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Casi
como un corsario
Langsdorff
tenía precisas instrucción del alto mando naval nazi: "...proceder
inmediatamente a la destrucción del tráfico mercante enemigo.
Realizar frecuentes cambios de posición para engañar al
adversario. Deberá comportarse como un corsario, por lo que podrá
camuflarse, cambiar de nombre y de bandera... Entrará en combate
con los barcos de guerra enemigos sólo si es indispensable..."
.
Desde el Atlántico Norte llegó hasta la costas de Brasil.
De allí pasó a las costas sudafricanas y luego hizo una
breve incursión por el océano Indico para regresar al Atlántico
Sur. En 68 días el Graf Spee envió al fondo del mar a nueve
buques mercantes. En todos esos encuentros Langsdorff no tuvo bajas, amigas
ni enemigas.
.
Los sucesivos hundimientos empujaron a los aliados a iniciar la mayor
operación de rastreo de la historia naval. Armaron nueve grupos
de ataque, integrados por 26 buques de guerra ingleses y franceses, pero
nunca pudieron cazar al Graf Spee.
.
A las 6.15 del 13 de diciembre de 1939, el Graf Spee, mientras perseguía
a un carguero francés que iba a Montevideo, tropezó en las
costas uruguayas con la escuadra del comodoro Henry Harwood, que comandaba
los cruceros ingleses Ajax y Exeter y el neozelandés Achilles.
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La
batalla del Río de la Plata no tardó en librarse. Duró
menos de una hora y media y se cruzaron 120 cañonazos. El Exeter
llevó la peor parte. Quedó envuelto en llamas, sus cañones
enmudecieron y 60 tripulantes yacían muertos en la cubierta. Los
otros mastines de la flotilla aliada quedaron malheridos, pero no perdieron
de vista a su presa.
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El Graf Spee recibió 18 impactos de los cañones de 150 mm
(del Ajax y del Achilles) y de 203 mm (del Exeter). Perdió a 36
hombres. Su cocina fue destruida, el sistema de provisión de combustible
dañado y sólo contaba con el 25 por ciento de su munición.
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El buque germano puso proa al puerto neutral de Montevideo, donde libraría
su segunda gran batalla, la diplomática.
.
Langsdorff pidió al gobierno uruguayo dos semanas de permanencia
en puerto. Pero luego de agitadas tratativas, sólo se le concedieron
96 horas. En esa decisión mucho influyó la estrategia planeada
por el embajador británico Eugen Millington Drake, descendiente
del célebre corsario inglés sir Francis Drake.
.
Casi medio millón de uruguayos se agolpó en los muelles
del puerto de Montevideo para observar la partida del acorazado de bolsillo.
Todos esperaban una nueva batalla, pero la suerte del Graf Spee ya estaba
echada.
Ricardo
Larrondo, La Nacion, 22 de diciembre de 1999 |
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