CIELORRASOS

GITO MINORE

    " La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitaci�n"

    Blas Pascal

    PROLOGO

    Los poemas contenidos en este libro fueron escritos entre 1997 y 1999. Han sido originalmente publicados en un fanzine independiente llamado "Cielorrasos", editado entre Octubre de 1998 y Julio de 1999, que cont� con solo 8 n�meros m�s 2 especiales ( "Algo acerca de la paz" y "Perdidos en el para�so").
    De los 66 poemas que conten�a dicha colecci�n 22 formaron "Fuego en el pecho", 18 se incluyen en esta edici�n y el resto es patrimonio del olvido.
    Comparto con ustedes, amigos lectores, esta primera edici�n electr�nica de un libro de mi autor�a.
    Agradezco su lectura y difusi�n.

    Gito Minore - Abril 2004

     

    Agradecimiento a Guido Olaguivel por su apoyo incondicional y desinteresado a mi obra.

INDICE

AUTORRETRATO
1-AHORA
2-ALMA
3-PL�CIDAMENTE DORMIDO
4-EL MUERTO
5-IM�GENES CONGELADAS DE UN INVIERNO UN TANTO FR�O
6-LAS PASTILLAS PARA DORMIR
7-FRENTE AL ESPEJO
8-17 DE AGOSTO DE 1997
9-EL ESPEJO DEL ALMA
10-LOS AFORTUNADOS
11-ALGO ACERCA DE LA MUERTE
12-UN CIGARRILLO TRAS OTRO
13-EL MOTIVO DE MI CANTO
14-SIGNIFICA QUE NO EST�S
15-CON TANTOS ADMIRADORES QUE NO PUEDAS IMAGIN�RTELO
16-DEJA TU MARCA
17-PARA CUANDO SOBREVENGA EL FINAL
18-TIME IS OVER

 Dedicado a Carla y Beto.
 

Autorretrato.

Soy s�lo lo que encierran celosas
estas cuatro paredes de mi infierno:
un ermita�o angustiado,
atormentado por la mancha de humedad
que lo mira omnipotente
desde lo alto del cielorraso.

 

AHORA.

Ahora que todos los caminos
desembocan en la boca del lobo,
que es esta desesperaci�n
ego�sta y mezquina.
Ahora que todas las paredes
desprenden indiferencia.
Ahora que ning�n santo quiere
que se le encienda una vela.
Ahora que el coraz�n grita
y que las tripas se lamentan.
Ahora que nos quedamos
sin alas que vuelen alto.
Ahora que el destino
se volvi� calvo
y le rob� a Dios
los anteojos negros,
dejando al descubierto
que - sin lugar a dudas -
sus ojos tienen cataratas.
Ahora que ya no somos uno.
Ahora que nos es imposible
llorar, tanto como re�r,
ya que la risa se qued�
haciendo dedo a mitad de ruta,
sin dinero y aterrorizada
por la noche.
Ahora que empe�amos
el �ltimo resto de alma
por un pedazo de estofado
a medio cocer.
Ahora que no nos salva
ni la magia ni la poes�a,
ni el calor que desprende
el cuerpo del enemigo
durmiendo a nuestro lado,
despu�s de una noche de agite.
Ahora que no somos uno,
sino dos pares de piernas
que caminan sin rumbo
por la oscuridad de Buenos Aires
y no se cruzan
nunca, jam�s.
Ahora que la seguridad
es un asesino suelto
que viaja en colectivo
sentado a nuestro lado.
Ahora que descubrimos
que los catequistas
se quedaron cortos
con esa fantasiosa
imagen del infierno
que nos quisieron inculcar.
Ahora que devalu�
a el precio de plumas
el peso que cargamos
en la espalda.
Ahora que nadie da
un centavo por una canci�n nuestra
y que sabemos que todo
lo que alguna vez temimos
se volvi� realidad.
Ahora que somos casi humanos
yo me pregunto, alma m�a,
existe todav�a la esperanza
de alg�n d�a encontrar el camino
que nos devuelva al para�so
de donde fuimos secuestrados?
o es s�lo el pr�logo
de esta tragedia
que reci�n empieza
y que muchos se regodean
llam�ndola vida.
 

ALMA.

Se volvi� un pasillo angosto,
de baldosas desparejas,
de paredes desgarradas
por el tiempo y la humedad.
Un lugar insolente a la mirada,
donde la lluvia
moja las pocas plantas
que crecen
en viejas latas de pintura.
Se volvi� un pasillo angosto,
donde de vez en cuando
- cuando no le duelen los ri�ones -
una vieja se�ora gorda
arrastra lentamente sus chancletas
para acercarse a encender
una vieja lamparita
que cuelga de una telara�a negra
y luego se vuelve a su casa,
incapaz de sentarse un rato
bajo ese �nfimo techito,
que no la cubre del agua.
Sienten pudor de pasar por ah�
hasta las ratas del galp�n,
hasta las polillas, hasta la mugre
que empa�a el aire.
Se volvi� un lugar inh�spito,
un desierto en pleno Buenos Aires,
un agujero
en la pared de la noche.
Se volvi� un pasillo angosto,
un pasillo que comunica
el hogar dulce hogar de la envidia
con una casa tomada por los gitanos,
pero eso s�,
ni siquiera uno de ellos
se anima a pasar
siquiera corriendo ebrio por ah�.
S�lo, de vez en cuando,
la se�ora gorda
se preocupa de ir
a encender la vieja lamparita,
no vaya a ser cosa
que se queme
y que nadie m�s,
nunca m�s,
bajo ning�n pretexto
pueda llegar a afirmar
que ese pasillo angosto
alguna vez fue un alma.
mi alma.

 

EL MUERTO


No cruz� la calle desprevenido.
No se baj� del tren en movimiento.
No abri� la heladera
con los pies descalzos.
No se patin� en la ducha.
No se entremezcl� en un tiroteo.
No fu� ladr�n ni asaltado,
ni rehen ni inocente.
No cay� en un ajuste de cuentas.
No entreg� su vida por un ideal.
No particip� en ninguna revoluci�n.
No fue Cristo ni Judas,
ni Barrab�s ni Magdalena.
No estaba enfermo.
No estaba en un hospital,
ni en un asilo ni en un geri�trico.
No ten�a ni c�ncer ni sida,
ni una tos ni una angina.
No ingiri� comida en mal estado.
No le agarr� el dengue.
No se le cay� un balc�n encima.
No se acalambr� en el r�o.
No se tir� del 10� piso.
No mezcl� pastillas.
No se cort� las venas.
No se peg� un tiro.
Pero todos sab�amos
que ya estaba muerto,
desde hac�a largo tiempo,
cuando lo encontramos
inm�vil mirando por la ventana
fum�ndose su trig�simo noveno
cigarrillo de la noche,
sin l�grimas en los ojos,
sin sangre en el cuerpo,
sin un m�nimo rasgu�o
y con el coraz�n
a�n latiendo.
 

PL�CIDAMENTE DORMIDO.

Estaba dormido,
pl�cidamente dormido,
por eso no escuch�
el ruido que hizo
do�a Esperanza
ordenando las cosas de la mudanza,
cuando le remataron
el techo de mi casa.
Estaba dormido,
mientras los dem�s
sal�an a trabajar
con los bolsillos llenos
de malaria.
Estaba dormido,
pero no por haragancia,
el cansancio se hab�a hecho notar
despu�s de tanto tiempo
- por eso no me arrepiento -.
Estaba dormido,
cuando bajaron a tiros
a Cristo
y lo vendieron
como trofeo a la NASA.
Estaba dormido,
cuando declararon
impunes a los chorros,
amnist�a a los asesinos,
libres bajo fianza
a los represores.
Estaba dormido,
mientras Dios vagaba
por detr�s de las estrellas
buscando una excusa v�lida
para comenzar el juicio final
y que no lo terminen
mandando en cana a el.
Estaba dormido,
mientras mam�
trabajaba como esclava
para pagar
el alquiler de mi cama.
Estaba dormido,
mientras pap� se emborrachaba
y se masturbaba mirando la CNN.
Estaba dormido,
y no me arrepiento,
merec�a el descanso
despu�s de tanto tiempo.
Estaba dormido,
mientras bombardeaban Irak,
mientras Coca Cola
te armaba un mundo
al que jam�s �bamos a pertenecer,
mientras la alegr�a
estaba de franco
y fuera del barrio.
Estaba dormido
y no me arrepiento,
tan dormido
como nunca lo estuve.
Estaba pl�cidamente dormido,
c�modamente dormido,
profundamente dormido.
Y so�ando que volv�as a m�,
coraz�n,
a despertarme de mi ensue�o
a los gritos
- como es tu costumbre -.
 

IMAGENES CONGELADAS DE UN INVIERNO UN TANTO FRIO.

Un perro dormitando
junto a sus cr�as,
en la sala de entrada
de la guardia del Hospital Santojani.
Un travesti rasur�ndose las piernas
en la habitaci�n del hotelucho,
antes de salir a buscar
el pan en la vereda.
Un colectivero de la l�nea 86
d�ndose un saque
en la estaci�n terminal a las 2 de la ma�ana.
Un ciego cantando en el tren.
Un boliviano cantando en el tren.
Un lisiado cantando en el tren.
Las voces en la radio y la tev�,
las mismas voces vociferando
siempre el mismo producto.
Un pibito entrando al kiosco de la Cata
a comprarse 8 Guaymall�n por un peso.
Una mujer de un metro cincuenta
con la cara roja y las manos fr�as,
yendo a su casa
con tres cajitas de Arizu en su bolsa
de hacer los mandados.
Las sonrisas del mundial.
Las sonrisas del D�a del Padre.
Las sonrisas de Navidad, A�o Nuevo y Reyes Magos.
Una chica de pelo lacio
con una gran cartera,
baj�ndose del colectivo
a media cuadra de la Universidad de la Matanza.
Cuatro o cinco chicos con flequillos
jugando al metegol
a las cinco de la tarde.
La madre de Mar�a Elena
revolviendo la olla
con el arroz para la abuela.
El pa�al del beb� hecho un bollo.
El pa�al del nono hecho un bollo, tambi�n.
Las mismas caras todos los d�as
baj�ndose del tren, compr�ndose un choripan,
at�ndose los cordones, rasc�ndose la cabeza,
perdiendo el colectivo, esperando en la cola del banco,
esperando a que corte el sem�foro,
esperando nuevamente a que baje
el Se�or envuelto en rayitos de luz.
El tipo detr�s del mostrador
vendiendo el n�mero de la loter�a,
el tipo del otro lado
pagando el billete con el resto
de su sueldo y de su esperanza.
El tipo detr�s del altar
convirtiendo un pedazo de harina y agua
en la carne del resucitado,
las se�oras de pelo blanco
observando el milagro desde la cuarta fila.
Las hojas secas de todos los �rboles.
El porcentaje de la humedad
impregnado en las barandas
pintadas con anti�xido.
La mugre, las telas de ara�a
obstruyendo la visi�n del mundo
en mi ventana.
Etc�tera.
Etc�tera.
Etc�tera.

LAS PASTILLAS PARA DORMIR

Dios est� aburrido,
pelotudeando entre las estrellas
sin saber que hacer,
lo suficientemente aburrido
y abstra�do
como para no prestarle atenci�n
al aspecto lamentable de su mundo
que se viene a menos.
Por eso no le di� importancia
a los miles y miles
de seres humanos
que d�a a d�a se preguntan
qu� carajo est�n haciendo
parados aqu�.
Por eso no ley� en los diarios
que la soledad
es la enfermedad incurable
de este nuevo milenio.
Dios debe estar tan aburrido
dentro de su apartada deidad
que hasta �l debe tener problemas
de falta de personalidad.
Mir� sino
como deja que todo siga
su curso torpe,
que los autos patinen
por la avenida,
que la se�ora de enfrente
mueva su piecito descalzo
sobre la vereda
al ritmo de la canci�n
"El tedio de la vejestoria",
que los �rboles crezcan
como si nada,
mientras en la casa vecina
la televisi�n no tenga
nada m�s que disculpas
para ofrecerle
a la juventud televidente.
Pobre Dios,
lo compadezco,
que triste y lamentable
es verlo envejecer
entre sus pedos
de est�mago empachado de hast�o.
Mir� si el aburrimiento
no lo tiene sometido
y aturdido
que se termin� olvidando
cu�l era el sentido
de habernos creado.
Por eso no te acomplejes
si estas sola
mirando por la ventana
cu�l era la estrella
que nos iba a guiar
hacia nosotros,
cuando el tiempo de encontrarnos
estuviera cumplido,
y no la hall�s
en la mara�a de constelaciones
que tenemos
como cielorraso de nuestra existencia.
Yo tampoco la encuentro.
El pobre Dios
las revuelve todas
cada dos por tres
buscando matar su aburrimiento,
tratando de encontrar
donde dej�
las pastillas para dormir,
que perdi� por distra�do
boludeando
una de esas tardes eternas
hace tanto, tanto,
tanto, tanto tiempo.

 

FRENTE AL ESPEJO

Solo,
supuso saber
de donde proven�a la tormenta.
Hecha de soledades solas,
de pedazos de cenizas,
de platos sucios
y de alg�n gemido
rebotando en la memoria.
Hecha de soledades acompa�adas
de fr�os veranos, inviernos,
primaveras, oto�os y navidades,
de restos de comida
del d�a anterior.
Hecho de soledades premeditadas,
de gritos, de espamentos,
de silencios, de jadeos,
de corazones en papel de fiambre,
de bolsas de polietileno.
Hecho de soledades imprevistas,
de sordos c�mos y cu�ndos,
de mudos porqu�s,
de d�ndes ausentes.
Hecha de soledad,
al f�n y al cabo,
o bien de desamor,
de destierro,
de deseos desamparados,
de promesas est�riles,
esterilizadas, esterilizantes.
Entonces,
no lo dud� m�s,
se compadeci� de s� mismo
y frente al espejo
se llor� una l�grima,
una buena l�grima,
hecha de puro ego�smo.

17 DE AGOSTO DE 1997

Esta ma�ana no hay noticias,
excepto que el cielo est� gris
y que algunos p�jaros
todav�a cantan.
Es un 17 de Agosto
como cualquier otro,
con algo de fr�o,
algo de humedad,
sin santo de la espada,
sin libertad para nadie
y sin �nimos de rebeld�a.
Sobre los postes de luz
los cables cuelgan
y algunas gotas caen.
No deja de ser una madrugada
como cualquier otra,
com�n y silvestre,
lisa y llana,
sin sue�o,
sin esperanza,
sin sangre derramada,
con resaca
y dolor de alma.
Excepto que San Mart�n
cumpli� otro a�o de fiambre,
no hay m�s novedades
en esta madrugada.
S�lo podr�amos agregar
que nos quedamos
un pedacito m�s rotos,
un poquito m�s solos,
un pasito m�s cerca
del borde del abismo,
por el simple hecho
de que pas� otro d�a.
nada m�s que eso.

EL ESPEJO DEL ALMA.

Es cierto,
crecimos atemorizados,
con tantos ojos vigilantes
la angustia sopl�
su brisa de caricia
sobre la piel de gallina
y era l�gico.
Hubieron tantos ojos
acech�ndonos,
que de la misma desesperaci�n
empezamos a sentir an
cada vez m�s.
Hasta las paredes pesta�eaban,
los pisos, las ventanas cerradas,
las medias sucias,
las botellas rotas,
las colillas de todos los cigarros,
v�ctimas del insomnio.
Todos clavaban su vista
con los ojos dilatados,
dislocados por su furia,
inapacible,
sobrellenando nuestros o�dos
con su risa disonante.
Es cierto,
el terror se nos hizo carne
y ca�a de maduro
que nos volvamos luchadores
infatigables en la b�squeda
de ese pedacito de paz
que se nos hab�a robado.
Nos volvimos aguerridos
ut�picos, obsesivos,
paranoicos en su b�squeda.
Es cierto,
vivimos atemorizados,
con tantos ojos vigilantes,
resultaba hasta natural
que el desafuero finalmente
nos envuelva en las s�banas
de la insomne tortura de esperar
que todos esos ojos
quedar�n ciegos como por milagro.
Y era l�gico
que semejante dolor nos tenga
esperando las horas que esperamos
(que en definitiva no fueron tantas,
solamente las necesarias
para que fueran los nuestros
los ojos que se cierren).

LOS AFORTUNADOS.

La madrenoche nos pari� en penumbras,
y crecimos bajo su tutela.
Nos amamant� hasta el hast�o,
empap�ndonos los labios
y los o�dos con su licor.
Fuimos protegidos.
Con el tiempo aprendimos
a aprender de la derrota
y a brindar por su memoria,
durante los buenos tiempos.
Aprendimos a sacarle el jugo al hueso,
a bebernos los zanjones
de l�grimas ajenas,
a no rezarle a nadie Padrenuestros.
Y, aunque m�s de una vez
nos arrojamos ciegos al vac�o,
aprendimos a volar con cautela,
por eso nunca fuimos pobres
sino ricos en pobreza,
sobretodo desde el d�a
que se nos qued� grabado en la memoria
que del suelo nadie se cae.
Qui�n de nosotros
va a osar alguna vez
sentirse desvalido?
S�lo cuando la madrugada aclare
nos veremos piel y hueso,
pero estaremos, para esas alturas,
acostumbrados a dormir de d�a.
Somos afortunados.
La madrenoche nos pari� en penumbras,
nos bes� y nos bendijo
con el vino de su sabidur�a
y nos mand� a marchar por el mundo
vestidos con la fuerza de su luto.
Qui�n nos puede lastimar
de ahora en m�s ?
Somos afortunados.
Fuimos protegidos
desde el primer d�a.

ALGO ACERCA DE LA MUERTE.

Inventamos para�sos, purgatorios e infiernos.
Inventamos reencarnaciones.
Inventamos cruces, estrellas
y talismanes,
a quien depositarles nuestros miedos.
Inventamos, inclusive,
hablar con los muertos,
preguntarle a los fantasmas
c�mo continuar con este calvario.
Inventamos sufrimientos,
peque�os y grandes sacrificios,
en pos de saldar
nuestro propio arrepentimiento,
a nuestra falta de conciencia.
Inventamos santos que dan Pan y Trabajo,
gualichos que nos abren los caminos,
Testigos de Jehov� que nos muestran
casas en el medio de la selva,
con leones y osos pandas,
comiendo en nuestras mismas mesas.
Inventamos alabanzas,
milagros y resucites,
oraciones, canciones,
comuniones, sanaciones,
bendiciones y unciones,
que nos labran un camino
de represiones, traiciones
y frustraciones
que supuestamente nos conducir�n
a un lugar detr�s de las nubes.
Pero no llegamos muy lejos.
Se nota nuestro subdesarrollo
y su falta de talento.
Todav�a no tenemos
la capacidad de imaginar
un final semejante,
a la realidad que desconocemos
y nos acecha implacable
a cada momento.

UN CIGARRILLO TRAS OTRO.

La noche se vuelve
humedad pesada
cal�ndose en los huesos del alma
y, parece mentira,
siempre la misma historia.
Un cigarrillo tras otro
y otra vez la escena del reencuentro
de mi falta de talento y de alimento
d�ndose la mano,
a ver si entre las dos
logran sacar el barco adelante.
Puta miseria,
esta vez se robaron los mapas
de la ubicaci�n de un Kiosco abierto
donde tomarse un vino
en este laberinto sin salida.
Esta vez no hizo falta
que alguien nos indique
lo perdido que estamos,
fue simple intuici�n
luego de a�os de costumbre,
de m�s est� decir
que nuestros pies ya conocen el camino
del callej�n del mareo eterno,
de la ruta a la deriva,
del destino desamparado.
Un cigarrillo tras otro
y otra vez la escena del reencuentro
de mis ojos vac�os y fijos
en la ventana abierta
hacia una nada indiferente:
la misma postal de Bs. As.
de siempre,
siempre, siempre, siempre.

EL MOTIVO DE MI CANTO.

Tal vez porque el destino
necesita de mi canto.
Tal vez porque hay un hambre
tan grande dentro de este infierno
que ni el pan lo calma.
Tal vez porque veo Buenos Aires
amanecer en desgracia,
con la simple imagen
de estos cables de luz
cruzando el invierno de su cielo.
Tal vez porque necesito creer,
porque preciso la fuerza
para no dormirme
en la cama del hast�o cotidiano.
Tal vez porque dependo
del fluir de estas palabras
para penetrar tu fortaleza
y acunarme en tu coraz�n.
Tal vez porque sea el �nico remedio
que me da la oportunidad
de llorar por amor.
Tal vez porque soy tan mediocre
que me atajo en esta excusa
para no entrar
en la rueda gigante de la mediocridad,
vulgar y legalmente consentida.
Tal vez porque se me acalambran
los m�sculos del alma
cuando me niego a gritar
con la voz de la tinta.
Tal vez porque sea as�,
simplemente,
porque indispensables estas palabras me resultan
para mendigar con categor�a
un paseito por las vi�as del cielo
y tomarme ah�, alg�n que otro vino
con Dios.
Tal vez porque estoy bendito
o maldito con este don
y/o defecto.
Tal vez porque de no ser as�
el resto de esta historia
no tendr�a sentido.
Quiz�s por eso
o por muchas cosas m�s
es que yo canto,
porque necesito de este dolor
de parir canciones
mucho m�s de lo que necesitar�a
de las caricias para alivianarlo.
Tal vez porque el destino
simplemente me puso en su camino,
porque requer�a de mi canto
para hac�rselo m�s entretenido
y no tengo otro remedio.
Qu� se yo.
 

SIGNIFICA QUE NO ESTAS

La ventana abierta
desnudando la ciudad
y sus techos petisos.
Las medias sucias
decorando el ambiente
donde sobrevivo.
La telara�a que sostiene
mi sonrisa ida
junto con mis a�os mozos.
El humo del cigarro
corrompiendo el ya pertrecho
olor de mi encierro.
Mi colecci�n de cl�sicos de bolsillo
con la nostalgia ajena
consol�ndome por las noches.
El recuerdo de tu beso de despedida.
La tristeza que vuelve
para instalar su kiosco
dentro de mi coraz�n.
Las paredes que me duermen
con su s�rdido arrorr�.
Mi esperanza enterrada
en las tumbas del ayer.
Y todo lo que me olvido
en un acto de arrojo
de piedad propia.
 

CON TANTOS ADMIRADORES QUE NO PUEDAS
IMAGIN�RTELO.


Fresca y desnuda,
esta velada
vas a saltar
de terraza en terraza,
sobre toda la ciudad,
pero no acabar�s en mi cama.
No. No.
Vas a sonre�r
mientras dure la plegaria,
luci�ndote efusiva y jocosa
con tus mejores sonrisas de fiesta,
y vas a animar,
con tus ocurrencias desubicadas,
el entierro de cuanto cristo
se desplome a tus pies,
sin dejar en tu rostro
filtrar una gotera
que delate la inundaci�n
- l�gica e inevitable -
que aguarda impaciente
detr�s de tus ojos.
Vas a sobrevivir
de esta manera,
y vas a ver
que bien te va a ir.
Ya me estoy imaginando
cuantos aplausos
te vas a robar,
sobre las tablas
de este teatro de mundo,
al tope de ausencias enmascaradas,
que te ovacionan de pie.
Vas a ser la elegida,
la �nica, la espectacular,
con tantos admiradores
como no puedas imaginarte,
con fan�ticos, lun�ticos,
que deliren por vos
y magnates de este negocio
que se peleen por contratarte.
Vas a ver que bien te va a ir,
vas a ver que lo vas a lograr.
Eso es lo que m�s me tranquiliza,
sobre todo esta noche,
la de tu partida,
pero no me preguntes por que
ya que no tengo razones,
o bien me sobran.
Fresca y desnuda,
esta velada
vas a saltar
de terraza en terraza,
sobre toda la ciudad,
para que todos se despierten
y deslumbren
con los encantos de tu magia,
pero no acabar�s en mi cama,
no.
No esta noche.
Es tu despedida.
Marchate por el mundo,
te lo ordeno,
que otros codicien
tu belleza,
y mueran desbocados
por tu amor...
luz de mis ojos,
tristeza m�a.

DEJA TU MARCA.

Mientras el insomnio
cubra el protag�nico
de esta
historia,
af�rrate a m�,
desesperada y ego�sta.
Clav� tus u�as
en la piel adormecida
de mi espalda
hasta sacarle hilos de sangre,
dejame grabado tu marca,
para que tu recuerdo subsista
en la casa desvalijada
que es mi memoria.
Para que el d�a que tenga hambre
me llene pip�n
la savia de tus besos
no olvidados.
Para que el d�a
en que me duerma,
tenga plena consciencia
de que esta almohada
alguna vez tambi�n fue tuya.
Para que el d�a
en que me quede sin velas
(despu�s de que se me haya quemado
hasta la �ltima lamparita de 25)
me alumbre la a�oranza
de haberte so�ado
un �ngel radiante,
o, de que me haya empecinado
en hacerle creer a mi imaginaci�n
y, a mi mediocre ego,
que tus piernas eran el Teatro Col�n,
o tus ojos negros
consuelo.
Para que cuando me sienta
demasiado viejo,
se me vuelva presente
el conjuro que rezaba
nunca vas a estar solo.
Por favor,
dej� marcas.
Lastimame al punto
que m�s que cicatrices
me dejes llagas
que nunca cierren.
No te me pierdas,
como tus gemidos
entre las s�banas.
�tate a m�.
Metete en mi mochila,
en mi ropa interior,
en la mugre entre mis dedos,
en mi sentimiento
de inferioridad.
Por favor,
dej� marcas.
Mientras el insomnio
cubra el protag�nico
de esta historia,
inst�late en m�,
arraigate a mis nervios,
cosa que se me encarne
el hecho de que somos uno
(siempre uno)
que ni siquiera se me olvide
el d�a que no ponga
las manos sobre el fuego
al jurar
que poes�a fue justamente
hacerte el amor
en el ba�o de un bar,
o haber vomitado,
mezclado con vino,
la carne de mi desamor�o
en el mismo lugar.
Para estar siempre seguro
de que esta noche no es tormento
sino alimento
para apaciguar
el ruido de mis intestinos,
angurrientos de emociones.
Quedate conmigo,
s� parte de mi sangre,
como de mi lamento,
no te pierdas, recuerdo,
en la desgracia de esta casa,
sin moradores y empolvada,
que es mi memoria
beoda y desesperanzada,
porque te juro
que voy a ser incapaz de hallarte
una vez que decidas partir
y nos hallamos quedado
uno m�s solo que el otro.

PARA CUANDO SOBREVENGA EL FINAL

Y si solo queda silencio,
el insomnio de una canilla
que no se cansa de gotear.
Y si solo queda por contar
una historia sin historia,
la noche nula
de 40 cigarrillos
aplast�ndose sin sentido.
Y si solo se trata
de retratar siempre
el mismo paisaje siempre,
la misma ventana siempre,
la misma miseria siempre.
Y si este coraz�n se durmi�
de anestesia local
y se siente superfluo
latiendo a medio motor,
llorando a l�grima falsa.
Y si solo qued� por disfrutar
esta paz de lexotanil,
este canto tedioso,
esta melod�a mon�tona,
esta soledad de dos plazas.
Para cuando sobrevenga
el final improvisado
no quedar� m�s que un
" res�gnese hermano "
para pagar
la entrada a la eternidad,
o a la nada
que nos espere.
Nos quedar�n solo
los m�sculos cansados, solo
los labios cansados, solo
las manos cansadas, solo
los dedos cansados, solo
para justificar
esta ausencia de existencia
que nunca nos cansamos
de dar por sobreentendida
presente, mediocre
e ir�nicamente
especial y eterna.



 

TIME IS OVER.

Porque tenemos ojos
que se rehusan a no ver
m�s all� de nuestras narices.
Porque tenemos hambre
desesperante de sue�os.
Porque estamos hartos
de no poder decir "amor",
sin que esa palabra no nos recuerde
a un comercial trillado.
Porque tenemos piernas
que gritan ansias de correr libres.
Porque nuestras manos
son las manos m�s fuertes,
pero se detienen in�tiles.
Porque nuestra boca calla.
Porque nuestros ojos no lloran,
porque las ra�ces de nuestros nervios
se sienten anestesiados
continuamente.
Aire,
s�lo un poco de aire.
Porque el cielo es azul
pero lo heredamos gris
y no hay reclamos, carajo.
Porque ya no tenemos sol.
Porque ya no tenemos luna
donde depositar
nuestro bagayo de sue�os.
Porque no tenemos noches estrelladas,
sino Noche de Estrellas.
Porque necesitamos
que no nos enfermen la sangre
o que al menos
no la pudran m�s de lo que est�.
Porque la vida no es
el escenario de la telenovela clase B
donde Romeo y Julieta
juegan a vivir y morir
y resucitar en el siguiente cap�tulo
(seg�n lo demande el rating).
Porque nuestra existencia
no se base solamente
en comprar, comprar y comprar
una y otra propaganda,
una y otra necesidad perecedera,
una y otra gaseosa,
uno y otro presidente.
Porque hay ansias de libertad
y de fluir de sangre.
Porque hay ganas
de gritar amr
y nada m�s.
Porque es injusto tener que pagar
los platos rotos
despu�s de 2000 a�os de decadencia.
Porque no nos merecemos
que nos traten
como a genios de la nueva era,
y nos metan el dedo en el culo
como quieran.
Porque ya se nos cans� el traste
de tanto estar sentados
mirando por T.V.
la mierda que hicieron,
la que hacen y que est�n por hacer
con el mundo,
con nuestro mundo.
aire,
s�lo un poco de aire.
Nuestra nariz respira t�xico
y no se nos oxigena bien el cerebro.
Porque nos mantienen dopados,
con agujas clavadas en todo el cuerpo
llev�ndole somn�fero hasta el esqueleto.
Porque nos mantienen atontados.
Porque nos mantienen adormilados.
aire,
s�lo un poco de aire,
que despeje nuestro intelecto,
para que nuestros brazos se alzen
- de una vez por todas -
y acaben con esta pesadilla.
Porque ya se acab� la espera,
porque alguien tiene que tomar las riendas
y domar el asunto.
Porque nuestro es este para�so
o el chiquero que nos dejaron.
Porque nuestra es esta tierra.
Porque nuestra es esta vida.
Porque se acabaron los porqu�s.
Porque estamos vivos
y se nos est� acabando el tiempo
y nos est�n robando el tiempo
nuestro tiempo.
Por eso hay que luchar.
Por ese cachito que nos queda
que se llama esperanza,
y que, seg�n dijo
el noticiero esta ma�ana
ya no es de nuestra propiedad.

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