China en la Organización Mundial de Comercio
China fue uno de los 23 signatarios originales del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1948. Después de la revolución china en 1949, el gobierno en Taiwán anunció que China se apartaría del sistema del GATT. A pesar que el gobierno en Pekín nunca reconoció esta decisión de retirarse, casi 40 años después, en 1986, China notificó al GATT de su deseo de reasumir su membresía como parte contratante de ese organismo.
China es uno de los 30 gobiernos que de hecho buscan acceder a la Organización Mundial de Comercio. Como muchos de los países que ahora aplican a la membresía de la OMC, China está en el proceso de instaurar reformas económicas y transformar su economía en una que sea más en base al mercado. El proceso de adhesión de China a la OMC ha sido guiada por un Partido Laboral cuya membresía radica en el interés de todos los gobiernos miembros de la OMC. Inicialmente, el Partido Laboral sobre la condición de China se estableció bajo el GATT en 1987 y concernió sólo al régimen comercial de bienes. En 1995, se convirtió en un Partido Laboral de la OMC y su alcance se extendió para incluir el comercio de servicios, nuevas reglas sobre medidas no arancelarias y reglas relativas a los derechos de propiedad intelectual.
Una parte sustancial del proceso de adhesión de China involucra negociaciones bilaterales entre China y los Miembros de la OMC. Estas fueron usualmente realizadas de forma privada, ya sea en la OMC en Ginebra o en las capitales. Otras reuniones trataron ya sea sesiones informales o formales del Partido Laboral. Mientras, varias áreas de políticas comerciales de China, esto es, listas de compromisos de acceso al mercado de bienes y compromisos específicos sobre servicios, fue responsabilidad del Partido Laboral mantener un seguimiento del progreso de las negociaciones y garantizar que se cumplieran todos los aspectos de las políticas comerciales de China.
El proceso de adhesión varía en extensión y puede tomar varios años completarlo; mucho depende de la prontitud con que el país aplicante cumpla no sólo las reglas y obligaciones de los principios económicos del mercado, y sus políticas de pro-competencia y no discriminatorias, sino también con las condiciones de acceso al mercado de bienes y servicios, que el país aplicante concede a los otros miembros de la OMC. Debido a que el Partido Laboral toma decisiones mediante consenso, todos los miembros de la OMC y el país que busca la membresía tienen que estar de acuerdo en que se han alcanzado sus intereses individuales y que se hayan resuelto todas sus decisiones relevantes en el curso de sus deliberaciones.
El 23 de abril de 1986 Hong Kong, entonces una Colonia de la Corona Británica, se convirtió en parte contratante del GATT. El 1 de julio de 1997 la República Popular China, reasumió su soberanía sobre Hong Kong. Desde esa fecha, Hong Kong se convirtió en una Región Administrativa Especial de China. Pudo así mismo, continuar decidiendo por sí mismo sus políticas económicas y comerciales, bajo el nombre de Hong Kong, China, mantener y desarrollar relaciones y concertar e implementar acuerdos con Estados, regiones y organizaciones internacionales relevantes en temas de economía, comercio y otros campos.
Subsecuentemente, Hong Kong, como parte contratante del GATT, participó plenamente en la Ronda Uruguay y asumió todos los derechos y obligaciones correspondientes a través de la aceptación formal del Acta Final que Recogía los Resultados de la Ronda Uruguay de Negociaciones Multilaterales de Comercio, redactada en Marrakesh el 15 de abril de 1994. En virtud del Artículo XI del Acuerdo de Marrakesh estableciendo la Organización Mundial de Comercio, Hong Kong se convirtió en Miembro original de dicha organización. Conforme a los arreglos arriba descritos, Hong Kong continuará siendo Miembro de la OMC bajo el nombre de "Hong Kong, China".
De esta manera, el 17 de septiembre de este año la Organización Mundial de Comercio concluyó con éxito las negociaciones con China para su ingreso a tan importante organización, y a la que están afiliados la mayoría de países en el mundo. El acuerdo constituye el alba de una nueva era en la economía mundial. El efecto no será inmediato, pero la entrada en escena del 22% de la población mundial como productores y consumidores establece un marco lleno de posibilidades, aunque no exento de riesgos.
China lleva dos décadas aplicando fervorosamente la máxima de Den Xiaoping de que hacerse rico no es malo, con tasa de productividad de dos dígitos. El país ha cambiado radicalmente con la liberación del instintivo impulso comercial de los chinos. Es un cambio radical que no ha llegado a todos. Shanghai quiere volver a ser lo que fue en el pasado y desplazar a Hong Kong como centro económico y financiero de primera magnitud en Asia. Al mismo tiempo, China tiene 300 millones de personas que viven en la miseria absoluta. La apertura económica de los últimos años ha creado una sima entre ricos y pobres. En el campo, del que depende el 70% de la población, hay un creciente malestar y en las ciudades la amenaza del desempleo se convierte en un potencial factor de desestabilización.
La entrada a la OMC supone una victoria para quienes estiman que esta asociación servirá de incentivo para el cambio, en contra de los conservadores que advierten de los graves riesgos inherentes en la modernización. China se abre al mundo, pero el resto del orbe también se pone al alcance de los chinos. Europa sabe lo que eso supone y el comercio entre los dos creció rápidamente. Levantadas las reservas de Estados Unidos, nuestro país fue el único que planteó objeciones a la entrada de China, temeroso de las consecuencias de las importaciones de los textiles asiáticos.
China podrá ser en 2010 la primera economía del mundo en términos absolutos, pero seguirá siendo un país con grandes carencias, en particular en su infraestructura. Empresas de ingeniería y de gestión podrán tener mayoría de control extranjero. Pekín se abrirá al comercio, pero se resiste a poner en subasta la ideología.
China se ha comprometido pues a emprender compromisos para abrir y liberalizar su régimen de una vez por todas, con el fin de integrarse a la economía mundial. Las implicaciones inmediatas recaen en comercio más predecible y entrada masiva de inversión extranjera; por supuesto, conforme a las regulaciones de la OMC.
A grandes rasgos, las obligaciones que serían observadas por aquél país son radicales, coyunturales y trascendentes:
Se otorgaría tratamiento preferencial a todos los miembros de la OMC. Todas las personas y compañías, incluyendo los que no han invertido o están registrados en China, tendrán un tratamiento igual que las empresas establecidas ahí mismo. Las prácticas desleales en precios de exportación serían eliminadas. No existiría control de precios por parte del gobierno para proteger la industria interna. El acuerdo firmado por la OMC repercutiría en la legislación comercial interna. Todas las empresas tendrían derecho a importar y exportar todos los bienes y comercializarlos a través del territorio aduanero con excepciones limitadas. Los subsidios a la exportación de productos agropecuarios serían eliminados.
China se reservará el derecho de comercialización exclusiva para productos como cereales, tabaco, combustibles y minerales, productos estratégicos y que ya cuentan con producción importante dentro del país. Además se mantendrán ciertas restricciones en el área de transporte y distribución de bienes dentro del país; muchas de las restricciones que las compañías extranjeras tienen hoy en China serán eliminadas o considerablemente facilitadas después de un período de eliminación progresiva de tres años. Esto representa un obstáculo inicial a las empresas comercializadoras y de transporte, sobre todo por el extenso territorio.
En otras áreas, como la protección a los derechos de propiedad intelectual, China instaurará en forma total el Acuerdo TRIPS (Aspectos de Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio) desde la fecha de adhesión, de manera que la piratería, tan característica en el oriente, se vería reducida.
En caso que las importaciones de productos de origen chino ocasionen o amenacen con ocasionar la desorganización del mercado para los productores domésticos o de otros Miembros de la OMC, se dará un Mecanismo Transitorio Especial de Salvaguardia por un período de 12 años comenzando desde la fecha de adhesión.
La conclusión de las negociaciones para el acceso al mercado de bienes representa un compromiso tomado por China para eliminar gradualmente las barreras comerciales y expandir el acceso al mercado para los bienes de países extranjeros. China ha consolidado todos los aranceles para bienes importados. Después de instaurar todos los compromisos adquiridos, el nivel promedio de consolidación de aranceles de China se reducirá a 15% para los productos agropecuarios. El rango es de 0 a 65%, con el mayor porcentaje aplicado a los cereales. Acordó limitar sus subsidios a la producción agropecuaria a 8.5% del valor de producción agropecuaria.
En los bienes industriales, el nivel promedio de consolidación de aranceles bajará a 8.9% con un rango de 0 a 47%, con la tasa más alta aplicada a películas fotográficas y automóviles y productos relacionados. Algunos aranceles serán eliminados y otros reducidos mayormente para el año 2004, y en ningún caso más tarde del 2010. La protección a los bienes de consumo final es evidente, sobre todo a los alimenticios, la posibilidad de vender este tipo de artículos es muy baja.
Después de la adhesión, China formará parte del Acuerdo sobre Textiles y Prendas de Vestir y estará sujeto a sus derechos y obligaciones. Los contingentes de los textiles terminarán el 31 de diciembre de 2004 para todos los Miembros de la OMC. Debido al potencial del sector, habrá un mecanismo de salvaguardia hasta finales de 2008 que permitirá actuar a los gobiernos miembros de la OMC con la finalidad de restringir las importaciones en caso de que se presente alguna desorganización en el mercado causado por las exportaciones chinas de productos textiles. La salvaguardia favorece a nuestro país por la reciente y débil recuperación de la industria textil.
Los proveedores extranjeros serán permitidos al servicio en telecomunicaciones establecer empresas mixtas sin restricciones cuantitativas, y proveer servicios en varias ciudades. La inversión extranjera en la modalidad mixta no podrá ser mayor a 25%. Después de un año de adhesión, las áreas podrán incluir servicios en otras ciudades y la inversión extranjera no podrá rebasar el 49%. Dentro de cinco años de adhesión, no habrá restricciones geográficas.
Las instituciones financieras extranjeras podrán proveer servicios en China sin restricciones al cliente para negocios en moneda extranjera. Para los negocios en moneda local, dentro de los dos años de adhesión, a las instituciones financieras extranjeras se les permitirá proveer servicios a todos los clientes chinos.

