristiana"
Está preparado para el fin
del mundo? ¡Si no, tenga cuidado!
Múltiples personas de
diversos puntos de vista espirituales están anunciando la inminente destrucción
de la Tierra. Por ejemplo, el indígena norteamericano, John
"Venado Blanco" Eleazer dijo que sus guías
espirituales le indicaron que en los últimos años del siglo habrá muchos
temblores, huracanes y un maremoto que sumergirá a Nueva York.
El católico romano Jerrie Castro alega que la Virgen
María advirtió que la humanidad será destruida muy pronto a menos que nos
arrepintamos. El psíquico Gordon-Michael Scallion prevé grandes desastres naturales que culminarán
en el año 2001 con el cambio de órbita de los planetas. Los eruditos en
profecías cristianas también se han unido a esta avalancha. Jack
Van Impe dijo: "La Biblia enseña que el
anticristo vendrá al poder (Ap 13:1), un dictador
mundial que aparecerá en cualquier momento desde ahora hasta el 2003...esto
quiere decir que ¡Jesucristo está por venir!".
Para intensificar estas
"señales de alerta" tenemos el grandemente mencionado y publicitado
problema de Y2K. Muchas personas dicen que ocasionará múltiples desastres,
desde accidentes de aviación, fallos de infraestructura, colapsos económicos y
hasta accidentes nucleares. Algunos creen que las fallas tecnológicas iniciarán
la paralización completa de la sociedad civilizada.
Nuevamente, muchos de estos
alarmados son cristianos. Algunos alegan:, "el
Y2K es un problema de alcance mundial sin precedente histórico, a excepción de
la Torre de Babel." Una estación de radio inclusive dijo: "Cuando el
sistema de información falle masivamente el 1ro de enero del 2000, usted tendrá
que someterse involuntariamente a un sistema completamente nuevo... ¿será este
el evento que prueba ser el 'sistema de la marca de la bestia'?".
Históricamente, estas
declaraciones han dejado a los seguidores de Cristo dolorosamente
desilusionados. Además, le provee a los inconversos ejemplos de extrema
religiosidad que le roban la credibilidad al cristianismo. Los que saben que estar prometiendo y
calculando fechas específicas sobre la segunda venida de Cristo es un error,
eventualmente tendrán que reparar el daño hecho por esas profecías falsas. No
sólo tendrán que consolar a los cristianos desilusionados, sino que también
tendrán que redirigir la atención de los inconversos hacia las cosas eternas.
Nuestra obsesión
El discernir la fecha del
Apocalipsis ha sido una obsesión en el cristianismo desde el primer siglo (110
d.C.) cuando Ignacio, el obispo de Antioquía,
advirtió: "Los últimos tiempos están sobre nosotros". Ciprián, obispo de Cartago (258 d.C.) dijo: "El reino
de Dios, amados hermanos, ha comenzado a estar a la mano". Hipólito,
(d.C.236) otro líder religioso, creía que Jesucristo volvería en el año 500
d.C. Igualmente abundantes han sido las
predicciones relacionadas al Anticristo, muchos cristianos creen que aparecerá
justo antes del regreso de Cristo.
Martín de Tours (d.C.
316-397), obispo de Galia escribió: "No cabe
duda de que el anticristo ya nació. Está establecido firmemente desde sus
primeros años, y luego de alcanzar madurez tomará el poder." El monje
español Beato (d.C. 798) dedujo: "sólo quedan 14 años para completar el
sexto milenio entonces, sólo quedan 14 años para que venga el anticristo."
La obsesión de la sociedad
por el fin del mundo se convirtió en pánico mientras el año 1000 se acercaba.
En 964 Carlulaire de Saint-Jouin-de-Marnes escribió: "Mientras transcurre el siglo, el fin
del mundo se aproxima."
La paranoia se hizo más
evidente luego de estas tres señales: un eclipse en el 968, el fin de la Dinastía
Carolingio en 987 d.C., y el paso del cometa Halley
en el 989. Para el año 990, los sermones apocalípticos sobre el año 1000
resonaban por los púlpitos de Europa. Luego, cuando el año 1000 llegó y el
mundo continuó viviendo, se adoptó una nueva fecha para el fin: 1033. Este
nuevo plazo se calculó midiendo mil años a partir de la crucifixión de
Jesucristo, en lugar de su nacimiento.
A pesar de la falta de
acontecimientos en el 1033, la preocupación por el regreso de Jesús continuó en
el mundo occidental. De hecho, en los próximos siglos surgieron algunas de las
figuras proféticas más notables de la historia. Entre ellos el francés Joachim de Fiore, quién alegó que
el Anticristo aparecería en el año 1260 y marcaría el principio del fin. El
Anticristo también se esperó en 1184, 1186, 1229, 1346, 1347, 1348, 1360, 1365,
1375, 1387, 1396, 1400, 1417, 1418 y el 1516. Mateo de Janoy
(d. 1393), un reformador checoslovaco, sostuvo que el Anticristo era el Papa
Clemente VII.
Los fanáticos del fin del
mundo de las épocas medievales y renacentistas, como los profetas de hoy día,
basaban su creencias en las "señales" de los tiempos. Los presagios
fluctuaban desde coronaciones papales hasta la falta de invasiones a los
musulmanes. Las predicciones astrológicas también ejercían gran influencia.
Cuando, en 1179, Juan de Toledo dijo que la devastación coincidiría con una
alineación de los planetas en el 1186, los alemanes cavaron refugios y los
persas construyeron sótanos. Hasta el emperador bizantino entabló las ventanas
de su palacio. Sin embargo, la señal más poderosa fue la Plaga Negra (aprox.
1338-1351). Esta mató un tercio de la población europea -- de
Para el siglo 17, la obsesión
con el fin del mundo se había trasladado a América con los puritanos. William Aspinwall, un diácono de mucha influencia, vio al mundo
acabarse en 1673. El predicador Cotton Mather dijo que Jesús vendría en 1697, luego para el 1716 y
por último, en el 1736. Estas predicciones marcaron el camino para "El
gran desengaño", unos de los fiascos más grandes de la historia.
En el 1833 el ministro
William Miller (1782-1849) comenzó a enseñar que
Jesús regresaría "alrededor del 1843". Miller
alcanzó a tener aproximadamente 100 mil seguidores de múltiples denominaciones.
Muchos "mileristas" eran muy radicales y
abandonaban sus empleos para dedicarse a prevenir a otros sobre el fin del
mundo. Muchos abandonaron a Miller tras el fracaso de
la predicción. Este se retiró y murió en la oscuridad en el 1849.
Una vez más...
Las especulaciones proféticas
continúan infectando la comunidad cristiana, especialmente desde que la
tecnología moderna hace que la información sea esparcida más rápido. Los
cristianos parecen ignorar que los predicadores de los últimos tiempos también
se han equivocado.
El autor Edgar Whisenant primero dijo que el rapto de la iglesia ocurriría
entre los días 11 al 13 de sep. de 1988. "Sólo si
la Biblia está incorrecta, yo estoy equivocado," expresó seguro de su cálculos. Así vendió 4.5 millones de copias de su libro 88
Reasons Why the Rapture Will
be in 1988 (88 razones por las que el rapto empezará en el 1988).
Cuando nada catastrófico sucedió, cambió la fecha para el 3 de oct. ¡Luego
alegó haber encontrado un error y lo pospuso para el 1989! Whisenant
continuó publicando libros y posponiendo la fecha cada año.
En 1992 surgió Harold Camping, fundador de una cadena de radio. Este
escribió un libro de gran venta que pautaba el 6 de sep. de
1994, como el último día en que alguien podía ser salvo. Ese era el día del fin
del mundo. Al ver que nada pasó centró su puntería en el 29 de sep., luego en
el 2 de oct. y por último lo cambió para el 1 de marzo
de 1995. Finalmente se le terminaron las fechas y decidió volver a la radio.
En la primera fila de esta
parada de profetas se encuentra Hal Lindsey. En 1970 se publicó La agonía del planeta tierra,
libro que tuvo gran récord de ventas. En su libro Lindsey
señaló que el 1988 iba a ser el año del fin del mundo. Durante una entrevista
radial que le hicieron en 1992, le preguntaron en que momento estaría dispuesto
a admitir que se equivoco. Lindsey contestó: "En
un margen de cien años a partir del 1948". En otras palabras, el autor
tendría que admitir su vergonzoso error sólo si alcanzara a vivir hasta tener
120 años.
Otro que ha impulsado las
profecías del fin del mundo es Jack Van Impe. Desde el
Este juego de fechas le ha
hecho daño a mucha gente. Por ejemplo, los cálculos que hizo Van Impe sobre el 1992 fueron respaldados por el movimiento coreano
Hyoo-go y ocasionó que
miles de jóvenes coreanos abandonaran sus estudios. Inclusive, muchas mujeres
se hicieron abortos para no "pesar mucho" cuando fueran elevadas al
cielo. Cuatro miembros se suicidaron. A pesar de estas tragedias Van Impe ha seguido con sus predicciones. En uno de sus libros
más recientes, 2001: On the
Edge of Eternity
(2001: Al borde de la eternidad), alega que Jesús regresará "tan
pronto como en el año 2012". Quizás lo que es aún más perturbante
es que sostiene sus ideas con información obtenida de fuentes ocultas. Ha
recurrido a las visiones del psíquico Gordon-Michael Scallion y cataloga a Nostradamus,
vidente ocultista del siglo 16, como "un gran estudioso de la
Biblia". Muchos de estos profetas no tienen problema con ciertas clases de
ocultismo. Por ejemplo, Edgar Whisenant apoyó a la
psíquica Jeanne Dixon
cuando esta alegó que el anticristo nacería el 5 de febrero de 1962.
Al final
No hay nada malo en que los
cristianos estén esperando el regreso de Jesús. Juan y Pablo oraron por ese día
bendito (vea 1 Co 16:22). Nosotros también debemos
orar por el Apocalipsis -- el hacerlo nos trae tanto consuelo como esperanza.
Pero, nadie se beneficia de la decepción y la vergüenza ligada a estas
predicciones falsas sobre "el fin". Jamás sabremos cuando ocurrirá el
Apocalipsis (vea Mt 24:42,44; 1 Ts
5:1-2; 2 P 1:20, Ap 3:3). El mismo Jesús dijo
"No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso
en su sola potestad," (vea Hch 1:7).
Es más, la Palabra nos dice
que los "últimos días" comenzaron con el nacimiento de Cristo (vea Heb 1:2,1 P 1:20). El apóstol Juan describió la época en
que él vivió como la última "hora" (vea 1 Jn
2:18). Todos estos versículos, los cuales alientan a los santos a que busquen
el regreso del Salvador, tienen el propósito de ayudar a los creyentes a fijar
sus corazones en Dios y en las remuneraciones que da el cielo, no las que el
mundo da (vea 2 P 3:11-13; Heb 11:13). En ninguna
parte de la Biblia se le ordena a los cristianos a que
descubran el momento específico del Apocalipsis.
La Biblia claramente expone
que la segunda llegada de Jesús no es tan importante como los eventos que
ocurrieron en su primer advenimiento. A los cristianos del primer siglo se les
exhortaba constantemente a que mantuvieran sus ojos fijos en Cristo, el autor y
perfeccionador de la fe no a que intentaran discernir la fecha del rapto.
Estudiemos las escrituras
sobre el amor, el la paciencia y la evangelización. Si aprovechamos tiempo
llevando a cabo la voluntad de Dios, no tendríamos que preocuparnos sobre
cuando o como se va a acabar el mundo. *
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Ricardo Abanes es autor de varios libros y líder en
una iglesia de California, E.U.A.
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