Maestría en Gerencia de Finanzas y Negocios
Planificación (Prof. Leonor Dillon)

 

Trabajo 1: Visión Mundial Globalizada: la Internacionalización de la Economía y el Aporte de la Función Planificación

1. ¿Qué es la Globalización?

La globalización es un fenómeno de carácter internacional: su acción consiste principalmente en lograr una penetración mundial de capitales (financieros, comerciales e industriales), ha permitido que la economía mundial (mecanismos que la integran: el comercio la producción, y las finanzas) moderna abra espacios de integración activa que intensifiquen la vida económica mundial y Surge como consecuencia de la internacionalización cada vez más acentuada de los procesos económicos, los conflictos sociales y los fenómenos político-culturales.

La globalización es un concepto que pretende describir la realidad inmediata como una sociedad planetaria, más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio-económicas o culturales, o sea un intento de hacer un mundo que no esté fraccionado, sino generalizado, en el que la mayor parte de las cosas sean iguales o signifiquen lo mismo

El término implica que una sociedad cohesiva y aislada y una economía doméstica ya no se sostienen y que debemos integrarnos a una economía y a una sociedad que son verdaderamente globales y que existe una dependencia de la vida cotidiana de fuerzas, que también son globales. De allí se pasa a aseveraciones, a juicios, que la transformación cualitativa del capitalismo desarrolló en nuevas relaciones de interdependencia más allá de los estados nacionales. El concepto devino en situaciones de mito, de imágenes invertidas de la realidad y se afirmó en las políticas de los estados justificando las más impopulares, durante toda la década de los noventa, e independientemente de cuáles fueran sus voceros.

 

 

2. El Lenguaje de la Globalización

El lenguaje de la globalización se merece una atención especial. Para empezar, la palabra "globalización" es en sí un término vacío de concepto y precisión en su uso cotidiano: es un simple catálogo de todo lo que pueda sonar a novedad, digamos desde 1970, ya sean los avances en la tecnología de la información, el uso generalizado del transporte, la especulación financiera, el creciente flujo internacional del capital, la disneyficación de la cultura, el comercio masivo, el calentamiento global, la ingeniería genética, el poder de las empresas multinacionales, la nueva división y movilidad internacional del trabajo, la merma del poder de los estados nación o el postmodernismo. El tema va más allá del simple uso indebido de las palabras: intelectualmente, la ambigüedad en la utilización del término empaña cualquier intento de distinguir la causa del efecto, a la hora de analizar lo que se está haciendo, el porqué se está haciendo, quién lo está haciendo, a quién se lo está haciendo, y sus consecuencias.

Políticamente, el mistificado y ambiguo uso del término permite su conversión en algo con vida propia, convirtiéndolo en una fuerza, un fetiche con una existencia independiente, ajena a la voluntad de los seres humanos, irresistible e inexorable. La falta de precisión en su uso también menoscaba otros elementos del debate de la globalización, con consecuencias tanto analíticas como políticas.

A propósito del concepto de la globalización en sí, se debe reiterar que la globalización no es ninguna novedad, sino una particular suerte de capitalismo, una expansión de las relaciones capitalistas tanto en extensión (geográfica) como en calado (penetrando cada vez en más aspectos de la vida humana). Pero existen dos aspectos dispares en el desarrollo de las relaciones capitalistas desde 1970 que a menudo se meten en el mismo saco bajo la rúbrica de la globalización, cuando resulta crucial, tanto para el análisis como para la estrategia política, disociar los avances tecnológicos de la concentración global del poder económico, y, al mismo tiempo, estudiar el modo en que su conjunción ha transformado las relaciones de clase.

El vínculo entre los avances tecnológicos y la concentración del poder económico no es algo irremisible. La computarización, la agilización de las comunicaciones, merced a los avances en la tecnología de la información, la capacidad de ejercer e irradiar el control desde un centro a los cinco continentes, la creciente rapidez y eficacia del transporte (tanto de personas como de bienes), las facilidades de flexibilidad de la producción, y la automatización de las tareas rutinarias son de facto esenciales para el aumento sustancial de la concentración del poder económico del que hoy somos testigo. Pero dichos avances tecnológicos se podrían utilizar de diversos otros modos (aunque es posible que, de crearse para otros fines, cabe que dieran resultados bien distintos). Los avances en la tecnología podrían traducirse en que la misma cantidad de bienes útiles y servicios se pudieran producir con un menor esfuerzo o que, con el mismo esfuerzo, se pudiera producir más. En cualquiera de los casos, todos saldríamos ganando, ya que o bien trabajaríamos menos, o bien tendríamos más. Éste no es el modo en el que discurren las cosas, y no precisamente porque la tecnología no se preste a otros fines, sino porque está gobernada y bien atada por aquellos que detentan el poder para incrementar y concentrar su poder. Se ha utilizado para trastrocar el equilibrio del poder entre las clases. Este es el hecho al que se ha de prestar atención y no a la tecnología en sí.

Del mismo modo, las frecuentes referencias al reducido o disipado poder de los estados nación para controlar la globalización merecen cierta claridad conceptual y lingüística. El mito de la incapacidad del estado para la actuación mediatizar el análisis inteligente de lo que actualmente acontece. La importancia de la actuación del estado en el funcionamiento del sistema capitalista del mundo industrializado va en aumento, no en declive, conforme el sistema se va propagando universalmente. Si los estados no controlan el movimiento del capital y los bienes, no es porque no puedan hacerlo sino porque no les conviene -- es una abdicación del poder del estado y no la ausencia de tal poder.

Es más, un importante factor de fetichización a menudo se apodera de la mismísima utilización del término "estado", con una determinada inclinación política. Podría denominarse "la falacia del estado homogéneo" y aparece en formulaciones tales como las que aluden al "estado competitivo" (o, en mi propio campo, el constante llamamiento a la "competitividad entre las ciudades") o entre los beneficios, o al perjuicio de los "estados" del Norte o del Sur. Los estados y las ciudades están internamente divididos; lo que es bueno para un grupo, clase o demás intereses implicados en un estado o ciudad pueden tener influencias diversas en los demás. Los gobiernos tienen, de hecho, un cierto grado de autonomía y, en este delimitado sentido, se puede hablar de los estados o las ciudades como actores con sus respectivos intereses, más concretamente, los de sus dirigentes políticos y su burocracia -- o más generalmente, los del régimen vigente; pero es más cierto aún que los gobiernos responden a múltiples intereses y que los intereses particulares normalmente predominan en el programa de actuación de la mayoría de ellos. El discurso del "interés nacional" a menudo sirve para velar muy determinados intereses; hablar de los estados como si representaran a toda la ciudadanía sólo enturbia la realidad.

La división primordial no se da entre los estados, sino entre las clases; la homogeneidad no se da dentro de los estados, sino dentro de las clases.

Otras expresiones del lenguaje en el debate de la globalización, pese a provenir de sus proponentes, normalmente se introducen en la jerga de mano de los propios críticos y solapa la realidad de lo que está ocurriendo. El "capital humano", por ejemplo, es un tortuoso revoltijo de significados: hablar de "aptitudes laborales", lo pone en su debido contexto. La "gobernabilidad" es un eufemismo para el menoscabo del gobierno y debiera considerarse como tal. La "inversión" puede significar la expansión de la capacidad productiva o, simplemente, la mera especulación. Los mercados "libres", al igual que la educación pública, no están exentos de costes; el término real es el de "mercados privados", que sirven para limitar, más que para expandir, la mayoría de los conceptos de la libertad humana. La "reforma", faltaría más, significa la privatización en su uso mediático. La indiscriminada utilización del término "servicios del productor", despoja al término "productor" de todo su significado social. El material impreso no debiera ser catalogado como un "servicio del productor", dado que los impresores son trabajadores que manejan máquinas, no "proveedores de servicios", y tampoco los corredores de bolsa debieran ser denominados productores, si es que queremos que el término conserve algún sentido real.

Éstas no son cuestiones terminológicas. Aún no se ha alcanzado el consenso entre los diversos grupos que intentan hacer frente a los males derivados de la auténtica globalización.

 

3. Globalización, Desarrollo y Modernidad

Para referirme a la globalización, el desarrollo y la modernidad desarrollaré tres preguntas claves. La primera: ¿cuál es el estado del desarrollo y de la modernidad en tiempos de globalización? El argumento básico es que es necesario construir una nueva forma de pensar sobre el desarrollo y la modernidad y, por tanto, la planificación, desde la perspectiva de un nuevo paradigma de la globalización. El resultado esperado es la posibilidad de la construcción de mundos socio-naturales diferentes que mantengan una conciencia de la globalidad sin ser desarrollistas ni modernizantes.

La segunda: ¿en qué medida transforman los movimientos sociales -particularmente aquellos contra la globalización- las relaciones entre globalización, desarrollo y modernidad? Muchos de los movimientos sociales de hoy en día poseen una dimensión antiglobalizadora; éstos se conectan formando redes autoorganizativas las cuales pueden llegar a crear globalidades diferentes, otra forma de pensar lo global, lo que podemos llamar glocalidades —concepto que introduzco y explicaré poco a poco—, que podrían promover la construcción de mundos socionaturales alternativos. La idea de mundo socionatural local o regional, es una idea que parece muy apta para introducir el componente ecológico que en el desarrollo siempre fue dejado de lado. El resultado esperado de esta segunda pregunta es una perspectiva de los movimientos sociales como espacios de producción de conocimiento y de lucha por la defensa y transformación de lugar. ¿Por qué se enfatiza en los movimientos sociales como espacios de producción de conocimiento? Porque una lectura de los movimientos sociales de hoy en día es, precisamente, que los movimientos sociales se han visto abocados a crear su propio conocimiento (posiblemente siempre lo han hecho) en una forma mucho más consciente. ¿Y cómo lo están creando? Es un pregunta etnográfica muy interesante, de investigación de campo y seguirle la pista a los activistas y que sugiere que tenemos que romper esa barrera que antes, supuestamente, existía, por un lado, entre los académicos y los intelectuales como productores de conocimiento, y por el otro, los activistas como usuarios de conocimiento. Los activistas producen su propio conocimiento, recrean el nuestro —si queremos vernos por fuera de los movimientos sociales—. El conocimiento de los movimientos sociales se convierte para los académicos y los intelectuales en materia de estudio y de construcción de conocimiento solidarios como movimientos sociales.

La tercera es más bien metodológica, sobre todo para los antropólogos: ¿cómo realizar la etnografía del lugar y de las redes de los movimientos sociales contra la globalización? Esto porque una etnografía de la producción de lugar-en-redes es necesaria para contrarrestar la idea de que la globalización convierte al lugar en un espacio marginal para la producción de la realidad socionatural. Lo que se quiere es reconocer el lugar como espacio transformador de lo global, al unirse en lo global con otros movimientos de defensa del lugar.

Los conceptos aquí expuestos salen de un proceso de interacción entre el pensamiento teórico y el pensamiento de los movimientos sociales. Pero antes de abordar las tres preguntas es importante hacer unas anotaciones teóricas sobre la modernidad y el desarrollo.

Uno: la modernidad

¿Qué es la modernidad? La modernidad es un período histórico que aparece, especialmente, en el norte de Europa, al final del siglo XVII y se cristaliza al final del siglo XVIII. Conlleva todas las connotaciones de la era de la ilustración, que está caracterizada por instituciones como el Estado-nación, y los aparatos administrativos modernos. Tiene, por lo menos, dos rasgos fundamentales que todos los teóricos enfatizan. La modernidad es ese primer momento en la historia donde el conocimiento teórico, el conocimiento experto se retroalimenta sobre la sociedad para transformar, tanto a la sociedad como al conocimiento. Eso con la era de la información ha llegado a un nivel supersofisticado. Las sociedades modernas, distinguiéndolas de las tradicionales, son aquellas sociedades que están constituidas y construidas, esencialmente, a partir de conocimiento teórico o conocimiento experto.

Para dar un ejemplo, la diferencia estereotipada entre sociedad tradicional y sociedad moderna. En la sociedad tradicional, —un grupo étnico en el Amazonas hace 30 o 40 años—, las normas que rigen la vida diaria son generadas endógenamente a través de relaciones cara a cara, en el día a día, históricamente. En las sociedades modernas las normas que rigen la vida cotidiana, que determinan cómo significamos, cómo interpretamos, cómo vivimos nuestra vida, no están producidas a ese nivel de la relación cara a cara, sino que están producidas por mecanismos expertos, impersonales, que parten del conocimiento experto en relación con el Estado.

La segunda característica de la modernidad que se enfatiza es la descontextualización, que es el despegar, arrancar la vida local de su contexto, y que la vida local cada vez es más producida por lo translocal. Por eso muchos movimientos sociales hablan de resituar la vida local en el lugar. La globalización no es una etapa nueva, distinta a la modernidad; no hay posmodernidad, eso son invenciones de algunos filósofos, que estamos todavía dentro de la modernidad, que la globalización simplemente es una radicalización y universalización de la modernidad, cuando la modernidad ya no es solamente un asunto de los países modernos occidentales europeos, sino que, precisamente, la globalización ocurre cuando la modernidad logra universalizarse, globalizarse.

La globalización conlleva la radicalización de la modernidad. De ahora en adelante nos enfrentamos a un cierto tipo de modernidad para siempre, y en todas partes, tal como lo plantea la posición liberal progresista o la tercera vía, con teóricos como Giddens, Touraine, Castells, Habermas (con diferentes implicaciones sobre como “completar” el proyecto moderno para cada uno de estos pensadores, sin embargo).

No hay un “afuera” con respecto a la modernidad. La modernidad debe ser transformada o completamente reconstruida desde adentro. Esta es la posición marxista contemporánea con teóricos como Hardt, Negri.

Dos: el desarrollo

Ha habido cuatro grandes momentos teóricos en la historia del desarrollo, desde 1950 hasta el momento. El primer gran momento es la teoría de la modernización convencional, con etapas de desarrollo y diversos para alcanzarlo, donde se asume que el tercer mundo tiene que convertirse como el primer mundo, pues ahí estaban los modelos. La cosa era muy fácil, es un momento de certeza, entre los años 50, 60 y 70.

El segundo, es el que marca la etapa de la teoría de la dependencia como crítica de la modernización, no del desarrollo, según la cual el subdesarrollo está causado precisamente por las relaciones de vinculación de los países del tercer mundo con la economía mundial, y lo que hay que cambiar son esas relaciones de vinculación y las relaciones internas de explotación. La teoría de la dependencia cuestionó el desarrollo capitalista pero no el desarrollo, y postuló un desarrollo socialista, o desarrollo con equidad.

El tercer momento es la crítica posestructuralista y el cuarto momento es una reacción al análisis posestructuralista. En el momento posestructuralista el desarrollo viene, como el nombre lo indica, de otra teoría social. La crítica al desarrollo como discurso proviene de otra teoría social –el posestructuralismo—diferente a la teoría liberal y al marxismo.

Finalmente, criterios para el cambio. La teoría liberal adopta como criterios para el cambio simplemente la adopción de mercados. La teoría marxista adopta la transformación de relaciones sociales, el desarrollo de las fuerzas productivas, el desarrollo de conciencia de clase.

Y, finalmente, la actitud de tres paradigmas frente al desarrollo y la modernidad. El paradigma liberal promueve obviamente un desarrollo más igualitario, porque los liberales de todas formas están por un poco más de igualdad, un poco menos de desigualdad y en general profundizar y completar el proyecto de la modernidad, o sea que la ciencia, la tecnología, el individuo, el mercado nos van a sacar adelante.

Cada acción de desarrollo es potencialmente un acto de contradesarrollo. En ese sentido la gente se lo apropia y lo reorienta hacia otra racionalidad. Cada acto de contradesarrollo es potencialmente la semilla de una modernidad alternativa. En la medida en que se resignifica, por ejemplo, la naturaleza en las comunidades rurales, o en los bosques tropicales de manera muy distinta --como un proceso de construcción continua entre humanos y medio ambiente—la conservación también podría pensarse de forma alternativa. Eso crea una modernidad alternativa al enfoque moderno de conservación a partir de los científicos. Una modernidad alternativa podría decirse que es el universo diverso que quiere mantener las comunidades, que sugiere de hecho un entendimiento muy distinto de la naturaleza, que los antropólogos han estudiado en términos de los modelos locales de la naturaleza que las comunidades tienen.

En consecuencia, es necesario construir sobre o a partir de las acciones de contradesarrollo y de modernidad alternativa de la gente, lo cual supone aprender a leer de nuevo, a quitarnos los lentes de desarrollo convencional y a leer la práctica cotidiana de la gente de una forma distinta como contradesarrollo o potencialmente como contradesarrollo hacia una modernidad alternativa.

Las comunidades de ríos del Pacífico mantienen una significación cultural muy distinta sobre lo que es la naturaleza, pero no sólo la naturaleza sino de economía, la vida, el alimento y de las relaciones sociales y de pareja. Esto no quiere decir que sean mejores o peores. Más bien constata el hecho etnográfico de que hay prácticas ecológicas, económicas y culturales diferentes y que, precisamente, en esta visión posestructuralista y antropológica son esas prácticas las que pueden ser tomadas como punto de partida para reconstruir lo local, la región, el lugar, para repensar el desarrollo, para propender por alternativas de desarrollo y por alternativas a la modernidad.

Dos anotaciones breves sobre la globalización. ¿Cuál es la visión de globalización que empieza a surgir de esta concepción más antropológica? Por un lado, empezamos a entender que la globalización no es este monstruo que todo lo homogeniza, que avasalla, unifica, controla, margina todas las realidades en todos los rincones del mundo. Sin duda, algo de eso esta pasando y no se puede minimizar el impacto fatal de la globalización neoliberal. Pero también la globalización encierra muchos órdenes sociales y tradiciones culturales que conforman modernidades múltiples. Si lo comenzamos a ver de esa forma ¿qué consecuencias puede tener para la política y la práctica social? La globalización capitaliza y reconoce esa multiplicidad. Las grandes transnaciones están más a la vanguardia de reconocer esa multiplicidad, incorporarla dentro de sus prácticas aún cuando trate de permearla y contenerla. El mismo capitalismo es descentrado y fragmentado, no hay un capitalismo con C mayúscula, si no que es un capitalismo ya múltiple, descentrado, fragmentado, con unas contradicciones muy impresionantes, siempre las contradicciones han estado allí, aumentándolas cada vez más.

La segunda, la globalización propicia al mismo tiempo unificación y fragmentación, es por esto que las naciones teológicas de modernización y desarrollo no logran capturar la naturaleza de estas transformaciones, en otras palabras ya no es el proceso lineal de A a B, las famosas 5 etapas de que hablaba William Rostow, esa teología ya no existe, no hay un solo modelo.

La globalización debe ser vista en términos de la producción diferencias que no necesariamente se inscriben en esquemas jerárquicos y órdenes evolutivos. La modernidad clásica reinscribía la diferencia en un orden evolutivo.

La diferencia se reinscribe en una jerarquía y ésta se introduce en un mecanismo de dominación cultural. Hoy esas diferencias no se reinscriben de forma tan sencilla. Hay otra forma de ver estos procesos, tal vez un poco aventurada, pero en tiempos de crisis hay que atreverse a pensar de forma muy diferente, y que hay no solamente otras alternativas dentro de la modernidad misma, sino que hay alternativas a la modernidad. ¿Cómo hacemos eso? Encuentro tres actores que vislumbran esta posibilidad. Por un lado, unos pocos autores piensan que la modernidad siempre fue plural desde el comienzo. Es posible cuestionar las fronteras plurales y espaciales de la modernidad y esto no es solamente un ejercicio académico, es un ejercicio político. Si volvemos al cuento de que las representaciones influencian mucho la forma en que se construye la realidad, si volvemos al hecho de que el representar a Asia, América Latina, África como subdesarrollados fue una estrategia de dominación, es importante pensar que cuestionar las fronteras para concluir concluir que la modernidad fue siempre múltiple e híbrida puede igualmente ser una tarea importante.

La modernidad siempre fue el resultado del encuentro entre culturas desde el comienzo.

En este sentido la modernidad no solo siempre fue múltiple –el resultado del diálogo de Europa con muchos otros, desde China y la India hasta otros lugares del mundo, así como con las muchas Europas que hay dentro de Europa, con los subdesarrollados dentro de Europa mismo—sino que su privilegio histórico es un efecto etnocéntrico de hegemonía..

Es necesario cuestionar los límites espaciales y temporales que se da a la modernidad. Hay modernidades eurocéntricas y no eurocéntricas. Así como hay eurocentrismo en todo el mundo, hay eurocentrismo en América Latina a nivel de las élites y a muchos otros niveles, pero no todos. Es posible re-imaginar las formas posibles de heterogeneidad y pensar en una pluralidad más radical de modernidades coexistentes e interactuantes. La globalización puede ser vista como el encuentro de modernidades bajo condiciones desiguales de poder, porque las modernidades siempre han sido desiguales. Pero qué tal si empezamos a pensar que hay muchas modernidades, que se trata también de abrirle espacios a esas modernidades, no solamente a las grandes, sino a la islámica, la china, la india, pequeñas modernidades de las comunidades étnicas e indígenas, y que nos abramos realmente a un mundo plural. Y si lo vemos así, vemos que realmente hay una importancia fundamental en la defensa de esos lugares, en la defensa de esas culturas y de esas prácticas de la diferencia.

Veamos las consecuencias para el desarrollo. El contradesarrollo funciona para producir tanto modernidades alternativas como alternativas a la modernidad dominante eurocéntrica y capitalista. Desarrollo alternativo, modernidad alternativa y alternativas a la modernidad surgen como proyectos complementarios en los ámbitos intelectuales, políticos y sociales. De hecho los movimientos sociales y los diseñadores de política social se ven abocados a mantener esos tres fines en tensión continua. Pensar que hay que hacer desarrollo, sin duda alguna, pues hay que mejorar la calidad de vida de todas las comunidades, hay que reconstruir y fortalecer las economías, pero a través de un desarrollo alternativo. Nadie quiere un desarrollo convencional, del estilo clásico, tipo revolución verde, plantaciones, etc. Queremos un desarrollo alternativo, ecológico, equitativo.

Pero también podemos pensar que al mismo tiempo que se impulsan desarrollos alternativos, se impulsa una modernidad alternativa, un entendimiento distinto de la naturaleza, de las relaciones humanas, del goce, de la economía, de la ecología. Y que al mismo tiempo también se propende por alternativas a la modernidad, en la medida en que continúan prácticas de diferencia —que llamo prácticas ecológicas, económicas y culturales de diferencia—. Desde ese punto de vista sigue habiendo posibilidades de alternativas a la modernidad hacia un régimen más plural de modernidades diversas.

Un principio muy importante del diseño autónomo es que toda actividad de diseño debe comenzar con la forma de cómo la gente misma define su realidad; esto quiere decir, en términos filosóficos, que siempre debemos ver a la gente como agentes de su propio entendimiento, como practicantes de su propio saber. Ese es un principio básico, político, epistemológico, que es violentado por la planificación convencional, en el que se pensaba que la gente no tenía conocimiento y que el conocimiento del experto tenía que ser transplantado a la mente de la gente, olvidándose del hecho de que un principio filosófico muy sencillo pero fundamental y complejo es que todos somos practicantes de nuestro propio saber y que siempre hay que respetar ese propio saber. Ese es el comienzo de la planificación participativa.

El objetivo fundamental del diseño autónomo es la producción de conocimientos sobre la realidad. Lo que el diseño autónomo pretende establecer o crear, realmente, es un sistema de investigación de la realidad, un sistema de aprendizaje de ella, no es tanto un esquema de cómo actuar en la realidad, sino cómo pensar la realidad, cómo investigarla. Esa es la tarea más hermosa del diseño, la planificación puede ser eso: construir con la gente sistemas de investigación sobre la realidad.

Con esto no se quiere decir que los movimientos estén mandando sus gentes a viajar por el mundo, muchos nunca lo hacen, ni tienen la oportunidad de hacerlo, pero todo movimiento tiene que tener una teoría de lo global, ya no hay grupos subalternos estrictamente locales, todo grupo subalterno es local y es global.

  

4. INFOGRAFIA

 

          

 
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