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no más En la costa de Berisso, un paseo silvestre para llegar al fondo de la historia Se trata de una zona modesta, donde el paseo puede limitarse a asomar a la costa rioplatense a la manera de un safari fotográfico. De consumar el viaje, se puede registrar una ribera un tanto silvestre, con talas y ceibos, casi como la encontraron los adelantados de la Conquista, los contrabandistas del siglo XVIII y los invasores de 1806 y 1807. La zona es la costa inmediata a Berisso, que volvió a cobrar interés por los recientes hallazgos logrados por un grupo dedicado a la arqueología submarina: extrajo muestras de un viejo barco encallado en esas costas. El agua tapiza lo que es un desperdigado cementerio de embarcaciones de todas la épocas, que se ha tragado el limoso lecho del río marrón. Una vez que se llega al centro de Berisso, algunos buscadores de historias recorren la ahora inerte calle Nueva York, que en tiempos de los frigoríficos era una babel bulliciosa y ganada por musculosos trabajadores llegados de todo el planeta. Se ha determinado que allí fue trabajador de la industria de la carne el dramaturgo Eugene O’Neill y se sostiene que también estuvo alistado Joseph Broz (más tarde mariscal Tito).
No lejos está el muelle desde donde se llega a la isla Paulino, surcada por varios senderos salvajes. Uno de ellos lleva a una playa oscura como el petróleo, que no está lejos del canal que fue abierto a los transatlánticos que marchan hacia el Puerto de Buenos Aires. Pero si se sigue por la calle Montevideo en dirección sur, a tres kilómetros aparece -a la izquierda- el camino hacia Palo Blanco. Mejor aspecto de la costa se consigue desde otros accesos. Llevan a lo que, en tiempos de aguas no contaminadas, fueron balnearios populares, como el Bagliardi, el Municipal y La Balandra. En este último existen algunos camping sólo aceptables para pescadores, y se alcanzan al culminar la ruta 15 si se gira a la izquierda en dirección al río. En dirección contraria, en cambio, un camino asfaltado lleva hasta ruta provincial 11. Por ella, con recorrer 8 kilómetros hacia Magdalena pero desviar a los 8 kilómetros hacia la derecha, el asfalto de la ruta provincial 54 lleva -tras 11 kilómetros- a la pequeña población de General Mansilla, que muchos conocen como Bavio (por su estación de ferrocarril). Allí se consiguen quesos y salames de campo que tienen gran reputación. Pero para llegar a algunas parrillas ruteras, otros 11 kilómetros ponen en la ruta provincial 36. Este es camino conocido, porque en verano es el más transitado por quienes buscan los balnearios del Partido de la Costa, desde donde se puede regresar a la ruta 2 y llegar rápidamente al Cruce Gutiérrez y la Autopista a La Plata. |
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