Supersticiones
Entre las creencias supersticiosas más populares del país están las que se refieren a las
salamancas, la luz mala y el lobizón.
Salamancas
Se llaman salamancas a unas cuevas encantadas, que según la creencia popular están
custodiadas por monstruos, dragones o serpientes aladas. En el territorio argentino, se suelen
ubicar en las cordilleras, los cerros o las barrancas. Son cavernas profundas e impenetrables,
formadas por accidentes terrestres que infunden temor y espanto a quien se atreve a entrar en
ellas. Adentro hace un frío intenso, y se sienten voces y ecos de fuertes golpes.
Se cree que quien logra penetrar en su interior aprende muchas cosas en materia de ciencia
y artes. De allí han salido encantadores y adivinos, hombres de fortuna, guerreros vencedores,
pólíticos eminentes, músicos y poetas sublimes, y mujeres que hechizaron con sus encantos.
La luz mala
La superstición de la luz mala tiene vigencia todavía entre las gentes del campo, y es una variante
de la creencia, de carácter universal, en el retorno de las almas de los muertos al mundo de los
vivos. Consiste en la aparición de una luz que representa al alma de algún muerto, que pasó a
otra vida sin el auxilio de los sacramentos, sin ser velado, sin que nadie le haya rezado una
oración o sin que se lo hava enterrado.
Se trata en definitiva de «un alma en pena», a la búsqueda del descanso eterno. Algunos creen que no hay que acercarse a ella, porque puede provocar algún daño; para otros, quien tenga el coraje de enfrentaría será recompensado con un tesoro escondido, al mismo tiempo que habrá liberado definitivamente de sus penas a aquel que fue en vida dueño de esta alma.
El lobizón
Una superstición muy arraigada en la región de la selva misionera es la del lobizón. De origen
europeo, específicamente francés, se fundamenta en la creencia de que es condición fatal que
el séptimo hijo varón se convierta en lobizón, es decir, en un animal parecido al lobo, con grandes
orejas y el cuerpo cubierto de pelos. Todos los viernes de luna llena, a las doce de la noche, se
produce la transformación; el lobizón sale en.tonces en busca de su alimento, que son las
criaturas aún no bautizadas. En esas correrías sostiene combates con los perros guardianes y
otros animales. Si se encontrara con un lobizón y por inadvertencia lo hiriera, éste recobraría su
forma humana primitiva, e inmediatamente cesaría el encanto.