FUEGO EN EL PECHO

 

INDICE

“FUEGO EN EL PECHO”

“...Puede un hombre
ponerse fuego en el pecho
sin que se inflame su ropa”
Proverbios 7, 27
 

  1-SALA DE ESPERA
2-DESTINOS
3-NOSTALGIAS DEL AMANECER
4-LA LISTITA DE RAZONES
5-MILAGROS
6-MIENTRAS ME BESES
7-HIJA POR ACCIDENTE
8-EL DIA QUE NO ESTES
9-HUMANA CELESTE
10-MIO, TUYO, Y NUESTRO
11-PARTE DEL SECRETO
12-CENIZAS
13-PARTECITA
14-DESEO
15-SOPA DE CORAZÓN
16-RESPLANDECE
17-LA PARTIDA DE UN ANGEL
18-DORMI CONMIGO
19-EL GUARDIAN DE TUS LÁGRIMAS
20-SUPE QUE NO ESTABAS
21-DENTRO DE LA PIEL
22-MURIENDO LENTAMENTE
23-EXTRA: 
“REALMENTE ESTOY AL PEDO EN EL MUNDO”.
SALA DE ESPERA.

Donde estaba la tierra prometida.
Donde estaba el pan aliciente,
reconfortante, redentor.
Donde nacía el amanecer
luego de una noche agitada,
dolorosa, transpirada.
Donde se respiraba aire
y se dormía tranquilo.
Donde estaba el lugar
que tanto había estado buscando.
Donde la metáfora más pretenciosa
no le llegaba ni a los talones
a la realidad avasallante,
triunfadora, salvadora.
Donde recién comenzaban
a tener sentido todas las palabras,
ya que cualquiera de ellas
gritaba tu nombre
con fanfarrias,
o en silencio.
Donde se arrepentía la Magdalena,
donde resucitaba Lázaro,
donde se encontraba
la segunda oportunidad
y valía la pena
volver a empezar.
Donde quedaba paralítico el dolor,
donde se moría de aburrimiento la pena,
donde se le carcomía de nervios
el hígado a la soledad.
Donde tus lágrimas
eran lagunas calmas
que ansiaban
mis piernas cansadas.
Donde tu lengua
cedía pase al roce inevitable
y este a la sinfonía de latidos
presurosos de nuestros corazones.
Donde por fin
se terminaba la batalla
y encontraba mi sitio
en el podio.
Donde los laureles
de una buena vez por todas
no pasaban de lado,
sino que se quedaban conmigo
para hacerme compañía
por las noches.
Donde estabas vos
- en definitiva -
esperando.
Esperándome
desde hace tanto tiempo.
 

DESTINOS.

Cosa rara este destino.
Pensar que tuvimos
que dar tantas vueltas
sin sentido,
mareándonos y lastimándonos
por ahí,
para terminar cruzándonos por casualidad
una de esas noches
y solamente mirarnos a los ojos
para reconocernos encontrados.
Si se me figura
que desde el útero
que te extraño
y te ando buscando,
sin buscarte.
Si se me figura
que crecí añorándote,
coleccionando pedacitos de otras carnes,
intentando armar
el rompecabezas tuyo,
basándome en la imagen del Amor
que tengo grabada en la memoria
desde antes del comienzo de mi existencia.
Cosa rara este destino.
Pensar que nos arrodillamos
delante de tantas cruces
que creímos necesarias
en su momento,
pensar que nos tuvimos
que beber las lágrimas
de a litros, de a bidones,
haciéndonos fuertes
a la espera de recibir la paliza,
pensando que todo ya estaba listo,
y terminamos encontrándonos,
reconociéndonos a primera vista,
por la pena que colgaba
de los ojos cansados
de tanto andar buscando sin buscar,
sorprendidos como si hubiéramos visto
un fantasma de nosotros mismos
cruzándose en nuestro camino.
Cosa rara este destino.
Pensar que tuvimos que hacer dedo
en tantas y tantas rutas
que conlleven a nosotros,
y ahora que nos encontramos
tenemos que temblar,
atemorizados por la idea,
de que este milagro
sea sólo una alucinación
de otra de las tantas noches mareadas,
o sea tan sólo
un aliciente temporario,
que nos relaje los músculos acalambrados,
para poder seguir caminando
solos otra vez.
NOSTALGIAS DE AMANECER.

En mi propio universo vos representarías mi mundo exterior,
con la libertad luminosa de tus cabellos,
la energía provocativa de tu mirada,
la irreverencia morbosa de tus labios.
Y yo mi mundo interior,
con sus laberintos de alturas bajas,
de paredes que se cierran y puentes que se quiebran.
Seguramente dos mundos constantemente enfrentados,
antagónicos, incompatibles.
Solamente dos mundos solos,
que sólo esperan que la luna
vuelva noche el cielo y la corone
para por una vez eclipsarse en un estallido de orgasmos
encubiertos en sábanas, prendidas fuego de humedad.
Solamente dos mundos solos
que se enfrentan y se miran de reojo,
que se acarician con temor de vez en cuando
y se sueñan únicos e invulnerables
y, hasta se llegan a extrañar,
cuando el amanecer es nostalgia.
 

LA LISTITA DE RAZONES.

La razones sobran.
Son las dos horas
que esperamos el 86
de noche, en pleno campo
y con ganas de llover.
Son las palabras que se perdieron
en algún diálogo sin importancia,
luego de hacer el amor.
Son las caricias
que tus dedos desparramaron
por mi espalda
cuando estaba dormido.
Son tus pasos descalzos
que no se llegaron a oír
saliendo de la ducha.
Es el quinto, sexto, séptimo
beso de la tarde.
Es la imagen de tu espalda
inclinada mientras te atás los cordones.
Es el poco de yerba
que se desperdició
mientras cebabas la tercer pava de mate.
Es el olor de la calle
que ya conocemos de memoria.
Es el momento en que Telefónica
nos regala dos minutos más
para hablar con 20 guitas.
Es la risa que se arrancó
de un comentario absurdo
acerca de Perón.
Es una flor de la calle
que fue a parar a tus manos.
Es el pesito veinticinco
que hay que juntar
para el colectivo,
chirola por chirola.
Es la espera del Domingo
o del rato que tenga
más minutos para estar juntos.
Es ver la cama desarreglada
y sentir el cuarto con olor,
es tirar el último condón a la basura.
Es verte cuando te vas
y volver quince cuadras
caminando solo.
Es imaginarte que estarás
haciendo, imaginándome
en el mismo momento.
Son los besos que extraño
cuando no duermo,
las palabras que dirías,
como dejarías sin aliento
hasta a las paredes.
Es soñarte por un instante,
espléndida y radiante,
hecha de lo que sos
de carne y alma,
y miradas y deseos.
Es saber que todo esto es
lo único que necesito :
la listita de razones
que me sobran y me obligan
a poner en marcha
este motor cansado
mi corazón,
para parir algunas palabras
que a medias siquiera reflejen
el paraíso al que me condujiste
con razones tan simples,
tan obvias, tan celestiales
y necesarias,
como esta
la de ser parte de mi historia
sin más razón
que la que se desprende
por el simple hecho
de permanecer a mi lado,
siempre a mi lado.

MILAGROS.

Si se me concediera
un milagro,
si por un momento
dejara de ser
tan sólo estos cincuenta kilos de carne
y me convirtiera
en dos manos magas,
capaces de desdibujar
esta historia cotidiana,
tediosa, ordinaria.
Si se me concediera
el milagro...
Entonces,
sólo me haría falta
robar un rasguño
de tu belleza,
para con semejante matiz
pintar esta aldea
con tus colores,
llenando de primaveras
esta avenida sin soles,
sin flores,
con hambre
y ganas de llorar.
Si se me concediera
un milagro,
el momento iluminado
que espero
desde hace tantos años
y dejara de ser
ejemplo de mediocridad,
para volverme águila
que descansa sus alas
en el arroyo de tus labios.
Si se me concediera el milagro,
capaz de volver esta soledad
en pesadilla ajena a mí,
capaz de volver
esta poesía en realidad.
Ya no harían falta
razones que esperancen
ni pastillas para soñar.
Sabría que de carne
estaría hecho el cielo,
el paraíso que me prometieron
hace tantos años
y recién hoy encuentro
- de pura casualidad -
oculto y radiante
detrás de tus ojos.
 

 

 

 

 

 

 

 

MIENTRAS ME BESES.

No voy a permitirle
ni a Dios a que espíe,
ni al diablo
a que entrometa su lengua
de chusma vecina.
No voy a dejar
ni siquiera al aire
que mueva un sólo pelo,
amenazando de muerte
hasta el silencio
para que se quede quieto.
Voy a hacer hasta lo imposible
para frenar el curso de las cosas,
obligando hasta la tierra
a que no gire,
con tal de que el reloj
no despilfarre un sólo segundo.
Voy a insultar
a quien sea necesario,
y a golpear a quien se oponga.
Voy a hacer
que te sientas segura,
sumisa y patrona
entre mis brazos,
no permitiéndole
ni a mi sangre a que se altere.
Dalo por hecho.
Voy a hacer todo lo necesario
para que nada salga mal,
ni lo estropee.
Voy a ser todopoderoso.
Mientras me beses
yo controlaré todo,
para sólo seas propiedad mía,
en el espacio eterno
que deje ese instante,
que como un sueño
corre el riesgo
de desvanecerse,
otra vez.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HIJA POR ACCIDENTE.

Vas a ser lo que quieran que seas
con mi voz y mi cara y parte de mi lamento.
Y vas a tener
de todo y cuánto te toque
un poco de cada,
pero no vas a ser vos,
definitivamente no,
sino quién te nombren y cómo te nombren.
Y yo te voy a dejar
que seas lo que quieran,
protestando si es que se puede
a viva voz o en silencio,
reconociéndote de alguna forma mía
cuando note en tus ojos mi desvelo
y me calle, adoptándote
como mi hija por accidente,
cuando por mis entrañas salgas
como buscando aire
y te marches por la vida.
 

EL DIA QUE NO ESTES.

Este cuerpo se convertirá
en un fantasma vestido de payaso,
que camina por una tierra desvestida
donde los cactus y las serpientes se rían de él al pasar.
Este presente será recuerdo
del olvido que llega con retraso
y enciende el televisor,
para ver que el clima de este invierno es bajo cero.
Quizás una imagen triste será
ver estas sábanas arrugadas en un lavarropas sin agua,
sentir que la sangre se seca sobre el piso,
saber, que no hay remedio para la derrota.
Pero, sobre todas las cosas,
lo peor será caer en cuenta
que el corazón es un ejército de vagos
cantando borrachos bajo la lluvia
viejas canciones de amor,
y que, el volúmen del silencio
sonando dentro de estas paredes sin vos
es enloquecedoramente ensordecedor.
 

 

HUMANA CELESTE.

En tu sonrisa perfumada de inocencia,
en tus ojos regocijo,
en tus pestañas maquilladas,
en cada uno de tus pelos,
de tus uñas, de tus dientes.
En tus dedos que hacen lo imposible
para llegar cada día
un paso más allá
de mi locura,
en tus brazos
en tus piernas que me abrazan.
En la pálida blancura
de toda tu piel.
En las tres o cuatro
pequeñas pecas
que constantemente
te observas en el espejo.
En tus labios,
tu lengua, tu paladar.
En tus senos, remedio de mi alma,
en tu pancita blanca
que me recibe
como a un desamparado,
un mendigo hambriento.
En todo lo que te dije
y en todo lo que me olvido de decirte,
en vos toda.
Te encuentro, ángel,
encontrándome a mí mismo
en la encrucijada loca
de tu humanidad celestial,
revestida de auras.
Te encuentro,
encontrándome,
lo suficientemente inmundo
como para suplicarte
el Amor
que con una bondad humana única
me entregas,
sin que te lo pida,
haciéndome sentir
un elegido.

MIO,TUYO, Y NUESTRO.

Cuando se agote
la arena de este reloj
y llegue la hora de la repartija final,
estoy seguro
que cada uno
se llevará del otro
justamente lo que no le corresponda.
Nos vamos a llenar así
de odios tuyos y vicios míos,
para terminar gimiendo
al poco tiempo,
en otras camas, con otra gente
lo mal que lo pasábamos
cuando hacíamos del AMOR
una virtud
particularmente nuestra.
 

PARTE DEL SECRETO.

Para vos,
que conocés parte del secreto
y me llenás de besos la boca
a escondidas.
Para vos,
que sí sabés
como prender fuego
una cama de hotel
y me permitís cabalgar una nube
y navegar el mar de tu mirada,
en medio de la ceguera
inevitable de un espasmo
que se quiebra en mitad de la noche.
Para vos,
que tenés de oro el corazón
y no te negás a compartirlo
conmigo,
poniéndole alas a mis espaldas.
Diciéndome palabras sucias,
endulzándome los oídos.
Para vos,
que bañas de sangre
las yemas de mis dedos
que te escriben este poema,
que siempre fue tuyo.
Para vos, mujer,
que conocés parte del secreto
para vos te escribo,
para regalarte mi corazón
de alguna forma,
transformado en letras desparejas,
quizás,
para que cuando apoyes tu cabeza
en alguna almohada, lejos de mí,
te acompañe y te vele el sueño
esta, mi alma
aprisionada
en los barrotes
de tu sonrisa mágica.

CENIZAS.

Lo más probable,
es que el día menos pensado,
no esté tarde en llegar
el inoportuno que nos prenda en llamas
todo este paraíso creado.
El asunto va a ser estar precavido,
no con agua de lágrima
para apalear el incendio,
sino
con una sonrisa de fuego en los ojos
para contemplar con serenidad
y hasta con mucho de burla
como nuestros laureles
se vuelven CENIZAS.
Cenizas capaces
de redimir la oportunidad
de nuevamente
volver a empezar.

 

PARTECITA.

Me voy a quedar
con el cachito de film
que más me lastime.
Me voy a quedar con la escena
de tus pechos bañados de luna,
diciendo te amo en mis manos,
mientras la lluvia caía
y, detrás de un camión viejísimo,
no hacíamos más
que besarnos desesperados
como si Dios
estuviera a punto de mandar la señal,
para que todo se vaya al carajo
de un momento a otro.
Me voy a quedar
con la parte más dolorosa de esta historia,
me voy a quedar con ese poquito de olor
a vos que aún conservo en mis sábanas,
el mismo que hoy me inspiró este poema
y que ayer anoche me hizo llorar
y no encontrar consuelo,
ni siquiera en el recuerdo
de tus brazos ausentes,
esos que eran capaces de revivir a un muerto,
o de matar de amor
hasta el más escéptico
de la especie humana.

 

DESEO.

Que te aparezcas de la nada,
que no tengas más excusas
que ser parte de un milagro.
Que me sorprendas
con tanto imprevisto.
Que te acerques hacia mí,
que sólo te haga falta
desplegar tu mano mágica
sobre mi espalda rasgada
para que todo
comience a tener sentido,
sentido tenerte.
Que me suspires
cerca del oído
y sólo digas ya era hora
desde ahora no más demoras
y, sin que llegue a escucharte,
ya tenga tu boca
sobre mi pecho
tragándose mis latidos tuyos.
Que nada te detenga,
ni mis súplicas
ni las del destino.
Que sólo seas vos
esta maraña de sensaciones
hechas de ilusión y realidad
y te metas en mi cama
y me arranques de esta trampa
atándome a tu engaño.
Y, una vez que me derritas,
ya no seas fantasía,
para que mañana,
cuando intente despertar,
no seas sino vos
la que me sirvas
el desayuno
en medio del sueño.
Y yo ya no necesite
recortar pedazos de pasados
para consolar
mi presente sin futuro,
sino que sea tu existencia
la única medida de tiempo
que rija
la eternidad
que depare el hecho
de vivir bajo el amparo
de tus alas,
sobre tu calor
de tus labios,
y al lado
de tu cuerpo de mujer
durmiendo en el mismo
colchón que yo,
corazón.

SOPA DE CORAZON.

Pensaste que era definitivo.
Por eso no dudaste
en regalarme una lágrima,
el souvenir que me faltaba
para darle el toque final
al estante de tus recuerdos.
No te imaginabas
que los rostros se multiplicaban
con el dolor,
y andan por la calle
al descubierto
y en horas del día
sin que nadie diga nada.
No te culpo,
sé que no lo hiciste con maldad.
Pensabas que sería fácil
olvidarme,
deshacerme del peso de tu cruz
para alivianar mi vida,
por eso tiraste
- simbólicamente y no -
toda nuestra historia a la basura
delante de mis ojos,
y te quedaste con el papel de mala,
sólo para que se me haga más fácil
al no tener la culpa.
Pero, bien es sabido,
que tu voz no es tuya
sobretodo cuando no estás,
y tus palabras
estuvieron en cuanta boca besé
y no,
pero no fue esa tu intención,
por eso te sigo perdonando.
Lo único que te recrimino
es que eras
un poquito petulante.
Te creíste que sabías bastante
acerca de la soledad
y te equivocaste.
Pensaste que yéndote
me salvarías
y todos sabemos
que a este barco
no lo saca a flote nadie.
Pensaste que la soledad
sería buena compañera
pero, ni caso,
es tan desprolija y dejada,
y hasta tiene celos
y me arma escándalos
tal cual lo hacías vos.
Pensaste que era definitivo,
por eso te alejaste de mi vida
para que no tuviera que
responsabilizarme por los dos.
Pero, lo que no sabías
era, que al decir adiós,
no sólo que no te ibas
sino que por el contrario
te reproducirías.
Ahora, estoy endeudado
hasta las bolas,
trabajo a doble turno
y no me alcanza ni para puchos.
No sólo tengo que pensar
en mí y en vos como antes,
sino que también
en las otras cuatro mil formas
en la que teme apareces.
Y, comprenderás,
que con tantas bocas
para alimentar
no hay bolsillo que resista
ni sopa de corazón
que alcance.

 

RESPLANDECE.

No te hagas eco
del gris de la calle,
del lento correr de las horas,
de lo pesado
que suelen
caer las lágrimas.
Resplandece,
sacale el brillo a tu coraza.
Brilla siquiera por un momento,
que nunca se olvida
el nacimiento de una estrella,
con los pies
sucios de fango.
No te dejes llevar
por el río de silencios
que arrasa a la ciudad
mientras descansa
su sueño pesado.
Resplandece,
que nunca se borra
en la memoria
el fulgor de haber sido
- aunque sea una sola vez -
la luz que despabiló
el insomnio de alguno.
No tengas miedo.
No sólo se trata de vivir.
Arriesgate,
no te quedes afuera
mirando como otro lo hace
o esperando que otro se anime.
Dale sentido
a este ordinario
y aburrido pasatiempo
en esta tierra.
Sacale jugo a tu existencia.
Resplandece,
vale la pena.
 

LA PARTIDA DE UN ANGEL.

Sécate esa lágrima
y que ni se te ocurra
dejar escapar un suspiro.
Sólo date vuelta,
desplegá tus alas
y volá.
Volá espléndida y suavemente
hacia las nubes.
Y cuando llegues allí,
buscalo a Dios
y comentale que le fallaste.
Contale que en la Tierra
supiste reír
y acariciaste alturas
más altas que sus dominios,
quizás.
Contale que hasta fue necesario sufrir
para conocer a que sabe
el aroma de lo provocativamente
prohibido,
y que aprendiste
a gemir de felicidad.
Contale que le fallaste,
que al llegar a este planeta
te enamoraste de un tipejo mal aseado
tan parecido a este que te escribe
- aunque sin la pena de perros en sus ojos,
que le dejó esta partida casi obligatoria. -
Pedile perdón,
el viejo te va a saber comprender,
y una vez que lo hagas
quedate a su lado,
o dedicate a tocar el arpa
por las nubes,
pero ni se te ocurra
bajar otra vez.
No sabés
lo tristemente mal producidas
que son las segundas partes
de estas típicas novelitas romanticonas.
Quedate ahí,
haceme caso,
escondete detrás de una nube,
y, si querés,
para matar el aburrido tiempo celestial,
observá.
Observá como este simple tipejo
todas las noches se embriaga
recordando que una vez
estuvo a punto
de juntar cielo y tierra
en un mismo escenario :
Esta cama de dos plazas
que todavía tiene que terminar de pagar
- en cómodas cuotas de sangre ajena
y lágrimas pesadas como mercurio. -

 

DORMI CONMIGO.

Dejame contarle al mundo
que a veces llueve oro
detrás de la ventana.
Dejame contarle
que a veces
la noche tiene tantas luces
que hasta el invierno
parece Año Nuevo.
Dejame ser todopoderoso,
indestructible, eterno.
Dejame escribir
la canción que aún no escribí,
esa que tarareo de memoria
sólo para tu oído
y luego me la olvido.
Dejame convertirme
en ave, en ángel,
en suspiro de gigante.
Dejame ser dueño
del momento.
Dejame ser un visionario,
que entre tus piernas
encuentre el secreto,
que entre tus labios
encuentre el secreto,
que entre tus ojos
encuentre el secreto.
Para por una vez por todas
poder contarle al mundo
(con la seguridad que otorga
la sabiduría de tus letras)
que a veces es posible.
Se buena,
concédeme un deseo.
DORMI CONMIGO.
Para que si mañana
amanezco nuevamente solo
poder, por lo menos,
quedarme con el recuerdo
de tus postales del paraíso.
Para que si mañana
amanezco a tu lado
poder convencerme
que todo el dolor de este parto
tuvo sentido.
Y así, de la forma que fuese,
contigo o sin tí,
a partir de mañana
pueda yo dedicarme
a trovar por el mundo
que el AMOR existe
y comparte un cartel gigante
con las letras de tu nombre.
Sé buena.
No me dejes
con esta desesperación
que trae aparejada
la ignorancia
y el deseo ardiente
de querer conocer
qué hay más allá
de este silencio.
Concédeme un deseo.
Dormí conmigo esta noche
y volvamos metáfora
lo que cualquiera vería
como un simple
descanso del día
- en esta ciudad
ajena a mi desgracia
o a mi felicidad - .
Volvamos poesía
esta almohada compartida
y celebremos
con un HIMNO DE GEMIDOS
la retirada triunfante
de esta soledad,
(para que por lo menos
por un momento
no haga más mal
del que ya ha hecho).

EL GUARDIAN DE TUS LAGRIMAS.
Sólo quería que me des
la posibilidad de amarte
y eso hiciste,
por eso no me hizo falta
pedirte una ilusión
a cambio de mi cordura,
porque, sin que te dieras cuenta,
lentamente te deshumanicé
al punto de quitarte
hasta el don de amar
inclusive a mí.
Entonces,
sólo quisiste
que yo te quiera
y eso hice,
por eso no te hizo falta
pedirme la vida
a cambio de una lágrima,
porque ya te la había entregado,
y la lágrima
te la quité y me la guardé,
sin que te dieras cuenta,
una noche
en que acurrucados
en un colchón
multiplicamos nuestras almas.
Ahora bien,
sigamos el trato
como hasta el momento
para que nadie
termine herido.
Prometo ser el guardián
de tus lágrimas
hasta el día
que decidas
no cuidar más de mi vida.
El día en que te humanices
nuevamente
y yo vuelva a ser
- como consecuente -
el mendigo de amor
que era
antes de conocerte.

 
SUPE QUE NO ESTABAS.

No fue sólo por el calor
del que carecían mis sábanas
a las tres y media de la madrugada,
ni tampoco por el perfume tuyo
del cual todavía
conservaban un vago olor.
Supe que ya no estabas,
cuando todo, absolutamente todo,
se volvió en contra mía,
como un raro sueño etílico.
De pronto las ramas resecas
de todos los árboles muertos
comenzaron lentamente a acercarse
a las ranuras de mis ventanas,
la tevé no tardó en destellar
colores y lloviznas
con la cara que iba y venía
de mi esperanza llorando en estéreo,
mientras la luna cautelosamente
se iba escondiendo
detrás de los edificios.
Supe que ya no estabas
y con lo poco que me quedaba
de alma y fuerzas,
intenté huir de mí mismo,
escondiéndome detrás de mis entrañas.
Pero todo parecía inútil.
Las sillas comenzaron a caminar
hacia mí con su mirada alocada,
de las paredes comenzó a manar sangre
que se iba convirtiendo en nieve
al caer al piso,
y el amarillo de la lamparita
comenzó a titilar histérico.
Hasta los muñequitos roñosos
de arriba del modular
se sonrieron sarcásticos
al verme aterrorizado,
tratando de cubrirme
con estas sábanas rotas,
putrefactas de ausencias.
Supe que no estabas,
no fue sólo por las caricias
que extrañaban mi piel, ni por tus besos
que me hubiesen salvado
de ser víctima de cualquier alucinación.
Supe que no estabas
al darme cuenta
que todo, absolutamente todo,
se volvía en mi contra
cuando la soledad era realidad.
Supe que no estabas
y que era realmente inevitable.
Por eso de nada
me hubiese servido llorar,
y mis ojos permanecieron abiertos
hasta que la muerte
disfrazada de amanecer
sobrevino a mi cansancio
y me durmió
aterrorizado, frío,
mojado de vacío
y sin vos.

DENTRO DE LA PIEL.

Podría dedicarme a contar las estrellas,
a hacer sombras chinescas.
Podría mandar un currículum
a la NASA,
solicitando el puesto
de barrendero importado de Sudamérica.
Podría desovillar y ovillar
mil veces
una madeja de 100 kilos de lana,
cantando “la felicidad jajaja”.
Podría quitar las telarañas del cuadro,
desinfectar el inodoro y el bidet,
pegarle una lavada a los vidrios de la ventana.
Podría hacer un curso de títeres,
de cocina, de mimo, de yoga
en algún centro cultural barrial.
Podría hacer flexiones de brazos,
leerme la Biblia
o la guía telefónica,
drogado.
Podría recitar poesía
para un público ausente.
Podría meterme
adentro de la piel.
Podría calcular
cada cuánto pasa el colectivo
por la puerta de mi casa,
después de las doce de la noche.
Podría ser feliz
pensando que soy un gato
que vaga por las terrazas
a la espera del inevitable balazo.
Podría suponer que creo en Dios,
o que alguna vez
nos volveremos a encontrar en el paraíso.
Podría mandar varias cartas
al programa de Susana,
a ver si alguna vez en mi vida gano algo.
Podría imaginarme desnudo
cruzando la Nueve de Julio.
Podría salir a buscar trabajo
de peón de albañil,
o de ché pibe
en una agencia de Remises.
Podría enamorarme de un maniquí.
Podría alquilarme una porno.
Podría salir vestido de mujer
a dar vueltas a la manzana.
Podría pelearme con mi sombra
y decirle cosas ridículas.
Podría ir a una disco
y bailar arriba de un bafle
con un cartel que diga
 

MURIENDO LENTAMENTE.

Y ahora cómo le explico
a este tonto corazón,
que todo este juego absurdo
estuvo escrito así
desde un principio.
Y ahora cómo le explico
que era mentira
la eternidad a tu lado,
la perpetuidad de tu aliento,
la inmortalidad de tus besos.
Si todavía no sé cómo decirle
no pierdas las esperanzas,
a sabiendas de que todo está acabado.
Si todavía no sé cómo frenarlo,
cuando alocado por tu ausencia
se abalanza contra la tormenta
e intenta bañarse
para despabilarse,
de lo que supone una pesadilla,
demasiado parecida a la realidad.
Si todavía ni siquiera sé cómo sugerirle,
que se vaya haciendo a la idea
de que quizás algún día
seas sólo patrimonio del recuerdo.
Decime,
decime cómo le explico
a este tonto corazón,
semejante maraña de sentimientos,
semejante patraña divina.
Cómo le meto en la cabeza,
que no jodió a ningún dios,
pero que así estaban
echadas las cartas de antemano ?
Cómo le explico
que todo esto le sirve de experiencia,
que todo este tiempo
no fue perdido,
que toda esta historia
no fue en vano,
sino que fue un puente
entre una etapa y otra
de la misma vida ?
Si todavía no sé cómo contenerlo,
entre tanto sobresalto
y sorpresa que se lleva a diario.
Si todavía no sé cómo calmarlo.
Mintiéndole que todavía
queda algo por luchar,
mientras se me debilita
con cada golpiza sucesiva.
Si cada vez que intento
abrir la boca para sugerirle
que quizás algún día no estés,
me jura que de Amor se muere.
Cómo le digo,
decime vos cómo le digo,
que no fue él, ni las circunstancias,
sino el destino que así lo quiso.
Que tu ausencia no es provisoria,
que lo seguís queriendo
pero allá lejos,
que vos cruzaste el puente
y nunca te vas a olvidar de él,
que no te cansaste de su latir viejo
sino que simplemente
un corazón nuevo
nunca viene nada mal.
Cómo se lo digo ?,
decime vos cómo se lo digo.
Si cada vez que intento sugerirle
que quizás algún día no estés,
jura que se muere de amor.
Cómo le digo,
que ya te fuiste ?,
sin morirme lentamente
a sabiendas de lo que estoy
matando de un tirón.

 
 
"REALMENTE ESTOY AL PEDO EN EL MUNDO".

Podría meterme
adentro de la piel.
Podría ir ahorrándome
unos pesos
comprando la nueva promo
de Coca-Cola.
Podría decir que soy Superman
y tirarme del balcón a ver si vuelo.
Podría sentarme a reflexionar.
Podría ir a rezar
a la Iglesia de Luján
oraciones sabidas de memoria.
Podría comprarme
un billete del Loto
a la espera de que la fortuna
golpee mi puerta.
Podría conseguirme una puta
por $15.
Podría dejarme las rastas
y pintarme de negro,
o hacerme judío, mormón,
vegetariano, drogadependiente,
skinhead, punk,
concheto, hippie esotérico,
asesino en serie,
pacifista,
defensor de indios,
feminista,
policía.
Podría deprimirme
con los problemas sentimentales
de la Suller,
alegrarme porque se viene la Navidad,
sentirme indignado
porque nos boicotearon la final
del Mundial del ’90,
cuando al Diego le cortaron las piernas.
O podría meterme
adentro de la piel,
y permanecer inmóvil
deteniendo mi mirada
en un punto fijo de la noche.
Podría masturbarme.
Podría ver que dan por Cable.
Podría tomarme el bondi
hasta el Correo Central
y pasear por el Centro.
Podría sonreír para la foto.
Podría quedarme quieto
aguantándome la respiración.
Podría comer sandía con vino.
Podría ser libre
en un sueño de pastillas
o de bebidas.
Podría escribir poesía.
Podría presentarme en una productora de películas
para hacer la versión Argentina y berreta
de Romeo sin Julieta
por falta de presupuesto.
Podría encerrarme en un manicomio.
Podría acusarme con la policía
por un crimen inventado para la ocasión.
Podría encadenarme a la cama.
O podría meterme
adentro de la piel
y permanecer inmóvil
durante todo el tiempo
que sea necesario
hasta que mengue todo este dolor
con los ojos y los párpados
hacia adentro,
para que ni las paredes
se enteren
de que en el fondo
me desangro
en un llanto desconsolado.

 

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