Bueno, aquí está lo prometido, aunque un poco tarde... Un agradecimiento especial a toda la gente de Costa Rica por hace grandiosa nuestra estadía, a Adriano Corrales por haber organizado nuestras actividades, a Mauricio Ventanas por haberme dado hospedaje en San José, y a la Embajada de Costa Rica en El Salvador por su invitación a esta aventura.... NOTAS DEL VIAJE A COSTA RICA Por Mariano Guzmán VIERNES 25 Estoy seguro que los demás tampoco han dormido lo suficiente. Me preocupa el porvenir de esta aventura. Ignoro completamente las actividades programadas. Luego de la reunión en la Embajada un nubarrón mítico amenaza con formarse sobre todo. Nuestro plan porpuesto se fue mutilando con efervescencia; se recurrió a las decisiones aleatorias; no sabemos qué pasará mañana. La actividad programada desde el inicio del año, ahora es sólo una idea; las cartas que no llegaron, los faxes no enviados, el teléfono no se conecta, el contacto en Costa Rica ha desaparecido... Deseo profano y frustración!! Saldremos a las 5 am, es lo único seguro... Ya no hay actividad el domingo. Liberia ya no forma parte del plan, Playa del coco es una hierba que no habremos de pisar; pero ahí está Managua, hirviente arquitectura de recuerdos, de Sandino y su sombrero de esperanzas; sólo esperamos que Francisco esté en casa o que encontremos un lugar para guarecer el cansancio. Por la noche, San Salvador crepita de lluvia, no hay electricidad en casa de Oscar, Luis no aparece, Daniel pernocta en algún lugar, yo no tengo listo el equipaje, no hay noticias de Noé y Diego, Silvia sabe únicamente que zarparemos temprano... ¿y Manuel?. SABADO 26 ¡Nos dormimos!... Salimos a las 5:30 am. Silvia está lista desde las 4 am, yo todavía exhalo el último aire de un sueño olvidado. Todo listo en casa de Oscar. Ocho sujetos cansados nos embargamos hacia lo ininteligible. Me equivoco de ruta y debemos regresar, y mientras lo intentamos alguien recuerda que la primera publicación del grupo quedó en la sala. Regresamos y salimos de inmediato porque el tiempo no se detiene y nos lleva gran ventaja. Son las 6:30 am. La lluvia tenue se arremolina en el parabrisas, prefiero no llevar reloj para no desesperarme. En Usulután se revuelven las memorias de los últimos terremotos, los escombros tiemblan por un frío desconocido. Avanzamos y San Miguel, extrañamente congelado, vuelve a jugar con mi memoria, y ya perdidos sobre la carretera a La Unión se nos ocurre preguntar, porque así también se llega a Roma!! El asfalto hacia el primer puesto fronterizo, el paisaje abrumado que no veré en una semana, la gente que dejo atrás en mi acto de desaparición, todo es un querer y no querer abandonar la marcha, las ambivalencias están conmigo pero es la curiosidad la que me impulsa, y volteo el rostro al pasar hacia Honduras, quizá necesito un ínfimo recuerdo o una excusa para regresar. En Honduras todavía vive el Mitch y su epitafio fluvial, sobre todo por el precio de los amortiguadores. Voy considerando pedir un aumento de sueldo. Todavía no me duele el cuello, pero un pequeño ardor juega "salta-cuerda" en mis hombros. Nunca investigué los precios de un voleto aéreo, y evito preguntarme "¿cuánto falta?" cada vez que un hueco terrible me golpea el pecho. ¡Nicaragua, recién descubro tu horizonte!... Aquí siempre se ve el sol al mediodía, y una hora y media en la aduana me hace sentir orgulloso de tener pasaporte y ser salvadoreño. No sé qué es ser tico, al menos no conozco su atmósfera y sus plazas barbitúricas, todavía. Otra vez, la carretera es persistente en su deseo, será necesario vender al regreso y con urgencia el trabajo plástico de todo el grupo, porque los soportes del motor no resistirán el viaje. Terribles abismos en la negrura asfáltica me hacen palidecer, los demás opinan igual, y el tema del boleto aéreo se hilvana en la mente de todos, sin pronunciarse. Burbujea Managua al atardecer. Yo la observo desde el asiento trasero; todavía siento paralizada la rodilla derecha, un dolor agudo ha comenzado a perfilarse en mis últimas vértebras. Daniel pisa el pedal ahora, y todos creemos en la resurrección de Ayrton Senna... De repente, un aplauso colectivo y fortuito logra despertarme, ha esquivado una enorme tumba y la carretera sigue retando al nervioso Daniel. En Managua nuestros ojos tratan de alcanzar la gravedad otra vez, algunas luces han iniciado el ritual y aún no sabemos nuestro destino en esa tibia amalgama. Silvia tenía guardado su secreto, y en las afueras de la ciudad, nuestro esqueleto reconoce la silueta de una cama. Apestamos horriblemente, necesitamos un baño y no hay jabón; todos nos observamos en silencio y desconcertados, pero Luis ríe como sabiendo la respuesta. Managua nocturna, Francisco nos recibe y prescribe unas fotografías, marca un número en el teléfono y un sujeto aparece más tarde. Avanzamos entre la ciudad persiguiendo un vehículo blanco, sé que en algún lugar una cerveza ya tiene mi nombre. El bar "Texas" nos recibe con dos bailarinas estrambóticas, apenas deja pasar mi sombra tras la persiana y el merengue me marea... Un intento de pelea me hace pedir un té helado. Es preciso estar sobrio para correr de prisa. Otra vez se nos ha hecho muy tarde. Noé quiere continuar amargándose, Luis se ha iniciado en el hábito de las malas palabras, pero no del todo... Manuel ha perdido la dieta alcohólica, Diego prefiere dormir en casa de Francisco, su padre; yo me hundo en el asiento con la esperanza de no perderme de nuevo. DOMINGO 27 Partimos a las 7 am. ¿Destino?, no importa. Seguir las señales de tránsito es la consigna, preguntar a cada instante es el único recurso. Yo observo el retrovisor y las cabezas danzan, chocan entre sí y no vuelven a la vida... ¡Qué envidia!. No me quejo de la carretera, pues no me revuelve el estómago vacío. Pienso en San Salvador, en el delicioso y frío espacio de mi habitación, en un libro que dejé en el escritorio y que no recuerdo el nombre... Pienso, imagino, me dilato kilómetro tras kilómetro, hasta que una erección me hace reir, y en los asientos traseros la tarea de poner sobrenombres se reinicia a cada instante. ¿Por qué mi nombre no aparece en ella?... Ah!, se me olvidaba que yo conduzco el vehículo y decido quién se va en bus... Pero no sólo escucho diversión a costa de otro. Atrás se comparan nuestros pueblos, las últimas tragedias, la corrosiva política centroamericana, el problema del Golfo de Fonseca y sobre todo el mal estado de la carretera; ahí supe por qué nicas y ticos no se quieren, aunque no entendí por porqué se mencionaba a San Juan, pues no creo que se trate de un problema religioso. Hemos comenzado a decir "hasta pronto, Nicaragua", y el sol aduanero es más insoportable que siempre. Una hora y media, nada se mueve en la aduana recién construída. De no ser por Silvia, Liberia hubiese sido un muro de recuadros, unas calles que cruzamos de prisa y la arquitectura vista de reojo. Llevar una carta en la maleta, el número telefónico de un funcionario público y amenazar a la policía no es de cualquiera, y Silvia lo demostró sin duda alguna. Un rótulo azul nos indica que la meta está próxima, pero es hora de almuerzo. En fin, a las 2:30 pm concluyó el último trámite, adelante una nube inflamada nos espera, y el paisaje cambia totalmente en la siguiente curva. La primera fotografía en suelo tico, pero ya no aguando los hombros. Otra vez, me siento alegre... "Salvadoreño" digo en los retenes, con una sonrisa extasiable. "Todos salvadoreños" agrego con la frente en alto y con una voz que apenas me reconozco. ¡Lluvia sanguinaria!, con el verdadero significado de la palabra. El parabrisas se empaña a cada instante, Diego hace lo posible pero la bruma es necia, y casi siempre tengo que imaginar la siguiente curva. Me da la gana de pensar otra vez, la amenaza de una multa por sobrepasar el límite de velocidad lo permite; me pregunto lo que hay más adelante, un mapa de Costa Tica es demasiado mudo; a izquierda y derecha los pastizales sonríen entre sí, una vaca no deja de observar nuestro paso y me da risa. Atrás, todos observan el horizonte recién descubierto, y lo vamos destruyendo entre risas y quejas porque ya no encontramos un modo de sentarnos. Liberia nos consuela, y nos presenta uno de los mitos ticos... Un "¡¡Mirá!!... ¡¡Mirá!!" acompañado de un "¡¡Uuuuuuyyyy!!" colectivo, en tono ronco y poderoso, me revela una rubia a la que no ví, porque un semáforo en rojo y el tanque vacío me hizo buscar un expendio de combustible entre la arquitectura. Me dirigieron el primer "¡¡Mae!!" y para suerte del sujeto, ya sabía el significado de aquello. Noé necesita la llave del baño con urgencia, Silvia necesita monedas para comunicarse, los demás tratamos de recompensar nuestras siluetas. Aquella rubia aparece en la conversación, y los tres más libidinosos del grupo hacen sus premoniciones; yo dejo que mis pies recuerden que me pertenecen, y en el espejo derecho me observo en silencio. Silvia trae noticias. Playa del Coco llegó tarde al itinerario. Aroma de sal y aquél acento extraño rehizo mis ánimos, y sentí hambre por primera vez en el día. La cabaña prometida en El Salvador, antes de borrar la playa del mapa, estaba inhabitable; y de nada fovorece un servicio de limpieza si no tenemos cómo entrar. En fin, más fotos a la orilla de la playa, más cervezas de marcas recién descubiertas. Oscar pide la guitarra, nos iniciamos con un "cadáver exquisito", Manuel hace su acto con la viola. La dueña del lugar quiere que toquemos más alto, y Pink Floyd, Silvio, Serrat, Black Sabbath, The Doors, Led Zeppeline, el blues y algunas improvisaciones, nos descubren en un bar, a la orilla de la playa, sin saber cómo pasaremos la noche. El vehículo frente a la cabaña cerrada aunque inhóspita, Diego tiene inflamado el pie derecho y un poco de fiebre, Silvia en el asiento último, a Oscar le buscamos el mejor espacio, es decir, el más alejado porque ronca demasiado, Luis hace su intento en el asiento del medio, yo doy círculos en el pasillo de la cabaña a las 3 am, porque Daniel, Noé y Manuel no regresan de la playa. LUNES 28 No recuerdo sino desde las 10 am. Fue prudente que Oscar durmiera lo suficiente. Dicen que dormí sentado y que mi cabeza giraba sin sentido, lástima que no tomaron una fotografía!!. Luego aprendí que la palabra "pulpería" ofrece un refugio, y la da la oportunidad de acomodarse los huesos. También nos perdimos un poco, pero ya no era mi problema. Volví a dormir, porque no había tiempo para detenernos a comer, el mediódía estaba pasando, y el asiento era lo suficiente cómodo para dilapidar los minutos. Una montaña nebulosa de frente, el color verde más extraño, más abajo, el sol se colaba entre las nubes y sentí deseos de una eternidad, papel y lápiz, una tasa de café como debe ser, y un par de cigarrillos. ¿Cuándo falta para San Carlos?. Un rótulo decía "TEC" y un número que he olvidado. Silvia mencionó unos nombres, comida y una cama. Una gran bola parecía girar en silencio, más allá algunas ventanas cristalinas. Todos con los pies en la tierra, en busca de un baño, un poco de agua, caminar para despertarse por completo. Nos adentramos en la sede del Instituto Tecnológico de Costa Rica, la cabaña No. 10 nos esperaba. El baño se atiborró al instante, de suerte no olvidamos comprar jabón y máquinas de afeitar en la "pulpería" de la mañana. Lo más urgente era prepararnos para el primer evento. Eran las 5 pm y yo todavía transcribía algunos poemas. La cena llegó por fin, pedimos un platillo al azar porque los nombres no eran descriptivos, y mientras comíamos nos mirábamos de reojo, como solicitando una respuesta, porque no había tortillas en nuestra mesa. El evento se retrasó media hora, y ahí estábamos cubiertos de pánico inevitable. Noé fumaba sin parar, la náusea estaba conmigo, los demás paseaban impacientes alrededor del escenario. Para mi suerte, en la línea frontal, una preciosa joven también esperaba impaciente, nos observaba y parecía comprender el misterio de lo desconocido. Eso me hizo entender que todos ahí estábamos en la misma esfera, pero todo era una atmóstera de interludios e imágenes congeledas. Al final del primer evento, nos reunimos telepáticamente, el grupo percibió un poco de frialdad en el público, aunque nuestra poesía fue muy bien recibida. Juramos no hacer jamás un juicio a priori. Entonces conocimos a la persona que organizaría completamente todos nuestros eventos, y que nos introdujo en los efectos del "Cacique", el escritor Adriano Corrales. Un bar cercano a la sede del TEC fue reabierto para nosotros, más cerveza, otra vez Oscar y la guitarra, intercambio de información y un curso intensivo de expresiones ticas. Lo que sigue es secreto. MARTES 29 Dormir tres horas diarias puede ser perjudicial, pero yo padezco de insomnio. 7 am y desayuno, nuevamente apareció un comentario sobre aquella rubia de Liberia. No sabíamos qué haríamos ese día. Adriano hacía lo imposible para aprovechar nuestra presencia y sacaba actividades de la nada. De un momento a otro, un desconocido con cámara en hombros. Entrevista televisiva!!... ¿Y de qué se trata?, bueno, hicimos lo que teníamos que hacer, y sobre todo, agradecimos al pueblo tico por su ayuda humanitaria en nuestros problemas de enero y febrero. La siguiente actividad estaba programada para el miércoles, en Cartago; así que el resto de la mañana, los que todavía tenían "Cacique" adentro, aprovecharon para dormir. Noé y yo descubrimos la biblioteca, "literatura joven" pensamos, y con los nombres que mencionó Adriano, solicitamos un par de libros hasta que llegó el almuerzo. Tarde de nubes multicolores, relámpagos por doquier y Oscar conducía hacia el volcán. Aquel paisaje espectacular se derretía entre la bruma, una casa en la cima de la colina, caballos correteando a lo lejos, Oscar no miraba los túmulos!!. Llegamos a una represa, y un gran lago artificial reclamaba una fotografía. Manuel pidió clemencia cuando le amenazamos con lanzarlo al precipicio, pues no le cambió baterías a la cámara. ¡Ni modo!, nos decidimos por un minuto de silencio, y enterramos el lago, la represa, el volcán y el grito de los monos del fondo, en un lugar privilegiado de nuestra memoria. Las 4 pm, Adriano nos guía hacia Ciudad Quezada. En la esquina, entre un hotel y una "pulpería", se nos hacía larga la espera, quien nos esperaba a nosotros había desaparecido, pero una llamada telefónica solucionó el contratiempo. Mientras tanto, ¿qué hacemos? nos preguntamos al unísono. Un rótulo de neón nos dió la respuesta... Partimos hacia un establecimiento con piscina, sauna, gimnasio y una pantalla gigante. Un programa de concursos fue develando el producto nacional, y no hizo falta el comentario de la rubia de Liberia. Me reí al recordar las premociones de los tres libidinosos del grupo. Hubo tiempo para más cerveza, noticias del orbe, el cierre de Radio María, Costa Rica vrs Panamá al día siguiente; Diego, Luis y Manuel haciendo relajo en la piscina, en el sauna, más fotografías. Ahora una mesa en un bar de Ciudad Quezada, una preciosa niña nos atiende pero Luis le tiene miedo, Leo Dan nos asfixia antes de la primer cerveza. Noé pide cambio de ritmo, Jim Morrison y Erick Clapton hacen más deleitable el sabor del éter. Otro bar, otro ambiente, a cada momento la mesera deposita desmesuradamente sus senos en mi espalda, me dice "carino"... Yo le pido otra cerveza. Pedimos la cuenta y la dueña del bar, una rubia preciosísima, me hace preguntar por la rubia de Liberia. Hemos de regresar al TEC, aunque yo juré no conducir sino hasta el regreso hacia El Salvador, Oscar ronca como una estatua en el asiento. En el camino, hago lo imposible con el embrague que amenaza con fallar, dejo que Metallica me impida dormir, y pienso en San Salvador, en el Bar de Fito (que no sé si existe todavía), Max y su guitarra clandestina, y sobre todo en la "pílsener"; pienso en mañana, en los túmulos que no vió Oscar, pienso en la mujer que no tengo y no conozco, y me imagino en una tarde de lluvia observando el horizonte tras una ventana, mientras mi mano duerme en una cintura o en un vientre que me ama. Debo pensar en cualquier cosa que no sea una cama, porque me hace trizas el sueño. MIERCOLES 30 Oscar conduce, Adriano nos guía hacia la sede del TEC en Cartago. Prefiero dormir, aunque no sé a lo que vamos. Nuevamente nos sorprenden montañas, valles lejanos, un poblado en el camino, más fotografías en una plaza. Cruzamos San José, apenas unos rótulos y algunos edificios, en algún lugar ví la palabra Museo, Manuel y Luis opinan sobre la arquitectura, yo no logro escuchar porque llevo los ojos semicerrados y Led Zeppelin me ha puesto a soñar. La sede está a la vista, entre los edificios una multitud logra despertarme, llevo el libro del grupo en la mano izquierda y con la derecha trato de acomodarme el cabello. Nos presentan a Alfredo, Rosa y a otros miembro del grupo literario local. Rápidamente se instala un amplificador, Alfredo hace un único llamado, en un instante me veo con micrófono en mano, leyendo poesía. Silvia nos toma algunas fotografías. Todo termina en media hora, en el momento exacto del almuerzo. También hubo tiempo para más cerveza, otras fotografías, y conocer a los demás miembros del grupo literario anfitrión. Nos reunimos a las 3 pm, intercambiamos información y concepciones literarias, el problema del apoyo a la nueva literatura, acordamos reunirnos en un futuro cercano, y escuchamos su obra. Regresar a San José, buscar dónde pasar la noche y un lugar dónde ver el partido, fueron inconvenientes de los que se ocupó Adriano. La hora de la función deportiva nos encontró en un bar de la "calle de la amargura", de tres en tres se desplegaban las cervezas en la mesa, y me parecía sorprendente el hecho de que todavía no hubiesen peleas o discusiones en el grupo, y por cierto no las hubieron. Afuera, un despliegue increíble de bellas mujeres, un ir y venir de rótulos de taxis, una mezcla homogénea de música, risa y conversaciones furtivas se desequilibró al primer gol de Costa Rica. Al final del partido, ocho cadáveres de "birras" temblaban frente a mí. Algunos escritores y amigos de Adriano, ofrecieron hospedarnos. En un reloj que no uso dieron las 11 pm, nos encargamos de que todos estuviesen en el lugar ofrecido, y algunos minutos más tarde, yo observaba la carretera y un croquis para encontrar la casa de Mauricio Ventanas. JUEVES 31 Acordamos encontrarnos en la plaza de San Pedro Montes de Oca, a las 8:30 am. Debíamos regresar a Cartago para un taller de apreciación literaria. Nos distribuímos en el círculo de estudiantes, leímos nuestra poesía, fotografías y muchas opiniones. Me cuentan que en la noche anterior, Noé y Manuel se fueron a otro bar. Una rubia preciosa está sóla en una mesa, Manuel le regala un poemario autografiado. Manuel se dirige al "discjokey" y le consulta si puede leer un poema para la rubia, el sujeto le dice que es su esposa. A Manuel no le interesa, y lo solicita nuevamente. El sujeto acepta, el poema se lee sólo, la multitud aplaude, la rubia sonríe, su esposo felicita a Manuel por su excelente poema, pero aclara que si la hubiese ofendio habría quedado sin dientes. Alfredo nos acompaña hacia el centro de Cartago. Las ruinas de la antigua catedral junto con la leyenda nos fueron descubiertas. Abandonamos el vehículo en algún lugar, y avanzamos entre el concreto, hacía 15 grados centígrados y una nube amenazaba con derrumbarse. Necesitábamos un baño con urgencia; detrás de una plaza, una campana contrasta con su blanca torre. Alfredo señala el camino hacia la Catedral, despabilamos a las aves que tiemblan en la plaza, algunos estudiantes conversan en las banquetas, yo bromeo con el nombre de una estatua, y avanzo lentamente para no perder detalle de la fachada de la Catedral. Vitrales nos aguardan y pienso en Juayúa. Noé opina diferente. Aguardo en una banca al final de la iglesia, seis personas avanzan en fila india, de rodillas, hacia el santuario, recuerdo otros sucesos que también me hacen reír. Daniel y Oscar quieren una botella de agua bendita, yo quiero un café amargo lo más lejos posible. Nos despedimos de Alfredo en una calle sin nombre de Cartago, y traté de imaginar lo terrible que es ser cartero en Costa Rica, porque al solicitar una dirección lo que se obtiene es "200 metros norte, 45 este, de la entrada sur del parque central". Regresamos a San Pedro, aún con luz solar, hicimos parada en el Mall. Noé se perdió. En el parabrisas entontramos una nota: "los estuve esperando un bergo, hasta que el guardia me sacó... me fuí a beber". Partimos directamente hacia la "calle de la amargura". Visitamos algunas librerías, "literatura joven" era lo primordial. De pronto nos hayamos en un bar, más cerveza, y lo demás era un ejercicio visual, pura aclimatación ocular a la belleza de la mujer tica. Escribimos versos al reverso de las etiquetas de cerveza, Manuel le dedica versos a una preciosa de la mesa próxima, Pearl Jam se escurre desde el amplificador, yo no encuentro a Luis y recuerdo que prefirió no asistir. En una mesa no tan cercana una mujer me mira con intermitencia, entonces trae a mi memoria a esa mujer que no tengo y no conozco, y algún comentario de Daniel me recuerda a la rubia de Liberia. Es jueves y las premoniciones de los tres libidinosos del grupo están por esfumarse, yo guardo silencio pues los caballeros no tenemos buena memoria, y me sonrojo un poco. En más de alguna ocasión, un tico mencionó la abundante existencia del tercer sexo. Mientras salía del baño tuve un encuentro con uno que casi fallece, de no ser por la intervención de un desconocido. Al llegar a la mesa, me reencontré con la intermitente mirada de la mujer solitaria, y le regalé la mejor sonrisa, forrada quizá con un poco de lástima. Dejé a los demás en sus espacios amablemente ofrecidos. Esa noche pensé en una mujer a la que temprano le envié un mensaje por el ciberespacio, hasta quedar dormido sobre la pared. VIERNES 1 Otro día sin guía en San Pedro. Nos encontramos en el Mall, nos atiborramos de café. Adquirimos algunos recuerdos de viaje, para no regresar con las manos vacías, aunque con el espíritu lleno de satisfacciones y nuevas esperanzas. Nos alcanzó la tarde, y otra vez en la "calle de la amargura", más cerveza, otras librerías, nuevos recuerdos, y el interminable espectáculo de las bellas solitarias ocultándose en la próxima esquina. Luis ya ejerce el vicio de las malas palabras, y dice alguna cada vez que la delicia de una silueta nos estremece. Daniel trata de localizar a Adriano. El evento del día es a las 5 pm, en la sede del TEC en San José, y nos da miedo pedir la dirección. Seguimos esperando en un bar, y entre cerveza y cerveza prometemos hacer una memoria del viaje, se nos hacen las 4:30 pm y al fin localizamos a Adriano. Como era de esperarse, la dirección era terrorífica como un cuento de Lovecraft, "tomar la carretera a San José, 200 metros norte del Holiday Inn". ¡Nosotros preferimos llegar preguntando!. A las 5:30 pm inició el ritual, la última lectura de poemas en aquella porción planetaria. Seis velas hicieron visible al poema. Silvia fotografía nuestras andanzas. El público se deja tocar. Oscar y Manuel realizan un interludio musical como nunca antes. Yo estoy contento, y leo Magdalena, que es formalmente indefinible. Hacemos pública la historia del grupo, agradecemos nuevamente por la ayuda humanitaria, Manuel lee poemas junto a una preciosa del público, y todo termina en un aplauso y las velas consumidas. Adriano nos invita a su casa, algunos escritores estarán presentes, también más cerveza. La noche hierve sobre las latas vacías, música andina y revolucionaria, uno de los presentes pide la "marcha por la unidad" y Noé despacha la guitarra; Silvio Rodríguez no aparece porque Oscar está dormido. Me piden que toque, pero Black Sabbath no es lo indicado, así que arranco con "wish you were here" de Pink Floyd pero nadie se sabe la letras, recurro a "light my fire" y todos concuerdan con Jim Morrison. También hubo tiempo para fotografías. SABADO 2 Supe que Daniel, Noé, Manuel y Adriano regresaron a las 6 am. Nos retrasamos tanto que salimos de San José a las 11 am. No hicieron falta los comentarios de la aventura, yo tenía la palabra "Managua" entre ceja y ceja. Desde los asientos traseros me llegaban los sobrenombres de la semana, se discutía sobre la mejor presentación que tuvimos, el casi problema en que se metió Manuel cuando le dedicó un poema a la esposa del "discjokey". No perdí la oportunidad de recordarles las premoniciones fallidas a los tres libidinosos del grupo, me reí lo suficiente, hasta que cerca de la frontera me empezó a doler la espalda. Fronteras. Saliendo de Costa Rica, 20 minutos. Entrando a Nicaragua, 1 hora. Ahí conocí a Tito Cocaína. "Soy salvadoreño" fue lo primero que dije, "en tránsito por Nicaragua". El sujeto sonrió. Eran las 5 pm y mi pasaporte azul hizo posible que el sujeto hiciera unos minutos extra. Managua y su luz se extendía en todo el valle, y nos recibió con un clima un poco más fresco esta vez. Francisco nos tenía preparada una cena de bienregreso, también más cerveza. Algunos se fueron a la casa de las afueras con Silvia, otros nos quedamos en casa de Francisco. Apareció media botella de ron, conversamos largamente hasta que la madrugada nos infundió respeto. DOMINGO 3 Esta vez salimos temprano. Observé el amanecer de Managua y encerré aquella belleza en una lágrima. Recordé que en algún bar de la "calle de la amargura" había previsto que al marcharnos, me iría triste o enojado, y mientras trataba de hilvanar una semana agitada, desde algún resquicio de mi espíritu, un iceberg de congoja se precipitaba lentamente. No hablé mucho en todo el camino, es decir, si normalmente hablo únicamente lo suficiente, esta vez no dije palabra alguna. Escogimos la mejor carretera posible. Desde el retrovisor, el sol se derretía sobre una nube, las cabezas tambaleaban en los asientos traseros, pero no sentí envidia, no quería perderme el espectáculo. A 100 kms/h me emborrachaba el aire, el acento de aquella mujer de Ciudad Quezada al decirme "cariño", la mirada intermitente de la joven solitaria, un escalofrío en Cartago y la leyenda del cura libidinoso, el pánico antes de cada presentación, una montaña arropada de nubes, me ví en el espejo varias veces tratando de reconocerme. Pensé en la mujer a la que le envié un mensaje electrónico, también en la que no tengo y no conozco, traté de imaginarme frente a una ventana observando la lluvia, mientras mi mano retoza sobre el hombro, junto al cuello dulce y la boca risueña de la mujer que no tengo y no conozco. Pensé en el maldito semáforo y la rubia de Liberia que no vi siquiera. En verdad tenía mucho sueño. "Bienvenidos a El Salvador", y yo todavía guardaba silencio, pero sonreí al reconocer el paisaje que me robé el sábado anterior. Diego toma fotografías, Oscar ronca en una esquina, los demás platican al fondo pero no escucho, no quiero escuchar, quiero quedarme aunque sea otro momento en el éter de una calle sin nombre, en un parque soñando ser paisaje, en una nube oscura como la secreta razón por la que guardo silencio. He dejado a todos en sus casas. A las 7 pm San Salvador me mira tiernamente, y sabe que yo sé que todo está a 20 minutos y que sus calles tienen nombre, y que cualquiera puede ser cartero. Ha comenzado un desfile de gotas en el techo, me detengo en una ventana y observo el paisaje de colores, pero mi mano se esconde en el bolsillo del pantalón, aunque siento en el hombro una mano suave, una cabeza dócil en mi pecho cansado y un cabello largo me golpea a veces en el rostro. CONCLUSIONES La aventura fue espectacular, y si omití algunas cosas es porque tengo mala memoria. Traje conmigo una gran cantidad de libros satisfactorios, de jóvenes escritores que se atreven contra el muro de la desidia cultural, los grupos elitistas y los aberrantes programas gubernamentales. También vengo repleto de la magia, la gente y las ciudades que cruzamos; aunque todavía tengo un par de dudas, primero si la rubia de Liberia era hombre o mujer, y si mis ojos no volverán a ver como antes. San Salvador, junio de 2001...............