GRANADERO MARTÍN ÁLVAREZ
Al Sur de Extremadura se levanta una barrera montañosa
que hace de frontera natural con Andalucía y en la ladera norte se encuentra la
villa de Montemolín, patria del granadero de la marina Martín Álvarez Galán.
Entrar en su heroica vida es colarse en un trozo de la historia de la Arma y de
España, además de la Royal Navy y de Inglaterra.
Los datos que tenemos sobre sus primeros años son exactos y
fidedignos, gracias a Don Ramón Viu, cuando en 1848 S.M. dispuso que se
eternizase en la memoria de todos el nombre de este valiente granadero.
El
principio
En el año 1766 nació Martín
Álvarez Galán, hijo de Pedro Álvarez y Benita Galán. Pedro Álvarez era
carretero por herencia y sus viajes los encaminaba hacia Olivenza y Badajoz, por
lo que era habitual que al ser hijo único, Martín y su madre se encontraran
frecuentemente solos y charlaran bastante. Así le contaba a su hijo las hazañas
de su abuelo que llegó a ser sargento en las tropas de Felipe V y perdió un
brazo por un tiro de arcabuz, de un inglés, después de haber capitulado todos
en la toma de Badajoz, ocupada por ingleses, portugueses y austriacos; debido a
estas historias fue cogiendo Martín Álvarez su odio irreconciliable hacia los
ingleses.
A la edad de 14 años empezó a
viajar con el padre y en su primer viaje tuvo un encuentro con los bandoleros de
la banda del Bruno. Iba el padre dormido en la carga y salió uno de los
bandoleros apodado "el Zurdo" apuntando con una pistola a la voz de
"...la bolsa o la vida", a lo que Martín dando un salto hacia atrás
y cogiendo dos piedras de un tamaño regular en sus manos contestó
"dispara, pero como yerres el tiro eres hombre muerto", despertó el
padre y apareció el resto de la banda resultando ser conocidos de Pedro, el
jefe de la banda reprendió al zurdo y lo disculpó diciendo que era nuevo,
luego objetó al carretero la conveniencia de que su hijo fuera soldado, al ver
con el coraje que se había comportado, a lo que el padre contestó: "...
lo único que hace falta Sr. Bruno, que a los cuentos que su madre le ha metido
en la cabeza, le venga usted diciendo eso".
Después de haber muerto su
padre siguió el hijo haciendo de carretero y en un viaje que volvía de Badajoz
se encontró con la noticia que su madre había muerto. La única salida que
encontró fue la de querer casarse con su pretendida María Gil, hija de Antonio
Gil y Nicolás Banklar, descendiente de un alemán del cual había heredado el
"Mesón Nuevo de Montemolín", su sorpresa fue encontrarse que seis días
antes la habían casado con Jaime, hijo del molinero porque la madre lo vio
mejor partido. Así
Martín Álvarez decidió vender sus pocas pertenencias y marcharse a Sevilla
para alistarse en el ejército.
En Sevilla en la "Taberna
de la Paloma", dos alistadores voluntarios hablaban cada uno de las
ventajas de sus respectivos regimientos, uno de ellos era de los "Dragones
de Alcántara", de Caballería, el otro era de marina, pero al darse cuenta
este último de las preferencias de Martín Álvarez por entrar a formar parte
de la caballería, supo engañarlo llamando a su batallón "Los Dragones
del Viento" y a sus barcos, caballos con nombres de santos, quedó
encandilado el héroe local, pensando que estos caballos gracias al viento no sólo
correrían, sino que llegarían a volar. Gracias a este engaño se escribió una
de las páginas más gloriosas de la Armada Española. Así pasó a ser soldado
de la Tercera Compañía del Noveno Batallón, un veintiséis de abril de 1790.
El 16 de septiembre de 1792 embarcó en el navío
"Gallardo", que parte hacia el Mediterráneo y después de estar un
tiempo en Cartagena salen hacia Barcelona, centro de operaciones para el bloqueo
de las costas de Francia, requerido para el asalto de Marsella y Tolón. Cuando
llegaron ya habían sido tomadas, poniendo entonces proa hacia las islas de San
Antioco y San Pedro, las cuales se las arrebataron a los franceses, siendo este
su bautizo de fuego y empezando a dar muestras de su gran coraje y valor. A
principios de 1794 figura en la dotación del navío "San Carlos", que
salía hacia América, vuelve en 1795 escoltando un convoy.
El 26 de enero de 1796 parte en el
"Santa Ana" hacia Cartagena y allí pasa a la guarnición del "Príncipe
Asturias" y de nuevo en Cartagena el 1 de febrero de 1797 al "San
Nicolás de Bari", un navío de ochenta cañones al mando de D. Tomás
Geraldino que iba a Málaga y después desde Cádiz recibir un gran convoy que
venía de América.
La
Batalla del Cabo San Vicente.
Los datos de esta batalla es
mejor verlos desde la perspectiva inglesa para dar más realce a este
acontecimiento histórico.
En enero de 1797, el Almirante
Jervis se encontraba con su escuadra en Lisboa, tuvo noticias de tres escuadras
francesas al norte y una española al sur, habiendo recibido órdenes del
Almirantazgo de liberar el Mediterráneo y ante la posibilidad de que lo
atraparan como en una ratonera optó por enfrentarse a la española, al contar
ésta con menos buques que la francesa. El 14 de febrero cubierta por la niebla
la escuadra inglesa, el vigía del "Victory" divisa iluminada por el
sol la flota española que navegaba sin orden de batalla y dividía en dos
grupos; entablada las hostilidades se ve al "San Nicolás de Bari"
abordado por el "Captain" al mando del entonces Comodoro Nelson, se
apoderan del navío y en la cubierta del mismo, Nelson va cogiendo los sables de
los españoles muertos y entregándoselos a sus oficiales, pero aún quedaba
algo por conquistar, sobre toldilla donde se arbola el pabellón español está
Martín Álvarez de centinela, el primero que osa llegar hasta él es el
Sargento Mayor Willians Norri al cual le propina tal sablazo que lo atraviesa de
pecho a espalda clavándolo en la madera del mamparo de un camarote con tal
fuerza que no fue capaz de desenganchar el sable, cogió entonces el fusil a
modo de maza y mató a un oficial e hirió a dos soldados, después de casi
una hora de lucha y por la gran cantidad de sangre perdida por una brecha en la
cabeza cae desmayado dándolo los ingleses por muerto; todos los caídos tienen
el mismo trato, los lanzan al mar con una bala de cañón atada a los pies, al
llegar a Martín Álvarez, Nelson ordena que lo envuelvan en la bandera que con
tanto ardor había defendido. Entonces se da cuenta que no había muerto y lo
evacuan a un hospital en Lagos, el Algarbe al sur de Portugal. Restablecido
viaja por última vez a Montemolín y luego a Sevilla y Cádiz, donde se presentó
a su batallón.
Recompensa
a sus méritos.
Por los méritos recogidos en la
batalla, se le quiso como premio ascender a cabo, impidiendo su analfabetismo,
aprendió a leer y escribir en pocos meses y fue nombrado cabo el 17 de febrero
de 1798 y en agosto de ese mismo año, cabo primero, al poco embarca en el navío
"Concepción" y parte hacia Brest (Francia). El 12 de noviembre se izó
una bandera encarnada como señal infalible de aLgo extraordinario, e
inmediatamente fue comunicada la orden para que toda la guarnición y tripulación
del navío formase sobre cubierta, se adelantó al comandante del "concepción"
y mandó salir de la formación al Cabo Primero de granaderos Martín Álvarez,
se leyó un Decreto Real por el cual se le concedía cuatro escudos mensuales
como pensión vitalicia.
Cuando más apacible y
recompensada llevaba su vida, al salir de una guardia fue a resbalar en una
escalera, cayendo de bruces, dándose tal golpe en el pecho que se dañó un
pulmón, derivando de tal herida, una terrible enfermedad; tuberculosis. Alojado
en un hospital especializado en las afueras de Brest, finiquitó sus días un 23
de febrero de 1801, a los 35 años de edad.
Por un Real Orden de 1848, se
dispuso que hubiera permanentemente un buque en la Armada que se denomina
"Martín Álvarez", siendo el primero la goleta "Dolorcitas",
pasando a ser el siguiente un guardacostas de primera clase, después un cañonero
y luego otro construido en los EE.UU. Actualmente es el buque de desembarco
L-12, también de procedencia americana.
El 4 de julio sale otra Real
Orden para que su nombre figure constantemente como premio en la nómina de La
revista de la Primera Compañía, Primer Batallón, Primer Regimiento, nombrándole
el Coronel en la Revista del Comisario. Su sable se encuentra en el Museo Naval
de Londres y en Gibraltar hay un cañón con una placa en la que se leen tres
hurras: "hip Captain, hip San Nicolás de Bari, hips Martín Álvarez".
En 1938 fue inaugurado un paseo
con su estatua al lado de la ermita de Nuestra Señora de la Granada, acudiendo
a tal acto el Almirante Bastarreche y una compañía de Guardias Marina de San
Fernando, Las placas del monolito están hechas con bronce fundido de viejos cañones,
donados por la comandancia de Marina de San Fernando. La iniciación de este
monumento se debe a D. Manuel Núñez Aguilar y su construcción a Evaristo
Trujillo, conservándose su maqueta en el despacho del Jefe del Departamento de
Marina de San Fernando.
El 23 de febrero del año 2001,
se cumple el segundo centenario de su desaparición, seguro que la Armada Española
sabrá honrarle en este bicentenario. El pueblo de Montemolín no debería
quedar rezagado en recordar la memoria de este granadero quien supo llevar al más
alto grado el significado de estas tres palabras: "DISCIPLINA, HONRADEZ Y
VALOR".