MESTIZAJE, BLANQUEAMIENTO Y NACiONALIDAD COLOMBIANA.
fotografia: Universidad de los Andes
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(Peter wade).
El tema basico de esta lectura, como se esbozo  antes, tiene una simple cualidad de oposicion: negro contra no negro.    Pero es importante ver esto en su contexto general: la naci�n colombiana    y su desarrollo hist�;rico. La Nueva Granada, como era conocida la regi�n   colonial que corresponde aproximadamente a Colombia, obtuvo su independencia    con una sociedad altamente mezclada.
La poblaci�n indigena, aunque con importantes    grupos sedentarios cercanos a
una tercera parte de los totales locales en algunas areas,    hab�a sido severamente
reducida, mientras que muchas personas alguna vez clasificadas    como indigenas
se hab�an  mezlado con la mayor�a mestiza; para    1778, los indigenas formaban cerca
del dieciseis por ciento de la poblaci�n de la    Nueva Granada.
La esclavitud, crucial en algunas �reas, nunca alcanz�    las proporciones del Brasil
o del Caribe y, seg�n Jaramillo Uribe, solo existio en el  contexto de una "socie
dad esclavista" completa mente emplumada, con toda "su red    de dependencias,
habitos, sentimientos, intercambios, etc." en Cartagena    y en el Valle del Cauca
Jaramillo Uribe 1989, 70; Colmenares 1979). Los negros, distribuidos    tan
desigualmente como la poblaci�n indigena, eran    tambien en su conjunto una
minor�a en una sociedad compuesta principalmente por    gente de ancestro mestizo.
A pesar de los altos grados de mezcla racial y cultural, la    estractificaci�n racial, en la que las caracter�sticas raciales    tienen una parte importante, fue enne;rgicamente marcada, forman    do la llamada "sociedad de castas", en la que los diferentes estratos sociales    eran reconocidos y designados, sus posiciones supuestamente determinadas fundamentalmente    por grados de mezcla racial (Marner 1967). En el punto m�s bajo    de esta jerarquica condici�n  social todav�a era definida    por algunos institucionalmente.
La mano de obra indigena tributaria, en forma de encomienda.    persisti�; en algunas regiones hasta el per�oodo colonial tardi;o.    Mientras que la esclavitud existi�; como una categoria;a legal y    como un status verdadero para los negros hasta 1851. En lo alto de la jerarqu�a,    la elite pol�tica y econ�mica se enorgullec�a de su "limpieza    de sangre", supuestamente libre de "mancha" de sangre negra o indigena    (o judia o mora). Las clases bajas de los mestizos ' tambie;n eran    fuertemente heteroge;neas, con el ancestro y la apariencia f�sica    como signos poderosos de estatus y de posici�;n. A pesar de que para finales    del siglo XVIII la sociedad de castas estaba resquebraj�ndose como resultado    del continuo mestizaje que ' ella misma trataba de controlar, Jaramillo Uribe    sostiene que tambi�n hubo un per�odo de atrincheramiento al mismo    tiempo que la �lite blanca, criollos americanos y espa�oles, trataba    de de fender su posici�n contra la intromisi�n de los mestizos.    Da cuenta de largos litigios en la sociedad neogranadina de finales del siglo    XVIII, causados por supuestos actos de difamaci�n en los cuales eran    lanzadas calumnias contra la herencia racial o la posici�n social de    una persona al atribuirle un nivel social inferior de aquel al que pregonaba    pertenecer ( 1968, 181-186). Juan y Ulloa observan que en la Cartagena de finales    del siglo XVIII "_cada persona era tan celosa de su tribu o casta, gue si, inadvertidamente,    usted los colocaba en un rango inferior al que ellos pertenec�an se sent�an    altamente ofendidos, neg�ndosea ser desposeidos de un don de    fortuna tan valioso" ( 1772 1 :30). En la preocupaci�n obsesiva por el    color y la condici�n social que caracterizaba a esta sociedad de castas,    s�lo una cosa era segura: ser negro o indgena era malo, ser blanco    era bueno. Ser rico solamente, era �til pero inadecuado: entrar a las    universidades, la Iglesia o la administraci�n requer�a pruebas    de limpieza de sangre y cualquier herencia dudosa era un
gran obstaculo. Conforme a la verdad, despus    de 1783, la Corona pod�a por decreto otorgar una "c�dula de gracias    al sacar", una limpieza real, un certificado de blancura, y desde 1795 esta    licencia pod�a comprarse por cerca del doble del precio del esclavo de    mejor calidad.
Pero las universidades y la Iglesia encontraban d�ficil   soportar esta pr�ctica de eludir responsabilidades, y, algunas veces,    largos litigios acompa�aban los intentos de los individuos "limpiados"    por la Corona por actuar seg�n su nuevo estatus (Rout 1976, 157; Maacuterner    1967, 45).
Despus de la Independencia hubo continuidad y cambio    a la vez. El bajo estatus de lo negro o lo ind�gena todav�;a estaba    marcado. Uno de los muchos viajeros europeos de este per�odo, Gaspar    Mollien, recorri� Colombia en 1822. En su paso por el Valle del Cauca    anoto:
"Los arrieros, orgullosos de ser blancos, se averguzan de ir descalzos, de manera que es dif�;cil distinguir al rico        del pobre".
Tambien observ�;: "El orgullo que inspira el color    no es menor en el Valle del Cauca que en las colonias de las Antillas"( 1824,    282 y 285). Sin embargo, nuevos problemas deb�;an ser enfrentados ahora    por las elites pol�;ticas e intelectuales, quienes ve�an como su    deber crear y definir una naci�n que pudiera competir en el escenario    mundial, una naci�;n que pudiera ser moderna y progresiva de acuerdo con    los principios del pensamiento liberal que invadieron a Am�rica Latina,    especialmente provenientes de Inglaterra, Francia e incluso de los Estados Unidos    (Zea 1963; Jaramillo Uribe 1964). Las batallas iniciales fueron simplemente    buscando la consolidacin pol�tica interna, seg�n dominaran,    por turnos, los intereses federalistas y centralistas, no solo en Colombia    sino tambin en cualquier otro lugar de Am�rica Latina. Entre    1850 y 1880, sin embargo. la mavor�a de las naciones Latinoamericanas    hab�an comenzado a resolver este problema. Cuando las comunicaciones    mejoraron y las burgues�as nacionales se consolidaron (Oddone 1986, 220).    A lo largo de este per�odo, tambien hubo preocupaci�;n sobre    como se deb�an caracterzar las identidades nacionales:    las elites latinoamericanas luchaban con el problema de como entender    y como representar a sus emergentes naciones. Como sostiene Anderson    (1983, 50), el surgimiento del nacionalismo en Am�rica Latina no involucr�;    un bautismo pol�tico , al estilo europeo, de las clases bajas, sino que    fue mediado por las elites criollas que hab�an sido excluidas del control    pol�tico durante el per�odo colonial debido a su nacimiento americano.    Fueron ellos quienes definieron la identidad nacional.al hacerlo, afirma Anderson,    conscientemente redefinieron a las masas subordinadas como "connacionales" (    1983, 2). ero el asunto no era tan simple.
Por un lado, el nacionalismo buscaba ser distintivo en el contexto    global de otras naciones-estado para las cuales el nacionalismo ya era una fuerza    importante. Por otro lado, las filosof�as pol�ticas europeas,    especialmente el positivismo de finales del sigIo XIX, hab�;an logrado    el estatus de sentido com�n  entre las elites intelectua les y pol�;ticas    en gran parte de Am�rica Latina. Hab�;a discusiones acerca del    detalle, pero el valor de conceptos esenciales tales como libertad, independencia,    progreso, industria, ci;encia, raz�ny educaci�n    era aceptados como evidentes por si; mismos. Pero la modernidad y de progreso    estaban siendo alcanzados por naciones europeas que no ten�an ( o su    numero era insignificante) poblaci�n negra o indigena,    o en los Estados Unidos donde estrictas barreras separaban a los    blancos de los negros y los ind�genas. En Colombia, como en otras naciones    de Am�rica Latina, la gran mayor�a de la poblaci�n era    no blanca. �Podr�an emular el progreso anglosajo;n? �Deberian    emularlo incondicionalmente? �Estaban malditos por el legado espa�ol    de conquista y sociedad se�orial, anatema para las ideas liberales de    libertad, y por la sangre mezclada de su poblaci�n? �O lo criollo era    algo original y diferente con lo que podan contar, al menos en el sentido    del orgullo nacional n amn pannacional, si no por el progreso y modernidad?.
Estos debates recorrieron toda la Am�rica Latina y la    raza fue muchas veces un punto crucial en ellos (Zea 1963, 187-198; Jaramillo    Uribe 1989, 168-1 72; Graham 1990; Wright 1990; Stepan 1991; Skidmore 1974).    Los resultados variaron en los diferentes pa�ses, pero una caracter�;stica    central fue el intento de arre lo entre los conflictivos aspectos del dilema:    la naturaleza. claramente mezclada de la poblaci�n contra Ias connotaciones    claramente blancas de progreso y modernidad .Por un a o,e compromiso consistente    en aseverar que el coraz�n de la identidad de Am�rica Latina se    encontraba precisamente en su poblaci�nn mezclada, o incluso con    la indigena o negra. En esto consis
te tanto la celebraci�n del mestizo como las raices    del indigenismo, es decir, la celebraci�n de un origen indigena.    La glorificaci�n de lo negro era generalmente m�s silenciosa,    recibiendo, por ejemplo un tratamiento ambivalente en la obra de Gilberto    Freyre. Por otro lado, sin embargo, lo mestizo, y antes lo negro    y lo blanco, eran tratados bajo una cierta luz. No se abandonaron los    modelos de modernidad y progreso sino que mas bien se les agregaron la    mezcla racial y las poblaciones negra e indigena, para asi  proveer    una respuesta claramente latinoamericana al debate. Se dio caracter romantico    a los negros y especialmente a los indigenas, como parte de un pasado    mas o menos glorioso, pero el futuro les ten�a preparada una conducci�;n    paternalista hacia Ia integraci�n, que idealmente tambi�;n significaba    mayor mezcla de razas y quiz�; la eventual supresi�n de lo negro    y lo indigena de la naci�n. El mestizo fue idealizado como de    origen bitetnico o trietnico, pero la imagen exhibida estaba siempre    en el extremo ma;s claro del espectro mestizo. El futuro traera,    casi magicamente, un emblanquecimiento :de la poblacion a traves    de la mezcla de razas, cuya ayuda mas realista fueron las pol�ticas    de inmigracion para atraer a los inmigrantes europeos y mantener alejados    a los negros (Skidmore I974, Wright 1990, Helg 1990). esta  es la ideolog�a  del "blanqueamiento" vista en un contexto nacionalista. Aqu�; entonces,    vemos un aspecto de la coexistencia del mestizaje y la discriminaci�n.    El compromiso da como resultado la coexistencia de dos variantes en el tema    nacionalista: por un lado, la ideolog�a  democr�tica general de    "todos somos mestizos;, donde radica la individualidad de la identidad    latinoamericana; Por otro lado, la ideolog�a discriminatoria que sentilde;ala    que algunos mestizos son mas claros que ; otros, que prefiere el mas    blanco al mas negro y que ve la consolidaci�n de la nacionalidad    en el proceso de blanqueamiento. Las elites latinoamericanas, especialmente,    tend�an a reclamar lo blanco para ellas, aunque admitiendo lo mestizo    para la masa de la poblaci�n.En ambas variantes, los negros y Ios indigenas    verdaderos estaban en desventaja, pero menos en la variante m�s democratica    que trata de incluirlos. El problema radica en Ia coexistencia de las dos variantes    y en la posibilidad de deslizarse de la una a la otra en el discurso sobre la    nacion, los negros y los indigenas.
Este proceso de compromiso puede verse en la reacci�n    latinoamericana a las teor�as de raza biol�gicamente deterministas.    El positivismo representaba un serio reto en lo que respecta a las teor�as    europeas de raza asociadas con ella, corrientes al terminar el siglo, y que    tendian a clasificar a los indigenas y especialmente a los negros    como biologicamente inferiores. Los hebridos se verian    perniciosamente afectados por estas razas. Las elites latinoamericanas frecuentemente    adoptaron estas teorias pero tambte;n tendran a eludir sus    implicaciones negativas, restandole importancia al determinismo biologico,    enfatizando el medio ambiente y el impacto de la educacion, y revaluando    al hibrido, mientras que al mismo tiempo estaban de acuerdo acerca de la inferioridad    de los negros y los indi enas, remitiendolos al pasado al atra    (Skidmore 1974 Wright 1990, Stepan 1991, Graham 1990).
Diferentes paises utilizaron diferentes variaciones    sobre el tema del compromiso. En Peru; y Mexico, con su numerosa    poblacio;n indigena, el indigenismo fue una fuerza poderosa. Como    sostiene Knight, el indigenismo en Mexico, al menos en su forma oficial,    se alia con la Revolucion y con el proceso de definicion    de la nacionalidad mexicana, verdaderamente teni;a tanto que ver con los    mestizos como con los indigenas. Jos�  Vasconcelos, aunque no exactamente    un indigenista, imprimia el tono, acu�ando el termino "raza    cosmica" para la "raza" mestiza y afirmando la superioridad del hibrido.    Comentando sobre Manuel Gamio, antiguo antropologo e ideo;logo    del indigenismo oficial, Knight continua: "El culto mestizo florecio  con la Revolucion. En la gran fragua de Ameica"    escribio Manuel Gamio, `en el gran yunque de los Andes, razas viriles    de bronce y de hierro han luchado por centurias De esta lucha emergio   el mestizo, la `raza nacional' de Mexico, el mensajero de `la cultura    nacional del futuro' " ( 1990, 85). Como reconoce Knight, se pueden tomar diferentes    posiciones dentro del indigenismo desde la incorporacionista hasta la indianista    (cf. Hewitt de Alcantara 1984). El punto central es que se desafia   la superioridad europea mientras que se proyectaba una imagen de identidad nacional    que destacaba la originalidad mexicana -o latinoamericana- de la identidad basada    en el indegena y remitiendo simultaneamente lo indigena    a un pasado subdesarrollado.
En contraste, los líderes argentinos y uruguayos se    las arreglaron para atraer gran cantidad de europeos y blanquear su reducida    poblacion negra e indigena. Muchos vieron en esto una solucion    razonable al problema. Jorge Diaz, un ecuatoriano, viajando por el tropico,    penso; que el mestizo suramericano era una base inadecuada para la verdadera    raza cosmica: "No bastan los elementos de que actualmente se dispone";    era cuestion de "enriquecimiento de su sangre y de estimular su vitalidad     del mestizo  con el concurso de nuevos y valiosos factores". Cuando dice que    "Argentina y Uruguay supieron comprender la esencia del problema", es claro    que se refiere a la inmigracion blanca ( 1944, 193). Sin embargo, no    todos tenian tanta suerte, y Wright ( 1990) documenta como, a    pesar de su deseo de emular a la Argentina a este respecto, Venezuela no atrajo    tantos inmigrantes Europeos. al mes hasta hace muy poco.
En Colombia, la preponderancia numeica las personas    clasificadas como mestizas se convirtio en una buena base sobre la cual    edificar ideas acerca de una nacion mestiza blanqueada, ayudada quiza    por la inmigración europea. A nivel oficial, no se anduvo con rodeos    sobre la conveniencia de blanquear la poblaci�n en general. En 1824,    el co;nsul brit�nico inform&�; que "la preponderancia de sangre    africana a lo largo de esta muy extensa linea de la costa [el litoral    Atl�ntico] en tiempos agitados como el presente, no puede dejar de provocar    serias reflexiones en este pa�s. Aquellos en el poder[ ... ) sienten    la gran importancia de la conveniencia de invitar europeos a establecer su residencia    en Colombia[... ) donde sus descendientes deb�an mejorar las cualidades    f�sicas y morales de los colombianos" (Humphreys 1940, 267). Bushnell    ( 1954, 144) tambi�n observa que las nuevas leyes liberales de inmigraci�n    promulgadas en 1823 estaban dise�adas para fomentar la inmigraci�n    blanca a fin de sobrepasar en n�mero a la gente de color y acabar con    la amenaza de la "lucha de razas". La lucha de razas era solo una de    las preocupaciones en los "agitados tiempos" de la recientemente formada rep�;blica    de La Gran Colombia ( 1819-1830). Una preocupaci�n profundamente arraigada    era el progreso. A principios de la d�cada de 1850, se puso en marcha    la Comisi�n Corogr�fica para planear y examinar la nueva republica    y evaluar sus posibilidades de desarrollo (Restrepo 1984). Sus resultados fueron    importantes tanto por su amplia difusion como su contribuci�n a la consolidaci�n    de la naci�n emergente. Los negros no eran vistos como buen material    para la naci�n en desarrollo; Agust�n Codazzi geografo,    comento; concisamente sobre los negros de la provincia del Choc�;    que "una raza que casi en su totalidad pasa sus dias en una indolencia    semejante, no es la que est�  llamada a hacer progresar al pa�;s"    (Comisi�n Corogr�fica 1958, 324). Otro miembro de la Comisi�;n,    Santiago P�rez, en un recuento m�s personal de sus viajes,    publicado en art�culos de periodicos, fue m�;s expl�cito    acerca de los chocoanos, anotando sobre la "salvaje estupidez de la raza negra,    su insolencia bozal, su espantosa desidia y su escandaloso cinismo" (citado    en Restrepo 1984, 153; bozal, literalmente "en bruto" o "indomado", era el t�rmino    colonial para un esclavo nacido en Africa). Otros de la elite pol�;tica    e intelectual se expresaban en t�rminos similares. Jos�; Mar�a    Samper, un parlamentario colombiano del siglo XIX, escribi�; en 1868 sobre    los negros de la regi�n costera caribe, los bogas que empujan    grandes balsas arriba y abajo del Magdalena ` desde la costa hasta Bogot�;.    En un peque�o puerto del r�o, vio una balsa de bogas atracada    al lado de un buque de vapor lleno de pasajeros del interior:
All; [i.e., en la balsa] el hombre primitivo, tosco,    brutal, indolente, semi-salvaje y retostado por el sol tropical, es decir, el    boga colombiano, con toda su insolencia, con su fanatismo est�;pido, su    cobarde petulancia, su indolencia incre;ble y su cinismo del lenguaje,    hijos m�;s bien de la ignorancia que de la corrupci�n; y m�s    diferente [i.e., en el buque de vapor) al europeo, activo, intelgente,    blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y po�tica,    su lenguaje vibrante y rapido, su elevaci�n de espiritu,    sus formas siempre distinguidas ...] el boga, descendiente de Africa    e hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiran�a, no tiene    casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y fuerzas primitivas    [... ] El boga del Magdalena no es m�s que un bruto que habla un mal�simo    lenguaje, siempre imp�dico, carnal, insolente, ladr�;n y cobarde    (citado en Penas 1988, 591.
La pereza y la indolencia eran elementos cruciales en la percepci�;n    de la gente negra, y estos eran defectos criticos en el nuevo orden nacional.    Marco Fidel Su�rez, Presidente de la Rep�;blica y ensayista influyente,    escribi�; en 1882 un ensayo titulado "Progreso" que es un perfecto ejemplo    de la nueva moralidad liberal que invadi;a a Colombia desde Europa.
Siendo el trabajo condici�n indefectible del progreso,    yl no existe entre los salvajes, que como el bruto, cosechan sin haber    sembrado, y por lo mismo son esclavos como el bruto; pues es ley que la verdad,    el bien y la libertad no pueden alcanzarse sino a virtud de continuos esfuerzos:    trabajo significa esfuerzo, y en efecto, el trabajo es el viaje hacia la civilizaci�n,    es la ley de la actividad realizada en el hombre, es el progreso mismo: la ociosidad,    al contrario, es la negaci�n de esa ley y la causa de toda ruina; es    arroyo que e estancado se torna en laguna de aguas impuras ( 1958, 1 : 12671.)
Si los negros eran incorregibiemente perezosos, entonces �qu�;    esperanza hab�a para ellos seg�n esta visi�n del mundo?    No todos ve�an a los negros como incorregibles o biol�gicamente    inferiores: tal creencia hubiera tenido peligrosas implicaciones para las ideas    acerca del mestizo como base de la identidad nacional. Pero estas implicaciones,    se ir�an alejando en la medida en que el mestizo se fuera blanqueando,    y algunos escritores ve�an claramente un futuro m�;s blanco como    �nica soluci�n real. Jos� Eusebio Caro, de muchas maneras    un pensador representativo de fiinales del siglo XIX en Colombia, ten�a    un sue�o (reconocidamente ut�pico) de un futuro anglosaj�n    en el cual "terminara la diversidad de razas porque la blanca absorber�a    y destruir�a; a la ind�;gena, la negra, la amarilla, etc." (citado    en Jaramillo Uribe 1964, 198). Jos�; Mar� Samper, escribiendo    en 1887 tambi�n sosten�a que el "indio puro" era asimilable solamente    a trav�s de la educaci�n y otras influencias sociales "en    un grado insignificante". En su visi�n, "no hay m�s recurso con    ella que la absorci�;n, por medio del cruzamiento. y eso despu�;s    de la tercera o cuarta generaci�n [ de cruce)". El cruce, por supuesto,    tendr�a que ser con una "raza superior" como la espa�ola (citado    en Pineda Camacho 1984, 205). Samper estaba escribiendo poco despu�s    de la Constituci�n de 1886 que, aunque con numerosas reformas, permaneci�;    vigente hasta la nueva Constituci�n de 1991 . El documento de 1886 no    hace menci�;n a la diversidad cultural, las minor�as ind�;genas    o la gente negra: se asume una cierta uniformidad -en si; misma una caracter�stica    de las ideolog�as nacionalistas (Anderson 1983). Esto era cierto sobre    todo en la esfera religiosa, definida por el art�;culo 38 de la Constituci�n    de 1886 que establec�a que "La religi�n Cat�lica, Apost�;lica    y Romana es la de la Naci�n". El art�culo 40 admite, m�s    bien ir�nicamente, que "es permitido el ejercicio de todos los cultos    que no sean contrarios a la moral cristiana ni las leyes", pero el art�;culo    41 insiste en que "la educaci�n p�blica ser� organizada    y dirigida en concordancia con la religi�n cat�lica" . Pocos a;�os    m�s tarde, sin embargo, fue aprobada la Ley 89 de 1890 "por la cual se    determina la manera como deben ser gobernados los salvajes que vayan reduci�ndose    a la vida civil". Este decreto establec�;a que ni los "salvajes" ni los    "ind�genas reducidos ya a la vida civil" ser�;an gobernados por    las leyes de la rep�blica, y ambos ser�;an tratados como menores    legales en materias que tuvieran que ver con sus resguardos. Su estatus inferior    de ind�genas era as cobijado por la ley, mientras que los negros    eran simplemente ignorados. M�s expl�cito a este respecto fue    el lema de la Academia Colombiana de la Lengua: "Una sola lengua, una sola raza    , un solo Dios" (citado en Arocha 1993, 500).
En el siglo XX, algunos escritores continuaron sosteniendo    opiniones francamente racistas. Laureano Gómez, Presidente de la República    entre 1949 y 1953, partidario de Franco y archiconservador, hablaba en 1928    en forma pesimista sobre el tema del progreso de Colombia como una nación.    Los dos temas fundamentales de la nacionalidad eran el territorio y la raza,    y Colombia estaba mal dotado en ambos frentes. Su territorio quebrado estaba    crurado por una gran abundancia de selva tropical, refractaria al desarrollo.    Racialmente tenía una herencia desalentadora. "Nuestra raza proviene    de la mezcla de españoles, de indios y de negros. los dos últimos    caudales de herencia son estigmas de completa inferioridad. Es en lo que hayamos    podido heredar del espíritu español donde debemos buscar las líneas    directrices del carácter colombiano contemporáneo". Veía    a los negros como viviendo en un estado de "perpetua infantilidad", con un espíritu    "rudimentario e informe" y absorto en "la bruma de una eterna ilusión".    La .. otra "raza salvaje", los indígenas, era el "elemento bárbaro",    resignados a "la miseria y a la insignificancia". Y aun los españoles    eran extáticos, ignorantes y fanáticos ( 1970, 44-47). Este discurso    fue criticado por su pesimismo. su determinismoambiental y su representación    de la herencia española e indígena. En un segundo discurso se    defendió a sí mismo citando a los franceses Vidal de la Blache    y Lucien Febvre como sus musas geográficas (ambos críticos del    determinismo ambiental) y alabando algunos aspectos de las culturas española,    azteca e inca. Colombia no estaba definitivamente perdida, dijo, sino que simplemente    necesitaba una mano firme que la sacara de los terribles aprietos en los que    se encontraba ( 1970, 67-140). Aparentemente, nadie atacó sus opiniones    sobre los negros, dado que no tuvo necesidad de defenderse en ese lance.
En 1920, una asociaci�n de estudiantes invit�    a una serie de oradores para que hablaran sobre "Los problemas de la raza en    Colombia" (Jim�nez Lopez et al. 1920; Helg 1989). El primer    orador, Miguel Jimenez Lopez, psiquiatra, sostuvo que "la raza"    en Colombia estaba en proceso de degeneraci�n f�;sica y moral.    Sin embargo, este biologismo referido a los procesos naturales de cualquier    "organismo social" ( 1920, 33) estaba intimamente entrelazado con un    determinismo ambiental que sosten�a que el tr�pico produc�a    ind�genas y negros bien adaptados y estables, quienes eran, a pesar de    eso, "incapaces de producir, ni de asimilar tan solo, las altas formas de la    cultura humana" ( 1920, 47). Estas formas elevadas, aparte de ser amenazadas    por la degeneraci�n natural al ser despojadas de "sangre nueva" son tambi�n    minadas en el tr�pico por el medio ambiente asi como por la mezcla    racial ( 1920, 33). La �nica soluci�n fundamental era la inmigraci�;n    blanca: "Una corriente de inmigraci�;n suficientemente numerosa ir�a    ahogando poco a poco la sangre aborigen y la sangre negra que son, en opini�n    de los soci�logos que nos han estudiado, un elemento permanente de atraso    y de regresi�n en nuestro continente" ( 1920, 75 ).
La oposici�;n a esta visi�n pesimista de la naci�n    colombiana se hab�a extendido (Jim�nez L�pez et al. 1920,    333-335). Tal biologismo tuvo consecuencias demasiado negativas a causa del    intento de delinear la identidad nacional bajo una luz favorable. Todos los    oradores debatieron las opiniones de Jim�nez L�pez sobre la degeneraci�n    de la "raza" colombiana. Estuvieron en desacuerdo en que la degeneraci�n    fuera inevitable, y algunos pusieron gran �nfasis en los factores hist�ricos    como la conquista o en las condiciones sociales como un inadecuado sistema educativo.    No obstante, mientras algunos vieron la posici�;n actual de los ind�genas,    parcialmente en t�rminos de su historia, no hubo defensa de los negros;    el higienista Jorge Bejarano anota como  la raza negra, "favorecida    por sus costumbres salvajes y su escasa intelectualidad y moralidad, se reprodujo    prodigiosamente" a costa de la "raza europea, superior en lo moral e intelectual"    (Bejarano, en Jim�nez L�pez et. al. 1920, 192). As� la    tesis degeneracionista fue rechazada en Cavor de um proyecto de la identidad    nacional colombiana en la que lo negro y lo indigena asi tendian    a ser vistos como elementos que deb�an ser reemplazados.
El desacuerdo entre estos oradores, sin embargo es significativo    de la variedad de �nfasis en lo referente al "problema racial". No todos    lo ve�an como un factor dominante en el panorama nacional; los negros    y los ind�genas no eran vistos como la �nica causa de las deficiencias    de la "raza" o la naci�n colombianas. Luis L�;pez de Mesa, psic�logo,    fil�sofo e intelectual, escribiendo en 1934 sobre la formaci�;n    de la naci�n colombiana, asume la naturaleza "racial" de los rasgos regionales    de la poblaci�;n, a los cuales asigna mayor o menor herencia ind�gena    o negra. Pero mientras sostiene que los negros y los mulatos tienen rasgos de    "la fantasia, la sensualidad y la pereza" ( 1970, 97), L�pez de    Mesa es igualmente critico con la elite endogmica blanca de Popay�;n,    y tiene tanto cosas buenas como malas que decir sobre el mestizo de Boyac�   y el mulato de la costa Atl�ntica. La inmigraci�;n blanca tender�;a    a "enriquecer las cualidades de la fus��n racial [colombiana)", pero    se enfatiza tanto en la contribuci�n social de las destrezas y los h�bitos    como en el "enriquecimiento de [la) buena estirpe (Colombiana)(1970, 122-123).    En esta visi�n, entonces, mientras que los negros y los ind&�genas    no son vistos como una herencia ideal, transmitiendo ciertos rasgos de pereza    ( 1970, 19), tampoco son;Abiertamente castigados por contaminar la naci�n    colombiana: "La pereza criolla est�; condicionada por elementos dominables"    tales como la mala salud y los h�bitos indisciplinados ( 1970, 2021 ).    En cambio, hay un �nfasis poderoso en lo mestizo y en la falta de distinci�n    social: "Somos A;frica, Am�rica, Asia y Europa a la vez, sin grave    perturbaci�;n espiritual"; esto se convierte no en "la democracia antigua    de paridad ciudadana solo para minor�a conquistadora, sino en    una [democracia) integra sin distinciones de clase ni de estirpe" (1970,    14, 13). Esta afirmaci�n democr�tica de lo mestizo, al mismo tiempo    que margina a negros e ind�genas, difiere de la abierta condena que se    les hace y que es caracter�stica de otras perspectivas. M�;s bien,    el �nfasis est� en las poblaciones mezcladas, y los negros y los    ind�genas como tales tienden a desaparecer en la periferia, apareciendo    ocasionalmente, como el negro del Valle del Cauca que es "constantemente perezoso,    casi vegetativo" ( 1970, 108). Aqu�  vemos precisamente la dificultad    del compromiso para definir la identidad nacional: lo negro y lo ind�gena    se convierten en marginales e inferiores, mientras que el gran �nfasis    en la "contaminaci�n" o la "degeneraci�n" es evitado porque llevarlaa    a una visi�n demasiado negativa de la nacionalidad colombiana y su futuro    (v�ase tambi�n Bagley y Silva 1989).
Sorpresivamente, y de manera similar a lo expresado en �pocas    anteriores, la simple condena de lo negro todav�;a es evidente en publicaciones    bastante recientes. En un libro de 1953 sobre la geograf�a de la regi�n    del Cauca, Miguel Antonio Arroyo escribe que: "el negro no ha podido emanciparse    de la deficiencia moral de la imprevisi�;n", y como el ind�gena    es introvertido e indiferente, es vital dise�ar "una mejor direcci�n    de las mezclas, partiendo centralmente del blanco hacia el cobrizo y del blanco    hacia el negro(...] para que las descendencias queden influidas con los caracteres    dominantes de la estirpe europea" ( 1953, 104-1 10). Las pol�ticas eugen�sicas    deben apuntar hacia un tipo morfol�gico similar a aquel de "las antiguas    civilizaciones del mediterr�neo", mientras que las uniones ind�gena-negro    deben ser evitadas porque producen "sub-tipos tenaces e insolubles que traen    retardo a la uniformidad racial" y son refractarios a "la capacidad dominante    de la raza blanca" ( 1953, 1 10-112). Miguel Camacho Perea, escribiendo sobre    el departamento del Valle del Cauca, tambi�n concibe la eventual creaci�;n    de una "raza c�smica": observa que el negro est�  bien adaptado    a los climas tropicales y a la labor ardua, pero "sin est�mulos se entrega    a la pereza y al sue�o". El negro que vive en el valle mismo del r�o    es descrito -en palabras exactas de L�pez de Mesa- como un tipo melanc�lico    con "una disposici�n a la m�sica y la indolencia. Se dobleg�;    a la �ndole desidiosa de su animo y fue constantemente perezoso,    casi vegetativo. Se contenta con el f�cil sustento de la pesca y del banano    en las orillas del Cauca y sus afluentes" ( 1962, 82, 88). Gustavo Gonz�lez  Ochoa, un antioque�o, expresa m�s dogm�ticamente que la    importaci�n de negros fue "uno de los m�;s tremendos errores cometidos    por estadistas o soci�logos de todos los tiempos", porque ellos son "una    raza inferior" que, por suerte, fue controlada y castigada a tal grado que "evita    que la raza negra, prol�fica como ninguna, se adue�ase del continente"    ( 1942, 129).
Observaciones de este tipo no pueden ser tomadas a la ligera    como representativas de alguna ideolog�a oficial acerca de los negros    en Colombia despu�s de la d�cada de 1940. Son t�picas de    las ideas extendidas acerca de los negros como perezosos, no progresistas y    marginales de las principales corrientes del progreso nacional; pero de una    manera caracter�stica de la coexistencia del mestizaje y de la discriminaci�n,    es m�s com�n encontrar la glorificaci�;n de lo mestizo junto    con el silencio sobre los negros que encontrar derogaciones expl�citas    sobre ellos. Esto es una continuaci�n de la tendencia ilustrada en �pocas    anteriores por Luis L�pez de Mesa. Por ejemplo, en un libro reciente    que trata de delinear los aspectos de la psicolog�a social colombiana,    Rub�n Ardila considera el concepto de "raza" y lo rechaza porque no tiene    bases en biolog�a. Luego se desliza casi inadvertidamente a rechazar    su importancia social por la misma raz�;n, reforzando esto con la idea    de que Am�rica Latina es un continente mestizo "para el cual la raza    ha perdido pr�cticamente todo sentido". Colombia es "definitivamente    un pa�s mestizo", aunque en algunas regiones "ciertos grupos homog�neos    pueden ser se�alados" ( 1986, 59-62). Igualmente, en una publicaci�;n    de la Unesco sobre la pol�;tica cultural en Colombia, Jorge Eliecer    Ruiz, del Instituto Colombiano de Cultura, dedica varias p�ginas a la    cultura prehisp�;nica y reconoce la diversidad sociocultural del pa�s,    el cual requiere pol�ticas que tengan en cuenta "la pluralidad en sentimientos    y forma" (Ruiz 1977, 60). A los negros escasamente se les menciona como esclavos    y como influencia en la m�sica popular ( 1977, 12, 19).
Este silencio acerca de los negros no es simplemente -si acaso    lo es- una renuencia a expresar puntos de vista racistas en p�blico.    La derogaci�;n de lo negro coexiste con las ideas acerca del mestizaje    como un tema unificante en lo colombiano. Pero mientras que la variedad regional    es reconocida y vista como un rico tapiz cultural, estas visiones de unidad    son construidas en detrimento de las minor�as �tnicas y raciales    existentes. Otto Morales. escritor y pol�tico colombiano, en su libro Memorias    del mestizaje ( 1984) pregunta, "�Cuando irrumpi� el mestizo?    No tengo dudas de que este instante hist�rico se confunde con el momento    en el cual, gentes nacidas aqu� despu�s del descubrimiento, tuvieron    conciencia de que esta tierra les pertenec�a" (32-33). El contin�a,    caracterizando a "nuestros artesanos, los talladores modestos" bajo la dominaci�n    de los mandatarios espa�oles, "All� estaban, con su bronco rostro,    de irregulares �ngulos, a veces con sus ojos oblicuos, algunos con capas    negras en la piel, y con algunos pigmentos blancos, escuchando las �rdenes.    Y que nadie las discutiera. Esta avilantez no ser�a tolerada" ( 1984,    34). Aqu�  las diferencias raciales solo son insinuadas y est�n    de todas maneras sumidas en un destino como de liberaci�n de    la dominaci�n espa�ola. El problema de la usurpaci�n de    la tierra ind�gena por los no ind�genas y de los esclavos negros    siguiendo las �rdenes de los amos blancos es casualmente transformado    en el problema de la subyugacion mestiza americana a la regulaci�n    espa�ola. Este tipo de discurso es populista y democr�tico, y    encubre las minor�as raciales en la visi�n de la identidad mestiza.    Pero esta herencia de compromiso entre la originalidad de la identidad latinoamericana    y las ideolog�as de progreso relacionadas con lo blanco, significa que    detr�s de este discurso democr�tico de lo mestizo, que oculta    la diferencia, yace el discurso jer�rquico del blanqueamiento, el cual    hace notar la diferencia racial y cultural, valorizando lo blanco y menospreciando    lo negro y lo ind�gena. Las ideas acerca de nacionalidad y mezcla de    razas tienen entonces dos caras. Una, democr�tica, que encubre la diferencia,    pretendiendo que esta no existe. La otra, jer�rquica, que realza    la diferencia para privilegiar lo blanco.
Se hace inmediatamente aparente que estas ideolog�as    acerca de la mezcla de razas involucran elementos altamente contradictorios.    Por un lado, la glorificaci�n de lo mestizo toma su significado y su    fuerza de la historia del mestizaje y del surgimiento de un gran conjunto de    gente mestiza en el pa�s. Se alaba este proceso y se ve en el    la esencia del desarrollo y el progreso colombianos. De este modo, se adorna    con una ret�rica populista democr�tica del mestizaje entendido    como una convergencia neutral moralista de tres razas hacia un terreno medio    no jerarquizado. Por otro lado, el blanqueamiento, al visualizar un futuro en    el cual lo negro y lo ind�gena no solo son asimilados sino tambi�n    borrados del panorama nacional, dando origen a una naci�n mestiza blanqueada,    introduce la discriminaci�n y convierte este futuro en una visi�n    ut�pica imposible. Porque, por definici�n, cualquier blanqueamiento    debe ser tambi�n un oscurecimiento, y si el oscurecimiento es evitado    por gente m�s clara discriminando contra el mas oscuro, entonces    es imposible alg�n progreso final hacia una naci�n totalmente    mestiza, y menos a�n es posible una naci�;n mestiza blanqueada.    Esta posibilidad de ver en un discurso nacionalista sobre la mezcla de razas    tanto una glorificaci�n de lo mezclado como una discriminaci�n    contra negros e indigenas es una caracter�stica de la existencia    contradictoria del meztizaje y la disciminaci�n en la sociedad colombiana.
ORDEN RACIAL COLOMBIANO.
Hasta ahora he hablado principalmente en t�rminos de    ideolog�;as acerca de raza y naci�n como han sido manejados y    propagados por una elite pol�tica e intelectual. Esto es, parcialmente,    porque estas elites han expresado sus creencias en forma textual. Sin embargo,    es crucial darse cuenta de que estas ideolog�as no son simplemente construcciones    limitadas a esa elite o introducidas por ellas en otras clases. Se derivan del    encuentro de la elite con el mundo cotidiano y de su inter�s en darle    forma a ese mundo y adem�s resuenan fuertemente con la percepci�n    y la experiencia de otras personas sobre el mundo. Estas ideolog�as tienen    estatus hegem�nico, lo que no quiere decir que sean indisputables. En    este libro no me interesan solamente las ideolog�as de la elite (cf.    Skidmore 1974, Graham 1990, Wright 1990) sino tambi�;n sus pr�cticas    sociales, las cuales son guiadas por ellos mismos para que reproduzcan aquellos    conjuntos de ideas y valores. Asi; mestizaje y blanqueamiento no solo    son conceptos de diferentes variantes del pensamiento nacionalista; sino que    son una serie de practicas que derivan su significado de, y a la vez reconstituyen,    las interacciones jer�rquicas y sociales expresadas en las ideolog�as    de blanqueamiento y mestizaje. He dado el recuento anterior sobre la ideolog�a    de la elite porque las pr�cticas deben ser entendidas en el contexto    de las ideas de la elite acerca de raza y naci�n, ideas que por su resonancia    con las verdaderas jerarqu�as sociales y la verdadera experiencia tienen    el poder de constituir, en te;rminos de Foucault, no el error, no la ilusi&�n    ni la conciencia alienada, sino la verdad en si misma (Foucault 1980,    133) -aunque esa verdad pueda ser debatida.
Basandonos en las producciones literarias revisadas    arriba, pero tambi�n en las pr�cticas y las ideas sociales descritas    a trav�s de este material , estamos ahora en posici�n de caracterizar    la estructura del orden racial colombiano en terminos ma;s amplios.    Puede visualizarse como un tri�ngulo en cuyo punto m�s alto est�  lo blanco y en los dos �ngulos inferiores lo negro y lo ind�gena    (Whitten 1985, 43, desarrolla esta idea en el contexto ecuatoriano; ver tambi�;n    Cordoba 1983). El vertice blanco est� asociado con el poder,    la riqueza, la civilizaci�n, la creaci�n y el gobierno de la nacionalidad    colombiana y las altas posiciones en las escalas de urbanidad, educaci�n    y"cultura" (ser culto). El estilo y el nivel material de vida, la educaci�n,    las maneras, la forma de hablar y la estructura familiar de los blancos son    distintivos de una alta posici�n en la jerarqu�a nacional de prestigio    y de estatus. Los dos vertices de abajo son vistos desde arriba como    primitivos, dependientes, ignorantes, r�sticos e inferiores. De modo    m�s espec�fico, los negros son estereotipados como perezosos y    no progresistas, ignorantes y con una �spera y r�stica manera    de hablar. Se han constriudo im�genes posteriores alrededor de la idea    de una estrucctura familiar "anormal" con un padre "irresponsable" y alrededor    del supuesto amor de los negros por la m�sica, el baile y la fiesta.    La cultura ind�gena ha sido vista como aun m�s extra�a    y diferente que la cultura negra, especialmente en el estilo de vida y el lenguaje.    Los ind�genas tambi�;n son vistos como refractarios al progreso    y al desarrollo. Estas im�;genes son una consecuencia del hecho de que    el orden racial triangular presentado aqu�; se superpone fuertemente a    un orden b�sico de clase que, empezando con el colonialismo, la esclavitud    y la explotaci�n de la mano de obra ind�gena, ha estructurado    la raza de esta manera jer�rquica. Las jerarqu�as de clase y raza    no son coextensivas, porque existen blancos de clase baja y algunos negros de    clase media, pero su coincidencia hist�rica ha sido suficiente para crear    la jerarqu�a b�;sica del orden racial.
Aunque aquellas personas que se clasifican a si mismas    como "negra" o "ind�gena" pueden resistir caracterizaciones espec�ficas    sobre ellos como primitivos o inferiores, y en casos espec�ficos, abiertamente    contradecir los ep�tetos de r�sticos o incultos, admitir�n    que la mayor�a de aquellos que se clasifican como negra o indigenas (e    incluso la mayor�a de aquellos clasificados como tales desde arriba,    que es una categor�a m�s grande) son principalmente r�;sticos,    relativamente incultos, y situados en el estrato m�s bajo de la sociedad    colombiana. He Encontrado aqu�; y en el bajo San Juan de que algunos negros    aceptaban la idea general de que los negros como categor�a no eran progresistas,    incluso mientras rechazaban la idea de que ellos personalmente fueran perezosos    y tambi�n se�alaban que los negros realizaban trabajo duro y pesado.    Es decir, mientras que las connotaciones morales de la jerarqu�a puedan    ser debatidas, algunos aspectos fundamentales de la misma jerarqu�a tienen    la apariencia de verdad manifiesta. Sin embargo, la din�mica negra de    formaci�n de n�cleos, resistencia y autonom�a representa    aqu� una fuerza contrapuesta que luego examinaremos .
El proceso esencial que conecta los tres puntos es el mestizaje,    tanto f�;sico como cultural. Es crucial que la categor�a blanca    est� a la cabeza. La jerarqu�;a es fundamental no solo para    el respectivo ordenamiento de estas tres categor�as sino tambi�;n    para el mismo proceso de mestizaje. Objetivamente, esto es tanto un proceso    de oscurecimiento como de aclaramiento, pero la jerarqu�a real que interviene    en el significa que los movimientos de mayor valor son los que avanzan    hacia arriba, lejos del ind�gena o del negro, y hacia el blanco. El mestizaje    toma connotaciones morales poderosas: no es solo la mezcla neutral sino    el movimiento jer�rquico; el movimiento que potencialmente tiene gran    valor es el ascendente, el blanqueamiento, entendido en t�rrminos f�sicos    y culturales. A1 nivel cultural le corresponde una situaci�n similar.    Es un lugar com�n decir que el promedio cultural en Colombia es una cultura    sincr�ica en cuyos elementos se pueden encontrar rastros de Am�rica    precolombina, A;frica y Europa. Sin embargo, a tal observaci�;n    le falta tener en cuenta que hay diferentes posiciones dentro de la jerarqu�a    sincr�tica. Mientras se piense que algo est� m�s  cerca    a la cultura "negra" o a la "ind�gena", m�;s abajo est�   localizado en la jerarqu�a. En contraste, se les concede mayor valor a    las formas culturales cuando son tomadas como derivadas del mundo blanco. Como    antes, en casos espec�ficos, algunos negros o ind�;genas pueden    rechazar el blanqueamiento -es decir la adopci�n de maneras culturales    no negra/no ind�gena-, o casarse con un no negro/no ind�gena,    por considerarlo como una traici�n a sus or�genes. Muchos, no    obstante, no toman esta actitud. M�s generalmente, todos aceptan que    los blancos est�n a la cabeza y que lo negro o lo ind�gena puede    ser un obst�culo para el avance social; en este sentido, el valor potencial    del blanqueamiento parece ser evidente por si mismo
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