LA   ANTIDIETA

 

Los autores no ofrecen ni directa ni indirectamente, asesoramiento o consejo médico, ni prescriben el uso de una dieta como forma de tratamiento de enfermedades sin aprobación del médico. En el dominio de la salud y de la nutrición, los expertos sostienen puntos de vista muy diferentes. La intención de los autores no es diagnosticar ni prescribir, sino solamente ofrecer información sanitaria que ayude al lector a cooperar con su médico en la común búsqueda de la salud. En caso de que alguien use esta información sin aprobación de su médico, estará autoprescribiéndose; por el ejercicio de este derecho, el editor y el autor no asumen responsabilidad alguna.

 

Título original: Fit for Life

Editor original: Warner Books, Inc., N. York, 1985

Traducción: Marta I. Guastavino

© 1985 by Harvey and Marilyn Diamond  © 1986 by EDICIONES URANO, S. A.

Enrique Granados, 113 - 08008 Barcelona

ISBN: 84-86344-16-6  Depósito legal: B. 13.566-1986  Printed in Spain

Impreso y encuadernado por I. G. Manuel Pareja  Montaña. 16 – 08026

                        

Este libro esta dedicado, con amor a nuestros hijos, Greg, Lisa y Beau, y a todos los niños del mundo, por cuya salud tenemos la obligación de velar.

 

Agradecimientos

 

Deseamos expresar nuestra profunda gratitud a Joanie Prather, Robbie Levin, Russ Regan, Bonnie y M. C. Ayers, y especialmente a los maestros de siddha yoga cuyos esfuerzos aunados nos ayudaron a poner esta información al alcance del público. Muchas gracias a nuestro editor, Patti Breitman, cuya agudeza y entendimiento, así como su fe en nuestra obra, fueron tan importantes para que esta llegase a fructificar en este libro. También a todo el personal de Warner Books, cuyo talento, habilidad y capacidad profesional tanto contribuyeron a la preparación y presentación del libro. También queremos agradecer a Irene Webb y Mel Berger, de la William Morris Agency, el haber reconocido el valor de nuestro trabajo y habérselo hecho comprender a otros.

 

Indice

 

Prologo                                                                                   13

 

I Parte: LOS PRINCIPIOS

 

            INTRODUCCION                                                                      19

1 Las dietas no funcionan                                                         28

2 La higiene natural                                                                  33

3 Los ciclos naturales del cuerpo                                              45

4 La teoría del desequilibrio metabólico                                      49

5 El principio del alimento con alto contenido en agua                 54

6 El principio de la adecuada combinación de los alimentos        68

7 El principio del correcto consumo de fruta                               85

8 La teoría de la desintoxicación                                                           105

9 Las proteínas                                                                        114

10 Los productos lácteos                                                          135

11 El ejercicio                                                                          147

12 Somos aquello que queremos ser                                         153

13 Las preguntas que nos hacen con mas frecuencia                  157

 

II PARTE: El PROGRAMA

 

    Introducción                                     179

1 El desayuno                                      186

2 Los sumos frescos                             192

3 La escala energética                          195

4 Ideas y sugerencias para la antidieta   197

5 La ensalada como plato inicial            201

6 Orientación para un estilo de vida        203

 

III PARTE: UNA SEMANA DE MUESTRA

 

Día uno: Lunes              211

Día dos: Martes            220

Día tres: Miércoles        223

Día cuatro: Jueves         227

Día cinco: Viernes         229

Día seis: Sábado           233

Día siete: Domingo        235

 

Conclusión                   243

 

PROLOGO

 

LA ANTIDIETA es un avance decisivo. Sin sentimientos de culpa, sin pesadas responsabilidades, sin exigencias, se puede llegar a estar sano, delgado y vibrante. Y todo esto lo consigue cada cual a su propio ritmo: lanzándose a toda velocidad por la autopista de la salud, o tomándose el tiempo necesario para ir disfrutando de los últimos placeres artificiales que florecen a lo largo del camino: bombones, cervezas, galletas saladas, suculentos bistecs. De cualquier manera está bien, nos dice Harvey y Marilyn Diamond. Hasta el mínimo cambio, el menor de los esfuerzos, tiene influencia positiva sobre la salud.

Mi propia experiencia: en dos meses he perdido nueve kilos. Ocasionalmente, como pollo, pescado, rarísimas veces sucumbo ante una cerveza o una galleta salada, y por fin ahora puedo ver una película sin tener un puñado de bombones en la mano.

 

La medicina integrativa es una ciencia nueva y un arte nuevo, se basa en la promoción de la salud y el “estar bien”, y constituye una aproximación a los pacientes, a quienes no se considera como enfermos ni como problemas, sino como personas que necesitan ayuda para equilibrarse en sus dimensiones física, emocional, mental y espiritual. Estas dimensiones, cuando se las equilibra o se las armoniza, se constituyen en un reflejo de la salud, la buena forma, la integridad y el bienestar: “el estar bien”.

Para un médico, la vocación suprema ha sido siempre identificar el proceso de la enfermedad en el momento mismo de su comienzo, por medio de la habilidad, su juicio y sus conocimientos, y ponerle término mediante la cirugía, la medicina y la irradiación. El médico moderno se vale de sus conocimientos para impedir, en primer lugar, que el proceso de la enfermedad se inicie; el médico interesado en el “estar bien” fomenta los factores que contribuyen a la homeostasis, es decir al equilibrio dinámico natural del cuerpo. En vez de dedicarse a medicar los síntomas del deterioro corporal, o a extirpar los órganos que funcionen mal, y limitarse a eso, el médico del “bienestar” procura asistir al paciente para que pueda alcanzar la calma emocional, la tranquilidad mental, la forma física de la paz espiritual.

 

El cuerpo humano debería durar ciento cuarenta años, el doble de nuestra esperanza de vida actual, es decir que, pese a los grandes adelantos de la ciencia médica, es importante recordar que su tarea no está cumplida más que a medias. La ANTIDIETA y sus autores nos hacen dar un paso de gigante, extendiendo su esperanza de vida y mejorando su calidad un ejemplo perfecto de medicina integrativa. Este libro considera que una nutrición adecuada es cuestión de equilibrio energético: una absorción eficiente  de 1a energía contenida en los alimentos y una eliminación eficiente de los residuos equilibra el cuerpo de manera que no haya excesos y que conserve su máximo poder para recuperar la salud o defenderse de la enfermedad.

 

LA ANTIDIETA echa por tierra los dogmas de la medicina ortodoxa en lo referente a los cuatro grupos básicos de alimentos, las saludables propiedades de la leche, la importancia de las proteínas en la dieta y la necesidad de contar calorías para rebajar de peso.

 

Tener una orientación adecuada respecto de lo que es la nutrición es cosa de monumental importancia en esta era del estrés. La contaminación química de los alimentos con aditivos, conservantes, saborizantes y aromatizantes artificiales, procedimientos como la deshidratación, concentración, congelación y tratamientos con microondas hacen que una reeducación del público en lo referente a los hechos de la nutrición alcance una importancia no menor de la que tuvo en su momento el hecho de que Ignaz Semmelweis señalara que los médicos deban lavarse las manos antes de operar o de atender un parto. Solo han pasado cien años de este importante descubrimiento. Solo cien años han pasado desde que la ciencia renunciara a las sangrías, purgas y aplicaciones de sanguijuela que fueron parte de la vida de nuestros abuelos. Pues bien, es probable que todos nuestros intentos de someternos a dietas y contar calorías sean, a los ojos de nuestros nietos, parte de las locuras de nuestra generación.

 

LA ANTIDIETA es un perfecto ejemplo de medicina integrativa en cuanto ciencia basada en la energía. Tanto la medicina integrativa como este libro están orientados hacia el consumidor, con el fin de salvar las brechas existentes entre lo que hasta ahora se sabía de biología y los últimos adelantos que han revelado la existencia de sustancias curativas que nuestro propio cuerpo produce.

 

Por fin, comenzamos a entender la enorme magnitud de la capacidad autocurativa de nuestro cuerpo, que le permite recuperarse y mantener la salud. En la medicina interactiva convergen siglos de conceptos sobre medicina preventiva, provenientes de centenares de culturas diferentes, con la moderna necesidad de reducir el estrés, resolver conflictos, evitar estilos de vida nocivos y modificar  las pautas de conducta que provocan exceso de peso, obesidad y, por consiguiente, enfermedades coronarias, hipertensión sanguínea, úlceras, dolores de espalda, migraña, artritis, apoplejía y cáncer.

 

Las metas de la medicina integrativa son la calma espiritual, la paz emocional y la buena forma física; en ella se unen los conceptos holistas característicos de los estilos occidentales de vida de California, con los conceptos de la medicina preventiva proveniente de la “Meca” de la medicina, en Boston. Los médicos orientales, tradicionales y con formación en Harvard, señalan que ya los médicos no pueden prevenir el 80 por ciento de las enfermedades, que la medicina y la cirugía no curan más de un 10 por ciento de ellas, y que el 10 por ciento restante se debe, en la actualidad, a accidentes quirúrgicos y efectos colaterales de la medicación. Proclaman que durante la presente década la salud de la población norteamericana no depende de lo que otros hagan por ella, sino de lo que esté dispuesta a hacer por sí misma. Los graduados de las universidades de California, Stanford y Berkeley, se muestran completamente de acuerdo y coinciden en señalar que la risa, la esperanza, la fe y el amor son ingredientes principalísimos de la salud. La medicina integrativa permite que ambos se encuentren, ofreciendo a los pacientes combinaciones del estilo tradicional y del holista: dieta, ejercicio, sol, descanso, masajes y plegarias marchan codo a codo con la medicación, las hazañas quirúrgicas y los recursos increíbles de la alta tecnología.

 

Para mí ha sido un honor presentar la medicina integrativa a la asociación Médica de California, la Academia de Pediatría de Detroit y la Academia Nacional de Ciencias de Washington. Como una forma de entender la salud y hacer frente a la enfermedad, parte de un enfoque biosocial y psicoespiritual, que considera que la responsabilidad personal, la valoración de sí mismo y la consideración y reverencia hacia la vida son los principales determinantes de la salud. La medicina integrativa considera que cualquier enfermedad es potencialmente reversible gracias al milagroso poder de autocuración del cuerpo, al que concibe como un sistema de energía y cree que la salud es algo demasiado importante para dejarlo solo en manos de la ciencia, pero que también lo es para encararlo desde un punto de vista totalmente acientífico.

 

La ciencia no es más que un intento de la mente humana de explicar las leyes naturales; LA ANTIDIETA explica la nutrición en función de leyes naturales no de la mente humana ha discurrido hasta hoy. Cuando Harvey Diamond me pidió que leyera el manuscrito del libro, me dijo que si había cualquier cosa, incluso una mínima afirmación, que mis colegas médicos  pudieran tomar a mal, me sintiera en libertad de cambiarla, ya que su propósito era generar comprensión y no resistencia. Pues bien, el libro es un mazazo mental para la teoría médica, pero no hay en él nada que pueda tomar a mal. Hace que las enseñanzas sobre nutrición que se imparten en las facultades de medicina se nos aparezcan como algo anticuado, e incluso peligroso, e identifica los dogmas que durante tanto tiempo nos han enseñado como una mera programación malsana que nos va siendo instilada por los intereses comerciales que representan a la industria lechera, de los dulces y de la carne, y a los restaurantes.

 

Lo único que puedo decir a mis colegas médicos es que por debajo de la ciénaga de fórmulas  químicas que nos aprendemos no había otra cosa que energía. Todo es energía. El cuerpo es un sistema de energía. Los órganos son conjuntos de células cuya frecuencia de vibración es idéntica. Son células que no solo tienen similitud histológica, sino la misma frecuencia energética. Lo que las mantiene unidas es la homeostasis. Una perturbación en la energía celular es lo que llamamos enfermedad.

 

Los sistemas energéticos alcanzan un funcionamiento óptimo con un combustible eficiente. Un equilibrio celular sano y dinámico se mantiene gracias a un aporte de energía que sea equivalente al rendimiento energético. El combustible alimenticio alcanza su mayor eficiencia en la forma en que nos lo proporciona la naturaleza, puesto que nuestro cuerpo también es algo que proporciona la naturaleza. No existen campos donde la brisa haga ondular sembrados de pan blanco. Las comidas enlatadas, hervidas y sometidas a microondas no son naturales. Las frutas no se encuentran naturalmente en jarabes azucarados y aderezados con conservantes químicos. No hay ríos ni arroyos de bebidas gaseosas. De la misma manera que ahora nos tomamos con toda naturalidad los aditivos y conservantes y las comidas desnaturalizadas, durante muchos años aceptamos sin cuestionamiento alguno el tabaco, sin hacer caso de sus riesgos. La energía proveniente de alimentos naturales en estado puro es la que necesitan los cuerpos naturales en estado puro. Actualmente va cobrando auge un nuevo paradigma consumista, centrado en el jogging, en el aeróbic, la reducción del estrés, el dejar de fumar y el conocimiento de las normas de nutrición. A todo ello se adecua perfectamente LA ANTIDIETA, que constituye un importante cimiento para la salud y la medicina del futuro: un sistema que sirva de base al “estar bien”, no al “estar mal”. No a la enfermedad.

 

Kay S. Lawrence, M.D.

Profesor adjunto de Clínica, Universidad de California, Irvine, Fundador de “Medicina integrativa”.

 

 

I PARTE: LOS PRINCIPIOS

 

Introducción 

                                               por  Harvey Diamond

 

¿Eres una de esas personas que andan en busca de una manera de vivir que les permita rebajar de peso de manera sensata? ¿Y no volver a recuperarlo? ¿Y conseguir todo eso sin renunciar a ninguno de los placeres de comer? Si has respondido afirmativamente a estas preguntas, ya puedes ir abandonando la búsqueda, porque esa es precisamente la información que encontrarás en este libro, quince años de estudio intensivo de la relación entre lo que comemos y el estado de nuestro cuerpo. Si estás harto de pasar de una dieta a otra, y lo que buscas es un tipo de información práctica y sensata que te confíe a ti el pleno control de tu peso, aquí encontrarás noticias muy interesantes. Podrás aprender algunos secretos que te permitirán perder peso, y perderlo en forma permanente, sin dejar de comer. Ya se que entre mis lectores habrá algunos a quienes esto le parezca demasiado bueno para ser verdad. La misma impresión tuve yo, pero aprendí por experiencia que al peso que uno quiere tener se puede llegar comiendo.

 

¿No sería ideal comer y disfrutar comiendo, sentirse siempre satisfecho y no frustrado, esperar con placer cada comida y, lo que es más importante, mantenerse en el peso justo? Pues de eso se trata en este libro, que no es una dieta. Es una manera de comer que puede incorporarse a nuestro estilo de vida como una manera de vivir, no como un régimen dogmático. No es necesario que cuentes calorías; no es una dieta que te matará de hambre; no te limita las cantidades; no exige modificación del comportamiento; no incluye medicinas ni polvos; no da soluciones temporales. Es un conjunto de principios dietéticos que puedes usar mucho o poco, en la medida de tus deseos y de acuerdo con tus objetivos. El programa no te impone presión alguna. Mientras lo practiques te sentirás cómodo, e irás alcanzando un éxito regular y progresivo a medida que incorpores a tu vida la información que te brindamos.

LA ANTIDIETA da resultados permanentes. Al seguir sus principios dejarás de “vivir para comer”, y empezarás, en cambio, a comer para vivir”. Quizá te parezca que comer estupendamente, no contar calorías, no poner candado a la nevera y no hacer dieta, son sueños imposibles, pero deja que te aseguremos que no es ningún sueño: la cosa funciona.

 

Quizás hayas llegado a un momento de tu vida en que estés absolutamente harto de luchar con el problema del peso. Tal vez estés en una situación en que lo que quieres, de una vez por todas, es encontrar un programa alimentario que funcione y en el que puedas confiar. Quieres sentirte finalmente seguro de que tu cuerpo está recibiendo todos los elementos nutritivos que necesita, de que tu nivel de energía es alto y se mantiene constante, y de que tu peso, después de toda una vida de fluctuaciones, permanece estable. En pocas palabras, quieres comer bien y de manera regular, pero al mismo tiempo estas decidido o decidida a verte libre de esa hartante preocupación por los kilos de más y los centímetros de sobra.

 

La información que te ofrece este libro te permitiré hacer todo eso. Ante una promesa tan halagüeña, sin embargo, es probable que estés pensando: “¡Oh no!” “Me arreglarán con brotes de alfalfa, lechuga y germen de trigo, y como postre un tazón de zanahorias ralladas”.

 

¡Qué esperanza! Nosotros no somos de esa escuela. Para que te tranquilices, echemos un vistazo a lo que podrías incluir en un día típico.

 

A la mañana, cuando te despiertes, puedes beberte un gran vaso de zumo de frutas “frescas”. Escoge cualquier cosa que te guste, dentro de las frutas de temporada que te resulten más convenientes. Pueden ser naranjas, mandarinas o pomelos, y el zumo puedes prepararlo con un simple exprimidor, que es muy barato. Pero si por casualidad tienes uno de esos extractores múltiples que hoy por hoy son tan comunes, puedes prepararte un jugo de manzanas frescas, de melón o de sandías. Lo importante es que empieces el día con zumo de frutas frescas. ¡Adelante!

 

Si lo prefieres, o bien además del zumo, puedes hacerte una ensalada de frutas frescas, o comerlas simplemente tal cual. Puedes comer cualquier fruta fresca que quieras, pero “no frutas en conserva”; y además, puedes comer la cantidad que quieras. Más adelante explicaremos por qué las frutas en conserva no se adaptan al programa.

 

Quizás te hayas bebido un zumo y te hayas comido medio melón a la mañana temprano y a las diez vuelvas a sentir hambre. Entonces, puedes  comer algo más de fruta una o dos naranjas,  una manzana, melocotones frescos, más melón, nectarinas o un puñado de cerezas o de uvas, según la estación. Si después de comer alguna fruta jugosa sigues teniendo hambre, cómete uno, dos plátanos. La idea es que durante la mañana, y hasta el mediodía, cada vez que sientas hambre has de comer fruta.

 

Para el almuerzo puedes prepararte una abundante ensalada con las verduras frescas, crudas; que más te gusten. Puedes escoger entre diversos aderezos y, si quieres, con la ensalada puedes comer algunas tostadas de pan integral con mantequilla o un poco de sopa. Puedes hacerte un sándwich excelente, combinando aguacate, pepino, lechuga, tomate y un puñado de brotes, con mayonesa o mantequilla. (De paso, si nunca ha probado un sándwich de tomate y aguacate, ¡no sabes lo que te has perdido. Es un bocado realmente suntuoso).

 

A la hora de la cena, si tienes una de esos extractores de zumos múltiples, tal vez te apetezca un buen cóctel de zumo de verduras frescas mientras te preparas el resto de la comida, que podría ser arroz, batatas o ñame con mantequilla, o patatas al horno, con un acompañamiento de ver duras cocidas al vapor y ensalada. También puedes prepararte como plato principal una ensalada de arroz estilo mediterráneo o una ensalada de pollo. Puedes escoger entre carne, pollo o pescado, acompañados de verduras y ensalada. Y para variar está la posibilidad de una deliciosa sopa con pan integral tostado con mantequilla, y ensalada de col. ¡Hay  tantas posibilidades, tantas ideas nuevas para probar. No hay razón alguna para preocuparse por falta de variedad, privación ni aburrimiento. Como puedes ver hay muchísimas cosas buenas para comer, interesantes y deliciosas. La buena calidad de la comida y su variedad influirán directamente sobre tu aspecto y ánimo. La mayoría de los platos te resultarán familiares, lo que hará que el programa te sea fácil de seguir. Además, habrá muchas comidas agradables y originales que serán nuevas para ti. Al poner el énfasis en las que ya son familiares, los cambios serán muy simples y llevaderos.

 

Lo que es completamente nuevo y diferente en este programa es que LO IMPORTANTE NO ES SOLAMENTE LO QUE SE COME, SINO TAMBIEN CUANDO Y EN QUE COMBINACIONES SE LO COME. Este factor - el cuándo y el cómo - es lo que tu habías venido buscando, el eslabón perdido que te asegurará el éxito.

 

Y lo más interesante es que esta manera sensata de encarar el problema de rebajar de peso se puede convertir fácilmente en un estilo de vida. Porque funciona, es novedoso y divertido. Además, es un sistema que da resultados duraderos  No es una moda. Su éxito se debe a que, a diferencia de las modas dietéticas No es una solución temporal. Nunca volverás a experimentar la desilusión de recuperar el peso que tanto te habías esforzado por perder. Tendrás al alcance de la mano los mejores instrumentos para controlar cualquier nuevo aumento indeseable de peso. Con este sistema se supera el fallo inherente a las dietas de moda. El peso que se pierde con este programa no se recupera.

 

LA ANTIDIETA es un sistema seguro y equilibrado, que se basa en las leyes fisiológicas naturales y en los ciclos del cuerpo humano. Y porque se basa en leyes naturales, funciona para todos. En la vida todo esta regulado por las leyes físicas y naturales, incluso nuestro cuerpo, de manera que si queremos rebajar eficazmente de peso, debemos hacerlo de acuerdo con las leyes naturales.

 

Como fundamento de este sistema se encuentra una verdad universal referente a la pérdida de peso, que hasta ahora no ha sido bien entendida: UNA REDUCCION DE PESO SEGURA Y PERMANENTE SE RELACIONA DIRECTAMENTE CON LA CANTIDAD DE ENERGIA VITAL DE QUE DISPONEMOS, Y CON EL USO EFICIENTE DE DICHA ENERGIA PARA LA ELIMINACION DE DESECHOS (EXCESO DE PESO) DEL CUERPO. La clave del sistema reside en que colabora con el cuerpo para liberar energía. Con esta nueva reserva de energía, el cuerpo empieza a trabajar automáticamente para deshacerse de cualquier exceso de peso. Cuanta más energía se libera, más peso se pierde. Y como en este programa se come para liberar energía, uno se encuentra con más energía que nunca. Llevar la energía a un nivel óptimo y constante es un punto crítico de la antidieta, que ha sido diseñada no solo para rebajar de peso, sino también para resolver la crisis de energía por la que pasan muchas personas como papel crítico que desempeña la energía en la pérdida de peso y de algunas ideas sumamente erróneas respecto de la forma en que se ha de comer. Dice Joy Gross en su libro Positive Power People: “La vida se basa en leyes sobrecogedoramente inmutables. Ignorarlas no libra a nadie de las consecuencias de no aplicarlas o de infrigirlas”. Este programa se basa en Leyes universales y en verdades fisiológicas. ¡Aplícalas a tu vida! Gratifícate generosamente con un cuerpo esbelto joven pleno de belleza y vitalidad... y disfruta de salud física, emocional y espiritual.

 

Hace más o menos diecisiete años, un amigo me dijo, en un momento de enfado:

 

- Oye, Tripitas, ¿por qué no te resignas de una vez a ser gordo?

 

¿Tripitas? ¿Yo? Sus palabras me afectaron como si alguien me hubiera puesto sobre la cabeza una pesada olla de hierro para después aplastarla de un mazazo. Y no me faltaban razones para que su comentario me resultara tan destructivo. Para empezar, yo estaba seguro de disimular con una astucia fantástica los centímetros que me sobraban de cintura, usando ropa suelta, pero de muy buen corte... el lector ya me entiende. Pero lo que más me frustró fue que había estado poniendo todas mis esperanzas en diversas dietas, y el comentario de mi amigo me hizo caer en la cuenta del poco éxito que había tenido con ellas. Yo probaba cualquier programa que aparecía en el horizonte, y si la cosa consistía en no comer más que huevos y queso durante treinta días, pues lo hacía, lo mismo que si me hablaban de sobrevivir un mes con apio y hamburguesas. Y rebajaba de peso, claro que rebajaba, pero naturalmente, tan pronto como abandonaba el programa retomaba mis antiguos hábitos alimenticios y volvía a pesar lo mismo que antes. Si alguna vez el lector ha hecho dieta, me entenderá, porque - seamos sinceros - ¿en qué estaba pensando durante todo el tiempo que hacía dieta? ¡EN COMER¡ Tan pronto cómo había terminado la ordalía salía de casa corriendo como gato escaldado, a poner término a mis angustias. Y siempre me encontraba con que, por más peso que hubiera perdido, en menos tiempo de lo que me habrá llevado rebajar lo había recuperado, con un par de kilos adicionales.

 

De pequeño yo no había sido gordo, pero después que me licenciaron en la Fuerza Aérea, con algo más de veinte años, empecé a luchar con un problema de peso que simplemente no podía superar. En una época de mi vida en que debería haber sido activo y energético, tenía un exceso de peso de casi 23 kg. Cuando finalmente alcance y pasé la temida cifra de 90 kg, estaba desesperado. Por la misma época murió mi padre, todavía muy joven, de cáncer de estómago. Fue un proceso terrible y prolongado, y el recuerdo de sus últimos días jamás me abandonará. De joven había sido boxeador y estibador, fuerte y fornido, con más de 90 Kg de peso; cuando murió pesaba menos de 45. Poco después de su muerte me desperté, una noche, aterrado al darme cuenta de que con mi estructura ósea ligera, mi 1,77 m de estatura y mis 91,5 kg. de peso, tenía todos los problemas que el había padecido durante su vida. El también pesaba más de 90 kg y, lo mismo que yo, jamás se había sentido realmente bien. Mis estudios posteriores me demostraron que siempre que anda uno excedido en más de veinte kilos de peso, se esta preparando también otros problemas. Mi padre tenía frecuentes resfriados, dolores de cabeza y problemas estomacales, y su queja constante era la falta de energía. Yo también tenia esos problemas. No participaba en deportes ni en actividades sociales. Tener que quitarme la camisa en la playa era siempre una experiencia traumática. Cuando  terminaba el trabajo cotidiano, no me quedaban fuerzas mas que para comer y autocompadecerme. (Aparentemente, para comer siempre me quedaba algún resto de energía.) Cuando murió mi padre no solo me autocompadecí, sino que me asusté.

 

Ese miedo fue el incentivo que me llevo a dar un giro decisivo. El miedo de morirme joven se unió a mi deseo de que no me llamaran “Tripitas” y me impulsó, finalmente, a emprender decididamente la acción. Estaba dispuesto a renunciar a mi invariable hamburguesa con cocacola para consagrarme a la resurrección de mi cuerpo. En el ardor de mi entusiasmo, y con gran resolución, me zambullí espectacularmente en una serie de dietas que me aseguraban que me harían rebajar permanentemente de peso. Hice la primera dieta, después la segunda. Más adelante la tercera. Tras una considerable cantidad de frustración y decepciones, llegué a darme cuenta de que.....

 

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Las dietas no funcionan

 

Hacer dieta es un proceso que se encuentra entre las experiencias más ineficaces y más curiosas del ser humano. ¿Que otra ocasión hay en que la gente se someta disciplinadamente a privaciones durante días, semanas e incluso meses, con el fin de alcanzar cierto objetivo, para terminar comprobando que el tal objetivo comienza a desvirtuarse tan pronto como ha sido alcanzado? Y por si esta experiencia no fuera suficientemente frustraste, muchas personas que hacen dieta se someten regularmente a este proceso y pierden con gran entusiasmo, y durante corto tiempo, algunos kilos para recuperarlos después. Son personas que se agotan mental, física, espiritual y emocionalmente, buscando siempre un resultado permanente que no encuentran jamás. Y esta búsqueda, frecuente y estéril, crea el exceso de estrés y el trastorno emocional que tan bien conocen quienes hacen dieta.

 

Preguntémonos, de todas maneras, que es una dieta La gente cede a sus propios caprichos hasta llegar a un punto en que ya no puede mirarse al espejo, o en que se encuentra con que la ropa ya no le va. Entonces, a regañadientes, se obliga a “hacer dieta” para compensar así el anterior exceso de tolerancia. Es como correr a echar llave a la puerta del garaje cuando alguien se ha llevado ya el coche. Es demasiado tarde; el daño esta hecho. El  remedio para estos excesos es, generalmente, la privación, y casi todas las “dietas curativas” que se ofrecen hoy en el mercado exigen que quien las sigue rebaje de peso al precio que sea. Las planes dietéticos son una forma sumamente cara de perder peso, y muchas veces su coste real es el bienestar de la persona.

 

¿Por qué no funcionan las dietas? La respuesta es, en realidad, muy simple. ¿En qué piensa uno cuando esta haciendo dieta? Tal como me sucedía a mí, generalmente estaba pensando en lo que va a comer cuando finalmente haya terminado con esa dura prueba. ¿Cómo es posible tener éxito con una dieta si uno no piensa más que en comer? La privación no es la forma de lograr una pérdida de peso saludable y permanente. Generalmente, es a causa de que después uno se atiborra, con lo cual se complica el problema. Entre el privarse y el atiborrarse se establece un círculo vicioso, que es precisamente uno de los muchos inconvenientes de las dietas.

 

Otro problema es que las dietas son temporales; por consiguiente, también los resultados tienen que ser temporales. El lector quiere ser delgado: ¿temporal o permanentemente? Las medidas permanentes dan resultados permanentes, y las temporales, resultados temporales. ¿Nunca habéis escuchado esta queja: “He probado todas las dietas que se anuncian, y ninguna me ha resultado” ¿Por qué han probado todas las dietas? Si las han probado todas, sin obtener éxito, es porque hacer dieta es encarar mas el problema. Las dietas fallan por lo que llevan implícito de disciplina forzada, algo que muy pocas personas pueden aguantar con éxito cuando se trata de comida. Y sin embargo son muchos los que, al no tener otra alternativa, siguen haciendo lo que siempre han hecho - dieta - porque jamás les han ofrecido otra alternativa viable. Siguen en busca de esa única panacea que, de una vez por todas, pondrá término a la batalla de los centímetros y los kilos.

 

Cuando nos ponemos a dieta, nuestro organismo pasa por una brusca etapa de confusión, mientras intenta adaptarse al nuevo régimen. Después, cuando el régimen termina, tiene que readaptarse al modelo antiguo. Es como coger una varilla de metal y empezar a doblarla y doblarla: finalmente, se debilita y se rompe.  Si sometemos nuestro cuerpo a este proceso de adaptación y readaptación una y otra vez, terminará por debilitarse hasta que sobrevenga un colapso.

 

Pero al atacar las dietas, estoy atacando algo que es una institución en el mundo contemporáneo. Según una encuesta efectuada por la firma Louis Harris se considera por ejemplo que un 62 por ciento de los norteamericanos están excedidos de peso. A más de 44 millones de norteamericanos se les considera clínicamente obesos; es decir que tienen un exceso de peso de diez kilos o más.

 

Pero la realidad de las cosas es que las dietas no funcionan. Nunca han funcionado, ni jamás funcionarán. Para demostrarlo no hace falta más que considerar las cifras.

 

¿Cuántas dietas han aparecido durante los últimos veinte años? ¿Cincuenta, cien? Si realmente funcionaran, ¿qué necesidad habría de una interminable cadena de dietas? Si las dietas funcionaran, las cifras de obesidad disminuirían, en vez de ir en aumento. En 1982, solamente en los Estados Unidos, se gastaron quince mil millones de dólares en planes para rebajar de peso. ¡Quince mil millones de dólares! Si alguno de mis lectores tuviera quince mil millones de dólares para gastar, podría gastar un millón de dólares por día durante cuarenta años, y todavía le sobrarían cuatrocientos millones de dólares! Si las dietas  funcionaran, ¿acaso esa suma monumental de dinero no habría puesto término al problema? El hecho es que en los Estados Unidos esa ya increíble cantidad se incrementa anualmente en mil millones de dólares. A pesar de las dietas nuevas que vienen y van, el problema esta empeorando.

 

Es obvio que la gente se ha cansado de pensar en hacer dieta. Reinan la confusión y la frustración, porque la mayoría de las dietas se contradicen entre ellas. Y cuando las supuestas autoridades no se ponen de acuerdo, ¿qué puede creer el lego? Una dieta popular dice que hay que comer principalmente proteínas y muy pocos carbohidratos. Otra, no menos popular, sostiene que hay que comer principalmente carbohidratos y muy pocas proteínas. ¿Puede ser que acierten ambas? Otro plan dice que hay que comer cualquier cosa que le apetezca a uno en ese momento, y después hacerlo bajar con piñas y papayas. También está el que dice que comamos una pequeña combinación de todo lo que nos guste, pero que no nos olvidemos de hacer ejercicio, y destaca además el pensamiento positivo. Y hay otra dieta que te dice que comamos cualquier cosa que se nos ocurra, pero que no nos olvidemos de pesarlo. Mas allá otra recomienda que se siga su programa solamente dos semanas y se descanse otras dos. Muchas dietas se limitan a apoyarse en un tedioso recuento de calorías. La mas peligrosa de todas es el último grito de la moda dietética, que sustituye la comida natural por fármacos y “polvos nutritivos”. Todavía no se ha estimado el coste de estas variantes en función del bienestar de la gente. Y puesto que en el pasado nos hemos fiado a tal punto de las dietas, y ya sabemos que no funcionan. ¿qué alternativa nos queda? Pues. ¡LA QUE ESTAIS LEYENDO!

 

Lo que aquí presentamos es información de sentido común, que la gente puede usar para determinar por si misma lo que le va mejor Es hora de que volvamos a asumir el control y la responsabilidad que esgrimen quienes se lo pasan discutiendo quien tiene la respuesta correcta. Lo que ofrecemos es un enfoque nuevo, una nueva manera de pensar, una nueva forma comer, de modo que las dietas pasan a ser tan innecesarias y a estar tan pasadas de moda como los sellos para lacrar. Ya que es evidente que las dietas no funcionan, liberémonos de una buena vez de ellas. Por qué no comprobar de primera mano que los únicos resultados permanentes en lo que se refiere a rebajar de peso, solo se conseguirán cuando DEJEMOS DE HACER DIETA.

 

Fue lo que yo hice. Finalmente, me harté y abandoné las dietas, decidido a encontrar una respuesta que tuviera sentido para mí, que fuera razonable y permanente. Después de tres años de volverme loco con las dietas, se me hizo evidente que lo que necesitaba era aprender la manera de cuidar adecuadamente de mi cuerpo. Lo que quería encontrar era una orientación que me enseñara a adquirir y mantener aquel cuerpo esbelto y sano que - como yo bien sabía - llevaba dentro.

 

Una noche, en un festival de música muy lejos de donde yo vivo, oí la conversación de dos personas de aspecto muy saludable. Hablaban de un amigo que tenían en Santa Barbara, California, y de sus conferencias sobre la salud. Enseguida puse atención. Les pedí disculpas por interrumpirlos y les pregunté de quien estaban hablando. En menos de veinticuatro horas iba yo camino de Santa Barbara. Poco me imaginaba entonces que estaba a un paso de uno de los descubrimientos más importantes de mi vida. Estaba a punto de tomar contacto con esa extraordinaria y antiquísima ciencia que es....

 

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La higiene natural

 

 La primera vez que lo oí decir pensé:

 

Ya, ya sé... Cepillarse los dientes y lavarse detrás de las orejas. Y la verdad es que hay mucha gente que piensa lo mismo al oír esa expresión. Pero en realidad, la higiene natural es un fórmula extraordinaria de enfocar el cuidado y el mantenimiento del cuerpo humano. La primera vez que oí el término, estaba frente a la persona más sana que jamás hubiera visto en mi vida. Con una mirada me basto para saber que tenía que saber como cuidar de su cuerpo. Al mirar sus ojos claros, su piel radiante, su porte sereno y su cuerpo bien proporcionado, no pude dejar de pensar en todos los profesionales de la salud que me habían brindado antes sus consejos, y que, como ejemplos de un ideal físico no eran mejores que yo. Cuando lo conocí, aquel hombre me dijo:

 

- Fíjese, se está usted matando, y sin razón alguna.

 

Sentí que me iluminaba como un árbol de Navidad. Aquellas palabras fueron mi primer contacto con la higiene natural, y el comienzo de una amistosamente gratificante. En unas pocas horas, Jensen (un seudónimo que uso a pedido de él) me explicó de la manera más simple y concisa por que yo estaba gordo y por que me costaba tal esfuerzo rebajar de peso y mantenerse delgado. Todo me pareció tan sensato que me quede azorado ante tan evidente simplicidad. Al escuchar esa primera explicación de como conseguir y mantener un cuerpo verdaderamente en forma, del cual pudiera enorgullecerme, me sentí inundado por una sensación de regocijo y alivio como jamás había sentido. Esa era la información que tan seguro había estado de encontrar más de una vez.

 

Durante los tres años y medio siguientes, tuve la buena suerte de poder estudiar con Jensen; fue una  experiencia que me abrió los ojos. No solo me benefició, día a día, de sus conocimientos, sino que adquirí y leí todo lo que pude encontrar sobre el tema de la higiene natural. Y decidí que su estudio, su práctica y su enseñanza debían ser la labor de mi vida. Después del período de Santa bárbara continué estudiándola intensamente durante los diez años siguientes. Durante varios años trabajé como asesor privado, enseñando a la gente a usar los principios de h higiene natural como estilo de vida, y aún sigo haciéndolo. En 1981 inicié un programa de seminarios, el “método Diamond”, y desde entonces he hablado con millares de personas. Los centenares de cartas entusiastas que recibo de gente de toda edad y condición dan testimonio de la eficacia de esta manera de comer. A comienzos de 1983 me doctoré en ciencias de la nutrición en el American College of Health Science de Austin, Texas, la única institución en Estados Unidos que concede diplomas a graduados en higiene natural.

 

Un mes después de mi primer contacto con la higiene natural había rebajado los veinte kilos de exceso que tantos problemas me habían traído. Eso fue en 1970, y desde entonces no he vuelto a recuperar nada de ese peso. Y me encanta comer. Soy una de esas personas que pueden aumentarse algún kilito nada mas que con leer la revista Gourmet Pero ahora la diferencia esta en que he aprendido la manera de comer, es decir que no solo satisfago mi deseo de hacerlo, es decir que también colaboro con mi cuerpo para mantenerlo en el peso que es mejor para mi. He aprendido a comer para vivir, en vez de vivir para comer. Dicho de otra manera: si en todos estos años no he recuperado el exceso de peso, es porque no me libere de el con una dieta. Altere mis hábitos de alimentación, y este es el resultado.

 

Y la pérdida de peso no es más que uno de los beneficios de anotarse a la higiene natural como estilo de vida. También logré un aumento de energía increíble y una sensación general de bienestar inmensa. Jamás se me hubiera ocurrido que podría llegar a experimentar tales sensaciones. Actualmente, mi excedente normal de energía es tal que algunos conocidos míos me encuentran molesto. Y puesto que paso ya de los cuarenta año, no puedo menos que sentirme encantado al comprobar que soy ahora mucho más sano que cuando tenía veinticinco. Y todo eso se lo debo a la higiene natural.

 

Se trata de una disciplina cuya historia se remonta a la antigua Grecia. Cuatrocientos años antes de Cristo, Hipócrates enunció con toda precisión su punto de vista al decir: “En tu alimentación está tu curación”. La historia moderna de la higiene natural en Estados Unidos se inició en 1830, cuando se formó una organización llamada la American Physiological Society, que ocho años más tarde fundó una librería y una tienda de comestibles en Boston, que fue, de hecho, la primera tienda dietética del país.

 

Hacia 1850 cuatro médicos - Sylvester Graham, William Alcott, Mary Grove e Isaac Jennin - comenzaron el primer movimiento importante de higiene natural en la época moderna. A sus filas se unieron rápidamente muchos otros miembros de la profesión médica, deseosos de dar un giro mas natural a la medicina tradicional. En 1862 el doctor Russel Trall formó una asociación higiénica nacional. En 1872 el doctor Trall publicó The Hygienic System,  obra que fue muy bien recibida, predecesora de muchas otras sobre la higiene natural que enseñaron la importancia de la dieta para adquisición y el mantenimiento de un nivel de salud óptimo.

 

Uno de los practicantes más respetados y respetables de esta disciplina en la actualidad el doctor Herbert M. Shelton, actualmente retirado, pero que entre 1928 y 1981 dirigió una escuela de salud, que incluía una clínica, laboratorios y un programa de enseñanza, en San Antonio, Texas. Al doctor Shelton se lo considera generalmente la mayor autoridad en lo que se  refiere a los principios y la práctica de la higiene natural Autor de numerosas obras, que sintetizan sus ideas y descubrimientos, la ciencia - y arte - de la higiene natural debe a este hombre más que a ninguna otra persona En palabras del doctor Shelton “Las leyes de la naturaleza, las verdades del universo, los principios de la ciencia, son tan ciertos, tan fijos y tan inmutables en relación con la salud como en relación con cualquier otra cosa. La higiene natural es aquella rama de la biología que investiga y aplica las condiciones de las cuales dependen la vida y la salud, y los medios por los cuales esta última se sostiene en toda su virtud y pureza, y se restablece cuando se la ha perdido o está menoscabada”.

 

El representante más eminente y activo de la higiene natural es hoy, sin duda alguna, T. C Fry, decano del American College of Health Science y brillantísimo defensor de la salud, quien afirma: La higiene natural esta en armonía con la naturaleza de acuerdo con los principios de la existencia vital y orgánica; es científicamente correcta, coherente en sus principios éticos y filosóficos, acorde con el sentido común, de comprobado éxito en la práctica, y una bendición para el género humano. Su credo es: “Solo una manera sana de vivir produce salud”.

 

Recientemente, el doctor K. R. Sidhwa, destacado representante de esta especialidad en Londres, describió la higiene natural, en el Tercer Congreso de Medicinas Alternativas como la técnica curativa fundamental. En la actualidad la practican, en el mundo entero, gentes que disfrutan de una vida larga, sana y libre de enfermedades.

Pero que significa, exactamente, “higiene natural”. Si el lector también pensó, en un primer momento, que se trataba de cepillarse los dientes, no andaba tan despistado. La palabra higiene significa limpieza Natural alude a un proceso no obstaculizado por fuerzas artificiales. EL FUNDAMENTO BASICO DE LA HIGIENE NATURAL ES EL HECHO DE QUE EL CUERPO ESTA CONTINUAMENTE LUCHANDO POR MANTENER LA SALUD, Y DE QUE LO LOGRA LIMPIÁNDOSE CONTINUAMENTE DE DESECHOS NOSIVOS. Se trata de un enfoque orientado a entender el efecto que tiene la alimentación sobre la duración y calidad de la vida, v centrado en la prevención y en la vida sana. Mas que a combatir constantemente los efectos de una continua violación de las leves naturales, enseña a eliminar la causa de los problemas.

 

La esencia de la higiene natural es la propia capacidad del cuerpo para autodepurarse, autocurarse y automantenerse. La higiene natural se basa en la idea de que todo el poder de curación del universo se encuentra dentro del cuerpo humano; de que la naturaleza es siempre correcta y no admite que se la mejore. Por consiguiente la naturaleza no tiende a desvirtuar ninguna de sus propias operaciones. Solo tenemos problemas de mala salud (p. ej., exceso de peso, dolor y estrés) cuando violamos las leyes naturales de la vida.

 

La más hermosa característica de la higiene natural es que nos da la oportunidad de controlar el peso, ofreciéndonos los instrumentos necesarios, algunos de ellos innatos: el sentido común, los instintos, la lógica. el razonamiento. Estos son instrumentos críticos que todos traemos como parte de nuestro equipo, pero por una u otra razón, vamos perdiendo confianza en estos atributos. Es increíble la cantidad de veces que después de haber escuchado como la higiene natural explica una situación determinada, he oído decir a la gente “Fíjese, yo siempre sentí que las cosas tenían que ser así, pero...”. Sus instintos les decían una cosa, pero las presiones externas lo convencían de que debían hacer otra. Con el correr del tiempo, habían ido haciendo cada vez menos caso a sus instintos, hasta terminar por no advertirles siquiera. A lo largo de este libro se encuentran muchos ejemplos de como valerse del sentido común, los instintos y la lógica para controlar el peso corporal.

 

El más importante de estos instrumentos - en realidad el mayor de todos los dones - es el cuerpo humano, y la inmensa inteligencia que lo dirige. El cuerpo humano tiene que ser la creación más estupenda de la naturaleza; su poder, su capacidad y su adaptabilidad no tienen igual. La inteligencias inherente a nuestros cuerpos es de una magnitud tal que literalmente da vértigo. El corazón humano late unas cien mil veces cada veinticuatro horas. Considere el hecho de que el corazón y su sistema de bombeo, que los científicos han intentado reproducir sin éxito, bombea 5,5 litros de sangre a través de más de 154.000 kilómetros de vasos sanguíneos, lo que equivale a bombear 23.940 litros por día. Esto significa casi 437 millones de litros en solo cincuenta años.

 

Los 5,5 litros de sangre están hechos de más de 25 billones de glóbulos que cada día hacen entre tres y cinco mil viajes por todo el cuerpo. Y a cada segundo se producen ¡siete millones de glóbulos sanguíneos nuevos! Este sistema de bombeo tiene la capacidad de trabajar sin descanso durante décadas, sin saltarse un latido. ¡Y esto no es más que el sistema circulatorio!

 

Considérese el calor que debe generar esta máquina para cumplir sus funciones, y sin embargo ¡mantiene una temperatura constante de alrededor de 37 grados centígrados! El órgano más grande del cuerpo, la piel, cuenta con más de cuatro millones de poros que continuamente actúan como sistema de refrigeración del motor. Los sistemas digestivo y metabólico tiene la notable capacidad de transformar la comida que ingerimos en sangre, huesos y estructuras celulares. Se mantiene siempre un equilibrio perfecto, que se destruiría si el sistema se desconectara incluso por un tiempo brevísimo. Los pulmones consiguen proporcionar a la sangre el oxígeno que necesita Un complejo sistema óseo proporciona la armazón que permite al cuerpo mantenerse erguido y andar, y trabaja en armonía con un extraordinario sistema muscular que posibilita la locomoción.

 

Sorprendentemente, ¡esta máquina es capaz de reproducirse! La fuerza y la sabiduría necesarias para convertir un óvulo fecundado en un hombre o una mujer adulta son algo que excede nuestra comprensión. Solo los cinco sentidos bastan para dejar atónito al intelecto. La lista de actividades que el cuerpo lleva a cabo regularmente podría llenar un libro. Y este pináculo de perfección culmina en el cerebro, que supervisa todas estas actividades maravillosas, asegurándose de que todo funcione con una precisión que haría parecer burda la obra del mejor de los maestros relojeros. El cerebro está formado por más de 25 mil millones de células, que se cuentan entre las mas desarrolladas que se conoce.

 

Mirar una célula individual, es aun más impresionante. Una célula no se puede ver sin un microscopio, y sin embargo, lo que sucede en el interior de una célula es asombroso. Se dice que la sabiduría de una sola célula excede todo el conocimiento acumulado hasta el día de hoy por la raza humana. Incluso la célula mas pequeña de nuestro cuerpo tiene aproximadamente mil millones de veces el tamaño del mas pequeño de sus componentes. La célula es la sede de mas reacciones químicas que todas las fábricas de productos químicos del mundo, combinadas. Hay miles de componentes en una célula: cromosomas, genes, ADN, organelas, mitocondrios, enzimas, hormonas, aminoácidos y miles de sustancias y compuestos, demasiado numerosos para mencionarlos. Y no hay nadie en el mundo que pueda explicar que es lo que hace funcionar a una célula. Es posible clasificar todos los miles de funciones diferentes, pero la fuerza que hay detrás de ellas trasciende nuestra comprensión. En otras palabras, la inteligencia innata del cuerpo es infinitamente más compleja que nuestra mente pensante. ¡Y pensar que hay más de 75 billones (75.000.000.000.000) de estas células asombrosas que funcionan con impecable perfección durante sesenta, setenta, ochenta o mas años!

 

Dentro de cada célula hay un núcleo que contiene cromosomas integrados por genes. Y dentro de los genes esta la sustancia de la vida: el ADN. El ADN es lo que determina el color de los ojos, o la fragancia de una flor, o la iridiscencia de las plumas de un pájaro. Si tomáramos todo el ADN de todos los genes de nuestros setenta y cinco billones de células, entraran en una caja del tamaño de un cubito de hielo. Y sin embargo, si todo el ADN se desenmarañara y se ordenara, formara una cuerda capaz de llegar de la Tierra al Sol, ida y vuelta, mas de cuatrocientas veces. ¡Eso equivale a casi 130 mil millones de kilómetros!

 

Nos valdremos de una analogía para que el lector pueda entender la magnitud de las cifras de que hablamos, y las proporciones titánicas de la cooperación necesaria para coordinarlas. Consideremos que la Tierra tiene aproximadamente cuatro mil millones de habitantes. Pues bien, es evidente que seria difícil imaginarse siquiera a unos cuantos millones de ellos reunidos para colaborar armoniosamente en todas las casas. Si eso parece difícil, imaginémonos a los cuatro mil millones de habitantes del planeta actuando al unísono. Por imposible que parezca, es nada si se lo compara con el funcionamiento interno del cuerpo. Imaginemos dieciocho mil Tierras, cada una de ellas con sus cuatro mil millones de habitantes, y que actuarán al unísono hasta el último de ellos. Todos tienen las mismas ideas políticas, las mismas creencias religiosas y los mismas postulados intelectuales, y todos se esfuerzan por conseguir exactamente los mismos objetivos. ¡Vamos! Hay más probabilidades de que la Luna este hecha de queso ¡Pero eso es precisamente lo que hacen, día tras día, los billones de células de nuestro cuerpo!

 

Una célula humana en el laboratorio, libre de toda influencia del cuerpo, se dividirá unas cincuenta veces antes de morir. Si todas nuestras células se dividieran con esa frecuencia, llegaríamos a tener unas proporciones y un peso increíbles. Solo con comparaciones tan alucinantes como estas es posible hacerse alguna idea de la inteligencia infinita que es necesaria para coordinar las actividades de un número astronómico de células.

 

Como último ejemplo, imagínese el lector escribiendo una carta sumamente importante al mismo tiempo que mira su programa de televisión favorito y escucha la grabación de una clase. ¿De qué manera se desempeñaría en cada una de esas funciones? Probablemente, no demasiado bien. Piense ahora que, al mismo tiempo, tiene que prepararse la comida y fregar el suelo. Nada, imposible. El intento de hacer estas cinco cosas al mismo tiempo no deja margen para que ni una sola de ellas se haga con un mínimo nivel de eficiencia. Y no son mas que cinco actividades.

 

¡Nuestro cuerpo realiza miles de billones de procesos durante las 24 horas del día! No millones ni miles de millones, sino miles de billones, y no al azar sino con absoluta perfección, llevando a cabo todos los procesos metabólicos y vitales que aseguran nuestra existencia. Cuando consideramos la vastedad de las funciones y procesos del cuerpo humano, nos abruma la inteligencia enorme que en ellos se manifiesta.

 

Si consideramos estos hechos, ¿es concebible que esta máquina, verdaderamente magnífica, no tenga el mecanismo necesario para mantener el peso corporal adecuado?

 

No, no es concebible. El cuerpo tiene incorporados desde el nacimiento los mecanismos de autopreservación necesarios. ESTAR SANOS ES NUESTRO PATRIMONIO NATURAL Y TENER UN EXCESO DE PESO ES NO ESTAR SANO.

 

De igual manera que una planta buscará siempre la fuente de la luz, sea cual fuere el lugar de la habitación donde se encuentre, así nuestro cuerpo pugnará siempre por la perfección como proceso biológico de la existencia, tan automático como la respiración o el parpadeo, el cuerpo humano permanecerá incesante por estar en forma. El secreto está en aprender a facilitárselo, en vez de dificultárselo. Todas nuestras formas de interacción con el medio afectan nuestro bienestar, pero en ningún otro aspecto de la vida violamos nuestras necesidades biológicas de manera más flagrante que en el de la dieta. Quien tiene un problema de peso, es incuestionable que la comida que esta metiéndose en el cuerpo es el principal factor que determina ese problema. Desde todos los campos de las profesiones médicas se va aportando cada vez mas luz en lo referente al conocimiento de la relación entre alimentación y bienestar.

 

Una carta del doctor David Reuben a sus colegas, que aparece en su libro Everything You Always Wanted to Know About Nutrition (Todo lo que usted siempre quiso saber sobre la nutricion), dice: Hay toda una categoría de sustancias que tienen sobre nuestros pacientes un efecto mucho mas intenso que los fármacos. Esa categoría es la comida y, aunque sin culpa alguna por nuestra parte. se trata de un dominio de la medicina que hemos descuidado. Estuvo descuidado durante nuestra formación médica, durante nuestros internados y durante nuestra residencia. Y con buenas razones: teníamos que atender grandes cantidades de enfermos.

 

Pero ahora se esta haciendo evidente, en cada una de nuestras publicaciones medicas mas responsables, que muchos de esos «enfermos» lo están, específicamente, por causa de lo que comen... o de lo que no comen - Y agrega, dirigiéndose específicamente al pueblo norteamericano - la mayor amenaza a nuestra supervivencia y a la de vuestros hijos no es ninguna arma nuclear terrible. Es lo que vais a comer esta noche en la cena.

 

El libro Dietary Goals for the United States (Objetivos dietéticos para los Estados Unidos), preparado por el equipo de la Comisión de Nutrición y Necesidades Humanas del Senado de los Estados Unidos, expresa: En cuanto nación, hemos llegado a creer que la medicina y la tecnología médica pueden resolver nuestros principales problemas sanitarios. Durante mucho tiempo, el papel de factores tan importantes como la dieta en el cáncer y las enfermedades cardíacas ha quedado oscurecido por el énfasis que hemos puesto en la victoria sobre tales enfermedades mediante los milagros de la medicina moderna Lo que ha estado a la orden del día ha sido el tratamiento, no la prevención.

 

Los problemas jamás pueden ser resueltos intensificando simplemente la atención médica La salud de los individuos y la salud de la población están determinadas por diversos factores biológicos, de conducta y ambientales. ¡Ninguno de ellos es más importante que lo que comemos!.

 

Si se puede suponer que la incidencia de las dos primeras enfermedades letales (las afecciones cardíacas y el cáncer) en Estados Unidos puede reducirse sólo conque la gente sepa qué y cómo comer, imaginemos lo que ese conocimiento podría hacer para resolver el problema del exceso de peso, que con frecuencia es el precursor de los otros dos. Afortunadamente ahora que por fin se ha puesto de manifiesto que la comida que ingerimos, la obesidad y las enfermedades degenerativas se encuentran mutuamente relacionadas, podemos vincular este descubrimiento con todo un dominio del conocimiento que se dedica a estudiar los efectos de la comida sobre el cuerpo humano.

 

Es interesante que en Estados Unidos la higiene natural haya existido y haya sido utilizada por miles de personas durante más de un siglo y medio, y que sin embargo sean muy pocos los que han oído hablar de ella. Es muy posible que el lector jamás la haya oído nombrar antes de leer esta introducción. Durante mis seminarios, siempre pregunto a los concurrentes: ¿Cuántos de vosotros habéis oído hablar de la higiene natural? ¡Los que levantan la mano jamás llegan al uno por ciento! Es extraño que un aspecto tan simple, tan práctico y tan eficaz de la atención sanitaria sea a tal punto desconocido. Aparte de que no recibe la suficiente atención en los medios de comunicación. La razón de esta ignorancia es que nunca se ha hecho un resumen de sus principios que sea, a la vez, un programa viable para que la gente lo lleve a la práctica.

 

Lo que Marilyn y yo hemos hecho es sintetizar los puntos fundamentales de la higiene natural en forma de principios dietéticos sensatos y sencillos de seguir, que facilitan el objetivo de eliminar la obesidad y disminuir la necesidad de hacer dieta. Según dice Jack D. Trop. expresidente de la American Natural Hygiene Society, fundada en 1948. LA ANTIDIETA simplifica los puntos fundamentales de la higiene natural y, por primera vez en la historia, los somete a una amplia discusión pública.

 

Ahora, para profundizar un poco más en sus principios, echaremos una mirada a uno de los fenómenos mas interesantes del cuerpo humano, del cual debemos tener conocimiento para aprender la manera de perder peso en forma fácil y permanente. Lo más probable es que el lector, aunque haya tenido amplia experiencia en dietas, no haya llegado nunca a establecer contacto con un hecho tan fascinante como..

 

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Los ciclos naturales del cuerpo

 

(Breve introducción)

 

¿Qué son estos ciclos? ¡La mayoría de las personas ni siquiera se han enterado de que existen! Sin embargo, los ciclos fisiológicos han sido estudiados ampliamente por científicos como el sueco Are Waerland, por T. C. Fry, del American College of Health Science, por el psicólogo Gay Gaer-Luce en sus escritos sobre los relojes biológicos y por miles de investigadores y científicos que se han ocupado de los ritmos del funcionamiento del organismo. La información proveniente de estas fuentes es la base de nuestra idea de que la capacidad humana para procesar sus alimentos se funda en el funcionamiento eficaz de tres ciclos regulares cotidianos.

 

Estos ciclos se basan en funciones corporales bastante obvias. Para expresarlo con la mayor simplicidad posible, digamos que diariamente ingerimos alimentos (apropiación), absorbemos y usamos parte de ellos (asimilación) y nos libramos de lo que no usamos (eliminación). Aunque cada una de estas funciones está, en alguna medida, continuamente en marcha, cada una de ellas se intensifica durante ciertas horas del día.

 

*  Del mediodía a las 8 P. M.: - APROPIACIÓN (ingestión y digestión)

 

*  De las 8 P. M. a las 4 A. M.: - ASIMILACIÓN (absorción y uso)

 

*  De las 4 A. M. al mediodía: -ELIMINACIÓN (de desechos corporales y restos de alimentos)

 

Allí donde el condicionamiento cultural impone un horario de comidas diferente del norteamericano, en el cual se basa este libro, los ciclos se adaptan espontáneamente a la situación y se produce un natural desplazamiento horario. Para España, por ejemplo, la situación sería, aproximadamente:

 

*  De 14 a 22 horas: APROPIACIÓN

 

*  De 22 a 6 horas: ASIMILACIÓN

 

*  De 6 a 14 horas: ELIMINACIÓN

 

Nuestros ciclos corporales pueden llegar a resultarnos evidentes con sólo prestar atención a como actúa nuestro cuerpo. Es obvio que comemos (nos apropiamos) durante las horas de vigilia, y si postergamos la hora de la comida, el hambre tiende a ir en aumento a medida que transcurre el día. Cuando dormimos y el cuerpo no tiene que hacer ningún otro trabajo manifiesto, está asimilando lo que tomó durante el día. Por la mañana, cuando nos despertamos, tenemos mal aliento y, en ocasiones, la lengua sucia porque el cuerpo esta en mitad del proceso de eliminación de lo que no fue usado, de los desechos corporales.

 

¿Habéis notado alguna vez lo que sucede cuando cenáis tarde? Cuando os despertáis os sentís atontados, como drogados, porque se ha interrumpido el ciclo de asimilación, que se produce después de que la comida ha salido del estómago. Fisiológicamente, nuestro cuerpo quiere comer temprano por la noche, de manera que puedan pasar por lo menos tres horas, el tiempo necesario para que la comida salga del estómago, y el ciclo de asimilación pueda empezar a su hora como los alimentos no han sido digeridos, porque habéis cenado muy tarde, no están listos para ser asimilados. Habéis extendido el ciclo de apropiación mucho más allá de sus límites, y habéis postergado el ciclo de asimilación extendiéndolo hasta la hora en que el cuerpo quiere estar eliminando. Los ciclos regulares de ocho horas se han alterado. Como se ha obstaculizado el funcionamiento natural del cuerpo, uno se despierta sintiéndose drogado. De la misma manera, si uno se salta alguna vez el desayuno, lo más probable es que aguante hasta el almuerzo, porque el cuerpo estaba eliminando y no quería comer. Sin embargo, pasarse de la hora del almuerzo sin comer sería incómodo, porque entonces el cuerpo ya habría entrado en el ciclo de apropiación y estaría preparado para aceptar alimento.

 

Este programa ha sido pensado para que el lector vuelva a un estilo de vida basado en los ciclos naturales del cuerpo. A medida que avancemos y estéis más familiarizados con los principios que constituyen la base del programa, se hará cada vez más evidente la utilidad de los ciclos corporales. Por ahora, es suficiente con entender que quienes estén librando la batalla contra el volumen son los que más deben preocuparse por el ciclo de eliminación. Si se facilita este ciclo en vez de obstruirlo está prácticamente garantizado el éxito: podremos liberar el cuerpo esbelto que todos llevamos dentro. Se ha de entender que la eliminación significa la remoción de los desechos tóxicos y del exceso de peso almacenados en el cuerpo. La razón de que en Estados Unidos el 62 por ciento de la población padezca un exceso de peso reside en que nuestros hábitos tradicionales de alimentación han obstruido persistentemente la importantísima función de eliminación. Dicho de otro modo, que hemos venido alimentándonos (¡y de qué manera!) y usando la parte que necesitamos de esos alimentos, pero NO nos hemos ido deshaciendo de lo que no podemos usar. Como son tantos los norteamericanos que hacen un desayuno sustancioso, un almuerzo sustancioso y una cena sustanciosa, es mucho más el tiempo que se dedica a la apropiación que a la eliminación. ¿Qué tiene de asombroso que seamos tantos los que andamos por el mundo con un exceso de peso?

 

De modo que para rebajar de peso, el secreto del éxito reside en liberarse de los desechos tóxicos y del exceso de que somos portadores. ¿De dónde provienen inicialmente esos desechos tóxicos, y qué se hace para librarse de ellos? De acuerdo con los principios de la higiene natural, la explicación de por qué una persona tiene un problema de peso es...

 

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La teoría del desequilibrio metabólico

 

El primero en escribir sobre la toxemia -el término que usaron los iniciadores de la higiene natural para describir lo que la ciencia moderna llama desequilibrio metabólico- fue el doctor John H. Tilden. El cuerpo humano está minuciosamente diseñado para mantenerse en equilibrio en lo que se refiere a construcción de tejidos (anabolismo) y destrucción de tejidos (catabolismo). Un exceso de una de estas funciones sobre la otra constituye el desequilibrio metabólico.

 

En 1926 el doctor Tilden escribió un libro, Toxemia Explained (La explicación de la toxemia). A diferencia de todos los libros dietéticos que yo había leído, éste fue el primero que me hizo comprender claramente cómo funcionaba mi cuerpo y por qué, exactamente, daba la impresión de no querer cooperar conmigo cuando se trataba de mi peso. De la manera más fácil y comprensible. Tilden explicaba qué estaba mal, por qué estaba mal, qué había que hacer al respecto y cómo hacerlo. Por primera vez, tuve la sensación de que podía tener éxito en mi propósito de dejar de andar como un pato para caminar como una persona. Aunque el libro estaba dedicado a la salud como tal, en toda su amplitud, de el obtuve lo que necesitaba saber, muy específicamente sobre el PORQUÉ ENGORDAMOS.

 

Después se han seguido escribiendo muchos libros sobre la toxemia, pero en el dominio de la higiene natural, se considera que el del doctor Tilden señaló un giro decisivo. Tilden explica que una situación de toxemia en el sistema constituye la base para ir ganando peso en forma excesiva. Al conservar el sistema libre de toxinas, uno aumenta significativamente sus probabilidades de mantener un peso corporal cómodo, porque los excesos de toxinas corporales son los precursores de la obesidad.

 

¿Qué es, entonces, la toxemia? ¿De dónde proviene, y qué puede hacer uno para reducirla? De acuerdo con los preceptos de higiene natural, se produce de dos formas. Una de ellas es una función normal y natural del cuerpo; a la otra, independientemente de que lo sepamos o no. Contribuimos regularmente nosotros mismos. Para hacerlas desaparecer del cuerpo, ambas exigen energía.

 

La primera manera en que se produce la toxemia es por mediación del proceso de metabolismo. Mientras estás leyendo esta página, tu organismo no está ocioso; está ocupadísimo. Constantemente va reemplazando las células viejas por otras nuevas. En realidad, de 300 a 800 mil millones de células viejas son reemplazadas por otras nuevas en un día.* Esas células viejas son tóxicas (venenosas y deben ser retiradas del sistema tan pronto como sea posible, mediante una de las cuatro vías de eliminación: los intestinos, la vejiga, los pulmones o la piel. Se trata de un proceso normal y natural del cuerpo, no de algo por lo cual hayamos de preocuparnos, a menos que por alguna razón ese material tóxico de desecho no se elimine con la misma rapidez con que se produce. Mientras haya una cantidad

 

* El número de células que es necesario reemplazar diariamente depende de la cantidad de alimentos cocinados o cáusticos que hay en la dieta.

 

Suficiente de energía a disposición del cuerpo, estos desechos son adecuadamente eliminados.

 

La segunda forma en que se produce la toxemia en el sistema es a partir de los subproductos de alimentos que no han sido adecuadamente digeridos, asimilados e incorporados a la estructura celular. En Estados Unidos tenernos el singular hábito de alterar prácticamente todo lo que comemos, apartándolo de su estado natural, antes de ingerirlo. En lugar de una cantidad suficiente de alimentos frescos como parte dominante de nuestra dieta, la mayor parte de lo que comemos está procesado. Y si no lo está antes de llegar a manos del consumidor, ya se ocupa este de alterarlo de alguna manera. Casi todo lo que se come ha pasado por algún procedimiento: fritura, parrilla, hervor, cocción al vapor, salteado o guisado. Como los alimentos han sido modificados a partir de su estado natural, y el organismo humano no está biológicamente adaptado para ingerir tales cantidades de comida así alterada, los subproductos de esa digestión y asimilación incompletas forman en el cuerpo cierta cantidad de residuos. Los residuos son tóxicos. Si ese tipo de alimentos PREDOMINAN en la dieta, el sistema se ve regularmente sobrecargado de trabajo.

 

Entonces, el proceso de toxemia se da diariamente en el cuerpo de dos maneras: mediante el proceso normal del metabolismo, y por obra de los residuos que quedan de los alimentos ineficazmente utilizados. Por lo que se refiere al peso, el sentido común nos dirá que si se generan más residuos tóxicos de los que se eliminan se producirá una acumulación del exceso, lo que da como resultado el exceso de peso. El problema se agrava porque las toxinas son de naturaleza ácida. Cuando hay acumulación de ácidos en el cuerpo, el sistema retiene agua para neutralizarlos, y esto aumenta más aún el peso y el agotamiento.

 

Imagínese el lector trabajando en una gran empresa donde lo que tiene que hacer es romper todos los días 20 cajas de material escrito y tirarlo a la basura. Ya sea porque no tiene tiempo suficiente o porque le falta la energía necesaria, o por ambas cosas, supongamos que no puede deshacerse más que de 15 cajas por día. Eso significa que al día siguiente, cuando le entreguen otras 20 cajas, todavía le quedarán cinco del día anterior. Como no puede deshacerse más que de 15, después del segundo día se encontrará con diez cajas de más. Si empezó el lunes y trabaja siete días por semana, el segundo lunes, cuando le entreguen las 20 cajas, ¡se encontrará con un total de 55, y sin poder deshacerse más que de 15! Después de solamente una semana, se encuentra con 40 cajas extra, que tendrá que almacenar en alguna parte hasta que pueda ocuparse de ellas, pero ¿dónde? Si el lector tiene algún problema de peso, su situación es exactamente la que acabamos de presentar. Si su cuerpo produce diariamente más desechos tóxicos de lo que elimina, tendrá que almacenarlos en alguna parte. Siempre atento a protegerse y a mantener su integridad, el cuerpo tiende a no almacenar esos desechos en los órganos vitales o en sus inmediaciones: los almacenará en el tejido adiposo y en los músculos. Eso quiere decir en los muslos, en las nalgas, en la cintura, en los brazos, bajo el mentón... en todos esos lugares cuya deformidad más lamentamos. Si el problema no se controla, el resultado final es no sólo la obesidad, sino una incomodidad general y una sensación de letargo, ya que el cuerpo necesita gastar gran cantidad de su energía en el intento de liberarse de esta acumulación de toxinas.

 

Lo que el doctor Tilden comunicó a sus lectores hace más de medio siglo era esto: por más que parezca que el problema escapa del control individual, no es así. Es un simple fenómeno fisiológico, no un misterio. Cualquiera puede controlar la situación y hacerse cargo de ella en la medida que lo desee. Es simplemente cuestión de entender lo que es la toxemia, y de hacer lo que sea necesario para que desaparezcan los desechos tóxicos ya existentes en el cuerpo, y para que no sigan acumulándose con más rapidez que la de su eliminación.

 

Tras haber entendido esto, salta a la vista la importancia suma de permitir que el ciclo de eliminación opere en forma ininterrumpida y con un máximo de eficacia. Resulta evidente que si interferimos, aunque sea inconscientemente, en el ciclo de eliminación, estamos obligando al cuerpo a retener y acumular residuos tóxicos, con lo cual ya tenemos el comienzo de un problema de peso.

 

Claro, está muy bien decir que lo único que hay que hacer es deshacerse de las toxinas y no permitir que vuelvan a acumularse, pero ¿cómo? Esa fue nuestra preocupación, lo que intenté obtener a partir del estudio de la higiene natural: un estilo de vida adecuado, basado en la comprensión de la manera de depurar continuamente el cuerpo de sus residuos tóxicos y no permitir jamás que estos alcancen un nivel inaceptable. Y lo mejor de todo es que es un proceso agradable y no restrictivo. Comer sigue siendo un placer. No se convierte en una prescripción clínica. Para mí, personalmente, esto es imprescindible, yo jamás podría adaptarme a una manera de comer que significara una privación para el paladar.

 

Fue esto lo que estimuló a Marilyn, mi esposa a utilizar su gusto por la buena comida y elaborar un sistema de preparación de menús que, además de realzar el programa, lo transformara en un delicioso, estilo de alimentación, cuya presentación haremos en la segunda parte de este libro.

 

¿Cómo mantenemos, pues, el equilibrio metabólico y conseguimos eliminar los residuos tóxicos del sistema sin dejar de disfrutar de nuestras comidas? Hay tres principios, o instrumento, fáciles de entender y fáciles de seguir, que pueden ayudarnos a hacerlo. El primero de estos principios vitales y críticos que pueden hacernos alcanzar nuestro objetivo de perder peso en forma permanente es...

 

5

 

El principio de los alimentos con alto contenido de agua

 

Antes de describir este principio quisiera invitar al lector a participar en un ejercicio tan simple como interesante. Anota en un papel todo lo que comiste hoy. Si todavía no has terminado el día, anota todo lo que comiste ayer. Cuando termines este capítulo la lista te será de gran valor para destacar cierto punto importante. Al anotar lo que hayas comido, anota todo, incluso las cosas que hayas picado; por ejemplo, si una amiga preparó su celebre soufflé y tú probaste apenas un pedacito. Si puedes recordarlo, anota todo lo que ingresó en tu cuerpo. Ahora, pon a un lado la lista, que vamos a ocuparnos del principio.

 

Como requisito indispensable para la vida, el agua ocupa un lugar tan importante como el alimento y el aire. Desde que nacemos hasta que abandonamos este planeta, nuestro cuerpo siente una avidez instintiva de alimento, aire y agua que le aseguren la supervivencia. Ya sabes lo que sucede con una planta cuando se ve privada de agua: se marchita y muere. Lo mismo sucedería con tu cuerpo, si se viera privado de agua. Su importancia es evidente.

 

¿A qué me refiero cuando hablo de alimentos con un alto contenido de agua? Piensa que estamos viviendo en un planeta que está constituido por agua en más de un 70 por ciento. Si desde la Luna pudiésemos mirar hacia la Tierra, veríamos que el 71 por ciento de la superficie de nuestro planeta es agua; el otro 29 por ciento es tierra. Todo es un microcosmos de un rnacrocosmos. Si estudiamos otros aspectos del planeta, y nos fijamos en los mamíferos, nos encontraremos con que nuestros cuerpos están hechos, por lo menos, de un 70 por ciento de agua. La primera vez que lo oí decir, se me hizo muy difícil creerlo. No veía agua por ninguna parte, ni tampoco la oía al moverme. Pero la verdad es que el 70 por ciento del cuerpo humano esta hecho de agua. Ahora, quisiera formular al lector una pregunta de sentido común. (Y de eso precisamente se trata en higiene natural, de poner en juego nuestro sentido innato de qué es lo que está bien.) Si el planeta Tierra está formado por un 70 por ciento de agua, y para su supervivencia depende de esa cantidad de agua, y nuestro cuerpo está formado por un 70 por ciento de agua, ¿no parece sensato que para mantener un cuerpo que esté siempre en las mejores condiciones posibles debarnos consumir una dieta que incluya por lo menos un 70 por ciento de agua? Si nuestro cuerpo es agua en un 70 por ciento, ¿de dónde la obtendrá si no se la reponemos regularmente? Desde que nacemos hasta que exhalamos el último suspiro, el cuerpo está ávido de esta sustancia esencial para la vida. Para sobrevivir debemos tener agua, y no estoy hablando de beber agua.

 

Quizás haya quien en este momento esté diciendo: Bueno, estupendo, yo me bebo mis ocho vasos de agua por día. Pero beber agua no nos aportará, de ninguna manera, el éxito al que me estoy refiriendo. Cuando hablo de alimentos con alto contenido de agua, me refiero a dos clases de alimentos que crecen en este planeta y que naturalmente tienen un altísimo contenido acuoso. Sólo dos clases de alimentos responden a esta exigencia, y son las frutas  y las verduras. Cualquier otra cosa que comamos es un alimento concentrado. Concentrado significa que el contenido de agua le ha sido retirado, ya sea mediante la cocción u otro procesamiento. No digo que haya que comer exclusivamente frutas y verduras para perder el peso que deseamos perder, sino que, dado que nuestro cuerpo esta formado por un 70 por ciento de agua, debemos ajustarnos a una dieta que contenga aproximadamente esa misma proporción, y eso significa que en ella deben PREDOMINAR las frutas y las verduras. El otro 30 por ciento estará integrado por los alimentos concentrados: pan, granos, carne, productos lácteos, legumbres, etcétera.

 

Hay dos razones sumamente importantes para que necesitemos esta agua, y son las mismas dos razones por las cuales con beber agua no basta: la nutrición y la limpieza del organismo. El agua transporta las sustancias nutritivas contenidas en los alimentos a todas las células del cuerpo, y además las limpia de los desechos tóxicos.

 

Todas las exigencias nutricionales del cuerpo humano -todas las vitaminas, los minerales, proteínas, aminoácidos, enzimas, carbohidratos y ácidos grasos que existen y que el cuerpo humano necesita para sobrevivir- se hallan en las frutas y en las verduras. Las sustancias que las satisfacen son transportadas, gracias al agua contenida en esas frutas y esas verduras, al intestino, donde son absorbidas. Si mis lectores están comiendo alimentos con un alto contenido de agua, eso significa que los alimentos que consumen satisfacen todas las exigencias del cuerpo humano. Quizás alguno de vosotros esté diciendo: Bueno, pues yo tomo suplementos de vitaminas y minerales, pero no es de eso de lo que estamos hablando. Las vitaminas y los minerales a los que me refiero, y que son aprovechables por el cuerpo humano, se encuentran en abundancia en huertas y jardines, no en las farmacias.

 

Además de aportar sustancias nutritivas al cuerpo, esta agua desempeña una función esencial: depurar de desechos al cuerpo. Para nuestros fines, limpiar y desintoxicar son lo mismo. En la lucha por rebajar de peso, esta limpieza - o depuración o desintoxicación- tiene una importancia suprema. Todo lo que tenemos, sea lo que fuere, tiene que estar lavado si queremos que esté limpio. Lo más probable es que el lector se haya dado, hoy mismo, un baño o una ducha. Y si no fue hoy, lo más probable es que lo haya hecho ayer o que vaya a hacerlo mañana. Mas no tardará, porque lo que quiere es estar limpio. Lo mismo sucede con la ropa. ¿Qué pasaría si durante seis meses no nos quitáramos de encima la ropa que llevamos? Por supuesto que esto solo lo digo en broma; jamás haríamos algo así, porque la ropa llegaría a oler tan mal que no podríamos acercarnos a nadie. ¿Y si dejáramos pasar seis meses sin lavar el coche, y no lloviera? Ni siquiera podríamos ver a través del parabrisas para conducir. Y cualquier cosa se nos ensuciaría de esa manera, si no la lavásemos.

 

El lector adivina cuál es la única cosa que no lavamos ni limpiamos con regularidad. ¡El interior de nuestro cuerpo! Comemos y vivimos de tal manera que no permitimos jamás una limpieza del interior de nuestro cuerpo; por eso, en Estados Unidos, por ejemplo, hay un 60 por ciento de la población que padece de exceso de peso. Este es también un factor que contribuye a que tres de cada cuatro norteamericanos lleguen, en algún momento de su vida, a ser víctimas del cáncer o de alguna enfermedad cardíaca. Se lava el cuerpo por fuera, pero el interior, que es mucho más importante, no se lava. Me refiero a algunas personas que durante décadas, DURANTE SU VIDA ENTERA, no hacen jamás lo necesario para expulsar de su cuerpo los desechos tóxicos. La única manera de hacerlo es consumir alimentos que tengan un elevado contenido de agua. No se lo conseguirá bebiendo agua, porque el agua para beber no es portadora de las enzimas y de otros elementos indispensables para la vida, que el cuerpo necesita y que se encuentra en el agua contenida en frutas y verduras. LOS TRES CICLOS DE NUESTRO CUERPO FUNCIONAN CON LA MAYOR FACILIDAD CUANDO SE LES PROPORCIONA REGULARMENTE ESTA CLASE DE AGUA.

 

Es interesante el hecho de que comemos de tal manera que, en vez de depurar nuestro cuerpo, lo contaminamos. Incluso podemos decir que lo obstruimos. Y que queremos seguir con ese tipo de obstrucciones, porque si seguimos con ellas seguiremos aumentando de peso, y cuanto más aumentemos más difícil nos será volver a bajar. Aconsejo a mis lectores que en lo sucesivo, cuando miren lo que están a punto de comer, lo hagan con plena conciencia: es decir, que miren el plato que están a punto de ingerir, y se formulen simplemente esta pregunta:

 

-Esta comida que voy a proporcionar a este cuerpo inteligente que tengo, ¿servirá para limpiarlo y depurarlo, o para obstruirlo?

 

O, dicho de otra manera:

 

-Esta comida, ¿se compone predominantemente de frutas y verduras?

 

Es muy importante hacerse regularmente esta pregunta, y es muy simple; no se trata más que de preguntarnos si eso que estamos por comer va a limpiarnos (desintoxicarnos) o a obstruirnos.

 

La mayor parte de lo que se come en nuestro medio cultural contemporáneo es de naturaleza obstructiva. Y como estamos atascados por lo que comemos, empezamos a sentirnos mal y tomamos medidas para sentirnos mejor, pero al mismo tiempo seguimos consumiendo alimentos que obstruyen y atascan el sistema. De manera que de ahora en adelante, cuando miremos algo que vamos a comer, hemos de preguntarnos si aproximadamente el 70 por ciento de esa comida es de naturaleza tal que aporte un alto contenido de agua. Porque han de saber los lectores que de no ser así, no hay manera en el mundo de que consigan rebajar el peso que quieren perder, y de que no vuelvan a recuperarlo. Si en EE.UU. se hacen todos los años doscientas mil operaciones cardíacas de by-pass, ¡es porque la gente tiene las arterias obstruidas! Y yo apostaría de buena gana a que muy pocos (o ninguno) de esos desdichados doscientos mil seguían una dieta en la que predominaran los alimentos de alto contenido acuoso. Es extraño, pero las cosas de las que más abusamos son aquellas que tenemos gratuitamente. Como al nacer recibimos sin cargo alguno un cuerpo increíblemente maravilloso, tendemos a creer que siempre será así y abusamos de él. Debemos colaborar con nuestro cuerpo, en vez de trabajar en contra de él, y la manera perfecta de hacerlo es depurarlo en vez de obstruirlo.

 

La razón de que comamos tal cantidad de comida que nos obstruye es que estamos prisioneros. Prisioneros, sí, de nuestras papilas gustativas; por saciarlas hacemos cualquier cosa. Si hay algo que nos podamos meter en la boca y que sepa bien, nos lo comemos sin pensárnoslo dos veces. La única exigencia que tenemos respecto de la comida es que sea sabrosa. Para las papilas gustativas está bien, pero ¿qué hay del resto del cuerpo? Si consideramos la superficie minúscula que ocupan las papilas gustativas, y luego echamos un vistazo al resto del cuerpo (que es el que tiene que arreglárselas con la comida que le gusta a las papilas), no podremos menos que asombrarnos de que la gente preste tanta atención a una parte tan pequeña del cuerpo y descuide una mucho más grande.

 

Cuantas veces habéis oído a alguien decir:

 

-Fíjate que esta mañana me desperté tan tarde que no tuve tiempo ni para tomar un bocado antes de salir. Me fui corriendo al despacho, y tenía tal cantidad de trabajo que no hice una sola pausa, ni para tomar café, ni para el almuerzo, ni nada. Trabajé todo el día.

 

Sí, esto lo hemos oído alguna vez. Pues bien, se hacen las cinco de la tarde y es hora de volver a casa. De pronto, esa persona cae en la cuenta del hambre que tiene en realidad, se soba el estómago y dice:

 

-Sí que tengo hambre. No he comido en todo el día. Ahora me voy directamente a comer algo que me haga una buena limpieza de intestinos.

 

¡Que va! Lo que habremos oído decir no es eso, sino más bien algo en el estilo de:

 

-Ahora sí que me voy a comer una pizza o una hamburguesa.

 

La mayoría de las veces, cuando tiene hambre, lo que hace la gente es pensar en lo que le parece más sabroso e ir a comérselo. Pero si uno piensa exclusivamente en lo que va a saberle mejor, el cuerpo nunca tiene la oportunidad de limpiarse y desintoxicarse. Por lo tanto, estamos siempre comiendo cosas que saben bien, pero que después nos atascan el cuerpo, nos hacen aumentar de peso y, al impedirnos sacárnoslo de encima, van haciendo cada vez más difícil el problema. Ni por un momento quiero dar a entender que debamos comer de tal manera que no encontremos placer en la comida. No me refiero a que no debamos comer cosas que sean gratas a nuestro paladar. No, lo que quiero decir es que podemos comer cosas que son fantásticamente sabrosas, y que al mismo tiempo satisfacen las necesidades de nuestro cuerpo.

 

Mi única sugerencia es que pensemos en preparar comidas integradas por un 70 por ciento de alimentos con un elevado contenido de agua (frutas y verduras) y un 30 por ciento de alimentos concentrados (todos los demás). Espera a que veas todo lo que se puede hacer con frutas y verduras (mucho más de lo que la gente se imagina). Las ideas creativas, las innovaciones y las tentaciones que puede ofrecer LA ANTIDIETA cambiarán probablemente el estilo de alimentación y de vida de los lectores. Cuando te sientas con hambre y pienses qué podrías comer se te ocurrirán algunas posibilidades deliciosas, y que no atascan.

 

Todo esto puede reducirse a una proposición muy simple. SI QUIERES ESTAR VIBRANTE Y VlGOROSAMENTE VIVO, Y EN LA MEJOR FORMA POSIBLE, TIENES QUE COMER ALIMENTOS VIVOS. Para entenderlo no hay que ser ningún genio ni tener título universitario. ¡Un cuerpo vivo se construye con alimentos vivos! Y los alimentos vivos son alimentos con un alto contenido de agua. Si no tiene alto contenido de agua, ese alimento no está vivo. Y si el 70 por ciento de tu dieta, o más, está constituido por alimentos muertos, procesados y desnaturalizados, ya puedes imaginarte lo que será de tu cuerpo. Las frutas y las verduras son enormemente ricas en agua. Otros alimentos son concentrados, y eso quiere decir que el agua les ha sido extraída mediante la cocción u otra forma de procesamiento.

 

Algo que me gusta es comparar al hombre, en cuanto especie, con los demás mamíferos que comparten con nosotros el planeta. Fijémonos en todos los mamíferos, y con eso no quiero decir nuestros animalitos domésticos ni los que habitan en zoológicos, que están bajo el dominio de los seres humanos y tienen, por consiguiente, muchos de los problemas de los humanos. Pero, ¿quién ha visto jamás un tigre o una pantera en estado natural gordo? ¿Quién ha visto en la naturaleza animales que hayan perdido sus dientes y necesiten dentadura postiza para comer, o que lleven audífonos o usen gafas, que usen peluca porque se han quedado calvos o necesiten un marcapasos para reforzar el corazón o un aparato de diálisis para los riñones? ¿Quién oyó jamás hablar de que anualmente se muera un millón de animales de enfermedades cardíacas, o medio millón de cáncer? ¿0 de que haya miles muriéndose de diabetes? ¡Nadie! En parte, esto se debe a que los animales en estado natural solo sobreviven si comen bien y se mantienen en forma. En el caso contrario, el proceso de supervivencia de los más aptos los mataría  Pero en su mayor parte, los animales en estado salvaje son magníficamente sanos, en comparación con la salud que se observa entre nosotros, los humanos. Y no están excedidos de peso. Pues bien, eso, ¿a qué se debe?

 

Lo único que tenemos que hacer para entenderlo es fijarnos en lo que nosotros comemos y en lo que comen los otros mamíferos. Los otros mamíferos que viven en estado natural comen alimentos vivos con muy alto contenido de agua No comen nada que se haya visto despojado de agua por la cocción u otro procesamiento. Por eso se ve en ellos un estado de salud física muy superior al nuestro. Incluso los animales que son exclusivamente carnívoros que no comen otra cosa que carne, están consumiendo alimentos de alto contenido en agua. Si el lector ha tenido alguna vez la oportunidad, ya sea personalmente o en una película, de ver como un león abate una cebra, habrá observado que, invariablemente, el león desgarra el vientre de su presa y comienza directamente a comerse los intestinos. Ya sé que esto no es muy grato de imaginar, pero en la selva las cosas son así. ¿Por qué, cuando caza una cebra, el león ataca directamente los intestinos? Porque, en general, los carnívoros no comen otros carnívoros: los leones no comen tigres, ni los osos comen lobos. Los animales carnívoros comen animales que a su vez se alimentan de plantas y de frutas porque eso es lo que necesitan todos los animales; tienen que tomar su alimento del reino vegetal. Si un animal no toma directamente su alimento del reino vegetal, entonces tiene que comer animales que lo hagan. La razón de que un león vaya directamente a los intestinos es que allí encuentra, predigeridos, los alimentos de alto contenido acuoso. Después se comerá todos los órganos, porque también tienen muy alto contenido de agua, y lamerá la sangre, que es agua en más de un 90 por ciento. Dicho de otra manera, va desde dentro hacia fuera, y lo que finalmente queda son los músculos, la carne.

 

Entonces, lo que debemos hacer es asegurarnos que la mayor parte de las veces comamos una cantidad adecuada de alimentos vivos con un alto contenido de agua. Alguna que otra vez, el total de alimentos que ingieras en un día no estará perfectamente equilibrado, con el 70 por ciento de alimentos de elevada proporción de agua y el 30 por ciento de alimentos concentrados. ¡Eso no importa! No estamos tratando de imponer a nadie una especie de sentencia carcelaria, una dieta. De cuando en cuando, es posible que predominen los alimentos concentrados. ¡No te sientas culpable! No hay por qué sentirse culpable. Todos tenemos ciertas apetencias que se han afianzado con los años, y que nos exigirán cierto tiempo para superarlas. De lo que se trata es de no romper el equilibrio más a menudo de lo que lo mantenemos. Un día haces una alimentación pesada, pero mañana será otro día, flamante. Si un día no predominaron los alimentos de mayor riqueza en agua, al día siguiente tendrás que asegurarte que sí predominan. Lo fundamental es que, de toda maneras, tengas presente la importancia de consumir regularmente alimentos con alto contenido de agua Si no haces absolutamente ningún caso de este principio, como si no tuviera importancia, jamás llegarás a perder el peso que estás deseando bajar, ni a mantenerte delgado.

 

La importancia que tiene esta manera de comer quedará ejemplificada por las palabras de una persona que durante más de medio siglo ha estado estudiando estos principios. El doctor Norman W. Walker tiene más de 116 años. Vive en Arizona, cultiva sus propias verduras y todavía sigue escribiendo libros. Nadie lo pasea en una silla de ruedas ni le da de comer en la boca puré de plátanos. Es completamente independiente. ¿Cuál es la clave de su salud y su longevidad? En su libro más reciente, Natural Weight Control (Control natural del peso), el doctor Walker dice: Cualquier planta, verdura, fruta, nuez o semilla cruda, en su estado natural, está compuesta de átomos y moléculas. Dentro de esos átomos y esas moléculas residen los elementos vitamínicos a los que llamamos enzimas. Las enzimas no son cosas ni sustancias. Son el principio vital que existe en los átomos y moléculas de toda célula viva.

 

Las enzimas que hay en las células del cuerpo humano son exactamente como las existentes en la vegetación, y cada uno de los átomos del cuerpo humano tiene su correspondiente afinidad con los átomos semejantes en la vegetación. Por consiguiente, cuando son necesarios ciertos átomos para reconstruir o reemplazar células del cuerpo entrará en juego una atracción de tipo magnético que atraerá hacia las células correspondientes de nuestro cuerpo el tipo y género exacto de elementos atómicos que hay en los alimentos crudos que consumimos.

 

De acuerdo con ello, cada célula de nuestra estructura corporal y cada célula de los alimentos naturales contienen y están animadas por la vida silenciosa conocida con el nombre de enzimas. Sin embargo, esta atracción de tipo magnético solo se encuentra en las moléculas vivas. (La cursiva es mía) Las enzimas son sensibles a las temperaturas superiores a los 54 °C, por encima de la cual mueren. Cualquier comida que haya sido cocida a temperaturas superiores a esta ha sido sometida a la sentencia de muerte de sus enzimas y no es más que alimento muerto.

 

Naturalmente, la materia muerta no puede efectuar el trabajo de los organismos vivos. Por consiguiente, los alimentos que han sido sometidos a estas temperaturas han perdido su valor de nutrición viva.  Por más que puedan sostener la vida en el organismo humano, y de hecho es así, lo hacen a expensas de una degeneración progresiva de la salud, la energía y la vitalidad.

 

En este libro, y en todos los que ha escrito, el doctor Walker subraya enérgicamente la importancia del consumo de alimentos con alto contenido de agua, si lo que uno quiere obtener es un cuerpo vibrante y esbelto. Walker, a los 116 años, es un hombre vibrante y activo. Yo prestaría atención a lo que dice.

 

En 1980, el Los Angeles Times y el Weekly World News publicaron artículos referentes a un hombre, Wu Yunqing, que vive en China, y que aparecía fotografiado a 142 años, andando en bicicleta. Cuando le preguntaron por su dieta, contestó:

 

Como maíz, arroz, batatas, frutas y verduras.

 

En enero de 1973, el National Geographic Magazine traía un relato del doctor Alexander Leaf, un científico que había salido en busca de las personas más viejas del mundo. Descubrió que los tres pueblos donde había más casos de longevidad eran los abkhazians de Rusia, los vilcabambanos de Ecuador y los hunzukut de Paquistán. Además de no encontrar ni un signo de obesidad entre los dos últimos, y muy escasos entre los primeros, descubrió que eran todos pueblos sorprendentemente libres de enfermedades. ¡No conocían el cáncer ni las afecciones cardíacas! Además, la mayoría de ellos vivían más de cien años, manteniéndose físicamente muy activos. La investigación de los hábitos dietéticos de estos pueblos que emprendió el doctor Leaf indica que los abkhazian comen aproximadamente un 70 por ciento de alimentos con alto contenido de agua, y los otros dos grupos, más de un 80 por ciento. Tanto él como muchos gerontólogos se quedaron pasmados al tener conocimiento de la existencia de estos pueblos y de su estupenda longevidad.

 

Si habías escrito la lista de todo lo que habías comido en un día, es el momento de ir a buscarla. Tengo dos preguntas que hacerte. La primera, si lo que consumiste son, aproximadamente en un 70 por ciento, alimentos de alto contenido en agua (frutas y verduras frescas y sus zumos). Y la segunda, si es esa tu alimentación típica en un día. Si la lista no refleja un contenido de un 70 por ciento de alimentos de alto contenido acuoso, y corresponde a un día típico, entonces esa lista representa el factor que más contribuye a tu problema de peso. No es que no haya en la vida otros factores que contribuyan a él. El estrés, los factores psicológicos, los conflictos en el trabajo, las emociones, todo contribuye. Pero todos los otros factores combinados no equivalen a la influencia que tiene la comida sobre el peso corporal. El viejo adagio para el cual una manzana por día mantiene lejos al médico no andaba, ciertamente, despistado. Sólo que debería decir: una manzana (y una naranja y algunas otras frutas) y una ensalada por día mantiene lejos al médico. Es un poco más largo, pero más exacto.

 

Antes de seguir, vamos a responder a una pregunta muy común:

 

-Y, ¿qué hay de beber agua? Yo me bebo ocho vasos por día; ¿debo hacerlo o no?

 

La verdad es que esas personas, a medida que coman más alimentos con alto contenido de agua, no tendrán tanta necesidad de beberla. En otras palabras, los que se beben ocho vasos de agua por día lo hacen porque los alimentos que comen no están proporcionándoles toda el agua que necesitan Son dietas con predominio de alimentos concentrados, de modo que el cuerpo de quien las sigue está continuamente clamando por agua, y esas personas continuamente tienen sed. El lector descubrirá que consumiendo alimentos con un alto contenido de agua, tendrá mucha menos sed que si lo que come no le proporciona el agua suficiente y después tiene que beberla por separado. Sin embargo, quien desee beber agua hará bien en beberla destilada, si la consigue. El agua de vertientes no es lo ideal para el cuerpo humano porque contiene minerales inorgánicos que nuestro cuerpo no puede usar ni expulsar. Estos minerales inorgánicos tienden a combinarse con el colesterol en el sistema y a formar una gruesa placa en las arterias. El agua destilada no tiene este efecto. Cuando comemos un trozo de fruta o una verdura, estamos comiendo agua destilada La planta destila los minerales tomados del suelo, y después nosotros los consumimos.

 

Quizás el lector haya oído decir que el agua destilada lixivia los minerales del cuerpo, cosa que en parte es verdad.

 

Los minerales que lixivia el agua destilada son aquellos minerales inorgánicos que el cuerpo no puede usar. Es, por ende, un efecto saludable. El agua destilada no ejerce esta acción sobre los minerales orgánicos que han llegado a ser parte de la estructura celular. Una vez que un mineral se ha integrado en la estructura celular, este proceso no lo afecta.

 

Un comentario más sobre el agua, y muy importante. Tomar agua con las comidas ejerce un efecto debilitante. Muchas personas beben agua mientras comen. No es una buena práctica, porque en el estómago hay jugos digestivos que están actuando sobre la comida. Si al comer se bebe agua, se diluyen estos jugos y se impide una correcta digestión de los alimentos. Además se obstruye muchísimo tanto el ciclo de apropiación como el de asimilación, lo que a su vez afecta negativamente al importantísimo ciclo de eliminación, al mismo tiempo que se desperdicia muchísima energía.

 

En resumen, al consumir alimentos con alto contenido acuoso se eliminarán efectivamente los desechos tóxicos del cuerpo, con lo que se logrará rebajar de peso. Si continúa uno comiendo este tipo de alimentos, no permitirá que se acumulen desechos tóxicos y no volverá a aumentar de peso. Hemos puesto de relieve la importancia que tiene el ciclo de eliminación en este proceso. NO HAY NINGUNA PRÁCTICA QUE FACILITE MÁS EL ClCLO DE ALIMENTACIÓN QUE EL CONSUMO REGULAR DE UNA CANTIDAD ADECUADA DE ALIMENTOS DE ALTO CONTENIDO DE AGUA. No hay en el mundo nada más fácil de verificar, y vaya si lo verificarás cuando empieces el programa.

 

Tan importante como los alimentos con elevado contenido de agua es el segundo instrumento que te ayudará en la desintoxicación de tu cuerpo, y que es un fenómeno fascinante, conocido como...

 

6

 

El principio de la adecuada combinación de los alimentos

 

Quizás el lector ya algo sepa de la adecuada combinación de alimentos, que cada vez (y bien justificadamente) va haciéndose más popular. La importancia de combinar adecuadamente los alimentos ha sido demostrada como resultado de investigaciones repetidas una y otra vez a lo largo de los últimos ochenta y cinco años. De hecho, es probable que una de las personas que primero estudiaron este tema sea familiar para los lectores. ¿No suena a conocido el nombre de Iván Pavlov? Pues, además de sus experimentos sobre reflejos condicionados, Pavlov también estudió mucho las combinaciones adecuadas de alimentos, y en 1902 publicó un libro, El funcionamiento de las glándulas digestivas, en el que revelaba los fundamentos básicos de la combinación de alimentos. La adecuada combinación de alimentos funciona, y funciona muy bien. Posteriormente se han hecho muchos estudios que destacan su valor, y el más notable entre ellos es el del doctor Herbert M. Shelton, quien desde 1928 a 1981 dirigió una escuela en San Antonio, Texas, donde compiló los datos más amplios de que se disponga en lo referente a la investigación de las combinaciones adecuadas de alimentos. La obra del doctor Shelton, que ya en 1924 contó con el respaldo del doctor Philip Norman en el Journal of the American Medical Association, demuestra la eficacia y validez de la ciencia de la combinación de alimentos. Si se violan sus normas, de ello resultan multitud de problemas, que obstaculizan enormemente el éxito de la deseada pérdida de peso. Es razonable pensar que, si el ciclo de apropiación se ve de alguna manera estorbado, también se resentirán los ciclos siguientes. NADA FAVORECE TANTO EL CICLO DE APROPIACIÓN COMO LA ADHESIÓN ESTRICTA A LOS PRINCIPIOS DE LA ADECUADA COMBINACIÓN, DE ALIMENTOS.

 

¿Qué tiene que ver la adecuada combinación de alimentos con la pérdida del exceso de peso? Pregúntese el lector cómo empieza su día. ¿Salta de la cama con una sensación de vitalidad increíble, decidido a enfrentar lo que venga, o se arrastra hacia la cocina para embucharse un poco de café que le permita ponerse en marcha? ¿Encara el día con una sensación positiva de expectación, o se limita a esperar que ojalá pueda llegar hasta el viernes? Al término del día, ¿está aún lleno de energía, deseoso de pasar algún tiempo con su mujer, o marido, sus hijos, sus amigos, o apenas si le quedan fuerzas para cenar y desplomarse sobre un diván, frente al televisor, antes de perder el conocimiento? La diferencia entre estas dos maneras de pasar el día se reduce a un único elemento decisivo: la energía.

 

Probablemente no haya nadie, entre quienes lean esta página, a quien no le gustaría tener un poco más de energía. Es como el dinero. Si ahora te diese un billete de cinco mil pesetas, ¿lo harías pedazos y lo arrojarías a la calle? Lo dudo. Y, si no tiras un billete, ¿por qué desperdiciar tu energía, que es algo mucho más importante que el dinero? No lo harías a sabiendas, sin duda, pero es probable que estés haciéndolo continuamente sin saberlo. Si quieres correr, leer, jugar o hacer cualquier cosa, necesitas energía. En realidad, si en tu cuerpo no hay energía alguna, eso quiere decir que no estás vivo. Sin energía no hay vida.

Todos quieren tener más energía. Adivina ahora qué función del cuerpo humano exige más energía que ninguna otra. Pues, la digestión de alimentos. ¿No es interesante? ¿Nunca te has sentido con sueño después de una comida? ¿Quién no? Eso sucede porque todas las energías están concentradas en el procesamiento de los alimentos. La digestión consume más energía que correr, nadar o andar en bicicleta. De hecho, no existe nada que exija más energía que la digestión de los alimentos.

 

Esta energía es decisiva para la importantísima desintoxicación (eliminación de desechos tóxicos) del cuerpo. Si podemos eliminar regularmente los desechos de nuestro cuerpo, perderemos peso regularmente y no volveremos a aumentarlo. Para eliminar se necesita energía, y el ciclo de eliminación es de suma importancia. El cuerpo no puede eliminar los desechos tóxicos sin nuestra cooperación, y la forma en que debemos ayudarle es proporcionándole en forma constante energía fácilmente accesible. Tal es la forma de ser sano y esbelto: poner a disposición del cuerpo una cantidad de energía suficiente para que pueda encargarse de su desintoxicación. Si la digestión de los alimentos consume más energía que ninguna otra función corporal, ¿de dónde te parece que tenemos más probabilidades de liberar algo de energía para usarla en otras cosas? De nuestro aparato digestivo, naturalmente.

 

La combinación de alimentos se basa en el descubrimiento de que ciertas combinaciones se digieren con más facilidad y eficacia que otras. Los buenos resultados obtenidos de los principios de combinación de los alimentos se pueden explicar y fundamentar por los hechos de la química fisiológica, y especialmente de la química de la digestión. La energía es la clave, y nada favorece más el proceso de la digestión, llevando la energía a un nivel óptirno, que la adecuada combinación de los alimentos.

 

Su enseñanza fundamental es la siguiente: EL CUERPO HUMANO NO ESTÁ PENSADO PARA DIGERIR MÁS DE UN ALIMENTO CONCENTRADO POR VEZ EN EL ESTÓMAGO. He aquí una afirmación tan simple como importante. Recuerda que ALIMENTO CONCENTRADO ES CUALQUIERA QUE NO SEA UNA FRUTA NI UNA VERDURA. Combinar adecuadamente los alimentos solo quiere decir que, como el estómago humano no es capaz de digerir más de un alimento concentrado por vez, no se ha de comer más de un alimento concentrado por vez. Es así de simple.

 

Cada especie de mamífero tiene un tipo específico de sistema digestivo, biológicamente adaptado a un determinado tipo de comida: desde el león, cuyo aparato digestivo mide, unos tres metros y medio de largo, hasta la jirafa, que lo tiene de aproximadamente ochenta y cuatro metros. Sobre el planeta hay animales carnívoros, herbívoros, omnívoros, graminívoros y frugívoros. Todavía se discute qué tipo de sistema digestivo posee la especie humana, pero hay una cosa segura, y es que los humanos no poseen todos esos tipos diferentes de sistemas digestivos. Sin embargo, no nos privamos de comer la dieta de un león, de una jirafa, de un cerdo, de un caballo y de un mono. Y no solo comemos las dietas diferentes de todos esos animales: ¡las comemos todas al mismo tiempo! Eso impone a nuestra capacidad digestiva una carga tremenda, provoca la formación de desechos tóxicos en el organismo y dilapida una gran cantidad de preciosa energía.

Seguramente, mis lectores habrán comido, juntas, carne y patatas. O pescado con arroz, o pollo con fideos, o huevos con tostadas, o pan con queso. O cereales con leche. Un momento, estaréis pensando, aparte de eso, ¿qué queda?. No os aflijáis, queda muchísimo. ¿Y si os digo que estas combinaciones no son las que mejor convienen a nuestros intereses, y que además nos dan la seguridad de no tener nunca el cuerpo esbelto ni la energía que quisiéramos? Lo más importante para rebajar de peso es la desintoxicación, que a su vez depende totalmente de la energía.

 

La combinación inadecuada de alimentos en el estómago es la razón de que en Estados Unidos haya una crisis de energía. Y es también un factor que contribuye a que la gente de este país se muera a los cincuenta años. La muerte significa que el cuerpo ya no tiene energía para enfrentar su situación, y morirse a los cincuenta años es indefendible.

 

Casi dos tercios de la población están excedidos de peso, cosa que en gran parte puede atribuirse al hecho de que comemos combinando nuestros alimentos indiscriminadamente y al azar. Esto merece una explicación más completa. Tomemos como ejemplo la carne con patatas, porque es algo que probablemente todos hemos comido en un momento u otro. Pero, aunque mencione la carne con patatas, lo mismo podría estar hablando de pescado con arroz o pollo con fideos, o pan con queso. Pensemos que comemos un bistec. Lo preparamos como nos apetezca y nos lo comemos. Una vez en el estómago, esta proteína concentrada necesita, para su descomposición, de un tipo determinado de jugo digestivo: un jugo ácido. Al mismo tiempo, nos disponemos a comer una patata asada.

 

-Bueno -dirá quizás el lector-, pero una patata es una verdura.

 

Es cierto que la patata es una verdura. Si se tratara de comernos una patata cruda, bien masticada, nos enviaríamos al estómago un alimento con alto contenido de agua. Pero una vez horneada, ya podemos masticarla hasta que se nos atrofie la mandíbula, que no la convertiremos en agua. Una vez horneada la patata, la mayor parte del agua ha desaparecido y nos quedamos con un alimento feculento sumamente concentrado. Pues bien, este almidón concentrado entra en el estómago con el bistec. El jugo digestivo necesario para descomponer este alimento no es ácido, sino alcalino. Quien alguna vez haya estado en una clase de química, sabe lo que sucede cuando lo ácido entra en contacto con lo alcalino: se neutralizan.

 

Entonces, acabamos de comernos un bistec con una patata. Están en el estómago, y los jugos digestivos necesarios para la descomposición de cada uno de ellos acaban de neutralizarse. ¿Que va a suceder con esa comida? El cuerpo, que es infinitamente sabio, reconoce inmediatamente la emergencia, porque para él, la digestión de alimentos es una de las primeras prioridades. El cuerpo se encuentra en un total desconcierto. Tiene que segregar más jugos digestivos, para lo cual se necesita tiempo y energía. En el estómago se segregan nuevos jugos digestivos, y ¿qué sucede? Que vuelven a quedar neutralizados. Ahora, el cuerpo se ve forzado realmente hasta su límite. Necesita más energía para segregar más jugos que vayan al estómago, y durante este proceso transcurre largo tiempo. De hecho, pueden pasar varias horas mientras el cuerpo manufactura todos esos jugos digestivos, hasta que empezamos a sentir una sensación de indigestión o de acidez. Finalmente la comida, sin haber llegado nunca a ser adecuadamente digerida, sale simplemente del estómago por la acción peristáltica de los intestinos. Esta comida sin digerir pasa forzadamente a los intestinos, tras haber estado varias horas retenida en el estómago.

 

Es importante entender exactamente que es lo que ha ocurrido. La mayor parte de las proteínas, tras haber permanecido tanto tiempo en el estómago, se están pudriendo. La mayor parte de los carbohidratos han fermentado. La putrefacción y la fermentación son dos procesos que no sirven al cuerpo humano, en ninguna circunstancia. Las sustancias nutritivas afectadas por ellos no pueden ser incorporadas a una estructura celular sana. Los alimentos que han sufrido alguno de estos dos procesos generan ácidos tóxicos en el cuerpo, y a causa de ellos se producen gases, flatulencias, más acidez, indigestión y Alka Seltzer, bicarbonato, leche de magnesia, la lista es larga. Consumimos antiácidos por toneladas. ¿Por qué? Porque comemos al azar e indiscriminadamente. Cuando todos esos alimentos incompatibles llegan juntos al estómago, el cuerpo no sabe qué hacer con ellos. Somos la única especie en el mundo que, cuando termina de comer, necesita medicarse para que la comida pueda seguir su recorrido por las tripas.

 

Debido a toda esa putrefacción y fermentación, y a los ácidos resultantes, lo que en realidad hay en el estómago a esta altura es una masa de alimentos arruinados y malolientes, que están echándose a perder. Ya sé que esto no es muy grato, y mi intención no es ser desagradable, pero quiero ser realista... y eso es exactamente lo que está sucediendo dentro del organismo. La comida se ha visto forzada a permanecer en el estómago, sin digerir, y está, literalmente, pudriéndose. Las sustancias nutritivas que pudo haber habido en esos alimentos se han perdido. Durante ese largo tiempo que permanecen en el estómago, el cuerpo gasta una cantidad increíble de energía. Después, la comida se ve forzada a pasar a los intestinos, y tiene que recorrer unos nueve metros de canal intestinal. ¿Te imaginas? Nueve metros de intestinos se ven obligados a arreglárselas como puedan con esos alimentos podridos. Por eso la gente está cansada después de haber comido de esa manera; por eso no tiene energía. Esos alimentos pueden necesitar hasta ocho horas nada más que para salir del estómago, y entre veinte y cuarenta más para completar el recorrido por los intestinos.

 

En The Hygienic System, Vol. II, Herbert M. Shelton describe la obra del doctor Arthur Cason, quien en 1945, con sus ayudantes, realizó una serie de experimentos, con dos grupos de sujetos. Estos experimentos demostraron que consumir en la misma comida proteínas y carbohidratos retarda, e incluso impide, la digestión. Llevó a cabo pruebas de control, en las que se registró el tiempo de digestión y se hizo finalmente un análisis de materia fecal Sus conclusiones: Las pruebas revelan siempre que la digestión de las proteínas en el estómago se retarda cuando se las mezcla con almidones; el grado en que esto sucede varía con cada individuo, y también según cual sea el tipo de proteína o de almidón ingerido. Un examen de la materia fecal revela gránulos de almidón sin digerir, lo mismo que porciones y fibras de proteínas, en tanto que, cuando se las ingiere por separado, cada una de las dos sustancias llega a finalizar su digestión. Si los alimentos se combinan adecuadamente, sufren una descomposición completa y son absorbidos y utilizados por el cuerpo; entonces. en la materia fecal no aparecen fragmentos sin digerir.

 

Cuando se consumen combinaciones de alimentos incompatibles y se produce fermentación, encontramos también que en el tubo digestivo se produce alcohol, con las mismas consecuencias que resultarían de beberlo, y con el mismo riesgo potencial para el hígado.

 

El principio de la adecuada combinación de alimentos se limita a sugerir que no queremos desperdiciar energía. No queremos que la comida esté ocho horas pudriéndose en el estómago y contaminando los intestinos durante veinte horas más. Lo que realmente queremos es que pase en el estómago aproximadamente tres horas, sin putrefacción, ni fermentación, ni gases, ni flatulencia, ni acidez ni indigestión que nos obliguen a medicarnos. Queremos que nuestros alimentos pasen rápida y eficazmente por los intestinos, y la manera de asegurarlo es no consumir más que un alimento concentrado por vez, no dos. Comer simultáneamente dos alimentos concentrados sería causa de que estos se pudran, y una comida que se pudre NO PUEDE SER ASIMILADA. Una combinación inadecuada de alimentos altera drásticamente los ciclos de asimilación y de eliminación.

 

Hay una manera muy simple de evitar todo este problema. Si queréis comer un bistec, o un trozo de pescado o de pollo, perfecto. Simplemente, poned atención en que si vais a comer cualquier cosa que sea carne ese deberá ser vuestro único alimento concentrado para esa comida. Eso significa que no debéis acompañarlo de ningún otro alimento concentrado: nada de patatas, ni de arroz, fideos, queso o pan; con él comed solamente alimentos de alto contenido de agua. En otras palabras, acompañad el bistec con algunas verduras; digamos, por ejemplo, un poco de brécoles y calabacines. Puede ser cualquier verdura que os guste. Hay que entender que las verduras no necesitan sus propios jugos digestivos específicos: se descompondrán tanto en un medio ácido como en uno alcalino. Supongamos que cocemos ligeramente al vapor un poco de brécoles con calabacines, o que los freímos o los salteamos, según como nos guste prepararlos (sin olvidar que cuanto más larga sea la cocción, tanto más agua y más vida extraeremos de nuestras verduras). Pues, preparamos las verduras, y con ellas y el bistec comemos una ensalada cruda No creo que nadie vaya a quedarse con hambre después de haber comido así.

 

No es nuestra intención que alguien pase hambre. De lo que hablamos es de que hay ciertas limitaciones fisiológicas que tiene el cuerpo humano, y que hay que respetarlas; nada más. Quien quiera comerse la patata al horno, pues que se la coma. Con un poco de mantequilla, preferentemente sin pasteurizar si la consigue. Y acompañada de verduras: brécoles, calabacines, judías verdes, lo que le guste, y de su ensalada. Tampoco en este caso tiene por qué quedarse con hambre. Supongo que está claro lo que significa combinar los alimentos. Si queremos comer carne, la comeremos con verduras y ensalada; si queremos patatas, las comeremos con verduras y ensalada Y el pan con verduras y ensalada, y las pastas con mantequilla al ajo, por ejemplo, y verduras. Y ensalada. ¿Queréis comer queso? Pues, cortado o rallado, agregadlo a la ensalada, sin croûtons o derretidlo sobre las verduras. Quizás esto le parezca demasiado simple a la gente que tiene miedo de no comer suficientes proteínas si no consume carne en todas las comidas, pero este es un tema sobre el cual volveré en el capítulo 7.

 

 

1. Véase III parte, pág. 226.

 

2. Decimos bastante porque las judías son notoriamente difíciles de digerir. Después de comerlas, la mayoría de las personas sienten gases y flatulencia, lo que demuestra que cualquier clase de combinación entre proteínas y almidones puede causar problemas.

 

Ya ve el lector como estamos disfrutando al comer, estamos comiendo lo que nos gusta, pero sin mezclarlo todo ni comernos todo junto al mismo tiempo. Esta práctica no solo permite una extracción y utilización óptimas de las sustancias nutritivas que hay en los alimentos (ya que no se produce putrefacción ni fermentación), sino que además pone fin a los dolorosos trastornos digestivos e incrementa sustancialmente la energía disponible. La violación de las combinaciones adecuadas tiene muchas consecuencias negativas, y de la adhesión a sus principios provienen muchos resultados positivos. Vayamos en busca de lo positivo, y el primer resultado positivo es la PÉRDIDA DE PESO.

 

Ocasionalmente, alguien objeta que la naturaleza misma combina almidones y proteínas en el mismo alimento, diciendo que si la naturaleza lo hace, también nosotros podemos hacerlo. Esta objeción no es válida. Si un alimento que es una combinación natural de almidón y proteína (como las alubias) se consume solo, el cuerpo es capaz de modificar sus jugos digestivos y de producir sus secreciones de manera tal que la digestión pueda realizarse con bastante eficacia.2 Pero cuando en la misma comida se ingieren un almidón y una proteína separados, esta adaptación de las secreciones digestivas al carácter y las exigencias digestivas del alimento no es posible. Hay una diferencia notable, e importante, entre comer algo que sea una combinación natural de proteína y almidón, y comer dos alimentos, de los cuales uno es una proteína y el otro un almidón.

 

Si no es bueno mezclar una proteína y un almidón, ¿se puede mezclar sin inconvenientes una proteína con otra, o dos almidones diferentes? De hecho, la situación ideal es que haya un alimento concentrado por comida. de modo que eso excluye las mezclas de proteínas o de almidones entre sí. Sin embargo, una de estas combinaciones es aceptable: la de almidón con almidón. La razón para que no se deban mezclar dos proteínas es que estas son de características tan diferentes y de composición tan compleja que las modificaciones necesarias para satisfacer las exigencias que impone la digestión de más de una proteína son imposibles. Por consiguiente, ambas proteínas entran en putrefacción en el organismo. Esto no significa que no se puedan comer juntas dos clases diferentes de carne o dos tipos diferentes de nueces; pero sí quiere decir, por cierto, que no se han de comer simultáneamente dos proteínas diferentes: carne, huevos, productos lácteos o nueces.

 

Los almidones no son de descomposición tan difícil como la de las proteínas, de manera que se puede consumir más de un almidón por vez. Por ejemplo, si alguien quiere agregar croûtons a una ensalada, y comer además una patata asada, eso no le provocaría una fermentación digestiva. El arroz con judías, aunque resulta pesado, también es una combinación que puede ser compatible en el estómago. Tampoco estaría mal acompañar un sándwich de aguacate con algunas cortezas de maíz, aunque, ciertamente, reiteramos que solo uno de estos alimentos por vez estaría mejor, porque representaría menos trabajo para el cuerpo y, por ende, un menor gasto de energía. Pero dos almidones se pueden combinar sin que se echen a perder en el estómago.

 

Al introducir al lector en los principios de la adecuada combinación de los alimentos, le sugerimos que empiece por alterar sus hábitos dietéticos, cosa que no significa poner su vida entera patas arriba, sino algo que cada uno ha de hacer, en la medida de lo posible, a su propio ritmo.

 

Claro que cuanto más se lo practique, tanto mayor éxito se alcanzará. Cuanto mayor sea la frecuencia con que lo hagas, más rápidamente podrás rebajar el peso que te interesa perder. ¿Ves qué simple es esta información? De lo que hablamos aquí es de una nueva manera de comer, algo que evidentemente necesitamos. La forma en que se ha venido comiendo en Estados Unidos durante el último siglo, aproximadamente, ha llevado a su población a un punto en que más de la mitad de ella está luchando con problemas de exceso de peso. En nuestra cultura jamás se nos ha enseñado la manera adecuada de nutrir el cuerpo. Por lo que acabamos de ver, es obvio que la manera standard de encarar la nutrición -la teoría de los cuatro grupos de alimentos- no funciona, en cuanto es un enfoque arcaico y contraproducente. Ya sé que la teoría de los cuatro grupos ha sido durante muchos años el evangelio de la nutrición, pero las pruebas que desmienten su valor están ante nuestras narices. El hecho de que actualmente haya tanta gente enferma y con exceso de peso demuestra que no funciona, y el problema dista mucho de estar bajo control. En una conferencia reciente sobre la obesidad, que se celebró en la Facultad de Medicina de la Johns Hopkins University, y a la que concurrieron investigadores y clínicos que se ocupan de la obesidad, el doctor Gerard Smith, del Centro Médico de Cornell University, refiriéndose a los indicios fisiológicos que desencadenan e interrumpen el comportamiento alimentario, expresó: «No sabemos dónde buscar, y no hemos encontrado tales indicios. La extensión de nuestra ignorancia es total». El almuerzo que se sirvió en aquella reunión consistía en rosbif con puré de patatas y salsa, brécoles, gelatina y pastel de chocolate. No cabe duda de que su ignorancia de los principios de la adecuada combinación de alimentos es total. Si no fuera por la clásica creencia en la teoría de los cuatro grupos de alimentos, no serían tan comunes esas combinaciones lamentables.

 

Para algunas personas puede resultar difícil olvidarse del mito de los cuatro grupos, pero la única dificultad reside en el sistema de creencias que se ha ido consolidando con los años. Los sistemas de creencias pueden ser el más importante de los obstáculos al progreso. Si se cree en algo con la suficiente convicción, no hay pruebas ni demostraciones de la falsedad de ese algo que puedan disuadir al creyente. Recuérdese la dramática situación de Galileo, hace tres siglos, severamente castigado por su ridícula creencia de que el Sol no describía una órbita alrededor de la Tierra. Galileo, cuya teoría se basaba en la obra anterior de Copérnico, fué encarcelado por insinuar algo tan absurdo como que el Sol no giraba en torno de la Tierra. Vamos, si cualquiera podía salir fuera y observar cómo el Sol recorría el cielo y todas las noches se sumergía en el océano o desaparecía detrás de una montaña, ¿verdad? Pues no! Yo diría que hoy nadie cree que el Sol describe una órbita alrededor de la Tierra, aunque indudablemente da esa impresión. Pues lo mismo sucede con algunos hábitos dietéticos que tenemos. Parece que fueran correctos pero son exactamente todo lo contrario. Más de trescientos años después de haber sido dadas a conocer las observaciones de Galileo, y aún cuando él tuviera razón y todos los demás se equivocaran, la Iglesia católica apenas si está llegando a exonerarlo de la culpa de haber tenido razón. Las tradiciones, por falaces que puedan ser, se resisten a morir.

 

Combinar adecuadamente los alimentos no es nada que prive a nadie de comer las cosas que le gustan; simplemente, no hay que comerlas todas al mismo tiempo. Si comemos de acuerdo con el principio de las combinaciones de alimentos compatibles, no tendremos una enorme pérdida de energía Tendremos un excedente de energía. Quizás el lector recuerde su última comida de Navidad. quizá después de comer haya pronunciado, como lo hemos hecho muchos, la famosa declaración: «Jamás volveré a comer». Pero uno termina la comida y va a sentarse a la sala de estar, con la intención de no probar un bocado más, y todo empieza de nuevo. Le ofrecen un café. Sí, gracias. ?Y un trocito de pastel, o unos bombones? Hum... bueno, está bien. Eso, cuando apenas puedes ya doblarte y te cuesta estar sentado. Pero, ?por qué? Pues, porque has hecho demasiadas combinaciones de elementos. Te serviste pavo, y no digo que no haya que comer pavo en Navidad, pero probablemente además del pavo hubo un rosbif o un jamón, o ambos. Y tú probaste un poco de cada uno. Venían con puré de patatas y de castañas, y te serviste algo. Y estaba el relleno, claro, y la salsa y el pan, y un poco de verdura simbólica que nadie toca Supongo que todos los lectores me entienden. No quiero decir que no haya que participar en las celebraciones, pero la razón de que el cuerpo se sienta totalmente exhausto después de semejante comida es que en el estómago se han juntado tantos alimentos diferentes, concentrados e incompatibles, que el organismo está hecho un revoltijo. Si esto se hace de cuando en cuando, el cuerpo tiene alguna probabilidad de hacer frente a la situación. Pero si se produce con regularidad, sobreviene el derrumbe. Después de haber nutrido el cuerpo, y especialmente si se trata de una celebración deberíamos sentirnos vibrantes, dispuestos a conquistar el mundo, y en cambio, apenas si somos capaces de conquistar la cama.

 

¿Recordáis el león de que hablamos antes, el que había cazado la cebra? Cuando el león se comió la cebra, no se la sirvió con patatas al horno. Eso no existe en la jungla. Los animales en estado natural mantienen un nivel de salud mucho más alto que el nuestro; no solo comen alimentos con elevado contenido en agua, sino que además los combinan adecuadamente. Los animales en estado natural no combinan mal sus alimentos. Comen una sola cosa por vez, no como nosotros, que nos comemos todo aquello de lo cual podemos echar mano. Hasta los animales.

 

Quizás al lector le sorprenda saber que también Henry Ford era un defensor de la adecuada combinación de alimentos. En un artículo de la publicación Early American Life, David L. Lewis habla de una escuela vocacional instituida por Ford en 1928, para «enseñar a los muchachos a trabajar manualmente y a pensar». Los muchachos desamparados de entre 12 y 17 años recibirían enseñanzas en agricultura, mecánica y electricidad del automóvil, fontanería, carpintería y otros temas. «Además de recibir una educación financiada por Ford, los estudiantes tenían que sufrir las teorías dietéticas de Ford. Estaban prohibidos el azúcar, dulces, pasteles, pudines y todo tipo de postre dulce, lo mismo que el té, el cacao y las sales de mesa. JAMÁS SE MEZCLABAN LOS ALMIDONES CON PROTEÍNAS PORQUE SE LAS CONSIDERABA QUÍMICAMENTE INCOMPATIBLES [subrayad del autor] y en cambio, se servían ensaladas de verduras dos veces por día». Muy propio de Ford; sabía que si daba a sus empleados comidas mal combinadas, no les quedaría energía para el trabajo.

 

Es esencial que empecemos a respetar nuestras limitaciones digestivas. Necesitamos liberar energías para expulsar del cuerpo los residuos tóxicos. El aparato digestivo consume más energía que cualquier otra función del cuerpo. La adecuada combinación de los alimentos libera esa energía que el cuerpo puede usar para desintoxicarse. Y lo mejor es que no hace falta pasar hambre, ¿Qué te parecería haber rebajado cinco kilos en diez días, sin dejar de comer? Vaya, si es lo que le gustaría a cualquiera que esté excedido de peso. Y sin más que poner en práctica nuestros nuevos conocimientos sobre la combinación de alimentos, podemos conseguirlo, porque la cosa funciona. No es nada que haya que creer porque yo lo diga; basta con que el lector empiece a combinar sus comidas de la manera que he indicado, y sabrá exactamente si esta información es verdadera o no. Después de todo, eso es lo que realmente cuenta, si funciona. Que esté probada o no, no significa nada Si podemos incrementar espectacularmente nuestra energía, olvidarnos de las dolencias de estómago, perder peso y sentirnos bien, con solo combinar bien las comidas, ¿nos importaría que se hubiera «probado», que la cosa no funciona? Claro que no. Pues, no me creáis. Intentadlo!

La adecuada combinación de alimentos crea simplemente las condiciones para la pérdida de peso. Si podemos comer y desocupar el estómago en tres horas y no en ocho, son cinco horas de energía que habremos ganado cinco horas que estarán dedicadas a la desintoxicación y a la pérdida de peso. Y aún seguiremos ganando energía cuando esos alimentos atraviesen con mayor facilidad los intestinos.

Hay gente que me ha dicho:

 

-Todo eso parece muy sensato, tengo que admitirlo, pero para un hombre de negocios como yo, que tiene que almorzar fuera todos los días, es imposible hacerlo.

 

¿Porque? En cualquier restaurante se pueden seguir estos principios: Cualquier buen restaurante le permite a uno pedir lo que quiera. El cliente eres tú; tu eres el que paga, y puedes tener lo que quieras. Puedes entrar con tus acompañantes y preguntar:

 

¿Cuál es el plato del día?

 

-Hoy tenemos una trucha fresca excelente.

-Perfecto. Haga el favor de traerme la trucha, pero en vez del arroz que la acompaña, ¿qué verduras tiene?

-Pues hoy tenemos espárragos frescos y coliflor.

-Muy bien. Tráigame la trucha con verduras, y también una ensalada, por favor.

 

Además, podrás elegir tú mismo tu almuerzo sin que tus acompañantes te pregunten cómo es que no te comes el arroz. Nadie te preguntará nada. Lo bueno de todo esto es que, cuando os levantéis, tú te sentirás liviano y en condiciones de seguir trabajando con abundante energía, y en cambio tus compañeros tendrán el estómago lleno de comida en malas condiciones, que los hará sentir desganados. Se sentirán cansados y tendrán que animarse con café o con algún otro estimulante tóxico, de esos que crean hábito. Lo fantástico de la combinación adecuada de alimentos es que mejora de manera notable el nivel de energía y, al mismo tiempo, libera en el organismo todo lo que hace falta para que el cuerpo se deshaga del exceso de desechos que da sensación de pesadez.

 

Ya sé que parece muy simple, y lo maravilloso de este método es que es simple. No exige más que pequeños cambios. Si para consolidar tu problema necesitaste veinte, o treinta, o cuarenta años, tienes tiempo para invertir la situación, pero lo importante es que tienes que empezar. Cada vez que hablo de este tema me entusiasmo, porque sé lo simple y obvia que es esta información. He visto cómo funciona con miles de personas, y sé que hay miles más, entre quienes se cuentan mis lectores que pueden empezar a experimentar esta sensación maravillosa de controlar, de saber cómo desarrollar un cuerpo esbelto, y de hacer entonces lo necesario para que ese cuerpo se manifieste. Todo eso se halla a nuestro alcance; no tenemos más que pedirlo.

 

Digamos de paso que en Estados Unidos la gente se gasta anualmente treinta mil millones de dólares en fármacos. Se tragan veinticinco millones de píldoras por hora! ¿Saben los lectores cuál es el fármaco que más se prescribe y se vende? Solía ser el Valium, pero según el Wall Street Journal, actualmente es el Tagamet. ¿Para qué sirve el Tagamet? Para trastornos estomacales! ¿No será algo que tenga que ver con el esfuerzo a que se ve diariamente sometido el estómago de la gente?

 

Cuando los lectores empiecen a experimentar con las combinaciones adecuadas de alimentos, llegarán a darse cuenta, de primera mano, del maravilloso recurso que estas representan en la lucha por rebajar de peso.

 

Y con esto llegamos al tercero de los recursos destinados a hacer desaparecer del cuerpo los residuos tóxicos. Que es, además, del que más me gusta hablar, porque se centra en torno a...

 

7

 

El principio del correcto consumo de la fruta

 

Es indudable que en el amplio tema de la salud no hay campo que haya sido peor entendido, más injustamente calumniado ni más vituperado que el consumo de fruta.

 

En nuestra civilización, la gente no sabe cómo se ha de comer la fruta. No quiero decir que no sepan como encontrarla y comérsela; eso lo saben muy bien. Lo que no saben es cuando ni cómo comerla. El correcto consumo de fruta se relaciona muy íntimamente con la combinación adecuada de los alimentos.

 

¿Cuántas personas conoces que realmente aborrezcan la fruta? ¿Que no puedan aguantarla? Probablemente ninguna. La mayor parte de la gente, cuando se le pregunta, dice que le gusta la fruta Tal vez el comentario más negativo que se pueda oir al respecto sea: «Me encanta, pero no me cae bien», o «Me encanta, pero no puedo comerla» Y lo más frecuente es que la razón de que no puedan comerla se basa en la ignorancia de cómo se ha de consumir correctamente la fruta.

 

En todos los seminarios que doy pido que levanten la mano aquellos a quienes no les gusta la fruta, y es raro, incluso en grupos de setecientas personas o más, que se levante alguna mano. La razón de que a casi todos nos guste la fruta es que nuestro cuerpo está instintivamente ávido de ella. Con sus deliciosas combinaciones de sabor y aromas, con sus colores que son un deleite para el ojo, la fruta es siempre una invitación al placer de comer. La fruta es, indudablemente, el alimento más benéfico que se pueda consumir, el que más energía suministra y el más vivificante. Con la CONDICIÓN de que se la consuma correctamente. Lo que ahora vamos a aprender será quizás recibido con cierto escepticismo, en cuanto contradice lo que habitualmente se cree sobre la fruta, y es natural, ya que pone en juego una nueva manera de pensar en nuestro cuerpo y en la forma en que debemos nutrirlo.

 

Para todos, jóvenes y viejos, la fruta es un placer, un regalo. Una tajada de melón frío, en un día caluroso, es una delicia. Tras haber comido algo muy condimentado, la fruta refresca y suaviza el paladar.

Quizás lo que voy a decir sorprenda: la razón de que instintivamente nos atraiga la fruta es que se trata, incuestionablemente, del alimento más importante que se puede aportar al cuerpo humano, el único al cual nuestra especie esta biológicamente adaptada.

 

El 15 de mayo de 1979 el New York Times publicó un artículo sobre la obra del doctor Alan Walker, eminente antropólogo de la John Hopkins University. El trabajo cayó como una bomba entre los médicos, dietistas y especialistas en nutrición que no estaban al tanto de la inmensa importancia de la fruta en la dieta humana. Los descubrimientos del doctor Walker indican que «nuestros primeros antepasados humanos no se alimentaban predominantemente de carne, ni tampoco de semillas, brotes, hojas, o hierba. Tampoco eran omnívoros, sino que al parecer han subsistido principalmente con una dieta de frutas». El doctor Walker encontró una manera interesantísima de determinar las tendencias dietéticas, estudiando las estrías o marcas de los dientes. Los diversos alimentos dejan marcas características diferentes sobre los dientes. En sus estudios realizados sobre dientes fósiles, el doctor Walker observó que, hasta la fecha «no se han encontrado excepciones. Cada diente que fue examinado, de los provenientes de los homínidos del período de doce millones de años que conducen al Homo erectus, resultó ser el de un comedor de frutas». ¡Vaya!, si casi se oye el rechinar de dientes en la Asociación de ganaderos.

 

Como estamos biológicamente adaptados para comer fruta, es mucho más importante pensar en qué cantidad de fruta y no de proteína vamos a comer durante el día.

 

En quince años jamás he encontrado una persona con una deficiencia proteínica, pese al hecho de que efectivamente existe en circunstancias devastadoras, como el kwashiorkor. En cambio, he visto centenares que presentaban envenenamientos por exceso de proteínas, y la mayoría de ellos no estaban comiendo suficiente cantidad de fruta El consumo excesivo de proteínas ha sido relacionado con diferentes formas de cáncer (mama, hígado y vejiga) y con un incremento en la incidencia de la leucemia.1 De acuerdo con William J. Mayo, en una conferencia pronunciada ante el Colegio Norteamericano de Cirujanos: «En los últimos 100 años, el consumo de carne se ha incrementado en un 400 por ciento. El cáncer de estómago alcanza a casi un tercio de todas las formas de cáncer que se dan en el cuerpo humano. Si los alimentos cárnicos no son completamente desintegrados, se descomponen, y agreden con diversos venenos activos a un órgano que no esta preparado para recibirlos».2 El envenenamiento por proteínas se manifiesta en el cuerpo como hiperacidez, de la cual hablaremos en el capítulo 9.

 

1. Viktoras Kulvinskas: Survival into the 21st Century. Wethersfield, Connecticut; Omangod Press, 1975.

2. Blanche Leonardo, Cancer and Other Diseases from Meat Consumption, Santa Mónica, California; Leaving of Healing, 1979.

 

Dijimos antes que es imperativa la necesidad de que nuestro organismo se vaya limpiando constantemente de los desechos tóxicos que acumula el cuerpo. La manera más eficaz de realizar esta limpieza es el consumo de alimentos con alto contenido de agua. Ya puede el lector imaginarse lo que sigue: DE TODOS LOS ALIMENTOS, LA FRUTA ES EL QUE TIENE MAYOR CONTENIDO DE AGUA. Cualquier fruta es, en una proporción de entre un 80 y un 90 por ciento, agua, agua que limpia y vivifica Además todas las vitaminas, minerales, carbohidratos, aminoácidos y ácidos grasos que el cuerpo humano necesita se encuentran en la fruta. La fuerza vital inherente en la fruta no tiene parangón en ningún otro alimento. Cuando se la consume correctamente, nada aporta tantos beneficios como la fruta, que por su naturaleza misma da oportunidad al cuerpo para que se libere de los residuos acumulados. Esta limpieza favorece la vida en todos sus aspectos, y permite al cuerpo funcionar con el máximo de eficiencia.

 

La eficacia del consumo de fruta como factor adelgazante es incomparable. En octubre de 1983, una profesora de la Universidad de Yale, Judith Rodin, presentó ante el Congreso Internacional sobre la Obesidad, celebrado en Nueva York, algunos datos interesantes. Sus estudios sobre los beneficios del azúcar de fruta indican que «lo que se come en una de las comidas afecta realmente a lo que se ha de comer en la siguiente». El Bergen Record consignaba que Ms. Rodin dio a un grupo de estudio agua del grifo endulzada con diferentes tipos de azúcar. «La gente que bebió el líquido endulzado con azúcar de fruta (fructosa) comía significativamente menos que los que habían bebido agua pura o líquido endulzado con azúcar común (sacarosa).» Ella y sus colaboradores observaron que «los sujetos que consumían fructosa comieron un promedio de 479 calorías menos, en la comida siguiente, que la gente que había tomado sacarosa».

 

El doctor William Castelli, director médico de un famoso centro de estudios de las enfermedades cardíacas de Massachusetts, y miembro de la Facultad de Medicina de Harvard, indica que «una sustancia sorprendente, que se encuentra en muchos tipos de fruta, puede reducir los riesgos de cardiopatía o ataque cardíaco. Esta sustancia protege el corazón en cuanto impide que la sangre se espese y obstruya las arterias». La fruta es limpiadora, no obstructiva.

 

El ingrediente esencial para una vida vigorosa es la energía. Sabemos ya que la digestión consume más energía que ninguna otra actividad física. Es aquí donde la fruta desempeña un papel tan vital como significativo. PARA SU DIGESTIÓN, LA FRUTA EXIGE MUCHA MENOS ENERGÍA QUE NINGÚN OTRO ALIMENTO. Es más, ¡prácticamente nada!

 

Veamos por qué: todo lo que consume el cuerpo humano debe ser finalmente descompuesto y transformado en glucosa, fructosa, glicerina, aminoácidos y ácidos grasos. El cerebro no puede funcionar con ningún otro combustible que no sea glucosa (azúcar). La fruta es glucosa en el cuerpo. Su digestión, absorción y asimilación solo exigen una mínima fracción de la energía que se necesita para descomponer otros alimentos, que pueden pasar en el estómago un tiempo que va de una hora y media a cuatro horas (y eso, sólo si lo que ha comido estaba adecuadamente combinado). Cuanto menos concentrados sean los alimentos, y mejor combinados estén, menos tiempo pasarán en el estómago. Cuanto mas concentrados y peor combinados, más se demorarán en el estómago. El estómago es el lugar donde se produce el gasto inicial de energía. LA FRUTA NO SE DIGIERE EN EL ESTÓMAGO, Nl SIQUIERA EN UNA MINIMA PARTE. Las frutas son predigeridas. Todas las frutas (excepción hecha de los plátanos, los dátiles y las frutas secas, que permanecen algo más en el estómago) atraviesan el estómago en muy poco tiempo, veinte o treinta minutos, como si pasaran por un túnel. Se descomponen y liberan sus vivificantes sustancias nutritivas en los intestinos.

 

La energía que ahorra la fruta al no tener que ser digerida en el estómago es considerable, y automáticamente es redirigida a depurar el cuerpo de desechos tóxicos, con lo cual produce reducción de peso. Pero todo esto es válido solamente cuando se consume correctamente. ¿Qué es lo que constituye un consumo correcto? Muy simple: puesto que la fruta no está destinada a permanecer mucho tiempo en el estómago, un consumo correcto significa que NUNCA SE LA HA DE COMER COMO ACOMPAÑAMIENTO DE NINGUNA OTRA COSA, NI INMEDIATAMENTE DESPUÉS. Es esencial, cuando se come fruta, comerla con el estómago vacío. Este es, incuestionablemente, el aspecto más importante de la antidieta. Si la comemos correctamente, la fruta -por su alto contenido en agua y por la poca energía que exige digerirla- desempeñará un importante papel, permitiendo que el cuerpo se desintoxique y aportándonos gran cantidad de energía para perder peso y para otras actividades vitales. La fruta es el alimento más importante que podemos comer, pero si la comemos después de otras comidas, de ello resultarán muchos problemas.

 

Supongamos que se come uno un sándwich y después una porción de fruta, por ejemplo un trozo de melón. El melón puede pasar directamente, a través del estómago, a los intestinos, pero así se le impide que lo haga. Entretanto, toda la comida se pudre, fermenta y se acidifica. En el momento mismo en que la fruta entra en contacto con la comida que hay en el estómago y con los jugos digestivos, toda la masa de alimentos comienza a echarse a perder.

 

Cualquier proteína que haya en el estómago se pudre, cualquier carbohidrato fermenta. El contenido del estómago se acidifica, y corremos en busca de alguna medicina, porque nos sentimos mal. Esto es algo fácilmente verificable, que tal vez mis lectores conozcan por experiencia.

 

Quizás el lector se haya servido una fruta o un vaso de zumo después de una comida, y haya advertido un dolor intenso en el estómago, o una sensación de indigestión o de acidez. La razón de esa incomodidad es haber comido esa fruta, que habría pasado directamente del estómago a los intestinos, pero los otros alimentos que había allí se lo impidieron. De este proceso no se encontrarán pruebas de orden médico, porque la profesión médica no ha estudiado todavía, en medida suficiente. Los efectos de la dieta sobre el cuerpo, y los médicos son los primeros en admitirlo. Sin embargo, el doctor Herbert M. Shelton, que es la autoridad respecto de la combinación de alimentos, insiste en que el valor potencial de la fruta solo puede realizarse si se la consume con el estómago vacío. Si persistentemente habéis consumido fruta de manera inadecuada, sin haberos sentido mal, eso no quiere decir que no hayáis violado una ley de la dietética; no hace más que demostrar la tremenda adaptabilidad de nuestro cuerpo. Uno puede arreglárselas para no pagar los impuestos, con aparente éxito, pero eso no significa que no haya infringido la ley. En última instancia, Hacienda está cada vez más cerca, y ya lo atrapará. Y un desprecio prolongado del principio del correcto consumo de fruta terminará por cobrarse lo suyo.

 

Muchas personas consumen incorrectamente el melón, y después le echan la culpa de lo mal que se sienten.

 

-Fíjate que no puedo comer melón -dicen-. Cada vez que lo pruebo, me repite toda la noche.

 

Entonces, ¿que ha sucedido? Pues, que se comieron un trozo de melón después de un sándwich o de alguna otra cosa, y en vez de pasar rápidamente a los intestinos, el melón se quedó detenido en el estómago. Allí fermentó, y la víctima lo repitió toda la noche. Y le echó la culpa al melón, en tanto que si se lo hubiera comido primero, y después hubiera dejado pasar unos veinte minutos, el melón habría salido intacto del estomago, después habría entrado el resto de la comida y no habría habido ningún problema. Lo que aquí ofrecemos al lector es una información muy simple, de la cual la mayoría de la gente jamás ha oído hablar siquiera. Fisiológicamente, la fruta atraviesa rápidamente el aparato digestivo, sin el enorme gasto de energía que en otros alimentos. Por eso digo sin la menor vacilación que LA FRUTA ES EL MÁS IMPORTANTE DE LOS ALIMENTOS QUE PODEMOS COMER. Y esto es válido para todas las frutas, incluso las ácidas, como las naranjas, piñas y pomelos. La clasificación de estas como frutas ácidas es solamente botánica Una vez en el interior del cuerpo, cualquier fruta se vuelve alcalina, si se la consume correctamente. De hecho, tanto la fruta como las verduras tienen la peculiar propiedad de neutralizar los ácidos que se forman en nuestro organismo. Las combinaciones inadecuadas de alimentos, una cantidad insuficiente de alimentos con alto contenido de agua, los derivados de muchos alimentos concentrados, los aditivos, la contaminación del aire y del agua, el estrés... todas estas cosas, y muchas más, hacen que nuestro organismo se intoxique y se acidifique. Un exceso de ácidos tóxicos se reconoce porque hay edema, exceso de peso, celulitis, canas, calvicie, estallidos de nervios, ojeras y arrugas faciales prematuras. Las úlceras son un resultado directo del ácido corrosivo en el sistema. La fruta, si se la consume adecuadamente, tiene la maravillosa capacidad rejuvenecedora de contrarrestar la formación de ácidos. Cuando hayáis dominado por completo el principio del correcto consumo de fruta, estaréis sintonizados con uno de los secretos naturales que permiten alcanzar la belleza, la longevidad, y el feliz acuerdo de salud, energía y un peso normal.

 

Mejor que cualquier otro alimento, la fruta proporciona al cuerpo lo que este necesita para alcanzar el mayor nivel posible de salud. Aparte de su alto contenido acuoso, que limpia y depura, el hecho de que no deja residuos tóxicos en el sistema y que su digestión apenas si necesita gasto de energía, hace de ella el alimento más perfectamente equilibrado para aportar al cuerpo los requisitos esenciales para la vida. Las cinco sustancias vitales esenciales que debemos obtener de lo que comemos son la glucosa (el combustible, proveniente de los carbohidratos), los aminoácidos, los minerales, los ácidos grasos y las vitaminas. La primera prioridad de cualquier alimento, la más importante, es su valor de combustible. Sin combustible, el cuerpo no puede existir. El valor de combustible debe ser siempre el factor decisivo en la determinación del valor de cualquier alimento. El porcentaje ideal de cada uno de los integrantes esenciales de los alimentos es el siguiente:

                                   Glucosa                       90 %

                                   Aminoácidos                 4-5 %

                                   Minerales                     3-4 %

                                   Ácidos grasos               1%

                                   Vitaminas                menos de 1%

 

Estas proporciones representan lo que sería la composición ideal de los alimentos, en función de las necesidades del cuerpo, y sobre el planeta no hay más que un alimento que satisfaga perfectamente esos requisitos: es la fruta. Esto respaldaría el hallazgo del doctor Alan Walker: que durante millones de años, los seres humanos fueron estrictamente frugívoros. Antes de que nuestra especie, movida por influencias externas, empezara a andar por mal camino, nosotros -como todos los demás animales en condiciones naturales- comíamos instintivamente lo que con más eficiencia nos aseguraba la satisfacción de nuestras exigencias vitales, que en nuestro caso era la FRUTA.

 

Hay dos consideraciones que son importantísimas para quien quiera asegurarse de que está haciendo un correcto consumo de fruta. La primera se refiere al tipo de fruta o zumo de fruta que se ha de consumir, y que es uno solo: FRESCA. Se trata de una condición sobre la cual jamás se insistirá demasiado. No se obtiene beneficio alguno de comer fruta que haya sido procesada o alterada de cualquier manera por el calor. Su consumo puede ir, en cambio, en detrimento del cuerpo, que solo es capaz de utilizar la fruta en su estado natural. Tanto las manzanas al horno como las frutas de lata, las salsas de fruta cocidas y los pasteles son dañinos, en cuanto no proporcionan al cuerpo sustancias que lo desintoxiquen ni que lo nutran, y producen en cambio toxinas y acidez; incluso es posible que lesionen las sensibles mucosas que recubren los órganos. Si obligan al cuerpo a usar su preciosa energía para neutralizar y expulsar su acidez. La verdad es que la fruta es por naturaleza un alimento delicado, y la cocción destruye su valor potencial.

 

Es indudable que en este aspecto la teoría de la macrobiótica (que desaconseja el consumo de fruta) discrepa del punto de vista de la higiene natural. Durante mis diez últimos años de práctica privada he tenido ocasión de asesorar a docenas de entusiastas de la macrobiótica, que acudían a mí porque no se sentían bien después de una prolongada adhesión a las prácticas macrobióticas. Pasadas varias semanas de dieta higiénica, todos ellos sintieron una mejoría en su estado general. Yo atribuyo la rapidez y facilidad de la mejoría al hecho de que contaban con la buena base previa de la macrobiótica, que está muy por encima de la dieta promedio de los norteamericanos, por más que su mala interpretación de los beneficios de la fruta (que para ellos no se ha de comer cruda) la coloque en situación de desventaja. Esta es una concepción errónea. Toda la fruta que se consuma debe ser fresca y cruda; de otra manera, se perderán los múltiples beneficios que aquí describimos. Lo mismo vale para el zumo de fruta: debe ser fresco. Si ha sido pasteurizado, como sucede con el zumo de naranjas que se prepara a partir de.concentrados, es puro ácido ya desde antes de que te lo bebas. Y beber un líquido que es puro ácido en nada ayuda a perder peso, todo lo contrario.

 

Quizás alguien pregunte por qué se han de beber zumos. ¿Acaso la fruta entera no es mejor? En realidad, sí. Una fruta entera siempre es mejor que una que haya sido fraccionada, pero, de hecho, a la gente le gusta beber algo. Y en vez de beber sustancias tóxicas y que crean hábito, como el café, el té, el alcohol, las gaseosas y la leche, sería más atinado tomar zumos de frutas o de verduras. Pero hay que tener cuidado de no engullírselos de un trago. Como en los zumos la fruta está fragmentada, se ha de beber en sorbos pequeños y dejar que se mezcle con la saliva antes de tragarla.

 

La fruta está repleta, rebosante de fuerzas vitales. Si se la utiliza correctamente, es de utilidad inmediata para el cuerpo. Por la desintoxicación y la pérdida de peso que ocasiona, lo mismo que por la energía que ahorra, no admite parangón con ningún otro alimento. Y destruir todos sus efectos benéficos por consumirla en mal momento o en forma indebida es, ni más ni menos, un delito contra nuestro cuerpo. ¿Quién podría hallar encanto en la Mona Lisa si estuviera cubierta de barro? ¿O apreciar la calidad de la grabación de una sonata de Mozart, escuchándola en un disco rayado? ¿Nos deleitaríamos en el aroma de una rosa que estuviera cubierta de basura? Si la consumimos de tal manera que se nos eche a perder en el organismo, nos estamos privando de los múltiples beneficios de la fruta.

 

La segunda consideración se refiere al tiempo que debe transcurrir desde que se ha comido cualquier otro alimento, antes de comer fruta. Mientras el estómago esté vacío, se puede comer toda la fruta que uno quiera y durante un período tan largo como se quiera, siempre que se dejen pasar entre veinte y treinta minutos antes de comer cualquier otra cosa. Así se dejará el margen de tiempo necesario para que la fruta o el zumo haya salido del estómago. El zumo (y algunas frutas) necesita menos, pero para más seguridad es mejor conceder entre veinte y treinta minutos. Los plátanos, los dátiles y las frutas secas necesitan de cuarenta y cinco minutos a una hora Una vez que se ha comido cualquier otra cosa que no sea fruta, se ha de esperar por lo menos tres horas. Si se ha comido cualquier tipo de carne, por lo menos cuatro horas Y esto se refiere solamente a alimentos consumidos de acuerdo con los principios de la combinación adecuada. En caso de haber comido una comida mal combinada, los alimentos permanecerán, probablemente, unas ocho horas en el estómago. Por consiguiente, durante todo ese tiempo no se debe consumir ninguna fruta ni zumo de fruta.

 

CUÁNTO SE HA DE ESPERAR PARA VOLVER A COMER FRUTA DESPUÉS DE HABER CONSUMIDO OTROS ALIMENTOS

 

                        Alimento                                              Tiempo de espera

 

Ensalada o verduras crudas                                          2 horas

Comida bien combinada, sin carne                                3 horas

Comida bien combinada, con carne                               4 horas

Cualquier comida mal combinada                                  8 horas

 

La fruta desempeña un papel importantísimo en la antidieta. No vamos a decir nada estrafalario, como que las enzimas de ciertas frutas queman las grasas, para que ningún lector sienta que puede comer en exceso cualquier cosa que se le ocurra, y después deshacerse de ella quemándola con cantidades irracionales de fruta Eso no solo sería irresponsable, sino también absurdo desde el punto de vista fisiológico. Una de las principales funciones que desempeña la fruta en la antidieta es la de procurar un descanso al aparato digestivo, con lo cual se libera energía que puede ser utilizada para la desintoxicación, la reparación y la pérdida de peso.

 

Es obvio que la adecuada combinación de los alimentos y el consumo correcto de fruta tienen muchísimo que ver no solamente con lo que se come, sino también con cuando se lo come.

 

Si alguien preguntara a mis lectores cuál les parece el peor momento del día para comer, quien sabe que responderían. Probablemente a la noche, antes de acostarse; como creen muchas personas. Aunque comer inmediatamente antes de irse a dormir es hábito espantoso, hay otro momento del día que es aún más contraproducente y destructivo para comer. Y ese momento es la mañana cuando nos despertamos. ¿Que? Si ya me parece oir los gritos de incredulidad.

 

-Pero, ¿cuántas veces nos han dicho que se ha de tomar un desayuno sustancioso para tener energía?

 

Sí, ¿cuantas veces? En los Estados Unidos, la pausa para el café es una institución típica La gente se toma un desayuno enorme y sustancioso (para tener energía), y el cuerpo se cansa tanto con el trabajo de digerirlo que la gente necesita algo que la levante porque es la única manera de llegar a la hora del almuerzo sin quedarse dormida Ya sé que esto es un golpe tremendo para uno de nuestros sistemas de creencias más condicionantes y más profundamente arraigados.

 

Ruego al lector que por un momento intente olvidarse de todo lo que creía saber acerca del desayuno. Durante un momento, intente olvidar todos los consejos de médicos, dietistas y otros expertos en nutrición. Durante un momento, confíe únicamente en su propio sentido común para que le diga si el desayuno tiene una influencia positiva o negativa sobre su peso.

 

Recordemos que LA ENERGÍA ES LA ESENCIA DE LA VIDA. Cuando nos despertamos por la mañana, estamos descansados y en el punto culminante de nuestro nivel de energía para el día, siempre que el organismo no se haya pasado la noche luchando con un sandwich de medianoche o una comida mal combinada. ¿En qué vamos a gastar ese excedente matinal de energía? ¿En un desayuno sustancioso? Ya sabemos que la digestión exige una enorme cantidad de energía. Un desayuno sustancioso, que generalmente es una bofetada en la cara de los principios de la adecuada combinación de alimentos, no puede aportar energía, porque LA CONSUME. ¿De qué otra manera se podrá digerir el alimento, si no fuera gastando energía? La mayor parte de los desayunos tradicionales de tostadas con huevos, o cereales con leche, o jamón con patatas, están mal combinados y obligan a que el cuerpo se pase horas gastando energía. Los alimentos adecuadamente combinados pasan tres o más horas solamente en el estómago, y mientras no han sido absorbidos en los intestinos, no pueden ni aún empezar a generar energía. Desde un punto de vista estrictamente energético, ¿qué sentido tiene desayunarse cuando uno se despierta a la mañana? Si te saltas el desayuno, no solamente no te desmayarás por falta de alimentos (ya que el cuerpo todavía está usando lo que consumió el día anterior), sino que estarás mucho más alerta y activo.

 

La palabra desayuno quiere decir precisamente dejar de ayunar. Originariamente, se la usaba para designar la comida con que se rompía un ayuno. Pero un ayuno es una abstención de alimentos durante un tiempo prolongado, no durante una noche que pasas durmiendo.

 

Un aspecto importante de la antidieta es el siguiente:

 

DESDE EL MOMENTO EN QUE TE DESPIERTES, A LA MAÑANA, HASTA EL MEDIODÍA POR LO MENOS, NO CONSUMAS OTRA COSA QUE FRUTA FRESCA Y ZUMO DE FRUTA. Come o bebe todo lo que quieras, sin imponerte limitaciones. Si lo deseas, cómelo; pero escucha la voz de tu cuerpo: ¡evita el exceso! Si no comes nada más que fruta y zumo de fruta, con ella podrás generar, en vez de consumir, buena parte de la energía necesaria para el día. La digestión de la fruta requiere poca energía, porque no se realiza en el estómago.

 

Si está bien masticada, no necesita más digestión.

 

Es en los intestinos donde se absorben todas las sustancias nutritivas Como la fruta se encamina a los intestinos en cuestión de minutos y no de horas, las sustancias nutritivas que contiene son inmediatamente absorbidas y utilizadas por el cuerpo. Al comer fruta nos regalamos un día más productivo y lleno de energía, porque en vez de dilapidarla, la hemos conservado. Mis lectores se quedarán atónitos ante el efecto espectacular que esta manera de comer puede tener sobre su vida, una vez que se hayan adaptado a CONSUMIR SÓLO FRUTA Y ZUMOS DE FRUTA HASTA MEDIODÍA. Después de haber experimentado sus beneficios, no entenderán cómo alguna vez pudieron empezar el día comiendo algo pesado. Un desayuno pesado significa un día pesado. Un desayuno ligero asegura un día vibrante y ligero. Se puede comer tanta fruta como se quiera durante la mañana, hasta unos veinte o treinta minutos antes de comer cualquier otra cosa. Una vez que se ha consumido otro tipo de alimentos, deben pasar tres horas -por lo menos- antes de que se vuelva a comer nada. Insisto: escuchen al cuerpo. Cuando el estómago está vacío, se puede comer más fruta.

 

Miles de personas, después de asistir a mis seminarios, han dejado de ingerir comidas pesadas de mañana y se han limitado a las frutas y los zumos de frutas, y han conseguido cambios increíbles. Muchas vienen a decirme:

 

Fíjese que la primera vez que oí hablar de esto yo no podía pasarme sin un gran desayuno, pero quería probar lo que usted decía, pensando que, en todo caso, después acabaría mi desayuno.

 

Pero no lo hicieron, porque no pudieron volver a un desayuno más pesado. Quien quiera saber cómo se siente uno cuando se ha tragado un yunque, no tiene más que comer exclusivamente fruta por las mañanas durante unos diez días, y después tratar de volver a iniciar el día con una comida más pesada. Simplemente no podrá. Sí, quizá lo haga en alguna ocasión, y eso no tiene importancia. Por que ocasionalmente es una cosa, pero todos los días es algo completamente diferente.

 

El consumo exclusivo de fruta y zumo de fruta por la mañana es el núcleo mismo de la antidieta. Lo interesante es que muchas personas me han dicho que, aunque no se adhieren exactamente al programa durante todo el tiempo, lo que hacen de manera más constante es respetar el consumo exclusivo de fruta y zumos de fruta hasta el mediodía, porque con eso sólo ya consiguen enormes beneficios. Éste es, incuestionablemente, el principal factor de éxito de la antidieta. El lector que se proponga empezar solamente con un principio, que escoja éste: EXCLUSIVAMENTE FRUTA POR LAS MAÑANAS.

 

Hay gente que cree que consumir mucha fruta y muchos zumos engorda; la única forma en que la fruta puede provocar alguna manifestación negativa es cuando se la altera mediante el calor o se la combina mal, es decir, cuando se la consume con cualquier otro alimento o inmediatamente después. CUANDO SE LA COME CON EL ESTÓMAGO VACÍO, LA FRUTA FRESCA NO PUEDE TENER MÁS QUE EFECTOS POSITIVOS; ACELERA LA PÉRDIDA DE PESO. Cuando decimos a la gente que puede comer libremente más fruta de lo que es habitual, y acostumbrarse a ello, hay quienes expresan su preocupación de estar tomando un exceso de calorías.

 

Las calorías son nuestras enemigas solamente si se las consume como parte de comidas excesivamente procesadas o mal combinadas. Las calorías de alta calidad, las que se encuentran en los alimentos de alto contenido acuoso no se sumarán a nuestro problema de peso, sino que nos suministrarán la energía necesaria para liberarnos de él.

 

Para mí, eso de contar calorías ha sido siempre aburridísimo, una manera deprimente de establecer lo que se ha de comer. Por eso pido a la gente que se olvide de las calorías y consuma alimentos de alta calidad. El cálculo de calorías es una manera muy anticuada e ineficaz de controlar el peso, que parece viable en teoría, como la opinión de que el Sol describe su órbita alrededor de la Tierra. Calcular las calorías no es un patrón realista para medir nuestro progreso. Por eso, por más diligentemente que las cuenten, hay tantos partidarios de este método que no alcanzan los resultados buscados.

 

Recuerdo que una vez fui a desayunar a un simpático restaurante de Palm Springs, un establecimiento que se enorgullecía de especificar en el menú el número de calorías de cada cosa que servían. Pues aquí va un ejemplo de la inutilidad práctica de contar las calorías. Escogí de la lista dos desayunos posibles, compuestos ambos de tres artículos cada uno. Uno era de 220 calorías, el otro de 190. Pues bien, para quien actuara movido por la falsa noción de que una caloría es siempre una caloría, y de que en una comida hay que consumir tan pocas como sea posible, la opción habría sido el desayuno de 190 calorías. Pero yo, entendiendo como entiendo los principios de la higiene natural, pedí sin vacilar el de 220. Es una locura pensar que una caloría que se encuentra en un alimento desnaturalizado, desvitalizado y procesado a muerte es lo mismo que una caloría en un simple alimento fresco y sin adulterar. Todos los coches son coches también, pero ¿quién preferiría tener uno viejo, abollado y sin frenos, que apenas si anda, a un Rolls Royce nuevo y brillante? Los dos son coches, pero uno puede poner en peligro tu vida. Mientras que el otro estaría a tu servicio. Lo mismo pasa con las calorías. Las hay que pueden agregar peso al cuerpo, y las hay que pueden proporcionarnos la energía necesaria para perder peso. Todo lo que tenga que ver con calorías es un caso clásico en que la calidad importa mucho más que la cantidad.

 

El desayuno de 190 calorías era un tazón de avena, una tostada y una porción de queso crema. El de 220 incluía un vaso de zumo de naranja bien exprimido, una tajada de melón maduro y un tazón de fresas frescas. Ahora que mis lectores entienden claramente la gran importancia de consumir alimentos de alto contenido acuoso y adecuadamente combinados advertirán, estoy seguro, por qué opté por el desayuno de 220 calorías. El de 190 calorías estaba constituido por tres artículos desprovistos de agua. Era una proteína (el queso crema) y dos carbohidratos (la avena y el pan). Se me habría quedado asentado en el estómago durante seis u ocho horas, privándome de preciosas energías, sin nutrirme y dejando gran cantidad de residuos tóxicos que dañarían a mi organismo. No me habría ayudado para nada en mi empeño de perder peso: me lo habría agregado. El menú de 220 calorías era, todo, de alto contenido acuoso. No produciría putrefacción ni fermentación, y consiguientemente, ningún trastorno en mi organismo. En menos de media hora ya había salido del estómago y estaba proporcionándome efectivamente verdadera energía en el término de una hora. En vez de alterar el ciclo de eliminación e impedir así que el cuerpo se depurara de desechos, lo ayudó.

 

Cualquiera que piense que este programa obtiene éxito porque aporta menos calorías que una dieta común ha entendido todo al revés. Con solo disminuir la ingestión de calorías no se logrará la pérdida de peso deseada, si las calorías consumidas provienen de alimentos desnaturalizados, mal combinados, tóxicos y obstructivos. Por eso este programa ha tenido tal éxito con tantas personas, muchas de las cuales solían contar religiosamente las calorías: porque es un cambio de estilo de vida que no tiene nada que ver con la estadística de las calorías.

 

El razonamiento que fundamenta la prescripción de no comer más que fruta por las mañanas se relaciona estrechamente con el funcionamiento eficiente de los ciclos corporales. Y éste es el mejor momento para volver a echar un vistazo a estos ciclos y ver exactamente por qué. Como lo que nos interesa para rebajar de peso es no bloquear el ciclo de eliminación destacaremos su importancia empezando por él.

 

Ciclo I - Eliminación (4 A.M.-Mediodía):

 

Ya hemos aprendido que la digestión de los alimentos convencionales consume más energía que cualquier otro proceso corporal. Sabemos también que la fruta es la que, para su digestión, requiere menos energía. De modo que es sumamente benéfico que EL ÚNICO ALIMENTO QUE SE CONSUMA DURANTE EL CICLO DE ELIMINACIÓN - si es que se consume alguno - SEA FRUTA O ZUMO DE FRUTA. Cualquier otra cosa detiene el proceso de eliminación, y los subproductos de los alimentos que deberían haber sido eliminados se agregan ahora a la carga tóxica del organismo y a los kilos indeseables que cargamos. Por eso el éxito de este programa (y nuestro éxito en cuanto a rebajar de peso) depende del consumo exclusivo de fruta y zumos de fruta hasta el mediodía. Una disminución de peso cómoda y segura depende de la eficacia del ciclo de eliminación, y si lo saboteamos, saboteamos nuestro éxito. NO COMER MAS QUE FRUTA Y NO BEBER MÁS QUE ZUMO DE FRUTA HASTA EL MEDlODÍA ES EL ASPECTO MÁS IMPORTANTE DE ESTE SISTEMA. (Incluso si continúas bebiendo café o tomando suplementos vitamínicos, no lo hagas durante el ciclo de eliminación, sino pasado el mediodía. Esto es esencial.)

 

Ciclo II - Apropiación (MEDIODIA - 8 P.M.):

 

Después de las doce entramos en el diario período de ingestión. Si tienes hambre, éste es el momento de comer pero hay que observar algunas reglas importantes. Recuerda que la digestión consume más energía que ninguna otra actividad. Se trata de comer una comida que no agote tus reservas de energía, por más que exija cierta energía digestiva. (Véase la escala energética, en pag 195). Esto significa adherirse al principio de la adecuada combinación de alimentos, para que el procesamiento de esa comida no exija mas que un mínimo de energía digestiva.

 

Ciclo III - Asimilación (8 P.M. - 4 A.M):

 

Una vez tomado el alimento, es hora de dejar que el cuerpo pueda extraer, absorber y utilizar las sustancias nutritivas que contiene. La absorción no puede producirse mientras el alimento no ha llegado a los intestinos. Una comida bien combinada saldrá del estómago en tres horas aproximadamente, lista para ser absorbida y asimilada Una comida mal combinada puede permanecer en el estómago entre ocho y doce horas, o más. Procura comer lo bastante temprano como para que el estómago ya esté vacío antes de que te acuestes. Una buena noche de descanso (que, tantas veces como te sea posible, se inicie bastante antes de medianoche) permitirá que tu cuerpo complete el ciclo de asimilación antes de volver a entrar en la fase de eliminación, sobre las cuatro de la mañana.

 

Ahora que ya cuentas con estas herramientas y sabes los pasos que te conducirán al éxito que buscas, antes de seguir adelante es importantísimo que hayas entendido muy claramente...

 

8

 

La teoría de la desintoxicación

 

En todo el libro hemos venido insistiendo sobre la importancia suma de la eliminación de residuos tóxicos del organismo con el fin de lograr, en forma permanente, una pérdida de peso. Para facilitar ese proceso hemos estructurado un estilo de vida que no solamente es efectivo, sino también fácil y cómodo de llevar.

 

La desintoxicación del organismo es el objetivo más importante de la antidieta. Puede ser que la desintoxicación no sea la fase más placentera del proceso, pero no por eso deja de ser necesaria. No queremos inducirte a creer que tenemos alguna fórmula milagrosa que, sin esfuerzo alguno y de la mañana a la noche puede convertirte en una persona esbelta, sana y feliz por el solo hecho de leer este libro. Tienes que hacer tu parte también. Mi experiencia de los últimos años me permite decir que aproximadamente el 10 por ciento de las personas que ponen en práctica esta información sienten inicialmente cierto grado de incomodidad. Hay ciertas molestias potenciales. a las que decididamente se puede restar importancia. Si la desintoxicación es demasiado rápida puede causar grandes molestias. Por eso, más de nueve años han estado dedicados a la experimentación y al perfeccionamiento de un estilo de vida que pueda reducir al mínimo posible esas incomodidades potenciales, y que de hecho así lo hace.

 

Se ha de tener presente que la acumulación de desechos tóxicos en el cuerpo puede haber ido produciéndose a lo largo de veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o más años, de modo que su eliminación no es cosa que pueda lograrse en un abrir y cerrar de ojos. Jamás insistiré lo suficiente en lo enormemente importante que es conseguir esta desintoxicación. Es absolutamente esencial que el organismo sea depurado para que la energía pueda ser liberada y usada para rebajar de peso. En tanto que siga habiendo desechos tóxicos en el sistema, gran parte de la energía de que este dispone será usada para eliminarlos. El éxito de cualquier programa de disminución de peso depende de esta limpieza. La desintoxicación es limpieza, ¡y es imperativa! Es la clave de todo lo demás.

 

Las incomodidades posibles dependen del grado de intoxicación del cuerpo. Las personas que lo tienen particularmente elevado, o que han tomado regularmente fármacos (recetados o no) corren más riesgo de experimentar molestias temporales que otras personas. La eliminación de residuos tóxicos puede ser efectivamente incómoda, pero es mejor soportar ahora algunas incomodidades menores que ver cómo más adelante todo se nos viene encima hasta el punto de llegar a incapacitarnos totalmente. Lo importante es que la dieta sea tal que pueda efectuar esta limpieza, pero no con tal rapidez que el proceso sea peligroso.

 

Por el contrario, se lo puede regular de tal manera que el individuo experimente la menor incomodidad posible. Eso es, precisamente, lo que se logra con los menús que sugerimos en la segunda parte del libro, y que en realidad no son simples menús, en cuanto se ha dedicado una cantidad de tiempo, esfuerzo, estudio y experimentación a perfeccionar la adecuada combinación de las variables para asegurar que la desintoxicación sea tan suave y cómoda como sea posible. El programa de la antidieta es, de hecho, un programa de desintoxicación.

 

¿Cuales son estas posibles incomodidades? La más frecuente es un abotagamiento inicial del sistema. Cuando uno empieza a aplicar el principio de comer más fruta con el estómago vacío, la capacidad limpiadora de la fruta removerá los residuos tóxicos acumulados, con lo que se provocará edema y formación de gases. Generalmente, esta reacción pasa en el término de cuarenta y ocho horas, y raras veces dura mas allá de las setenta y dos. Si esta hinchazón le hiciera a uno aumentar un kilo o un kilo y medio durante los primeros días, no hay nada de qué alarmarse; el cuerpo está preparándose para la tarea que le espera. También es posible que haya dolores de cabeza o dolores corporales, que uno se sienta súbitamente cansado o ansioso que aparezcan heces flojas o semilíquidas que mucha gente tiende a confundir con diarrea. Nada de esto ha de ser motivo de alarma ni de salir corriendo de casa a buscar algún antidiarréico. Créase o no, el efecto de esta reacción intestinal es positivo, no negativo. La acción limpiadora de la fruta desprende de las paredes intestinales la materia fecal impactada y la elimina así del sistema. Esta aparente diarrea, que no es tal, lo deja a uno sintiéndose ligero y renovado. Quizá sea incómoda, pero sirve a un propósito benéfico. Es imperativo que no se haga nada para detener este proceso de eliminación ni ningún otro. El cuerpo está deshaciéndose de residuos tóxicos. Tampoco hay que preocuparse por la deshidratación. Esta eliminación no lleva aparejados ni temperatura ni otros signos de enfermedad. Con la cantidad de fruta y verdura es decir, de alimentos de alto contenido acuoso que estás consumiendo no queda margen para la posibilidad de deshidratación. Detener la eliminación significaría mantener esos desechos en el organismo y asegurarse un problema de exceso de peso. Las heces semilíquidas rara vez duran más de un par de días. También es posible que en esta etapa se sientan náuseas, al removerse las toxinas que hay en el organismo.

 

Quizás se observe también una copiosa descarga mucosa por las fosas nasales, pero eso no es un resfriado. Simplemente, el cuerpo está expulsando el exceso de toxinas que se ha generado y acumulado en las membranas mucosas. Una de las formas clásicas que tiene el cuerpo de eliminar toxinas es lo que se suele llamar un resfriado. Cuando las mucosas están sobrecargadas con más mucus de lo que puede tolerar el cuerpo, sin que se lo vaya eliminando con la rapidez necesaria, los mecanismos de defensa del organismo entran en acción para expulsarlo por la garganta y la nariz. Si cogemos un vaso y empezamos a echarle agua sin parar, finalmente se derramará. Lo mismo sucede con el cuerpo; si hay en él más mucosidades de las que puede albergar, se derramarán.

 

Hay trastornos digestivos, que van desde gases y flatulencia a dolores crónicos de mayor gravedad o colitis, que son un problema grave en nuestra civilización. Uno de los principales beneficios de comer de la manera que enseñamos en este libro es que esos problemas comenzarán a desaparecer. La adecuada combinación de alimentos y el correcto consumo de fruta serán los principales factores que contribuyan a aliviar esas dolencias. En ocasiones, la introducción de fruta, aunque se la coma de manera adecuada, causará gases y flatulencia. En la mayoría de los casos esta situación no se da, pero sé de algunas personas especialmente intoxicadas que durante dos o tres semanas la padecieron en alguna medida. Todo depende de cual sea el nivel de intoxicación del cuerpo. Sea como fuere, aunque si se da es una situación incómoda y fastidiosa, es positiva en cuanto es un signo de que se está eliminando la causa del problema.

 

Se ha de tener presente que en cualquier momento en que alteremos nuestros hábitos alimentarios, el cuerpo tiene que adaptarse al cambio, y que al hacerlo puede darnos una sensación inicial de malestar. Lo que hay que hacer es considerar cualquier incomodidad temporal como expresión del proceso de depuración y limpieza, y del retorno a la salud. Experimentarlo es ser testigo de la salud en acción. El cuerpo es poderoso y quiere salir adelante ahora que tiene la ocasión. Y esto puede suceder de muchas maneras diferentes. La reacción del cuerpo cuando de pronto tiene a su disposición un excedente de energía es tratar de eliminar lo antes posible mientras la energía dure, todo lo que sea de naturaleza tóxica Una vez que el organismo se da cuenta de que seguirá disponiendo regularmente de esa energía, comienza a regular la eliminación, y las incomodidades temporales desaparecen. Es importante recordar que no llegan a un 10% las personas que al iniciar la antidieta experimentan alguna incomodidad. En caso de que el lector sea una de ellas, le ruego que no cometa el error de renunciar a su nueva forma de comer para regresar a la antigua. De hacerlo así, sumirá a su organismo en un desconcierto tremendo. Tenga fe en la sabiduría, la inteligencia y la maravillosa capacidad de recuperación de su cuerpo, y agradezca que tiene la integridad y la capacidad de llevar adelante la limpieza. En caso de que cualquier incomodidad se prolongara algo más de unos días, para mayor tranquilidad y seguridad, consulte a su médico.

 

La eliminación total de toda toxicidad del cuerpo puede necesitar meses e incluso años, pero en pocos días estaremos perdiendo peso y nos sentiremos mucho más activos y vibrantes. El proceso de eliminación se mantiene generalmente sin más incomodidades ni manifestaciones externas. El exceso de peso desaparecerá, habrá un incremento de energía y todo irá mejorando poco a poco. El mayor error que puedes cometer, si te sientes un poco incómodo, es decir al diablo con todo y volver a los hábitos de antes. La incomodidad que sientes es un indicio de la falta que te hacía la desintoxicación, es un punto crítico que no se ha de desvirtuar. Una cosa es segura: tu cuerpo quiere depurarse de cualquier cosa que no contribuya a perpetuar tu salud. Cuando algo empieza a salir, ¡déjalo! Estarás mucho mejor si lo tienes fuera del cuerpo que dentro. Vale la pena volver a señalar que no todos sienten incomodidad. La mayoría de las personas no tienen el menor problema. Simplemente, sentimos que es nuestro deber prepararte para esa posibilidad. Si tú eres una de las muchas personas que no sienten incomodidades, ¡estupendo!. Si no, el estilo de vida que presentamos en las páginas siguientes, hará que el nivel de incomodidad sea el mínimo.

 

Puedes estar absolutamente seguro de que las pruebas que fundamentan esta manera de comer son muchas. Por ejemplo, como ya dijimos antes, en los Estados Unidos las dos principales causas de muerte son, por ese orden, las enfermedades cardíacas y el cáncer ¡y diariamente mueren de ellas unas cuatro mil personas! Las informaciones más recientes que nos llegan de la comunidad científica señalan que un incremento en el consumo de frutas y verduras puede disminuir la incidencia de ambos grupos de dolencias. En septiembre de 1982 dijeron los médicos del Instituto Nacional del Cancer: Cambiar la manera de comer podría significar alguna protección contra el cáncer. El primer requisito es reducir la grasa. El segundo, aumentar la cantidad de frutas y verduras. El Instituto Nacional del Cáncer ha hecho de la dieta su principal área de investigación en lo tocante a la prevención del cáncer. En septiembre de 1983, también la American Cancer Society expresó su convicción de que un mayor consumo de frutas y verduras puede disminuir significativamente el riesgo de que una persona contraiga el cáncer.

 

Como dijimos ya en el capítulo anterior, el doctor Castelli, de Harvard, considera que el riesgo de enfermedad cardíaca puede ser combatido con el consumo de frutas

 

Estoy seguro de que las frutas y verduras pueden contribuir a disminuir la incidencia de estos problemas, dada la eficacia de estos alimentos para la desintoxicación del cuerpo, que, además ayuda enormemente a rebajar de peso.

 

Recurrir a este sistema hará que el lector pierda peso y no lo recupere. Los únicos factores que podrían impedirle hacer estos sencillos cambios son determinados hábitos que puede tener. Uno de ellos es empezar el día con una comida pesada Otro, mezclar proteínas y carbohidratos. Otro, comer la fruta después de las comidas. Es muy importante que lleguemos a tener algunos hábitos nuevos. En inglés, un viejo dicho afirma que si no te libras de algunos de tus viejos hábitos, vas a terminar donde te lleven tus pasos. Y entre vosotros habrá algunos que no quieran terminar donde sus pasos los están llevando ahora. La manera más fácil de librarse de los viejos hábitos es, simplemente reemplazarlos por otros nuevos y mejores.

 

Eso es exactamente lo que ofrecemos aquí: un grupo de hábitos mejores, que los lectores pueden usar poco o mucho, como quieran. No es cuestión de hacer tanto que uno se sienta sometido a presión. Tomaos vuestro tiempo, pasadlo bien. Esto no es nada que hayais de convertir en una ordalía, Y TAMPOCO ES UNA DIETA. No es un programa al cual haya que adherirse al pie de la letra. Lo que os ofrecemos es, simplemente, una manera de respetar las limitaciones biológicas del cuerpo y sus ciclos. A partir de lo que dicen los expertos -que necesitamos comer más frutas y verduras- os hemos proporcionado una manera conveniente de hacer eso, precisamente. Hay una manera agradable de tener la vivencia de ese cuerpo vibrante y de buen porte que, como lo sabéis ya instintivamente, debe ser el vuestro.

 

Este sistema está preparado para que cada uno lo intente con el ritmo que escoja. Está presentado de manera que no cause problema alguno, ya sea que os valgáis de la información tanto o tan poco como se os ocurra. Habrá quien esté sumamente motivado, se adhiera estrictamente al programa y experimente con mayor rapidez que otro los resultados en cuya busca anda. Lo que nos gustaría que entendierais es que se trata de un programa para toda la vida, no para dos semanas o un mes. La información que se os ofrece esta pensada para que os sirva, para que la incorporéis definitivamente a vuestro estilo de vida, de manera que podáis empezar a experimentar el bienestar que os merecéis por el solo hecho de ser humanos.

 

Ya sabes que tu cuerpo es el regalo que te ha hecho la vida. Tu forma de agradecerlo es cuidar de él lo mejor que puedas; dale una oportunidad de funcionar a su más alto nivel sin el impedimento de los desechos tóxicos y el exceso de peso. Tu cuerpo quiere irradiar salud, no cargar con veinte kilos de más. Quiere tener la forma que tú sabes que es capaz de tener. Lo único que tú tienes que hacer es facilitar sus procesos naturales, y podrás empezar a sentir la alegría de tener un cuerpo del cual puedas enorgullecerte. Date el gusto de ver aparecer ese cuerpo esbelto que, como bien sabes, ha estado dentro de ti durante todo este tiempo.

 

Creo que todos podéis ver, por lo que hasta ahora habéis leído, que lo que os ofrezco no es un plan de emergencia para obtener resultados rápidos y temporales. Los principios que enuncio son para ser incorporados a vuestro estilo de vida. Lo que tenéis ahora no es un plan dietético para las horas de comer, sino un plan de vida para todas las horas. Tal vez alguien esté preguntándose si las cosas pueden ser tan simples, si lo único que hay que hacer es comer alimentos con alto contenido de agua, combinarlos adecuadamente y comer correctamente la fruta, y si con sólo eso basta Pues, sí ¡sí basta! Lo más maravilloso de todo es que es así de simple. La antidieta no es para nada restrictiva; uno conoce los principios y se adhiere a ellos lo mejor que puede, sin miedo de equivocarse. No hay equivocación posible. Simplemente, haces todo lo que puedes y cuando puedes. Mientras hagas algo que está bien, obtendrás alguna recompensa. Tienes todo el resto de tu vida; no te pongas bajo presión. Si los principios te parecen sensatos y estás dispuesto a probarlos, ya está bien. Te hemos dado unos instrumentos para que los uses cuando quieras; eso depende de ti. Como el maestro tallista que puede ir a cualquier parte del mundo y practicar su oficio si tiene consigo sus buriles, TU PUEDES USAR LOS INSTRUMENTOS DE LA ANTIDIETA DONDEQUIERA QUE ESTÉS, SEA LO QUE FUERE LO QUE ESTÁS HACIENDO, Y EN CUALESQUIERA CIRCUNSTANCIAS. Se acabó la época de complicarte la vida. Nada de echar llave al refrigerador, tomar píldoras, contar calorías ni sobrevivir con porciones mínimas. Esto, en cambio, es una liberación.

 

Puedes comer, y comer bien, y disfrutar de tu comida. Ya no necesitas imponerte otra de esas penosas pruebas de quince días o un mes, tan frustrantes como contraproducentes y cuyos únicos resultados eran temporales. Ahora tienes un método realista y para toda la vida; literalmente, puedes vivir con el!

 

Ahora que hemos terminado con los principios, quedan dos aspectos del consumo de alimentos que exigen atención a causa de su importante influencia sobre el éxito de los intentos de controlar el peso y estimular un buen estado energético. El primero de ellos es...

 

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