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EL
MOTIVO
DE
MI
CANTO.
Tal
vez
porque
el
destino
necesita
de
mi
canto.
Tal
vez
porque
hay
un
hambre
tan
grande
dentro
de
este
infierno
que
ni
el
pan
lo
calma.
Tal
vez
porque
veo
Buenos
Aires
amanecer
en
desgracia,
con
la
simple
imagen
de
estos
cables
de
luz
cruzando
el
invierno
de
su
cielo.
Tal
vez
porque
necesito
creer,
porque
preciso
la
fuerza
para
no
dormirme
en
la
cama
del
hast�o
cotidiano.
Tal
vez
porque
dependo
del
fluir
de
estas
palabras
para
penetrar
tu
fortaleza
y
acunarme
en
tu
coraz�n.
Tal
vez
porque
sea
el
�nico
remedio
que
me
da
la
oportunidad
de
llorar
por
amor.
Tal
vez
porque
soy
tan
mediocre
que
me
atajo
en
esta
excusa
para
no
entrar
en
la
rueda
gigante
de
la
mediocridad,
vulgar
y
legalmente
consentida.
Tal
vez
porque
se
me
acalambran
los
m�sculos
del
alma
cuando
me
niego
a
gritar
con
la
voz
de
la
tinta.
Tal
vez
porque
sea
as�,
simplemente,
porque
indispensables
estas
palabras
me
resultan
para
mendigar
con
categor�a
un
paseito
por
las
vi�as
del
cielo
y
tomarme
ah�,
alg�n
que
otro
vino
con
Dios.
Tal
vez
porque
estoy
bendito
o
maldito
con
este
don
y/o
defecto.
Tal
vez
porque
de
no
ser
as�
el
resto
de
esta
historia
no
tendr�a
sentido.
Quiz�s
por
eso
o
por
muchas
cosas
m�s
es
que
yo
canto,
porque
necesito
de
este
dolor
de
parir
canciones
mucho
m�s
de
lo
que
necesitar�a
de
las
caricias
para
alivianarlo.
Tal
vez
porque
el
destino
simplemente
me
puso
en
su
camino,
porque
requer�a
de
mi
canto
para
hac�rselo
m�s
entretenido
y
no
tengo
otro
remedio.
Qu�
se
yo.
|
SIGNIFICA
QUE
NO
ESTAS
La
ventana
abierta
desnudando
la
ciudad
y
sus
techos
petisos.
Las
medias
sucias
decorando
el
ambiente
donde
sobrevivo.
La
telara�a
que
sostiene
mi
sonrisa
ida
junto
con
mis
a�os
mozos.
El
humo
del
cigarro
corrompiendo
el
ya
pertrecho
olor
de
mi
encierro.
Mi
colecci�n
de
cl�sicos
de
bolsillo
con
la
nostalgia
ajena
consol�ndome
por
las
noches.
El
recuerdo
de
tu
beso
de
despedida.
La
tristeza
que
vuelve
para
instalar
su
kiosco
dentro
de
mi
coraz�n.
Las
paredes
que
me
duermen
con
su
s�rdido
arrorr�.
Mi
esperanza
enterrada
en
las
tumbas
del
ayer.
Y
todo
lo
que
me
olvido
en
un
acto
de
arrojo
de
piedad
propia.
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