Garion fue abandonado por sus padres nada más nacer, en una gran ciudad habitada principalmente por humanos. Después de pasar por varias iglesias, donde fue rechazado por ser elfo (en concreto, por ser religiones de creencias humanas y por la duración excesiva de su crecimiento en comparación con los demás niños), Garion entró con 2 años en uno de los pocos orfanatos existentes. Allí coincidió con Deryl, un profesor semielfo que visitaba el centro una estación al año y que tenía especial aprecio por Garion. Con 52 años y una década después de la última visita de Deryl, la situación de Garion en el orfanato se volvió casi insostenible. Aunque seguía siendo un niño para los elfos, 52 años era demasiado tiempo de estancia y la continua marginación que sufría y el hecho de no tener a Deryl para defenderle condujo a la dirección del centro a patrocinar un viaje en busca de algún poblado élfico donde se pudiera quedar. Tras varios años de difícil adaptación, Garion decide abandonar los bosques para ayudar al comerciante Talhis a vender los excedentes de producción del pueblo por ciudades vecinas. Con 88 años, Garion contempla como un grupo de orcos mata a Talhis antes de robarle su mercancía. Los elfos que le acogieron le acusan de cobarde por esconderse y lo destierran a una ciudad cercana como representante de su pueblo. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que los gobernantes se cansen de tener que tratar de forma distinguida a un niño elfo y lo expulsan de la ciudad. Desde entonces, Garion ha estado sobreviviendo como ha podido, ingeniándoselas mejor en las ciudades que en campo abierto. Su sueño es formar la familia que nunca ha tenido y poder vivir de forma tranquila; y para ello deberá cambiar y buscar trabajos con mejores posibilidades y pago, y como no, también más arriesgados. |