La Gran Rebelion
SAMAEL AUN WEOR
�NDICE
CAPITULO 1 ........... LA VIDA.
CAPITULO 2 ........... LA CRUDA REALIDAD DE LOS HECHOS.
CAPITULO 3 ........... LAS FELICIDAD.
CAPITULO 4 ........... LA LIBERTAD.
CAPITULO 5 ........... LA LEY DEL PENDULO.
CAPITULO 6 ........... CONCEPTO Y REALIDAD.
CAPITULO 7 ........... LA DIALECTICA DE LA CONCIENCIA.
CAPITULO 8 ........... LA JERGA CIENTIFICISTA.
CAPITULO 9 ........... EL ANTICRISTO.
CAPITULO 10 ......... EL YO SICOLOGICO.
CAPITULO 11 ......... LAS TINIEBLAS.
CAPITULO 12 ......... LAS TRES MENTES.
CAPITULO 13 ......... MEMORIA TRABAJO.
CAPITULO 14 ......... COMPRENSION CREADORA.
CAPITULO 15 ......... EL KUNDALINI.
CAPITULO 16 ......... NORMAS INTELECTUALES.
CAPITULO 17 ......... EL CUCHILLO DE LA CONCIENCIA.
CAPITULO 18 ......... EL PAIS PSICOLOGICO.
CAPITULO 19 ......... LAS DROGAS.
CAPITULO 20 ......... INQUIETUDES.
CAPITULO 21 ......... MEDITACION.
CAPITULO 22 ......... RETORNO Y RECURRENCIA.
CAPITULO 23 ......... EL CRISTO INTIMO.
CAPITULO 24 ......... TRABAJO CRISTICO.
CAPITULO 25 ......... EL DIFICIL CAMINO.
CAPITULO 26 ......... LOS TRES TRAIDORES.
CAPITULO 27 ......... LOS YOES CAUSA.
CAPITULO 28 ......... EL SUPER HOMBRE.
CAPITULO 29 ......... EL SANTO GRIAL.
Capitulo 1
Aunque parezca incre�ble, es muy cierto y de toda verdad, que esta tan cacareada civilizaci�n moderna es espantosamente fea, no re�ne las caracter�sticas trascendentales del sentido est�tico, esta desprovista de belleza interior.
Es mucho lo que presumimos con esos horripilantes edificios de siempre, que parecen verdaderas ratoneras.
El mundo se ha vuelto tremendamente aburridor, las mismas calles de siempre y las viviendas horripilantes por doquier.
Todo esto se ha tornado cans�n, en el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste del mundo.
Es el mismo uniforme de siempre: horripilante, nauseabundo, est�ril. �Modernismo!, exclaman las multitudes.
Parecemos verdaderos pavos vanidosos con el traje que cargamos y con los zapatos muy brillantes, aunque por aqu�, por all� y acull� circulen millones de infelices hambrientos, desnutridos, miserables.
La sencillez y belleza natural, espont�nea, ingenua, desprovista de artificios y pinturas vanidosas, ha desaparecido en el sexo femenino. Ahora somos modernos, as� es la vida.
Las gentes se han vuelto espantosamente crueles: la caridad se ha resfriado, ya nadie se apiada de nadie.
Las vitrinas o aparadores de los lujosos almacenes resplandecen con lujosas mercader�as que definitivamente est�n fuera del alcance de los infelices.
Lo �nico que pueden hacer los parias de la vida es contemplar sedas y joyas, perfumes de lujosos frascos y paraguas para los aguaceros; ver si poder tocar, suplicio semejante a los del T�ntalo.
Las gentes de estos tiempos modernos se han tornado demasiados groseras; el perfume de la amistad y la fragancia de la sinceridad han desaparecido radicalmente.
Gimen las muchedumbres sobrecargadas de impuestos; todo el mundo esta en problemas, nos deben y debemos; nos enjuician y no tenemos con que pagar, las preocupaciones despedazan cerebros, nadie vive tranquilo...
Los bur�cratas con la curva de la felicidad en sus vientres y un buen cigarro en la boca, en el que psicol�gicamente se apoyan, juegan malabares pol�ticos con la mente sin importarles un comino el dolor de los pueblos.
Nadie es feliz por estos tiempos y menos la clase media, esta se encuentra entre la espada y la pared.
Ricos y mendigos, creyentes y descre�dos, comerciantes y mendigos, zapateros y hojalateros, viven porque tienen que vivir, ahogan en vino sus torturas y hasta se convierten en drogadictos para escapar de si mismos.
Las gentes se tornaron maliciosas, recelosas, desconfiadas, astutas, perversas; ya nadie cree en nadie; se inventan diariamente nuevas condiciones, certificados, cortapisas de todo g�nero, documentos, credenciales, etc., y de todas maneras nada de eso sirve ya, los astutos se burlan de todas estas tonter�as; no pagan, esquivan la ley aunque les toque ir con sus huesos a la c�rcel.
Ning�n empleo da felicidad; el sentido del verdadero amor se ha perdido y las gentes se casan hoy y se divorcian ma�ana.
La unidad de los hogares se ha perdido lamentablemente, la verg�enza org�nica ya no existe, el Lesbianismo y el Homosexualismo se han vuelto mas comunes que lavarse las manos.
Saber algo sobre todo esto, tratar de conocer la causa de tanta podredumbre, inquirir, buscar, es ciertamente lo que nos proponemos en este libro.
Estoy hablando en el lenguaje de la vida pr�ctica, deseoso de saber que es lo que se esconde tras esa m�scara horripilante de la existencia.
Estoy pensando en voz alta y que digan los bribones del intelecto lo que les venga en gana.
Las teor�as ya se volvieron cansonas y hasta se venden y revenden en le mercado... �Entonces que?
Las teor�as solo sirven para ocacionarnos preocupaciones y amargarnos mas la vida.
Con justa raz�n dijo GOETHE: <<Toda teor�a es gris y s�lo es verde el �rbol de doradas frutos que es la vida>>...
Ya las pobres gentes se cansaron con tantas teor�as, ahora se habla mucho sobre practicismo, necesitamos ser pr�cticos y conocer realmente las causas de nuestros sufrimientos.
Capitulo 2
LA CRUDA REALIDAD DE LOS HECHOS
Pronto millones de habitantes de Africa, Asia y Am�rica Latina pueden morir de hambre.
El gas que arrojan los "sprays" pueden acabar radicalmente con el Ozono de la atm�sfera terrestre.
Algunos sabios pronostican que para el a�o dos mil se agotar� el subsuelo de nuestro globo terr�queo.
Las especies mar�timas est�n muriendo debido a la contaminaci�n de los mares, esto ya esta demostrado.
Incuestionablemente al paso que vamos para finales de este siglo, todos los habitantes de las grandes ciudades deber�n usar mascaras de oxigeno para defenderse del humo.
De continuar la contaminaci�n en su forma alarmante actual, antes de poco tiempo ya no ser� posible comer peces, estos �ltimos viviendo en agua as�, totalmente contaminada, ser�n peligrosos para la salud.
Antes del a�o dos mil ser� casi imposible encontrar una playa donde uno pueda ba�arse con agua pura.
Debido al desmedido consumo y explotaci�n del suelo y subsuelo, pronto las tierras ya no podr�n producir los elementos agr�colas necesarios para la alimentaci�n de las gentes.
El "Animal intelectual", equivocadamente llamado hombre, al contaminar los mares con tanta inmundicia, envenenar el aire con el humo de los autom�viles y de sus fabricas y destruir la Tierra son sus explosiones at�micas subterr�neas y abuso de elementos perjudiciales para la corteza terrestre, es claro que ha sometido al Planeta Tierra, a una larga y espantosa agon�a que indubitablemente habr� de concluir con una Gran Cat�strofe.
Dif�cilmente el mundo podr� cruzar el umbral del a�o dos mil, ya que el "Animal Intelectual" esta destruyendo el ambiente natural a mil por hora.
El "Mam�fero Racional", equivocadamente llamado hombre, esta empe�ado en destruir la Tierra, quiere hacerla inhabitable, y es obvio que lo est� logrando.
En cuanto a mares se refiere, es ostensible que estos han sido convertidos por todas las naciones en una especie de Gran Basurero.
El setenta por ciento de toda la basura del mundo esta yendo a cada uno de los mares.
Enormes cantidades de petr�leo, insecticidas de toda clase, m�ltiples sustancias qu�micas, gases venenosos, gases neurot�xicos, detergentes, etc., est�n aniquilando a todas las especies vivientes del oc�ano.
Las aves mar�timas y el Plancton tan indispensable para la vida, esta siendo destruido.
Incuestionablemente la aniquilaci�n del Plancton marino es de una gravedad incalculable porque este microorganismo produce el setenta por ciento del oxigeno terrestre.
Mediante la investigaci�n cient�fica se ha podido verificar que ya ciertas partes del Atl�ntico y del Pacifico se encuentran contaminadas con residuos radioactivos, producto de las explosiones at�micas.
En distintas metr�polis del mundo y especialmente en Europa, el agua dulce se bebe, se elimina, se depura y luego se bebe nuevamente.
En las grandes ciudades "Super Civilizadas", el agua que se sirve a las mesas pasa por los organismos humanos muchas veces.
En la ciudad de C�cuta, frontera con Venezuela, Rep�blica de Colombia, Sur Am�rica, los habitantes se ven obligados a beber las aguas negras e inmundas del r�o que carga con todas las porquer�as que vienen de Pamplona.
Quiero referirme en forma enf�tica al r�o Pamplonita que tan nefasto ha sido para la "Perla del Norte" (C�cuta).
Afortunadamente existe ahora otro acueducto mas que abastece a la ciudad, sin que por ello se deje de beber las aguas negras del r�o Pamplonita.
Enormes filtros, gigantescas m�quinas, substancias qu�micas, tratan de purificar las aguas negras de las grandes ciudades de Europa, mas las epidemias contin�an propag�ndose con esas aguas negras inmundas que tantas veces han pasado por los organismos humanos.
Los famosos bacteri�logos han encontrado en el agua potable de las grandes capitales, toda clase de: virus, colibacilos, pat�genos, bacterias de Tuberculosis, Tifus, Viruela, larvas, etc.
Aunque parezca incre�ble dentro de las mismas plantas potabilizadoras de pa�ses europeos, se ha hallado virus de la vacuna de la Poliomielitis
Adem�s el desperdicio de agua es espantoso: cient�ficos modernos afirman que para el a�o 1990 el "Humanoide Racional" morir� de sed. .
Lo peor de todo esto es que las reservas subterr�neas de agua dulce, se encuentran en peligro debido a los abusos del "Animal Intelectual".
La explotaci�n sin misericordia de los pozos de petr�leo, continua siendo fatal. El petr�leo que se extrae del interior de la tierra, atraviesa las aguas subterr�neas y las contamina.
Como consecuencia de esto, el petr�leo ha hecho impotables las aguas subterr�neas de la Tierra durante mas de un siglo.
Obviamente como resultado de todo esto, mueren los vegetales y hasta multitud de personas.
Hablemos ahora un poco sobre el aire que tan indispensable es para la vida de las criaturas...
Con cada aspiraci�n e inhalaci�n, los pulmones toman medio litro de aire o sea, unos doce metros c�bicos al d�a, multipl�quese dicha cantidad por los cuatro mil quinientos millones de habitantes que posee la Tierra y entonces tendremos la cantidad exacta de oxigeno que diariamente consume la humanidad entera, sin contar con el que consumen todas las otra criaturas animales que pueblan la faz de la Tierra.
La totalidad el oxigeno que inhalamos, se encuentra en la atm�sfera y se debe al Plancton que ahora estamos destruyendo con la contaminaci�n y tambi�n a la actividad fotosint�tica de los vegetales. Desgraciadamente las reservas de ox�geno ya se est�n agotando.
El "Mam�fero Racional" equivocadamente llamado hombre, mediante sus innumerables industrias esta disminuyendo en forma continua la cantidad de radiaci�n solar, tan necesaria e indispensable para la Fotos�ntesis, y es por eso que la cantidad de oxigeno que producen actualmente las plantas, es ahora much�simo menos que en el siglo pasado.
Lo mas grave de toda esta tragedia mundial es que el <<Animal Intelectual>>, continua contaminando los mares, destruyendo el Plancton y acabando con la vegetaci�n.
El "Animal Racional", prosigue destruyendo lamentablemente sus fuentes de oxigeno.
El "Smog", que el "Humanoide Racional" esta constantemente expulsando al aire, adem�s de matar pone en peligro la vida el Planeta Tierra.
El "Smog"" no solo esta aniquilando las reservas de oxigeno, sino adem�s esta matando a las gentes.
El "Smog" origina extra�as y peligrosas enfermedades imposibles de curar, esto ya esta demostrado.
El "Smog" impide la entrada de la luz solar y de los rayos ultravioletas, originando por ello, graves desordenes en la atm�sfera.
Viene una era de alteraciones clim�ticas, glaciaciones, avance de los hielos polares hacia el ecuador, ciclones espantosos, terremotos, etc.
Debido no al uso, sino al abuso de la energ�a el�ctrica en el a�o dos mil, habr� mas calor en algunas regiones del Planeta Tierra y esto coadyuvara en el proceso de la revoluci�n de los ejes de la Tierra.
Ya pronto los polos quedaran constituidos en el ecuador de la Tierra, y este �ltimo se convertir� en polos.
Deshielos de los polos han comenzado y un nuevo Diluvio Universal precedido por el fuego se avecina.
En los pr�ximos decenios se multiplicar� el "di�xido de carbono", entonces este elemento qu�mico formar� una gruesa capa en la atm�sfera de la Tierra.
Tal filtro o capa, absorber� lamentablemente la radiaci�n t�rmica y actuar� como un invernadero de las fatalidades.
El clima de la Tierra se har� mas caliente en muchos lugares y el calor har� fundir el hielo de los polos, subiendo por tal motivo el nivel de los oc�anos escandalosamente.
La situaci�n es grav�sima, el suelo f�rtil esta desapareciendo y diariamente nacen doscientas mil personas que necesitan alimento.
La cat�strofe mundial de hambre que se avecina, ser� ciertamente pavorosa; esto ya esta alas puertas.
Actualmente est�n muriendo cuarenta millones de personas anualmente por hambre, por falta de comida.
La criminal industrializaci�n de los bosques y la explotaci�n despiadada de minas y petr�leo est�n dejando a la tierra convertida en un desierto.
Si bien es cierto que la energ�a nuclear es mortal para la humanidad, no es menos cierto que actualmente existen tambi�n, "Rayos de Muerte", "Bombas Microbianas" y muchos otros elementos terriblemente destructivos, malignos, inventados por los cient�ficos.
Incuestionablemente para conseguir la energ�a nuclear se requiere de grandes cantidades de calor dif�ciles de controlar y que en cualquier momento pueden originar una cat�strofe.
Para lograr la energ�a nuclear, se requiere de enormes cantidades de minerales radiactivos, de los cuales se aprovecha un treinta por ciento, esto hace que el subsuelo terr�queo se agote r�pidamente.
Los desperdicios at�micos que quedan en el subsuelo resultan espantosamente peligrosos. No existe lugar seguro para los desperdicios at�micos.
Si el gas de un basurero at�mico llegara a escapar, aunque solo fuese una m�nima porci�n, morir�an millares de personas.
La contaminaci�n de alimentos y aguas trae alteraciones gen�ticas y monstruos humanos: criaturas que nacen deformadas y monstruosas.
Antes del a�o 1999, habr� un grave accidente nuclear que causar� verdadero espanto.
Ciertamente la humanidad no sabe vivir, se ha degenerado espantosamente y francamente se ha precipitado al abismo.
Lo mas grave de toda esta cuesti�n, es que los factores de tal desolaci�n, cuales son: hambres, guerras, destrucci�n del Planeta en que vivimos, etc., est�n dentro de nosotros mismos, los cargamos en nuestro interior, en nuestra Psiquis.
Capitulo 3
La gente trabaja diariamente, lucha por sobrevivir, quiere existir de alguna manera, mas no es feliz.
Eso de la felicidad esta en chino - como se dice por ah� - lo mas grave es que la gente lo sabe pero en medio de tantas amarguras, parecen que no pierden las esperanzas de lograrla alg�n d�a, sin saber como, ni de que manera.
�Pobres gentes!, �Cuanto sufren!, y sin embargo quieren vivir, temen perder la vida...
Si las gentes entendieran algo sobre Psicolog�a Revolucionaria, posiblemente hasta pensar�an distinto; mas de verdad nada saben, quieren sobrevivir en medio de su desgracia y eso es todo.
Existen momentos placenteros y muy agradables pero eso no es felicidad; las gentes confunden el placer con la felicidad.
"Pachanga", "Parranda", borrachera, org�a; es placer bestial, mas no es felicidad...Sin embargo hay fiestecitas sanas, sin borracheras, sin bestialidades, sin alcohol, etc., pero eso tampoco es felicidad...
�Eres persona amable?, �como te sientes cuando danzas?, est�is enamorados?, �amas de verdad?, �que tal te sientes danzando con el ser que adoras?. Permitid que me vuelva un poco cruel en estos momentos al deciros que esto tampoco es felicidad.
Si ya esta viejo, si no te atraen estos placeres, si te saben a cucaracha, disp�nsame si te digo que seria diferente si estuvieses joven y lleno de ilusiones.
De todas maneras, d�gase lo que se diga, bailes o no bailes, enamores o no enamores, tengas o no eso que se llama dinero, tu no eres feliz aunque pienses lo contrario.
Uno se pasa la vida buscando la felicidad por todas partes y muere sin haberla encontrado.
En la Am�rica Latina son muchos los que tienen esperanzas de sacarse alg�n d�a el premio gordo de la loter�a, creen que as� van a lograr la felicidad; algunos hasta de verdad se lo sacan, mas no por ello logran la tan ansiada felicidad.
Cuando uno esta muchacho, sue�a con la mujer ideal, alguna princesa de las "Mil y Una Noches"; algo extraordinario, viene despu�s la cruda realidad de los hechos: mujer, muchachitos peque�os que mantener, dif�ciles problemas econ�micos, etc.
No hay duda de que a medida que los hijos crecen, los problemas tambi�n crecen y hasta se tornan imposibles...
Conforme el ni�o o la ni�a van creciendo, los zapatos van siendo cada vez mas grandes y el precio mayor, eso es claro.
Conforme las criaturas crecen, la ropa va costando cada vez mas y m�s cara; habiendo dinero no hay problemas en esto, mas si no lo hay, la cosa es grave y se sufre horriblemente...
Todo esto ser�a mas o menos llevadero, si te tuviese una mujer buena, mas cuando el pobre hombre es traicionado, "cuando le ponen los cuernos", �de que le sirve, entonces luchar por ah� para conseguir dinero?.
Desgraciadamente existen casos extraordinarios, mujeres maravillosas, compa�eras de verdad tanto en la opulencia como en la desgracia. Mas, para colmo de los colmos entonces el hombre no la sabe apreciar y hasta la abandona por otras mujeres que le van amargar la vida.
Muchas son las doncellas que sue�an con un "pr�ncipe azul", desafortunadamente de verdad, las cosas resultan muy diferentes y en el terreno de los hechos se casa la pobre mujer con un verdugo.
La mayor ilusi�n de la mujer es llegar a tener un hogar y ser madre: "santa predestinaci�n", empero aunque el hombre le resulte muy bueno, cosa por cierto muy dif�cil, al fin todo pasa: los hijos y las hijas se casan, se van o le pagan mal a sus padres y el hogar concluye definitivamente.
Total en este mundo cruel en que vivimos, no existe gente feliz... Todos los pobres seres humanos son infelices.
En la vida hemos conocido muchos "burros" cargados de dinero, llenos de problemas, pleitos de toda especie, sobrecargados de impuestos, etc. No son felices.
�De que sirve ser rico si no se tiene buena salud? �Pobres ricos!, a veces son mas desgraciados que cualquier mendigo.
Todo pasa en esta vida: pasan las cosas, las personas, las ideas, etc. Los que tiene dinero pasan y los que no lo tienen tambi�n pasan y nadie conoce la autentica felicidad.
Muchos quieren escapar de si mismos por medio de las drogas o el alcohol, mas en verdad no solo no consiguen tal escape, sino lo que es peor, quedan atrapados entre el infierno del vicio.
Los amigos del alcohol o de la marihuana o del "L.S.D.", etc., desaparecen como por encanto, ciando el vicioso resuelve cambiar de vida.
Huyendo del "Mi Mismo", del "Yo Mismo", no se logra la felicidad. Interesante ser�a "agarrar al toro por los cuernos", observar al "YO", estudiarlo con el prop�sito de descubrir las causas del dolor.
Cuando uno descubre las causas verdaderas de tantas miserias y amarguras, es obvio que algo puede hacer...
Si se logra acabar con el "Mi Mismo", con "Mis borracheras", con "Mis vicios", con "Mis afectos", que tanto dolor me causan en el coraz�n, con mis preocupaciones queme destrozan los sesos y me enferman, etc., etc., etc., es claro que entonces adviene eso que no es del tiempo, eso que esta mas all� del cuerpo, de los afectos y de la mente, eso que realmente es desconocido para el entendimiento y que se llama: �FELICIDAD!
Incuestionablemente, mientras la Conciencia contin�e embotellada, embutida entre el "MI MISMO", entre el "YO MISMO", de ninguna manera podr� conocer la leg�tima felicidad.
La felicidad tiene un sabor que el "YO MISMO", el "MI MISMO", nunca jam�s ha conocido.
Capitulo 4
El sentido de la Libertad es algo que a�n no ha sido entendido por la Humanidad.
Sobre le concepto Libertad, planteado siempre en forma m�s o menos equivocada, se han cometido grav�simos errores.
Ciertamente se pelea por una palabra, se sacan deducciones absurdas, se cometen atropellos de toda especie y se derrama sangre en los campos de batalla.
La palabra Libertad, es fascinante, a todo el mundo le gusta, sin embargo no se tiene la verdadera comprensi�n sobre la misma, existe confusi�n en relaci�n con esta palabra.
No es posible encontrar una docena de personas que definan la palabra Libertad en la misma forma y del mismo modo.
El t�rmino Libertad, en modo alguno ser�a comprensible para el racionalismo subjetivo.
Cada cual tiene sobre este t�rmino, ideas diferentes: opiniones subjetivas de las gentes, desprovistas de toda realidad objetiva.
Al plantearse la cuesti�n Libertad, existe incoherencia, vaguedad, incongruencia en cada mente.
Estoy seguro que ni siquiera Emmanuel Kant, el autor de la "Cr�tica de la Raz�n Pura", y de la "Cr�tica de la Raz�n Pr�ctica", jam�s analiz� esta palabra para darle el sentido exacto.
Libertad, hermosa palabra, bello t�rmino; �Cu�ntos cr�menes se han cometido en su nombre!.
Incuestionablemente, el t�rmino Libertad ha hipnotizado a las muchedumbres; las monta�as y los valles, los r�os y los mares se han te�ido con sangre al conjuro de esta m�gica palabra...
Cuantas banderas, cu�nta sangre y cu�ntos h�roes han sucedido en el curso de la Historia, cada vez que sobre el tapete de la vida se ha puesto la cuesti�n Libertad.
Desafortunadamente, despu�s de toda independencia a tan alto precio lograda, contin�a dentro de cada persona la esclavitud.
�Qui�n es libre?, �qui�n ha logrado la famosa Libertad?, �cu�ntos se han emancipado?, �ay, ay, ay!.
El adolescente anhela libertad; parece incre�ble que muchas veces teniendo pan, abrigo y refugio, se quiera huir de la casa paterna en busca de Libertad.
Resulta incongruente que el jovencito que tiene todo en casa, quiera evadirse, huir, alejarse de su morada, fascinado por el t�rmino Libertad. Es extra�o que gozando de toda clase de comodidades en hogar dichoso, se quiera perder lo que se tiene, para viajar por esas tierras del mundo y sumergirse en el dolor.
Que el desventurado, el paria de la vida, el mendigo, anhele de verdad alejarse de la casucha, de la choza, con el prop�sito de obtener alg�n cambio mejor, resulta correcto; pero que el ni�o bien, el nene de mam�, busque escapatoria, huir, resulta incongruente y hasta absurdo; empero esto es as�; la palabra Libertad, fascina, hechiza, aunque nadie sepa definirla en forma precisa.
Que la doncella quiere libertad, que anhela cambiar de casa, que desee casarse para escapar del hogar paterno y vivir una vida mejor, resulta en parte l�gico, porque ella tiene derecho a ser madre; sin embargo, ya en vida de esposa, encuentra que no es libre y con resignaci�n ha de seguir cargando las cadenas de la esclavitud.
El empleado, cansado de tantos reglamentos, quiere verse libre y si consigue independizarse, se encuentra con el problema de que contin�a siendo esclavo de sus propios interese y preocupaciones.
Ciertamente, cada vez que se lucha por la Libertad, nos encontramos defraudados a pesar de las victorias.
Tanta sangre derramada in�tilmente en nombre de la Libertad, y sin embargo continuamos siendo esclavos de s� mismos y de los dem�s.
Las gentes se pelean por palabras que nunca entiende, aunque los diccionarios les expliquen gramaticalmente.
La Libertad es algo que hay que conseguir dentro de s� mismo. Nadie puede lograrla fuera de s� mismo.
"Cabalgar por el aire" es una frase muy oriental que alegoriza el sentido de la genuina Libertad.
Nadie podr�a en realidad experimentar la Libertad, en tanto su Conciencia contin�e embotellada en el si mismo, en el m� mismo.
Comprender esto yo mismo, mi persona, lo que yo soy, es urgente cuando se quiere muy sinceramente conseguir la Libertad.
En modo alguno podr�amos destruir los grilletes de la esclavitud, sin haber comprendido previamente esta cuesti�n m�a, todo esto que ata�e al yo, al m� mismo.
�En qu� consiste la esclavitud?, �Qu� es esto que nos mantiene esclavos?, �cu�l son estas trabas?, todo esto es lo que necesitamos descubrir.
Ricos y pobres, creyentes y descre�dos, est�n todos formalmente presos, aunque se consideren libres.
En tanto la Conciencia, la Esencia, lo m�s digno y decente que tenemos en nuestro interior, contin�e embotellada en el s� mismo, en el m� mismo, en mis apetencias y temores, en mis deseos y pasiones, en mis preocupaciones y violencias, en mis defectos psicol�gicos, se estar� en formal prisi�n.
El sentido de Libertad, s�lo puede ser comprendido �ntegramente, cuando han sido aniquilados los grilletes de nuestra propia c�rcel psicol�gica.
Mientras el "yo mismo", exista, la conciencia estar� en prisi�n; evadirse de la c�rcel s�lo es posible mediante la aniquilaci�n budista, disolviendo el yo, reduciendo a cenizas, a polvareda c�smica.
La Conciencia libre, desprovista de yo, en ausencia absoluta del m� mismo, sin deseos, sin pasiones, sin apetencias ni temores, experimenta en forma directa la verdadera Libertad.
Cualquier concepto sobre Libertad, no es Libertad. Las opiniones que nos formulemos sobre Libertad distan mucho de ser la realidad. Las ideas que nos forjemos sobre el tema Libertad, nada tienen que ver con la aut�ntica Libertad.
La Libertad, es algo que tenemos que experimentar en forma directa y esto s�lo es posible muriendo psicol�gicamente, disolviendo el yo, acabando para siempre con el m� mismo.
De nada servir�a continuar so�ando con la Libertad, si de todas maneras proseguimos como esclavos.
M�s vale vernos a s� mismo tal cual somos, observar cuidadosamente todos esto grilletes de la esclavitud que nos mantienen en formal prisi�n.
Auto-conoci�ndonos, viendo lo que somos interiormente, descubriremos la puerta de la aut�ntica Libertad.
Capitulo 5
Resulta interesante tener un reloj de pared en casa, no s�lo para saber las horas si no tambi�n, para reflexionar un poco.
Sin el p�ndulo el reloj no funciona; el movimiento del p�ndulo es profundamente significativo.
En los antiguos tiempos el Dogma de la Evoluci�n no exist�a, entonces, los sabios entend�an lo que los procesos hist�ricos se desenvuelven con la Ley del P�ndulo.
Todo fluye y refluye, sube y baja, crece y decrece, va y viene de acuerdo con esta Ley maravillosa.
Nada tiene de extra�o que todo oscile, que todo est� sometido al vaiv�n del tiempo, que evolucione e involucione.
En un extremo del p�ndulo est� la alegr�a, en el otro el dolor; todas nuestras emociones, pensamientos, anhelos, deseos, oscilan de acuerdo con la Ley del P�ndulo.
Esperanza y desesperaci�n, pesimismo y optimismo, pasi�n y dolor, triunfo y fracaso, ganancia y p�rdida, corresponden ciertamente a los dos extremos del movimiento pendular.
Surgi� Egipto con todo su poder�o y se�or�a a orillas del r�o sagrado, m�s cuando el p�ndulo se fue al otro lado, cuando se levant� por el extremo opuesto cay� el pa�s de los faraones y se levant� Jerusal�n, con la ciudad querida de los Profetas.
Cay� Israel, cuando el p�ndulo cambi� de posici�n y surgi� en el otro extremo el Imperio Romano.
El movimiento pendular levanta y hunde imperios, hace surgir poderosas civilizaciones y luego las destruye, etc.
Podemos colocar en el extremo derecho del p�ndulo las diversas escuelas pseudo-esot�ricas y pseudo-ocultistas, religiones y sectas.
Podemos colocar en el extremo izquierdo del movimiento pendular a todas las escuelas de tipo materialista, marxista, ate�sta, escepticista, etc. Ant�tesis del movimiento pendular, cambiantes, sujetas a permutaci�n incesante.
El fan�tico religioso debido a cualquier acontecimiento ins�lito o decepci�n, puede irse al otro extremo del p�ndulo, convertirse en ate�sta, materialista, esc�ptico.
El fan�tico materialista, ate�sta, debido a cualquier hecho inusitado, tal vez un acontecimiento metaf�sico trascendental, un momento de terror indecible, puede llevarle al extremo opuesto del movimiento pendular y convertirle en un reaccionario religioso insoportable.
Ejemplos: Un sacerdote vencido en una pol�mica por un esoterista, desesperado se torn� incr�dulo y materialista.
Conocimos el caso de una dama ate�sta e incr�dula que debido a un hecho metaf�sico concluyente y definitivo, se convirti� en una exponente magn�fica del esoterismo pr�ctico.
En nombre de la verdad, debemos aclarar que el ate�sta materialista, verdadero y absoluto es una farsa, no existe.
Ante la proximidad de una muerte inevitable, ante un instante de indecible terror, los enemigos de lo eterno, los materialistas e incr�dulos pasan instant�neamente al otro extremo del p�ndulo y resultan orando, llorando y clamando con fe infinita y enorme devoci�n.
El mismo Carlos Marx, autor del Materialismo Dial�ctico, fue un fan�tico religioso jud�o, y despu�s de su muerte, le rindieron pompas f�nebres de gran rabino.
Carlos Marx, elabor� su Dial�ctica Materialista con un s�lo prop�sito: "CREAR UN ARMA PARA DESTRUIR A TODAS LAS RELIGIONES DEL MUNDO POR MEDIO DEL ESCEPTICISMO".
Es el caso t�pico de los celos religiosos llevados al extremo, en modo alguno podr�a aceptar Marx la existencia de otras religiones y prefiri� destruirlas mediante su Dial�ctica.
Carlos Marx, cumpli� uno de los Protocolos de Si�n, que dice textualmente: "No importa que llenemos el mundo de materialismo y de repugnante ate�smo, el d�a en que nosotros triunfemos, ense�aremos la religi�n de Mois�s debidamente codificada y en forma dial�ctica, y no permitiremos en el mundo ninguna otra religi�n".
Muy interesante resulta que en la Uni�n Sovi�tica las religiones sean perseguidas y al pueblo se les ense�e dial�ctica materialista, mientras en las sinagogas se estudia el Talmud, la Biblia y la religi�n y trabajan libremente sin problema alguno.
Los amos del gobierno ruso son fan�ticos religiosos de la Ley de Mois�s, m�s ellos envenenan al pueblo con la farsa esa del Materialismo Dial�ctico.
Jam�s nos pronunciar�amos contra el pueblo de Israel; s�lo estamos declarando contra cierta �lite de doble juego que persiguiendo fines inconfesables envenena al pueblo con la Dial�ctica Materialista, mientras en secreto practica la religi�n de Mois�s.
Materialismo y Espiritualismo con toda su secuela de teor�as, prejuicios y pre-conceptos, de toda especie se procesan en la mente de acuerdo con la Ley del P�ndulo y cambian de moda de acuerdo con los tiempos y las costumbres.
Esp�ritu y materia son dos conceptos muy discutibles y espinosos que nadie entiende.
Nada sabe la mente sobre el esp�ritu, nada sabe sobre la materia.
Un concepto no es m�s que eso, un concepto. La realidad no es un concepto aunque pueda forjarse muchos conceptos sobre la realidad.
El esp�ritu es el Esp�ritu (el Ser) y s�lo a s� mismo puede conocerse.
Escrito est�: "EL SER ES EL SER Y LA RAZON DE SER ES EL MISMO SER".
Los fan�ticos de Dios materia, los cient�ficos del Materialismo Dial�ctico son emp�ricos, y absurdos en un ciento por ciento. Hablan sobre materia con una auto-suficiencia deslumbrante y est�pida, cuando en realidad nada saben sobre la misma.
�Qu� es materia?. �Cu�l de estos tontos cient�ficos lo sabe?. La tan cacareada materia es tambi�n un concepto demasiado discutible y bastante espinoso.
�Cu�l es la materia?, �el algod�n?, �el hierro?, �la carne?, �el almid�n?, �una piedra?, �el cobre?, �una nube o qu�?. Decir que todo es materia ser�a tan emp�rico y absurdo como asegurar que todo el organismo humano es un h�gado o un coraz�n o un ri��n. Obviamente una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, cada �rgano es diferente y cada substancia es distinta. �Entonces, cu�l de todas estas substancias es la tan cacareada materia?.
Con los conceptos del p�ndulo juega mucha gente, pero en realidad los conceptos no son la realidad.
La mente solamente conoce formas ilusorias de la naturaleza pero nada sabe sobre la verdad contenida en tales formas.
Las teor�as pasan de moda con el tiempo y con los a�os y lo que uno aprendi� en la escuela resulta que despu�s ya no sirve, conclusi�n: nadie sabe nada.
Los conceptos de extrema derecha o de extrema izquierda del p�ndulo, pasan como las modas de las mujeres, todos esos son procesos de la mente, cosas que suceden en la superficie del entendimiento, tonter�as, vanidades del intelecto.
A cualquier disciplina psicol�gica se le opone otra disciplina, a cualquier proceso psicol�gico l�gicamente estructurado se le opone otro semejante, �y despu�s de todo, qu�?.
Lo Real, la Verdad, es lo que nos interesa; m�s esto no es cuesti�n del p�ndulo, no se encuentra entre el vaiv�n de las teor�as y creencias.
La Verdad es lo desconocido de instante en instante, de momento en momento.
La Verdad est� en el centro del p�ndulo, no en la extrema derecha y tampoco en la extrema izquierda.
Cuando a Jes�s le preguntaron: �Qu� es la Verdad?, guard� un profundo silencio. Y cuando al Buddha le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retir�.
La Verdad no es cuesti�n de opiniones, ni de teor�as, ni de prejuicios de extrema derecha o de extrema izquierda.
El concepto que la mente puede forjarse sobre la verdad, jam�s es la Verdad.
La idea que el entendimiento tenga sobre la verdad nunca es la Verdad.
La opini�n que tengamos sobre la verdad, por muy respetable que ella sea, en modo alguno es la Verdad.
Ni las corrientes espiritualistas, ni sus oponentes materialistas, pueden conducirnos jam�s a la verdad.
La Verdad es algo que debe ser experimentado en forma directa, como cuando uno mete el dedo en el fuego y se quema, o como cuando uno traga agua y se ahoga.
El centro del p�ndulo est� dentro de nosotros mismos y es all� donde debemos descubrir y experimentar en forma directa lo Real, la Verdad.
Necesitamos auto-explorarnos directamente para auto-descubrirnos y conocernos profundamente a s� mismos.
La experiencia de la Verdad s�lo adviene cuando hemos eliminado los elementos indeseables que en su conjunto constituyen el M� Mismo.
S�lo eliminando el error viene la Verdad. Solo desintegrando el Yo Mismo, mis errores, mis perjuicios y temores, mis pasiones y deseos, creencias y fornicaciones, encasillamientos intelectuales y auto-suficiencias de toda especie, adviene a nosotros la experiencia de lo Real. La Verdad nada tiene que ver con lo que se haya dicho o dejado de decir, con lo que se haya escrito o dejado de escribir, ella solamente adviene a nosotros cuando el M� Mismo ha muerto.
La mente no puede buscar la Verdad porque no la conoce. La mente reconocer la Verdad, porque jam�s la ha conocido. La Verdad adviene a nosotros en forma espont�nea cuando hemos eliminado todos los elementos indeseables que constituyen el M� Mismo, el Yo Mismo.
En tanto la Conciencia contin�e embotellada entre el Yo Mismo, no podr� experimentar eso que es lo Real, eso que est� m�s all� del cuerpo, de los afectos y de la mente, eso es la Verdad.
Cuando el M� Mismo queda reducido a polvareda c�smica, la Conciencia se libera para despertar definitivamente y experimentar en forma directa la Verdad.
Con justa raz�n dijo el Gran Kabir Jes�s: "CONOCED LA VERDAD Y ELLA LOS HARA LIBRES".
�De qu� sirve al hombre conocer cincuenta mil teor�as si jam�s ha experimentado la verdad?.
El sistema intelectual de cualquier hombre es muy respetable, m�s a cualquier sistema se le opone otro y ni uno ni otro es la Verdad.
M�s vale auto-explorarnos para auto-conocernos y llegar a experimentar un d�a en forma directa, lo real, la Verdad.
Capitulo 6
�Qui�n o qu� puede garantizar que el concepto y la realidad resulten absolutamente iguales?.
El concepto es una cosa y la realidad es otra y existe tendencia a sobrestimar nuestros propios conceptos.
Realidad igual a concepto es algo casi imposible, sin embargo la mente hipnotizada por su propio concepto supone siempre que �ste y realidad son iguales.
A un proceso psicol�gico cualquiera correctamente estructurado mediante una l�gica exacta, se le opone otro diferente reciamente formado con l�gica similar o superior, �entonces qu�?.
Dos mentes severamente disciplinadas dentro de f�rreas estructuras intelectuales discutiendo entre s�, polemizando, sobre tal o cu�l realidad creen cada una en la exactitud de su propio concepto y en la falsedad del concepto ajeno, �m�s cu�l de ellas tiene la raz�n?, �qui�n podr�a honradamente dar garantes en uno y otro caso?. �En cu�l de ellos, concepto y realidad resultan iguales?.
Incuestionablemente cada cabeza es un mundo y en todos y en cada uno de nosotros existe una especie de dogmatismo pontificio y dictatorial que quiere hacernos creer en la igualdad absoluta de concepto y realidad.
Por muy fuertes que sean las estructuras de un razonamiento nada puede garantizar la igualdad absoluta de conceptos y realidad.
Quienes est�n auto-encerrados dentro de cualquier procedimiento log�stico intelectual quieren hacer siempre coincidir la realidad de los fen�menos con los elaborados conceptos y esto no es m�s que el resultado de la alucinaci�n razonativa.
Abrirse a lo nuevo es la dif�cil facilidad del cl�sico, desgraciadamente la gente quiere descubrir, ver en todo fen�meno natural sus propio prejuicios, conceptos, preconceptos, opiniones y teor�as; nadie sabe ser receptivo, ver lo nuevo con mente limpia y espont�nea.
Que los fen�menos le hablen al sabio ser�a lo indicado, desafortunadamente los sabios de estos tiempos no saben ver los fen�menos, s�lo quieren ver en los mismos la confirmaci�n de todos sus preconceptos.
Aunque parezca incre�ble los cient�ficos modernos nada saben sobre los fen�menos naturales.
Cuando vemos en los fen�menos de la naturaleza exclusivamente nuestros propios conceptos, ciertamente no estamos viendo los fen�menos sino los conceptos.
Empero, alucinados por los tontos cient�ficos por su fascinante intelecto, creen en forma est�pida que cada uno de sus conceptos es absolutamente igual a tal o cual fen�meno observado, cuando la realidad es diferente.
No negamos que nuestras afirmaciones sean rechazadas por todo aquel que est� auto-encerrado por tal o cual procedimiento log�stico; incuestionablemente la condici�n pontificia y dogm�tica del intelecto en modo alguno podr�a aceptar que tal o cual concepto correctamente elaborado no coincida exactamente con la realidad.
Tan pronto la mente, a trav�s de los sentidos, observe tal o cual fen�meno, se apresura de inmediato a rotularla con tal o cual t�rmino cientifista que incuestionablemente s�lo viene a servir de parche para tapar la propia ignorancia.
La mente no sabe realmente ser receptiva a lo nuevo, m�s s� sabe inventar complicad�simos t�rminos con lo cual pretende calificar en forma auto-enga�osa lo que ciertamente ignora.
Hablando esta vez en sentido socr�tico, diremos que la mente no solamente ignora, sino adem�s, ignora que ignora.
La mente moderna es terriblemente superficial, se ha especializado en inventar t�rminos hechos dificil�simos para tapar su propia ignorancia.
Existen dos clases de ciencia: la primera no es m�s que ese podridero de teor�as subjetivas que abundan por all�. La segunda es la ciencia pura de los grandes iluminados, la Ciencia Objetiva del Ser.
Indubitablemente no ser�a posible penetrar en el anfiteatro de la ciencia c�smica, si antes no hemos muerto en s� mismos.
Necesitamos desintegrar todos esos elementos indeseables que cargamos en nuestro interior, y que en su conjunto constituyen en s� mismos, el Yo de la Psicolog�a.
En tanto la Conciencia Superlativa del Ser contin�e embotellada en el M� Mismo, entre mis propios conceptos y teor�as subjetivas, resulta absolutamente imposible conocer directamente la cruda realidad de los fen�menos naturales en s� mismo.
La llave del laboratorio de la naturaleza, la tiene en su mano diestra el Angel de la Muerte.
Muy poco podemos aprender del fen�meno del nacimiento, m�s de la muerte podremos aprender todo.
El templo inviolado de la ciencia pura se encuentra en el fondo de la negra sepultura. Si el germen no muere la planta no nace. S�lo con la muerte adviene lo nuevo.
Cuando el Ego muere, la Conciencia despierta para ver la realidad de todos los fen�menos de la naturaleza tal cual son en s� mismos y por s� mismos.
La Conciencia sabe lo que directamente experimenta por s� misma, el crudo realismo de la vida m�s all� del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Capitulo 7
LA DIALECTICA DE LA CONCIENCIA
En el Trabajo Esot�rico relacionado con la eliminaci�n de los elementos indeseables que cargamos en nuestro interior, surge a veces el fastidio, el cansancio y el aburrimiento.
Incuestionablemente necesitamos volver siempre al punto de partida original y revalorizar los fundamentos del Trabajo psicol�gico, si es que de verdad anhelamos un cambio radical.
Amar el Trabajo Esot�rico es indispensable cuando de verdad se quiere una transformaci�n interior completa.
En tanto no amemos el Trabajo Psicol�gico conducente al cambio, la evaluaci�n de principios resulta m�s que imposible.
Ser�a absurdo suponer que pudi�semos interesarnos por el Trabajo, si en realidad no hemos llegado a amarlo.
Esto significa que el amor es inaplazable cuando en una y otra vez tratamos de revalorizar los fundamentos del Trabajo Psicol�gico.
Urge ante todo, saber qu� es eso que se llama Conciencia, pues son muchas las gentes que nunca se han interesado por saber nada sobre la misma.
Cualquier persona com�n y corriente jam�s ignorar�a que un boxeador al caer noqueado sobre el ring pierde la Conciencia.
Es claro que al volver en s�, el desventurado p�gil adquiere nuevamente la Conciencia.
Secuencialmente cualquiera comprende que existe una clara diferencia entre la personalidad y la Conciencia.
Al venir al mundo todos tenemos la existencia de un tres por ciento de Conciencia y un noventa y siete por ciento repartible entre subconsciencia, infraconciencia e inconsciencia.
El tres por ciento de Conciencia despierta puede ser acrecentada a medida que trabajemos sobre s� mismos.
No es posible acrecentar Conciencia mediante procedimientos exclusivamente f�sicos o mec�nicos.
Indubitablemente la Conciencia solamente puede despertar a base de Trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.
Existen varios tipos de energ�a dentro de nosotros mismos, debemos comprender. Primera: energ�a mec�nica. Segunda: energ�a vital. Tercera: energ�a ps�quica. Cuarta: energ�a mental. Quinta: energ�a de la voluntad. Sexta: energ�a de la conciencia. S�ptima: energ�a del esp�ritu puro.
Por mucho que multipliquemos la energ�a estrictamente mec�nica, jam�s lograr�amos despertar Conciencia.
Por mucho que increment�ramos las fuerzas vitales dentro de nuestro organismo, nunca llegar�amos a despertar Conciencia.
Muchos procesos psicol�gicos se realizan dentro de s� mismos, sin que por ello intervenga para nada la Conciencia.
Por muy grandes que sean las disciplinas de la mente, la energ�a mental no lograr� nunca despertar los diversos funcionalismos de la Conciencia.
La fuerza de la voluntad aunque fuese multiplicada hasta el infinito no consigue despertar Conciencia.
Todos estos tipos de energ�a se escalonan en distintos niveles y dimensiones que nada tienen que ver con la Conciencia.
La Conciencia s�lo puede ser despertada mediante Trabajos conscientes y rectos esfuerzos.
El peque�o porcentaje de Conciencia que la humanidad posee, en vez de ser incrementada, suele ser derrochado in�tilmente en la vida.
Es obvio que al identificarnos con todos los sucesos de nuestra existencia despilfarramos in�tilmente la energ�a de la Conciencia.
Nosotros deber�amos ver la vida como una pel�cula sin identificarnos jam�s con ninguna comedia, drama o tragedia, as� ahorrar�amos energ�a concientiva.
La Conciencia en s� misma es un tipo de energ�a con elevad�sima frecuencia vibratoria.
No hay que confundir a la Conciencia con la memoria, pues son tan diferentes la una de la otra, como lo es la luz de los focos del autom�vil con relaci�n a la carretera por donde andamos.
Muchos actos se realizan dentro de nosotros mismos, sin participaci�n alguna de eso que se llama Conciencia.
En nuestro organismo suceden muchos ajustes y reajustes, sin que por ello la Conciencia participe en los mismos.
El centro motor de nuestro cuerpo puede manejar un autom�vil o dirigir los dedos que tocan en el teclado de un piano sin la mas insignificante participaci�n de la Conciencia.
La Conciencia es la luz que el inconsciente no percibe.
El ciego tampoco percibe la luz f�sica solar, m�s ella existe por s� misma.
Necesitamos abrirnos para que la luz de la Conciencia penetre en las tinieblas espantosas del m� mismo, del s� mismo.
Ahora comprenderemos mejor el significado de las palabras de Juan, cuando en el Evangelio dice: "La luz vino a las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron".
M�s ser�a imposible que la luz de la Conciencia pudiese penetrar dentro de las tinieblas del yo mismo, si previamente no us�ramos el Sentido maravilloso de la auto-observaci�n psicol�gica.
Necesitamos franquearle el paso a la luz para iluminar las profundidades tenebrosas del Yo de la Psicolog�a.
Uno jam�s se auto-observar�a si no tuviese inter�s en cambiar, tal inter�s s�lo es posible cuando uno ama de verdad las ense�anzas esot�ricas.
Ahora comprender�n nuestros lectores, el motivo por el cual aconsejamos revalorizar una y otra vez las instrucciones concernientes al Trabajo sobre s� mismo.
La Conciencia despierta, nos permite experimentar en forma directa la realidad.
Desafortunadamente el "Animal Intelectual", equivocadamente llamado hombre, fascinado por el poder formulativo de la l�gica dial�ctica, ha olvidado la Dial�ctica de la Conciencia.
Incuestionablemente el poder para formular conceptos l�gicos resulta en el fondo terriblemente pobre.
De la tesis podemos pasar a la ant�tesis y mediante la discusi�n llegar a la s�ntesis, m�s esta �ltima en s� misma contin�a siendo un concepto intelectual que en modo alguno puede coincidir con la realidad.
La Dial�ctica de la Conciencia es m�s directa, nos permite experimentar la realidad de cualquier fen�meno en s� mismo y por s� mismo.
Los fen�menos naturales en modo alguno coinciden exactamente con los conceptos formulados por la mente.
La vida se desenvuelve de instante en instante y cuando la capturamos para analizarla, la matamos.
Cuando intentamos inferir conceptos al observar tal o cual fen�meno natural, de hecho dejamos de percibir la realidad del fen�meno y s�lo vemos en el mismo el reflejo de las teor�as y conceptos rancios que en modo alguno tienen que ver nada con el hecho observado.
La alucinaci�n intelectual es fascinante y queremos a la fuerza que todos los fen�menos de la naturaleza coincidan con nuestra l�gica dial�ctica.
La Dial�ctica de la Conciencia se fundamenta en las experiencias vividas y no en el mero racionalismo subjetivo.
Todas las leyes de la naturaleza existen dentro de nosotros mismos y si entre nuestro interior no las descubrimos, jam�s las descubriremos fuera de s� mismos.
El Hombre est� contenido en el Universo y el Universo est� contenido en el Hombre.
Real es aquello que uno mismo experimenta en su interior, s�lo la Conciencia puede experimentar la realidad.
El lenguaje de la Conciencia es simb�lico, �ntimo, profundamente significativo y s�lo los despiertos lo pueden comprender.
Quien quiera despertar Conciencia debe eliminar de su interior todos los elementos indeseables que constituyen el Ego, el Yo, el M� Mismo, dentro de los cuales se halla embotellada la Esencia.
Capitulo 8
La did�ctica l�gica resulta condicionada y calificada adem�s por las proposiciones "en" y "acerca" que jam�s nos llevan a la experiencia directa de la real.
Los fen�menos de la naturaleza distan mucho de ser como los cient�ficos los ven.
Ciertamente tan pronto un fen�meno cualquiera es descubierto, de inmediato se le califica o rotula con tal o cual terminacho dif�cil de la jerga cient�fica.
Obviamente esos dificil�simos t�rminos del cientifismo moderno, s�lo sirven de parche para tapar la ignorancia.
Los fen�menos naturales en modo alguno son como los cientifistas los ven.
La vida con todos sus procesos y fen�menos se desenvuelve de momento en momento, de instante en instante, y cuando la mente cientifista la detiene para analizarla, de hecho la mata.
Cualquier inferencia extra�da de un fen�meno natural cualquiera, de ninguna manera es igual a la realidad concreta del fen�meno. Desgraciadamente la mente del cient�fico alucinada por sus propias teor�as cree firmemente en el realismo de sus inferencias.
El intelecto alucinado no solamente ve en los fen�menos el reflejo de sus propios conceptos, sino adem�s y lo que es peor, quiere en forma dictatorial hacer que los fen�menos resulten exactos y absolutamente iguales a todos esos conceptos que se llevan en el intelecto.
El fen�meno de la alucinaci�n intelectual es fascinante, ninguno de esos tontos cient�ficos ultramodernos admitir�a la realidad de su propia alucinaci�n.
Ciertamente los sabihondos de estos tiempos en modo alguno admitir�an que se les calificase de alucinados.
La fuerza de la auto-sugesti�n les ha hecho creer en la realidad de todos esos conceptos de la jerga cientifista.
Obviamente la mente alucinada presume de consciente y en forma dictatorial quiere que todos los procesos de la naturaleza marchen por los carriles de sus sabihondeces.
No bien ha aparecido un fen�meno nuevo, se le clasifica, se le rotula y se le pone en tal o cual lugar, como si en verdad se le hubiese comprendido.
Son millares los t�rminos que se ha inventado para rotular los fen�menos, m�s nada saben los pseudo-sapientes sobre la realidad de aquellos.
Como ejemplo v�vido de todo lo que en este cap�tulo estamos afirmando citaremos el cuerpo humano.
En nombre de la verdad podemos afirmar en forma enf�tica que este cuerpo f�sico, es absolutamente desconocido para los cient�ficos modernos.
Una afirmaci�n de esta clase podr�a aparecer como muy insolente ante los pont�fices del cientifismo moderno, incuestionablemente merecemos de ellos la excomuni�n.
Sin embargo, tenemos bases muy s�lidas para hacer tan tremenda afirmaci�n; desgraciadamente las mentes alucinadas est�n tan convencidas de su pseudo-sapiencia que ni remotamente podr�an aceptar el crudo realismo de su ignorancia.
Si les dij�semos a los jerarcas del cientifismo moderno, que el Conde Cagliostro, interesant�simo personaje de los siglos XVI, XVII, XVIII todav�a vive en pleno siglo XX; si les dij�semos que el insigne Paracelso, insigne facultativo de la edad media, a�n existe todav�a, pode�s estar seguros de que los jerarcas del cientifismo actual, se reir�an de nosotros y jam�s aceptar�an nuestras afirmaciones.
Sin embargo es as�: Viven actualmente sobre la faz de la tierra, los aut�nticos mutantes, hombres inmortales con cuerpos que datan de miles y de millones a�os hacia atr�s.
El autor de esta obra conoce a los mutantes, empero no ignora el escepticismo moderno, la alucinaci�n de los cientifistas y el estado de la ignorancia de los sabihondos.
Por todo esto en modo alguno caer�amos en la ilusi�n de creer que los fan�ticos de la jerga cient�fica, aceptasen la realidad de nuestras ins�litas declaraciones.
El cuerpo de cualquier mutante es un franco desaf�o a la jerga cient�fica de estos tiempos.
El cuerpo de cualquier mutante puede cambiar de figura y retornar luego a su estado normal sin recibir da�o alguno.
El cuerpo de cualquier mutante puede penetrar instant�neamente en la cuarta vertical y hasta asumir cualquier forma vegetal o animal y retornar posteriormente a su estado normal sin recibir perjuicio alguno.
El cuerpo de cualquier mutante desaf�a violentamente a los viejos textos de Anatom�a oficial.
Desgraciadamente ninguna de estas declaraciones podr�a convencer a los alucinados de la jerga cientifista.
Esos se�ores, sentados sobre sus solios pontificios, incuestionablemente nos mirar�n con desd�n, tal vez con ira, y posiblemente hasta con un poco de piedad.
Empero, la verdad es lo que es y la realidad de los mutantes es un franco desaf�o a toda teor�a ultramoderna.
El autor de la obra conoce a los mutantes pero no espera que nadie le crea.
Cada �rgano del cuerpo humano est� controlado por leyes y fuerzas que ni remotamente conocen los alucinados de la jerga cientifista.
Los elementos de la naturaleza son en s� mismos desconocidos para la ciencia oficial; las mejores f�rmulas qu�micas est�n incompletas; H.2.O, dos �tomos de Hidr�geno y uno de Ox�geno para formar agua, resulta algo emp�rico.
Si tratamos de juntar en un laboratorio el �tomo de Ox�geno con los dos de Hidr�geno, no resulta agua ni nada, porque esta f�rmula est� incompleta, le falta el elemento fuego, s�lo con este citado elemento podr�a crearse agua.
La intelecci�n por muy brillante que parezca no puede conducirnos jam�s a la experiencia de lo Real.
La clasificaci�n de substancias y los terminachos dif�ciles con que se rotula a las mismas s�lo sirve como parche para tapar la ignorancia.
Eso de querer el intelecto que tal o cual substancia posea determinado nombre y caracter�sticas, resulta absurdo e insoportable.
�Por qu� el intelecto presume de omnisciente?. �Por qu� se alucina creyendo que las substancias y fen�menos son como �l cree que son?. �Por qu� quiere la intelecci�n que la naturaleza sea una r�plica perfecta de todas sus teor�as, conceptos, opiniones, dogmas, preconceptos, prejuicios?.
En realidad los fen�menos naturales no son como se cree que son y las substancias y fuerzas de la naturaleza de ninguna manera son como el intelecto piensa que son.
La Conciencia despierta no es la mente, ni la memoria, ni nada semejante. S�lo la Conciencia liberada puede experimentar por s� mismo y en forma directa la realidad de la vida libre en su movimiento.
Empero debemos afirmar en forma enf�tica que en tanto existe dentro de nosotros mismos cualquier elemento subjetivo, la Conciencia continuar� embotellada entre tal elemento y por ende no podr� gozar de la iluminaci�n continua y perfecta.
Capitulo 9
El chispeante intelectualismo funcionalismo manifiesto del Yo psicol�gico, indubitablemente es EL ANTICRISTO.
Quienes suponen que el ANTICRISTO es un personaje extra�o nacido en tal o cual lugar de la tierra o venido de este o aquel pa�s, est�n ciertamente completamente equivocados.
Hemos dicho en forma enf�tica que el ANTICRISTO no es en modo alguno un sujeto definido, sino todos los sujetos.
Obviamente el ANTICRISTO radica en el fondo de cada persona y se expresa en forma m�ltiple.
El intelecto puesto al servicio del Esp�ritu resulta �til; el intelecto divorciado del Esp�ritu deviene in�til.
Del intelectualismo sin espiritualidad surgen los bribones, viva manifestaci�n del ANTICRISTO.
Obviamente el brib�n en s� mismo y por s� mismo es el ANTICRISTO. Desgraciadamente el mundo actual con todas sus tragedias y miserias est� gobernado por el ANTICRISTO.
El estado ca�tico en que se encuentra la humanidad actual indubitablemente se debe al ANTICRISTO.
El in�cuo de que ya hablara Pablo de Tarso en sus ep�stolas es ciertamente un crudo realismo de estos tiempos.
El in�cuo ya vino y se manifiesta por doquier, ciertamente tiene el don de la ubicuidad.
Discute en los caf�s, hace negociaciones en la O.N.U., se sienta c�modamente en Ginebra, realiza experimentos de laboratorio, inventa bombas at�micas, cohetes teledirigidos, gases asfixiantes, bombas bacteriol�gicas, etc., etc., etc.
Fascinado el ANTICRISTO con su propio intelectualismo, exclusividad absoluta de los sabihondos, cree que conoce todos los fen�menos de la naturaleza.
El ANTICRISTO crey�ndose a s� mismo omnisciente, embotellado entre todo el podridero de sus teor�as rechaza de plano todo aquello que se parezca a Dios o que se adore.
La autosuficiencia del ANTICRISTO, el orgullo y la soberbia que posee es algo insoportable.
El NTICRISTO odia mortalmente las virtudes cristianas de la fe, la paciencia y la humildad.
Toda rodilla se hinca ante el ANTICRISTO. Obviamente aquel ha inventado aviones ultras�nicos, barcos maravillosos, flamantes autom�viles, medicinas sorprendentes, etc.
En estas condiciones, �qui�n podr�a dudar del ANTICRISTO?. Quien se atreva en estos tiempos a pronunciarse contra todos esos milagros y prodigios del Hijo de perdici�n, se condena s� mismo a la burla de sus semejantes, al sarcasmo, a la iron�a, al calificativo de est�pido e ignorante.
Cuesta trabajo hacer entender esto a las gentes serias y estudiosas, �stas en s� mismas reaccionan, oponen resistencia.
Es claro que el "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre es un robot programado con kinder, primarias, secundarias, preparatoria, universidad, etc.
Nadie puede negar que un robot programado funciona de acuerdo con el programa, de ninguna manera podr�a funcionar si se le sacase el programa.
El ANTICRISTO ha elaborado el programa con el que se programan los robots humanoides de estos tiempos decadentes.
Hacer estas aclaraciones, poner �nfasis en lo que estoy diciendo, resulta espantosamente dif�cil por estar fuera de programa.
Es tan grave esta cuesti�n y tan tremendos los enfrascamientos de la mente, que en modo alguno robot humanoide cualquiera, sospechar�a ni remotamente que el programa no sirve, pues �l ha sido arreglado de acuerdo con el programa y dudar del mismo le parecer�a una herej�a, algo incongruente y absurdo.
Que un robot dude de su programa es un adefesio, algo absolutamente imposible pues su mism�sima existencia se debe al programa.
Desgraciadamente las cosas no son como las piensa el robot humanoide; existe otra ciencia, otra sabidur�a inaceptable para los robots humanoides.
Reacciona el humanoide robot y tiene raz�n en reaccionar pues no ha sido programado para otra ciencia ni para otra cultura, ni para nada diferente a su consabido programa
El ANTICRISTO ha elaborado los programas del robot humanoide, el robot se prosterna humilde ante su amo. �C�mo podr�a dudar el robot de la sapiencia de su amo?.
Nace el ni�o inocente y puro; la Esencia expres�ndose en cada criatura es preciosa en gran manera.
Incuestionablemente la naturaleza deposita en los cerebros de los reci�n nacidos todos estos datos salvajes, naturales, silvestres, c�smicos, espont�neos, indispensables para la captura o aprehensi�n de las verdades contenidas en cualquier fen�meno natural perceptible para los sentidos.
Esto significa que el ni�o reci�n nacido podr�a por s� mismo descubrir la realidad de cada fen�meno natural, desgraciadamente interfiere el programa del ANTICRISTO y las maravillosas cualidades que la naturaleza ha depositado en el cerebro del reci�n nacido pronto quedan destruidas.
El ANTICRISTO prohibe pensar en forma diferente; toda criatura que nace, por orden del ANTICRISTO debe ser programada.
No hay duda de que el ANTICRISTO odia mortalmente aquel precioso sentido del Ser conocido como "facultad de percepci�n instintiva de las verdades c�smicas".
Ciencia pura distinta a todo el podridero de teor�as universitarias que existen por aqu�, por all� o acull�, es algo inadmisible para los robots del ANTICRISTO.
Muchas guerras, hambres y enfermedades ha propagado el ANTICRISTO en toda la redondez de la Tierra y no hay duda de que seguir� propag�ndolas antes que llegue la cat�strofe final.
Desafortunadamente ha llegado la hora de la gran apostas�a anunciada por todos los profetas y ning�n ser humano se atrever�a a pronunciarse contra el ANTICRISTO.
Capitulo 10
Esta cuesti�n del m� mismo, lo que yo soy, eso que piensa, siente y act�a, es algo que debemos auto-explorar para conocer profundamente.
Existen por doquiera muy lindas teor�as que atraen y fascinan; empero de nada servir�a todo eso si no nos conoci�semos a s� mismos.
Es fascinante estudiar astronom�a o distraerse un poco leyendo obras serias, sin embargo resulta ir�nico convertirse en un erudito y no saber nada sobre s� mismo, sobre el yo soy, sobre la humana personalidad que poseemos.
Cada cual es muy libre de pensar lo que quiera y la raz�n subjetiva del "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre da para todo, lo mismo puede hacer de una pulga un caballo que de un caballo una pulga; son muchos los intelectuales que viven jugando con el racionalismo, �y despu�s de todo qu�?.
Ser erudito no significa ser sabio. Los ignorantes ilustrados abundan como la mala yerba y no solamente no saben sino adem�s ni siquiera saben que no saben.
Enti�ndase por ignorantes ilustrados los sabihondos que creen saber y ni siquiera se conocen a s� mismos.
Podr�amos teorizar hermosamente sobre el yo de la Psicolog�a, m�s no es eso precisamente lo que nos interesa en este cap�tulo.
Necesitamos conocernos a s� mismos por v�a directa sin el proceso deprimente de la opci�n.
En modo alguno ser�a esto posible sino nos auto-observ�ramos en acci�n de instante en instante, de momento en momento.
No se trata de vernos a trav�s de alguna teor�a o de una simple especulaci�n intelectiva.
Vernos directamente tal cual somos es lo interesante, s�lo as� podremos llegar al conocimiento verdadero de s� mismos.
Aunque parezca incre�ble nosotros estamos equivocados con respecto a s� mismos.
Muchas cosas que creemos no tener tenemos y muchas que no creemos tener tenemos.
Nos hemos formado falsos conceptos sobre s� mismos y debemos hacer un inventario para saber qu� nos sobra y qu� nos falta.
Suponemos que tenemos tales o cuales cualidades que en realidad no tenemos y muchas virtudes que poseemos ciertamente las ignoramos.
Somos gente dormida, inconsciente y eso es lo grave. Desafortunadamente pensamos de s� mismos lo mejor y ni siquiera sospechamos que estamos dormidos.
Las sagradas escrituras insisten en la necesidad de despertar, m�s no explican el sistema para lograr ese despertar.
Lo peor del caso es que son muchos los que han le�do las sagradas escrituras y ni siquiera entienden que est�n dormidas.
Todo el mundo cree que se conoce a s� mismo y ni remotamente sospechan que existe la Doctrina de los Muchos.
Realmente el yo psicol�gico de cada cual es m�ltiple, deviene siempre como muchos.
Con esto queremos decir que tenemos muchos yoes y no uno solo como suponen siempre los ignorantes ilustrados.
Negar la Doctrina de los Muchos es hacerse tonto a s� mismo, pues de hecho ser�a el colmo de los colmos ignorar las contradicciones �ntimas que cada uno de nosotros posee.
Voy a leer un peri�dico, dice el yo del intelecto; al diablo con la lectura, exclama el yo del movimiento; prefiero ir a dar un paseo en bicicleta. Qu� paseo ni qu� pan caliente, grita un tercero en discordia; prefiero comer, tengo hambre.
Si nos pudi�semos ver en un espejo de cuerpo entero, tal cual somos, descubrir�amos por s� mismos en forma directa la Doctrina de los Muchos.
La humana personalidad es tan solo una marioneta controlada por hilos invisibles.
El yo que hoy jura amor eterno por la Gn�sis, es m�s tarde desplazado por otro yo que nada tiene que ver con el juramento; entonces el sujeto se retira.
El yo que hoy jura amor eterno a una mujer es m�s tarde desplazado por otro que nada tiene que ver con ese juramento,
entonces el sujeto se enamora de otra y el castillo de naipes se va al suelo.
El "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre es como una casa llena de mucha gente.
No existe orden ni concordancia alguna entre los m�ltiples yoes, todos ellos ri�en entre s� y se disputan la supremac�a.
Cuando alguno de ellos consigue el control de los centros capitales de la m�quina org�nica, se siente el �nico, el amo, empero al fin es derrocado.
Considerando las cosas desde este punto de vista, llegamos a la conclusi�n l�gica de que el "Mam�fero Intelectual" no tiene verdadero sentido de responsabilidad moral.
Incuestionablemente lo que la m�quina diga o haga en un momento dado, depende exclusivamente del tipo de yo que en estos instantes la controle.
Dicen que Jes�s de Nazaret sac� del cuerpo de Mar�a Magdalena siete demonios, siete yoes, viva personificaci�n de los siete pecados capitales.
Obviamente cada uno de estos siete demonios es cabeza de legi�n, por ende debemos sentar como corolario que el Cristo Intimo pudo expulsar del cuerpo de la Magdalena millares de yoes.
Reflexionando todas estas cosas podemos inferir claramente que lo �nico digno que nosotros poseemos en nuestro interior es la ESENCIA, desafortunadamente la misma se encuentra enfrascada entre todos esos m�ltiples yoes de la Psicolog�a Revolucionara.
Es lamentable que la Esencia se procese siempre en virtud de su propio embotellamiento.
Incuestionablemente la Esencia o Conciencia que es lo mismo, duerme profundamente.
Capitulo 11
Uno de los problemas m�s dif�ciles de nuestra �poca, ciertamente viene a ser el intrincado laberinto de las teor�as.
Indubitablemente por estos tiempos se han multiplicado exorbitantemente por aqu�, por all� y acull� las escuelas pseudo-esoteristas y seudo-ocultistas.
La mercader�a de almas de libros y teor�as es pavorosa, raro es aquel que entre la telara�a de tantas ideas contradictorias logre en verdad hallar el camino secreto.
Lo m�s grave de todo esto es la fascinaci�n intelectiva, existe la tendencia a nutrirse estrictamente en forma intelectual con todo lo que llega a la mente.
Los vagabundos del intelecto ya no se contentan con toda esa librer�a subjetiva y del tipo general que abunda en los mercados de libros, sino que ahora y para colmo de los colmos tambi�n se atiborran e indigestan con el pseudo-esoterismo y pseudo-ocultismo barato que abunda como la mala yerba.
El resultado de todas estas jergas es la confusi�n y desorientaci�n manifiesta de los bribones del intelecto.
Constantemente recibo cartas y libros de toda especie; los remitentes como siempre interrog�ndome sobre �sta o aquella escuela, sobre tal o cual libro, yo me limito a contestar lo siguiente: Deje Ud. la ociosidad mental; a Ud. no tiene porqu� importarle la vida ajena, desintegra el yo animal de la curiosidad, a Ud. no debe importarle las escuelas ajenas, vu�lvase serio, con�zcase a s� mismo, est�diese a s� mismo, obs�rvese a s� mismo, etc., etc., etc.
Realmente lo importante es conocerse a s� mismo profundamente en todos los niveles de la mente.
Las tinieblas son la inconsciencia; la luz es la Conciencia; debemos permitir que la luz penetre en nuestras propias tinieblas; obviamente la luz tiene poder para vencer las tinieblas.
Desgraciadamente las gentes se encuentran auto-encerradas dentro del ambiente f�tido e inmundo de su propia mente, adorando a su querido Ego.
No quieren darse cuenta las gentes de que no son due�os de su propia vida, ciertamente cada persona est� controlada desde adentro por muchas otras personas. Quiero referirme en forma enf�tica a toda esta multiplicidad de yoes que llevamos dentro.
Ostensiblemente cada uno de esos yoes pone en nuestra mente lo que debemos pensar, en nuestra boca lo que debemos decir, en nuestro coraz�n lo que debemos sentir, etc.
En estas condiciones la humana personalidad no es m�s que un robot gobernado por distintas personas que se disputan la supremac�a y que aspiran al supremo control de los centros capitales de la m�quina org�nica.
En nombre de la verdad hemos de afirmar solemnemente que el pobre "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre aunque se crea muy equilibrado vive en un desequilibrio psicol�gico completo.
El mam�fero intelectual en modo alguno es unilateral, si lo fuera ser�a equilibrado.
El "Animal Intelectual" es desgraciadamente multilateral y esta est� demostrado hasta la saciedad.
�C�mo podr�a ser equilibrado el humanoide racional?. Para que exista equilibrio perfecto se necesita de la Conciencia Despierta.
S�lo la luz de la Conciencia dirigida no desde los �ngulos sino en forma plena central sobre nosotros mismos, puede acabar con los contrastes, con las contradicciones psicol�gicas y establecer en nosotros el verdadero equilibrio interior.
Si disolvemos todo ese conjunto de yoes que en nuestro interior llevamos, viene el Despertar de la Conciencia y como secuencia o corolario el equilibrio verdadero en nuestra propia psiquis.
Desafortunadamente no quieren darse cuenta las gentes de la inconsciencia en que viven; duermen profundamente.
Si las gentes estuvieran despiertas, cada cual sentir�a a sus pr�jimos en s� mismo.
Si las gentes estuvieran despiertas nuestros pr�jimos nos sentir�an en su interior.
Entonces obviamente las guerras no existir�an y la Tierra entera ser�a en verdad un para�so.
La luz de la Conciencia d�ndonos verdadero equilibrio psicol�gico, viene a establecer cada cosa en su lugar y lo que antes entraba en conflicto �ntimo con nosotros de hecho queda en su sitio adecuado.
Es tal la inconsciencia de las multitudes que ni siquiera son capaces de encontrar la relaci�n existente entre Luz y Conciencia.
Incuestionablemente Luz y Conciencia son dos aspectos de lo mismo; donde hay luz hay Conciencia.
La inconsciencia es tinieblas y �stas �ltimas existen en nuestro interior.
S�lo mediante la auto-observaci�n psicol�gica permitimos que la luz penetre en nuestras propias tinieblas.
"La luz vino a las tinieblas pero las tinieblas no la comprendieron".
Capitulo 12
Existen por doquiera muchos bribones del intelecto, sin orientaci�n positiva y envenenados por el asqueante escepticismo.
Ciertamente el repugnante veneno del escepticismo contagi� a las mentes humanas en forma alarmante desde el siglo XVIII.
Antes de aquel siglo la famosa isla Nontrabada o Encubierta, situada frente a las costas de Espa�a se hace visible y tangible constantemente.
No hay duda de que tal isla se halla ubicada dentro de la cuarta vertical. Muchas son las an�cdotas relacionadas con esa isla misteriosa.
Despu�s del siglo XVIII la citada isla se perdi� en la eternidad, nadie sabe nada sobre la misma.
En la �pocas del Rey Arturo y de los caballeros de la mesa redonda, los elementales de la naturaleza se manifestaron por doquiera, penetrando profundamente de nuestra atm�sfera f�sica.
Son muchos los relatos sobre duendes, genios y hadas que todav�a abundan en la verde Erim, Irlanda; desafortunadamente todas estas cosas inocentes, toda esta belleza del alma del mundo, ya no es percibido por la humanidad debido a las sabihondeces de los bribones del intelecto y al desarrollo desmesurado del Ego animal.
Hoy en d�a los sabihondos se r�en en todas estas cosas, no las aceptan aunque en el fondo ni remotamente hayan logrado la felicidad.
Si las gentes entendieran que tenemos tres mentes, otro gallo cantar�a, posiblemente hasta se interesar�an m�s por estos estudios.
Desgraciadamente las ignorantes ilustrados metidos en el recoveco de sus dif�ciles erudiciones, ni siquiera tienen tiempo para ocuparse de nuestros estudios seriamente.
Esas pobres gentes son autosuficientes, se hallan engre�das con el vano intelectualismo, piensan que van por el camino recto y ni remotamente suponen que se encuentran metidas en un callej�n sin salida.
En nombre de la verdad debemos decir que en s�ntesis, tenemos tres mentes: A la primera podemos y debemos llamarla Mente Sensual, a la segunda la bautizaremos con el nombre de Mente Intermedia, a la tercera la llamaremos Mente Interior.
Vamos ahora a estudiar cada una de estas tres mentes por separado y en forma juiciosa.
Incuestionablemente la Mente Sensual elabora sus conceptos de contenido mediante las percepciones sensoriales externas.
En estas condiciones la Mente Sensual es terriblemente grosera y materialista, no puede aceptar nada que no haya sido demostrado f�sicamente.
Como quiera que los conceptos de contenido de la Mente Sensual tienen por fundamento los datos sensoriales externos, indubitablemente, nada puede saber sobre lo real, sobre la verdad, sobre los misterios de la vida y de la muerte, sobre el Alma y el Esp�ritu, etc.
Para los bribones del intelecto atrapados totalmente por los sentidos externos y embotellados entre los conceptos de contenido de la Mente Sensual, nuestros estudios esot�ricos les son de locura.
Dentro de la raz�n de la sin raz�n, en el mundo de lo descabellado, ellos tienen raz�n debido a que est�n condicionados por el mundo sensorial externo. �C�mo podr�a la Mente Sensual aceptar algo que no sea sensual?.
Si los datos de los sentidos sirven de resorte secreto para todos los funcionalismos de la Mente Sensual, es obvio que �stos �ltimos tienen que originar conceptos sensuales.
Mente Intermedia es diferente, sin embargo tampoco sabe nada en forma directa sobre lo real, se limita creer y eso es todo.
En la Mente Intermedia est�n las creencias religiosas, los dogmas inquebrantables, etc.
Mente Interior es fundamental para la experiencia directa de la verdad.
Indubitablemente la Mente Interior elabora sus conceptos de contenido con los datos aportados por la Conciencia Superlativa del Ser.
Incuestionablemente la Conciencia puede vivenciar y experimentar lo real. No hay duda de que la Conciencia sabe la verdad.
Sin embargo para la manifestaci�n, la Conciencia necesita de un mediador, de un instrumento de acci�n y �ste en s� mismo es la Mente Interior.
La Conciencia conoce directamente la realidad de cada fen�meno natural y mediante la Mente Interior puede manifestarla.
Abrir la Mente Interior ser�a lo indicado a fin de salir del mundo de las dudas y de la ignorancia.
Esto significa que solo abriendo la Mente Interior nace la fe aut�ntica en el ser humano.
Mirada esta cuesti�n desde otro �ngulo, diremos, que el escepticismo materialista es la caracter�stica peculiar de la ignorancia. No hay duda de que los ignorantes ilustrados resultan ciento por ciento esc�pticos.
La fe es percepci�n directa de lo real; sabidur�a fundamental; vivencia de eso que est� m�s all� del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Dist�ngase entre fe y creencia. Las creencias se encuentran depositadas en la Mente Intermedia, la fe es caracter�stica de la Mente Interior.
Desafortunadamente existe siempre la tendencia general a confundir la creencia con la fe. Aunque parezca parad�jico enfatizaremos lo siguiente: "EL QUE TIENE FE VERDADERA NO NECESITA CREER".
Es que la fe aut�ntica es sapiencia v�vida, cognici�n exacta, experiencia directa.
Sucede que durante muchos siglos se ha confundido a la fe con la creencia y ahora cuesta mucho trabajo hacerles comprender a las gentes que la fe es sabidur�a verdadera y nunca vanas creencias.
Los funcionalismos sapientes de la Mente Interior tienen como resortes �ntimos todos estos datos formidables de la sabidur�a contenida en la Conciencia.
Quien ha abierto su Mente Interior recuerda sus vidas anteriores, conoce los misterios de la vida y de la muerte, no por lo que haya le�do o dejado de leer, no por lo que otro haya dicho o dejado de decir, no por lo que se haya cre�do o dejado de creer, sino por experiencia directa, v�vida, terriblemente real.
Esto que estamos diciendo no le gusta a la Mente Sensual, no puede aceptarlo porque se sale de sus dominios, nada tiene que ver con las percepciones sensoriales externas, es algo ajeno a sus conceptos de contenido, a lo que le ense�aron en la escuela, a lo que aprendi� en distintos libros, etc., etc.
Esto que estamos diciendo tampoco es aceptado por la Mente Intermedia porque de hecho contrar�a a sus creencias, desvirt�a lo que sus preceptores religiosos le hicieron aprender de memoria, etc.
Jes�s el Gran Kabir advierte a sus disc�pulos dici�ndoles: "Cuidaos de la levadura de los saduceos y de la levadura de los fariseos".
Es ostensible que Jes�s El Cristo con esta advertencia se refiri� a las doctrinas de los materialistas saduceos y de los hip�critas fariseos.
La doctrina de los saduceos est� en la Mente Sensual, es la doctrina de los cinco sentidos.
La doctrina de los fariseos se halla ubicada en la Mente Intermedia, esto es irrefutable, irrebatible.
Es evidente que los fariseos concurren a sus ritos para que se diga de ellos que son buenas personas, para aparentar ante los dem�s, m�s nunca trabajan sobre s� mismos.
No ser�a posible abrir la Mente Interior sino aprendi�ramos a pensar psicol�gicamente.
Incuestionablemente cuando alguien empieza a observarse a s� mismo es se�al de que ha comenzado a pensar psicol�gicamente.
En tanto uno no admita la realidad de su propia psicolog�a y la posibilidad de cambiarla fundamentalmente, indubitablemente no siente la necesidad de la auto-observaci�n psicol�gica.
Cuando uno acepta la Doctrina de los Muchos y comprende la necesidad de eliminar los distintos yoes que carga en su psiquis con el prop�sito de liberar la Conciencia, la Esencia, indubitablemente de hecho y por derecho propio inicia la auto-observaci�n psicol�gica.
Obviamente la eliminaci�n de los defectos indeseables que en nuestro interior cargamos origina la apertura de la Mente Interior.
Todo esto indica que la citada apertura es algo que se realiza en forma graduativa a medida que vayamos aniquilando los elementos indeseables que llevamos en nuestra psiquis.
Quien haya eliminado los elementos indeseables en su interior en un ciento por ciento, obviamente tambi�n habr� abierto su Mente Interior en un ciento por ciento.
Una persona as� poseer� una fe absoluta. Ahora comprender�is las palabras del Cristo cuando dijo: "Si tuvi�seis fe como un grano de mostaza mover�ais monta�as".
Capitulo 13
Incuestionablemente cada persona tiene su propia psicolog�a particular, esto es irrebatible, incontrovertible, irrefutable.
Desafortunadamente las gentes nunca piensan en esto y muchos ni lo aceptan debido a que se hallan atrapados en la Mente Sensorial.
Cualquiera admite la realidad del cuerpo f�sico porque lo puede ver y palpar, empero la Psicolog�a es cuesti�n distinta, no es perceptible para los cinco sentidos y por ello la tendencia general a rechazarla o simplemente a subestimarla y despreciarla calific�ndose de algo sin importancia.
Indubitablemente cuando alguien comienza a auto-observarse es se�al inequ�voca de que ha aceptado la tremenda realidad de su propia psicolog�a.
Es claro que nadie intentar�a auto-observarse si no encontrara antes un motivo fundamental.
Obviamente quien inicia la auto-observaci�n se convierte en un sujeto muy diferente a los dem�s, de hecho indica la posibilidad de un cambio.
Desafortunadamente la gente no quiere cambiar, se contenta con el estado en que vive.
Causa dolor ver como las gentes nacen, crecen, se reproducen como bestias, sufren lo indecible y mueren sin saber porqu�.
Cambiar es algo fundamental pero ello es imposible si no se inicia la auto-observaci�n psicol�gica.
Es necesario empezar a verse a s� mismo con el prop�sito de auto-conocernos, pues en verdad el humanoide racional no se conoce a s� mismo.
Cuando uno descubre un defecto psicol�gico, de hecho ha dado un gran paso porque esto le permitir� estudiarlo y hasta eliminarlo radicalmente.
En verdad que nuestros defectos psicol�gicos son innumerables, aunque tuvi�ramos mil lenguas para hablar y paladar de acero no alcanzar�amos a enumerarlos a todos cabalmente.
Lo grave de todo esto es que no sabemos medir el espantoso realismo de cualquier defecto; siempre le miramos en forma vana sin poner en �l la debida atenci�n; lo vemos como algo sin importancia.
Cuando aceptamos la Doctrina de los Muchos y entendemos el crudo realismo de los siete demonios que Jes�s El Cristo sac� del cuerpo de Mar�a Magdalena, ostensiblemente nuestro modo de pensar con respecto a los defectos psicol�gicos, sufre un cambio fundamental.
No est� de m�s afirmar en forma enf�tica que la Doctrina de los Muchos es de origen Tibetano y Gn�stico en un ciento por ciento.
En verdad que no es nada agradable saber que dentro de nuestra persona viven cientos y miles de personas psicol�gicas.
Cada defecto psicol�gico es una persona diferente existiendo dentro de nosotros mismos aqu� y ahora.
Los siete demonios que el Gran Maestro Jes�s El Cristo arroj� del cuerpo de Mar�a Magdalena son los siete pecados capitales; Ira, Codicia, Lujuria, Envidia, Orgullo, Pereza, Gula.
Naturalmente cada uno de estos demonios por separado es cabeza de Legi�n.
En el viejo Egipto de los Faraones el Iniciado deb�a eliminar de su naturaleza interior a los demonios rojos de SETH, si es que quer�a lograr el Despertar de la Conciencia.
Visto el realismo de los defectos psicol�gicos, el aspirante desea cambiar, no quiere continuar en el estado en que vive, con tanta gente metida dentro de su psiquis y entonces inicia la auto-observaci�n.
A medida que nosotros progresamos en el Trabajo Interior podemos verificar por s� mismos un ordenamiento muy interesante en el sistema de eliminaci�n.
Uno se asombra cuando descubre orden en el Trabajo relacionado con la eliminaci�n de los m�ltiples agregados ps�quicos que personifican a nuestros errores.
Lo interesante de todo esto es que tal orden en la eliminaci�n de defectos se realiza en forma graduativa y se procesa de acuerdo con la Dial�ctica de la Conciencia.
Nunca jam�s podr�a la Dial�ctica razonativa superar la formidable labor de la Dial�ctica de la Conciencia.
Los hechos nos van demostrando que el ordenamiento psicol�gico en el Trabajo de eliminaci�n de defectos es establecido por nuestro propio Ser interior profundo.
Debemos aclarar que existe una diferencia radical entre el Ego y el Ser. El YO jam�s podr�a establecer orden en cuestiones psicol�gicas, pues en s� mismo es el resultado del desorden.
Solo el Ser tiene poder para establecer el orden en nuestra psiquis. El Ser es el Ser. La raz�n de Ser del Ser, es el mismo Ser.
El ordenamiento en el Trabajo de auto-observaci�n, enjuiciamiento y eliminaci�n de nuestros agregados ps�quicos, va siendo evidenciado por el Sentido juicioso de la auto-observaci�n psicol�gica.
En todos los seres humanos se halla el Sentido de la auto-observaci�n psicol�gica en estado latente, m�s se desarrolla en forma graduativa a medida que vayamos us�ndolo.
Tal sentido nos permite percibir directamente y no mediante simples asociaciones intelectuales, los diversos yoes que viven dentro de nuestra psiquis.
Esta cuesti�n de las extrapercepciones sensoriales comienza a ser estudiada en el terreno de la Parapsicolog�a y de hecho ha sido demostrada en m�ltiples experimentos que se han realizado juiciosamente a trav�s del tiempo y sobre los cuales existen mucha documentaci�n.
Quienes niegan la realidad de las extrapercepciones sensoriales son ignorantes en un ciento por ciento, bribones del intelecto embotellados en la Mente Sensual.
Sin embargo el Sentido de la auto-observaci�n psicol�gica, es algo m�s profundo, va mucho m�s all� de los simples enunciados Parapsic�logos, nos permite la auto-observaci�n �ntima y la plena verificaci�n del tremendo realismo subjetivo de nuestros diversos agregados.
El ordenamiento sucesivo de las diversas partes del Trabajo relacionadas con el tema �ste tan grave de la eliminaci�n de agregados ps�quicos, nos permite inferir una "Memoria-Trabajo" muy interesante y hasta muy �til en la cuesti�n del desarrollo interior.
Esta Memoria Trabajo si bien es cierto que puede darnos distintas fotograf�as psicol�gicas de las diversas etapas de la vida pasada, juntadas en su totalidad traer�an a nuestra imaginaci�n una estampa viva y hasta repugnante de lo que fuimos antes de iniciar el Trabajo psico-transformista radical.
No hay duda que jam�s desear�amos regresar a esa horrorosa figura, viva representaci�n de lo que fuimos.
Desde �ste punto tal fotograf�a psicol�gica resultar�a �til como medio de confrontaci�n entre un presente transformado y un pasado regresivo, rancio, torpe y desgraciado.
La Memoria-Trabajo se escribe siempre a base de sucesivos eventos psicol�gicos registrados por el centro de auto-observaci�n psicol�gica.
Existe en nuestra psiquis elementos indeseables que ni remotamente sospechamos.
Que un hombre honrado incapaz de tomarse jam�s nada ajeno, honorable y digno de toda honra, descubra en forma ins�lita una serie de yoes ladrones habitando en las zonas m�s profundas de su propia psiquis, es algo espantoso, m�s no imposible.
Que una magn�fica esposa llena de grandes virtudes o una doncella de exquisita espiritualidad y educaci�n magn�fica, mediante el sentido de la auto-observaci�n psicol�gica descubre en forma inusitada que en su psiquis �ntima vive un grupo de yoes prostitutas, resultado nauseabundo y hasta inaceptable para el centro intelectual o el sentido moral de cualquier ciudadano juicioso, m�s todo eso es posible dentro del terreno exacto de la auto-observaci�n psicol�gica.
Capitulo 14
El Ser y el Saber deben equilibrarse mutuamente a fin de establecer en nuestra psiquis la llamarada de la comprensi�n.
Cuando el Saber es mayor que el Ser origina confusi�n intelectual de toda especie.
Si el Ser es mayor que el Saber puede dar casos tan graves como el del santo est�pido.
En el terreno de la vida pr�ctica conviene auto-observar con el prop�sito de auto-descubrirnos.
Es precisamente la vida pr�ctica el gimnasio psicol�gico, mediante el cual podemos descubrir nuestros defectos.
En estado de alerta percepci�n, alerta novedad, podremos verificar directamente que los defectos escondidos afloran espont�neamente.
Es claro que defecto descubierto debe ser trabajado conscientemente, con el prop�sito de separarlo de nuestra psiquis.
Ante todo no debemos identificarnos con ning�n yo-defecto, si es que en realidad deseamos eliminarlo.
Si parado sobre una tabla deseamos levantar �sta para colocarla arrimada a una pared, no ser�a posible esto si continu�ramos parados sobre ella.
Obviamente debemos empezar por separar a la tabla de s� mismo, retir�ndonos de la misma y luego con nuestras manos levantar la tabla y colocarla recargada al muro.
Similarmente no debemos identificarnos con ning�n agregado ps�quico si es que en verdad deseamos separarlo de nuestra psiquis.
Cuando uno se identifica con tal o cual yo, de hecho lo fortifica en vez de desintegrarlo.
Supongamos que un yo cualquiera de lujuria se adue�a de los rollos que tenemos en el centro intelectual para proyectar en la pantalla de la mente escenas de lascivia y morbosidad sexual, si nos identificamos con tales cuadros pasionarios, indubitablemente aquel yo lujurioso se fortificar� tremendamente.
M�s si nosotros en vez de identificarnos con esa entidad, la separamos de nuestra psiquis consider�ndola como un demonio intruso, obviamente habr� surgido en nuestra intimidad la comprensi�n creadora.
Posteriormente podr�amos darnos el lujo de enjuiciar anal�ticamente a tal agregado con el prop�sito de hacernos plenamente conscientes del mismo.
Lo grave de las gentes consiste precisamente en la identificaci�n y esto es lamentable.
Si las gentes conocieran la Doctrina de los Muchos, si de verdad entendieran que ni su propia vida les pertenece, entonces no cometer�an el error de la identificaci�n.
Escenas de ira, cuadros de celos, etc., en el terreno de la vida pr�ctica resultan �tiles cuando nos hallamos en constante auto-observaci�n psicol�gica.
Entonces comprobamos que ni nuestros pensamientos, ni nuestros deseos, ni nuestras acciones nos pertenecen.
Incuestionablemente m�ltiples yoes intervienen como intrusos de mal ag�ero para poner en nuestra mente pensamientos y en nuestro coraz�n emociones y en nuestro centro motor acciones de cualquier clase.
Es lamentable que no seamos due�os de s� mismos, que diversas entidades psicol�gicas hagan de nosotros lo que les viene en gana.
Desafortunadamente ni remotamente sospechamos lo que nos sucede y actuamos como simples marionetas controladas por hilos invisibles.
Lo peor de todo esto es que en vez de luchar por independizarnos de todos estos tiranuelos secretos cometemos el error de vigorizarlos y esto sucede cuando nos identificamos.
Cualquier escena callejera, cualquier drama familiar, cualquier ri�a tonta entre c�nyuges se debe indubitablemente a tal o cual yo y esto es algo que jam�s debemos ignorar.
La vida pr�ctica es el espejo psicol�gico donde podemos vernos a s� mismos tal cual somos.
Pero ante todo debemos comprender la necesidad de vernos a s� mismos, la necesidad de cambiar radicalmente, solo as� tendremos ganas de observarnos realmente.
Quien se contenta con el estado en que vive, el necio, el retardatario, el negligente, no sentir� nunca el deseo de verse a s� mismo, se querr� demasiado y en modo alguno estar� dispuesto a revisar su conducta y su modo de ser.
En forma clara diremos que en algunas comedias, dramas y tragedias de la vida pr�ctica intervienen varios yoes que es necesario comprender.
En cualquier escena de celos pasionarios entran en juego yoes de lujuria, ira, amor propio, celos, etc., etc., etc., que posteriormente deber�n ser enjuiciados anal�ticamente, cada uno por separado a fin de comprenderlos �ntegramente con el evidente prop�sito de desintegrarlos totalmente.
La comprensi�n resulta muy el�stica, por ello necesitamos ahondar cada vez m�s profundamente; lo que hoy comprendimos de un modo, ma�ana lo comprenderemos mejor.
Miradas las cosas desde �ste �ngulo podemos verificar por s� mismos cuan �tiles son las diversas circunstancias de la vida cuando en verdad las utilizamos como espejo para el auto-descubrimiento.
En modo alguno tratar�amos jam�s de afirmar que los dramas, comedias y tragedias de la vida pr�ctica, resultan siempre hermosos y perfectos, tal afirmaci�n ser�a descabellada.
Sin embargo por absurdas que sean las diversas situaciones de la existencia, resultan maravillosas como gimnasio psicol�gico.
El Trabajo relacionado con la disoluci�n de los diversos elementos que constituyen el m� mismo, resulta espantosamente dif�cil.
Entre las cadencias del verso tambi�n se esconde el delito. Entre el perfume delicioso de los templos, se esconde el delito.
El delito a veces se vuelve tan refinado que se confunde con la santidad y tan cruel que se llega a parecer a la dulzura.
El delito se viste con la toga del juez, con la t�nica del Maestro, con el ropaje del mendigo, con el traje del se�or y hasta con la t�nica del Cristo.
Comprensi�n es fundamental, m�s en el Trabajo de disoluci�n de los agregados ps�quicos, no es todo, como veremos en el cap�tulo siguiente.
Resulta urgente, inaplazable, hacernos conscientes de cada Yo para separarlo de nuestra Psiquis, m�s eso no es todo, falta algo m�s. (V�ase cap�tulo 16).
Capitulo 15
Hemos llegado a un punto muy espinoso, quiero referirme a la cuesti�n �sta de la Kundalini, la serpiente �gnea de nuestros m�gicos poderes citada en muchos textos de la sabidur�a oriental.
Indubitablemente la Kundalini tiene mucha documentaci�n y es algo que bien vale la pena investigar.
En los textos de Alquimia Medieval la Kundalini es la signatura astral del esperma sagrado, STELLA MARIS, la VIRGEN DEL MAR, quien gu�a sabiamente a los trabajadores de La Gran Obra.
Entre los Aztecas ella es TONANTZIN, entre los Griegos, LA CASTA DIANA, y en Egipto es ISIS LA MADRE DIVINA a quien ning�n mortal a levantado el velo.
No hay duda alguna de que EL Cristianismo Esot�rico jam�s dej� de adorar a la Divina Madre Kundalini; obviamente es MARAH o mejor dij�ramos RAM-IO, MARIA.
Lo que no especificaron las religiones ortodoxas, por lo menos en lo que ata�e al c�rculo exot�rico o p�blico, es el aspecto de ISIS en su forma individual humana.
Ostensiblemente solo en secreto se ense�� a los Iniciados que esa Divina Madre existe individualmente dentro de cada ser humano.
No est� de m�s aclarar en forma enf�tica que Dios-Madre, REA, CIBELES, ADONIA o como queramos llamarle es una variante de nuestro propio Ser individual aqu� y ahora.
Concretamente diremos que cada uno de nos tiene su propia Madre Divina particular, individual.
Hay tantas Madres en el cielo cuanto criaturas existentes sobre la faz de la tierra.
La Kundalini es la energ�a misteriosa que hace existir al mundo, un aspecto de BRAHAMA.
En su aspecto psicol�gico manifiesto en la anatom�a oculta del ser humano, LA KUNDALINI se halla enroscada tres veces y media dentro de cierto centro magn�tico ubicado en el hueso cox�geo.
All� descansa entumecida como cualquier serpiente la Divina Princesa.
En el centro de aquel Chakra o estancia existe un tri�ngulo o YONI donde est� establecido un LINGAM macho.
En este LINGAM at�mico o m�gico que representa el poder creador sexual de BRAHAMA se enrosca la sublime serpiente KUNDALINI.
La reina �gnea en su figura de serpiente, despierta con el secretum secretorum de cierto artificio alquimista que he ense�ado claramente en mi obra titulada: "El Misterio del Aureo Florecer".
Incuestionablemente cuando esa divina fuerza despierta asciende victoriosa por el canal medular espinal para desarrollar en nosotros los poderes que divinizan.
En su aspecto trascendental divinal subliminal, la serpiente sagrada trascendiendo a lo meramente fisiol�gico, anat�mico, en su estado �tnico, es como ya dije nuestro propio Ser, pero derivado.
No es mi prop�sito ense�ar en este tratado la t�cnica para el despertar de la serpiente sagrada.
Solo quiero poner cierto �nfasis al crudo realismo del Ego y a la urgencia interior relacionada con la disoluci�n de sus diversos elementos humanos.
La mente por s� misma no puede alterar radicalmente ning�n defecto psicol�gico.
La mente puede rotular cualquier defecto, pasarlo de un nivel a otro, esconderlo de s� misma o de los dem�s, disculparlo, etc., m�s nunca eliminarlo absolutamente.
Comprensi�n es una parte fundamental pero no lo es todo, se necesita eliminar.
Defecto observado debe ser analizado y comprendido en forma �ntegra antes de proceder a su eliminaci�n.
Necesitamos de un poder superior a la mente, de un poder capaz de desintegrar at�micamente cualquier yo-defecto que previamente hallamos descubierto y enjuiciado profundamente.
Afortunadamente tal poder subyace profundamente m�s all� del cuerpo, de los afectos y de la mente, aunque tenga sus exponentes concretos en el hueso de centro cox�geo, como ya lo explicamos en p�rrafos anteriores del presente cap�tulo.
Despu�s de haber comprendido �ntegramente cualquier yo-defecto, debemos sumergirnos en meditaci�n profunda, suplicando, orando, pidiendo a nuestra Divina Madre particular, individual, desintegre el yo-defecto previamente comprendido.
Esta es la t�cnica precisa que se requiere para la eliminaci�n de los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos.
La Divina Madre Kundalini tiene poder para reducir a cenizas cualquier agregado ps�quico subjetivo, inhumano.
Sin esta did�ctica, sin este procedimiento, todo esfuerzo para la disoluci�n del Ego, resulta infructuoso, in�til, absurdo.
Capitulo 16
En el terreno de la vida pr�ctica cada persona tiene su criterio, su forma m�s o menos rancia de pensar y nunca se abre a lo nuevo; esto es irrefutable, irrebatible, incontrovertible.
La mente del humanoide intelectual esta degenerada, deteriorada, en franco estado de involuci�n.
Realmente el entendimiento de la humanidad actual es similar a una vieja estructura mec�nica inerte y absurda incapaz por s� misma de cualquier fen�meno de elasticidad aut�ntica.
Falta ductilidad en la mente, se encuentra enfrascada en m�ltiples normas r�gidas y extempor�neas.
Cada cual tiene su criterio y determinadas r�gidas dentro de las cuales acciona y reacciona incesantemente.
Lo m�s grave de toda esta cuesti�n es que las millonadas de criterios equivalen a millonadas de normas putrefactas y absurdas.
En todo caso las gentes nunca se sienten equivocadas, cada cabeza es un mundo y no hay duda de que entre tantos recovecos mentales, existen muchos sofismas de distracci�n y estupideces insoportables.
Mas el criterio estrecho de las multitudes, ni remotamente sospecha el embotellamiento intelectivo en que se encuentra.
Estas gentes modernas con cerebro de cucaracha piensan de s� mismas lo mejor, presumen de liberales, de super genios, creen que tienen muy amplio criterio.
Los ignorantes ilustrados resultan ser los m�s dif�ciles, pues en realidad, hablando esta vez en estilo socr�tico diremos: "No solamente no saben, sino que adem�s ignoran que no saben".
Los bribones del intelecto aferrados a esas normas anticuadas del pasado se procesan violentamente en virtud de su propio embotellamiento y se niegan en forma enf�tica a aceptar algo que en modo alguno pueda encajar dentro de sus normas de acero.
Piensan los sabihondos ilustrados que todo aquello que por una u otra causa se salga del camino r�gido de sus procedimientos oxidados es absurdo en un ciento por ciento. As� de este modo esas pobres gentes de criterio tan dif�cil se autoenga�an miserablemente.
Presumen de geniales los pseudo-sapientes de esta �poca, ven con desd�n a quienes tienen el valor de apartarse de sus normas carcomidas por el tiempo lo peor de todo es que ni remotamente sospechan la cruda realidad de su torpeza.
La mezquindad intelectual de las mentes rancias es tal que hasta se da el lujo de exigir demostraciones sobre eso que es lo real, sobre eso que no es de la mente.
No quieren entender las gentes del entendimiento raqu�tico e intolerante que la experiencia de lo real s�lo adviene en ausencia del Ego.
Incuestionablemente en modo alguno ser�a posible reconocer inmediatamente los misterios de la vida y de la muerte en tanto no se haya abierto entre nosotros mismos la Mente Interior.
No est� de m�s repetir en este cap�tulo que s�lo la Consciencia Superlativa del Ser puede conocer la verdad.
La Mente Interior s�lo puede funcionar con los datos que aporta la Consciencia C�smica del SER.
El intelecto subjetivo con su dial�ctica razonativa, nada puede saber sobre eso que escapa a su jurisdicci�n.
Ya sabemos que los conceptos de contenido de la dial�ctica razonativa, se elaboran con los datos aportados por los sentidos de percepci�n externa.
S�lo disolviendo el EGO en forma radical y definitiva es posible despertar la Consciencia y abrir realmente la Mente Interior.
Sin embargo como quiera que estas declaraciones revolucionarias, no caben dentro de la l�gica formal, ni tampoco dentro de la dial�ctica, la reacci�n subjetiva de las mentes involucionantes opone resistencia violenta.
Quieren esas pobres gentes del intelecto meter el oc�ano dentro de un vaso de cristal, suponen que la universidad puede controlar toda la sabidur�a del universo y que todas las leyes del Cosmos est�n obligadas a someterse a sus viejas normas acad�micas.
Ni lejanamente sospechan esos tontos, dechados de sabidur�a, el estado degenerativo en que se encuentran.
A veces resaltan tales gentes por un momento cuando vienen al mundo esoterista, m�s pronto se apagan, como fuegos fatuos, desaparecen del panorama de las inquietudes espirituales, se los traga el intelecto y desaparecen de escena para siempre.
La superficialidad del intelecto nunca puede penetrar en el fondo leg�timo del SER, empero los procesos subjetivos del racionalismo pueden llevar a los necios a cualquier clase de conclusiones muy brillantes pero absurdas.
El poder formulativo de conceptos l�gicos en modo alguno implican la experiencia aut�ntica de lo real.
El juego convincente de la dial�ctica razonativa autofascina al razonador haci�ndole confundir siempre gato con liebre.
La brillante procesi�n de ideas ofusca al brib�n del intelecto y le da cierta auto-suficiencia tan absurda como para rechazar a todo eso que no huela a polvo de biblioteca y tinta de universidad.
El "delirium tremens" de los borrachos alcoh�licos tiene s�ntomas inconfundibles, pero el de los ebrios de las teor�as se confunde f�cilmente con la genialidad.
Al llegar a esta parte de nuestro cap�tulo, diremos que ciertamente resulta muy dif�cil saber donde termina el intelectualismo de los bribones y donde comienza la locura.
En tanto continuemos embotellados dentro de las normas podridas y rancias del intelecto, ser� algo m�s que imposible la experiencia de eso que no es de la mente, de eso que no es del tiempo, de eso que es lo real.
Capitulo 17
Algunos psic�logos simbolizan a la Conciencia como un cuchillo muy capaz de separarnos de lo que est� pegado a nosotros y nos extrae la fuerza.
Creen tales psic�logos que la �nica manera de escapar al poder de tal o cual Yo es observarlo cada vez con m�s claridad con el prop�sito de comprenderlo para volvernos conscientes del mismo.
Piensan esas gentes que as�, uno se separa eventualmente de este o aquel Yo, aunque sea por el grosor del filo de un cuchillo.
De esta manera, dicen, el Yo separado por la Conciencia, parece como una planta cortada.
Hacerse consciente de cualquier Yo, seg�n ellos, significa separarlo de nuestra psiquis y condenarlo a muerte.
Incuestionablemente tal concepto, aparentemente muy convincente, falla en la pr�ctica.
El Yo que mediante el cuchillo de la Conciencia ha sido cortado de nuestra personalidad, arrojado de casa como oveja negra, contin�a en el espacio psicol�gico, se convierte en demonio tentador, insiste en regresar a casa, no se resigna f�cilmente, de ninguna manera quiere comer el pan amargo del destierro, busca una oportunidad y al menor descuido de la guardia se acomoda nuevamente dentro de nuestra Psiquis.
Lo m�s grave es que dentro del Yo desterrado, se encuentra siempre embotellada cierto porcentaje de Esencia, de Conciencia.
Todos esos psic�logos que as� piensan, jam�s han logrado disolver ninguno de sus Yoes, en realidad han fracasado.
Por mucho que se intente evadir la cuesti�n esa del Kundalini, es problema muy grave.
En realidad el "Hijo Ingrato" no progresa jam�s en el Trabajo Esot�rico sobre s� mismo.
Obviamente "Hijo Ingrato" es todo aquel que desprecia a ISIS, a nuestra Divina Madre C�smica, particular, individual.
ISIS es una de las partes aut�nomas de nuestro propio Ser, pero derivado, la serpiente �gnea de nuestros M�gicos poderes, el Kundalini.
Ostensiblemente s�lo ISIS tiene poder absoluto para desintegrar cualquier YO; esto es irrefutable, irrebatible, incontrovertible.
KUNDALINI es una palabra compuesta: KUNDA viene a recordarnos al abominable �rgano "KUNDARTIGUADOR"; "LINI es un t�rmino Atlante que significa Fin.
Ya dijimos en un pasado cap�tulo que la Serpiente Ignea de nuestros M�gicos poderes, se encuentra enroscada tres veces y media dentro de cierto Centro Magn�tico ubicado en el hueso C�xigeo, base de la espina dorsal.
Cuando la Serpiente sube, es el KUNDALINI, cuando baja, es el abominable �rgano KUNDARTIGUADOR.
Mediante el "TANTRISMO BLANCO" la Serpiente asciende victoriosa por el canal medular espinal despertando los poderes que divinizan.
Mediante el "TANTRISMO NEGRO" la Serpiente se precipita desde el Coxis hacia los infiernos at�micos del hombre. As� es como muchos se convierten en Demonios terriblemente perversos.
Quienes cometen el error de atribuirle a la Serpiente ascendente todas las caracter�sticas izquierdas y tenebrosas de la Serpiente descendente, fracasan definitivamente en el Trabajo sobre s� mismos.
Las malas consecuencias del ABOMINABLE ORGANO KUNDARTIGUADOR, s�lo pueden ser aniquiladas con el KUNDALINI.
No est� de m�s aclarar que tales malas consecuencias est�n cristalizadas en el YO PLURALIZADO de la Psicolog�a Revolucionaria.
El poder hipn�tico de la Serpiente descendente tiene a la humanidad sumergida en la inconsciencia.
S�lo la Serpiente ascendente, por oposici�n, puede despertarnos. Esta verdad es un axioma de la Sabidur�a Herm�tica. Ahora comprendemos mejor la honda significaci�n de la palabra sagrada KUNDALINI.
La Voluntad consciente est� siempre representada por la mujer sagrada, Mar�a, ISIS, que aplasta la cabeza de la Serpiente descendente.
Declaro aqu� francamente y sin ambages que la doble corriente de luz, el fuego vivo y astral de la Tierra, ha sido figurado por la serpiente con cabeza de toro, de macho cabr�o o de perro en antiguos Misterios.
Es la Doble Serpiente del Caduceo de Mercurio; es la Serpiente tentadora del Edem; pero es tambi�n sin la menor duda la Serpiente de Cobre de Mois�s entrelazada en el "TAU", es decir, en el "LINGAM Generador".
Es el "Macho Cabr�o" del Sabbat y el Baphomet de los Templarios Gn�sticos; el HYLE del Gnosticismo Universal; la doble cola de serpiente que forma las patas de Gallo Solar de los ABAXAS.
En el "LINGAM NEGRO" embutido en el "YONI" met�lico, s�mbolos del Dios SHIVA, la divinidad Hind�, est� la clave secreta para despertar y desarrollar la Serpiente ascendente o KUNDALINI, a condici�n de no derramar jam�s en la vida el "Vaso de Hermes Trismegisto", el tres veces grande Dios IBIS DE THOTH.
Hemos hablado entre l�neas para quienes sepan entender. Quien tenga entendimiento que entienda porque aqu� hay sabidur�a.
Los TANTRICOS negros son diferentes, ellos despiertan y desarrollan el Abominable �rgano KUNDARTIGUADOR, la Serpiente Tentadora del Edem, cuando cometen en sus ritos el crimen imperdonable de derramar el "Vino Sagrado".
Capitulo 18
EL PAIS PSICOLOGICO
Incuestionablemente as� como existe el Pa�s Exterior en el cual vivimos, as� tambi�n en nuestra intimidad existe el Pa�s Psicol�gico.
Las gentes no ignoran jam�s la ciudad o la comarca donde viven, desafortunadamente sucede que desconocen el lugar psicol�gico donde se hallan ubicadas.
En un instante dado cualquiera sabe en qu� barrio o colonia se encuentra, m�s en el terreno psicol�gico no sucede lo mismo, normalmente las gentes ni remotamente sospechan en un momento dado el lugar de su Pa�s Psicol�gico en donde se han metido.
As� como en el mundo f�sico existen colonias de gentes decentes y cultas, as� tambi�n sucede en la comarca psicol�gica de cada uno de nosotros; no hay de que existen colonias muy elegantes y hermosas.
As� como en el mundo f�sico hay colonias o barrios con callejuelas peligrosamente llenas de asaltantes, as� tambi�n sucede lo mismo en la comarca psicol�gica de nuestro interior.
Todo depende de la clase de gente que nos acompa�e; si tenemos amigos borrachos iremos a parar a la cantina, y si �stos �ltimos son calaveras, indubitablemente nuestro destino estar� en los prost�bulos.
Dentro de nuestro Pa�s Psicol�gico cada cual tiene sus acompa�antes, sus YOES, �stos los llevar�n a uno a donde deben llevarlo de acuerdo con sus caracter�sticas psicol�gicas.
Una dama virtuosa y honorable, magn�fica esposa, de conducta ejemplar, viviendo en una hermosa mansi�n en el mundo f�sico, debido a sus YOES lujuriosos podr�a estar ubicada en antros de prostituci�n dentro de su Pa�s Psicol�gico.
Un caballero honorable, de honradez intachable, magn�fico ciudadano, podr�a dentro de su comarca psicol�gica encontrarse ubicado en una cueva de ladrones, debido a sus p�simos acompa�antes, YOES del robo, muy sumergidos dentro del inconsciente.
Un anacoreta y penitente, posiblemente un monje azul viviendo austero, dentro de su celda en alg�n monasterio, podr�a psicol�gicamente encontrarse ubicado en una colonia de asesinos, pistoleros, atracadores, drogadictos, debido precisamente a sus YOES infraconscientes o inconscientes, sumergidos profundamente dentro de los recovecos m�s dif�ciles de su psiquis.
Por algo se nos ha dicho que hay mucha virtud en los malvados y que hay mucha maldad en los virtuosos.
Muchos santos canonizados a�n viven todav�a dentro de los antros psicol�gicos del robo o en casas de prostituci�n.
Esto que estamos afirmando en forma enf�tica podr�a escandalizar a los mojigatos, a los pietistas, a los ignorantes ilustrados, a los dechados de sabidur�a, pero jam�s a los verdaderos psic�logos.
Aunque parezca incre�ble, entre el incienso de la oraci�n tambi�n se esconde el delito, entre las cadencias del verso tambi�n se esconde el delito, bajo la c�pula sagrada de los santuarios m�s divinos el delito se reviste con la t�nica de la santidad y la palabra sublime.
Entre los fondos profundos de los santos m�s venerables, viven los YOES del prost�bulo, del robo, del homicidio, etc.
Acompa�antes infrahumanos escondidos entre las insondables profundidades del inconsciente.
Muchos sufrieron por tal motivo los diversos santos de la historia, recordemos las tentaciones de San Antonio, todas aquellas abominaciones contra las que tuvo que luchar nuestro hermano Francisco de As�s.
Sin embargo no todo lo dijeron esos santos y la mayor parte de los anacoretas callaron.
Uno se asombra al pensar que algunos anacoretas penitentes y sant�simos, vivan en las colonias psicol�gicas de la prostituci�n y el robo.
Empero son santos y si todav�a no han descubierto esas cosas espantosas de su psiquis, cuando las descubran usar�n silicios sobre su carne, ayunar�n, posiblemente se azotar�n, y rogar�n a su divina madre KUNDALINI elimine de su psiquis esos malos acompa�antes que en esos antros tenebrosos de su propio Pa�s Psicol�gico, los tiene metidos.
Mucho han dicho las distintas religiones sobre la vida despu�s de la muerte y el m�s all�.
Que no se devanen m�s los sesos las pobres gentes sobre lo que hay all� del otro lado, m�s all� del sepulcro.
Incuestionablemente despu�s de la muerte cada cual contin�a viviendo en la colonia Psicol�gica de siempre.
El ladr�n en los antros de los ladrones continuar�; el lujurioso en las casas de cita proseguir� como fantasma de mal ag�ero, el iracundo, el furioso seguir� viviendo en las callejuelas peligrosas del vicio y de la ira, all� tambi�n donde brilla el pu�al y suenan los tiros de las pistolas.
La Esencia en s� misma es muy hermosa, vino de arriba de las estrellas y desgraciadamente est� metida dentro de todos estos yoes que llevamos dentro.
Por oposici�n la Esencia puede desandar el camino, regresar al punto de partida original, volver a las estrellas, m�s debe liberarse primero de sus malos acompa�antes que la tienen metida en los suburbios de la perdici�n.
Cuando Francisco de As�s y Antonio de Padua, insignes Maestros Cristificados, descubrieron dentro de su interior los yoes de la perdici�n, sufrieron lo indecible y no hay duda de que a base de Trabajos Conscientes y Padecimientos Voluntarios, lograron reducir a polvareda c�smica a todo ese conjunto de elementos inhumanos que en su interior viv�an. Incuestionablemente esos Santos se Cristificaron y regresaron al punto de partida original despu�s de haber sufrido mucho.
Ante todo es necesario, es urgente, inaplazable que el Centro Magn�tico que en forma anormal tenemos establecido en nuestra falsa personalidad, sea transferido a la Esencia, as� podr� iniciar el hombre completo su viaje desde la personalidad hasta las estrellas, ascendiendo en forma did�ctica progresiva, de grado en grado por la Monta�a del SER.
En tanto contin�e el Centro Magn�tico establecido en nuestra personalidad ilusoria viviremos en los antros psicol�gicos m�s abominables; aunque en la vida pr�ctica seamos magn�ficos ciudadanos.
Cada cual tiene su Centro Magn�tico que le caracteriza: el comerciante tiene el Centro Magn�tico del comercio y por ello se desenvuelve en los mercados y atrae lo que le es af�n, compradores y mercaderes.
El hombre de ciencia tiene en su personalidad el Centro Magn�tico de la ciencia y por ello atrae hacia s� todas las cosas de la ciencia, libros, laboratorios, etc.
El esoterista tiene en s� mismo el centro magn�tico del esoterismo, y como quiera que esta clase de centro se torna diferente a las cuestiones de la personalidad, indubitablemente se sucede por tal motivo la transferencia.
Cuando el Centro Magn�tico se establece en la Conciencia, es decir, en la Esencia, entonces se inicia el regreso del hombre total a las estrellas.
Capitulo 19
El desdoblamiento psicol�gico del hombre nos permite evidenciar el crudo realismo de un nivel superior en cada uno de nosotros.
Cuando uno ha podido verificar por s� mismo y en forma directa, el hecho concreto de dos hombres en uno mismo, el inferior en el nivel normal com�n y corriente, el superior en una octava m�s elevada, entonces todo cambia y procuramos en este caso actuar en la vida de acuerdo a los principios fundamentales que lleva en lo hondo de su SER.
As� como existe una vida externa, as� tambi�n existe una vida interna.
El hombre exterior no es todo, el desdoblamiento psicol�gico nos ense�a la realidad del Hombre interior.
El hombre exterior tiene su modo de ser, es una cosa con m�ltiples actitudes y reacciones t�picas en la vida, una marioneta movida por hilos invisibles.
El Hombre Interior es el SER aut�ntico, se procesa en otras leyes muy diferentes, jam�s podr�a ser convertido en robot.
El hombre exterior no da puntada sin dedal, siente que le han pagado mal, se compadece de s� mismo, se auto-considera demasiado, si es soldado aspira a ser general, si es trabajador en una f�brica protesta cuando no le ascienden, quiere que sus m�ritos sean debidamente reconocidos, etc.
Nadie podr�a llegar al Nacimiento Segundo, renacer como dice el Evangelio del Se�or, en tanto contin�e viviendo con la psicolog�a del hombre inferior com�n y corriente.
Cuando uno reconoce su propia nadidad y miseria interior, cuando tiene el valor de revisar su vida, indubitablemente viene a saber por s� mismo, que de ninguna manera posee m�ritos de ninguna especie.
"Bienaventurados los pobres de esp�ritu porque ellos recibir�n el reino de los cielos".
Pobres de esp�ritu o indigentes de esp�ritu, son realmente aquellos que reconocen su propia nadidad, desverg�enza y miseria interior. Esta clase de seres incuestionablemente reciben la iluminaci�n.
"M�s f�cil pasa un camello por el hueco de una aguja que un rico entrar en el reino de los cielos".
Es ostensible que la mente enriquecida por tantos m�ritos, condecoraciones y medallas, distinguidas virtudes sociales y complicadas teor�as acad�micas, no es pobre de esp�ritu y por ende nunca podr� entrar en le reino de los cielos.
Para entrar en el reino se hace impostergable el tesoro de la fe. En tanto no se haya producido en cada uno de nosotros el desdoblamiento psicol�gico, la FE resulta algo m�s que imposible.
La FE es el conocimiento puro, la sabidur�a experimental directa.
La FE fue siempre confundida con las vanas creencias, los Gn�sticos no debemos caer jam�s en tan grave error.
La FE es experiencia directa de lo real; vivencia magn�fica del Hombre Interior; cognici�n divinal aut�ntica.
El Hombre Interior al conocer por experiencia m�stica directa sus propios mundos internos, es ostensible que conoce tambi�n los mundos internos de todas las personas que pueblan la faz de la Tierra.
Nadie podr�a conocer los mundos internos del planeta Tierra, del sistema solar y de la galaxia en que vivimos, si antes no ha conocido sus propios mundos internos. Esto es similar al suicida que escapa de la vida por puerta falsa.
Las extra-percepciones del drogadicto tiene su ra�z particular en el abominable �rgano KUNDARTIGUADOR (la serpiente tentadora del Ed�n).
La Cocnciencia embotellada entre los m�ltiples elementos que constituyen el Ego se procesa en virtud de su propio embotellamiento.
La conciencia egoica deviene pues en estado comatoso, con alucinaciones hipn�ticas muy similares a la de cualquier sujeto que se hallare bajo el influjo de tal o cual droga.
Podemos plantear esta cuesti�n en la siguiente forma: alucinaciones de la conciencia egoica son iguales a las alucinaciones provocadas por las drogas.
Obviamente estos dos tipos de alucinaciones tienen sus causas originales en el abominable �rgano KUNDARTIGUADOR. (V�ase cap�tulo 16).
Indubitablemente las drogas aniquilan los rayos alfa, entonces incuestionablemente viene a perderse la conexi�n intr�nseca entre mente y cerebro; esto de hecho resulta fracaso total.
El drogad�cto convierte al vicio en religi�n y desviado piensa experimentar lo real bajo el influjo de las drogas, ignorando que las extra-percepciones producidas por la marihuana, el L.S.D., la morfina, los hongos alucinantes, la coca�na, la hero�na, el hashis, pastillas tranquilizantes en exceso, anfetaminas, barbit�ricos, etc., etc., etc., son meras alucinaciones elaboradas por el abominable �rgano KUNDARTIGUADOR.
Los drogadictos involucionando, degenerando en el tiempo, se sumergen al fin en forma definitiva dentro de los mundos infiernos.
Capitulo 20
No hay duda que entre el pensar y el sentir existe una gran diferencia, esto es incontrovertible.
Existe una gran frialdad entre las gentes, es el fr�o de lo que no tiene importancia, de lo superficial.
Creen la multitudes que importante es lo que no es importante, suponen que la �ltima moda o el coche �ltimo modelo o la cuesti�n �sta del salario fundamental es lo �nico serio.
Llaman serio la cr�nica del d�a, la aventura amorosa, la vida sedentaria, la copa de licor, la carrera de caballos, la carrera de autom�viles, la corrida de toros, el chismorreo, la calumnia, etc.
Obviamente, cuando el hombre del d�a o la mujer del sal�n de belleza escuchan algo sobre esoterismo, como quiera que esto no est� en sus planes, ni en sus tertulias, ni en sus placeres sexuales, responden con un no se qu� de frialdad espantosa o sencillamente retuercen la boca, levantan los hombros, y se retiran con indiferencia.
Esa apat�a psicol�gica, esa frialdad que espanta, tiene dos basamentos: primero la ignorancia m�s tremenda, segundo la ausencia m�s absoluta de inquietudes espirituales.
Falta un contacto, un choque el�ctrico, nadie lo di� en la tienda, tampoco entre lo que se cre�a serio, ni mucho menos en los placeres de la cama.
Si alguien fuera capaz de darle al fr�o imb�cil o a la superficial mujercita el toque el�ctrico del momento, el chispazo del coraz�n, alguna reminiscencia extra�a, un no se qu� demasiado �ntimo tal vez entonces todo ser�a distinto.
M�s algo desplaza a la vocecilla secreta, a la primera corazonada, al anhelo �ntimo; posiblemente una tonter�a, el hermoso sombrero de alguna vitrina o aparador, el dulce exquisito de un restaurante, el encuentro de un amigo que m�s tarde no tiene para nosotros ninguna importancia, etc.
Tonter�as, necedades, que no siendo trascendentales, s� tienen fuerza en un instante dado como para apagar la primera inquietud espiritual, el �ntimo anhelo, la insignificante chispa de luz, la corazonada que sin saber por qu� nos inquiet� por un momento.
Si esos que hoy son cad�veres vivientes, fr�os noct�mbulos del club o sencillamente vendedores de paraguas en el almac�n de la Calle Real, no hubieran sofocado la primera inquietud �ntima, ser�an en este momento luminarias del esp�ritu, adeptos de la luz, Hombres aut�nticos en el sentido m�s completo de la palabra.
El chispazo, la corazonada, un suspiro misterioso, un no se qu�, fue sentido alguna vez por el carnicero de la esquina, por el engrasador de calzado o por el doctor de primera magnitud; m�s todo fue en vano, las necedades de la personalidad siempre apagan el primer chispazo de la luz; despu�s prosigue el fr�o de la m�s espantosa indiferencia.
Incuestionablemente a las gentes se las traga la Luna tarde o temprano; esta verdad resulta incontrovertible.
No hay nadie en la vida que no haya sentido alguna vez, una corazonada, una extra�a inquietud, desgraciadamente cualquier cosa de la personalidad por tonta que �sta sea, es suficiente como para reducir a polvareda c�smica eso que en el silencio de la noche nos conmovi� por un momento.
La Luna gana siempre estas batallas, ella se alimenta, se nutre, precisamente con nuestras propias debilidades.
La Luna es terriblemente mecanicista, el humanoide lunar desprovisto por completo de toda inquietud solar, es incoherente y se mueve en el mundo de sus sue�os.
Si alguien hiciera lo que nadie hace, esto es avivar la �ntima inquietud surgida tal vez en el misterio de alguna noche, no hay duda de que a la larga se asimilar�a la inteligencia solar y se convertir�a por tal motivo en Hombre Solar.
Eso es, precisamente, lo que el Sol quiere pero a estas sombras lunares, tan fr�as, ap�ticas e indiferentes siempre se las traga la Luna; despu�s viene la igualaci�n de la muerte.
La muerte iguala todo. Cualquier cad�ver viviente desprovisto de inquietudes solares, degenera terriblemente en forma progresiva hasta que la Luna lo devora.
El Sol quiere crear Hombres, est� haciendo ese ensayo en el laboratorio de la naturaleza; desgraciadamente, tal experimento no le ha dado buenos resultados; la Luna se traga la gente.
Sin embargo, esto que estamos diciendo no le interesa a nadie, mucho menos a los ignorantes ilustrados; ellos se sienten la mam� de los pollitos o el pap� de Tarz�n.
El Sol a depositado dentro de las gl�ndulas sexuales del "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre, ciertos g�rmenes solares que convenientemente desarrollados podr�an transformarnos en Hombres aut�nticos.
Empero, el experimento solar resulta espantosamente dif�cil debido precisamente al fr�o lunar.
Las gentes no quieren cooperar con el Sol y por tal motivo, a la larga los g�rmenes solares involucionan, degeneran y se pierden lamentablemente.
La Clav�cula Maestra de la obra del Sol est� en la disoluci�n de los elementos indeseables que llevamos dentro.
Cuando una raza humana pierde todo inter�s por las ideas solares, el Sol la destruye porque no le sirve ya para su experimento.
Como quiera que esta raza actual se ha vuelto insoportablemente lunar, terriblemente superficial y mecanicista, ya no sirve para el experimento solar, motivo m�s que suficiente por el cual ser� destruida.
Para que haya inquietud espiritual continua, se requiere pasar el Centro Magn�tico de gravedad a la Esencia, a la Conciencia.
Desafortunadamente las gentes tiene el Centro Magn�tico de gravedad en la personalidad; en el caf�, en la cantina, en los negocios del banco; en la casa de citas o en la plaza de mercado, etc.
Obviamente, todas �stas son las cosas de la personalidad y el Centro Magn�tico de la misma atrae a todas estas cosas; esto es incontrovertible y cualquier persona que tenga sentido com�n puede verificarlo por s� misma y en forma directa.
Desgraciadamente al leer todo esto, los bribones del intelecto acostumbrados a discutir demasiado o a callar con un orgullo insoportable, prefieren tirar el libro con desd�n y leer el peri�dico.
Unos cuantos sorbos de buen caf� y la cr�nica del d�a, resultan magn�fico alimento para los mam�feros racionales.
Sin embargo, ellos se sienten muy serios, indubitablemente sus propias sabihondeces los tienen alucinados y estas cosas de tipo solar escritas en este libro insolente, les molesta demasiado. No hay duda de que los ojos bohemios de los hom�nculos de la raz�n no se atrever�an a continuar con el estudio de esta obra.
Capitulo 21
En la vida lo �nico importante es el cambio radical, total y definitivo; lo dem�s francamente no tiene la menor importancia.
La Meditaci�n resulta fundamental cuando sinceramente queremos nosotros tal cambio.
En modo alguno deseamos la Meditaci�n intrascendente, superficial y vana.
Necesitamos volvernos serios y dejar a un lado tantas tonter�as que abundan por all� en el pseudo-esoterismo y pseudo-ocultismo barato.
Hay que saber ser serios, hay que saber cambiar, si es que en realidad de verdad no queremos fracasar en el trabajo Esot�rico.
Quien no sabe meditar, es superficial, es intonso, jam�s podr� disolver el Ego; ser� siempre un le�o impotente entre el furioso mar de la vida.
Defecto descubierto en el terreno de la vida pr�ctica, debe ser comprendido profundamente a trav�s de la t�cnica de la Meditaci�n.
El material did�ctico para la Meditaci�n se encuentra precisamente en los distintos eventos o circunstancias de la vida pr�ctica, esto es incontrovertible.
Las gentes siempre protestan contra los eventos desagradables, nunca saben ver la utilidad de tales eventos.
Nosotros en vez de protestar contra las circunstancias desagradables, debemos extraer de las mismas mediante la Meditaci�n, los elementos �tiles para nuestro crecimiento an�mico.
La Meditaci�n de fondo sobre tal o cual circunstancia agradable o desagradable, nos permite sentir en s� mismos el sabor, el resultado.
Es necesario hacer una plena diferenciaci�n psicol�gica entre lo que es el sabor trabajo y el sabor vida.
En todo caso para sentir en s� mismos el sabor trabajo, se requiere inversi�n total de la actitud con que normalmente se toman las circunstancias de la existencia.
Nadie podr�a gustar del sabor trabajo en tanto cometiera el error de identificarse con los diversos eventos.
Ciertamente la identificaci�n impide la debida apreciaci�n psicol�gica de los eventos.
Cuando uno se identifica con tal o cual acontecimiento, en modo alguno logra extraer del mismo los elementos �tiles para el auto-descubrimiento y crecimiento interior de la Conciencia.
El Trabajador Esoterista que regresa a la identificaci�n despu�s de haber perdido la guardia, vuelve a sentir el sabor vida en vez del sabor trabajo.
Esto indica que la actitud psicol�gica invertida antes ha vuelto a su estado de identificaci�n.
Cualquier circunstancia desagradable debe ser reconstruida por medio de la imaginaci�n consciente a trav�s de la t�cnica de la Meditaci�n.
La reconstrucci�n de cualquier escena nos permite verificar por s� mismos y en forma directa la intervenci�n de varios yoes participantes en la misma.
Ejemplos: Una escena de celos amorosos; en ella intervienen yoes de ira, celos y hasta odio.
Comprender cada uno de estos yoes, cada uno de estos factores, implica de hecho profunda reflexi�n, concentraci�n, Meditaci�n.
La marcada tendencia a culpar a otros, es �bice, obst�culo para la comprensi�n de nuestros propios errores.
Desgraciadamente resulta tarea muy dif�cil destruir en nosotros la tendencia a culpar a otros.
En nombre de la verdad hemos de decir que nosotros somos los �nicos culpables de las diversas circunstancias desagradables de la vida.
Los distintos eventos agradables o desagradables existen con nosotros o sin nosotros y se repiten mec�nicamente en forma continua.
Partiendo de este principio ning�n problema puede tener una soluci�n final.
Los problemas son de la vida y si hubiese una soluci�n final la vida no ser�a vida sino muerte.
Entonces puede haber modificaci�n de las circunstancias y de los problemas, m�s nunca dejar�n de repetirse y jam�s tendr�n una soluci�n final.
La vida es una rueda que gira mec�nicamente con todas las circunstancias agradables y desagradables, siempre recurrente.
No podemos detener la rueda, las circunstancias buenas o malas se procesan siempre mec�nicamente, �nicamente podemos cambiar nuestra actitud ante los eventos de la vida.
Conforme nosotros aprendamos a extraer el material para la Meditaci�n de entre las mismas circunstancias de la existencia, nos iremos auto-descubriendo.
En cualquier circunstancia agradable o desagradable existen diversos yoes que deben ser comprendidos �ntegramente con la t�cnica de la Meditaci�n.
Esto significa que cualquier grupo de yoes interviniendo en tal o cual drama, comedia o tragedia de la vida pr�ctica, despu�s de haber sido comprendido integralmente deber� ser eliminado mediante el poder de la Divina Madre Kundalini.
A medida que hagamos uso del Sentido de la observaci�n psicol�gica, esto �ltimo se ir� tambi�n desarrollando maravillosamente. Entonces podremos percibir a los yoes durante el Trabajo de la Meditaci�n.
Resulta interesante percibir interiormente no solamente a los yoes antes de haber sido trabajados, sino tambi�n durante todo el Trabajo.
Cuando estos yoes son decapitados y desintegrados, sentimos un gran alivio, una gran dicha.
Capitulo 22
Un hombre es lo que es su vida; si un hombre no Trabaja su propia vida, est� perdiendo el tiempo miserablemente.
Solo eliminando los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos, podemos hacer de nuestra vida una obra maestra.
La muerte es el regreso al principio de la vida, con la posibilidad de repetirla nuevamente en el escenario de una nueva existencia.
Las diversas escuelas de tipo pseudo-esoterista y pseudo-ocultista sostienen la teor�a eterna de las vidas sucesivas; tal concepto est� equivocado.
La vida es una pel�cula; concluida la proyecci�n, enrollamos la cinta en su carrete y nos la llevamos para la eternidad.
El reingreso existe, el retorno existe; al volver a este mundo proyectamos sobre el tapete de la existencia la misma pel�cula, la misma vida.
Podemos sentar la tesis de existencias sucesivas; m�s no de vidas sucesivas porque la pel�cula es la misma.
El ser humano tiene un tres por ciento de Esencia libre y un noventa y siete por ciento de Esencia embotellada entre los yoes.
Al retornar el tres por ciento de Esencia libre impregna totalmente el huevo fecundado; incuestionablemente continuamos en la semilla de nuestros descendientes.
Personalidad es diferente; no existe ning�n ma�ana para la personalidad del muerto; �sta �ltima se va disolviendo lentamente en el pante�n o cementerio.
En el reci�n nacido solo se haya incorporado el peque�o porcentaje de Esencia libre; esto da a la criatura auto-conciencia y belleza interior.
Los diversos yoes que retornan dan vueltas al reci�n nacido, van y vienen libremente por doquiera, quisieran meterse dentro de la m�quina org�nica, mas esto no es posible en tanto no se haya creado una nueva personalidad.
Conviene saber que la personalidad es energ�tica y que se forma con la experiencia a trav�s del tiempo.
Escrito est� que la personalidad ha de crearse durante los primeros siete a�os de la infancia y que posteriormente se robustece y fortifica con todas las experiencias de la vida pr�ctica.
Los yoes empiezan a intervenir dentro de la m�quina org�nica poco a poco a medida que la nueva personalidad se va creando.
La muerte es una resta de quebrados, terminada la operaci�n matem�tica lo �nico que contin�a son los Valores; esto es, los yoes buenos y malos, �tiles e in�tiles, positivos y negativos.
Los Valores en la luz astral se atraen y repelen entre s� de acuerdo con las Leyes de la Imantaci�n Universal.
Nosotros somos puntos matem�ticos en el espacio que servimos de veh�culos a determinadas sumas de Valores.
Dentro de la humana personalidad de cada uno de nosotros existen siempre estos valores que sirven de basamento a la Ley de Recurrencia.
Todo vuelve a ocurrir tal como sucedi� m�s el resultado de nuestras acciones precedentes.
Como quiera que dentro de cada uno de nosotros existen muchos yoes de vidas precedentes, podemos afirmar en forma enf�tica que cada uno de aquellos es una persona distinta.
Esto nos invita a comprender que dentro de cada uno de nosotros viven much�simas personas con distintos compromisos.
Dentro de la personalidad de un ladr�n existe una verdadera cueva de ladrones; dentro de la personalidad de un homicida existe todo un club de asesinos; dentro de la personalidad de un lujurioso existe una casa de citas; dentro de la personalidad de cualquier prostituta existe todo un prost�bulo, etc.
Cada una de esas personas que dentro de nuestra propia personalidad cargamos, tiene sus problemas y compromisos.
Gente viviendo dentro de la gente, personas viviendo dentro de las personas; esto es irrefutable, irrebatible.
Lo grave de todo esto es que cada una de esas personas o yoes que dentro de nosotros vive, viene de antiguas existencias y tiene determinados compromisos.
El yo que en la pasada existencia tuvo una aventura amorosa a la edad de los treinta a�os, en la nueva existencia aguardar� tal edad para manifestarse y llegado el momento buscar� a la persona de sus ensue�os, se pondr� en contacto telep�tico con la misma y al fin vendr� el reencuentro y la repetici�n de la escena.
El yo que a la edad de cuarenta a�os tuvo un pleito por bienes materiales, en la nueva existencia aguardar� tal edad para repetir la misma comidilla.
El yo que a los veinticinco a�os se pele� con otro hombre en la cantina o en el bar, aguardar� en la nueva existencia la nueva edad de veinticinco a�os para buscar a su adversario y repetir la tragedia.
Se buscan entre s� los yoes de uno y otro sujeto mediante las ondas telep�ticas y luego se reencuentran para repetir mec�nicamente lo mismo.
Esta es realmente la mec�nica de la Ley de Recurrencia, esta es la tragedia de la vida.
A trav�s de millares de a�os los diversos personajes se reencuentran para revivir los mismos dramas, comedias y tragedias.
La persona humana no es m�s que una m�quina al servicio de estos yoes con tantos compromisos.
Lo peor de toda esta cuesti�n es que todos estos compromisos de la gente que llevamos en nuestro interior se cumplen sin que nuestro entendimiento tenga previamente alguna informaci�n.
Nuestra personalidad humana en este sentido parece un carro arrastrado por m�ltiples caballos.
Hay vidas de exact�sima repetici�n, recurrentes existencias que nunca se modifican.
En modo alguno podr�an repetirse las comedias, dramas y tragedias de la vida sobre la pantalla de la existencia, si no existiesen actores.
Los actores de todas estas escenas son los yoes que en nuestro interior cargamos y que vienen de antiguas existencias.
Si nosotros desintegramos a los yoes de la ira, las escenas tr�gicas de la violencia concluyen inevitablemente.
Si nosotros reducimos a polvareda c�smica a los agentes secretos de la codicia, los problemas de la misma finalizar�n totalmente.
Si nosotros aniquilamos a los yoes de la lujuria, las escenas del prost�bulo y de la morbosidad finalizan.
Si nosotros reducimos a cenizas a los personajes secretos de la envidia, los eventos de la misma concluir�n radicalmente.
Si nosotros matamos a los yoes del orgullo, de la vanidad, del engreimiento, de la auto-importancia, las escenas rid�culas de estos defectos finalizar�n por falta de actores.
Si nosotros pulverizamos los yoes asqueantes de la gula, de la glotoner�a, finalizar�n los banqueteos, las borracheras, etc., por falta de actores.
Como quiera que estos m�ltiples yoes se procesan lamentablemente en los distintos Niveles del Ser, se hace necesario conocer sus causas, su origen y los procedimientos cr�sticos que finalmente habr�n de conducirnos a la muerte del M� Mismo y a la liberaci�n final.
Estudiar el Cristo Intimo, estudiar el esoterismo cr�stico es b�sico, cuando se trata de provocar en nosotros un cambio radical y definitivo; esto es lo que estudiaremos en pr�ximos cap�tulos.
Capitulo 23
Cristo es el Fuego del Fuego, la Llama de la Llama, la Signatura Astral del Fuego.
Sobre la Cruz del M�rtir del calvario est� definido el Misterio del Cristo con una sola palabra que consta de cuatro letras: INRI, Ignis, Natura, Renovatur, Integram. - El Fuego Renueva Incesantemente la Naturaleza -.
El Advenimiento del Cristo en el coraz�n del Hombre, nos transforma radicalmente.
Cristo es el LOGOS SOLAR, Unidad M�ltiple Perfecta. Cristo es la vida que palpita en el universo entero, es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre ser�.
Mucho se ha dicho sobre el Drama C�smico; incuestionablemente este Drama est� formado por los cuatro evangelios.
Se nos ha ducho que el Drama C�smico fue tra�do por los Eloh�m a la Tierra; el Gran Se�or de la Atl�ntida represent� ese Drama en Carne y Hueso.
El Gran KABIR JESUS tambi�n hubo de representar el mismo Drama p�blicamente en la Tierra Santa.
Aunque Cristo nazca mil veces en Bel�n, de nada sirve si no nace en nuestro coraz�n tambi�n.
Aunque hubiese muerto y resucitado al tercer d�a de entre los muertos, de nada sirve eso si no muere y resucita en nosotros tambi�n.
Tratar de descubrir la naturaleza y la esencia del fuego es tratar de descubrir a Dios, cuya presencia real siempre se ha revelado bajo la apariencia �gnea.
La zarza ardiente (Exodo, III, 2) y el incendio del Sina� a ra�z del otorgamiento del Dec�logo (Exodo, XIX, 18) son las dos manifestaciones por las que Dios apareci� a Mois�s.
Bajo la figura e un ser de Jaspe y Sard�nico de color de llama, sentado en un Trono incandescente y fulgurante, San Juan describe al due�o del Universo. (Apocal�psis, IV, 3, 5).
Nuestro Dios es un Fuego Devorador, escribe San Pablo en su "Ep�stola a los Hebreos".
El Cristo Intimo, el Fuego Celestial, debe nacer en nosotros y nace en realidad cuando hemos avanzado bastante en el Trabajo Psicol�gico.
El Cristo Intimo debe eliminar de nuestra Naturaleza Psicol�gica la misma causas de error, los YOES CAUSAS.
No ser�a posible la disoluci�n de las causas del EGO, en tanto el Cristo Intimo no haya nacido en nosotros.
El Fuego Viviente y Filosofal, el Cristo Intimo, es el fuego del Fuego, lo puro de lo puro.
El Fuego nos envuelve y nos ba�a por todas partes, viene a nosotros por el aire, por el agua y por la misma tierra que son sus conservadores y sus diversos veh�culos.
El Fuego Celestial debe cristalizar en nosotros, es el Cristo Intimo, nuestro Salvador interior profundo.
El Se�or Intimo debe hacerse cargo de toda nuestra Psiquis, de los Cinco Cilindros de la m�quina org�nica, de todos nuestros procesos Mentales, Emocionales, Motores, Instintivos, Sexuales.
Capitulo 24
El Cristo Intimo surge interiormente en el Trabajo relacionado con la disoluci�n del Yo Psicol�gico.
Obviamente el Cristo Interior s�lo adviene a nosotros en el momento cumbre de nuestros esfuerzos intencionales y padecimientos voluntarios.
El advenimiento del Fuego Cr�stico es el evento m�s importante de nuestra vida.
El Cristo Intimo se hace entonces cargo de todos los procesos mentales, emocionales, motores, instintivos y sexuales.
Incuestionablemetne el Cristo Intimo es nuestro Salvador interior profundo.
El siendo perfecto al meterse en nosotros parecer�a como imperfecto; siendo casto parecer�a como si no lo fuese; siendo justo parecer�a como si no lo fuese.
Esto es semejante a los distintos reflejos de luz. Si usamos anteojos azules todo nos parecer� azul y si lo usamos de color rojo veremos todas las cosas de este color.
El aunque sea blanco, visto desde afuera cada cual le ver� a trav�s del cristal psicol�gico con que se le mira, por eso es que las gentes vi�ndole, no le ven.
Al hacerse cargo de todos nuestros procesos psicol�gicos, el Se�or de perfecci�n sufre lo indecible.
Convertido en hombre entre los hombres, ha de pasar por muchas pruebas y soportar tentaciones indecibles.
La tentaci�n es fuego, el triunfo sobre la tentaci�n es luz.
El Iniciado debe aprender a vivir peligrosamente; as� est� escrito; esto lo saben los Alquimistas.
El Iniciado debe recorrer con firmeza la Senda del Filo de la Navaja; a uno y otro lado del dif�cil camino existen abismos espantosos.
En la dif�cil senda de la disoluci�n del Ego existen complejos caminos que tiene su ra�z precisamente en el camino real.
Obviamente de la Senda del Filo de la Navaja se desprenden m�ltiples sendas que no conducen a ninguna parte; algunas de ellas nos llevan al abismo y a la desesperaci�n.
Existen sendas que podr�an convertirnos en majestades de tales o cuales zonas del universo pero que de ning�n modo nos traer�an de regreso al seno del Eterno Padre C�smico Com�n.
Existen sendas fascinantes, de sant�sima apariencia, inefables; desafortunadamente s�lo pueden conducirnos a la involuci�n sumergida de los mundos infiernos.
En el Trabajo de la disoluci�n del Yo necesitamos entregarnos por completo al Cristo Interior.
A veces aparecen problemas de dif�cil soluci�n; de pronto el camino se pierde en laberintos inexplicables y no se sabe por donde contin�a; s�lo la obediencia absoluta al Cristo Interior y al Padre que est� en secreto pueden en tales casos orientarnos sabiamente.
La Senda del Filo de la Navaja est� llena de peligros por dentro y por fuera.
La moral convencional de nada sirve; la moral es esclava de las costumbres, de la �poca, del lugar.
Lo que fue moral en �pocas pasadas ahora resulta inmoral; lo que fu� moral en la edad media por estos tiempos modernos puede resultar inmoral. Lo que en un pa�s es moral en otro pa�s es inmoral, etc.
En el Trabajo de la disoluci�n del Ego sucede que a veces cuando pensamos que vamos muy bien, resulta que vamos muy mal.
Los cambios son indispensables durante el avance esot�rico, m�s las gentes reaccionarias permanecen embotelladas en el pasado, se petrifican en el tiempo y truenan y relampaguean contra nosotros a medida que realizamos avances psicol�gicos de fondo y cambios radicales.
La gente no resiste los cambios del Iniciado; quieren que �ste contin�e petrificado en m�ltiples ayeres.
Cualquier cambio que el Iniciado realizare es clasificado de inmediato como inmoral.
Mirando las cosas desde este �ngulo a la luz del Trabajo Cr�stico, podemos evidenciar claramente la ineficacia de los diversos c�digos de moral que en el mundo se han escrito.
Incuestionablemente el Cristo manifiesto y sin embargo oculto en el coraz�n del Hombre real, al hacerse cargo de nuestros diversos estados psicol�gicos, siendo desconocido para las gentes, es de hecho calificado como cruel, inmoral y perverso.
Resulta parad�jico que las gentes adoren al Cristo y sin embargo le acomoden tan horripilantes calificativos.
Obviamente las gentes inconscientes y dormidas s�lo quieren un Cristo hist�rico, antropom�rfico, de estatuas y dogmas inquebrantables, al cual puedan acomodar f�cilmente todos sus c�digos de moral torpe y rancia y todos sus prejuicios y condiciones.
Las gentes no pueden concebir jam�s al Cristo Intimo en el coraz�n del hombre, las multitudes solo adoran al Cristo estatua y eso es todo.
Cuando uno habla a las multitudes, cuando uno les declara el crudo realismo del Cristo Revolucionario, del Cristo Rojo, del Cristo Rebelde, de inmediato recibe calificativos como los siguientes: blasfemo, hereje, malvado, profanador, sacr�lego, etc.
As� son las multitudes, siempre inconscientes, siempre dormidas. Ahora comprenderemos porqu� el Cristo crucificado en el G�lgota exclama con todas las fuerzas de su alma: �Padre m�o perd�nalos porque no saben lo que hacen!.
El Cristo en s� mismo siendo uno, aparece como muchos; por eso se ha dicho que es Unidad M�ltiple Perfecta. Al que sabe, la palabra da poder; nadie la pronunci�, nadie la pronunciar�, sino solamente aqu�l que LO TIENE ENCARNADO.
Encarnarlo es lo fundamental en el Trabajo avanzado del Yo pluralizado.
El se�or de perfecci�n trabaja en nosotros a medida que nos esforzamos conscientemente en el Trabajo sobre s� mismos.
Resulta espantosamente doloroso el Trabajo que el Cristo Intimo tiene que realizar dentro de nuestra propia psiquis.
En verdad que nuestro Maestro Interior debe vivir toda su viacrucis en el fondo mismo de nuestra propia alma.
Escrito est�: A Dios rogando y con el mazo dando. Tambi�n est� escrito: Ay�date que yo te ayudar�.
Suplicar a la Divina Madre Kundalini es fundamental cuando se trata de disolver agregados ps�quicos indeseables empero el Cristo Intimo en los trasfondos m�s profundos de s� mismo, opera sabiamente de acuerdo con las propias responsabilidades que El hecha sobre sus hombros.
Capitulo 25
Incuestionablemente existe un lado oscuro de nosotros mismos que no conocemos o que no aceptamos; debemos llevar la luz de la Conciencia a ese lado tenebroso de s� mismos.
Todo el objeto de nuestros estudios Gn�sticos es hacer que el conocimiento de s� mismos se torne m�s consciente.
Cuando se tienen muchas cosas en uno mismo que no se conocen ni se aceptan, entonces tales cosas nos complican la vida espantosamente y provocan en verdad toda suerte de situaciones que podr�an ser evitadas mediante el conocimiento de s�.
Lo peor de todo esto es que proyectamos ese lado desconocido e inconsciente de s� mismos en otras personas y entonces lo vemos en ellas.
Por ejemplo: las vemos como si fuesen embusteras, infieles mezquinas, etc. en relaci�n con lo que cargamos en nuestro interior.
La Gnosis dice sobre este particular, que vivimos en una parte muy peque�a de nosotros mismos. Significa ello que nuestra Conciencia se extiende solo a una parte muy reducida de nosotros mismos.
La idea del Trabajo Esot�rico Gn�stico es la de ampliar claramente nuestra propia Conciencia.
Indubitablemente en tanto no estemos bien relacionados consigo mismos, tampoco estaremos bien relacionados con los dem�s y el resultado ser�n conflictos de toda especie.
Es indispensable llegar a ser much�simo m�s conscientes consigo mismos, mediante una directa observaci�n de s�.
Una regla Gn�stica general en el Trabajo Esot�rico Gn�stico, es que cuando no nos entendemos con alguna persona, se puede tener la seguridad de que �sta es la cosa misma contra la cual es preciso trabajar sobre s� mismo.
Lo que se critica tanto en los otros es algo que descansa en el lado oscuro de uno mismo y que no se conoce ni se quiere reconocer.
Cuando estamos en tal condici�n el lado oscuro de nosotros mismos es muy grande, pero cuando la luz de la observaci�n de s� ilumina ese lado oscuro, la Conciencia se acrecienta mediante el conocimiento de s�.
Esta es la Senda del Filo de la Navaja, m�s amarga que la hiel, muchos la inician, muy raros son los que llegan a la meta.
As� como la Luna tiene un lado oculto que no se v�, un lado desconocido, as� tambi�n sucede con la Luna Psicol�gica que cargamos en nuestro interior.
Obviamente la Luna Psicol�gica est� formada por el Ego, el Yo, el M� Mismo, el S� mismo.
En esta luna Psicol�gica cargamos elementos inhumanos que espantan, que horrorizan y que en modo alguno aceptar�amos tener.
Cruel camino es este de la AUTO-REALIZACION INTIMA DEL SER, �Cu�ntos precipicios!, �Qu� pasos tan dif�ciles!, �Qu� laberintos tan horribles!...
A veces el camino interior despu�s de muchas vueltas y revueltas, subidas horripilantes y peligros�simas bajadas, se pierde en desiertos de arena, no se sabe por donde sigue y ni un rayo de luz le ilumina.
Senda llena de peligros por dentro y por fuera; camino de misterios indecibles, donde solo sopla un h�lito de muerte.
En este camino interior cuando uno cree que va muy bien, en realidad va muy mal.
En este camino interior cuando uno cree que va muy mal, sucede que marcha muy bien.
En este camino secreto existen instantes en que uno ya ni sabe que es lo bueno ni que es lo malo.
Lo que normalmente se prohibe, a veces resulta que es lo justo; as� es el camino interior...
Todos los C�digos morales en el camino interior salen sobrando; una bella m�xima o un hermoso precepto moral, en determinados momentos puede convertirse en un obst�culo muy serio para la Auto-Realizaci�n Intima del Ser.
Afortunadamente el Cristo Intimo desde el mismo fondo de nuestro Ser, trabaja intensivamente, sufre, llora, desintegra elementos peligros�simos que en nuestro interior llevamos.
El Cristo nace como un ni�o en el coraz�n del Hombre, pero a medida que va eliminando los elementos indeseables que llevamos dentro, va creciendo poco a poco hasta convertirse en un Hombre completo.
Capitulo 26
En el Trabajo Interior profundo; dentro del terreno de la m�s estricta auto-observaci�n psicol�gica, hemos de vivenciar en forma directa todo el drama c�smico.
El Cristo Intimo ha de eliminar todos los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos.
Los m�ltiples agregados ps�quicos en nuestras profundidades psicol�gicas gritan pidiendo crucificaci�n para el Se�or Interior.
Incuestionablemente cada uno de nosotros lleva en su psiquis a los Tres Traidores.
Judas, el demonio del deseo; Pilatos, el demonio de la mente; Caif�s, el demonio de la mala voluntad.
Estos Tres Traidores crucifican al Se�or de Perfecciones en el fondo mismo de nuestra alma.
Se trata de tres tipos espec�ficos de elementos inhumanos fundamentales en el drama c�smico.
Indubitablemente el citado drama se ha vivido siempre secretamente en las profundidades de la Conciencia Superlativa del Ser.
No es para el drama c�smico propiedad exclusiva del Gran Kabir Jes�s como suponen siempre los ignorantes ilustrados.
Los Iniciados de todas las edades, los Maestros de todos los siglos, han tenido que vivir el drama c�smico dentro de s� mismos, aqu� y ahora.
Empero, Jes�s el Gran Kabir tuvo el valor de representar tal drama �ntimo p�blicamente, en la calle y a la luz del d�a, para abrir el sentido de la iniciaci�n a todos los seres humanos, sin diferencias de raza, sexo, casta o color.
Es maravilloso que haya alguien que en forma p�blica ense�are el drama �ntimo a todos los pueblos de la Tierra.
El Cristo Intimo no siendo lujurioso tiene que eliminar de s� mismo los elementos psicol�gicos de la lujuria.
El Cristo Intimo siendo en s� mismo paz y amor debe eliminar de s� mismo los elementos indeseables de la ira.
El Cristo Intimo no siendo un codicioso debe eliminar de s� mismo los elementos indeseables de la codicia.
El Cristo Intimo no siendo envidioso debe eliminar de s� mismo los elementos indeseables de la envidia.
El Cristo Intimo siendo humildad perfecta, modestia infinita, sencillez absoluta, debe eliminar de s� mismo los asqueantes elementos del orgullo, de la vanidad, del engre�miento.
El Cristo Intimo, la palabra, el Logos Creador viviendo siempre en constante actividad tiene que eliminar en nuestro interior, en s� mismo y por s� mismo los elementos indeseables de la inercia, de la pereza, del estancamiento.
El Se�or de Perfecci�n acostumbrado a todos los ayunos, templado, jam�s amigo de las borracheras y de grandes banqueteos tiene que eliminar de s� mismo los abominables elementos de la gula.
Extra�a simbiosis la del Cristo-Jes�s; el Cristo-Hombre; rara mezcla de lo divino y de lo humano, de lo perfecto y de lo imperfecto; prueba siempre constante para el Logos.
Lo m�s importante de todo esto es que el cristo Secreto es siempre un triunfador; alguien que vence constantemente en las tinieblas; alguien que elimina a las tinieblas dentro de s� mismo, aqu� y ahora.
El Cristo Secreto es el se�or de la Gran Rebeli�n, rechazado por los sacerdotes, por los ancianos y por los escribas del templo.
Los sacerdotes le odian; es decir, no le comprenden, quieren que el Se�or de Perfeciones viva exclusivamente en el tiempo de acuerdo con sus dogmas inquebrantables.
Los ancianos, es decir, los moradores de la tierra, los buenos due�os de casa, la gente juiciosa, la gente de experiencia aborrece al Logos, al Cristo Rojo, al Cristo de la Gran rebeli�n, porque �ste se sale del mundo de sus h�bitos y costumbres anticuadas, reaccionarias y petrificadas en muchos ayeres.
Los escribas del templo, los bribones del intelecto aborrecen al Cristo Intimo porque �ste es la ant�tesis del Anticristo, el enemigo declarado de todo ese podridero de teor�as universitarias que tanto abunda en los mercados de cuerpos y de almas.
Los Tres Traidores odian mortalmente al Cristo Secreto y lo conducen a la muerte dentro de nosotros mismos y en nuestro propio espacio psicol�gico.
Judas el demonio del deseo cambia siempre al se�or por treinta monedas de plata; es decir, por licores, dineros, fama, vanidades, fornicaciones, adulterios, etc.
Pilatos el demonio de la mente, siempre se lava las manos, siempre se declara inocente, nunca tiene la culpa, constantemente se justifica ante s� mismo y ante los dem�s, busca evasivas, escapatorias para eludir sus propias responsabilidades, etc.
Caif�s el demonio de la mala voluntad traiciona incesantemente al se�or dentro de nosotros mismos; el Adorable Intimo le da el b�culo para pastorear sus ovejas, sin embargo el c�nico traidor convierte el altar en lecho de placeres, fornica incesantemente, ad�ltera, vende los sacramentos, etc.
Estos Tres Traidores hacen sufrir secretamente al adorable Se�or Intimo sin compasi�n alguna.
Pilatos le hace poner la corona de espinas en sus sienes, los malvados yoes lo flagelan, le insultan, le maldicen en el espacio psicol�gico �ntimo sin piedad de ninguna especie.
Capitulo 27
Los m�ltiples elementos subjetivos que constituyen el Ego tienen ra�ces causales.
Los yoes causas est�n vinculados a las leyes de Causa y Efecto. Obviamente no puede existir causa sin efecto, ni efecto sin causa; esto es incuestionable, indubitable.
Ser�a inconcebible la eliminaci�n de los diversos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos si no elimin�ramos radicalmente las causas intr�nsecas de nuestros defectos psicol�gicos.
Obviamente los yoes causas se hallan �ntimamente asociados a determinadas deudas k�rmicas.
Solo el arrepentimiento m�s profundo y los respectivos negocios con los se�ores de la Ley, pueden darnos la dicha de lograr la desintegraci�n de todos esos elementos causales que en una u otra forma pueden conducirnos a la eliminaci�n definitiva de los elementos indeseables.
Las causas intr�nsecas de nuestros errores, ciertamente pueden ser erradicadas de s� mismos gracias a los eficientes trabajos del Cristo Intimo.
Obviamente los yoes causas suelen tener complejidades espantosamente dif�ciles.
Ejemplo: Un estudiante esoterista podr�a ser defraudado por su instructor y en consecuencia tal ne�fito se tornar�a esc�ptico. En este caso concreto el yo causa que origina tal error, solo podr�a desintegrarse mediante el supremo arrepentimiento �ntimo y con negociaciones esot�ricas muy especiales.
El Cristo Intimo dentro de nosotros mismos trabaja intensivamente eliminando a base de Trabajos Conscientes y Padecimientos Voluntarios todas esas causas secretas de nuestros errores.
El se�or de perfecciones debe vivir en nuestras �ntimas profundidades todo el drama c�smico.
Uno se asombra al contemplar en el mundo causal todas las torturas por las que pasa el Se�or de Perfecciones.
En el mundo causal el Cristo Secreto pasa por todas las amarguras indecibles de su Viacrucis.
Indubitablemente Pilatos se lava las manos y se justifica pero al fin condena al Adorable a la muerte de cruz.
Resulta extraordinario para el Iniciado vidente el ascenso al Calvario.
Indubitablemente la Conciencia solar integrada con el Cristo Intimo, crucificada en la cruz majestuosa del calvario, pronuncia frases terribles que a los seres humanos no les es dable comprender.
La frase final (Padre m�o en tus manos encomiendo mi esp�ritu), va seguida de rayos y truenos y grandes cataclismos.
Posteriormente el Cristo Intimo despu�s de la desclavaci�n es depositado en su Santo Sepulcro.
Mediante la muerte el Cristo Intimo mata a la muerte. Mucho m�s tarde en el tiempo el Cristo Intimo debe resucitar en nosotros.
Incuestionablemente la Resurrecci�n Cr�stica viene a transformarnos radicalmente.
Cualquier Maestro resurrecto posee poderes extraordinarios sobre el fuego, el aire, las aguas y la tierra.
Indubitablemente los Maestros Resurrectos adquieren la inmortalidad, no solamente psicol�gica sino tambi�n corporal.
Jes�s el Gran Kabir todav�a vive con el mismo cuerpo f�sico que tuvo en la tierra Santa; el Conde San Germain que transmutara el plomo en oro y hac�a diamantes de la mejor calidad durante los siglos XV, XVI, XVII, XVIII, etc., a�n vive todav�a.
El enigm�tico y poderoso Conde Cagliostro que tanto asombrara a Europa con sus poderes durante los siglos XVI, XVII y XVIII es un Maestro Resurrecto y todav�a conserva su mismo cuerpo f�sico.
Capitulo 28
Un c�digo de An�huac ha dicho: "Los Dioses crearon a los hombres de madera y despu�s de haberlos creado los fusionaron con la divinidad"; m�s luego a�ade: "No todos los hombres lograron integrarse con la divinidad".
Incuestionablemente lo primero que se necesita es crear al Hombre antes de poder integrarlo con lo real.
El "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre, en modo alguno es el Hombre.
Si nosotros comparamos al Hombre con el "Animal Intelectual", podremos entonces verificar por s� mismos el hecho concreto de que el "Animal Intelectual" aunque f�sicamente se parezca al Hombre, psicol�gicamente es absolutamente distinto.
Desafortunadamente todos piensan err�neamente, suponen ser Hombres, se califican de tales.
Siempre hemos cre�do que el hombre es el rey de la creaci�n; el "Animal Intelectual" hasta la fecha presente no ha demostrado siquiera ser rey de s� mismo; sino es rey de sus propios procesos psicol�gicos, si no puede dirigirlos a voluntad, mucho menos podr� gobernar a la naturaleza.
En modo alguno podr�amos aceptar al Hombre convertido en esclavo, incapaz de gobernarse a s� mismo y convertido en juguete de las fuerzas bestiales de la naturaleza.
O se es rey del universo o no se es; en el �ltimo de estos casos incuestionablemente queda demostrado el hecho concreto de no haber llegado todav�a al estado de Hombre.
Dentro de las gl�ndulas sexuales del "Animal Intelectual" el Sol ha depositado los g�rmenes para el Hombre.
Obviamente tales g�rmenes pueden desarrollarse o perderse definitivamente.
Si queremos que tales g�rmenes se desarrollen, se hace indispensable cooperar con el esfuerzo que el Sol est� haciendo para crear Hombres.
El Hombre leg�timo debe trabajar intensivamente con el prop�sito evidente de eliminar de s� mismo los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos.
Si el Hombre real no eliminara de s� mismo tales elementos, fracasar�a lamentablemente; se convertir�a en un aborto de la Madre c�smica, en un fracaso.
El Hombre que verdaderamente trabaje sobre s� mismo con el prop�sito de despertar Conciencia, podr� integrarse con lo divinal.
Ostensiblemente el Hombre Solar integrado con la divinidad, se convierte de hecho y por derecho propio en SUPER-HOMBRE.
No es tan f�cil llegar al SUPER-HOMBRE. Indubitablemente el camino que conduce al SUPER-HOMBRE est� m�s all� de bien y del mal.
Una cosa es buena cuando nos conviene y mala cuando no nos conviene. Entre las cadencias del verso tambi�n se esconde el delito. Hay mucha virtud en el malvado y mucha maldad en el virtuoso.
El camino que conduce al SUPER-HOMBRE es la Senda del Filo de la Navaja; esta senda est� llena de peligros por dentro y por fuera.
El mal es peligroso, el bien tambi�n es peligroso; el espantoso camino est� m�s all� del bien y del mal, es terriblemente cruel.
Cualquier c�digo de moral puede detenernos en la marcha hacia el SUPER-HOMBRE. El apego a tales o cuales ayeres, a tales o cuales escenas puede detenernos en el camino que llega hasta el SUPER-HOMBRE.
Las normas, los procedimientos, por muy sabios que sean, si se encuentran enfrascados en tal o cual fanatismo, en tal o cual prejuicio, en tal o cual concepto puede obstaculizarnos en el avance hacia el SUPER-HOMBRE.
El SUPER-HOMBRE conoce lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno; empu�a la espada de la justicia c�smica y est� m�s all� del bien y del mal.
El SUPER-HOMBRE habiendo liquidado en s� mismo todos los valores buenos y malos, se ha convertido en algo que nadie entiende, es el rayo, es la llama del Esp�ritu Universal de vida resplandeciendo en el rostro de un Mois�s.
En cada tienda del camino alg�n anacoreta ofrece sus d�divas al SUPER-HOMBRE m�s �ste contin�a su camino m�s all� de las buenas intenciones de los anacoretas.
Lo que dijeron las gentes bajo el p�rtico sagrado de los templos tiene mucha belleza, pero el SUPER-HOMBRE est� m�s all� de los dichos piadosos de las gentes.
El SUPER-HOMBRE es el rayo y su palabra es el trueno que desintegra a los poderes del bien y del mal.
El SUPER-HOMBRE resplandece en las tinieblas, m�s ellas odian al SUPER-HOMBRE.
Las multitudes califican al SUPER-HOMBRE de perverso por el hecho mismo de que no cabe dentro de los dogmas indiscutibles, ni dentro de las frases piadosas, ni dentro de la sana moral de los hombres sabios.
Las gentes aborrecen al SUPER-HOMBRE y le crucifican entre criminales porque no lo entienden, porque lo prejuzgan, mir�ndolo a trav�s del lente psicol�gico de lo que se cree santo, aunque sea malvado.
El SUPER-HOMBRE es como una centella que cae sobre los perversos o como el brillo de algo que no se entiende y que se pierde despu�s en el misterio.
El SUPER-HOMBRE ni es santo ni es perverso, est� m�s all� de la santidad y de la perversidad; m�s las gentes le califican de santo o de perverso.
El SUPER-HOMBRE brilla por un momento entre las tinieblas de este mundo y luego desaparece para siempre.
Dentro del SUPER-HOMBRE resplandece abrasadoramente el Cristo Rojo, El Cristo Revolucionario, el Se�or de la Gran Rebeli�n.
Capitulo 29
El Santo Grial resplandece en la noche profunda de todas las edades. Los Caballeros de la Edad Media en la �poca de las Cruzadas buscaron in�tilmente el Santo Grial en la Tierra Santa, m�s no le hallaron.
Cuando Abraham el Profeta volv�a de la guerra contra los reyes de Sodoma y Gomorra, dicen que encontr� a Melchisedec el Genio de la Tierra. Ciertamente ese Gran Ser viv�a en una fortaleza ubicada exactamente en aquel lugar donde m�s tarde se edific� a Jerusal�n, la ciudad querida de los Profetas.
Dice la leyenda de los siglos y esto los saben los divinos y los humanos, que Abraham celebr� la Unci�n Gn�stica con el compartimiento del pan y del vino en presencia de Melchisedec.
No est� de m�s afirmar que entonces Abraham entreg� a Melchisedec los diezmos y primicias tal como est� escrito en el Libro de la Ley.
Abraham recibi� de manos de Melchisedec el Santo Grial; mucho m�s tarde en el tiempo esta copa fue a dar en el templo de Jerusalem.
No hay duda de que la Reina de Saba sirvi� de mediadora para este hecho. Ella se present� ante Salom�n Rey con el Santo Grial y despu�s de someterle a rigurosas pruebas le hizo entrega de tan preciada joya.
El Senador Romano no solo escondi� la tan preciosa joya sino que adem�s junto con ella guard� bajo tierra la lanza de Longivus con la cual el centuri�n romano hiriera el costado del se�or.
Jos� de Arimatea fue encerrado en una horrible prisi�n por no haber querido entregar el Santo Grial.
Cuando el citado Senador sali� de la c�rcel se march� para Roma portando el Santo Grial.
Al llegar a Roma Jos� de Arimatea encontr� la persecuci�n de Ner�n contra los Cristianos y se fue por las orillas del Mediterr�neo.
Una noche en sue�os se le apareci� un �ngel y le dijo: "Este c�liz tiene un gran poder porque en �l se encuentra la sangre de el Redentor del Mundo". Jos� de Arimatea obedeciendo �rdenes del �ngel enterr� tal c�liz en un templo ubicado en Monserrat, Catalu�a, Espa�a.
Con el tiempo tal c�liz se hizo invisible junto con el templo y parte de la monta�a.
El Santo Grial es el vaso de Hermes, la copa de Salom�n, la urna preciosa de todos los templos de misterios.
En el Ara de la Alianza no faltaba nunca el Santo Grial en la forma de copa o gomor dentro del cual se hallaba depositado el Man� del Desierto.
El Santo Grial alegoriza en forma enf�tica el YONI femenino, dentro de esta santa copa est� el n�ctar de la inmortalidad, el soma de los m�sticos, la suprema bebida de los Dioses Santos.
El Cristo Rojo bebe del Santo Grial en la hora suprema de la cristificaci�n, as� est� escrito en el Evangelio del Se�or.
Nunca falta el Santo Grial en el Altar del Templo. Obviamente el Sacerdote debe beber el vino de la luz en la Copa Santa.
Ser�a absurdo suponer un Templo de Misterios dentro del cual faltara la bendita Copa de todas las edades.
Esto viene a recordarnos a Ginebra la Reina de los Jinas, aquella que a Lanzarote escanciara el vino en las copas deliciosas de SUFRA y de MANTI.
Los Dioses inmortales se alimentan con la bebida contenida en la Copa Santa; aquellos que odian a la Bendita Copa, blasfeman contra el Esp�ritu Santo.
El Super-Hombre debe alimentarse con el n�ctar de la inmortalidad contenido en el C�liz divinal del Templo.
Transmutaci�n de la energ�a creadora es fundamental cuando se quiere beber en el Vaso Santo.
El Cristo Rojo siempre revolucionario, siempre rebelde, siempre her�ico, siempre triunfante, brinda por los Dioses bebiendo en el C�liz de oro.
Levantad bien vuestra Copa y cuidad de verter ni siquiera una sola gota del precioso vino.
Recordad que nuestro lema-divisa es Thelema (voluntad).
De entre el fondo del C�liz simb�lica figura del �rgano sexual femenino brotan llamas que resplandecen en el rostro encendido del Super-Hombre.
Los Dioses inefables de todas las galaxias beben siempre la bebida de la inmortalidad en el C�liz eterno.
El fr�o lunar produce involuciones en el tiempo; es necesario beber del vino sagrado de la luz en el Vaso santo de la Alquimia.
La p�rpura de los reyes sagrados, la corona real y el oro flam�gero solo es para el Cristo Rojo.
El Se�or del Rayo y del Trueno empu�a en su diestra el Santo Grial y bebe el vino de oro para alimentarse.
Quienes derraman el Vaso de Hermes durante la c�pula qu�mica, de hecho se convierten en criaturas infrahumanas del sub-mundo.
Todo lo que aqu� hemos escrito encuentra plena documentaci�n en mi libro titulado "El Matrimonio Perfecto".