Adentro y afuera
Soy preso en una prisión estatal y miembro de Alcohólicos Anónimos. Llamamos a nuestros miembros aquí los "de adentro," y a todos los A.A. que no están en prisiones, los llamamos miembros "de afuera." A mi parecer, estos términos tienen también otro significado: se refieren a los dos aspectos de mi mismo, el "de adentro" y el "de afuera." El "de afuera" es el externo, el obvio o aparente, lo que los demás ven y oyen. El interno -"de adentro"- es lo que nadie conoce sino yo - mis pensamientos, sentimientos, temores, frustraciones e inquietudes, así como mis esperanzas, mis deseos, mis ambiciones y mi fe. Estoy seguro que se puede decir lo mismo respecto a todos nosotros.
Tengo 35 años, y esta es mi segunda experiencia de A.A. dentro de una institución correccional. No tengo intención de mencionar aquí todas las penas y las aventuras que tuve durante mi carrera de bebedor. No obstante, creo que vale decir que dicha carrera empezaba cuando yo era muy joven, como a la edad de nueve años. Cuando tenía 15 años ya había progresado grandemente hacia la condición de alcohólico hecho y derecho. No lo sabía, por supuesto, en ese entonces, ni lo sabría hasta siete años más tarde.
Supongo que era un alcohólico muy típico: extremadamente egoísta, con ambiciones perfeccionistas, sin capacidad para vivir a la altura de mis "normas." Tengo un cociente intelectual por encima de la media (no sé si esto es bueno o malo), pero abandoné la escuela después de cumplir el primer año de la secundaria. Tenía 15 años entonces y ya era soldado de la Guardia Nacional de Colorado. Debido a la acción militar en Corea, mi unidad fue activada y nos trasladaron a Texas para entrenamiento y preparación para servicio en el Lejano Oriente. Afortunadamente, mi madre intervino, y me dieron una licencia especial por ser miembro de una minoría.
Desde aquel tiempo hasta cumplir los 26 años, iba persiguiendo casi toda meta imaginable, en cuanto al trabajo y respecto a mi costumbre de beber - aquello principalmente para financiarme el trago. Me casé y me divorcié dos veces. Entonces, un día desperté para encontrarme encarcelado en 'la más grande prisión amurallada del mundo," en el estado de Michigan. (Sí, cualquier cosa que hiciera, lo hacía de forma espectacular.). Allí tuve mi primer contacto con A.A. y llegué a ver lo grave y degradante que mi problema con la bebida había llegado a ser. Empezaba a asistir a las reuniones de A.A. en prisión debido en parte a la frustración, en parte por la curiosidad y, en parte, porque los oficiales carcelarios enérgicamente lo recomendaban. De hecho, el juez, al sentenciarme a una condena de dos a 14 años por falsificación de documentos, me había dicho que lo hacía más para alejarme de la bebida y enderezar mi forma de pensar que para castigarme. Cualquiera que fuese mi motivo para asistir a las reuniones, pronto encontré algo con qué mantenerme a flote. A ese hombre que se estaba ahogando, A.A. le representaba un rayito de esperanza. Me metía activamente en los asuntos del grupo hasta ser puesto en libertad condicional unos 15 meses más tarde.
Ya que abrazaba (según creía) mi sobriedad con sinceridad, y ya que una disposición de mi libertad condicional era "no beber," mantenía mi asociación con A.A. durante más o menos un año después de volver a la sociedad. Luego, mientras iban reconstruyéndose mi ego y mi orgullo, empezaba a creer que no había sido en realidad un alcohólico desesperado - simplemente no sabía controlar o aligerar el paso cuando bebía. Para entonces, estaba subiendo la escalera hacia las estrellas en la industria de la televisión y de la radio. ¿Quién se podría imaginar a una estrella que no pudiera beber? Estaba convencido de que era esencial desde el punto de vista social y, sobre todo, importante para mi ego.
Así se resolvió la cuestión. Mantendría controlado mi consumo del alcohol. De alguna forma, me las arreglé para hacerlo durante casi cinco años. Volví a casarme con mi segunda esposa, tuve un hijo y llegué a ser muy conocido entre los de mi profesión. Estos logros eran seguidos por otro divorcio, un trabajo perdido, y otra condena que cumplir en prisión. Estaré aquí no menos de un año y no más de diez. La acusación: uso ilegal de las tarjetas de crédito. Créanme, esto no es un plan de pagos fáciles.
Decimos que el alcoholismo es una enfermedad progresiva. He llegado a darme cuenta de que A.A. nos ofrece una recuperación progresiva - si realmente la deseamos. Yo sí la deseo. Se ha convertido en el aspecto más importante de mi vida, ahora y para el futuro. Actualmente, soy secretario de nuestro grupo "de adentro" de A.A. y sé que, por primera vez, estoy realmente "dentro" del programa de A.A., espiritual, mental y moralmente. "Despertar espiritual" seria una descripción inadecuada de mi renovada relación y comunicación con Dios como yo Lo concibo. No me lamento por tardar tanto tiempo en encontrar el camino; simplemente doy gracias cada día a Dios por haberlo encontrado.
Nací cuatro días después del nacimiento de Alcohólicos Anónimos. Por ambos eventos doy gracias a Dios. Espero con gran entusiasmo poder unirme a A.A. "de afuera." En el momento en que escribo, puede ser posible hacerlo, con la gracia de Dios, dentro de pocos meses.
R.P., Carson City, Nev.