| �Quienes somos, de donde venimos, para donde vamos? |
| Samael Aun Weor |
| Ha llegado la hora de auto-explorarnos para conocernos, en realidad de verdad, y saber qui�nes somos, de d�nde venimos y cu�l es el objeto de nuestra existencia. Ustedes est�n sentados aqu� para escucharme y yo estoy tambi�n aqu�, listo para hablarles. Entre ustedes y yo debe existir una verdadera comuni�n de almas, si es que de verdad queremos comprendernos. �Qui�nes somos realmente? Cada uno de nosotros es un enigma para s� mismo. �De d�nde venimos, para qu� existimos, por qu�? A m� me parece, hermanos, a m� me parece, amigos, que vivir uno as�, por vivir, sin saber qui�n es ni de d�nde viene, ni por qu� existe, no vale la pena. Se necesita que seamos claros consigo mismos y que nos comprendamos de verdad, a fondo, que nos conozcamos. Cuando uno se auto-conoce, se puede tambi�n auto-descubrir. La Gnosis ense�a que el cuerpo f�sico no es todo. Un cuerpo est� formado por �rganos, los �rganos por c�lulas y �stas por �tomos. Si fraccionamos cualquier �tomo, obtendremos energ�a. En �ltima s�ntesis, el cuerpo f�sico se resume en determinados tipos y subtipos de energ�a. Hace poco los rusos descubrieron el cuerpo vital; le dieron el nombre de cuerpo biopl�stico (tienen lentes poderos�simos para ver tal cuerpo). Es obvio que los indostanes a dicho veh�culo f�sico-et�rico le denominan Lingam Sarira. En todo caso, la mec�nica fisiol�gica, el organismo en general, no podr�a funcionar si no tuviera un asiento vital. Los cient�ficos han estudiado la mec�nica de la c�lula viva, pero nada saben, en verdad, sobre el cuerpo vital. Don Alfonso Herrera, el sabio mexicano, gloria (pues) de nuestra patria, logr� fabricar una c�lula artificial, pero esta c�lula nunca tuvo vida. Los cient�ficos podr�an fabricar la semilla de cualquier vegetal, pero ser�a una semilla muerta, no germinar�a. Ya se sabe que en Alemania fabrican huevos artificiales. Eso de fabricar �blanquillos� (huevos) artificiales resulta en verdad chistoso, pero los fabrican y los exportan. Sin embargo, nunca jam�s ha salido un pollo de entre un �blanquillo� de �sos. Juegan los cient�ficos con los trasplantes, hacen experimentos de toda especie, pero no fabrican vida. Injertar una planta no es fabricar vida, es jugar con lo que ya est� hecho. Existe la inseminaci�n artificial, pero eso no es fabricar vida. Yo pondr�a sobre la mesa de un laboratorio los elementos qu�micos necesarios para fabricar un zoospermo y un �vulo, mas estoy seguro de que, si se unen ambos, si se fabrica el zoospermo y se une con el �vulo (si ambos se unen, para ser m�s claro), tampoco saldr� de all� una criatura. Mas s� pueden los cient�ficos sacar un zoospermo de una gl�ndula sexual y juntarlo con un �vulo, en una matriz, para hacer que nazca una criatura; Pero eso es jugar con la mec�nica de los fen�menos, eso es jugar con la vida. Interesante ser�a que ellos fabricaran un par de gametos y luego, uni�ndolos, de all� saliera una criatura humana. Hasta ahora no lo han logrado, ni lo lograr�n jam�s. De manera que las teor�as materialistas en boga, no tienen basamentos de ninguna especie, son huecas, artificiosas, absurdas. En la misma Rusia Sovi�tica el materialismo dial�ctico ya pas� de moda, la mayor producci�n de Parapsicolog�a viene ahora de la Uni�n Sovi�tica. Rusia est� entrando en una �poca de experimentos ps�quicos. Afortunadamente con esos poderosos lentes que tienen ahora, pueden ver el cuerpo vital. Saben que el cuerpo f�sico no es todo, saben que el cuerpo f�sico no puede existir sin un cuerpo vital. Pero no nos detengamos nosotros aqu�, �nicamente, vamos m�s al fondo... Incuestionablemente, todos pensamos y sentimos, deseamos, amamos, etc. Cuando tocamos a una puerta y nos preguntan ��Qui�n es?�, Nosotros respondemos: �Yo�. Este "Yo" de la Psicolog�a es digno de autoexploraci�n, de auto-conocimiento. Incuestionablemente, estamos llenos de m�ltiples defectos: Ira, codicia, lujuria, orgullo, envidia, pereza, gula, etc., etc., etc. Todos estos defectos nos hacen entender que el "Yo" no existe en forma meramente individual, nos hacen comprender que no tenemos un "Yo" aut�nomo, que el "Yo" es un mont�n de "Yoes"; Es decir, tenemos un "Yo" pluralizado. Quiero decir, de otro modo, que el cuerpo f�sico est� manejado por m�ltiples "Yoes": yo amo, yo odio, yo envidio, yo quiero, yo no quiero, etc., etc., etc. Dentro de cada persona viven muchas personas y eso est� demostrado. Nadie permanece siendo el mismo ni siquiera media hora. El "Yo" que hoy jura amor eterno a una mujer, es m�s tarde desplazado por otro "Yo" que nada tiene que ver con tal juramento; Entonces el sujeto se retira y la pobre mujer queda decepcionada. El "Yo" que hoy jura amor eterno por una causa, ma�ana es desplazado por otro "Yo" y la persona se retira. Esto nos invita a comprender que dentro de toda persona hay muchas personas; cada una de las mismas tiene su propia mente, su propia voluntad, su propio sentimiento. Entonces, nuestra persona f�sica no es m�s que una marioneta, un mu�eco, un robot controlado por muchas personas que llevamos dentro. Tales personas interiores luchan por la supremac�a, se combaten entre s�, se odian mutuamente. Cuando una de ellas logra controlar el cerebro, el coraz�n y el sexo, totalmente, entonces se siente siendo la �nica. No tenemos, pues, sentido de responsabilidad moral, somos unas m�quinas controladas por mucha gente. Muchas veces all� arriba, en el cosmos infinito, un planeta choca contra otro y eso es una cat�strofe. Las ondas que llegan a la Tierra nos hieren, y como m�quinas nos lanzamos a los campos de batalla enarbolando banderas, lemas, etc. Millones de m�quinas se lanzan contra millones de m�quinas; �sa es la guerra. Lo m�s grave es que nosotros creemos tener una individualidad verdadera y no la tenemos; somos m�quinas. �Y qu� es la muerte? He ah� el enigma. Bien vale la pena saber qu� es lo que nos aguarda del otro lado. Se nos ha dicho, y es verdad, que la muerte es una resta de quebrados; terminada la operaci�n matem�tica, quedan los �valores�, los resultados, los yoes. Ellos contin�an en la dimensi�n desconocida, se los traga la eternidad. Obviamente, al pante�n van tres cosas: primera, el cuerpo de carne y hueso, que se pudre entre el sepulcro; segunda, el cuerpo vital o cuerpo biopl�stico, como lo llaman los rusos, y que flota cerca del cad�ver, se va descomponiendo poco a poco, conforme el cuerpo f�sico tambi�n se va descomponiendo. Pero hay otra cosa m�s que va al pante�n, me refiero, claramente, a la personalidad. La personalidad no es el cuerpo f�sico, la personalidad es energ�tica, no se puede ver con los ojos f�sicos, pero existe. Cuando uno viene al mundo, no trae personalidad. �sta se forma con el ejemplo de los padres, con lo que uno aprende en la escuela, con las experiencias de la vida, etc. En realidad de verdad, la personalidad se forma durante los primeros siete a�os de la infancia y se robustece con el tiempo y con las experiencias. A la hora de la muerte, la personalidad humana tambi�n va al sepulcro, entra y sale del mismo, es perceptible para los clarividentes (cualquier persona que tenga un poquito de extra-percepci�n podr� ver a la ex-personalidad) y se disuelve lentamente entre el pante�n. Me viene a la memoria en este caso, ahora, al hablar aqu� con ustedes, un hecho ins�lito, Por ah�, en un baile, en una pachanga, all� en el Distrito Federal, algunos j�venes estuvieron danzando muy alegres con cierta dama muy coqueta. Bailaron con ella hasta las tres de la ma�ana; a esa hora la dama manifest� que quer�a irse a su casa. Ellos, muy galantes, se ofrecieron para conducirla en su carro, mas ella dijo que ten�a fr�o, que c�mo har�a para ir a la calle con tal fr�o. Uno de ellos le ofreci� su chamarra; la dama se la coloc� en su cuerpo, �y al carro! La llevaron exactamente hasta su casa, all� la dejaron; mas olvid� el due�o de la chamarra ped�rsela y s�lo se vino a acordar de la misma ya en la ma�ana. Entonces, junto con sus amigos, fue a golpear en la casa de la dama. Una anciana sali� de all�; el joven dijo: ��Est� la se�orita fulana de tal? Vengo en busca de mi chamarra, se me olvid� ped�rsela�... La se�ora, una anciana muy notable, le respondi�: �Pues tendr� usted, jovencito, que ir a buscar esa chamarra por all�, al pante�n, porque la hija m�a muri� ya hace tanto tiempo�... �Imposible, se�ora, eso no lo puedo creer yo, usted me est� vacilando�. �No, se�or, yo no lo estoy vacilando; si me quiere creer, cr�ame, y s� no, pues que no me crea. �All� usted!�. Lo cierto fue que aquel joven, confundido, junto con sus amigos resolvi� ir al pante�n y, ciertamente, hall� la sepultura de la dama y encima de la sepultura la chamarra. Esto parecer� a ustedes (a los incr�dulos, a los esc�pticos) una cuesti�n de cuentos para ni�os peque�os, pero no le parecer� lo mismo al que experiment� esa terrible realidad. Porque una cosa es conceptuar sobre algo en lo que no se cree, y otra cosa es experimentarlo en el propio pellejo. Lo que sucedi�, sucedi�. Ahora bien, �qu� fue lo que se hizo visible y tangible para esos j�venes? �Qu� fue lo que danz� con ellos, all�, en medio de la pachanga? Pues, realmente, la ex-personalidad. �sta suele a veces hacerse visible y tangible, y aunque ustedes no lo crean, es verdad. Ahora bien, no todo va al pante�n, hay algo que no va para el pante�n. Eso que no va al pante�n son los valores, tanto los positivos como los negativos, los "Yoes" buenos y los "Yoes" malos. Ya les expliqu� a ustedes que dentro de toda persona hay muchas personas, es decir, muchos "Yoes". Porque una cosa es el "yo envidio" y otra el "yo no envidio"; Una cosa es el "yo amo" y otra es el "yo no amo"; una cosa es el "yo odio" y otra cosa es el "yo no odio". Todos esos "Yoes" no van al pante�n; tambi�n hay algunos "Yoes" buenos que no van al pante�n. Conclusi�n: lo que contin�a m�s all� del sepulcro es un mont�n de "Yoes". �stos se sumergen en la eternidad, �stos se atraen y se repelen de acuerdo con las leyes de la imantaci�n universal. Si ustedes quieren comprobarlo, pues es f�cil, aprendan a salir del cuerpo f�sico a voluntad. Nosotros tenemos m�todos para investigar eso que se llama el �m�s all�; Uno de esos m�todos se llama �desdoblamiento�. Es f�cil desdoblarse uno a voluntad, basta con acostarse uno con la cabeza hacia el Norte, convertirse en el esp�a de su propio sue�o, relajar el cuerpo f�sico y, cuando ya se encuentre en ese estado de transici�n que existe entre vigilia y sue�o, entonces debe identificarse con lo espiritual, sentirse siendo esp�ritu, sentirse siendo alma, y suavemente (en tal estado de adormecimiento) levantarse de su cama. Esto que he dicho: levantarse, debe traducirse en forma de hechos. No se trata de pensar que se va a levantar; trad�zcase en forma de hechos: levantarse. Y si ustedes se levantan y luego vuelven a mirar a su cama, ver�n que entre la misma el cuerpo f�sico ha quedado dormido. Esto es algo parecido a lo que har�a el due�o de un autom�vil que, despu�s de llegar a donde debe llegar, sale de su carro y lo mira desde afuera. No asustarse, es decir, no espantarse, no tener miedo, es fundamental. Luego, posteriormente salir del cuarto con valor, salir de verdad a la calle, flotar en el ambiente circundante dentro de la dimensi�n desconocida, dentro de la quinta coordenada. Quien eso haga, podr� investigar por s� mismo lo que estamos diciendo sobre la muerte; ver� a los difuntos, a aqu�llos que ya abandonaron el cuerpo f�sico; podr� conversar con ellos cara a cara, verlos, tocarlos, palparlos. Los esc�pticos se reir�n de todo esto, pero �qu� importa a la ciencia y qu� a nosotros? El que r�e de lo que desconoce est� en camino de ser idiota. As� pues, los invito a experimentar, para que puedan ver, tocar o palpar lo que hay del otro lado, en eso que se llama el �m�s all�. Continuando con esto, diremos: la eternidad se traga a los que se marchan de este mundo, pero a la larga los vomita. �Para qu� los quiere por all�? �Acaso sabemos nosotros manejar las fuerzas universales? A su tiempo y a su hora, retornamos, regresamos, volvemos a este mundo. No ser� muy grato volver, �verdad?, pero volvemos. Esa es la ley del eterno retorno de todas las cosas. Regresan los planetas a su punto de partida, despu�s de unos cuantos a�os. Los �tomos, dentro de las mol�culas, regresan a su punto original de partida. Las estaciones primavera, verano, oto�o e invierno, regresan cada a�o. Todo retorna, todo vuelve; �por qu� habr�amos de ser nosotros una excepci�n? Incuestionablemente, retornamos, nos reincorporamos en un nuevo organismo. Sucede que a la hora de la muerte se escapa de nuestra psiquis un dise�o, un dise�o electromagn�tico. Tal dise�o de la ex-personalidad viene m�s tarde a tomar forma, a cristalizar en el huevo fecundado, y es as� c�mo reconstruimos, en el tiempo, nuestro propio cuerpo. Es decir, renacemos, volvemos a tener un nuevo cuerpo de carne y hueso. No estoy habl�ndoles a ustedes de reencarnaci�n, eso es m�s elevado, estoy habl�ndoles de la ley del eterno retorno de todas las cosas y esa ley est� demostrada. Al volver a este mundo, tenemos que crear una nueva personalidad; �sta se forma con el tiempo y las experiencias. Al volver a tener un cuerpo f�sico, el ego se reincorpora otra vez; quiero decir, los "Yoes" vuelven a tomar posesi�n del nuevo cuerpo y entonces se repiten las mismas escenas, los mismos dramas, las mismas comedias, las mismas tragedias. �Qu� bello es un ni�o! Durante los primeros a�os de la vida del infante solamente existe, dentro de su organismo, una peque�a parte del alma del inocente. Todav�a los "Yoes" no han tenido oportunidad de meterse dentro de ese cuerpo, ellos dan vuelta alrededor de la cuna, van y vienen, aguardando el momento. M�s tarde, incuestionablemente, los distintos "Yoes" vuelven a tomar parte en la escena de la vida, se meten entre el cuerpo y el ni�o comienza a volverse iracundo, celoso, etc., etc., etc., y al fin todos esos "Yoes", que abandonaron el pasado cuerpo, vuelven a expresarse tal como son; se repiten los mismos dramas, las mismas escenas, las mismas comedias. Esa es la ley de recurrencia. Es necesario que ustedes entiendan lo que es esa gran ley. Todo lo que nos est� sucediendo en la vida ya nos sucedi� en el pasado. Aqu� estamos todos reunidos, en esta gran sala de la cultura de nuestro pa�s. Aqu� nos encontramos, y no hay duda de que en un pasado m�s remoto tambi�n nos hab�amos encontrado. La vida es una incesante repetici�n de acontecimientos, de sucesos. El destino de los seres humanos se debe, precisamente, a los "Yoes". Supongamos que en la pasada existencia, a la edad de treinta a�os, tuvimos una aventura amorosa. El "Yo" de tal aventura, por el hecho de haber participado en la misma, incuestionablemente seguir� existiendo despu�s de la muerte. Al volver, al retomar un nuevo cuerpo f�sico, tal "Yo" aguardar� la ansiada edad de los treinta a�os y, exactamente, al cumplirse esa edad saldr� a buscar a la mujer de sus ensue�os. A su vez, el "Yo" de tal mujer, al llegar a esa �poca, saldr� a buscar al hombre de sus anhelos y telep�ticamente se pondr�n en contacto los dos, hasta reencontrarse f�sicamente. Entonces se repetir� la misma aventura amorosa. Supongamos que a la edad de los cuarenta a�os tuvimos un pleito en una cantina. M�s tarde vino la muerte y en la nueva existencia �al retornar, al regresar� el "Yo" aquel de la cantina tambi�n volver� y, a la edad de los cuarenta a�os, buscar� la cantina otra vez �sino la misma, por lo menos otra�. Dir�: �Voy a buscar a aquel hombre con el que tuve un pleito en la cantina�; lo buscar� y telep�ticamente se encontrar� con �l y volver�n a repetirse los mismos acontecimientos, el mismo pleito. Para cada escena, para cada drama, para cada tragedia, para cada comedia, existen actores. Si nosotros disolvi�ramos esos "Yoes", esos actores, la repetici�n de comedias, dramas y tragedias se har�a completamente imposible. Desgraciadamente, nosotros jam�s nos preocupamos por disolver tales "Yoes". Venimos aqu�, a este mundo, muchas veces, a repetir lo mismo y siempre en forma cada vez m�s decadente. Desde el amanecer de la vida, nosotros no hemos evolucionado. Si estudiamos el G�nesis, en principio encontramos belleza (el para�so terrenal, etc.) y luego vemos c�mo la humanidad ha venido involucionando, degenerando m�s y m�s y m�s. Si disolvi�ramos esos actores que cargamos dentro: al "Yo" de la ira, al de la codicia, al de la lujuria, al de la envidia, al del orgullo, al de la pereza, al de la gula, etc., la repetici�n de tales comedias, dramas y tragedias, se har�a imposible. Entonces nuestra vida se convertir�a en una obra maestra. Desgraciadamente, vivimos como m�quinas, somos v�ctimas de las circunstancias, no hemos aprendido a determinar circunstancias. Antes bien, somos v�ctimas de ellas, somos como le�os arrojados en el furioso mar de la existencia, vamos de aqu� para all�, sin saber de d�nde venimos ni para d�nde vamos. �sa es la cruda realidad de la vida: trabajamos, luchamos, buscamos el dinero para comer, para vivir, para sostener a la familia, etc., y al fin morimos infelizmente, sin saber realmente para qu� hemos vivido y por qu� hemos vivido. Ha llegado el momento en que nosotros nos volvamos m�s serios, porque hasta ahora no hemos aprendido a ser serios. Somos el producto del ambiente, repetimos lo que otros dicen, hacemos lo que otros hacen; somos verdaderas m�quinas sin ton ni son, le�os arrojados entre el furioso mar de la existencia. Tenemos nosotros m�todos, en nuestra escuela, por medio de los cuales ustedes podr�n ver, o�r, tocar y palpar esto que estamos dici�ndoles. Los invitamos, de verdad, a venir a nuestros estudios. Si ustedes ingresan a nuestros estudios, no les pesar�, porque se conocer�n a s� mismos y podr�n transformarse radicalmente. Un hombre es lo que es su vida. Si un hombre no cambia su vida, est� perdiendo el tiempo miserablemente. Uno no puede cambiar su vida, si no trabaja sobre su propia vida. Solamente es posible cambiar cuando disolvemos todos esos "Yoes" que llevamos dentro, todas esas otras personas que viven dentro de nuestra persona. Si as� procedemos, veremos c�mo se terminar� la LEY DE RECURRENCIA para nosotros. Lo m�s digno, lo m�s decente que tenemos en el fondo de nosotros mismos, es la esencia, la conciencia. Desgraciadamente, �sta se halla embotellada entre todos esos "Yoes", entre todas esas otras personas que dentro de nuestra misma persona viven. Cuando nosotros quebrantemos a esos "Yoes", entonces la conciencia quedar� liberada. Una conciencia liberada puede ver, o�r, tocar o palpar las grandes realidades que est�n m�s all� de la muerte. Una conciencia liberada puede desatar las tempestades, provocar los huracanes, caminar sobre el fuego sin quemarse, etc. Una conciencia liberada es una conciencia iluminada, es la conciencia de un superhombre, es la conciencia de un Dios poderoso, con poderes terribles sobre la vida y sobre la muerte. Desgraciadamente, hoy por hoy, nosotros no somos sino m�quinas, m�quinas y nada m�s que eso. Ha llegado la hora de dejar de ser m�quinas, ha llegado la hora de auto-observarnos para auto-conocernos. En el terreno de la vida pr�ctica, ya sea en la casa, en la calle, en la escuela o en el templo, etc., podemos auto-descubrirnos. Si uno se encuentra en estado de alerta percepci�n, de alerta novedad, ver� que, en medio de las diversas circunstancias de la vida, los defectos que llevamos escondidos afloran espont�neamente y entonces los vemos. Defecto descubierto, debe ser enjuiciado anal�ticamente y, una vez enjuiciado, debemos entonces desintegrarlo, reducirlo a polvareda c�smica. Incuestionablemente, la mente no puede alterar fundamentalmente a ning�n defecto. La mente puede rotularlo con distintos nombres, pasarlo de un departamento a otro, pero jam�s alterarlo radicalmente. Necesitamos de un poder que sea superior a la mente. Afortunadamente ese poder existe en el fondo de cada uno de nosotros, quiero referirme en forma enf�tica al poder del Kundalini �palabra extra�a, para muchos que jam�s han le�do nada sobre esoterismo o yoga, o algo por el estilo�. En todo caso, Kundalini, entre los indostanes, es el fuego sagrado. Dentro de cada uno de nosotros hay un fuego sagrado que puede entrar en actividad. Tal fuego, en los tiempos antiguos, fue representado por lsis, Mar�a, Adon�a, Insoberta, Rea, Cibeles, Tonantzin, etc. Ese fuego es maternal, es la Divina Madre C�smica en nosotros, es Dios Madre en el fondo m�s �ntimo de nuestro coraz�n. Si apelamos a ese fuego divinal, si apelamos a ese Kundalini de los indostanes, entonces podemos pedirle que elimine el defecto que ya hemos observado y enjuiciado previamente. Kundalini, la Madre C�smica simbolizada por la virgen de todas las religiones antiguas, proceder� eliminando de nuestra psiquis tal defecto, destruyendo al "Yo" que lo personifica, reduci�ndolo a cenizas, a polvareda c�smica. Cuando esto sea, el porcentaje de conciencia all� embotellado, enfrascado, se liberar�, se emancipar�. Y si continuamos con este procedimiento psicol�gico trascendental, revolucionario, podremos en verdad desintegrar todas esas m�ltiples personas que llevamos en nuestro interior. Cuando esto se cumpla, cuando toda la totalidad del "Yo" haya sido reducida a cenizas, convertida en polvareda c�smica, la esencia (la conciencia) quedar� liberada y ser� entonces cuando gozaremos de la verdadera y aut�ntica felicidad; ser� entonces cuando en verdad conoceremos la libertad, ser� entonces cuando en verdad estaremos iluminados, ser� entonces cuando podremos experimentar, por s� mismos y en forma directa, eso que es la Verdad. Muchas teor�as se han escrito sobre la Verdad. Algunos dicen que la Verdad es aqu�lla, o esta otra, mas la Verdad solamente la puede experimentar aqu�l que ha muerto en s� mismo, aqu� y ahora; la Verdad solamente es asequible a aqu�l que ha logrado en verdad despertar. Hoy por hoy, todos ustedes, sin excepci�n, tienen la conciencia dormida; �sta se encuentra enfrascada, embutida entre �l m� mismo, entre el s� mismo, entre el ego. Aquellos que rinden culto al ego, son eg�latras. Hay muchas escuelas que enfatizan, en forma definitiva, que dentro de cada uno de nosotros mismos existe un "Yo" superior y un "Yo" inferior. Hay quienes suponen que el "Yo" superior debe controlar al inferior, hasta triunfar, y que entonces �nos convertiremos en Mahatmas, en dioses�. Quienes as� proceden, desconocen que inferior y superior son dos secciones de una misma cosa. El ego tiene un principio, el ego tiene un fin. Lo importante, para nosotros no es el ego, el yo, sino el Ser. El Ser es el Ser y la raz�n de ser del Ser, es el mismo Ser. Nuestro Ser es divinal, nuestro Ser es Dios mismo, nuestro Ser no tiene principio ni tiene fin. En nuestro Ser est� la plenitud, est� la perfecci�n, est� el sentido de la bienaventuranza. Nuestro Ser puede darnos esa felicidad inagotable, esa dicha inconfundible, que nada tiene que ver con los vanos placeres de la vida. Nuestro Ser puede conducirnos a esa fuente de agua de vida, y quien bebiere de esa agua nunca jam�s podr� tener sed, y r�os de agua pura brotar�n de sus vientres. Por eso dijo el Cristo que ��l es la luz�, que ��l es la vida�... Al Cristo, realmente, hay que buscarlo en las profundidades de nosotros mismos, en lo hondo de nuestro Ser. �l es el Salvador, pero no est� en otra parte, sino en las profundidades del Ser. Los adoradores del ego, aquellos que rinden culto al m� mismo �los eg�latras, los mit�manos�, piensan del ego lo mejor. Hay quienes se dedican a fortificar todos esos "Yoes" que en su conjunto constituyen �l m� mismo. �sos, inevitablemente, se convierten en potencias tenebrosas. No est� de m�s decirles a ustedes, en nombre de la verdad, que a nosotros �a cada uno de los que estamos aqu�, se nos asignan siempre 108 existencias. Si durante esas 108 existencias no disolvemos el "Yo", si durante esas 108 existencias no despertamos, entonces no se nos dan m�s cuerpos f�sicos y posteriormente ingresamos en la involuci�n sumergida de los mundos infiernos. El Dante escribi� una obra extraordinaria, quiero referirme en forma enf�tica a La Divina Comed�a. Los nueve c�rculos dantescos tienen realidad; el infierno del Dante es cierto, pero simb�lico, aleg�rico. Las almas involucionan dentro de los mundos infiernos. Si en vida no fuimos capaces de reducir a polvo al ego, al yo, al m� mismo, al s� mismo �en las 108 existencias�, despu�s de la muerte ingresamos dentro de las entra�as de la Tierra, en las infradimensiones de la naturaleza y del cosmos. All�, dentro del mundo soterrado, hemos de sufrir lo indecible; all� tendremos que involucionar en el tiempo hasta que las fuerzas centr�fugas desintegren al m� mismo, reduzcan a polvo al ego. Entre los n�huatls, sabios cual ninguno, se habl� del Mictl�n, se dijo que hab�an nueve c�rculos, se asegur� que los difuntos pasar�an por entre esos nueve c�rculos y que all� ser�an probados, para m�s tarde ingresar a los para�sos elementales de la naturaleza. El M�xico Antiguo tiene la sabidur�a de la eternidad. Aqu�, en la tierra sagrada de los n�huatls, de los toltecas, de los mayas, de los zapotecas, existen verdades trascendentales que deben ser estudiadas, analizadas, conocidas, comprendidas. Quien logre pasar por los nueve c�rculos dantescos, despu�s de la "Muerte Segunda", se emancipa. El alma, la esencia pura, resurge a la superficie, a la luz del Sol, para reiniciar un nuevo proceso evolutivo que ha de comenzar por el mineral, continuar en el vegetal, proseguir en el animal, hasta reconquistar el estado de humano que otrora se perdiera. Entonces se le asigna al alma un nuevo ciclo de existencias �108 existencias m�s� para que se autorrealice. Si no lo logra, se repite el mismo proceso. Por todo hay 3,000 ciclos. Aquellas almas que en 3,000 aeones o per�odos de tiempo no consigan la maestr�a, despu�s de la "Muerte Segunda" �en el ciclo tres mil� se sumergir�n para siempre entre el seno del Esp�ritu Universal de Vida, convertidos en simples elementales; no en mahatmas, no en gur�s, no en dioses, no en �ngeles, sino en simples elementales de la naturaleza. Pero situ�monos en el presente. Aqu� estamos todos reunidos, por donde quiera hay guerras y rumores de guerras, y habr�n guerras en tanto dentro de cada uno de nosotros existan los elementos de la discordia y del ego�smo. Dentro de cada uno de nosotros existe un infierno, nosotros cargamos el infierno. Debemos trabajar sobre nosotros mismos, necesitamos transformarnos radicalmente, necesitamos convertirnos en seres inefables. As� pues, todos los aqu� presentes deben entender la necesidad de auto conocerse profundamente y en todos los niveles de la mente. Al venir al mundo se nos da la oportunidad para transformarnos. Cargamos dentro de s� mismos lo m�s decente, lo m�s digno, que es la esencia, eso que se llama alma. Repito: la tenemos enfrascada entre el ego. Esa esencia, esa alma, originalmente viene de la V�a L�ctea. All� resuena espl�ndidamente la nota La. Prosigue despu�s, esa alma, por la nota Sol, al atravesar el disco solar. Prosigue descendiendo y atraviesa la nota Fa, que hace vibrar los planetas alrededor del Sol y, continuando en su descenso, con la nota Mi, entra en un nuevo cuerpo f�sico. Al venir la esencia, al regresar a este mundo, se le ha dado una oportunidad para descubrir, siquiera, el "Rasgo Psicol�gico Principal" que le caracteriza. Si siquiera eso logr�ramos, no fracasar�amos en la vida. Desgraciadamente, las gentes ni siquiera conocen el rasgo psicol�gico principal que les caracteriza y eso es lamentable. Algunas personas se distinguen por la ira, otras por el odio, otras por la pasi�n sexual, estotras por la envidia, etc. Si tan siquiera conoci�ramos el "Rasgo Psicol�gico Principal" y desintegr�ramos al "Yo" que le corresponde, es obvio que desencarnar�amos triunfalmente, habr�amos dado un paso en el camino de la emancipaci�n. Desgraciadamente, no nos preocupamos ni siquiera por conocer cu�l es nuestro rasgo psicol�gico principal. Cuando uno descubre cu�l es su defecto m�s gordo, se hace f�cil, en verdad, desintegrar los otros. No quiero decir que esto sea as� como �soplar y hacer botellas�, pero en verdad es m�s f�cil desintegrar los distintos elementos que constituyen el "Yo" cuando se descubre el "Rasgo Psicol�gico Principal". Desgraciadamente, las gentes se van despu�s de haber hecho esfuerzos in�tiles, se van despu�s de haber sufrido mucho en este valle de l�grimas, se van despu�s de haber perdido el tiempo in�tilmente; La eternidad se los devora y luego regresan, retornan, para repetir la misma historia. La vida es como una pel�cula; la muerte es el regreso al principio de la vida, al punto de partida original. A la hora de la muerte nos llevamos ese �rollo� de la vida, y cuando volvemos proyectamos otra vez la misma vida. De manera que cada hombre vive su propia vida; cada hombre, al volver a este mundo, repite su misma vida, y si no trabaja sobre su vida, si no la transforma, si no hace de la misma una obra maestra, est� perdiendo el tiempo miserablemente. Lo m�s importante para nosotros, repito, es nuestra propia vida. Hasta aqu� mis palabras. Samael Aun Weor. |
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