| Sonó el teléfono celular de Elijah Wood. Él lo conestó extrañado y del otro lado le habló una gruesa voz que dijo: "Qué linda está la luna hoy, redonda y cuadrada como una escopeta. No es tuya ni mía, quien me robó mi corazón, oh Ryan, te amo tanto que no podría escapar de las garras del malvado doctor Sigmund Freud, pero no sabía que Franka Potente había preparado un helado de naranja con chips de chocolate que se derretía con mirarlo, era desagradable porque las manos quedaban afuera porque el rinoceronte se balanceaba como los Huevo Cartoon, que h*****n todo el rato. Pero no le gustaron a OBe, lo que hizo que Franka Potente finalmente decidiera comprar los aritos que vendía la Icha en 6to que supuestamente eran de la mística tierra de Nepal, donde quedaba la casa de la Vale Molfino, la más mina porque Franka Potente era en realidad un venusiano autómata creado por el malavado Doctor Sigmund Freud con el fin de aplastarlos, sí, aplastarlos a todos con su gran, berrugiento y peludo pie derecho, el más fuerte que existía en el planeta Venus, de donde viene Franka POTENTE con su sombrero de vikingo. Tomó a Elijah Wood, lo cargó en su hombro y se lo llevó hasta que un tren aplastó a la Ade cuando ella se acercó al riel para buscar comida entre las piedras porque como siempre, hacía tonteras por ella... ah... así era JC. ¿Un minuto? ¡Él no es venusiano! De que me sirve, eh? En fin... éste es el comeinzo de los tiempos, cuando el mundo estaba libre de venusianos. Aquellos días jugábamos al Púlsar Loco, juego que a veces resultaba peligroso cuando fallaban los cálculos y te llegaba la radiación. Todos esos simples juegos de la infancia me ayudaron a darme cuenta de que la vida es como una caja de venusianos por correo aereo, avisándome que se me quedó una camisa en Venus porque fui a Venus y volví. |