Introducción.
Porqué planificar? Porqué preocuparse en mejorar
de forma continua? A que apunta la estrategia? Todas preguntas importantes de
responder, y a las cuales muchos directivos, profesionales y empresarios no le
dan la debida importancia o la suficiente atención.
Responder a éstas y otras cuestiones es lo que
marca la diferencia entre empresas que sólo subsisten, ( luchando contra costos
cada día más altos y niveles de productividad en claro declive, logrando ver la
luz cuando la situación global es óptima, pero que nunca aprovechan en su
plenitud estas situaciones, y que cuando el mercado se deprime entran en un
fuerte cono de sombra e incertidumbre) y empresas u organizaciones que con
objetivos claramente definidos, y un perfecto enfoque en las actividades a
realizar, planifican proactivamente, no sólo anticipándose al futuro sino
creándolo. Empresas para las cuales los recursos tienen un valor y saben en
consecuencia administrarlo. Entre esos recursos fundamentales se encuentra el
tiempo. Elemento crucial que una vez consumido ya no se puede recuperar. Así
tenemos a las empresas que malgastan el tiempo de sus clientes, empleados y el
de su propio futuro como entidad, de aquellas que lo saben valorar no
desperdiciando tan importante recurso.
No menor importancia tiene como recurso el
capital humano, las innovaciones que este aporte a la organización. Se
despilfarran sistemáticamente recursos humanos, cuando no se hace lugar a su
participación activa, cuando sus experiencias, habilidades, capacidades y
conocimientos no son tenidos en cuenta, o son lisa y llanamente subestimados
por los directivos.
En vistas al mediano y largo plazo sólo podrán
sobrevivir aquellas empresas que menos recursos desperdicien. Para ello es
fundamental lograr un óptimo nivel de planificación, y tener la disciplina de
mejorar día a día. Cada día se agregan nuevos competidores a escala global.
Piense en cualquier actividad y verá nuevas empresas y nuevos países ingresar
con mas fuerza y profundidad en los mercados mundiales. Acaso alguien pensaba
hace unas décadas atrás en que Malasia sería hoy el principal productor mundial
de chips de informática, o que Corea del Sur entraría en los mercados
occidentales en materia automotriz. Pues bien estos son sólo unos pocos ejemplos
de los cambios que están teniendo lugar. Los países y las empresas carentes de
estrategias están destinadas a ver cada día más lejos
un nivel óptimo de crecimiento y desarrollo.
No es lo mismo ser parte de empresas que con el
paso de los años no registran cambio alguno, y si lo han registrado es de
manera negativa, que estar involucrados en organizaciones que mejoran día tras
día, brindando mejores productos y servicios a los consumidores, y haciendo
participes a sus propietarios, directivos y empleados de niveles de vida más
ricos no sólo en materia económica, sino además en crecimiento y desarrollo
personal.
Tampoco es lo mismo para un cliente probar suerte
con los productos y servicios que una organización le brinda, que adquirir
bienes y servicios de empresas confiables, que innoven día a día mejorando en
todo momento la calidad del producto o servicio.
Nada de ello es producto de la casualidad. Las
cosas ocurren porque se planifica y realizan acciones concretas para su
obtención, o sea hay una causalidad. Es muy fácil hablar de planificación,
organización, dirección y control. Pero otra muy distinta es llevarlo a la
práctica y mejorarlos de manera continua.
Es la hora en que los inversionistas se preguntan
en que empresa vale la pena realmente colocar sus ahorros y su confianza, es
también el momento en que los obreros se preguntan si vale la pena dejar parte
de sus vidas y proyectos personales en empresas que no le permiten ningún
crecimiento personal ni económico. Es el momento en que los consumidores
piensan si deben seguir adquiriendo productos de escaso valor, mala calidad,
precio elevado y un servicio al cliente atroz.
Es el momento en el cual los líderes deberán
hacerse cargo de sus responsabilidades implantando una estrategia que permita
dar vida a la excelencia. La excelencia sólo se obtiene con la ética del
trabajo, la disciplina de la mejora continua y un cambio de paradigmas que
permita hacer de la empresa y el trabajo una base para la creatividad y
expansión humana, y no meramente una máquina de triturar recursos y proyectos.