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TEORÍA
DE LA ADMINISTRACIÓN[1]
-LOS
FUNDADORES-
II
PARTE
I.
INTRODUCCIÓN
En
cualquier campo de la actividad humana, suele denominarse «clásico» a aquel
exponente que llega a ser considerado como un modelo prototípico. Así, en el
arte son clásicos los escritores
representativos de una determinada corriente literaria o los pintores cuando
representan un movimiento pictórico, los arquitectos, los cineastas, etc. En
la ciencia, son clásicos los aportadores de descubrimientos o hallazgos que
han marcado huella y que han inaugurado nuevos paradigmas
epistemológicos. La administración no es un caso extraño y tiene sus
autores clásicos.
En administración son clásicos
todos los autores de la denominada administración
científica desarrollada principalmente por los ingenieros, encabezados
por el más famoso de todos ellos: Frederick Winslow Taylor, quien es
reconocido en la literatura administrativa como «el padre de la administración
científica». No obstante, la administración desarrollada por éstos fue una
administración ad hoc a
los procesos productivos y por lo tanto, se trató de una administración para
la manufactura, para la industria, y no necesariamente para las organizaciones
en general, aunque indudablemente muchos de sus principios son aplicables in
extenso.
Así, podemos decir que todos los autores -ingenieros-, de la administración
científica hicieron hincapié en el trabajo
realizado por los obreros y operarios en las líneas de producción y si bien
es cierto que este enfoque era necesario, dadas las circunstancias creadas por
la revolución industrial y el apogeo de la tecnología, no menos cierto es
que fue un enfoque insuficiente,
puesto que las organizaciones necesitaban también ser dirigidas
y conducidas como tales hacia el logro de sus propios fines. De esta
manera, surge en Francia, hacia 1916, la llamada teoría
clásica de la administración, encabezada por Henri Fayol. Pero ¿cuáles
son las diferencias específicas entre la administración científica y la
teoría clásica?
Si bien ambas buscaban la eficiencia como finalidad última, lo que las
distinguía era que la administración científica lo hacía a través de la
«organización racional del trabajo» y la teoría clásica partía del todo
organizacional, es decir, de la estructura como tal, con la idea de
garantizar la eficiencia de todas
las partes involucradas, órganos (departamentos, secciones, talleres,
oficinas, etc) y personas (directores, gerentes, operarios, etc). En este
sentido, Chiavenato ilustra perfectamente la idea cuando afirma:
“El
microenfoque, al nivel individual de cada operario con relación a la tarea,
se amplía enormemente a nivel de la organización como un todo en relación
con su estructura organizacional. La operación por la estructura de la
organización como un todo, constituye sin duda, una sustancial ampliación
del objeto de estudio de la TGA.” [2]
De
esta manera, la obra de Henri Fayol viene a complementar
la de Taylor y las dos corrientes identificadas así por los tratadistas
contemporáneos, la «administración científica» y la «teoría clásica»,
constituyen dos enfoques que, una vez agregados, representan hoy en día una
visión organizacional que logra integrar los dos niveles de acción de las
empresas: el trabajo y la estructura. Sin embargo, por supuesto, aún falta el
elemento humano de la administración,
elemento que más tarde vendría a reportar la denominada escuela del
comportamiento o del «humano relacionismo».
II.
HENRI
FAYOL Y LA TEORÍA CLÁSICA
El
ponente por excelencia de la teoría clásica es Henri Fayol (1841-1925), un
ingeniero francés que en 1916 publicó su Administration
Industrielle et Générale en un boletín de una asociación industrial de
Francia. Este libro es el resultado de más de 50 años de observación,
estudio y práctica de la actividad administrativa en las empresas. Fayol se
graduó en ingeniería de minas a los 19 años de edad, ingresó a una empresa
metalúrgica y carbonífera en la que pasó toda su carrera de negocios y de
la que se retiró como director gerente casi a los 70 años de edad. Dedicó
sus últimos años de vida a promover la idea de que los principios
administrativos pueden y deben aplicarse a
todas las formas de organización humana y no sólo a los negocios e
industrias.
El
análisis fayoliano se centró, en principio, en la observación
de los procesos de la unidad de mando y luego en la idea de que es posible
visualizar la administración como un proceso,
hoy llamado «proceso administrativo» y que consta de:
1)
Previsión,
2)
planificación,
3)
organización,
4)
dirección,
5)
control
y
6)
coordinación.
Tal
proceso administrativo esta dominado por principios
de validez universal y es, asimismo, perfectamente susceptible de ser enseñado.
Tales principios, cuyo número es ilimitado,
pero que Fayol enumera en 14, por ser “los que he tenido que aplicar con
la mayor frecuencia”[3],
son de vigencia universal y el autor los enlista de la siguiente manera:
1.
División del trabajo.
2.
Autoridad y Responsabilidad.
3.
Disciplina.
4.
Unidad de mando.
5.
Unidad de dirección.
6.
Subordinación de los intereses particulares a los intereses generales
de la organización.
7.
Remuneración de personal.
8.
Centralización.
9.
Jerarquía o cadena escalar.
10.Orden.
11.Equidad.
12.Estabilidad
en el cargo.
13.Iniciativa.
14.Espíritu
de cuerpo. [4]
Fayol
también identificó las funciones de
la empresa, enumerándolas en 6, a saber:
1)
funciones
técnicas,
2)
comerciales,
3)
financieras,
4)
de
seguridad,
5)
de
contabilidad y
6)
funciones
administrativas.
La metodología de análisis de Henri Fayol es por demás lógica y
ordenada; su análisis de la administración, desde la junta directiva hasta
los niveles operativos de la empresa (de arriba hacia abajo)[5],
fue una novedad cuando se conoció, por cierto tardíamente en los Estados
Unidos, en donde no fue sino hasta 1950 que su obra se tradujo y se difundió,
cuando ya Taylor había conquistado las mentes de los principales industriales
y administradores norteamericanos. Incluso en su natal Francia, Fayol no fue
entusiastamente aceptado o comprendido en su época. ¿Por qué Fayol, cuya
filosofía administrativa era tan firme, fue ignorado tanto en Francia como en
los Estados Unidos? Claude S. George Jr., nos cuenta la historia:
“Un
famoso ingeniero francés, Charles de la Poix de Fréminville, se impresionó
tanto con Taylor y su obra que después de conocerlo en 1912, le hizo una
enorme propaganda a la administración científica de Taylor por toda Francia.
Fue tan efectivo Fréminville que casi el sólo inició un movimiento de la
administración científica. Además, de esta base, los franceses se
asombraron ante la rapidez y eficiencia con que las tropas americanas construían
muelles, embarcaderos, ferrocarriles, etc., necesarios para la Primera Guerra
Mundial. Debido a las enseñanzas previas de Fréminville, los franceses ya
tenían una palabra para esta enseñanzas -taylorismo- y por orden del
Ministro de Guerra francés, Georges Clemenceau, todas las plantas bajo su
control debían estudiar e instalar los métodos de Taylor.”[6]
EL
CONCEPTO DE ADMINISTRACIÓN EN H. FAYOL
Para
Fayol, la función administrativa tiene su única manifestación a través de
los miembros de la organización, lo que él llamaba el
cuerpo social y se expresa por medio de las acciones de prever,
planificar, organizar, dirigir, controlar y coordinar. Si las demás funciones
ponen en juego el material y las máquinas, la función propiamente
administrativa opera sólo sobre el
personal.[7]
De esta manera, Fayol piensa que “la perfección y buen orden de trabajo del
cuerpo social descansa sobre cierto número de condiciones denominadas
indistintamente principios, leyes, reglas”.[8]
LOS
PRINCIPIOS ADMINISTRATIVOS
En
realidad, el autor prefiere usar el término “principios”,
pero disociándolo de toda rigidez, ya que en asuntos administrativos no
existe nada rígido ni absoluto, pues todo es cuestión de proporción
y de conceder una aceptable tolerancia
a las diferentes y mutables circunstancias que presentan tanto los
trabajadores como el resto de los elementos de la organización. Por ello, es
cosa de saber cómo usar los principios, lo que constituye un arte difícil
que requiere inteligencia, experiencia,
decisión y sentido de la proporción.[9]
Para Fayol, la proporción,
es decir, el tacto para saber aplicar y decidir qué acción tomar en
determinado momento, esta integrada por la
discreción y por la experiencia
y es uno de los atributos principales del administrador. Por otra parte, los
principios administrativos son ilimitados,
ya que toda regla o procedimiento administrativo que fortalece el cuerpo
social o que facilita su funcionamiento,
ocupa un lugar entre los principios, mientras la experiencia confirme su
merecimiento.
Una de las principales críticas que se han hecho a la administración
científica y a la clásica, es que sus propuestas de «principios» no
encajan en el orden típico de los principios propiamente científicos. El carácter
prescriptivo de los principios
administrativos es precisamente el de servir como «guías orientadoras de la
acción» de los ejecutivos y administradores. Son, si se quiere, de
naturaleza indicativa y el mismo
Fayol se encarga de confirmarlo. Por esta razón, los principios
administrativos no son científicos en sus fines, aunque sean resultado de la
observación y el registro, es decir, aunque sean empíricos.
LA
FUNCIÓN ADMINISTRATIVA EN FAYOL
Desde
el punto de vista conceptual, dos importantes contribuciones de Fayol fueron:
1) la noción de proceso administrativo y 2) la idea de funciones de la
empresa.
La actividad industrial, para Fayol, se resume en 6 funciones -ya
indicadas líneas arriba-. De estas funciones, la
administrativa es considerada por el autor como la más importante y
contiene a la planificación, la organización, la dirección, la coordinación
y el control. Estas funciones de la administración las expone de la siguiente
manera:
LA
PLANIFICACIÓN.
Consiste en examinar el futuro y elaborar un plan de acción.
LA
ORGANIZACIÓN.
Consiste en construir una estructura dual
(material y humana) para conseguir los fines. El organizador, -es decir, el
administrador-, tiene aquí 16 responsabilidades administrativas que cumplir:
1.
Asegurarse que el plan está juiciosamente preparado y estrictamente
llevado a cabo.
2.
Ver que la organización humana y material sea consistente con los
objetivos, recursos y requisitos de la empresa.
3.
Establecer una autoridad única, creativa, energética y competente.
4.
Armonizar actividades y coordinar esfuerzos.
5.
Formular decisiones claras, distintas y precisas.
6.
Establecer una eficiente selección de personal -cada departamento debe
estar encabezado por un hombre competente y enérgico-, cada empleado debe
estar en el lugar en el que pueda brindar el mayor servicio.[10]
7.
Definir claramente las funciones.
8.
Estimular el gusto por la iniciativa y la responsabilidad.
9.
Recompensar de manera justa y apropiada los servicios rendidos.
10.Usar
sanciones contra fallas y errores.
11.Vigilar
que se mantenga la disciplina.
12.Asegurar
que los intereses individuales sean subordinados al interés general.
13.Poner
especial atención a la unidad de mando.
14.Supervisar
tanto el orden material como el humano.
15.Tener
todo bajo control.
16.Luchar
contra el exceso de reglas, controles burocráticos y papeleos.[11]
EL
MANDO.
Esta función administrativa consiste en el mantenimiento de la actividad
entre el personal de la organización. El administrador, en tanto sujeto que
manda, debe, según Fayol:
1.
Tener un conocimiento completo de su personal.
2.
Eliminar al incompetente.
3.
Estar bien informado en cuanto a los acuerdos que obligan al negocio y
a sus empleados.
4.
Dar un buen ejemplo.
5.
Conducir auditorías periódicas de la organización y usar diagramas
representativos para estimularlo. Fayol enfatizó en alto grado las “cartas
de organización” u organigramas.
6.
Unir a los asistentes del jefe a través de conferencias en las cuales
se proveería unidades de dirección y fijación de objetivos.[12]
LA
COORDINACIÓN.
Consiste en la cohesión, unificación y armonización de toda la actividad y
el esfuerzo.
EL
CONTROL.
Consiste en constatar que todo haya sido efectuada en conformidad con el plan
y el mando establecidos.
La teoría de Fayol, conocida en la literatura como teoría
clásica, fue la primera explicación completa presentada de la
administración. Incluía principios, elementos, procedimientos y técnicas
probadas -todas basadas en la experiencia práctica del autor-. Dice Claude S.
George que “la gran similitud entre su teoría y el pensamiento contemporáneo
es suficiente evidencia de su aplicabilidad y verdadero valor”.[13]
No obstante, si bien es cierto que el fayolismo supera al taylorismo en forma
y fondo, también hay que admitir que aún se encuentra ausente el componente humanorelacionista,
factor que más tarde habría de ser aportado por Elton Mayo a partir de su
famoso experimento de Hawthorne.
III.
OTROS
EXPONENTES DE LA TEORÍA CLÁSICA
|
E |
s
evidente que la teoría clásica está fuertemente dominada por la figura y la
personalidad de Henri Fayol. No obstante, éste no es el único aportador
importante al pensamiento administrativo, pues muchos otros gerentes y
consultores en administración escribieron animosamente motivados por el análisis
en la estructura[14],
es decir, por el estudio de los componentes y las interrelaciones entre los
integrantes de la organización: las funciones, la autoridad, la
responsabilidad, la línea, el staff, el mando o liderazgo y la comunicación,
la centralización y la descentralización, etc. Uno de los autores más
citados en la literatura es Chester I. Barnard, de quien hablaremos a
continuación.
CHESTER
IRVING BARNARD
Barnard
inició donde Henri Fayol terminó, pues no sólo creía que los principios
administrativos podían ser aplicados a cualquier tipo de organización en
cualquier terreno, sino también lo demostró en la práctica.[15]
¿Quién fue Chester I. Barnard?
Barnard inició su carrera en organizaciones de negocios y la desarrolló
en organizaciones gubernamentales (públicas); también trabajó en
organizaciones no lucrativas (educativas y filantrópicas) y en todas ellas
tuvo éxito, pero sobre todo lo obtuvo como presidente de la New
Jersey Bell Telephone Company desde 1927 hasta 1948 y como presidente de
la Fundación Rockefeller
y la Junta General de Enseñanza,
desde 1948 hasta su retiro en 1952. Músico y pianista relevante, fue también
presidente de la Bach Society. Durante
la Segunda Guerra Mundial, fungió como presidente, en los EE.UU, de las Organizaciones
Unidas de Servicios, trabajo que según él fue “la tarea más difícil
de organización en mi experiencia”. Aquí, Barnard demostró que sus
doctrinas y prácticas administrativas eran perfectamente aplicables en todo
tipo de organizaciones.
Empero, Chester I. Barnard era mucho más que un directivo de éxito y
prosperidad, pues con su mente intelectual evidenció sus aptitudes promotor y
de precursor del fundamento filosófico de la administración, y al hacerlo se
adentró en el estudio y aplicación de la sociología, la psicología y el
razonamiento abstracto. Su texto básico y a la vez su obra maestra es The
Functions of the Executive, libro que constituye un ejemplo del impacto de
la sociología en la administración.[16]
Otro escrito capital de Barnard es Organization
and Management, obra en la cual desarrolla una concepción básica en el
pensamiento administrativo contemporáneo: la
Naturaleza del Mando, en el cual resume lo que él considera el “factor
clave en la actividad organizadora”.
En The Functions of the
Executive, Barnard aborda temas que constituyen asuntos indispensables en
los textos modernos de administración. Por ejemplo, en el capítulo XII
explora la teoría de la autoridad, la cual considera “inherente a la unidad
de organización simple”.[17]
Pero también trata de la comunicación
y de sus canales formales e informales, del sistema de coordinación en las
organizaciones y de la asesoría y el staff, entre otros importantes asuntos.
Sostiene en esta obra su premisa básica: “La organización es un sistema de
actividades conscientemente coordinadas, en la cual el ejecutivo es el factor
más estratégico”. Esta importancia estratégica fundamental del ejecutivo
se da por las tres funciones que realiza:
1.
La función de proveer un sistema de comunicación para los sistemas
cooperativos.
2.
La función de promover la adquisición de los esfuerzos necesarios
para la operación del sistema.
3.
La función de formular y definir los objetivos o propósitos del
sistema.
Barnard
intuye, de manera clara y anticipada a todos los demás exponentes del
pensamiento administrativo, que un ejecutivo, más que mandar, lo que
realmente debe hacer es obtener la cooperación
de su gente y que para
obtener esta cooperación es preciso que ocurran las siguientes condiciones:
·
Que
el individuo entienda la orden que
recibe.
·
Que
el individuo la asuma como consistente con los propósitos de la organización.
·
Que
el individuo crea que la orden que recibe es compatible con sus propios
intereses.
·
Y
que, además, considere que la puede efectivamente cumplir.
Barnard
comenzó con el individuo, siguió con la empresa como estructura y finalizó
con las funciones ejecutivas. The
Functions of the Executive es
una obra altamente significativa en la literatura administrativa; la escribió
después de los trabajos de Elton Mayo y sus seguidores de la psicología del
trabajador. De modo rigurosamente científico, el autor formuló una
estructura lógica de definiciones y conceptos, aplicando nociones sociológicas
a la administración de las organizaciones.
En La Naturaleza del Mando,
Barnard postula que es necesario que los administradores o dirigentes se
eduquen para ejercer el mando, función que considera por demás delicada.
Es necesario preparar auténticos jefes,
individuos que reconozcan la trascendencia de influir en el comportamiento de
terceras personas, de la gente, pues. Para Barnard, es necesario identificar
lo que él llama «la conducta de mando» en términos de poder identificar ¿qué
es lo que hacen los jefes cuando mandan? Entonces, el autor concluye que el
trabajo de mandar implica:
·
Determinar
objetivos.
·
Manipular
los medios.
·
Controlar
el instrumental de acción.
·
Y
estimular la acción coordinada.
Una
idea sobresaliente en Barnard es que él habla ya de que los mandantes tienen,
más que subordinados, seguidores,
noción que es muy propia de las teorías modernas del liderazgo situacional.
En este sentido, Barnard aconseja que los administradores deben identificar «las
condiciones del mando», las cuales pueden ser estables. Éstas pueden ser
también complicadas y de una escala muy grande, que a pesar de todo pueden
estar libres de «cambios violentos» o de «incertidumbres extremas», en
cuyo caso la conducta de los jefes puede ser tranquila, cauta, reflexiva y
anticipadora de exigencias futuras (¿proactiva?). De tales condiciones de
contexto, Barnard intuye la posibilidad de postular estilos
diferenciados de ejercer la autoridad.
La obra de Chester Irving Barnard es por demás relevante en la evolución
del pensamiento administrativo; sus ideas le imprimen a la administración ese
carácter propio de la dirección,
del mando y del liderazgo. Claude
S. George, afirma que “Barnard ha tenido el impacto más profundo en el tema
complejo de la organización humana que cualquier otro contribuyente en el continuum
del pensamiento administrativo”.[18]
Sus aportaciones son, hoy en día, parte del lenguaje cotidiano de los
administradores.
LYNDALL
F. URWICK
Urwick
nació en 1891 y fue coronel del ejército inglés; más tarde se dedicó a la
industria y fue presidente de la Urwick
Orr and Parteners Ltd, empresa dedicada a la consultoría en administración.
Junto con otros partidarios de la «teoría clásica» Urwick recopiló,
sistematizó y divulgó todo un conjunto de conocimientos sobre administración,
integrados en una especie de fisiología de la organización. Algunas
de sus obras son Papers on the Science
of Administration, The Making of Scientific Management, Management in British
Industry, The Hawthorne Investigations, A Short Survey of Industrial
Management.
El
mayor mérito del británico Lyndall Urwick fue el de haber consolidado los
conceptos y principios desarrollados por Fayol. En su conocida obra The
Management Elements (1943), expone sus ideas acerca de los principios y
del proceso administrativo, siempre tomando a Henri Fayol como esencial punto
de referencia.
Así, los elements del
Management son:
1.
Investigación.
2.
Previsión.
3.
Planeamiento.
4.
Organización.
5.
Coordinación.
6.
Mando.
7.
Control.
En
la literatura administrativa, luego
de los trabajos de Fayol, son muy abundantes las propuestas acerca del número
y naturaleza de los elementos del proceso administrativo. La afluencia
de autores que comentan este tema es tal, que prácticamente no hay un
criterio único que nos indique por qué razón deberíamos hablar de «planeación»
y no de «previsión», por ejemplo. En el caso específico de Urwick, ocurre
un desdoblamiento del primer elemento de Fayol (la previsión) y la expresa en
tres elementos: investigación, previsión y planeamiento. Es claro para la
mayoría de nosotros, que todo proceso de planeación implica la actividad de
investigar y de prever. Entonces ¿en base a qué argumentos se separa la
función planeación en dos o tres
elementos más? Este es el punto de discusión.
Para Urwick, una empresa gira en
torno a su organización, no alrededor de las personas. Esta idea ha
tenido un gran impacto en la técnica organizacional de nuestros días, puesto
que en realidad cuando se dice que un administrador “organiza”, lo que
efectivamente hace es dividir el trabajo, lo agrupa y lo asigna a unidades
organizacionales denominados «puestos, mesas, secciones, oficinas,
departamentos, áreas, jefaturas, gerencias, direcciones, divisiones», entre
otros esquemas de agrupación de trabajo (funciones, actividades, tareas,
procedimientos, etc). Esta idea confirma la impersonalidad del puesto y del
resto de las unidades orgánicas de una estructura. Se organiza el trabajo, no
a la gente. De ahí la sentencia de Urwick: “Un esquema lógico de
organización debe estar basado en principios establecidos a largo plazo que
tengan prioridad sobre las personas”.[19]
Una ligera interpretación de las ideas de nuestro autor, inclinaría
nuestro juicio a considerar que éste desprecia el factor humano. Sin embargo,
esta sería la apreciación más falsa y errónea acerca del pensamiento
administrativo de Lyndall F. Urwick, puesto que si bien la teoría clásica
está centrada en la estructura, es
decir, en la organización, no deja
de reconocer que el trabajo es, finalmente, realizado por la gente.
Urwick aborda también el asunto de los
principios, tema que no deja de estar presente en los autores del enfoque
clásico y que de hecho constituye la parte medular en el énfasis de
asignarle a la administración un carácter científico. Al respecto, como
hemos dicho, Urwick se preocupó en divulgar los puntos de vista de los
autores clásicos de su época. Son 4 los enunciados que él propone:
·
Principio
de la especialización: una persona, al realizar una sola función, logra
desarrollar habilidades y destrezas en su ejecución que la hace más
eficiente en el desempeño de sus tareas. Este principio da origen, en la
concepción de Urwick, a los esquemas organizacionales de línea,
staff y funcional, tan mencionados por los administradores contemporáneos.
Son los especialistas staff quienes
deben coordinar las especializaciones. En el fondo, se trata de un comentario
al principio de la división del trabajo esbozado por Adam Smith desde el
siglo XVIII.
·
Principio
de autoridad: en toda estructura organizacional deben existir claras y
definidas líneas de autoridad; líneas reconocidas y aceptadas por todos,
desde la cima de la organización hasta la base.
·
Principio
de amplitud administrativa (span of control). Este enunciado destaca la idea
clásica del tramo de control: un
superior no debe tener bajo su mando más que un número definido de
subordinados. Graicunas habría de desarrollar mejor esta idea, que en esencia
destaca que no solo se trata de que el superior supervise el trabajo de sus
subordinados, sino de que también esté atento a las múltiples
interrelaciones que se dan entre éstos y entre éstos y el jefe.
·
Principio
de la definición. Aquí, Urwick enfatiza la necesidad de que los deberes, la
autoridad y la responsabilidad de cada puesto o cargo, así como sus
relaciones con los otros puestos, deban se claramente definidos
por escrito y comunicados a todo el personal de la empresa.
Finalmente,
debemos concluir que la obra de Lyndall F. Urwick puede sintetizarse en el
siguiente pensamiento de Claude S. George, Jr: “Suele suceder que las
personas que expresan la teoría correcta en el tiempo apropiado, hacen una
mayor contribución que el pionero cuyas ideas no fueron tomadas en cuenta
porque eran demasiado avanzadas para su época. Es así como Urwick ha servido
al continuum de la administración.”[20]
LUTHER
GULICK
La
proposición original de Fayol, respecto de los elementos de la administración
(las funciones del proceso administrativo),
fue alterada por Urwick y luego por Gulick, quien en sus Notes
on the Theory of Organization, aparecidas en Papers
on the Science of Administration, propone siete elementos de la
administración, los cuales a su vez constituyen las «funciones del
administrador». Así, Gulick, para muchos el autor más erudito de la teoría
clásica, considera los siguientes componentes del quehacer administrativo:
1.
Planeamiento.
2.
Organización.
3.
Asesoría.
4.
Dirección.
5.
Coordinación.
6.
Información.
7.
Presupuestación.
El
planeamiento es, en Gulick, la
función administrativa que consiste en trazar las líneas generales de las
cosas que deben ser hechas y los métodos para hacerlas. El planeamiento busca
identificar las acciones necesarias para alcanzar los objetivos de la
organización.
La
organización establece la
estructura formal de autoridad creando e integrando simultáneamente las
subdivisiones de trabajo necesarias. La organización busca definir y
coordinar el trabajo, es decir, las funciones requeridas para alcanzar los
objetivos.
La
asesoría, función que aparece aquí
como una novedad, es para Gulick la función de preparar y entrenar el
personal creando y manteniendo las condiciones ideales para el correcto
desempeño del trabajo.
A
la dirección le corresponde el continuum
decisorio; es decir, la constante toma de decisiones y la habilidad para
convertirlas en órdenes e instrucciones específicas y generales. Gulick le
otorga al director el papel de líder, más que de jefe. En consecuencia, la
dirección es liderazgo, el cual es considerado como la fuerza motriz capaz de
hacer funcionar a la organización.
La
coordinación es, ante todo, un
deber orientado a establecer el sistema de relaciones entre las partes del
trabajo; es decir, coordinar es relacionar las unidades organizacionales en un
todo integrado y armónico.
La
información o “reporting” es
el esfuerzo de mantener informados a los subordinados acerca de todo lo que
sucede en la organización. Informar supone la existencia de registros,
documentación, investigación e inspecciones. Los fluidos de información
constituyen para la organización, lo que la sangre para el organismo, de ahí
la necesidad de que las organizaciones deban incorporar a sus estructuras
adecuados «sistemas de información» para mantener su correcto
funcionamiento.
La
presupuestación o “budgeting”
es también una novedad aportada por Gulick a lo que tradicionalmente se
conoce como «funciones» de la administración. Presupuestar es todo lo que
se dice respecto a la elaboración, ejecución y fiscalización de
previsiones, o sea, la presupuestación es el “plan fiscal”, la
contabilidad y el control.
En realidad, los denominados «elementos de la administración» son
una aportación de los autores de la teoría clásica, y parecen ser su tema
favorito. La teoría administrativa contemporánea ha clasificado dichas ideas
en una agrupación conceptual llamada proceso
administrativo, que tiempo después dio lugar a la escuela del proceso
administrativo, tema constante en la teoría clásica, como también son temas
permanentes de esta teoría los que se refieren al mando, la autoridad, la
coordinación y la responsabilidad. Entre muchos otros autores, Mary Parker
Follet destaca como especial tratadista de estos asuntos.
MARY
PARKER FOLLET
Estudiosa
de las ciencias políticas, de la filosofía y del derecho, nacida en Boston
en 1868 y con estudios en
Inglaterra y en Francia, Mary Parker se dedicó a establecer una filosofía
administrativa basada en que “cualquier sociedad duradera, cualquier
sociedad productiva, debe estar fundada en el reconocimiento de los deseos
motivacionales del individuo y del grupo.”[21]
Para Parker Follet, puesto que la autoridad
es un acto de subordinación ofensivo a las emociones humanas, no puede en
consecuencia ser una adecuada base para la organización cooperativa, por lo
que es necesario que las personas sean motivadas exactamente por las mismas
fuerzas que motivan sus tareas y placeres fuera de su trabajo. De esta manera,
la autora señala que el problema básico de los administradores, tanto en
organizaciones de negocios como de cualquier otro tipo, es armonizar y
coordinar los esfuerzos del grupo para obtener el más eficiente esfuerzo en
la realización de cualquier trabajo. Por consiguiente, el poder,
el liderazgo y la autoridad
deben ser conceptos dinámicos y no estáticos; no deben ser herramientas
pesadas que sólo agobian “a los administradores”.[22]
Mary Parker Follet, pese a no ser administradora sino trabajadora
social, dejó textos interesantes que nutren la disciplina con conceptos clásicos
en administración. Dedicada a la consultoría sobre temas relacionados con
las relaciones personales y de grupo, sus célebres conferencias, compiladas
por Urwick, son lectura obligada para los administradores contemporáneos. En
ellas, la autora esboza verdades tan profundas como prácticas y sencillas.
Por ejemplo, con preguntas tan agudas como «¿el poder, es poder sobre
o poder con?» «¿es la autoridad
una posición social o una fuerza integradora?» «¿es la autoridad inherente
al medio ambiente porque proviene de las leyes de la situación, o es
conferida y reforzada desde fuera?» Estas cuestiones, ampliamente comentadas
en Los Elementos esenciales del Mando
(1933), aportan profundas reflexiones sobre la naturaleza esencial de una de
las principales funciones de los administradores: la de dirigir.
Parker Follet sostiene que:
“...es
de gran importancia reconocer que el mando se encuentra algunas veces en un
lugar y otras en otro ... ( )... y que el error de pensar que el mando
descansa totalmente sobre la personalidad, radica probablemente en el hecho de
que el jefe directivo no es sólo un jefe de hombres, sino de algo que estamos
aprendiendo a llamar la situación
total.” Agrega: “El jefe es, entonces, el que puede organizar la
experiencia del grupo, sea el pequeño grupo del jefe de sección, el grupo más
grande del departamento o toda la fábrica que puede organizar la experiencia
del grupo y obtener así toda la energía del mismo. El jefe forma el equipo:
Esto es fundamentalmente la calidad del mando: la capacidad de organizar todas
las fuerzas existentes en una empresa y hacerlas servir a un fin común.”[23]
Para
la autora, la coordinación es la esencia
de la administración y se trata de una función que se nos presenta con
cuatro facetas:
1.
Coordinación por contacto directo con las personas involucradas.
2.
Coordinación como un proceso continuo.
3.
Coordinación encontrada en las etapas iniciales de una empresa.
4.
Coordinación como relación recíproca de todos los aspectos de una
situación.
El
trabajo de consultoría de Mary Parker Follet sirvió para canalizar a los
hombres de negocios y aún a los políticos, sus ideas revolucionarias acerca
del trabajo humano en las organizaciones. De hecho, Parker Follet es pionera
en el reconocimiento del “concepto de grupo” como un nuevo principio de
asociación para educar a los hombres a “vivir juntos en armonía”. Por
otro lado, habrá que decir que Elton Mayo habría de confirmar sus
aseveraciones, precisamente con sus hallazgos experimentales de Hawthorne.
También será necesario sostener que sus trabajos marcaron las líneas de
frontera entre la rigidez mecanicista tayloriana y el enfoque
humanorrelacionista de los psicólogos de la organización.
JAMES
D. MOONEY
Mooney
es un autor poco conocido; sin embargo, es uno de los exponentes más
preocupados en el análisis de los tópicos organizacionales. Él sostiene,
por ejemplo, que los principios de la organización empleados por todos los
grandes líderes a través de la historia, son esencialmente los mismos. Esta
tesis suya le condujo a investigar en todas las fuentes disponibles, el
trabajo directivo de los grandes caudillos históricos tales como Alejandro el
Grande, Julio Cesar e incluso Aristóteles. Observó que el «principio de
gradación» esta presente lo mismo en los ejércitos que en las ciudades-
estado y en la propia iglesia romana. Este principio dice, según Mooney, que
“todas las estructuras organizacionales firmes, están basadas en un sistema
de relaciones superior-subordinados, ordenadas en una jerarquía.[24]
El trabajo de Mooney es típicamente clásico y estructuralista y en él
precisa el concepto de organización administrativa tradicional basada en
jerarquías, definiciones funcionales exactas de puestos y sistemas de
coordinación.
Poco
afecto a mencionar el papel del elemento humano en la organización y muy
centrado en la idea del funcionalismo organizacional exacto y perfecto, el
pensamiento de Mooney se parece más al de Weber que al de Fayol. En sentido
estricto, Mooney veía a la organización como un aparato que debía operar de
manera muy semejante a como lo hacen los relojes, cada quien en su lugar
realizando las funciones precisas que le corresponden. Sin mencionar el término
«burocracia», propuesto por Weber, su modelo, clásicamente estructural, es
un símil del modelo de racionalización de la actividad colectiva.
El
trabajo de Mooney es, para Claude S. George Jr[25],
“un estricto enfoque ingenieril”, enfoque que centra la tarea del
administrador como aquélla que consiste en lograr “ que se hiciera el
trabajo a través de otros”.
CONCLUSIONES
La
diferencia fundamental entre los autores centrados en el eje del trabajo en la
línea de producción y los centrados en el eje de la estructura, es
precisamente la idea de completud.
En efecto, los ingenieros crearon una administración más ligada a la
ingeniería industrial que al concepto moderno que hoy tenemos de la actividad
directiva. Fueron los autores clásicos, cuya cabeza más visible y famosa es
Henri Fayol, los que avanzaron a la construcción de una visión más amplia y
completa no sólo de la administración, sino en general de las
organizaciones. Naturalmente, en este paper
no son todos los que están ni están todos los que son; no obstante, se trata
de un intento de agrupar a los ponentes más reconocidos.
Los temas favoritos de la denominada escuela clásica son los elementos
de la administración, la noción de proceso
administrativo, la idea de estructura
como aparato ligado y unido por la dinámica de la autoridad
y la responsabilidad, la coordinación,
el mando o liderazgo,
las líneas de comunicación, entre
otros. Se trata de los mismos tópicos que algunos contemporáneos como Sergio
Hernández y Rodríguez y Nicolás Ballesteros Inda, suelen denominar
“estructuralismo”.
En este sentido, a Henri Fayol habría que calificarlo también como «el
primer estructuralista», si atendemos a la idea de que fue él el primero en
abordar los temas que ligan y arman las construcciones organizacionales.
Cuauhtémoc
Molina García
Profesor
de Tiempo Completo
Facultad
de Contaduría y Administración
Universidad
Veracruzana
E-mail:
[email protected]
Web
sit: www.edg.net.mx/~molina
Gonzálo
Aguirre Beltrán s/n
Teléfonos
42-17-42 y 44 fax 12-22-98
Xalapa,
Enríquez, Veracruz.
[1] Paper de apoyo didáctico al curso «Administración I», segunda unidad, Facultad de Contaduría y Administración, Universidad Veracruzana, Xalapa, Ver, julio de 1998.
[2] Chiavenato, Idalberto, Introducción a la Teoría General de la Administración, cuarta edición, McGraw Hill, Colombia, 1981, p. 78.
[3] Principios Generales de Administración, en General and Industrial Management, citado por Merril, op. cit, p. 185.
[4] Fayol, Henri, General and Industrial Management, Pitman & Sons, Londres, 1949. P. 19-42.
[5] Lo que le distingue del enfoque tayloriano, que es precisamente contrario: de abajo hacia arriba.
[6] Historia del Pensamiento Administrativo, Prentice Hall, México, 1974.
[7] Aunque el autor pone énfasis en el personal como agente activo y pasivo de la acción administrativa, se le considera, no obstante, un destacado estructuralista, por su empeño en analizar la estructura organizacional como un todo, de arriba hacia abajo.
[8] Fayol Henri, Principios Generales de Administración, en General and ..., op. cit, p. 1.
[9] Ibídem.
[10] La administración de personal, entre sus principios de selección, habría de postular más tarde: “El hombre adecuado al puesto al adecuado”.
[11] Fayol, Henri, ibídem.
[12]
Ibídem.
[13]
S. George op,. cit, p. 107.
[14] De donde justamente puede denominárseles como autores «estructuralistas».
[15] Esta idea de la generalidad de aplicación de la administración es identificada por algunos autores como la característica de la universalidad de la administración.
[16] Merrit, op. cit, afirma que “si Fayol es el Francis Bacon de la literatura administrativa, Barnard es, con toda seguridad, su Thorstein Veblen”.
[17] Se refiere el autor a las formas básicas de «unidades organizacionales», las cuales van desde el “puesto” hasta la “división”, en una gran compañía.
[18]
Ibídem.
[19]
F. Urwick, Lyndall, The Elements of
Administration, 1943.
[20]
Op. cit, p. 135.
[21] Parker Follet, Mary, en Freedom and Co-ordinación, Londres, 1949, pp. 47-60. Se trata de una conferencia dictada en 1933, justamente antes de su muerte, en el Departamento de Administración de Empresas de la escuela de Economía y Ciencia Política de Londres. El texto fue compilado por Lyndall Urwick.
[22] Op. cit.
[23] En Los Elementos ...., op. cit.
[24]
D. Mooney, James, en Onward Industry!,
Harper and Bris., N. York, 1931.
[25]
Op. cit., p. 148.