el proceso de
desarrollo, así como en la cantidad y naturaleza de los recursos del cual
éste
dispone en el
marco de un régimen democrático, hace de la organización estatal un
amortiguador y
atenuante de conflictos sociales frente a las luchas redistributivas
o
demandas frente
al sistema
político.
¿Sobre que
ejes funcionó la democracia bipartidista?
Estos tres rasgos
presentados, indudablemente se sustentó en un eje de base que ha
puesto
en función los
diversos componentes del sistema, se trata de la
renta petrolera. Es necesario
recordar que la
economía venezolana presentó en la décadas de los 60 y 70 la
singularidad
de un proceso de
modernización muy rápida, que se apoyó no sobre la ganancia
productiva
de los recursos
excedentarios engendrados al interior de su propia actividad productiva,
sino
sobre el uso de
una renta internacional. Por consecuencia, es solamente por el
carácter
estatal de la
renta en su origen que se realiza su distribución en el seno del país con el
objeto
del crecimiento
nacional. Dicho de otra manera, la distribución del producto no es más que
el
proceso de
transferencia en manos privadas de la renta petrolera del Estado. Se
constató
entonces que la
decisión sobre la distribución de la renta pública petrolera es,
por
consiguiente, un
asunto de participación política. Desde entonces, quien obtiene el
poder
sobre el Estado
venezolano, obtiene la capacidad de decidir sobre la distribución del
ingreso
más importante de
la economía. Por eso, en la historia contemporánea de Venezuela,
política y
petróleo (recepción y distribución de la renta), fueron y siguen yendo de la
mano
(Arturo Sosa,
1991).
De esta manera,
tres mecanismos podemos precisar a través de los cuales pasó el
proceso
de transferencia
de la distribución de la renta al conjunto de la sociedad, con el objeto
de
mantener el
equilibrio socio-político (Baptista, Asdrubal, 1989). Este proceso, demás
está
decirlo,
significó la creación de un conflicto que movió las bases morales del mundo
político,
social, económico
y militar venezolano: la relación ética – política. En primer lugar, se
puede
mencionar el
Gasto Público. Durante toda la historia petrolera del país, el Estado se
valió del
negocio petrolero
para llevar a cabo la modernización. Este proceso permitió establecer
una
infraestructura
administrativa que engendró un gasto corriente muy fuerte, una
infraestructura
física e
inversiones productivas (inversiones públicas), así como la transferencia de
recursos
fiscales a
diversos sectores, fundamentalmente al empresariado privado nacional, a
través
de los préstamos,
subsidios y exoneraciones. No es casual, por consiguiente, el que el
sector
privado se haya
convertido en uno de los obstáculos más visibles en el proceso de
apertura
económica que de
una u otra manera, con avances y retrocesos, inició el país en la mitad
de
la década de los
80.
El segundo
mecanismo fue el de la sobrevaluación de la moneda (bolivar) y de la libertad
de
cambio.
Este mecanismo permitió subsidiar la compra de moneda extranjera,
fundamentalmente
la divisa americana ($ US), así como la adquisición de bienes y
servicios
del extranjero
para reforzar la industrialización del país. También sirvió de base
este
mecanismo para
que un grueso de la población cayera en las redes del consumismo
“ta
barato, dame dos”
del estado de Florida, Miami, en USA.
El último eje de
funcionamiento lo representa la baja contribución de los impuestos
exigidos
por el Estado a
las personas físicas y morales. Es decir, el Estado se encargó de
recoger
impuestos cuyo
componente fundamental fue la renta petrolera, renta por supuesto,
engendrada fuera
del proceso productivo. Así, cuando el Estado realiza sus gastos, de
los