Desde
muy pequeño, Efraín Eleazar demostró en la escuela de magia ser
poseedor de grandes cualidades para las artes arcanas. En Halruéi, su
país natal, era examinado cada uno de los niños para observar si
disponían de buenas cualidades para el Arte. Efraín fue uno de esos
llamados niños prodigio, su mente era capaz de memorizar más del doble
de conjuros que el más aventajado de sus compañeros. Esto hizo a sus
maestros centrar su atención en él. A muy temprana edad, se le obligó a
elegir la senda de la fe de los dioses de la magia, algo que a Efraín
no le entusiasmaba.
En una sociedad tan
envuelta por la magia como la de Halruéi, Efraín no encajaba. Le
incomodaba la distinción que se hacía entre los usuarios de la magia y
los no magos, no le gustaba estar sujeto a las normas de su escuela, le
gustaba avanzar en sus estudios sin la necesidad de nadie que le
marcara una pauta de conducta o aprendizaje y esto provocó un terrible
incidente: Efraín que estaba prácticamente recluido en la escuela de
magia, fue sorprendido fuera de sus aposentos, en un lugar prohibido
para novicios, el ala de la nigromancia. Se encontraba estudiando un
conjuro de la citada escuela ya que la curiosidad y el ansia de
aprender nuevos conjuros del joven estudiante era implacable. Sus
maestros, le ofrecieron dos posibilidades, abandonar la senda de la
nigromancia convirtiéndose en un conjurador especialista o bien
abandonar la escuela. El joven aprendiz no se inmutó ante la propuesta
de sus maestros y optó por abandonar la escuela. No tenía a dónde ir,
se había separado de sus padres, a los cuales no les tenía especial
aprecio, cuando era muy joven y ahora quería desarrollar su potencial
lejos de una sociedad muy marcada por la hipocresía y las leyes de la
magia.
Efraín se marchó, pagó el pasaje de
uno de los barcos voladores muy habituales en sus tierras y viajó al
norte a las Tierras Centrales Occidentales. El joven veneraba con gran
admiración a los usuarios de la magia más controvertidos como Hálaster,
son sus metas estudiar con detalle las obras de los magos de todos los
confines del continente y algún día convertirse en un respetado
archimago para así volver a su país natal demostrando que las leyes de
la magia no son imprescindibles para alcanzar un gran poder.
Estas
metas quedan todavía muy lejos, Efraín necesita tiempo para alcanzar un
mayor conocimiento de la magia y probablemente necesita aliados con los
que compartir sus objetivos.
Cuando llegó a
las Tierras de los Valles, conoció casi por casualidad a una semiorca
del Norte llamada Tessela. Efraín se percató enseguida de que la
bárbara poseía las cualidades de las que él carecía: rabia, fuerza,
maestría en el combate. Pronto vio la posibilidad de unir sus fuerzas,
él sería el estratega y ella el brazo ejecutor. Su nueva compañera era
incapaz de pronunciar el nombre de Efraín Eleazar por lo que el mago,
que tampoco gustaba de ese nombre, le ofreció la posibilidad de
llamarle por su nombre en el idioma de los Orcos: Akrurk, tanto fue así
que al poco tiempo, incluso Efraín había olvidado su verdadero nombre.
A
pesar de guardar un gran respeto por la semiorca, el mago ocultaba
muchos secretos, sabía que tarde o temprano sus objetivos se
distanciarían de los de Tessela pero por el momento su compañía era muy
necesaria. Ambos viajaron hasta el Valle Alto, donde comenzaron su
carrera de aventureros.