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Rumbo incierto, destino
desconocido
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Cuando Mario Vargas Llosa fue
derrotado por Alberto Fujimori en 1990 él no podía imaginar que la
reforma neoliberal que había venido proponiendo sería implementada
íntegramente por su opositor. Como sabemos, a apenas una semana de su
elección Fujimori abandonó todas sus promesas electorales y lanzó el
shock más brutal de nuestra historia. Pudo implementar luego el programa
de Vargas Llosa, con mucha mayor facilidad; sin los anticuerpos del
candidato de la derecha ni la oposición organizada que este habría
suscitado.
La situación presente invita a hacer paralelos. Alan García se mostró durante su campaña, particularmente durante la primera vuelta, como un firme opositor del modelo toledista. Pero a apenas una semana de asumir el poder empezó los virajes. Primero vino el anuncio de que el Apra defendería la Constitución fujimorista de 1993, renunciando a la que promulgó Víctor Raúl Haya de la Torre en 1979, "para no generar inestabilidad económica". Luego se proclamó que el Apra asumiría el TLC suscrito por Toledo, que García había prometido someter a un referéndum. Después se anunció que no se revisarían los contratos lesivos al país suscritos con grandes empresas. Y todo, antes de cumplir el primer mes en el poder.Hasta ahora, la derecha puede estar feliz, puesto que García y el Apra no solo le están entregando todo lo que le demandaba a Lourdes Flores y Unidad Nacional, sino que vienen allanando el camino para la continuidad de este estado de cosas con una facilidad que sin duda no hubiese tenido la candidata de la derecha. Pero es posible que el suelo no esté tan parejo como parece. Aparentemente, hay nubes en el cielo sereno. El anuncio del premier Del Castillo de que el Apra se queda con la Constitución fujimorista choca con las declaraciones de Mauricio Mulder, de que el Apra se propone derogar la Constitución vigente para retornar a la de 1979 y que podría hacerlo "en un cuarto de hora". Podría tratarse de la famosa escopeta de dos cañones, pero adicionalmente una movilización de jóvenes apristas, que partió de la Casa del Pueblo, exigió esta semana volver a Constitución de 1979.El escaso apoyo electoral con que García llegó al poder (20.4% de los votos emitidos, en la primera vuelta) parece ir acompañado por una oposición dentro de su partido, que no ve con buenos ojos las componendas con la derecha. El paralelo habría que hacerlo ahora con el viraje de 1956, cuando el Apra se alió con Manuel Prado Ugarteche, el representante de la oligarquía; su declarada enemiga histórica. El costo fue muy elevado: Haya de la Torre no pudo nunca superar el tercio electoral, sectores juveniles abandonaron el partido, organizando el Movimiento de Izquierda Revolucionaria que en 1965 se lanzó a la lucha guerrillera. Veremos si el mensaje del premier Del Castillo ayuda a aclarar el panorama. Nelson Manrique |