No me ha resultado f�cil revelar los hechos que conozco desde mi ventajosa perspectiva tras cuatro a�os pasados en el Mossad.
Procedente de un apasionado entorno sionista, me hab�an inculcado que el Estado de Israel era incapaz de actuar injustamente, que �ramos como David en su interminable lucha contra Goliat cada vez m�s gigantesco y que �nicamente pod�amos confiar en nosotros mismos para protegernos, sentimiento consolidado por los supervivientes del holocausto con los que conviv�amos.
En nosotros la nueva generaci�n de israel�es, la naci�n que hab�a renacido en su propia tierra tras m�s de dos mil a�os de exilio, se confiaba totalmente el destino de la naci�n.
Los comandantes de nuestros ej�rcitos eran considerados campeones, no generales; nuestros gobernantes eran capitanes que guiaban el tim�n de un gran nav�o.
Me sent� lleno de j�bilo cuando fui escogido y se me concedi� el privilegio de incorporarme al que me parec�a el equipo m�s escogido del Mossad.
Mas los retorcidos ideales y el egoc�ntrico pragmatismo que encontr� dentro de la organizaci�n, junto con la codicia, avidez y absoluta falta de respeto del equipo hacia la vida humana, me impulsaron a narrar esta historia.
Porque amo a Israel como un pa�s libre y justo arriesgo mi vida haci�ndolo as�, enfrent�ndome a aquellos que se arrogaron el derecho el sue�o sionista en la actual pesadilla que vivimos.
El Mossad, organizaci�n de los servicios secretos a la que se hab�a confiado la responsabilidad de allanar el camino de los dirigentes pol�ticos de la naci�n, ha traicionado esa confianza. Conspirando en beneficio propio y en pro de razones mezquinas ha conducido a la naci�n al enfrentamiento en una lucha sin cuartel.
No puedo seguir guardando silencio.
Iacta alea est: la suerte est� echada.
Victor Ostrovsky
Julio de 1990
Una lluviosa ma�ana del 21 de setiembre de 1976, Orlando Letelier, de cuarenta y cuatro a�os, sal�a como de costumbre, de su casa en la elegante Embassy Row de Washington y se sentaba ante el volante de su Chevelle azul. Letelier, antiguo ministro del gabinete bajo el mando del infortunado presidente marxista Salvador Allende Gossens, iba acompa�ado de Ronni Moffit, de veinticinco a�os, un colega del servicio secreto americano.
Al cabo de unos momentos una bomba accionada por control remoto destrozaba el veh�culo y sus ocupantes.
Como suele suceder en tales casos, muchos atribuyeron el atentado a la CIA. Despu�s de todo tambi�n se le hab�a asignado un papel mucho m�s importante del que realmente desempe�� en la ca�da de Allende en 1973, y hab�a sido internacionalmente cabeza de turco favorita para justificar toda clase de actos violentos. Otros, m�s correctamente apuntaban a la polic�a secreta chilena DINA que, en realidad, se disolvi� un a�o despu�s tras ser sometida a considerable presi�n norteamericana (aunque renaciendo bajo diferente jerarqu�a), con el nuevo jefe de gobierno, el general Augusto Pinochet Ugarte.
A nadie se le ocurri� se�alar al Mossad. Y aunque esta organizaci�n no se hallaba directamente implicada en el golpe ordenado por Manuel Contreras Sep�lveda, el jefe de la DINA chilena, hab�a interpretado un papel indirecto, pero muy significativo, en la ejecuci�n a trav�s de un convenio secreto con Contreras para adquirir un misil naval Exocet, de fabricaci�n francesa procedente de Chile.
El escuadr�n de la muerte no utiliz� al personal del Mossad para acabar con Letelier, pero s� se vali� ciertamente de sus conocimientos, que les hab�an sido ense�ados como parte del trato establecido con Contreras para facilitarles el misil.
En agosto de 1978 un alto tribunal federal norteamericano conden� a Contreras, junto con el director de operaciones de la DINA Pedro Espinoza Bravo, al agente de la DINA Armando Fernandez Lairos y a cuatro exiliados cubanos, miembros de una organizaci�n fan�tica anticastrista instalada de Estados Unidos. Todos ellos fueron acusados de asesinato.
La evidencia clave para el acta de acusaci�n de quince p�ginas, proced�a de Michael Vernon Towmley, de origen norteamericano, que se hab�a trasladado a chile con sus padres a los quince a�os, trabajando all� como mec�nico de autom�viles y siendo reclutado por la DINA. Vernon fue calificado de conspirador no condenable y colabor� con el procesamiento a cambio de una condena leve de tres a�os y cuatro meses. El r�gimen de Pinochet cedi� los chilenos a los fiscales norteamericanos -los exiliados cubanos escaparon, aunque uno de ellos ser�a arrestado el 11 de abril de 1990 cuando resid�a en St. Petersburg, en Florida-, pero Chile se neg� rotundamente a entregar a Contreras, el hombre que hab�a orquestado el asesinato de Letelier, que jam�s fue juzgado por el crimen, aunque en octubre de 1977 Pinochet le oblig� a dimitir a su cargo, con la intenci�n de mejorar la maltrecha imagen internacional de la junta militar.
Las organizaciones de inteligencia militar de Israel se reunen cada a�o para planear los pr�ximos acontecimientos, uno de los cuales es el encuentro de todas las agencias de inteligencia del pa�is, tanto militares como civiles, llamada Tsorech Yediot Hasuvor, o Tsiach para abreviar, que significaba sencillamente "informaci�n necesaria". En la reuni�n, los clientes de la informaci�n -por ejemplo AMAN, el gabinete del primer ministro, y las unidades de inteligencia militar- examinan la calidad de la informaci�n recibida durante el a�o precedente y las necesidades del a�o pr�ximo, seg�n su orden de importancia. El documento resultante de esas conversaciones se llama asimismo Tsiach y constituye una orden de compra al Mossad y a otros proveedores -por ejemplo, el cuerpo de inteligencia militar- de servicios durante el siguiente a�o.
Existen tres clases esenciales de proveedores del servicio secreto: Humant, o recolecci�n de inteligencia de la gente, tales como los katsas del Mossad que colaboran con sus distintos agentes; Elint, o se�ales tarea realizada por la Unidad 8200 del cuerpo de inteligencia militar israel�, y Signt, o recolecci�n de inteligencia de la masa corriente, tarea que mantiene a centenares de personas ocupadas en otra unidad militar especial.
En el Tsiach, los clientes no s�lo deciden lo que necesitan obtener por medio del servicio secreto, sino que califican a los agentes bas�ndose en su actuaci�n del a�o anterior. Todos los agentes tienen dos nombres clave, uno de operaciones y otro de informaci�n. Los informes de operaciones, archivados por los kastas del Mossad, no son vistos por los clientes del servicio secreto, quienes incluso desconocen su existencia. El dictamen de la informaci�n, dividido en varias categor�as, se env�a por separado.
Bas�ndose en tales dict�menes, los clientes del servicio secreto clasifican a los agentes de A a E. En realidad ning�n agente es catalogado como A, aunque los combatientes s� pueden alcanzar tal graduaci�n. Pero un B es una fuente digna de confianza, un C lo es m�s o menos, de un D se aceptar� su palabra con precauci�n y con un E no se deber� trabajar. Cada kasta conoce las graduaciones de sus agentes y tratar� de mejorarlas. Tal graduaci�n se establece durante un a�o y los agentes son retribuidos seg�n el escalaf�n que alcanzan. Si uno ha sido C durante un a�o y luego, por ejemplo , asciende a B, obtendr� una gratificaci�n.
Cuando los kastas realizan estos informes rellenan una peque�a casilla con dos recuadros en su parte superior. En la izquierda se indica la graduaci�n del agente y junto a �l se encuentra un n�mero que comienza con el 1, que significa que el propio agente oy� o vio el tema del que est� informando; 2 representa que oy� hablar de �l a alguien digno de confianza pero que, en realidad, no lo presenci� personalmente, y 3, que se enter� de ello por tercera mano, como un rumor. De ah� que un informe en el que figure un B-1 en su parte superior significa que contiene informaci�n de un agente excelente, que ha visto u o�do personalmente el acontecimiento.
Mientras que el jefe de inteligencia del ej�rcito es el decano del espionaje militar, cada rama de las fuerzas armadas israel�es cuenta con su propia unidad. Por consiguiente existe la inteligencia de infanter�a, de las fuerzas a�reas y de la marina. (Las dos primeras agrupadas actualmente como inteligencia de las fuerzas de tierra). El jefe del ej�rcito, formalmente denominado Fuerza de Defensa Israel� o FDI, es un teniente general que luce en su hombrera el distintivo de una espada atravesando una rama de olivo m�s dos hojas de higuera, o falafels.
A diferencia de Estados Unidos, que cuenta con fuerzas separadas, el FDI es b�sicamente un ej�rcito con diversas subdivisiones, tales como las fuerzas a�reas y navales. Los jefes de tales subdivisiones, gemerales de divisi�n, juran fidelidad a los s�mbolos de la espada y el olivo, pero s�lo a un falafel. Por debajo de ellos se hallan los generales de brigada, jefes de varias ramas de inteligencia militar. Otra categor�a inferior es la de coronel, la que yo pose�a cuando me incorpor� al Mossad siendo siendo promocionado a otra superior.
La importancia del servicio secreto para los israel�es se pone de relieve por el hecho de que el jefe del cuerpo de espionaje del ej�rcito ostenta la misma categor�a -general de divisi�n- que los almirantes, los jefes de las fuerzas a�reas, de las fuerzas de campo, de los batallones de tanques y del sistema judicial militar, mientras que el jefe de la inteligencia naval ostenta una categor�a inferior.
El jefe de AMAN, o inteligencia militar, disfruta de la misma categor�a que los restantes jefes de servicio, pero en la pr�ctica supera a todos los restantes oficiales del espionaje militar porque es directamente responsable ante el primer ministro en la cadena de mando. La diferencia entre AMAN y el cuerpo de inteligencia es que AMAN es el destinatario de la inteligencia, mientras de el cuerpo se encarga de recoger la informaci�n t�ctica del campo.
A fines de 1975 la inteligencia naval acudi� a la reuni�n anual de la inteligencia militar y anunci� su necesidad de conseguir un misil Exocet. El misil fabricado por la firma francesa Aerospatiale, se denomina skimmer mar�timo, proyectado desde un buque, se remonta hasta descubrir su objetivo a trav�s de un ingenio de la cabeza localizadora y luego desciende sobre el nivel de las aguas, resultando dif�cil de detectar con radar y tambi�n de defenderse de �l. El �nico modo de determinar un medio de defensa contra tal misil es someti�ndolo a prueba.
La preocupaci�n primordial de Israel era que algunos pa�ses �rabes, en particular Ejipto, estuvieran comprando Exosets. En el caso de que as� fuera, la marina deseaba estar preparada para ello. En realidad no necesitaban un misil completo para comprobarlo, �nicamente la cabeza, donde se hallaban localizados todos los sistemas electr�nicos.
Aquel que vendiera un misil no facilitar�a al comprador toda la informaci�n necesaria sobre �l. Tampoco lo comprobar�a desde el punto de vista de la defensa, unicamente desde el punto de vista del ataque. Y aunque se consiguiera una descripci�n de sus caracter�sticas de una firma como Aerospatiale, tan s�lo mostrar�a el m�ximo rendimiento del misil. �Despu�s de todo trataban de venderlo!
Tal era la raz�n por la que Israel deseaba contar con un ejemplar para comprobarlo, pero no pod�an adquirirlo abiertamente a los franceses. Francia ten�a prohibido vender armas a Israel. Muchos pa�ses as� lo hac�an porque sab�an que en el momento en el que Israel contase con ciertas armas las copiar�an.
La tarea de adquirir una cabeza de Exocet hab�a sido transmitida al jefe del Mossad quien, a su vez, hab�a ordenado al Tevel que atendiese la solicitud de la marina.
El Mossad dispon�a ya de considerable informaci�n sobre el misil, em parte gracias a un sayan que trabajaba en Aerospatiale y le hab�a transmitido detalles del mismo. Tambi�n hab�a realizado una peque�a operaci�n enviando a un equipo para que se introdujera suberpticiamente en una f�brica acompa�ando a un experto en misiles enviado desde Israel para tal fin. El hombre fue introducido en la f�brica "con entregas" y materiales y materiales que le fueron sometidos para que emitiera su experta opini�n. Su labor consist�a en decidir que deb�an fotografiar. El equipo pas� cuatro horas y media dentro de la f�brica, que abandon� seguidamente sin dejar huellas.
Pero pese a que se hab�an tomado fotograf�as del misil y de todos sus planos, era esencial contar con un modelo de trabajo. Los brit�nicos ten�an el misil pero no iban a cederle una unidad a Israel.
Europa era un callej�n sin salida para el proyecto, mas el Mossad sab�a que varios pa�ses sudamericanos dispon�an de Exocets. En realidad Argentina hubiese sido un excelente recurso, pero por entonces hab�a establecido un trato con ellos para la compra de motores a reacci�n fabricados en Israel, y el Mossad tem�a iniciar cualquier operaci�n que pudiera hacer peligrar tan lucrativo contrato.
Por consiguiente la mejor alternativa era Chile. Casualmente acababan de pasarles un pedido para que entrenasen a un servicio de seguridad dom�stico, algo en lo que es sobradamente conocida la especial esperiencia israel�. Aunque no pueda alardear abiertamente de ello, Israel ha entrenado a unidades tan diversas como el temible Savak iran� y a fuerzas de seguridad de Colombia, Argentina, Alemania occidental, Sud�frica y diversos pa�ses africanos, comprendida la antigua polic�a secreta del dictador ugand�s Idi Amin. Y asimismo hab�a preparado a la polic�a secreta del recientemente destituido hombre fuerte paname�o Manuel Noriega. En realidad, Noriega, que se hab�a entrenado personalmente en Israel, siempre luci� las alas de paracaidista en el lado derecho de su uniforme militar (que suelen llevarse en la izquierda). Y para demostrar lo indiscriminadamente de act�a el Mossad, entren� ambos bandos de los sangrientos disturbios civiles existentes en Sri Lanka: tamiles y cingaleses, as� como a los hind�es que fueron all� enviados para restablecer el orden.
Con el fin de mejorar la mala imagen internacional de la DINA chilena, Pinochet decidi� remodelar su servicio y a tal fin encarg� a su jefe, el general Manuel Contreras, que cuidara de los detalles.
Como Contreras ya hab�a contactado con Israel a este respecto, el entonces jefe de enlaces Nahum Admony pidi� a la subdivisi�n MALAT del departamento de enlaces que se encargase del asunto a petici�n de la marina, MALAT que cubr�a Am�rica Latina, era una divisi�n modesta que unicamente contaba con tres oficiales y un superior. Dos de los oficiales pasaban el tiempo viajando por Sudam�rica, tratando principalmente de entablar relaciones comerciales con Israel. Uno de ellos llamado Amir, se hallaba entonces en Bolivia vigilando la construcci�n de una f�brica que instalaba el industrial israel� Sa�l Eisenberg, un hombre tan poderoso que el gobierno israel� hab�a aprobado una ley especial concedi�ndole la exenci�n de los elevados impuestos en vigor, de modo que pudiera trasladar su cuartel general a Israel. Eisemberg se especializ� en lo que se calificaba de operaciones llaves en mano, la construcci�n de f�bricas y entrega posterior a sus propietarios de las llaves de un proyecto totalmente conclu�do.
En 1976 Eisenberg fue protagonista de un esc�ndalo pol�tico y de investigaci�n policial en Canad�, despu�s que seg�n el informe del auditor general federal reclam� el pago de por lo menos veinte millones de d�lares a �l y a sus diversas compa��as por sus gestiones como agente de la Atomic Energy of Canada Limited (AECL) en la venta del reactor nuclear CANDU a Argentina y a Corea del Sur. En aquella ocasi�n Lorne Grey, presidente de la AECL, acab� reconociendo que, "en Canad�, nadie sabe ad�nde ha ido a parar el dinero".
Antes de que Amir abandonara Colombia le fueron enviados todos los antecedentes a trav�s de la Embajada, lo que le proporcion� la mayor informaci�n posible acerca de aquel con quien iba a reunirse, su fortaleza y debilidades, todo cuanto el cuartel general cre�a que podr�a facilitar su trabajo. Sus vuelos, habitaci�n de hotel y todos los detalles necesarios le fueron reservados desde Tel-Aviv, incluso una botella del vino franc�s preferido de Contreras, cuya etiqueta figuraba consignada en el expediente inform�tico del Mossad.
Al mismo tiempo se le ordenaba que asistiera a una reuni�n en Santiago, pero sin establecer compromiso alguno.
El cuartel general de Tel-Aviv ya hab�a respondido a la petici�n chilena de entrenamiento de su polic�a secreta, dici�ndoles que enviar�an a Amir, un oficial administrativo, para que comentase el proyecto, pero eludiendo la sugerencia de cualquier tipo de compromiso. El prop�sito de la reuni�n, seg�n ellos, consist�a simplemente en efectuar una valoraci�n inicial.
Amir fue recibido en el aeropuerto de Santiago por un funcionario de la embajada israel� y conducido a su hotel, y al d�a siguiente se reuni� con Contreras y algunos miembros de su personal de confianza. Contreras revel� que contaba con cierta colaboraci�n de la CIA, pero que no cre�a que ellos pudieran facilitarles algunas cosas que necesitaban. B�sicamente deseaban entrenar a una unidad de su seguridad interna para que se encargara del terrorismo local -secuestros y atentados- y que asimismo protegiera a los dignatarios que visitaran el pa�s.
Tras la reuni�n, Amir vol� a Nueva York para visitar al jefe del departamento MALAT en una casa que el Mossad ten�a all� alquilada. (En realidad hab�a sido prestada a MALAT por otro departamento, Al, que trabaja exclusivamente en Estados Unidos y posee pisos francos en dicho pa�s, y por consiguiente era m�s seguro celebrar all� la reuni�n que enviar a otra persona en avi�n a Chile para llevar a cabo una entrevista).
Tras escuchar la detallada descripci�n que hizo Amir de la reuni�n el jefe coment�:
-Queremos obtener algo de esos tipos: prrimero les sonsacamos lo que podamos. Comenzaremos con un punto de partida y luego le daremos un giro y formularemos nuestra petici�n. Les entregaremos un cabo de la cuerda y tiraremos de ella.
Se decidi� que Amir volver�a a reunirse con Contreras para llegar a un acuerdo a fin de entrenar a la unidad de polic�a. Por entonces tales cursos de ense�anza se facilitaban tan s�lo en Israel. Posteriormente los instructores israel�es han sido enviados en ocasiones al extranjero, a Sud�frica y Sri Lanka, por ejemplo. Pero en 1975-1976 su pol�tica consist�a en que los aprendices fueran a su pa�s.
Los entrenamientos a�n se efect�an en una antigua base de las fuerzas a�reas brit�nicas al este de Tel-Aviv llamada Kfar Sirkin, que Israel utilizaba en otro tiempo como centro de entrenamiento de oficiales y m�s tarde se convirti� en sede de servicios especiales, principalmente utilizada para el entrenamiento de servicios extranjeros.
Los cursos sol�an durar entre seis semanas y tres meses, seg�n el alcance de la ense�anza requerida. Y era costosa. Israel cargaba unos honorarios del orden de cincuenta y setenta y cinco d�lares por aprendiz, m�s otros cien diarios como honorarios de los instructores. (Como es natural, �stos no percib�an nada de aquella suma. Incluso ten�an que improvisar con su paga regular del ej�rcito.) Tambi�n cargaban de treinta a cincuenta d�lares diarios a cada recluta por alimentaci�n, y unos cincuenta diarios por concepto de armas, municiones y dem�s. Por consiguiente, una unidad de sesenta reclutas costar�a unos trescientos d�lares diarios cada uno, lo que representaba un total de dieciocho mil. Para un curso de tres meses, resultar�a aproximadamente un mill�n setecientos mil d�lares.
Y por a�adidura, se cargaban de cinco mil a seis mil d�lares por cada hora de alquiler de helic�pteros, de los cuales, en un ejercicio de entrenamiento, pod�an utilizarse hasta quince. A ello debe sumarse el coste de la munici�n especial que se empleaba para las pr�cticas: por ejemplo, un proyectil bazooka costaba unos docientos veinte d�lares la unidad, mientras que los morteros pesados resultaban a unos mil d�lares cada uno; los antia�reos, algunos hasta con ocho ca�ones y que pod�an disparar miles de balas en pocos segundos, entre treinta y cuarenta d�lares el proyectil.
Eran beneficios netos. Con tales operaciones de entrenamiento se consegu�a much�simo dinero a�n antes de vender arma alguna. Luego como es natural, puesto que aquella gente hab�a sido entrenada utilizando armamento israel�, cuando regresaban a su patria deseaban adquirir aquellas armas y sus municiones para llev�rselas consigo.
Amir dijo a Contreras que escogiera sesenta de sus mejores hombres para el programa de entrenamiento. El comando se establecer�a en tres niveles: soldados, sargentos y comandantes, con m�todos especiales de entrenamiento a cada nivel. Tres grupos de veinte recibir�an instrucci�n b�sica. Aparte de ello, los veinte mejores seguir�an ejercit�ndose para cargos superiores y de aquel grupo saldr�an los sargentos y los altos mandos.
Cuando Amir hubo transmitido toda la propuesta a Contreras, el chileno repuso sin vacilaci�n:
-As� lo haremos.
Asimismo deseaba comprar todo el equipo que sus hombres utilizar�an en sus pr�cticas y pidi� que se instalaran una peque�a f�brica o dep�sito que bastara para seis a�os de suministro de municiones y piezas de recambio.
Una vez se hubo decidido adquirir la totalidad, el chileno comenz� a regatear el precio, llegando a ofrecer en cierto momento a Amir setenta mil d�lares como soborno para reducirlo. Pero Amir rechaz� la propuesta y Contreras acept� finalmete el precio asignado.
Poco antes de que concluyese la fase del programa de entrenamiento b�sico, Amir regres� a Santiago para entrevistarse con el chileno.
-El entrenamiento ha ido muy bien -le diijo-. Estamos a punto de escoger a los hombres destinados al entrenamiento del cursillo para sargentos. Han sido excelentes. S�lo hemos tenido que desechar a dos de ellos.
Contreras, que hab�a escogido minuciosamente a aquellos hombres, qued� muy complacido.
Tras comentar un rato el programa, Amir dijo finalmente:
-Ver�, necesitar�amos algo grande de usttedes.
-De qu� se trara? -se interes� el interllocutor.
La cabeza de un misil Exocet.
-Eso no representa ning�n problema -repuuso Contreras- Permanezca en su hotel un par de d�as mientras hago algunas gestiones y ya me pondr� en contacto con usted.
Dos d�as despu�s el chileno invit� a Amir a reunirse con �l.
-No se lo entregar�n -dijo- Lo he pedidoo pero no me han dado su aprobaci�n.
-Pues nos es muy necesario -insisti� Amiir-. Les hemos hecho un favor entrenando a sus hombres. Confiamos que usted podr� ayudarnos ahora que le necesitamos.
-Ver� -repuso Contreras-, tratar� de connseguirlo personalmente, prescindiendo de lo canales oficiales. Usted un mill�n de d�lares en efectivo y yo se lo facilito.
-Tendr� que conseguir aprobaci�n para elllo -dijo Amir.
-H�galo as�. Ya sabe d�nde encontrarme --repuso Contreras.
Amir llam� a su superior en Nueva York y le explic� la propuesta que hab�a recibido. Sab�an que el general estaba en condiciones de entregarlo, pero el jefe de la divisi�n tampoco pod�a comprometerse por su cuenta, de modo que llam� a Admony, en Tel-Aviv, y el Mossad, a su vez pregunt� a la inteligencia naval si la marina estaba dispuesta a pagar un mill�n de d�lares por el misil: as� fue en efecto.
-Trato hecho -dijo Amir a Contreras.
-Magn�fico. Tr�igame a un hombre que seppa lo que necesitamos y visitaremos una de nuestras bases navales. Entonces podr� mostrarme exactamente lo que desean y lo cogeremos.
Enviaron a un experto de Bamtam, industria israel� productora de misiles de Atlit, una ciudad al sur de Haifa donde se realizaba el Gabriel. Como deseaban un elemento que funcionara de verdad, insisti� en que le entregasen inmediatamente uno instalado en un buque, una cabeza activa. De aquel modo estar�an seguros de que no eran enga�ados con un elemento falso o que estuviese pendiente de reparaci�n y que por consiguiente no funcionase.
Siguiendo las �rdenes del general, el misil fue descargado del barco y colocado en un remolque. Los israel�es ya hab�an pagado, por anticipado, un mill�n de d�lares por �l.
-�Es eso lo que usted quiere? -pregunt� Contreras. Cuando el oficial israel� hubo examinado el misil, Amir respondi�:
Si, lo es.
-Bien -repuso Contreras-. Ahora vamos a embalarlo, asegurarlo bien con cables y abrazaderas y conducirlo a un lugar de Santiago. O puede guard�rselo usted si lo prefiere. Pero antes de llev�rselo quiero una cosa.
-�Qu�? -pregunt� Amir algo preocupado-. Hicimos un trato y hemos cumplido nuestra parte del mismo.
-Y as� lo har� yo -dijo el chileno-. Perro primero llame a su jefe y d�gale que deseo hablar con �l.
-No es necesario. Podemos entendernos noosotros mismos.
-No, d�gale a su jefe que deseo que vengga: quiero hablar con �l directamente.
A Amir no le qued� otra opci�n. Era evidente que Contreras comprend�a que �l era relativamente joven y le estaba presionando para conseguir la mayor ventaja posible. Desde su habitaci�n del hotel llam� a su superior en Nueva York, quien a su vez se puso en contacto con Admony en Tel-Aviv para darle cuenta de la situaci�n. Aquel mismo d�a Admony emprend�a el vuelo a Santiago para entrevistarse con el general chileno.
-Deseo que me ayude a formar un cuerpo dde seguridad personal -le dijo Contreras.
-Ya lo estamos haciendo -repuso Admony. Y sus hombres est�n dando un excelente resultado.
"No, no me ha comprendido. Deseo contar con unas fuerzas que puedan ayudarme a eliminar adversarios, doquiera que est�n. Al igual que hacen ustedes con la OLP. No todos nuestros enemigos se hallan en Chile. Queremos ser capaces de alcanzar a aquellos que constituyen una amenaza directa para nosotros. Existen grupos terroristas que nos est�n amenazando, al igual que hay grupos que los amenazan a ustedes. Deseamos estar en condiciones de eliminarlos."
"Ahora bien, sabemos que hay dos modos de conseguirlo. Convendr� conmigo en que cuando se suscita un problema, sus hombres hacen el trabajo. Sabemos, por ejemplo, que Taiwan les pidi� que realizaran ustedes ese servicio y se negaron."
"Preferimos usar a nuestros propios hombres, que entrenen a un grupo de los nuestros para que sepan c�mo enfrentarse a las amenazas terroristas que recibimos del extranjero. Si lo hacen as� el misil ser� suyo."
Aquel nuevo giro de los acontecimientos constituy� una desagradable sorpresa tanto para Admony como para Amir. Dada la naturaleza de la cuesti�n, Admony respondi� a Contreras que ten�a que obtener autorizaci�n de sus superiores para poder comprometerse.
Con tal fin, regres� a Tel-Aviv para celebrar una reuni�n de alto nivel en el cuartel general del Mossad. �stos se irritaron al ver que Contreras hab�a a�adido una cl�usula adicional al trato. Concluyeron que era preciso tomar una decisi�n pol�tica, no de seguridad: que el gobierno tendr�a que decretar si se le daba lo que deseaba o se renunciaba a todo el proyecto.
El gobierno por su parte, tampoco quer�a verse involucrado en semejante trato, por lo que su decisi�n fue algo parecido a: "preferimos no darnos por enterados de tales hechos".
Hubo que contratar a un particular para concluir el negocio. Para ello escogieron a Mike Harari, jefe de una importante agencia de seguros israel�, el recientemente retirado jefe del departamento del Mossad, responsable del desdichado asunto de Lillehammer. Harari era uno de los m�s influyentes consejeros del dictador Manuel Noriega, tambi�n hab�a contribuido a entrenar a la unidad paname�a antiterrorista K-7.
Adem�s de las atribuciones que se le otorgaron para llegar a un acuerdo con el general chileno, Harari entr� asimismo en sociedad directa con una importante empresa naviera, lo que constituir�a un medio perfecto para transportar segura y secretamente la cabeza del misil a Israel.
En su calidad de oficial del Mossad, Harari hab�a sido jefe del Metsada, el departamento que ten�a a su cargo a los combatientes, y de su subunidad, el kidon, y ten�a instrucciones de comunicar a Contreras que ense�ar�a a su unidad especial todo cuanto supiera. Aunque desde luego no se tratar�a de todo -necesitaba la aprobaci�n del Mossad para las pr�cticas que impart�a y ellos prefer�an reservarse algunas t�cnicas para s�-, ciertamente los instruy� lo necesario para que pudieran organizar un ataque contra sus enemigos, reales o imaginarios, en el extranjero. El pago por tal adiestramiento deb�a serle enviado directamente desde un fondo destinado a fines poco definidos que administraba la DINA.
Ese grupo especial estaba formado por hombres de Contreras. No se trataba en modo alguno de una unidad oficial. �l los hab�a escogido y los retribu�a y trabajar�an para �l. Tal vez se excediesen de cuanto les hab�an ense�ado en sus sistemas de interrogaci�n, pero no cabe duda de que consigui� que le entrenaran aquella unidad especial y que Israel obtuvo su Exocet. Harari los adiestr� en t�cnicas de tortura a base de descargas el�ctricas y acerca de cuales eran los puntos m�s sensibles y de presi�n y el tiempo de resistencia. El objetivo m�s importante de los interrogatorios es conseguir informaci�n, pero los chilenos dieron a todo ello un giro especial. Parec�a agradarles aquella actividad en s� misma y sol�an practicarla incluso con otros fines: sencillamente disfrutaban inflingiendo da�o.
Sin embargo, aquel d�a h�medo de setiembre de 1976 en que Letelier enprender�a su viaje final, nadie abrigaba la menor sospecha de que su asesino hubiera sido entrenado por el Mossad: jam�s lleg� a establecerse tal relaci�n. Y asimismo todos ignoraban que Israel tuviera el Exocet.
Los israel�es comprobaron la cabeza del misil insert�ndolo en la parte inferior de un reactor Phantom, conectando todas sus salidas a una serie de sensores que pod�an ser descifrados bajo diversas condiciones, y efectuaron r�pidas pasadas en vuelos simulados. Comprobaron su detectaci�n por radar, c�mo pod�a ser rastreado por barco y el funcionamiento de su telemetr�a. El proceso de verificaci�n cost� cuatro meses y fue realizado por reactores que despegaban de la base a�rea de Hatsrim, pr�xima a Beersheba.
La historia completa se encuentra publicada en el libro: "Confesiones de un desertor" Editorial Planeta
T�tulo en ingl�s: "By vay of deception" Stoddart Publishing, Toronto, Ontario.
Autor: V�ctor J. Ostrovsky