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SINOPSIS


La obra comienza pocos a�os antes de la llegada de los espa�oles a M�xico. Vemos a un Juan Diego enamorado, llegando a su casa para a ser bienvenido por su mujer, Mar�a Luc�a. Ya ambos eran pareja antes de ser bautizados por Fray Toribio de Benavente Motolin�a, hacia 1524 en Tlatelolco. Anteriormente se sabe que �l se llamaba Cuauhtlatoac, y ella, Mallintzin. Por desgracia ella muere y Juan Diego se queda solo y se va de Tlayacac a Tulpetlac, a vivir con su t�o, apenas 11 a�os mayor que �l, bautizado tambi�n; como Juan Bernardino.

Vemos a Juan Diego jugar con su t�o, hablarle cari�osamente mientras trabaja sus ollas y c�ntaros, pues Juan Diego era seguramente artesano, un macehual con oficio. Macehuales eran aquellos indios que no eran Pipilt�n -nobles o destacados-, sino simple, de familia humilde.

La ma�ana del s�bado 9 de diciembre de 1531, dos a�os m�s tarde de la muerte de su mujer, Juan Diego fue testigo de la voluntad de Santa Mar�a, Madre de Dios, y es a Juan Diego a qui�n le encomienda; la Madre de Nuestro Salvador, que vaya a ver al obispo -al primer obispo que M�xico tuvo, Fray Juan de Zum�rraga- para hacerle saber que ah�, en ese lugar donde la ve�a ahora -llamado Tepeyac- quer�a que se le construyera su casita sagrada donde dar�a todo su amor, auxilio y socorro a todos aquellos que a ella clamaran. Son muchas las penurias pas� Juan Diego para ser cre�do. Primero est� la gran puerta del obispo que de tan grande es tan estrecha, porque siempre est�n Damiana y Casiano para negarle el paso, temerosos de aquel macehual cualquiera y que tanto pretend�a ser el criado de una se�ora muy maravillosa.

Despu�s est� la estrecha barrera del lenguaje, Juan Diego hab�a recibido el mensaje de Mar�a en su lengua materna, el N�huatl, pero el obispo no lo entend�a, por eso otro fraile, Juan Gonz�lez fue su traductor; y maravillado transmit�a aquel mensaje pero a�n as� desconfiaba gracias a la influencia de la natural malicia que en Damiana y Casiano se albergaba acerca de Juan Diego. Aquel humilde que tanto exig�a con Su Se�or�a.

As� suceden los ires y venires de las primeras Apariciones Guadalupanas cuando finalmente el obispo le pide una prueba a Juan Diego, una prueba de su se�ora: la Sant�sima Virgen Mar�a para ser cre�do y erigir ah� la casita que demandaba. Era el domingo 10 de diciembre de 1531. Juan Diego ya de tarde le comunic� la voluntad del obispo a su Xocoyota -su hija la m�s peque�a, como �l la llamaba. Ella le dijo que volviera a la ma�ana siguiente, el lunes 11 de diciembre, para recoger la prueba que el obispo ped�a. Juan Diego iba muy feliz a ver a su t�o para contarle las maravillas que le estaban ocurriendo, pero lo encuentra enfermo de muerte, el cocolliztli le hab�a ca�do, �sta era una enfermedad que transmit�a la picadura de un piojo que en aquellos a�os era mortal. Hasta la fecha en M�xico se usa la expresi�n "Est� del cocol o me fue del cocol" derivada de aquel cocolliztli que amenazaba a los entonces pobladores de M�xico. Juan Diego no va al encuentro de La Virgen ese lunes, se queda cuidando a su t�o, pero el martes doce tiene que ir muy de madrugada por un sacerdote para preparar a su t�o moribundo, la Virgen le sale al encuentro y Juan Diego le cuenta sus penas, a la vez que ella lo escucha y se le aparece a Juan Bernardino. Ella le ordena ponerse en pie y queda sanado. La Virgen le dice a Juan Diego que no se preocupe, que suba a la cima del cerro y recoja flores y las lleve ante ella. Juan Diego recoge variadas flores en su ayate y se las presenta a la Virgen. Ella le acomoda finamente las flores y ordena que se las lleve al obispo, con ellas �l le creer� y su voluntad se llevar�a a efecto, y le advierte que s�lo ante el obispo despliegue su tilma, pero Damiana y Casiano est�n necios en ver lo que lleva hasta que Juan Gonz�lez le lleva a ver al obispo. Cuando despliega su tilma aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe estampada en su burdo ayate, aquel 12 de diciembre. Esta imagen es trasladada a la villa el 26 de diciembre de 1531, hubo gran fiesta de toda la gente y una gran procesi�n se llev� a cabo.

Con este gran festejo nace el mayor tesoro de M�xico: La Guadalupana, y todo gracias a Juan Diego... Santo
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