La audiencia de Quito, había sido al terminar el Siglo XVIII y comenzar el siguiente, parte integrante del virreinato de Santa Fe (Colombia) pero Abascal consideró a la gobernación de Guayaquil como parte integrante del virreinato del Perú, para los fines de la defensa militar.
Cuando Guayaquil proclamó su independencia en octubre de 1820, la
población de ese puerto estaba dividida en tres bandos. La mayoría deseaba que
Guayaquil con el resto del territorio de la audiencia de Quito se constituyera
en una nación independiente. Ese sentimiento prevaleció por mucho tiempo tanto
en los guayaquileños como en el resto de ecuatorianos y al fin se materializó
en 1830. Los partidarios de esta idea llevaban escarapela celeste. Había otro
grupo, no tan numeroso, partidario de formar parte del Perú, que llevaba escarapela roja y un tercer grupo, en realidad
insignificante, que usaba escarapela rosa era pro-colombiano.
Tan pronto como Guayaquil proclamó su independencia, elaboró un Estatuto, rigiéndose con autonomía total. Sin embargo, la junta de gobierno que tenía como presidente a Joaquín Olmedo, solicitó la protección de San Martín y éste le envió al general Luzuriaga y a Guido.
San Martín deseaba que lo guayaquileños decidieran su destino
voluntariamente, pero Bolívar que triunfaba en Colombia, pensaba de otra
manera. Su deseo era la incorporación de la antigua audiencia de Quito,
incluyendo Guayaquil, como parte integrante de
En la zona de Quito, Cuenca y Loja el presidente de la audiencia, Aymerich, y el brigadier Vicente Gonzáles controlaban la situación.
Bolívar, para ir adelantado
sus proyectos, envió en mayo de
Las primeras actividades de Sucre en Guayaquil fueron netamente
políticas.
Logrados esto objetivos, Sucre inicia su ofensiva militar y logra un pequeño triunfo en Yaguachi el 19 de agosto de 1821. Sin embargo, posteriormente sufre una contundente derrota en Huachi el 12 de setiembre, viéndose obligado a replegarse precipitadamente a Guayaquil. Si Aymerich lo hubiera perseguido, hubiera sin duda, acabado de destrozarlo y tomado Guayaquil, pero no podía distanciarse mucho de Quito y dejarlo expuesto a los patriotas que lograban éxitos en la cercana provincia de Pasto en Colombia. Por eso, dejó en las puertas de Guayaquil, un ejército de 2.000 en Babahoyo y retornó a Quito.
Al frente de las fuerzas realistas de Babahoyo estaba el coronel Torlá que tras de su odisea de Trujillo y de la selva amazónica había retornado a Ecuador.
Sucre y Torlá celebraron un armisticio de 90 días a partir del 19 de Noviembre. Pensaba así Sucre, ganar tiempo mientras reiteraba a San Martín su pedido de auxilios. Sobre esto hay que decir que tan pronto como Sucre llegó a Guayaquil solicitó a Torre Tagle el envío de una División de Auxilio y en Junio vuelve a reiterarse, lo mismo que en Agosto.
Lo cierto era que en Trujillo, Lambayeque y Piura, ya se había iniciado la formación de una nueva División, pero no podía aún utilizarse. Las fuerzas pedidas eran 800 soldados de infantería, 200 de caballería y además 1500 fusiles y 50 quintales de pólvora. El plan de Sucre era que estas fuerzas avanzaran de Piura hacia Loja y Cuenca, para juntarse con las que partirían en el mismo sentido desde Guayaquil.
Tras el armisticio de Babahoyo que le daba algún respiro, Sucre
solicitó el envío del antiguo Batallón Numancia, que estaba en el Perú había cambiado su nombre
por el de Voltígeros, pero para esa fecha
Las formas antisociales de explotación de la tierra, que
más bien era la explotación del hombre
del campo, que la reforma agraria de 1969 prohibió totalmente como yanaconaje, coloniaje, etc. existieron durante toda la
colonia, como un rezago de las antiguas encomiendas.
Cuando Santa Cruz – por entonces coronel- llegó a Piura, se encontró con un cuadro verdaderamente deprimente, dado el grado de explotación existente.
Las personas que habían hecho la revolución en Piura, en gran parte eran hacendados y por lo tanto mal podían dictar disposiciones que afectaran sus propios intereses. Por eso vemos que un terrateniente hasta llegó a oponerse que José María Raygada fuera ascendido a capitán por el temor que luego llagara a mandarlos.
En Piura, a diferencia de otros muchos lugares del Perú, no se produjeron luchas, ni operaciones militares. El único lugar afectado fue Paita con la incursión de Cochrane.
La ciudad de Piura y las demás del Partido, vivieron sí, unos años tensos, no sólo por las informaciones que se tenían de terribles combates en otros lugares; sino también por los cambios políticos y de autoridades que se produjeron en todo el Partido, ya que salieron los elementos afectos al sistema colonial y fueron reemplazados por patriotas antiguos o de última hora.
Por eso, Santa Cruz -un boliviano descendiente de indios- al poco tiempo de llegar a Piura dictó un Decreto reprimiendo el abuso de los hacendados. Era el siguiente:
Don Andrés de Santa Cruz, Coronel de Caballería de los Ejércitos de
Por cuanto estoy informado de que existen abusos que conservando el carácter de despotismo oprimen aún a los infelices, sobre cuya suerte vela el Gobierno y deseando cortarlos en beneficio de la humanidad, cuyas leyes hemos jurado con los de la igualdad y filantropía.
Por lo tanto, declaro lo siguiente:
Art. Primero.- Todo hacendado está obligado a respetar la propiedad de sus colonos, como uno de los más sagrados derechos que asegura la de todos.
Art. Segundo.- En virtud de lo anterior, ningún hacendado podrá expeler por pretexto o motivo alguno a sus colonos, mientras éstos no hayan formalmente hecho y dispuesto de las cosechas de sus labores.
Art. Tercero.- Ningún colono tiene obligación de hacer servicios al hacendado de balde, siempre y cuando pague el precio justo y cabal de su arrendamiento, el que deberá de ser pactado por mutuo convenio entre hacendado y arrendador.
Art. Cuarto.- Todos los colonos pueden disponer de los frutos de su trabajo como y donde quieran sin reconocer obligación de vendérselos a personas determinadas.
Art. Quinto.- Los hacendados que quieran exigir servicios de sus colonos, deberán de pagárselos a los precios corrientes inmediatamente que los hagan.
Art. Sexto.- El colono que ocupe tierras de balde, está obligado por agradecimiento a manifestarse con su bienhechor.
Art. Séptimo.- Entiéndase generalmente que no hay más que una contrata entre hacendados y colonos y que conforme a ella, nadie puede exigir nada de obligación a más de lo estipulado en la contrata, y cualquiera que se resienta de ella puede reclamar al Gobierno, que está pronto hacer justicia a quien la reclame.
Art. Octavo.- Las infracciones serían penadas con doble precio de los daños reclamados.
Publíquese por bando y circúlese.- Piura, Noviembre veinte y ocho de mil ochocientos veinte y un años.- Andrés de Santa Cruz.- Manuel Revolledo, Secretario del Gobierno Público y del Cabildo.
Los prelados de las altas jerarquías eclesiásticas fueron en gran número fervorosos adictos a la monarquía española.
Los reyes
alegaban que habían recibido el poder de Dios y que sólo a Él correspondía
rendirle cuenta de sus actos. Era por lo tanto todo lo contrario a
En el Perú, varios religiosos mostraron más energía que los mismos
militares en la defensa del régimen colonial. Algunos prefirieron ir al
destierro antes que jurar fidelidad a las nuevas autoridades y al naciente
sistema. Entre ellos estuvo el Obispo de Huamanga, el piurano Pedro de
Gutiérrez de
Cuando San Martín desembarcó en Pisco, envió de inmediato una División al interior al mando del Coronel Álvarez de Arenales. Cuando éste se aproximaba a Huamanga, el Obispo dejó la ciudad y se dirigió a Lima en donde permaneció más de un año.
Gutiérrez de
Por lo tanto a fines de noviembre de 1821 se le dio ocho días de plazo para salir de su patria.
El 6 de diciembre el Director de Marina, pasaba el siguiente informe:
Ilustrísimo y Honorable Señor Ministro de Guerra y Marina.
Tengo el honor de transcribir a V.S.I. el
parte que con esta fecha me da el Capitán de Puerto y dice lo siguiente: Señor Director
General de Marina.- A las 3 de la tarde se dio a la vela la fragata inglesa Harleston, con destino a Guayaquil, su capitán David Proodfoos con 85 individuos a bordo de capitán a paje. Su
cargamento, son efectos de la india y conduce de pasajeros al Señor Obispo de
Huamanga don Pedro Gutiérrez de
Pesa este buque 537 toneladas, según documentos que se entregaron.-
Capitanía del Puerto de Callao, 6 de diciembre de 1821.- Francisco Erescano.- Dios Nuestro Señor guarde a V.S.,
muchos años.- Callao 6 de diciembre de 1821.- Luis de
Tan pronto llegó a España, el rey premió al obispo entregándole la diócesis de Puerto Rico.
Pero el prelado piurano añoraba a su patria lejana y solicitó su
repatriación, lo que le fue otorgada por
Álvarez de Arenales se improvisó como un buen gobernante en Trujillo mereciendo la estima de todo el vecindario.
Pero una de las principales misiones que le habían sido
encomendadas, fue la de acelerar la formación de
Álvarez de Arenales puso verdadera pasión en crear milicias y unidades de caballería y de infantería en el norte del Perú en forma tal que al cabo de pocos meses ya tenía 13.182 hombres sobre las armas. De esa forma el norte se presentaba completamente sólido como baluarte de la causa emancipadora y pudo contribuir así en sellar la independencia de Ecuador en la decisiva batalla de Pichincha. Se envió también 1.200 soldados a San Martín y una gran cantidad de mulas y pertrechos militares..Las fuerzas que partieron de Chiclayo eran mandadas por el patriota Pascual Saco. que armó y vistió por su cuenta a 800 hombre.
En cuanto al partido de Piura, se disponía de los siguientes
efectivos: a) el Batallón de Infantes de
Piura con 590 soldados, recientemente formado,
que primero tuvo como jefe al teniente coronel don Casimiro Silva y más
tarde al comandante Francisco Villa. b)
El regimiento de caballería de Chalaco bajo el mando de Luis Farfán de
los Godos, que tenía 491 hombres y c) . El regimiento
de dragones de Amotape con 390 soldados al mando del Marqués de Salinas,
Francisco Xavier Fernández de Paredes. Este personaje como muchos otros durante
los años de emancipación había sido un acérrimo realista, que hasta dejó oír su
voz de oposición a
En Querecotillo había un batallón de 799 plazas, distribuido en diversos acantonamientos al mando del comandante M. Vargas Machuca.
Una compañía la mando del teniente José Segundo Roca -argentino que llegó a General- que había estado luchando contra los insurrectos realistas en Otuzco y Cajamarca, fue trasladada a Piura y sirvió de base para la formación del regimiento “Cazadores a Caballo del Perú”. Luego se formó el regimiento Cazadores de Paita.
De Trujillo llegaron unos por tierra y otros por mar los Batallones N° 1 y 2 del Perú y el Batallón Trujillo. Éste último se embarcó íntegro en el puerto de Huanchaco hacia Paita. Luego llegó el famoso regimiento argentino “Granaderos de los Andes”.
Por lo tanto, el segundo semestre de 1821 fue para Piura de grandes ajetreos militares. Las tropas desembarcaban en Paita, poniendo en movimiento a las autoridades y a todo el pueblo. De allí emprendían la marcha sobre el tablazo con dirección a la ciudad de Piura.
Santa Cruz se vio en la necesidad de multiplicarse preparando cuarteles y asegurando el abastecimiento de las tropas. Éstas se distribuyeron por diversos lugares. A las claras se veía que se preparaban esos contingentes para una gran operación militar y eso no podía ser otra que la de sellar la independencia ecuatoriana que no podía culminarse por la resistencia de Aymerich y Tolrá.
Bolívar no podía auxiliar a Sucre porque se encontraba envuelto en una lucha tremenda contra los realistas de Pasto. En abril de 1822 todavía estaba embargado en esos combates y no obstante haber logrado el 7 la victoria de Bomboná, no consiguió destruir al ejército enemigo.
El jefe realista Basilio García se disponía atacar a Bolívar, cuando recibió la noticia de la victoria peruano-colombiana de Pichincha y la capitulación de Aymerich. Eso suponía que se encontraba completamente sólo en un territorio enteramente patriota e independiente. Entonces desalentado capituló. Es decir que la victoria de Pichincha a la que tanto contribuimos, decidió también la lucha en Colombia.
Por lo tanto los ecuatorianos deben mucho, en el logro de su
independencia a los peruanos y sobre todo a los piuranos, que pusieron el mayor
contingente de sangre en
Álvarez de Arenales, desde Trujillo informó el envío de ayuda a Sucre, el que no obstante la victoria de Yaguachi se encontraba en precaria situación -pues fue luego derrotado en Huachi- por cuyo motivo demandaba urgentes auxilios. De Trujillo y Lambayeque, ya habían salido las tropas hacia Piura.
Sucre escribía el 14 de setiembre al Ministro de Guerra del Perú, General de las Heras, una comunicación haciéndole conocer que el 1ro. de Setiembre había recibido del general Arenales el anuncio de que se estaban embarcando en Huanchaco el batallón Trujillo y el escuadrón de Granaderos a Caballo, cuya fuerza unida a la ya existente en Piura excedería de los mil hombres, con lo cual el Coronel Santa Cruz podía ya brindar su cooperación a la campaña que proyectaba. Sucre. Decía Las Heras que con esas tropas se podría lograr fácilmente la ocupación de Cuenca, mientras las tropas de Colombia (de Bolívar) ingresaban a liberar a Quito. Iba a ser un movimiento de pinzas, pero los ejércitos de Bolívar jamás llegaron. En el mensaje, Sucre daba a entender que pensaba violar el armisticio pactado con Tolrá bajo el pretexto de que había llegado a Panamá un nuevo virrey para Santa Fe (Colombia), el general español Cruz Murgeón.
Anunciaba Sucre que estaba enviando un jefe a Piura para entrevistarse con Santa Cruz y acordar lo necesario para que la división peruana marchase sobre Loja, mientras él (Sucre) se dirigía a Cuenca.
Señalaba a Cuenca como sitio de reunión de los dos ejércitos para
marchar juntos. Era interés especial de Sucre ocupar Cuenca en Enero, para
evitar que el invierno dificultara la campaña. Creía el general venezolano que
Alvarez de Arenales vendría comandando
El ministro de guerra de San Martín, general Juan Gregorio de las
Heras, apremiaba a Arenales y a Santa Cruz para que cuanto antes estuviera en
situación de actuar
En Lima había sido licenciado como comandante del Batallón Voltígeros, ex Numancia, el coronel Tomás Heres -colombiano- que desde mucho tiempo antes había estado intrigando, para que se “devolviera” el Batallón Colombia. Bien sabía este coronel que las fuerzas ofrecidas a Sucre eran otras, pero seguía insistiendo en el ex Numancia.
De Lima, Tomás Heres se dirigió a Guayaquil y se entrevistó con Sucre, tratando de convencerlo de que reclamase al Voltígeros o ex - Numancia. No quiso, sin embargo, Sucre meterse en problemas, pero de todos modos comisionó a Heres para se entrevistara con Santa Cruz y acordara lo necesario para el auxilio.
Heres salió de Guayaquil el 14 de diciembre, y llegó a Paita cuatro días más tarde. En el puerto se detuvo algún tiempo de tal manera que recién llegaba a Piura el 27 de diciembre de 1821. El comisionado venía con instrucciones estrictas de Sucre, contenidas en 10 puntos.
En el primer punto se le señalaba el itinerario de Paita y luego Piura. En el punto N° 2 le recomendaba se enterase de las órdenes que habían respecto a las fuerzas que habían sido trasladadas de Trujillo a Piura, y que hiciera conocer a Santa Cruz la exacta situación de las fuerzas patriotas en Guayaquil, los motivos por los cuales celebró el armisticio de 90 días, la posibilidad de quebrar el armisticio y los temores por la llegada del general español Cruz Murgeón como virrey de Santa Fe.
El punto 3, inducía a Heres a que estableciera bien si en el caso de que la división peruana cruzara la frontera entre el 15 y el 20 de enero, estaría en situación de llegar con 1000 hombres cuando menos a Loja.
El punto 4to. era para que en caso de no estar aún las tropas peruanas para movilizarse, estableciera bien cuando podrían estarlo.
En el punto 5to. planteaba Sucre la necesidad de una exacta coordinación entre los movimientos de los dos ejércitos.
En el punto 6to. decía Sucre que él marcharía sobre Cuenca con mil hombres que en la marcha aumentaría a 1400 pues esperaba varios contingentes, debiendo las tropas peruanas moverse con un itinerario tal que pudieran entrar en Cuenca el mismo día, tras un descanso en Loja.
El punto 7 establecía que en caso de venir el General Arenales tomaría el comando del ejército unido desde Cuenca.
El punto 8 decía: Si se exigiese al señor coronel Heres, que la república (Ecuador) abone los gastos que se causaren en esta empresa, lo hará con dificultad, conviniendo que, a la entrada a Quito se pagarán los gastos de la expedición, y que en Cuenca, se dará el entretenimiento de los cuerpos y el vestuario.
El punto 9 establecería que ante la posibilidad de que el coronel Heres tuviera que estar algún tiempo dilatado en Piura, llevará al capitán José María Gómez como asistente.
Como punto 10, se daba facultad a Heres para tratar cualquier punto no mencionado anteriormente.
Heres comprendió en Piura que las tropas aún no estaban listas para marchar a Loja, no obstante el entusiasmo puesto por Santa Cruz en la empresa en forma tal que hasta donaba la mitad de su sueldo mensual para la expedición, pero los problemas económicos y otros, eran muchos. Por eso, aprovechando Heres la ocasión, volvió a insistir en el envío inmediato del ex Numancia y hasta hizo un itinerario de su viaje como si fuera todavía su comandante.
Para cumplir en mejor forma el encargo de solicitar el enrolamiento
de jóvenes en las filas del ejército patriota, el coronel Santa Cruz visitó
varios pueblos de la región. Uno de esos fue
Eran unos notables, don Narciso Coloma y doña Natalia Maldonado, los
que brindaron un almuerzo, en la casa de Coloma en ka calle llamada hoy
Córdova. a su ilustre visitante habiendo concurrido
numerosos vecinos varones y mujeres. Al momento de los brindis, doña Natalia,
presentó a sus dos hijos adolescentes Idelfonso y
Narciso, y solicitó a Santa Cruz lo admitiesen en las filas del ejército
independiente. Ese rasgo, tan patriota impresionó al curtido y veterano
coronel, por cuanto era una decisión propia de las damas de la antigua Roma,
pero su asombro fue mayor, cuando, en forma sucesiva y con un asombroso
contagio, otras catorce madres, también ofrecieron a sus hijos a
Todos los jóvenes que en
El 28 de mayo de 1988, el profesor José del Carmen Noel Sánchez, ya
fallecido, escribía en el diario “El Norte” de Sullana, que al celebrarse en
1922 el primer centenario de
La presencia de tropas en Piura en tan gran cantidad, exigía un gran gasto en mantenerlas.
Como San Martín pasaba por constantes penurias económicas, el sostenimiento de los soldados recaía en las poblaciones de la región norte.
Ya se ha visto como él mismo Santa Cruz daba la mitad de su sueldo, gesto que fue imitado por muchos oficiales.
Constantemente se formulaban listas de erogantes. En diciembre (28)
de 1821, el Secretario del despacho de
Pesos
_ Juan Antonio Taboada (empréstito) 300
_ Antonio Palomino (empréstito) 300
_ Pío Garrido (empréstito) 500
_ Tomás Diéguez (aporte mensual) 25
_ Baltazar de Taboada 50
_ Coronel Manuel Carrasco 100
_ R.P. Antonio Romero 17
_ Antonio Ruiz 50
_ José Manuel Angeldonis 100
_ Miguel Seminario
y Jaime 50
_ Marqués
de Salinas (em préstito) 250
_ Cláudio Moreno (em préstito) 100
_ José Miguel Arellano
(empréstito) 100
_ José Antonio López 200
_ Andrés Aguirre 150
_ Valentín Guerreo (empréstito) 100
_ Luis Valdivieso (prestó) 200
_ José Antonio Valdivieso (préstamo) 50
_ Narciso Espinosa (prestó) 50
_ Francisco Ugarte (prestó) 50
_ Francisco Camacho (prestó) 50
_ Luis Montero (prestó) 50
_ Manuel Silva (prestó) 50
_ Baltazar Taboada (prestó) 150
_ Manuel Aliaga (prestó) 50
_ Mateo Meneses (prestó) 50
_ José Moscoso (prestó) 50
_ Juan Manrique de Lara 100
_ Manuel Cruceta (prestó) 100
_ Pedro León (prestó) 200
_ Diego Escardón 100
_ Ignacio Checa y Salas 72
_ Cura Casimiro de
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_ Los préstamos fueron 1.928
_ Otras donaciones menores 3.052
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Total 4980
Como puede apreciarse, las personas que figuran arriba fueron muy importantes y conocidas.
Los sueldos por esa época eran:
Coronel …………………………………………. 240 pesos de 7 reales
Teniente Coronel ……………………………….. 160 “
Sargento Mayor………………………………… 110 “
Capitán…………………………………………. 90 “
Teniente………………………………………… 60 “
Sub-Teniente…………………………………… 45 “
Sargentos 1ros. …………………………………. 40 “
Sargentos 2dos. ………………………………… 36 “
Cabos……………………………………………
Soldados ………………………………………...
San Martín deseaba para el Perú un gobierno monárquico, o cuando menos que fuera una república aristocrática con muchas de las instituciones de un reino.
Al salir de Chile, el gobierno de ese país le recomendó mantuviera la existencia de la nobleza y de sus títulos, que no se alterase el sistema de castas y que esto se tuviera en cuenta aún en la organización militar, y que no se modificará nada lo referente a la esclavitud.
Por eso fue San Martín en su proclama del 20 de Julio de 1820, al partir del puerto de Valparaíso al Perú, hizo conocer que la revolución americana no iba contra los privilegios de la nobleza.

Como por otra parte muchos nobles abrazaron la causa de la libertad, San Martín se vio entonces favorecido en sus planes monárquicos.
Fue por eso que
creó el Consejo de Estado,
El 27 de diciembre de 1821 daba San Martín el siguiente Decreto:
1ro. Los títulos existentes en el territorio del Estado que antes se llamaban títulos de Castilla, se denominarán en lo sucesivo Títulos del Perú.
2do. Todos los actuales poseedores presentarán en el término de un mes los de esta capital, y en tres meses los de afuera, las cédulas de concesión que tengan, en el Ministerio de Gobierno, para que sean refrendados con la nueva denominación que cada uno elija, si quieren variarla. Las cédulas originales, se devolverán a los interesados, y quedarán archivados los testimonios de ellas. Los nuevos títulos se expedirán en el papel del sello mayor.
3ro. Los que no presenten sus títulos para ser refrendados, en término prefijado, perderán su posesión; y pasarán por el mismo hecho a sus inmediatos sucesores.
4to. El derecho de lanzas y medias anatas, subsistirá como hasta aquí.
No todos los nobles poseedores de títulos se presentaron para la refrendación.
Entre los que lo hicieron estaba el piurano Marqués de Salinas, Francisco Javier Fernández de Paredes, cuya revalidación el 22 de abril de 1822.
El Congreso Constituyente por acuerdo del 12 de noviembre de 1823 declaró que era incompatible con el sistema republicano la existencia de los títulos nobiliarios y los prohibió para los ciudadanos peruanos. De los que votaron para su anulación estuvieron dos nobles: el marqués de Torre Tagle (o de Trujillo como se le cambió) y el conde San Donás.
El 9 de marzo de 1825, el Congreso extinguió
Posteriormente se restauró la citada Orden del Sol, hasta nuestros días.
San Martín propuso al virrey Pezuela transformar al Perú en un reino
independiente gobernado por un príncipe español, lo que aceptó Pezuela pro no
así un grupo de altos oficiales realista bajo el mando del general
Al
igual que en
En dicha Guía aparecía una relación de todas las autoridades de Lima y de los Departamentos del Perú Independiente, así como de los profesionales.
Con respecto a las autoridades de Piura, aparecían las siguientes:
Gobernador, coronel Andrés de Santa Cruz, al cual también se le consideraba jefe de Escuadrón de Cazadores con acantonamiento en Lima.
El comandante Félix Olazábal, aparecía como jefe del Batallón N°2, comandante del Batallón de Infantería de Piura, el tnte. crl. Juan José Rengifo.
Jefe del Escuadrón de Caballería con acantonamiento en Querecotillo, el cap. Miguel Vargas Machuca.
Los Dragones de Amotape tenían como comandante al coronel marqués de Salinas y como Ayudante Mayor, a Domingo Talledo.
El Escuadrón de Caballería de Huancabamba, tenía como su jefe al tnte. coronel Juan Manrique de Lara.
Administrador de correos de Piura era don Juan Sánchez Navarrete, el que percibía una comisión del 20% sobre la recaudación.
Como administrador de correos de Paita figuraba don Manuel Gonzáles Otoya.
Oficial de contaduría era don Joaquín Helguero que había sido
furibundo realista y acusador del Padre Ayuso, por sus actividades a favor de
La aduana de Paita estaba bajo la administración de don José María León, que tenía como interventor a don Ignacio María Herrera, como Oficial de Entradas a don Manuel Reyes Ochoa, como Oficial de Salidas a don Ramón Romero, Teniente de Resguardo a Manuel Morante y 4 guardas.
Era Jefe de
Los Curas y Vicarios eran los siguientes:
Piura, Casimiro de
Sechura, Miguel Ángel Villarán.
Catacaos, el Vicario Eclesiástico Tomás Diéguez.
Penacho y Salas (en la actual Lambayeque), Valentín Tagle.
Olmos, Manuel Checa.
Motupe, José Antonio Martínez Noriega.
Paita, Fray Luis Fajardo.
Amotape,
Miguel Carpio.
Huancabamba, Tadeo Celis Montenegro.
Frías, Manuel José Arrunátegui.
Ayabaca, Manuel García Coronel.
Huarmaca, José Cáceres.
La presencia de las tropas peruanas que se presentaban a marchar al Ecuador encendió la chispa del patriotismo de la juventud.
Adolescentes de toda condición social solicitaron su ingreso al ejército. Entre ellos, un jovencito de 18 años, Miguel Cortés del Castillo que iba luego a pelear en Pichincha y en Junín, cayendo en ésta última acción de armas.
El ingreso a filas de Miguel Cortés se establece con la siguiente comunicación, de Santa Cruz a San Martín.
Paita, 23 de enero de 1822.
Excelentísimo Señor Presidente del Perú don José de San Martín.
H.S.P.d.D.
Atendiendo a la buena disposición del joven don Miguel Cortés que desea unirse a las filas de la patria, y a las circunstancias que reúne a su favor por familia, y por los servicios que han hecho desde la jura de la independencia en esta ciudad, lo he admitido en la clase de cadete en el Batallón de esta ciudad, ofreciéndole proponerlo a Vuestra Señoría Honorable para el grado de Alférez, y habiendo asegurado antes las asistencias conforme al Reglamento. Espero que Vuestra Señoría Honorable, acceda a concederle dicha gracia para que lo contemple acreedor.
Andrés Santa Cruz
En Paita se encontraba el regimiento de “Cazadores a Caballo del Perú”.
Cortés había nacido el 25 de setiembre de 1803, el día en que se bautizó a San Miguel el Santo Patrono de Piura.
Sus padres fueron don Antonio Cortés y Fuentes Zorrilla de
Fueron sus tíos don Fernando Torcuato Seminario y Jaime casado con doña Marina Joaquina del Castillo y Talledo, Velásquez Tineo. Es decir que el parentesco era por parte de madre. Consecuentemente fue tío de Grau, pero no tenía parentesco con Miguel Jerónimo Seminario y Jaime.
Mucho se ha especulado en torno al héroe sullanero Juan José Farfán, con relación a las acciones de guerra en que intervino y el grado militar que alcanzó.
En enero de 1822 cuando Miguel Cortés ingresaba al ejército, Juan
José Farfán era un niño de apenas 12 años y 7 meses. Por lo tanto, no podría
haber ingresado a
Pudo haber nacido el 10 de julio de 1809. y la batalla de Pichincha fue en 1822. Cuando vino Bolívar al Perú concentró su ejército en el Callejón de Huaylas en 1823 y por entonces Juan José Farfán solo tenia 14 años. Las batallas de Junín y Ayacucho fueron en 1824 y por entonces Farfán llegaba a los 15 años.
.
La partida de bautizo, dice textualmente:
“El infrascrito Vicario Foráneo y Párroco de
CERTIFICA, que en el Libro de Bautismos del Archivo Parroquial, que comienza el cinco de Junio de mil ochocientos ocho a folios 34, se halla al siguiente Partida que literalmente dice así:
“Año del señor de mil ochosientos y nuebe (sic) en dies días del mes
de Sepe. Yo el inter Cura de este Partido de
La presente Partida es fiel copia del original a que me remito de lo que certifico en Sullana 24 de octubre de 1978.- Mauro Monedero”.
Cuando Bolívar decidió tomar en 1823 la ofensiva contra los ejércitos realistas, concentró en Noviembre sus fuerzas en Pativilca para prepararlas y entrenarlas. Si Juan José Farfán se hubiera enrolado en esa oportunidad, habría que admitir, que en ese entonces tendría 14 años y 5 meses, y menos al momento de enrolarse.
Su participación en
En efecto, una comunicación de fecha 19 de febrero de 1979 (Oficio 013- SJEM-DH/a del Departamento de Historia del Cuartel General del Ejército, del Ministerio de Guerra, que firmaba el Jefe de Departamento de Historia, Coronel Hernán Benza Chacón, dice en un acápite:
“El Departamento de
Historia a mi cargo, sensiblemente no encuentra mayores datos acerca de la
actuación del Sargento 2do. Juan José Farfán Céspedes, como combatiente de las
Batallas de Junín y Ayacucho en las filas del Ejército Libertador, a no ser la
referencia que aparece en el depósito central del archivo de Ministerio de
Guerra, cuya Resolución Ministerial de 23 de Mayo de
Farfán, inició -según parece- demasiado tarde el trámite para que le
reconocieran su participación en Junín y Ayacucho, pues murió el 13 de mayo de
Su partida de defunción, inscrita por José Antonio Farfán, tiene un error, pues dice que murió de senectud a los 97 años de edad, sin asistencia médica. Según eso, Farfán habría nacido en 1800, y eso no es así de acuerdo a su partida de bautizo. Lo que pasaba, era que muchas veces, nadie se interesaba por la edad de las personas mayores. Firmaron como testigos de la defunción, Baldomero Farfán y José M. Cardó que por entonces era inspector de Registros Civiles. Es decir, testigo perpetuo.
Por lo tanto la inscripción en el mármol de su mausoleo a la entrada del Cementerio de Sullana que lo considera como Sargento Mayor es errónea.
Sobre el natural anhelo que a veces tiene los pueblos por encumbrar a sus hijos, y exagerar los hechos, debe prevalecer la verdad histórica y eso es lo que hago.
Juan José Farfán no fue un combatiente de Pichincha, ni de Junín.
Posiblemente lo fue de Ayacucho. Tampoco fue Sargento Mayor, y ni siquiera
Sargento 2do. sino simplemente Cabo, pero eso no
disminuya un ápice los méritos que pudo tener. Hay que pensar en todo lo que
significa, para un muchacho de 15 años, dejar su tierra cálida, para marchar
con el ejército patriota a lugares lejanos y frígido para luchar allí por
En los archivos del Departamento de Historia del Ministerio de Guerra, se revisó la relación de los combatientes de Junín y no aparece allí el nombre de Juan José Farfán, pero sí el de otros sullaneros y del Departamento de Piura.
En los archivos aparecen los nombres de los sullaneros, José María Raygada
Gallo, y José Idelfonso Coloma, que son tan
conocidos. También Jerónimo Garrido del Castillo, que luchó en Pichincha,
Junín, Ayacucho, el Alto Perú, los Castillos del Callao y la guerra contra
Los patriotas piuranos que habían actuado en enero de 1821, habían
logrado ganar para
Esas personas se creyeron pues con derecho -como era justo suponerlo- a intervenir en la reorganización de los asuntos políticos de la región, a la cual conocían mejor que nadie.
Grande fue por lo tanto su sorpresa, cuando al poco tiempo de lograr
Seguramente que Olazábal tenía méritos suficientes a pesar de su juventud para ser considerado un buen militar, pero indudablemente le faltaba tacto para ser un político, responsable de la administración de una región tan importante y extensa como el Partido de Piura.
Muy pronto se creó una especie de tirantez con la gente principal de Piura que había servido con tanto desprendimiento a la causa de la patria. En Olazábal, se veía a un extranjero (argentino) pues ni siquiera era peruano, completamente inexperto en asuntos administrativos, poco apto para el cargo.
Fue así como hemos visto que actuó con exceso de rigor con Frías. Luego entró en pugna con José Manuel López Merino, persona que no sólo había tenido una actuación decisiva la noche del 3 de enero sino que constantemente, al igual que su padre había contribuido a los gastos que había que hacer, pues era un acaudalado comerciante.
Olazábal lo acusó de traición, dispuso su apresamiento y la confiscación de sus bienes.
López Merino, temiendo por su vida, huyó a Ayabaca y luego a Loja.
A causa de las penurias, y por carecer por entonces de recursos, enfermó pero eso no impidió su fervor patriótico y por donde fue, se constituyó en un difusor de las ideas libertarias.
En setiembre de 1821, estaba López Merino en Loja, y fue uno de los
que contribuyó a la proclamación y jura de
El 27 de octubre de 1823, el patriota don Manuel Diéguez, el mismo que se enfrentó a Casariego, al tener que prestar un testimonio con relación a un hecho judicial en que se vio envuelto López Merino, decía con relación a éste:
“… pero no obstante esta decisión y este patriotismo, don Félis Olasaban pr. sostener el atropellamiento qe. hizo a este benemérito patriota, y quisá
pr. engrasarse también en sus bienes, le acusó de ser infiel a
carecíamos, y comunicándonos a su costa quantas medidas tomaba aquel
General, para que nos precabiesemos, de suerte que puedo asegurar que si ni es
por Lopes, Ntra. independencia fracasa …”
El testimonio de don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, muestra una opinión un poco tacaña y no muy generosa en reconocer los méritos ajenos, para no desmerecer los propios. A pesar de todo no puede eludir el puntualizar -aunque a regañadientes- la participación del abuelo del escritor López Albújar, y por eso al prestar testimonio el 21 de octubre de 1823, dice:
“Es berdad qe. en el día quatro de Enero de
ochocientos veinte y uno, fue uno de los
concurrentes a la junta de ese Pueblo qe. hizo en el Convento de San Frco. de esta ciudad
pa. abrir un Pliego de
Como puede apreciarse, este testimonio es muy diferente al dado por don Manuel Diéguez y también a la reseña de J. M. Arellano.
Por eso don Manuel Vega Castillo, expresa: “En primer lugar, resulta injusta por decir lo menos, la altiva referencia del Gobernador sobre la erogación de 50 pesos que López hizo a la causa patriota, porque esa entrega fue de carácter inmediato y al donante cumplió con su deber de entregar todo el dinero que llevaba en la cartera …”.
Cuando Sucre logró el 19 de agosto de 1821 el triunfo de Yaguachi, se llenó de un exceso de optimismo. Como ese sitio está muy cerca de Guayaquil, en lugar de avanzar sobre le resto de fuerzas enemigas, retrocedió al puerto para comunicar la victoria y poder exigir un premio por ella. Reiteró entonces el pedido de la anexión de Guayaquil a Colombia.
Cuando creyó, Sucre, haber dado los pasos necesarios para asegurar tal propósito, reinició la campaña contra los realistas y se internó en la sierra de Ecuador rumbo a Quito.
La victoria de Yaguachi y la penetración posterior de Sucre, alentó a los patriotas de Loja y de Cuenca que quedaron a la retaguardia del ejército patriota, y es así como el 12 de setiembre Loja declaraba su independencia.
Para su mala suerte, el mismo día Sucre sufría la aplastante derrota de Huachi, y retrocedía con poquísimos soldados desmoralizados hacia Guayaquil.
El triunfador Aymerich, pudo tomar el puerto pero más bien envió al coronel Gonzáles hacia Cuenca y Loja.
El 19 de octubre, Sucre volvía a escribir a San Martín reiterándose el pedido de auxilios militares.
Sucre aseguraba que parte de las fuerzas enemigas habían marchado a Quito, pero que 2000 soldados estaban concentrados en Riobamba, al sur de Huachi y que suponía habían salido desde el 17 de Babahoyo, es decir al norte de Guayaquil donde pensaban llegar el 24 y que frente a esa situación se encontraba sin ninguna fuerza.
Sucre criticaba a los guayaquileños y decía que no se había logrado
sino 200 hombres para soldados de línea, no obstante que en el puerto y la
región había 60.000 habitantes. Ni aún la imposición de
Sucre revelaba que había recibido de Lima comunicaciones de los Oficiales del Batallón Numancia, que querían retornar a Colombia, y por lo tanto podría ser enviado a Guayaquil. Era en realidad el coronel Tomás Heres, jefe del Batallón el que escribía a Bolívar y a Sucre con tal fin, y fue por la poca disposición de este Jefe para someterse a las directivas de San Martín que se le sacó del mando y se le dejó en libertad, para dirigirse donde quisiera. El coronel Heres se dirigió a Guayaquil y aseguró a Sucre que el Numancia podría salir de inmediato de Lima.
En la parte final de su comunicación, Sucre decía lo siguiente: “El
Coronel Gonzáles, habiendo perdido el Batallón “
Sí había por lo tanto un potencial peligro contra Piura por la incursión del coronel Gonzáles sobre Loja, pues lo anterior sucedió cuando el 12 de setiembre de 1820, lo patriotas guayaquileños sufrieron la 1ra. derrota de Huachi.
La nueva ocupación de Loja por Gonzáles fue indudablemente después
de la proclamación de
Los documentos que prueban las actividades patrióticas de López Merino en Loja, son los siguientes:
Constancia del Municipio de Loja, en que no pueden dejar de desconocer la participación de López Merino. Dice:
“Sala Capitular de Loxa y spte. veinte quatro
de ochocientos veinte y uno.- Certificamos que el suplicante desde que vino de
Piura a esta ciudad, se ha manejado decorosamente según su rango, por lo regular
enfermo, sin salir de aquí a ninguna parte.
No se le ha notado exceso en lo moral ni en lo político. Solo ha viajado a las fiestas del Cisne de
donde regresó a esta ciudad y permanece hasta el día. Ignoramos si privadamente haya escrito cartas
contra la opinión general de su Patria, pero luego que se juró
El vecino de Ayavaca, Manuel Acha, hace ante el tnte. gobernador de esa localidad, la siguiente manifestación:
“En el pueblo de Ayavaca, a los diez y
ocho días del mes de Octubre de mil ochocientos beinte
y uno pa. la información
que, se solicita, yo el Tnte. de Gobernador don Pedro Calle, hizo comparecer a don Mnal. Acha, vecino principal de
este pueblo, de quien recivi juramento que lo
hizo por Dios Nto.
S. y una señal de Cruz conforma adio del qual prolijamente
examinado dixo: Que habiéndosele ocasionado viaje a la
ciudad de Loxa, se encontró con don José con quien se
contrajo intimante y en todas las conversaciones qe el hubo, descubrió un sugeto
decidido al sistema patriótico; y qe también le
consta haber sido declarante, conductor, qe, a
remitido pr. su mano muchas
cartas al Sor. Don Jerónimo Seminario, en las qe le a noticiado de todos los documentos de los enemigos de
Don Raimundo Tineo, otro vecino de Ayabaca, declaró:
“Que ofreciéndosele un asunto
particular ba la ciudad de Loxa,
se partió para ella y llegó el dose de spe. a cuyo tpo.
a todos los vecinos con el ente de jurar
“Como en efecto se verificó inmediatamente en virtud de lo que les había prometido; y que a pocos días de haber pasado esto, se asoció del declarante y se vino a este pueblo (Ayabaca) en donde ha dado las más evidentes pruebas de su patriotismo, como lo acredita el viaje que hizo a Cariamanga en Compañía de Don Manuel Acha y don José María Peña, luego que supieron que Gonzales marchaba apoderarse de la ciudad de Loxa.”
Como se puede apreciar, está probada la intervención de don José
Manuel López Merino -un piurano- en
Santa Cruz y el Coronel Heres, llegaron a un acuerdo y prontamente
Esos soldados en su gran mayoría eran peruanos y había también un regimiento argentino, pero hay que aclarar contra lo afirmado por algunos, que en las fuerzas expedicionarias, no iba un solo soldado chileno.
El Batallón Trujillo, lo mandaba Félix Olazábal ascendido ya al grado de Coronel, a los 25 años de edad. El Batallón Piura N° 4 lo comandaba el Coronel Luis Urdaneta, el Regimiento Cazadores de a Caballo Trujillo lo mandaba el Coronel Antonio Sánchez; quedando el Cazadores de a Caballo Paita, bajo el mismo comando. El Regimiento de Granaderos de los Andes, formado por un poco más de un centenar de soldados, en su mayoría argentinos, estaba bajo el comando del Tnte. Crnl.. Juan Lavalle.
El ejército partió de Piura el 15 de enero de
En medio del sofocante calor del verano, los soldados se movieron
hacia Tambogrande, luego pasaron por las
proximidades de Yuscay, avanzaron por Las Lomas y
Suyo hasta llegar a
Los otros pueblos que pasaron fueron Macará, Sabiengo, Cariamanga, Gonzanama, El Puente y luego se llegó a la ciudad de Loja en donde se repusieron de las fatigas algunos días. Hacía tiempo que los españoles habían evacuado la ciudad.
Luego la ruta fue Las Juntas, San Lucas y el 9 de febrero la vanguardia al mando de Urdaneta, llegaba a Saraguro. Se cumplía así con una precisión matemática con el plan de avance, pues horas más tarde los soldados de Sucre se juntaban a los peruanos.
El ejército comandado por Sucre era menos numeroso y estaba integrado por venezolanos, colombianos, ecuatorianos y un regimiento británico, de los que habían estado luchando en las filas de Bolívar.
A partir de ese momento,
Con fecha 25 de Enero el Ministro de Guerra Tomás Guido, nombró al General José Antonio Alvarez de Arenales, como Jefe del Ejército Peruano que marchaba en el Ecuador.
Este nombramiento se había venido voceando desde mucho tiempo antes, pero no se conoció por que motivo se hizo después que partieron las tropas de Piura bajo el mando del Coronel Santa Cruz.
Cuando el enviado de Sucre Coronel Heres llegó a Piura para hablar
con Santa Cruz, se encontraba el General Alvarez de Arenales en Lambayeque y
desde allí le envió un cordial mensaje.
En las instrucciones que Sucre entrego a
Heres, se establecía bien claro que en caso de que
Alvarez de Arenales declinó por enfermedad, pero esa razón no es valedera porque luego pasa a la sierra central del Perú, donde asume el mando de fuerzas militares, menores que las de Piura.
El día 1° de Febrero, Alvarez de Arenales le envía a San Martín la siguiente comunicación.
“Por haberme
postrado con una efectiva carencia de Salud, y cada día más enfermo, había
dictado mi renuncia de esta Presidencia días antes de recibir
Tengo la honra de repetir a V.I.H., mi mayor consideración y aprecio con que lo distingue. Juan Antonio Alvarez de Arenales.”
Como se puede apreciar, el General Alvarez de Arenales expresa que no cuadraba a su carácter ni a sus conocimientos el cargo administrativo que había estado desempeñando, ya que consideraba que le eran de su agrado y conocimiento, cargos puramente militares.
Por otra parte, emite una opinión muy desfavorable para todos los jefes militares, políticos o personajes de los Partidos de Piura, Lambayeque, Trujillo y Cajamarca, al manifestar que no encuentra hombre de confianza como para sucederle en el cargo de Presidente del Departamento de Trujillo.
La renuncia de Alvarez de Arenales privó al Perú de haber ganado en
forma más amplia, los méritos de la victoria de Pichincha que selló
Hubiera evitado también determinados manejos políticos de Sucre y sus prepotencias.
Cuando después de la derrota de Huachi el
12 de Setiembre de 1821, Sucre se vio expuesto a ser destrozado por las
victoriosas tropas españolas de Aymarich, volvió a
renovar su angustioso pedido de tropas a San Martín ruego al cual se unió
Sin embargo, Sucre seguía intrigando para lograr la anexión de Guayaquil a Colombia.
San Martín creyó entonces conveniente enviar una misión diplomática al mismo tiempo que disponía se acelerasen los preparativos para hacer efectivos los auxilios militares desde Piura.
Como agente diplomático ante el Triunvirato Gubernativo de Guayaquil
envió San Martín a don Francisco Salazar y Carrillo, al cual se le unieron el
General José de
Al pasar por Paita tuvieron una entrevista con el Coronel Santa Cruz, que se encontraba preparando las fuerzas expedicionarias. Luego siguieron viaje a Guayaquil y llegaron cuando el Coronel Tomás Heres enviado de Sucre ante Santa Cruz ya había abandonado el puerto.
En Guayaquil, el pequeño grupo pro-colombiano se vio alentado por la presencia de Sucre primero y del Coronel Heres, que llegó del Perú después de ser obligado a dejar el mando del batallón Numancia.
Sucre se cuidaba sin embargo de actuar abiertamente porque no quería disgustar a San Martín, de quien necesitaba urgentes auxilios. Todo lo hacía en forma disimulada y encubierta.
El día 2 de diciembre, con los ejércitos realista de Tolrá a las puertas de
Guayaquil y mientras reiteraba su súplica al Perú, Sucre escribía al
Vicepresidente de Colombia General Santander, quejándose de
El grupo pro-colombiano, elaboró en Guayaquil un documento y en
forma muy secreta lo envió al Cabildo Parroquial de Portoviejo. Se trataba de un Acta mediante la cual dicho
cabildo se pronunciaba por la anexión a Colombia y solicitaba que toda la
provincia y gobierno del Guayas hiciera lo mismo. El Cabildo de Portoviejo que era
pro-colombiano y por eso había sido elegido; en forma precipitada y casi
oculta, se reunió, aprobó el 16 de diciembre el Acta, y se la envió a Sucre y
no a
Eso tácitamente lo reconocía como superior o jefe de la facción
colombiana y oficialmente lo enteraba del pronunciamiento. Sucre, como es natural, lo envió a
Sucre creyó que
En Guayaquil, estaban los
regimientos Albión (formado por ingleses) y Paya, ambos colombianos que al
saber la partida de esas tropas iniciaron desórdenes en las calles del
puerto. Esta reprobable conducta motivó
una queja de
En Guayaquil había otro batallón recientemente creado que era el “Vengadores” de cuya oficialidad, cuatro eran colombianos. Estos habían iniciado desde el principio un proceso de concientización de sus tropas. Por eso a las 2 de la mañana del día 24 de diciembre, la oficialidad sacó a la tropa a campo raso, la formó y la arengó sublevándola. Con vivas a Sucre y a Bolívar exigió la anexión a Colombia.
Un intento de tomar el cuartes de artillería y de los Cívicos fue frustrada, lo mismo al tratar de apoderarse de barcos surtos en la bahía.
La reacción de la población fue contraria a los sublevados, y la esperanza que tuvieron los amotinados de que el pueblo los secundara, se desvaneció bien pronto, cuando más bien tuvieron enfrentamientos en las calles con ciudadanos que habían acudido a armarse.
Los miembros de
Los sublevados se vieron precisados a ceder, y en formación así como al redoble de tambores entraron a la ciudad, sin haberse oído ni vivas ni aplausos a su paso.
Tan pronto como ingresaron a Guayaquil los del “Vengadores”, la mayoría de sus oficiales; (con excepción del reducido grupo colombiano) se presentaron ante Olmedo, para expresar que ellos no se hacían solidarios con la actitud de rebelión.
En masa se pasaron 300
soldados y sólo quedaron 96 en el antiguo batallón, y lo mismo sucedió
con
Por último,
Mientras tanto, Bolívar llegaba con sus fuerzas a la ciudad
colombiana de Cali para de allí abrir campaña contra las fuerzas españolas de
Pasto, en donde estaban muy fuertes. El
día 2 de enero de 1822 le escribía a Sucre anunciándole el envío de refuerzos y
le expresaba en forma textual:…”Ud. se pondrá de acuerdo con el Gobierno de
Guayaquil, pero si éste rehusare algo de cuanto Ud. le pida, Ud. está
autorizado para hacer por sí mismo aquello que conceptúe preciso. Para llenar las bajas de la división, no debe
Ud. ahorrar medio alguno. Lo tomo sobre
mí la responsabilidad de cuantas providencias tome Ud. activas, eficaces y aún
violentas. El tenor de estas órdenes,
debe Ud. comunicarlo al Gobierno de
Guayaquil, manifestándole verbalmente que mis intenciones son llevar a
cabo la libertad de Colombia, desde Tumbes hasta las bocas del Orinoco…y
finalmente que yo espero que, para cuando yo entre a esa ciudad, ya el Gobierno
de Colombia, habrá sido reconocido por ella, no pudiendo yo hallarme sin faltar
a mi deber y a mi decoro, fuera del territorio de
Como se puede apreciar, a Bolívar no le interesaba el sentimiento de los guayaquileños, ni pensaba tampoco en ningún plebiscito. Sólo su voluntad debía tenerse en cuenta.
Al Presidente de
de América enzete su territorio.”
Como se puede apreciar había una clara amenaza en la nota y una referencia al Perú, así como una decisión incluso de ir a una guerra entre naciones, que aún no habían logrado su libertad.
Uno de los miembros de
Esta comunicación cayó en poder de Bolívar, el cual montó en cólera
y con fecha 16 de enero de 1822 escribía al Presidente de
Como se puede apreciar, Bolívar no dejaba alternativa a
Estas intrigas de Bolívar, se producían cuando precisamente las fuerzas auxiliares peruanas, se movilizaban de Piura hacia el norte para ir en socorro de Sucre que clamaba desesperadamente por ellas, mientras que por lo bajo se conspiraba contra el Perú y también contra la libre determinación del pueblo de Guayaquil.
Mientras las cartas de Bolívar viajaban hacia su destino, las fuerzas peruanas al mando de Santa Cruz, penetraban en Ecuador, pasaban a Loja y el 9 de febrero se unían a las de Sucre.
Sucre recibió el 24 de febrero la carta de Bolívar fechada el 2 de
enero y
Las reacciones en Sucre, en
Sucre de inmediato se tornó prepotente y se envalentonó al extremo de enviar al Ministro de Guerra del Perú, una comunicación haciéndole conocer las intenciones de Bolívar sobre Guayaquil, y llamaba pretensiones infundadas tanto al deseo de ser independientes de algunos guayaquileños, como de unirse al Perú, de otros.

En Guayaquil, también el partido Pro-Colombia, se tornó audaz e insolente, no faltando insultos contra la delegación diplomática del Perú, lo cual obligó al General Salazar y Carrillo, a informar al Gobierno de Lima.
El 22 de febrero, el
General
Bernardo Monteagudo, el todopoderoso Ministro de San Martín que
entre otras cosas manejaba los hilos de las relaciones internacionales, envió
de inmediato instrucciones muy delicadas y drásticas a
La carta fechada el 3 de
marzo hacía conocer el enojo de San Martín ante la actitud de Bolívar, que
calificaba de abierta hostilidad al Gobierno de Guayaquil, y de la situación
desairada en que quedaba el Perú, que por medio de su delegación diplomática
había asegurado a
Para el caso de que el Gobierno Provincial de Guayaquil y el pueblo
decidieran u incorporación a Colombia; debía
Como se puede apreciar, la comunicación de Monteagudo planteaba una situación muy difícil y se preparaban para un posible enfrentamiento entre patriotas colombianos y peruanos. A esa situación había hecho llegar las cosas, la ambición y la prepotencia de Bolívar.
El mismo día 3 de marzo, San Martín escribía a Bolívar una extensa nota en la que entre otras cosas decía “…por copia que me ha dirigido el Gobierno de Guayaquil, tengo el sentimiento de ver la seria intimidación que le ha hecho V.E. para que aquella provincia se agregue al territorio de Colombia. Siempre he creído que en tan delicado negocio, el voto espontáneo de Guayaquil sería el principio que fijase la conducta de los estados limítrofes, a ninguno de los cuales compete prevenir por la fuerza la deliberación de los pueblos. Tan sagrado ha sido para mi este deber, que desde la primera vez que mandé mis diputados cerca de aquel gobierno (de Guayaquil), me abstuve de influir, en lo que no tenía una relación esencial con el objeto de la guerra del Continente.”
Bolívar, sólo contestó esta nota, casi cuatro meses más tarde, el 22
de junio, tras la batalla de Pichincha y cuando se encontraba en Quito y había
dado todos los pasos que le aseguraban el control de Guayaquil. Manifestaba el Libertador, que dentro de ese
criterio de respetar la voluntad de los pueblos, no se podía consultar la
opinión de una provincia cuando ya había un pronunciamiento nacional y que no
creía que Guayaquil tuviera derecho para exigir de Colombia, permiso para
expresar su voluntad de incorporarse a
Que no podía tolerar el espíritu de facción que existía en
Como se puede apreciar, Bolívar se aprovechaba de la victoria de Pichincha, lograda gracias al concurso de los peruanos, y se reafirmaba en su intención de apoderarse de Guayaquil.
Monteagudo mandó una segunda comunicación, reiterando la orden de que Santa Cruz dejase de avanzar, y retrocediera de inmediato, ya sea a Guayaquil para defender su independencia o a Piura, a resguardar la soberanía nacional.
San Martín dispuso que el Marqués de Torre Tagle en su carácter de Supremo Delegado, enviase a los amedrentados triunviros de Guayaquil, una nota para que se decidieran el camino a seguir, y que de esa forma el Perú también pudiera optar por un rumbo definido.
Decía Torre Tagle en su nota a
Olmedo contestó con una larga carta. Expresaba que en su oportunidad habían enviado a Lima copia de la comunicación de Bolívar intimando la incorporación a Colombia, y que creían que ese documento era suficiente para que San Martín comprendiese que era llegado el momento de cumplir el solemne voto de sostener la libertad del pueblo de Guayaquil.
Olmedo hace conocer que Colombia trataba de justificar la anexión por el hecho de haber formado parte del Virreinato de Santa Fe, pero que el mismo rey -decía Olmedo- “nos había separado últimamente”. En este caso se refería a la unión de Guayaquil al Perú dispuesta por cédula real. Es decir que los mismos guayaquileños, en aquel entonces reconocían ser parte del Perú. Manifestaba Olmedo su reconocimiento por el frecuente envío de armas, municiones y tropas por parte del Perú y expresaba su esperanza de que con las notas que San Martín había enviado a Bolívar se “conjurase la tempestad”. Más adelante manifestaba: “…nuestro ardiente deseo de dar la libertad a nuestros hermanos de Quito y Cuenca, nos hicieron franquear a las tropas de Colombia, el paso por esta provincia; y nuestros recursos y la ambición han formado agentes que reuniendo alrededor de sí las pasiones de lo más contentos, que es imposible dejen de existir, han tocado y favorecido todos los medios de trastornar el orden, desacreditar al gobierno y desconocer los esfuerzos y sacrificios públicos, ya sea protegiendo a los díscolos y mal intencionados, ya persiguiendo o desconceptuando a los que no entraban en sus miras aunque se tratasen de honrados y ardientes patriotas y ya autorizando en la oscuridad, un partido que hiciese vacilar la autoridad pública.”
Olmedo daba a conocer al General San Martín, la manera como el
partido pro-colombiano estaba actuando en forma tan prepotente, alentado por
las cartas de Bolívar. También se
refiere a las injustas expresiones que el Libertador tiene para el miembro de
Pero no sólo habían llegado pliegos a
A Sucre le cayó como una bomba, la comunicación de Santa Cruz y de inmediato le respondió, de que consideraba la medida como hostil y que esa acción con el enemigo al frente significaría el descalabro total de las fuerzas patriotas. Consideraba por otra parte que siendo él (Sucre), el general en jefe, se oponía a la partida de las tropas peruanas, más aún cuando éstas no habían sido enviadas graciosamente sino en reemplazo del Numancia que estaba siendo retenido en Lima. Por último, utilizando la amenaza, aseguraba que si era necesario emplearía la fuerza para impedir se cumpliera la orden de Lima.
Santa Cruz había marchado rápidamente, para volver a hacerse
personalmente cargo de sus tropas, y en el camino recibió la respuesta de Sucre
y como era natural, lo preocupó sobremanera.
El 2 de abril se entrevistó Santa Cruz con Sucre y éste se manifestó
contrario a que el jefe del ejército peruano convocara a una reunión de
jefes.
Por lo tanto,
Mientras tanto Olmedo, se alarmó sobremanera con el giro que tomaban las cosas, y escribió a San Martín dejar sin efecto las órdenes dadas y que Santa Cruz continuara al mando del ejército peruano.
Hacía ver lo inconveniente del nombramiento de
Pero mientras todos estos ajetreos sucedían en Trujillo, en Guayaquil y en el frente de batalla; San Martín en Lima por propia iniciativa revocaba el 12 de marzo la orden dada de retorno de la división peruana y disponía siguiera en campaña.
El General
Guayaquil 29 de marzo de 1822.
Ilustrísimo y Muy Honorable Sr. Don Tomás Guido Ministro de Guerra y Marina.
Instruido de las dos notas del 12 pasadas al coronel Don Andrés de
Santa Cruz, que se sirve V.S.I. transcribirse de
orden de su Excelencia el Supremo Delegado, he prevenido con esta fecha a dicho
jefe, con conocimiento de este Gobierno (
Sírvase V.S.I.M.H. ponerlo en noticia de
su Excelencia, recibiendo todas mis consideraciones.- José de
La situación tirante que existía entre San Martín y Bolívar y todos los problemas de Guayaquil así como las intrigas de Sucre, no fueron ignoradas en Piura.
Había acá gran preocupación ante la osadía de Bolívar, pues se desconocía si la frontera que pretendía de Colombia, iba a llegar hasta los límites de Tumbes o también lo comprendía. Los piuranos tan vinculados a Loja y a Guayaquil, sintieron como en carne propia las ambiciones del Libertador. Mientras tanto, al movimiento de tropas y de abastecimientos militares continuaba en flujo incesante, manteniendo el estado de tensión.
A fines de febrero, llegaba a Paita la fragata “Havins”
con el capitán Pedro José Roca, que traía 500 fusiles, 50 quintales de pólvora,
300 sables y dos cañones de montaña. Por
la vía de
Las levas continuaban en forma intensiva. Se trataba de aumentar los contingentes de las fuerzas locales, así como cubrir bajas en los ejércitos que enfrentaban a los realistas en el centro del Perú.
Hay que considerar, que el ejército de operaciones en el Ecuador estaba formado en una gran proporción por soldados provenientes de la región Piura-Tumbes, muchos de los cuales se habían presentado voluntariamente.
También la naciente marina necesitaba gente. Muchos pescadores o marineros que hacían el comercio del litoral, antes se enrolaron, sobre todo de Sechura, Paita, Colán y Tumbes. Pero ya los tiempos de los voluntarios habían pasado y se empezó a tomar por la fuerza.
Es así como el 31 de enero de 1822, el capitán de puerto de Paita don Manuel Gonzáles y Otoya, se dirigía a su superior el general Juan Antonio Alvarez de Arenales, comunicándole que en cumplimiento de superior orden del 22 de diciembre de 1821 estaba embarcando en el bergantín “Santa Rita” a 16 marinos de 20 que habían sido solicitados al gobernador de Piura, pero que no se habían encontrado a más, que fueran aptos para el servicio de la marina.
Hay que hacer notar que ninguno de los 16 eran piuranos, pues había 6 de Chile, 1 inglés, 1 de Moquegua, 1 de Portugal, 1 francés, 2 españoles, 2 de Ecuador y un negro llamado Luis Congo Bosal y un centroamericano. Eran marineros de barcos mercantes desembarcados en Paita.
A mediados de febrero el gobernador de Tumbes enviaba al comandante militar de la provincia de Piura, la siguiente comunicación:
“El día de ayer, han llegado de Guayaquil un bote que trafica en
éste, y el dueño de él, Isidro Martínez, me ha dado parte de la llegada
diciendo: que estando fondeado a la vista de esta barra, vio una goleta que
venía de Lima, la que preguntó si había en Guayaquil y le contestaron que no,
por haberlo dejado tranquilo; siguió dicha goleta para su destino. A poco de esto, divisaron dos fragatas y un
bergantín, que despacharon de ellos dos botes sobre la goleta, que abordaron a
babor y estribor haciendo fuego de fusilería, y al parecer apresada, fue
conducida hacia dichos buques que están bloqueando en cuyo estado se introdujo
dicho bote a este río sin poder dar razón demás. Más habiendo llegado en este día a las 5 de
la tarde otra chata procedente de Guayaquil, asegura que vio a dichos buques en
la barra del puerto y con una fragata a sotavento de Pallares, una corbeta en
derecho de
San Martín había en efecto partido de Lima rumbo a Guayaquil el 8 de febrero en donde pensaba entrevistarse con Bolívar, pero en Huanchaco supo que el Libertador quedaba retenido luchando contra los realistas de Pasto, por cuyo motivo retornó al Callao donde arribó el 3 de marzo.
San Martín, sin la osadía de Bolívar, o quizá demasiado honrado, no quiso aprovechar la ausencia del Libertador en Guayaquil, y lograr así una decisiva ventaja política.