CUENTOS LA CAÍDA DEL RAYO
Se sentó al borde del acantilado y miró la
inmensidad que lo rodeaba. El frío le atenazaba el cuerpo, pero
Él estaba pensando en otras cosas, como la batalla que se
avecinaba. Miró un ave de presa que bajaba a toda velocidad para
buscar su trofeo. Y sonrió. Pero un aullido lejano y terrible
hizo que la sonrisa desapareciera de su rostro rápidamente.
Miró el mar, y vió los ojos de su enemiga. Sabia que su hermano
había soltado a sus hijos para que se cumpliera la profecía de
la Vala. Sacó el martillo de guerra y acarició su cabeza con
cariño; de su barba pendían pequeños trocitos de hielo y el
viento volvía a soplar gélido. Miró la vastedad del
acantilado, y oyó los gritos de la batalla lejana. Ragnarok
había comenzado. Y entonces Thor, hijo de Odin, señor del
Trueno, hizo girar su martillo de batalla y el cielo respondió a
su llamado lanzando saetas de fuego hacia los enemigos de los
Dioses. Thor se elevó en el aire y partió a encontrarse con su
enemiga, la serpiente de Midgar. El firmamento estalló a su paso
en truenos y lluvia. 25/07/02 MUJER NOCTURNA
Se levantó de la cama doble, desnuda y se paseó hasta la ventana a medio abrir. Ahora estaba sola. Hacía media hora que el chico se había despertado y ella le había dicho que se fuera a su casa. Que le había perdonado la vida.
Se pasó dos dedos por el pezón del seno izquierdo, grande, duro por el frío de la noche, y la excitación del recuerdo de su sexo anterior la llenó. El chico le había dicho algo que la llenó de nostalgia: que su piel olía a dulzura y sexualidad. Hacía años, muchos años que nadie había percibido su aroma, hacía muchos años, que la única fragancia que emanaba, era el olor de la muerte. La muerte que ella prodigaba. Sonrío pensando en el chico. Y en sus oscuros ojos asustados, ansiosos, y su pelo negro, largo hasta los hombros, y suave como seda. La había penetrado con miedo al principio, y luego se había soltado y había dejado que sus instintos gobernaran el acto. Sintió su entrepierna levemente húmeda al recordar la lengua del muchacho lamiéndola, su boca besando su vagina con avidez. Hacía mucho que no tenía orgasmos, esa noche se había lamentado por un instante.
Al final, él la había abrazado con ternura, con necesidad, y ella se había dejado abrazar sintiendo la calidez de su cuerpo, escuchándole el corazón agitado y satisfecho. Se había sentido bien, por primera vez en mucho, muchísimo tiempo. Lo miró y vio en él al "cachorro" que había conocido hacía pocos días, entonces decidió dejarlo dormir. El se acurrucó entre sus pechos, y le acarició uno de los pezones; el que ahora ella acariciaba con evocación. Ella había cerrado los ojos, satisfecha. Y lo había dejado vivir.
Cuando el chico despertó la sorprendió mirándolo en la semioscuridad, sus ojos convertidos en dos fuegos fatuos, de un intenso rojo. El se sobresaltó y casi se cae de la cama. Ella se sonrió y le susurró que no tuviera miedo, pero que debía irse, por su propio bien. Entonces él dijo algo que la enterneció y la entristeció a la vez, por el recuerdo de su vida anterior: "seamos amigos, por favor". El tono fue suplicante, solitario, niño. Y ella hizo algo que no recordaba haber hecho antes, en demasiado tiempo, le acarició la mejilla, y le dio un beso en los labios cerrados, con dulzura. Y respondió: "Sí".
VAGABUNDO
El vago rebuscó en la basura alguna verdura podrida. Caminó con paso inseguro hacia unos cartones que había apilado un rato antes y se dejó caer con pesadez. Miró al cielo encapotado y puteó con un susurro. Miró la planta de lechuga que había conseguido y le sacó unas hojas incomibles, aun para él. Estuvo un rato entretenido con esa tarea, masticando de vez en cuando alguna hoja sana, mientras escuchaba los ruidos de la calle, tan familiares, de fondo.
Gruñó un perro cercano. Se paró y olfateó el aire. Y volvió a gruñir.
Y el vagabundo se levantó de su cena... Vio al perro parado a unos metros suyo, vio los ojos rojos y los labios fruncidos. Vio como el perro cambiaba su aspecto de furia por uno de un miedo ancestral en pocos instantes. Y vio que el perro no lo miraba a él, sino a su través.
Dio vuelta la cabeza y trató de huir, tropezando con su propio hatajo de ropas, se arrastró unos metros por el suelo del callejón, los ojos abiertos de terror, viendo como el perro iniciaba la huida por delante de él. Entonces el viento movió una nube grande y gorda, y despejó la luna llena. Y la criatura enterró una garra en la espalda del anciano y la sacó por el pechó, y aulló saludando al cielo de la noche.
EL SONIDO DEL SILENCIO
Eran las cuatro y media de la mañana y seguía dando vueltas en la cama. El sonido del silencio lo perturbaba de manera alarmante y se levantó, tan sólo para hacer algo de ruido. Caminó hacia el baño y se dedicó por espacio de treinta segundos a hacer pis. Volvió a su pieza, y a medio camino se dio cuenta de que no hacía ruido. Nada, ni un poco. Volvió sobre sus pasos, esta vez atento a sus movimientos, pero nada se oía.
EL VIEJO
El viejo mira la noche y recuerda esa tarde con el sol brillante. La casa está sola, en el equipo nuevo suena Dizzie Gillespie, y el viejo mira la plaza desde el balcón. Los colores son blancos, azules muy oscuros, grises y negros, porque las hojas de los árboles se ven de color negro. Los pájaros cantan desde un escondite seguro. el cielo es de un azul intenso "y titilan los astros a lo lejos"*. De vez en cuando algún auto pasa cortando la calma reinante en el paisaje. Los niños juegan en las hamacas, sobre la arena gris. La calesita está durmiendo y los chicos pasan su diversión en el área de los juegos con los toboganes, los subibajas, los aparatos para trepar.
Detrás de los árboles se ven los edificios, las calles que cortan la principal, y del otro lado los canteros, mas árboles y una parte del corredor central donde, el viejo sabe, está el mástil. aunque se puede ver solamente la punta. El viejo suspira desde la silla plegable que puso en el balcón de su departamento y piensa .en los viejos tiempos. Adentro Dizzie Gillespie se está despidiendo.
LLUVIA DE NOCHE
Es de noche, y cae la lluvia en el laberinto. La criatura que habita en su centro mira el cielo y resopla. Acomoda la espada en la pared. y se sienta. Se rasca la cabeza de toro con una mano demasiado humana mientras se resigna a que llueva. El oráculo dijo: "Luego de la próxima lluvia, morirás". Y él se alegró. Su cuerpo inmortal se estaba marchitando por el paso del tiempo. Ya casi estaba resignado a su destino de verdugo eterno de guerreros y locos que se adentraban en su laberinto. Siente las gotas de lluvia mojarle el cuerpo desnudo como una bendición (o la señal de una bendición), siente la fuerza del Destino hervir en su sangre. Oráculo no le dijo como moriría, él quiere morir peleando, como vivió. Sentado, con la espada apoyada en la pared, inclina su rostro hacia el agua que cae intensa.
"Cuando las últimas de estas gotas amadas caiga, moriré" piensa el minotauro y sonríe, pero aún siente una lágrima perezosa caer por la mejilla de su negra cara. Y en algún lugar de su corazón siente el frío del miedo. Y entonces; la primera visión: Su laberinto convertido en un oscuro cementerio. Las parcelas perfectamente cuadradas de pasto gris y lápidas incorruptas separadas por calles de cemento. Y él inmóvil en el centro de la oscuridad. Pudriéndose. Sus ojos mirando la espada herrumbrándose, la hermosa y orgullosa espada que cortó tantas cabezas ilusas, manchándose de óxido y olvido.
No llueve más en el laberinto. El corazón del minotauro late de gozo y temor (es el mismo latido para las dos distintas emociones). Se levanta, su fino oído oye los pasos del enemigo: un hombre llamado Teseo. Toma la espada, lanza un grito herido, y corre al encuentro del Destino.
Desde fuera del laberinto se oyó un grito lastimero y pasos decididos, y el entrechocar de espadas. Una orgullosa princesa llamada Ariadna llora por la suerte de su amado. Porque no conoce lo que el minotauro sabe. Así, cuando el hilo que le dio a su hombre es recogido y Teseo sale del Laberinto cree que los dioses la han favorecido. Mientras cura las heridas del héroe sonríe, porque siente que los dioses la aman. Pero Teseo está serio, la muerte no es un juego, como no es un juego el laberinto (la vida).
Mientras los hombres rehacen su vida olvidándose del laberinto, el tiempo pasa; y una espada hermosa y orgullosa se herrumbra, y el cuerpo muerto del minotauro guarda su última sonrisa.
23/11/95
LLUVIA I
El hombre salió de su departamento con las manos en los bolsillos del saco. Levantó la mirada hacia el cielo gris y suspiró lentamente. De un bolsillo interno sacó un paquete de cigarrillos y encendió uno. Guardó el paquete junto con el encendedor y siguió su camino por la vereda de su edificio. Dio vuelta la cabeza para mirar hacia la calle, no había un solo auto. Entonces cruzó.
Oyó un trueno a lo lejos, entonces (en algún lugar que él no supo determinar), comenzó a llover. Dos personas, que caminaban a su lado, se levantaron los cuellos de sus sobretodos, el viento empezaba a soplar cada vez con mas fuerza. El hombre detuvo su marcha a mitad de la vereda y volvió a mirar hacia el cielo. Tiró el cigarrillo a medio terminar en la vereda y lo pisó con el taco de su zapato. Se dio cuenta de que se había quedado totalmente solo. Miró a los lados, sólo vio la persiana de metal de un negocio bajándose. El viento se arremolinaba en torno a él. La temperatura había bajado varios grados en pocos segundos, pero sin embargo el hombre notó que una gota de sudor bajaba por su frente. Se dijo que tenía que ser valiente, que no debía temerle (no sabía a que), pero aun así no pudo evitar que su transpiración le mojara las axilas, formando dos grandes manchones en el saco. El viento formaba bolas con los m papeles tirados en la calle, que golpeaban las piernas sacudiendo el cuerpo del hombre por el nerviosismo. De pronto sintió la lluvia caer en una catarata que golpeó las calles con furia. Quería correr, pero una fuerza que no entendía se lo impidió, y entonces se encontraba inmóvil en la vereda de enfrente de su departamento cuando lo vio venir y su vejiga se aflojó. El hombre ni siquiera se dio cuenta de que se había mojado los pantalones, miraba con los ojos muy abiertos la Cosa que se estaba acercando con el rugido del viento y la ira de la lluvia que empapaba la ciudad. Y aun miraba atónito cuando Eso golpeó contra su cuerpo separando la carne de los huesos, y el hombre cayó esparcido en varios lugares de la vereda. El viento arreció unos momentos más y la lluvia que caía a torrentes limpiaron las calles de sangre y huesos. La tormenta siguió por varias horas más, en una radio alguien escuchó que se declaraba el estado de emergencia meteorológica
LLUVIA II
Sarah se despertó de un sobresalto y miró en derredor de su cama sin saber, por un instante, en donde estaba. Esperó que el efecto de extrañamiento pasara y que su mente reacomodara las imágenes que sus ojos le mostraban. Al fin vio su habitación, y el desorden habitual la transportó a la realidad y la tranquilizó, aunque sólo un poco. Seguía con una inquietud que no podía sacarse de la cabeza y que no la dejó ni siquiera cuando cerró los ojos.
Sarah era norteamericana, actriz, y tuvo su relativo momento de fama hacia cinco años, con una serie que mezclaba la comedia y lo sobrenatural con sobriedad. Pero eso había pasado, y ahora pasaba desapercibida en los círculos de la televisión yanqui. Ahora vivía en Buenos Aires, una ciudad que la atraía con una fuerza magnética que ella no llegaba a comprender. Si hubiera creído en el destino, podría haber dicho que ella estaba destinada a esa urbe, pero esa idea no cruzaba por su cerebro.
Volvió a abrir los ojos en la oscuridad y miró hacia un costado de su cama. Reconoció las siluetas que formaban las ropas tiradas de varios días, y los contornos de los posters pegados en sus paredes. Fue en ese momento que reparó en el sonido de la lluvia que caía. Cerró los ojos nuevamente y se relajó unos instantes, para volver a tensarse. Había tenido una pesadilla que la despertó, y en ella se oía la lluvia. Se sentó en la cama, sus pechos se movieron bajo la remera de hilo que llevaba puesta y que le tapaba hasta la mitad de los muslos, no llevaba corpiño. Prestó atención y escuchó. El ruido del agua al golpear los techos de chapas de las casa contiguas, los techos de los automóviles, las persianas de metal de los negocios cerrados. Y percibió el viento, el silbido del viento soplando con una fuerza temible por las calles de la ciudad. Sintió pánico, pero también, en el fondo, sintió el pinchazo de la curiosidad que la instaba a levantarse. No quería, pero a cada instante que pasaba, su lado curioso ganaba una pequeña batalla. Sin darse cuenta, su mano fue extendiéndose hacia la ficha del velador y lo encendió, Sarah dio un respingo cuando la luz inundó la pieza y se miró incrédula la mano que sostenía el interruptor. Su mirada se desvió lentamente a una silla cercana en donde descansaba un pantalón de joggins. Separó las sábanas y sacó las piernas de la cama, se sentó. Se estiró hacia la prenda y la agarró con una mano. Mientras se estaba vistiendo sonó un trueno, y Sarah dio un grito involuntario, casi instantáneamente se río de su tontería, pero algo quedó en cabeza (la pesadilla con la lluvia) y no sabía bien que era. Su risa había sido demasiado fuerte, como para espantar temores. A lo lejos oyó una alarma de auto y se mordió un labio asustada. El labio sangró y Sarah sintió el gusto de su propia sangre en la lengua, casi instintivamente se asqueó y escupió un poco de saliva roja al piso. No quiso mirarlo.
Se calzó con unas sandalias que tenía al costado de la cama y se dirigió a la ventana. Levantó la persiana de madera y vio como caía la lluvia. Permaneció unos segundos como hipnotizada con los ojos clavados en el agua cayendo, hasta que se dio cuenta de que estaba babeando. Esa sensación terminó por desagradarle del todo, y comenzó a retirarse hacia su lecho. Pero al dar vuelta la cabeza se paralizó. Un torbellino de viento se dirigía directamente hacia ella, mientras la lluvia arreciaba con todo y ella oía los ruidos de vidrios que se rompían por la fuerza de las gotas. Sintió que esa ráfaga que venía hacia ella estaba gritando y comenzó a llorar; sin embargo no podía apartar la vista de la masa de aire que la atacaba. En ese momento su mano pareció salir del hechizo de su cuerpo y soltó la soga que había estirado para bajar la cortina y ésta bajó de golpe, justo cuando el viento golpeaba contra la ventana de Sarah. La muchacha se tiró bajo la cama llorando desconsoladamente mientras el vendaval sacaba astillas a la persiana de su habitación. Así la recibió el nuevo día, tirada bajo su cama, en posición fetal y tomándose las rodillas. Finalmente vencida por las lágrimas se había quedado dormida.
MR. PRICE In memorian
Las dos de la mañana, alguien en un edificio está llorando. Llueve un poco, hace de frío, el viento se mueve un poco. Dentro de la casa de dos plantas una única ventana iluminada. Abajo, oscuridad y barullo, suena un rock and roll. Estoy escribiendo, viendo como en las veredas se acurrucan como pueden las hojas caídas, y las diarios viejos. Éstos tiene más suerte, se abrazan con los mendigos tirados en los umbrales de los negocios. Tomo un poco de vodka para calentarme el cuerpo, me gusta escribir con la ventana abierta, pero hoy la noche no está para eso. Parece que esta noche no está para nada. Abajo, mi hermana y su fiesta de rock and roll, arriba y al lado mío, los viejos cogiendo como me gustaría estar haciéndolo a mí. Pero mi novia está de viaje, y yo soy el último boludo, o uno de los últimos. Creo que los cuento con los dedos de una mano, que cree en la fidelidad. Tomo otro poco de vodka y pienso en aquella amiga de mi hermana, la rubia vestida de rockera, con la campera de cuero y las calzas negras. Todavía pienso en ella, como nos calentó a todos, solamente se sentó y ...fuego. Sexo. Esa noche me emborraché, mi novia vino tarde, yo ya no servía para nada. Me quedé sin el pan y sin la torta. Creo que fue el cagazo, no sé, no me interesa.
Las hojas están en blanco, miro el velador y la campera tirada en la cama, huelo la lluvia, y el frío. Veo a los vagabundos (¡vagos! grita mi enano fascista), veo los pocos autos, las pocas personas. Me detengo en aquel viejo, piloto negro, paso apurado. Su manera de caminar me resulta conocida. Una idea loca cruza mi mente, y agarro una campera. Meto las manos en los bolsillos haciendo sonar las llaves. Bajo corriendo y me tropiezo con algunos tipos y tipas, oigo insultos. Salgo a la calle corriendo, de un portazo. Grito:
-¡Mr. Price! ¡Mr. Price!
-¿Yes? - habla un inglés tan perfecto qque sé que entenderé todo lo que diga.
-¿A dónde va? - le pregunto agitado, grroseramente.
-Oh...Me voy.
-Pero usted está...
Me pasa la mano por la cabeza revolviéndome el cabello, como un abuelo.
-No lo digas, quedaría horrible, ¿no?
Afirmó con la cabeza. Las lágrimas en los ojos. Él se da vuelta y sigue caminando hacia la niebla que se está formando espesa. Lo estoy perdiendo.
-¡Mr. Price! - grito. Él no se da vueltta, pero le veo levantar una mano.
-Gracias. - parado, llorando. -Gracias..
29/10/93
El martillo describió un arco en el cielo vestido de rojo, y se
estrelló en la cabeza de la serpiente. A su lado Odin moría a
manos de Fenrir el Lobo del Norte. Y el lobo era matado. La
cabeza de la serpiente estalló en un charco de sangre y veneno y
su cuerpo sin vida cayó al vacío que había sido la tierra.
Thor se alejó unos pasos con la mirada vacua mientras su cuerpo
sangraba por varios lugares. Tosió y se sorprendió de lo humano
que fue ese gesto. Miro su torso con la ropa de batalla hecha
jirones y la sangre y el veneno saliendo de decenas de heridas.
Un trueno cayó a su lado y el Dios del Rayo miró hacia el cielo
y sonrió. Levantó una última vez el martillo y pronunció su
grito de batalla y el firmamento se rompió en dos. Entonces Thor
cayó, muerto por el veneno de la serpiente de Midgar, y la
lluvia se derramó sobre su cuerpo y lavó sus heridas. Las
puertas del Valhala se abrieron de par en par...
Una leve ráfaga de viento entró por la ventana a medio abrir, y los pezones se endurecieron aun más. Ella cerró los ojos y se mordió apenas el labio superior, sintiendo su vagina aun más húmeda. Bajó una mano y comenzó a acariciarse rozando lentamente el clítoris. Se metió un dedo y lo movió, pensando en el chico. Abrió los ojos y se dio vuelta en el lugar, se sentía hambrienta. Entonces cruzó la habitación pisando suavemente el piso alfombrado.
Se sentó en la cama acomodando su cola (el chico la había alabado) entre los pliegues de la sábana, y marcó un número en el teléfono. Habló durante un tiempo corto y luego colgó nuevamente. Fue al baño. Abrió la canilla de la bañadera y miró como el agua fluía. Esperó un rato, luego se aburrió, como casi siempre. Salió del baño con la bañadera llenándose y fue al placard. Lo abrió y miró hacia adentro, buscando. Sacó un pantalón y una camisa, los tiró en la cama, y siguió observando el interior del armario. Revolvió entre su ropa y sacó por fin una pollera y una camisa. Abrió un cajón y sacó ropa interior y, satisfecha, volvió al baño.
Cerró la canilla y se metió en la bañera, el contacto del agua con su sexo la excitó nuevamente. Y eso aumentó su hambre. Llevó sus dedos a sus labios vaginales y los separó. Empezó a jugar con sus dedos cerrando los ojos, lanzó un gemido corto y casi silencioso, y sonrió pensando en el niño que había tenido antes dentro suyo. Se acarició el clítoris y apretó mas su cuerpo contra el piso de la bañadera, sabía que iba a llegar al orgasmo. Entonces metió dos dedos dentro de su vagina y los movió para adentro y para afuera, duramente, con velocidad, su vientre empezó a latir, y ella sintió una sacudida cuando llegó al clímax, su cola se levantó un poco, apretándose levemente contra la resistencia del agua, y luego, volvió a bajar. Se quedó unos segundos sintiendo como su pubis latía suavemente hasta que quedó completamente quieto. Sacó los dedos y los miró con añoranza. Entonces se movió lentamente y comenzó a bañarse.
Comenzó a vestirse despacio, había colocado un CD y U2 sonaba en el ambiente. La mujer escuchó y cantó unos versos: " One love, one life, when it´s one need, in the night". Y se abrochó la camisa, sabiendo que su amante se la arrancaría, lamentó los botones; pero él era un Hombre de verdad. Le dio mas hambre todavía. Sonó el teléfono, caminó sin apuro hacia él y atendió, el cachorro.
La mujer lo escuchó, y asintió varias veces, le mandó un beso. Y cuando cortó estaba sonriendo enternecida. Sonó el timbre.
El hombre entró luciendo su hombría, como siempre, le pregunto como estaba y sin esperar a que ella contestara la besó con pasión, ella le devolvió el beso, y él le susurró al oído: "putita linda". Ella sintió que su pubis palpitaba. Entonces el hombre le abrió de un tirón la camisa y dejó al descubierto aquellos pechos hermosos, con sus grandes pezones, que con tanta ternura habían sido acariciados apenas unas horas antes. El tipo los mordió con dureza, y tomo a la mujer por las nalgas llevándola hacia la cama. La dejó caer y le abrió las piernas. Se bajó el pantalón y sacó su miembro erecto, inmenso, duro. Y la penetró, con violencia, con la violencia que a ella le excitaba, ella gimió. Su vagina se agitó y latió con una mezcla de dolor y excitación. El hombre no la vio abrir los ojos en la oscuridad, no vio su color rojo. Él seguía moviéndose, penetrándola. En un momento se apartó de ella y la mujer lo vio acostarse boca arriba, se le sentó encima y volvió a sentir como entraba en ella. Comenzó a moverse mientras el hombre murmuraba las "groserías" que sabía que la excitaban, con una sonrisa de dura ironía machista en el rostro. Su estómago volvió a sonar, sentía hambre y estaba caliente. Mucho. Sabia que él estaba por acabar, y ella sentía algo parecido a un orgasmo, pero levemente distinto, distante. Le latía el bajo vientre, con un latido sordo, quedado. Entonces lo sintió venir, y su vagina se llenó del semen de aquel Hombre y se agitó. Entonces la mujer abrió la boca y gimió mas fuerte, y sus colmillos comenzaron a crecer y su rostro se transformó en una mueca cruel. Entonces el olor dulce y sexual que había sentido el chico, cambió por el olor de la muerte, la muerte que ella entregaba desde hacia 500 años. El hombre entreabrió los ojos satisfecho y se encontró con aquella máscara de horror. No tuvo tiempo de gritar, la mujer, todavía sentada sobre él, alcanzó su cuello con una velocidad increíble, y lo mordió. Y en el medio de la noche tomó su sangre.
Ahora está parada mirando por la ventana, la brisa de la noche le baila sobre los pechos y sus pezones están duros. Ella sonríe satisfecha. Se ha alimentado, y ahora va a salir a la calle, con su amigo. El único amigo en 500 años. Está esperando que aparezca por esa puerta para besarle los labios finos y abrazarlo con dulzura. No se alimentará de él, es su amigo, además no tiene hambre... Pero la noche recién comienza.
Una gota de transpiración corrió silenciosa por su frente.
Se pasó la lengua por los labios, estaban resecos, comenzaba a ponerse nervioso. Caminó hacia el living - comedor y el silencio lo aplastó con una tangibilidad evidente a todas luces. Se pasó una mano por la frente, sacándose la gota que le molestaba silenciosa. Subió la cortina, cotidianamente ruidosa. Silencio.
Salió al mudo balcón, los autos pasaban callados, los tacos de las puntas que paraban en su esquina resonaban sin sonido.
Se sintió aterrado, pronto se le aflojó la vejiga nuevamente. No la oyó, sólo sintió su pierna mojarse y la orina cayendo calladamente hacia el suelo del balcón.
¡Una mano lo tocó!
El hombre pegó un grito mudo y se dio vuelta, su corazón latía con una fuerza silenciosa. Su esposa lo miró con sueño y le dijo que volviera a la cama, sin sonido, con las palabras vagando por el aire sin encontrar un lugar donde reposar. Él la miró, la tomó del hombro y le gritó con todas sus fuerzas algo ininteligible y silente, ella ni lo miró, y se fue a la cama. El hombre comenzó a reír hasta que su garganta enronqueció y luego de no escuchar ni siquiera su propia risa subió a la baranda del balcón y de un mudo salto cayó sin hacer ruido a la vereda. Sus órganos estallaron en silencio, y la sangre del hombre salpicó el asfalto en mudas gotas que se escurrieron en un mudo hilo hacia una alcantarilla.
* Verso del Poema número veinte de "Veinte poemas de Amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda.
TODAS LAS OBRAS ESTAN REGISTRADAS EN EL "REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL" BAJO EL NUMERO: 234582