DESCENTRALIZACIÓN: FUTURO
“GASEOSO”
Arq.
Guillermo Malca Orbegozo
Septiembre 2004
La llegada del gas de Camisea a Lima es un logro técnico-económico
celebrado con bombos y platillos por el Gobierno. Sin duda, si sirvió como grúa
para levantar la desahuciada popularidad del presidente Toledo, sirve también
para que la intuición popular le de el beneficio de la duda hasta ver los resultados
oficialmente previstos.
La pregunta al grano: ¿hay relación entre la explotación del gas de
Camisea, la descentralización y el desarrollo sostenible que requiere el país?
La respuesta al final.
Vamos por partes. El Perú necesita desarrollar. ¿Tenemos los
recursos naturales suficientes?, si. ¿Tenemos los recursos humanos
suficientes?, si. ¿Tenemos los recursos económicos suficientes?, no. ¿Por qué?
Por decisión política. Mientras los gobiernos de turno apliquen macro-políticas
que favorezcan intereses individuales, de grupo o extranjeros, en desmedro de
los intereses nacionales, no habrá forma de salir del abismo. Para muestra un
botón.
A principios del año 1984, casi a fines del segundo gobierno de Belaúnde, se descubre la inmensa reserva de gas en Camisea,
Cusco. Por suerte para el país, el arquitecto no
repitió la historia de dos décadas atrás, aquello del petróleo de la selva,
Ni Belaúnde, ni García, ni Fujimori, ni Toledo me hicieron caso, obviamente.
Veinte años después, el gas cusqueño se
empieza a usar en la capital por decisión política. Tímidamente, al comienzo.
Poco a poco y, en un futuro cercano, a gran escala.
¿Qué pasará cuando trasladarse en automóvil cueste la mitad de lo
que cuesta en otras ciudades…, cuando el transporte público masivo cueste
también la mitad… cuando la energía eléctrica cueste mucho menos que en todo el
resto del país… cuando por ende, los bienes y los servicios bajen
dramáticamente sus precios en la ciudad capital… cuando la inflación en el
interior del país se contraste con la deflación limeña?
Si hasta un día antes que llegue el gas, la migración
sostenidamente incontrolable y el monstruoso crecimiento limeño eran los
pilares en los que se sustentaba el nefasto centralismo… ahora, con mayor razón, no será difícil prever
que las “nuevas” ventajas comparativas de Lima harán que prácticamente todo el
Perú –figurativamente- se traslade hacia allá. ¿Algún técnico o político puede
poner en duda esta anti-descentralista
prospección?
Seguramente pueden aparecer argumentos económicos: que sin la
inversión privada extranjera no podríamos explotar nuestro gas, que el gas sólo
como reserva no sirve para nada, que tras veinte años de descubierto no ha
producido un centavo al país, que su uso interno y exportación beneficiarán a
todos ¿? los peruanos, etc.
La historia y los hechos actuales, concretos, contradicen cualquier
argumento (y develan los reales intereses):
·
Lima,
además de ser la ciudad más grande y sede del gobierno, es el único mercado
nacional que puede dar rentabilidad en el mediano plazo a una inversión
extranjera explotadora de gas (ni esperanza de uso masivo de gas en pueblitos
serranos o selváticos en los próximos ¿100 años?).
·
Lima,
qué duda cabe, es de lejos el mayor mercado electoral del país, por tanto, el
que mejor hay que atender.
·
Se
han publicado diversos estudios que muestran que este gobierno, al igual que
los anteriores, ha desplegado mucho más recursos económicos per-cápita
para combatir la pobreza en Lima que en cualquier otro lugar del Perú. Más aun
que en aquellos reconocidos como de extrema pobreza, con razón caldos de
cultivo de insurgencia popular.
·
No
existe la más mínima política que desaliente efectivamente la migración ni el
crecimiento acelerado de la capital en beneficio de las provincias.
·
Aislados
intentos descentralistas como los incentivos tributarios vienen evaporándose ante
los feroces mecanismos para dotar de “caja chica” al actual gobierno.
¿Los peruanos solos podríamos habernos puesto al hombro la
explotación racional y sostenible del gas? Si hubiese sido una meta política
ajena a intereses no-peruanos, la respuesta es SI, seguramente en largo plazo.
Si la ruta de esa meta se hubiese trazado hace veinte años y fuese respetada
por políticos y gobiernos de turno, tal vez ahora estuviésemos viendo algunos
frutos.
Si la administración Toledo no ha sido capaz (o no ha querido)
prever la consolidación del centralismo a partir de la llegada del gas cusqueño a Lima, ¿podríamos poner las manos al fuego por su
política “descentralista”?
La primera interrogante planteada al inicio de este artículo tiene
una respuesta clara, evidente y contundente: la explotación del gas para el
mercado limeño es excluyente con la descentralización y, por ende, con el
desarrollo sostenible del Perú como un todo. Indicadores, como los incentivos
para la creación de macro-regiones, más suenan a cantos de sirenas del gobierno
central, a manotazos de ahogado por falta de planificación o a cortina de humo
por la agudización del centralismo en ciernes.
Ojalá que amalgamarnos en una Macro-Región con el norte-norte, con
el norte-chico o con la selva norte del país, impida que la fuerza centrípeta
de Lima nos absorba cual agujero negro. En la administración pública
provinciana, el manejo ético, honesto y creativo de los exiguos recursos
económicos nos permite estirar cada Nuevo Sol hasta convertirlo en diez. Sólo
espero que la creatividad no se nos apague antes que venga el gas para iluminarnos.