Las tres personas detenidas en los hechos
relatados fueron juzgadas y condenadas a la pena de dos meses de multa, a razón
de seis euros por día, por una FALTA CONTRA EL ORDEN PÚBLICO. Concretamente el
juez les condenó a una pena que representa el doble de lo que solicitaba el
fiscal. Algo inaudito. Posteriormente se ha presentado recurso (que se adjunta)
y están a la espera de la sentencia definitiva.
Algunas cositas que pasaron en el juicio no
tienen desperdicio. Durante el mismo, el juez amenazó a uno de los acusados,
diciéndole que le iba a poner una multa de 500 euros y que iba a dormir en la
cárcel esa noche. El motivo fue que este compañero hizo un pequeño gesto al
escuchar cómo mentía sobre los hechos uno de los policías. Además expulsó de la sala a uno de los asistentes por
preguntar en voz baja quién era uno de los testigos. El juez mandó a uno de los
denunciantes, el jefe del dispositivo, a que le tomara el carnet y le
acompañara al compañero expulsado. Igualmente, a lo largo del juicio el juez
increpó en varias ocasiones al abogado de los acusados.Durante la celebración
del juicio, los exteriores de la sala y
los accesos al juzgado estaban tomados por antidisturbios.
Estos hechos son cuanto menos un abuso de
autoridad y claramente irregulares.
Así es como funciona la justicia de este
país. Y a esto lo llaman Estado de Derecho.
Por cierto, por si le toca a alguno la mala
suerte de ser juzgado por este juez, se llama JOSÉ HOYA COROMINA, del Juzgado
de Instrucción nº 1 de Santander.
Si entrar en demasiadas profundidades sobre
“la justicia de la justicia”, que daría para una colección de colecciones de
libros. Sólo con observar el ritual, el lenguaje, las togas y la estúpida
solemnidad del acto de un juicio tenemos suficiente para saber de lo que
estamos hablando. Al juez no se le puede mirar a los ojos, no es un igual, es
un superior, está físicamente por encima de ti, puede gritarte, humillarte,
callarte la boca cuando quiera, mandarte a la trena por desacato y lo que le
salga de los huevos.