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Luna violeta en
sangriento desierto
XVIII
capitulo
Necesito
verte
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Le dio la espalda encaminándose a una de
las tantas misiones. Pero dejando algo de sumo valor. Su lenta voz segura dijo
las palabras.
- Sayonara Hinata
Al verlo caminar y alejarse todo se quebró
en su interior, como si su ser se separara de una parte esencial, se sentía
vacía.
El
también sentía vacío al dejarla, y separarse. Pero al escuchar su voz por última
vez su alma se calmó nuevamente, alejándose de esa prisión de soledad. Y
llevándose aquel casto beso en su fría mejilla sobre su mascara de
arena.
–
sayonara
Gaara
La
vio por última vez de reojo antes de caminar hacia el desierto que lo devoraba
con una tormenta de arena. No volteando a verla. Jurando que algún día la
volvería a ver.
El
viento respondió a su petición llevándole el dulce aroma de la joven a través de
la arena.
Mientras Hinata cerraba los ojos para no
verlo partir, escondiendo el dolor y las lágrimas. Ya que debía volver con sus
compañeros y parecer como si nada hubiera pasado. Aunque sabía que no era
cierto
Para nada…
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Años de soledad y entrenamiento. Pero el
desierto le daba esa especie de calma que nada en el mundo podría
darle…
Sin esfuerzo toda la arena que había
alrededor de la silueta se levanto como si fuera algodón, tomando la forma de
una gigantesca ola, que se retorcía como si tuviera vida propia, dándole un aire
furioso.
Una ola que podía representar todo lo que
había entrenado, que ya era mucho más fuerte de lo que nadie
creería.
-
Ryuusa Bakuryu
– murmuró una voz masculina
Las toneladas de arena acumuladas
descendieron en una avalancha que si en el caso hubiera habido una aldea, esta
hubiera desaparecido en un instante arrasada por
kilómetros.
Volteo dejando atrás de sí la enorme
grieta entre las dunas. Una calabaza asomo en su espalda. Con su imperturbable
semblante miro el cielo y luego el alrededor.
Era Sobaku no Gaara quien realizaba sus
ocultos entrenamientos. Sin embargo su apariencia distanciaba de lo que una vez
fue un jovencito.
Se encamino nuevamente, mientras el
demonio empezaba uno de sus habituales pedidos: sangre
Pero el pelirrojo estaba perdido en sus
pensamientos.
A pesar de todo este lugar le recordaba a
la Hyuuga.
“¿En que
piensas?”
“en nada…”
Shukaku sabía que ese nada que siempre
decía, era aquella jovencita. Una cosa era mentir y otra tratar de parecer
normal.
“Pues creo que ya es tiempo de que tengas
una mujer”
“…”
Gaara no respondió, no andaba de ánimos
para eso. Ya sus hermanos lo habían incitado a eso.
El sonrió con ironía, todas las mujeres de
su aldea a la sola mención de su nombre temblaban de miedo y horror, por los
comentarios sobre su identidad como un sediento asesino. Y eso lo aliviaba, ya
que no resistiría si alguna lo perseguía como loca.
Pero no podía evitar aquella sensación tan
cálida al sólo recuerdo del abrazo de la joven ojiblanco.
Se daba cuenta que sus ojos de nieve eran
la luz que necesitaba para encontrar un sentido a su mundo de
tinieblas.
No soportaría mucho sin volver a
verla.
¿Qué sucedía, para desear verla
nuevamente?
Pues era una sensación extraña. Un vacío
helado que lo embargaba ante su solo recuerdo.
Era su presencia y compañía la que
necesitaba, las noches desiertas no eran lo mismo.
El infinito y limpio cielo del desierto lo
torturaba con aquel calor, con aquellas lágrimas que ella hubiera derramado por
el.
Ansiaba besarla desesperadamente y no
podía mentirse a si mismo por eso.
Llevo una insegura mano a su cabeza ya que
un repentino dolor lo había atacado, se sentía inestable.
Esos sentimientos hacia Hinata, aunque
hubiera distancia, y paso del tiempo seguían intactos y celosamente
escondidos.
A pesar de que tres largos años hayan
pasado ante sus ojos.
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Siguió
con su labor de ordenas las plantas medicinales de acuerdo a sus
propiedades.
Siendo
observaba por su tutora, la misma quinta Hokage.
-
Bueno
al menos ahora eres mucho más rápida Hinata
-
Gracias
Tsunade-sama – respondió la joven mirando con amabilidad a la
mujer.
Sus
ojos perlados miraron nuevamente las plantas centrándose en una nueva maceta que
la sannin habría traído al parecer de un lugar
desconocido.
-
Tsunade-sama…
¿esta planta?
-
La
traje del desierto, es un gran descubrimiento – confesó contenta la mujer
rubia
Los
ojos de la joven de ensancharon a la sola mención de aquel lugar, y de las
imágenes que guardaba junto con ello.
Se
sonrojo, ya que el joven pelirrojo inundo su mente con su mirada tan serena y
misteriosa.
Lo
que provoco una pequeña bocanada de aire saliendo de su boca. Y que sus ojos
volvieran a la normalidad pero con un velo de tristeza y
melancolía.
-
¿Sucede
algo Hinata? – pregunto susceptible la mujer, notando la reacción en la sencilla
joven.
-
n-no…
no es nada Tsunade-sama
Tsunade
volteo en su escritorio haciendo algunos informes, y negando con la
cabeza.
Hinata
no sabía mentir. Encontraba además extraño su comportamiento, nervioso y
vacilante. Ante la sola mención de un lugar.
Los
ojos de la Hyuuga se volvieron a la planta, acariciando sus delgadas hojas con
ternura
A
pesar del tiempo, extrañaba aquel solitario
ninja.
Terminando
definitivamente hizo una reverencia y se retiro de la oficina de la
Hokage.
Hace
bastante tiempo que no se sentía así.
Deseaba
verlo, era algo que nadie podía quitarle.
Aunque
el clan estaba un tanto inquieto por su pasividad. Su padre estaba algo enojado
porque estaba bajo la protección de la Hokage desde que volvió de la misión hace
tres años. Esa protección por convertirse en ayudante de
médico.
Curioso
también, que tuviera facilidades para serlo. Casi tanto, o más que
Sakura.
Decidió
caminar un poco más, tratando de evitar los lugares en donde sus compañeros y
amigos ninjas se encontrarían.
Necesitaba
pensar.
Se
apoyo en uno de los árboles del bosque, mirando el cielo y colocando ambas manos
en sus oídos acallando todos los sonidos lejanos provenientes de la
aldea.
Sus
delgados dedos se entrelazaron entre sus ahora largos cabellos
azulados.
Había
cambiado sus cabellos ahora no eran cortos, los había dejado crecer. Como una
manera de rebeldía ante su anterior manera de
ser.
Ya
no era una jovencita, cada vez se convertía más en
mujer.
Pero
era una joven que se sentía sola, y era porque estaba enamorada de el. Y deseaba
con todo su corazón verlo, sentirlo y abrazarlo.
Pero
ante ese pensamiento se estremeció y sonrojo.
Por
que pareció volver a sentir los brazos del pelirrojo envolverla con
seguridad
-
Gaara-kun…
- susurro en un tono bajo casi imperceptiblee
Además
de que las noticias de la aldea de la arena al parecer no eran muy buenas. No
sabía que hacer y pensar.
Si
tan solo pudiera verlo…
Una
solitaria lágrima cayó de sus ojos de nieve
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-
Permiso
Tsunade-sama
-
Adelante Sakura
la
joven pelirosada entro sigilosa, a la oficina.
-
¿Se
encuentra Hinata-chan? – pregunto la pelirosada inspeccionando el
lugar
-
no,
salió hace media hora
-
ya
veo… - dijo desilusionada la pelirosada
Los
castaños ojos de la mujer Hokage miraron a los esmeralda de la joven con
seriedad.
-
dime
Sakura…
-
¿Si
Tsunade-sama?
-
Hace
tres años cuando estuvieron en la aldea de Suna, ¿sucedió algo con
Hinata?
-
Pues
no…si se refiere a algún accidente o algo. No vimos a Hinata actuar de manera
anormal
-
Esta
bien…
-
¿Acaso
Hinata esta enferma o algo?
-
No
creo Sakura… - respondió Tsunade mirando la ventana – sin embargo hay algo en
ella
-
Siempre
que la busco desaparece…pienso que ella quiere estar sola en este último
tiempo
-
Puede
ser…ella tiene una personalidad bastante
introvertida.
La
joven Haruno volteo y camino a la salida de la oficina de la Hokage, mientras
bajaba las escaleras pensaba en la joven
ojiblanco.
Se
habían convertido en amigas desde que se hicieron aprendices de las ciencias
médicas. Junto con esto había crecido un cariño y admiración por la
Hyuuga.
Sabía
que escondía algo, que nadie aunque fuera muy cercano
descubriría.
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La
joven rubia con sus cuatro características coletas se paseaba por la habitación
siendo seguida por los aburridos ojos de su
hermano
-
No
ganaras más que un hoyo en el piso
-
pero
es que Gaara – trató de argumentar la rubia tomando su abanico y dejandolo
apoyado en la pared.
-
Temari,
basta ya - se impacientó el marionetista
-
Pero
Kankouro el no puede desaparecer por tanto tiempo
La
rubia estaba que estallaba, de un tiempo su hermano permanecía aun más
distanciado de la normal y más silencioso, si eso esa
posible.
Gaara
estaba en su propia tormenta, escondido de los
demás.
-
Gaara
ya no es un jovencito…
-
Tu
sabes que los del consejo de ancianos lo miran como el futuro Kazekage – excuso
Temari apoyándose con cansancio en la pared
-
Pero
también está ese…¿Cómo se llamaba?...emmm no puedo recordar
bien
-
Tetsu,
si mal no recuerdo
-
Ahh
si ese muchachito arrogante
-
Pero
es guapo
-
Temari,
¿de que lado estas?...demonios
-
Fue
un comentario, sabes que pienso lo mismo y que el guarda muchos secretos como
para estar tan tranquilo cerca de los ancianos
-
Bueno,
nosotros no podemos hacer nada… – murmuró enfadado y arreglando los hilos de su
marioneta con calma
-
Eso
es lo que tú dices…
El
marionetista miro a su hermana con temor, ya que no le gustaba aquella mirada
tan maliciosa.
-
que
quieres decir con eso
-
Eso
lo sabrás después…– respondió con desinterés – aunque primero debo ver, el porque Gaara
esta tan cambiado
-
Debe
ser ese demonio – dijo con naturalidad
-
No
lo creo, Shukaku a estado con el desde que nació. No sería algo normal que Gaara
comenzara a cambiar justamente ahora – dijo con cuidado
Temari
-
Bueno
en eso encuentro lógica – respondió Kankouro
Temari
tenía sus conclusiones. Creía que alguien podía estar robando sus pensamientos y
no precisamente un enemigo poderoso.
Por
eso quería estar solo y pensar sobre eso. Quizás estuviera enamorado pero no
estaba segura, era arriesgar el todo por el nada.
Y
algo así no se podía hacer si se trataba de Sobaku no Gaara, su hermano
menor.
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Descansó
su cabeza otra vez en el árbol que la había acompañado por unas horas. En su
meditación, sin embargo la presencia conocida que estaba observándola hace unos
minutos no dejaba de molestarla.
Sabía
quien era, e intentaba demostrar que lo ignoraba por completo, para así
engañar a su familia. De que
pensaran que aun era una debilucha y cobarde.
-
no
se como puedes aguantar un lugar como este…hermana – dijo la voz saliendo detrás
del árbol en que estaba apoyada Hinata
sigilosamente
-
Hanabi
– dijo Hinata fingiendo sorpresa
-
Era
de suponer que no descubrirías mi presencia si sigues descansando de esa forma
sin entrenar lo necesario – dijo su hermana menor en forma orgullosa pero
también reprendiendo su comportamiento.
Ambas
hermanas se miraron, Hinata escondió dentro de sí aquel desprecio que su hermana
menor demostraba frente a ella.
Al
ver su hermana menor mirar la lejanía vio lo bello que eran sus rasgos, su pelo
lacio y castaño igual al de su padre y de primo Neji, y en sus ojos el mismo
orgullo de pertenecer al clan.
Se
colocó de pie y se encamino junto a ella, tratando de parecer normal. Sin dejar
que aquellos agudos ojos de nieve incudriñaran en sus más profundos
pensamientos.
-
Nuestro
padre quiere que vayas a cenar esta noche.
-
Está
bien, hoy no tengo que ayudar a Tsunade-sama – respondió con normalidad
Hinata
-
Últimamente
estás pensando mucho. Me pregunto si será en alguna persona – lanzó
maliciosamente
-
Quizás…
Hanabi
miraba directamente a su hermana con el rostro en una pequeña mueca, ella
mantenía su tímido semblante aunque su rostro ya no fuera el mismo de unos años
atrás
Hinata
llamaba la atención no solo de su hermana menor sino de algunos ninjas de la
aldea por su inusitada belleza y eso afectaba un poco el ego de Hanabi, que se
consideraba en todos los aspectos mejor que su debilucha hermana mayor que no
tomaba con rigurosidad el clan.
Pero
no podía negar que el hecho de que su hermana dejara que su cabello creciera con
rebeldía provocaba en sus rasgos una sobrenatural tristeza y
libertad.
-
Eso
de quizás indicaría que piensas en un chico – volvió a
atacarla
-
quizás – respondió Hinata con desinterés
-
deja
de decir eso… me estas hartando – gruño un poco la
menor
-
¿en
serio? – pregunto amablemente Hinata
La
pregunta fue hecha en un tono en que la amabilidad y la culpabilidad fueron
mezcladas. Y por primera vez Hanabi sintió un extraño escalofrío recorrer su
cuerpo al ver las pupilas de su hermana, que mostraron una frialdad que hacia
temer lo desconocido de su claridad.
Fue
como si sus músculos estallaran y ella quedara sin movilidad, un destello en su
mente le indico que alguna vez vio una mirada semejante, pero de mayor oscuridad
hace años.
-
p-pues si – titubeo con toda la normalidad que pudo sacar, tratando de parecer
que no tenía miedo
-
Hanabi…-dijo amablemente Hinata mirando a su hermana menor – yo no me harte ni
algo parecido cuando mandaste a la misión de la aldea de la arena aquella
caja…
-
¿caja?-
preguntó sorprendida la aludida
-
me
refiero a la que mandaste con Neji-onisan – dijo con frialdad la mayor de las
Hyuuga pero aun conservando la amabilidad y deteniendo el paso para mirarla de
reojo
-
….
Hanabi
recordó lo que había hecho y tuvo un terrible arrepentimiento al ver esa mirada
en su hermana.
Al
parecer el tiempo había incrementado el resentimiento por ese hecho que ella
considero una merecida lección a su hermana.
Creyó
que destruiría cualquier resistencia, pero todo salio al
revés.
Su
hermana mayor, Hinata Hyuuga se había vuelto un poco más
fuerte.
-
ahora
lo recuerdo – se justifico Hanabi tomando algunos cabellos que tapaban su
rostro
Hinata
supo que la frialdad se había apoderado de sus gestos, pero era algo que ya no
aguantaba. Durante años había aprendido a guardar todo sus sentimientos dentro
de su alma sumergiéndola en el completo dolor. Esta vez haría que eso aflorara
para demostrar a su hermana que con algo así no se
jugaba.
-
me
alegro que lo hagas…
-
¿Por
qué? – pregunto arrogante la joven
-
porque
no volverás a hacer algo parecido
Después
de aquellas palabras que sonaron a una orden y advertencia, los rasgos sin
emoción de Hinata, volvieron a la normalidad y una tenue sonrisa asomo a sus
labios mientras caminaba con lentitud a la mansión Hyuuga, seguida varios pasos
atrás por su hermana menor que reflexionaba ante su
comportamiento.
No
volvería a provocar a su hermana con algo parecido, porque sabía que hasta las
personas más inofensivas mostraban su poder. Si se les
instaba.
Aunque
aun podía derrotarla con una pelea.
Hinata
respiro profundamente antes de poner un pie en su llamado hogar, con una pena
menos en su corazón pero con la aun presente angustia que querer
irse.
Para
poder verlo una vez más…
Porque
necesitaba verlo…
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Agradezco los
comentarios de: Demonicusangelo, Nat-Naoki, Lizirien, kisame
hoshigaki, Hatake Soky, Catherine, babosa tras hiel, Nutry, Hana No Sakura,
Fati-chan87, Andrew, Norely, Kurayami1sama
§The
Girl Magic and Mystic of the anime§