Promesa luminosa
Hace tres años un pronóstico oficial para mi rehabilitación habría sido "desahuciado". Un alcohólico a quien no le duraban los trabajos, divorciado, distanciado de mis padres, iba entrando y saliendo por las puertas de la prisión como el guardia - la única diferencia era que yo me quedaba más tiempo dentro de los muros. Después de mi cuarta condena, me encontraba desesperadamente confundido, y no podría prever nada en el futuro sino un ciclo interminable de años encarcelado.
Hoy he recobrado mi confianza, mi integridad, mi madurez. El futuro, por primera vez en 23 años, me ofrece una promesa luminosa. Después del tratamiento de electrochoque, las "curaciones" por aversión, el sicoanálisis, y los delirium tremens, todo lo que no logró enderezar mi forma de pensar, A.A. llegó a mi prisión, y yo ansiosamente llegué a A.A. Es una maravilla. Después de 45 años de tratar de huir de la vida, acabo de empezar a vivir.
En A.A. he encontrado la amistad, la comprensión y he tenido orientación en el camino que conduce a la sobriedad. Me he encontrado a mí mismo; he redescubierto a mi Dios.
Los Doce Pasos han llegado a ser no sólo un medio por el que puedo controlar una adicción de 24 años al alcohol, sino también una filosofía de la vida que me hace más soportable la rutina de la prisión y que me conduce a nuevas aventuras de vivir. La Oración de la Serenidad es mi baluarte contra las frustraciones de la vida carcelaria; y es un remedio seguro contra las borracheras secas.
La serenidad para aceptar las cosas que o puedo cambiar . . . ¡Qué necesidad tenemos de la serenidad en la prisión! Cada minuto, cada hora en el torbellino caótico de argumentos y arranques de ira candente que se imponen en una celda para ocho personas; por la rutina monótona que va royendo los bordes de la mente hasta que el hombre fuerte estalla en violencia y los más débiles se convierten en enfermos mentales.
El valor para cambiar las cosas que puedo . . . significa que puedo cambiar mi vieja perspectiva pesimista y que mi forma de pensar puede llegar a ser constructiva y positiva. Puedo moldear mi vieja personalidad transformándola en una que reconozca y se enfrente con las realidades y las responsabilidades de la vida, en lugar de buscar su refugio en la botella. Hasta algún grado, incluso puedo cambiar el ambiente de forma que mi pequeña parte de la celda se convierta en una clase privada para el estudio, o en un sitio para la meditación tranquila cuando es necesaria la oración - como a menudo lo es.
Otro de mis baluartes contra la manera confusa de pensar que me conducía a la prisión es el Paso Diez: "Continuamos haciendo nuestro inventario personal". Cada noche repaso los acontecimientos del día. ¿A quién he ofendido? ¿A quién he ayudado? ¿Hice el mejor trabajo que puede? ¿Qué puedo hacer mañana que contribuya a que sea más tolerante, más amable?
Creo que la cosa más difícil que un hombre puede hacer es mirarse interiormente y ver su verdadero ser. No obstante, la amarga experiencia me ha enseñado que si quiero desarrollarme y lograr la estabilidad emocional y la madurez de mi mayoría de edad, es preciso que considere mis múltiples defectos con una mente abierta y comprensiva, verlos tales como son, y dar los pasos necesarios para corregirlos.
Y, ya que A.A. es un programa espiritual, he llegado a tener un nuevo concepto de dios.
La mayoría de los presos se burlan de la religión. Pero A.A. no es una religión; no tiene norma, ni credo, ni doctrina. Te ofrece algunas sugerencias sencillas que pueden conducirte a una nueva manera de vivir. Hace que uno recupere la fe. no es una fe en credos formulados por el hombre ni en principios metafísicos secretos, sino una simple fe en dios y en la convicción de que, como individuos, somos importantes y tenemos un valor y un lugar en este mundo.
La fe resolvió mi conflicto interior. en el pasado luchaba conmigo mismo; ahora tengo tranquilidad de espíritu. Acepto mis problemas como necesarios para mi desarrollo y me es grato tratar de solucionarlos. Inicio amistades y no las pierdo. Me doy cuenta de que, antes de criticar a nadie, más vale examinar mis propios defectos. Por medio de A.A. he logrado una paz mental y una serenidad espiritual que no cambiaría por nada - ni siquiera la libertad. Porque soy libre ahora; los muros de la prisión no pueden poner límite a mis pensamientos ni minar mi confianza en que, al cumplir mi condena, me espera una vida productiva y de utilidad.
He llegado a darme cuenta de que nadie está solo, nadie que tenga fe y confianza en un poder superior a él mismo, nadie que ya no abrigue, sino que crea.
Anon, Penitenciaría Federal