El Virrey Samano
de Nueva Granada, cumplió con enviar al Perú al Batallón Numancia que estaba
acantonado en Colombia. Pero como por la zona estaba merodeando los corsarios
chilenos y argentinos, se resolvió enviarlos por tierra.
Ese recorrido de
El Batallón Numancia se había formado
en la ciudad de Brinas, en Venezuela en 1813, bajo
las órdenes del Comandante José Yañez que desempeñó
tan importante papel en luchas contra los patriotas.
Sus soldados eran venezolanos y colombianos,
lo mismo que la mayoría de sus oficiales, pero en los años de las guerras
contra Bolívar habían sido muy leales a la causa realista, sobresaliendo en tal
sentido.
Formaron parte de la tropa de
represión del General Pablo Murrillo, constituyendo
un cuerpo de élite, lo cual fue motivo de muchos
privilegios del terrible general español.
En febrero de 1819 partió el
Batallón de Pasto, pasando por Quito y todas las ciudades de la sierra del
Ecuador que están en la ruta al Perú; y de Loja entraron a Piura. Eran 1500
soldados.
Hizo su ingreso a la ciudad, al son
de su magnífica banda de músicos con su lujoso uniforme, como nunca antes
habían visto los piuranos. Su permanencia fue breve, solo lo necesario para
reponerse de las fatigas, pues esos soldados estaban templados en las
dificultades.
Don Germán Leguía y
Martínez, dice que a su paso por Piura, quedó de guarnición en Paita
El 6 de julio de 1818 hizo su
ingreso en Lima el famoso Batallón que después se pasaría íntegramente a la causa
patriota.
El historiador don Manuel de Mendiburu, discrepa con don Germán Leguía en cuanto a la
forma y oportunidad de la llegada de la 1ra. Compañía del Numancia a Paita.
Según don Manuel de Mendiburu, muchos oficiales españoles de Lima; al virrey le
manifestaron su desconfianza sobre la lealtad del Batallón y se decía que si
bien es cierto, inicialmente había sido un cuerpo muy leal al rey, ya eso se
había perdido, porque el haber estado acantonado en Pasto por mucho tiempo, le
había dado oportunidad de alternar con mucha gente adicta a la causa de los
insurgentes. Había además otro hecho :y era
que en sus filas y en condición de soldados rasos había muchos oficiales
colombianos y venezolanos de los ejércitos patriotas que al ser tomados
prisioneros, prefirieron el enrolamiento antes que enfrentar el pelotón de
fusilamiento.
Fue entonces que el virrey -según don Manuel de Mendiburu-
decidió deshabilitar al Numancia enviando compañías a diversos lugares y es así
como remitió una a Paita y otra a Trujillo.
Indudablemente que más creíble es la
versión de don Germán Leguía y Martínez, pues en esos momentos se tenía que
cuidar todo el litoral y dispersas fuerzas, pero cuando se supo la intención de
San Martín de desembarcar cerca de Lima, el virrey decidió concentrar sus
fuerzas cerca de la capital para protegerla. Por eso dispuso que el barco de
guerra “Prueba” que había salido en persecución del corsario insurgente “Rosa”
comandada por Juane Illinwor
a pasar por Paita recogiese a
La aparición de los barcos de la
escuadra de Lord Cochrane ante el Callao y su manifiesto propósito de
incursionar por toda la costa norte del país, creó una gran alarma en todo el
país y eso justificó las precauciones que había tomado el virrey Pezuela para
fortalecerlos.
El marino inglés, incursionó en los
puertos del norte, pero en realidad no se comportó como un amigo, sino que su
sed de dinero, lo llevó a cometer tropelía y media, desprestigiando la causa
patriota.
El virrey envió de inmediato a los
puertos del norte un barco aviso, para anunciar la presencia de la escuadra
insurgente. Eso permitió al intendente y comandante general de la costa norte
don Francisco Gil, a dictar disposiciones de defensa. En alta mar, el barco
aviso se encontró con las fragatas mercantes españolas “Águila”, “Begoña” y
“Peruana” a las que comunicó que el Callao estaba sometido a bloqueo. Las tres
naves dieron marcha atrás y el 23 de marzo de 1819 ingresaban al puerto de
Paita.
Los paiteños que ya estaban
alertados de la posibilidad de un ataque insurgente, creyeron que eran naves
contrarias y se alarmaron.
El comandante militar, Casariego
puso a la pequeña guarnición en estado de alerta y los vecinos acudieron a
ofrecer su ayuda.
Conocida la verdad; los barcos se
avituallaron y al día siguiente siguieron viaje a Guayaquil.
La “Gaceta del Gobierno de Lima” que
conoció estas incidencias, alabó en su número de fecha miércoles 7 de abril el
comportamiento de los paiteños, que de inmediato se movilizaron en defensa del
puerto y que los vecinos solicitaron ser empleados en la defensa, tal como lo
habían hecho en 1818 en las noches del 25 de noviembre y 28 y 29 de diciembre
en que ante la presencia de corsarios tomaron una actitud de verdaderos
súbditos del rey.
Dice la información militar que el
comandante del puerto les dio armas y se mantuvieron alertas al lado de las
tropas hasta que hubo la certeza de que los barcos anunciados eran fieles.
Al final se condolía
Cuando esto escribía
También las autoridades se
encontraban totalmente engañadas.
Es así como el 25 de marzo, el
comandante general de la costa norte, Francisco Gil, se dirigía al virrey
Pezuela informándolo del estado de defensa y alerta en que se encontraban los
diferentes puertos bajo su control y manifestaba que tan pronto como habían
recibido los avisos del virrey, comunicó por expreso a los comandantes
militares de Paita y Trujillo, todo lo que se consideró necesario, delegándoles
funciones. Se guarnecieron los puertos de San Pedro y de Pacasmayo y se
confeccionaron 200 lanzas para la caballería de Trujillo. Puso en estado de
alerta a los dos regimientos de Ferreñafe y de
Lambayeque, y se advirtió que tan luego se estimase había peligro se tocará generala y que los milicianos que no acudieran al cuartel a
este toque, serían quintados y fusilados.
Afirmaba que sin embargo, cuando
éstos fueron advertidos, que todos habían contestado con vivas al rey. Agregó
que muchos oficiales de otros lugares habían pedido servir en los lugares de
peligro sin ocasionar gravamen alguno al erario, recalcando que lo hacían a
imitación de los de Piura, según lo había hecho conocer el comandante de Paita,
Antonio Simón.
Sin embargo a la hora de la verdad
que estaba ya cerca, todos desertaron.
Antonio Álvarez Jonte,
que actuó como secretario del almirante
Cochrane, escribió desde el 14 de enero de 1819 cuando la escuadra chilena
partió de Valparaíso para merodear en el Perú, un relato del viaje hasta el 28
de mayo del mismo año. Como Álvarez Jonte no gozaba
de la simpatía del almirante, éste lo destituyó por haberse excedido en
funciones abriendo correspondencia oficial.
El 10 de abril de 1819, anota
Álvarez Jonte que se había tomado una goleta
americana cargada con fusiles, provisiones navales y harina, pedidos por
Pezuela a los Estados Unidos y remitido todo con recomendación del embajador de
España en Filadelfia. En plata se había tomado de la poderosa compañía naviera
de las Filipinas, nada menos que 200 mil pesos. Agregaba que ahora se dirigían
a toda prisa hacia Paita donde había recalado el convoy de Guayaquil con 2
millones de pesos. Toda una fortuna que Cochrane tan amante del dinero no podía
dejar escapar de sus manos. Ese día tomaron un bergantín francés con 60 000
pesos y a otro inglés le sacaron cacao, azúcar y arroz. Como se puede apreciar,
la escuadra lucía el pabellón de la recién independiente república de Chile,
más que corsaria, parecía pirata.
El
día 12 pasaron frente a las islas de Lobos.
El diario de navegación de Álvarez Jonte presenta el ataque a Paita en forma muy escueta y
breve, como no podía ser de otra manera. Dice:
“Día
13 (de Abril). Sin novedad y con buen tiempo. A las 11 nos encontramos con el Galvarino (otro barco de la flota) dando caza al bergantín
francés (parece que se les había escapado). A nuestra compañía apareció otra
vela enfrente del puerto de Paita, que parecía española y no se le dio caza. El
capitán del Galvarino vino a bordo y confirmó la ida
del convoy (es decir, que se había escapado el convoy de Guayaquil con los 2
millones). Todo se dispuso para el combate y para entrar al puerto de Paita. A
las 5 de la tarde llegamos a la boca de la bahía, se empezaron a divisar varios
buques que después de haber entrado se tuvo el desconsuelo de ver que seis
fragatas eran balleneras y sólo un paquebote había español. Se ancló ya al
oscurecer. A prima noche se mandaron dos lanchones a reconocer y traer el
paquebote. La batería de tierra empezó hacer fuego y se dejó por estar y no
obedecer el oficial la orden que llegaba. Se determinó entrar al pueblo y tomar
la batería a la madrugada del día siguiente.”
“Día
“Día
15. Siguieron transportando a bordo todo lo que los marineros, oficiales y
soldados tomaron y no destruyeron en el pueblo. En este estado se descubrió que
también las iglesias habían padecido. Se ordenó en tierra un registro general
de la tropa y no se encontró nada. Se fijó un papel prometiendo mil pesos para
quien descubriese el robo o los ladrones de las iglesias. El almirante se fue a
bordo a mandar a registrar los buques, lo que se efectuó y se encontraron los
ladrones a bordo de la “O’Higgins” que eran cuatro
ingleses (hay que advertir que la mayoría de los marinos de esa nacionalidad
eran protestantes). Con este motivo se suspendieron los demás trabajos de
embarque (del saqueo).”
“Día
16. Continuó el embarque y equipo de la goleta Sacramento. Todo el día se
empleó en este negocio.”
“Día
17. Concluyó todo el embarque. Se hizo una carta manifiesto al eclesiástico más
condecorado (de más jerarquía), sobre el robo de las iglesias, castigando a los
delincuentes delante de
“Día
18. Toda la mañana se empleó en embarcar a la tropa y acomodar al buque para
darse a la vela. A las 5 ya estaba a la
vela encontrándonos con uno de los balleneros que habíamos echado del Callao
entre los fuegos enemigos.”
Así
es como ha relatado, Álvarez Jonte el ataque a Paita.
Se desprende como conclusiones lo siguiente:
1.-
Que Cochrane, llegó a Paita ávido de dinero pensando encontrar una remesa de
dos millones de pesos.
2.-
Que permitió el saqueo, y sólo por razones políticas y por que sabía que se le
desaprobaría su conducta es que castigó los robos sacrílegos.
3.-
Trató a los paiteños como enemigos haciendo un mal servicio a la causa
patriota.
4.-
Tras de la resistencia inicial por los defensores, se abandonó todo intento de
contra ataque español.
5.-
La presencia de la escuadra chilena, causó pánico en la población que huyó en
masa. La actitud de los expedicionarios justificó el temor.
Paita era una población de 4000 habitantes en
1819. Según el inglés Miller, que luego quedaría para siempre en el Perú, el puerto
era la factoría del contrabando. Este se hacía con la complicidad de los
funcionarios españoles del lugar y de Piura, y no era cosa del momento sino de
siglos atrás.

Los productos de China eran llevados a México y
también pasaban a Guayaquil, en donde
confundidos con cargamentos de madera, cacao y otros productos de la región,
llegaban a Paita para su distribución por todo el virreinato. Así lo creían
Miller y el mismo historiador Torrente que narró la lucha de la independencia.
Cuando
los paiteños supieron que se acercaba Cochrane y conociendo lo que había hecho
en otros puertos, abandonaron en masa la población llevándose lo de más valor y
de más fácil transportación.
Algunos
solo se quedaron en Colán, pero una gran mayoría se trasladó a
Desde
Paita, Cochrane escribió al ministro de marina de Chile coronel José Ignacio Zenteno, justificando su actitud con el bergantín francés “Gazelle” al que recién en Paita dejó en libertad. Aseguraba
que había violado el bloqueo que había impuesto la escuadra de Chile, y no
había podido justificar la existencia de veinte cajones con plata con 60 000
pesos, ni tampoco quien era el dueño y que habiendo el capitán del bergantín
firmado una certificación de que se le devolvía el barco sin daños, procedió a
soltarlo.
Al
enderezar hacia la bahía de Paita, el almirante escocés encontró una chalupa
tripulada por indios pescadores, de los cuales logró información, de que el
convoy español, había partido en días pasados hacia Guayaquil. Allí sin duda
-pensó- se fueron los dos millones de pesoos que pensaba capturar.
La
flota chilena estaba formada por la fragata “O’Higgins”
y el bergantín “Galvarino”. Era la fragata un barco
de gran porte, venido recientemente de España, como nave capitana de una flota
de guerra, cuyo nombre había sido “María Isabel” y que habían capturado los
patriotas en el puerto chileno de Talcahuano.
Los
barcos insurgentes penetraron rápidamente en la bahía de Paita sin dar
oportunidad a escapar al único barco español que allí había: la goleta
“Sacramento”. Al intentar tomar al abordaje dicha goleta, con dos lanchones,
las baterías de tierra rompieron fuego, por lo cual tuvieron que desistir de la
captura en esa noche.
Otros
barcos que estaban en la bahía de Paita, todos balleneros extranjeros, salieron
libremente de la bahía ante la inminencia del combate.
Cochrane
escribió más tarde a Zenteno que decidió tomar una
apreciable cantidad de artículos depositados en la aduana que eran de propiedad
estatal, y castigar los fuegos recibidos; todo eso como compensación al
frustrado viaje.
También
supo Cochrane que la guarnición no pasaba de 150 hombres, y se decidió a tomar
Paita por asalto.
Dispuso
que el “Galvarino” se pusiera frente a la batería,
contestando los fuegos, como una acción de distracción, a fin de favorecer el
desembarco. El capitán Robert Foster,
con una división de marineros, y Miller con soldados con un total de 120 hombres,
desembarcaron ocultamente y haciendo un rodeo, cayeron por detrás sobre el
cuartel y la batería.
Cuando
llegaron a tiro de fusil de la mencionada guarnición, los dos capitanes
enviaron a un oficial con bandera de parlamento para solicitar la rendición,
pero el oficial tuvo que desistir en su misión por haber sido recibido a tiros
y herido. Ante esa situación, cargaron a la bayoneta, obligando a la fuga de
los soldados de la guarnición.
De
inmediato los invasores se desparramaron por el puerto izando la bandera
chilena en el cuartel, la aduana, el fuerte y el cabildo. Los incursores
desvalijaron los almacenes de la aduana, y tras de beber abundante aguardiente
que encontraron en los barriles, se entregaron a un desenfrenado saqueo de la
población civil. Los soldados y marinos y aún oficiales, tanto chilenos como
ingleses y los pocos argentinos de la flota, rompían a puntapiés las puertas de
las abandonadas viviendas y robaban lo que consideraban de más valor,
destruyendo a veces lo que no podían trasladar. Miller y Foster
trataron de frenar los desmanes pero les fue imposible. Luego a hachazos
rompieron las puertas de
Lord
Cochrane trató de justificar en parte la conducta de sus marinos y soldados,
escribiendo a Zenteno que se habían sentido ofendidos
por la actitud asumida contra el parlamentario, y por el abandono que los pobladores
habían hecho de la ciudad, considerándolos como enemigos.
Escribía
Miller que en la tarde del 14 algunos vecinos habían empezado a retornar lo
cual era inexacto pues el saqueo duró todo el día. También aseguraba, que tenía
la creencia de que los templos habían sido respetados por que había puesto
centinelas. Nada dice Miller del saqueo
y sólo se refiere al embarque de los efectos encontrados en la aduana y en la
casa de correo.
Cochrane-
según Miller- se encolerizó cuando supo
el asalto a los templos y ordenó una investigación, haciendo azotar a cuatro
marinos ingleses (que resultaron culpables) ante la tropa formada. Devolvió los
ornamentos y vasos, y entregó como indemnización mil pesos.
Varios paiteños habían retornado el 15 y ante ellos se leyó y distribuyó una proclama de Cochrane. Sin embargo, el traslado de todo lo robado en las casas, tiendas y oficinas continuó a los tres barcos anclados, pues desde el amanecer del 14 la goleta “Sacramento” había sido abordada e incorporada a la flota.
El castigo a los marineros ladrones
fue en la tarde del 16 ante el templo
En el informe del capitán Foster, se manifestaba que el desembarco se realizó al Oeste del fuerte, y que el mismo estaba defendido por 80 o 90 hombres, es decir, menos de los atacantes. Los defensores contaban con una pieza de artillería de campaña, y cumpliendo las instrucciones previas dadas por el almirante, envió un parlamentario a pedir la rendición, dando tiempo de 10 minutos para decidir, pues en caso contrario, Paita sería inmediatamente ocupada. Foster aseguraba que el parlamento fue recibido, pero que el fuego continuó de parte de los defensores, tras de haber respondido que no había propiedades públicas y que podían avanzar si querían. De inmediato dispuso Foster que un oficial del “Galvarino” con 14 marinos, avanzarían con dirección al fuerte y se ordenó el avance del resto. Ante eso los defensores se retiraron dejando abandonado el cañón. Luego se produjo el avance sobre la ciudad, y Foster (según informó en el parte) envió un segundo parlamentario, para pactar la entrega del pueblo, pero fue recibido con fuego se fusilera. Se dio orden de avanzar y los defensores abandonaron otro cañón que habían tratado de colocar sobre un cerro. Se inició un movimiento envolvente sobre el fuerte en la parte que aún era retenida, que fue desalojado por los paiteños que antes clavaron los cañones. Los marineros del “Galvarino” lo ocuparon. En el informe de Foster, se admite sólo un soldado herido.
En 23 de abril el tnte. coronel Casariego escribía desde Piura al virrey informándole de los sucesos de Paita.
Expresa que estando en Piura atendiendo a su quebrantada salud, fue sorprendido a las 3 de la tarde del día 14 con la noticia de la ocupación del puerto de Paita por los insurgentes. Daba cuenta de que el ataque se había realizado con tres naves incluyendo a la fragata “Isabel”. Así llamaba Casariego a la “O’Higgins” y también comprendía como integrante de la flota al bergantín francés.
Casariego da cuenta de que el municipio de Piura, se reunió de urgencia con las autoridades y vecinos a fin de tomar acuerdos en defensa de la ciudad, pues se temía que habiéndose conquistado Paita, podía intentarse un golpe sobre Piura. Eso daba sin duda la medida del pánico que había infundado Cochrane.
Los cabildantes y autoridades encargaron a Casariego la defensa de la ciudad y éste confiesa que la decisión lo llenó de confusión porque no disponía de fusiles, ni municiones, ni tampoco de tropa.
Esto significa que todos los ajetreos y bravatas de las autoridades superiores sobre las medidas de defensa, sólo existían en el papel y que llegada la hora de la verdad se hacían humo.
Dice Casariego que para evitar la desmoralización y el abatimiento del pueblo, disimuló en lo que pudo su intranquilidad.
Por bando municipal y a pedido de Casariego se hizo acoplo de armas blancas y de chispa, así como de las municiones existentes en las tiendas comerciales. Se dio toque de generala, se hizo la selección de los milicianos y a los que quedaron se les arengó. Todos se entusiasmaron y dieron vivas al rey.
Luego mandó que el comandante de caballería del escuadrón de Amotape saliese a reclutar tropa, y que una compañía de Querecotillo pasara a reforzar Amotape. Al teniente Baltasar Taboada se le ordenó traer a Piura a la compañía que comandaba en Tambogrande y envió como observador y vigía al subteniente Manuel Gallo, para que se apostara en Colán y comunicase todos los movimientos de los insurgentes. También en los caminos se pusieron vigías para que actuaran bajo el sistema de postas, y evitar sorpresas.
El comandante de Amotape, en sólo 24 horas consiguió gente de caballería en número que se consideró suficiente, y reunió a los soldados dispersos de Paita, enviándolos a Piura. Todos estos refuerzos llegaron a Piura con el comandante Paredes. Se reunieron así los 150 soldados.
El pueblo entregó cinco mil cartuchos para fusil y el escuadrón de caballería fue armado con lanzas.
Quedó por tomar una decisión. Unos opinaban por un contra-ataque, pero Casariego decidió mas bien prevenir cualquier posibilidad de ataque sobre Piura y en todo caso detener a los incursores en el valle del Chira, a donde se suponía irían por víveres.
Como temía que por Sechura pudiera haber un desembarco, dividió las fuerzas en dos partes: una fue enviada a Colán y la otra a Sechura. Esto es cuanto a las tropas de caballería.
La guarnición de Amotape a cargo del comandante Paredes fue reforzada. Sin duda Casariego se refería al marqués Fernández de Paredes.
Casariego se quedó siempre en Piura con una buena dotación de tropa de infantería.
Creía Casariego, o trató de hacer creer, que fueron esos preparativos, los que desanimaron el ataque contra Piura. Lo cierto es que Cochrane ni siquiera había pensado en tomar Paita, sino simplemente apoderarse de los dos millones de pesos que se suponía estaban en un convoy.
Hasta llegó a insinuar Casariego que Cochrane inició un precipitado reembarque, abandonando cartuchos de cañón del fuerte de Paita que había pensado embarcar.
El día 19 estaba Casariego con tropas de caballería e infantería a tres leguas de Paita, pero ya Cochrane se había embarcado desde el 18. El comandante español dice que recién supo eso el 19. El 20, cuando ya los insurgentes estaban muy lejos, Casariego hace su ingreso a Paita.
El comandante describe el caos en que había quedado Paita con las puertas y ventanas de las casas destruidas a hachazos, los muebles rotos, los colchones desbaratados, las lozas y cristalería hechas trizas y en fin todo roto. También aseguraba -y eso no fue cierto- que antes de salir de Paita los insurgentes trataron de quemarlo.
Casariego, recomienda al virrey que se premie al marqués Francisco Javier Fernández de Paredes, comandante del escuadrón de Amotape y al alcalde de Piura José Lamas, que donó 100 pesos para premiar a los soldados de Paita que tras atravesar el despoblado se reincorporaron al cuartel de Piura.
Como se puede apreciar, sólo existía fanfarronería de parte de los jefes realistas, que eran valientes cuando estaban a distancia del enemigo.
Dos proclamas hizo conocer Cochrane a los
paiteños. Una tenía relación con los sucesos que se desarrollaron en el puerto
y parece mas bien una burla. La otra se refiere al robo sacrílego de
Dice la primera:
“Cuando me he acercado a vuestras playas, el sentimiento de vuestra amistad y conservación, dirigía todas mis miras. Sólo la conducta de vuestros opresores los esclavos de Fernando VII, podía haber concitado los furores de la guerra. Convencido de la debilidad de las fuerzas que podía oponer vuestro gobernador, le hice proponer un partido liberal que os pusiera a cubierto de los resultados de su obstinada y temeraria resistencia. La arrogancia española, siempre insolente en medio de su nulidad, contestó por un desafío. Un nuevo parlamentario repitió en obsequio vuestro un acto de generosidad, y los enemigos rompieron el fuego provocando la irresistible indignación de los soldados de la patria. ¿Quién será pues el que ha causado la calamidad en que inevitablemente habéis sido envueltos por su tenacidad? ¿Para qué abandonasteis vuestras habitaciones, cuando los ejemplos de Huacho, Supe, Huarmey, Guambacho y toda la costa norte os debieron haber persuadido que mis intenciones y promesas tienen más realidad que la ilusión de los mandatarios españoles? Estos son los únicos enemigos de América y el gobierno de Chile ha jurado su exterminio con la misma resolución con que ha protestado promover vuestra libertad e independencia.”
La otra proclama, con relación al
saqueo de
Con bastante tardanza informó el intendente Francisco Gil,
comandante general de la costa norte, del ataque contra Paita, que
Relataba que el 13 de Abril se habían aparecido el “María Isabel” (O’Higgins) y el “Galvarino” frente a la bahía de Paita y que ante los fuegos del fuerte, se pusieron fuera de tiro, hasta el día 14 en que desembarcaron por tres puntos con fuerzas superiores a las de la guarnición que comandaba don Antonio Simón, el cual tuvo por conveniente replegarse con todos sus soldados después de haber clavado la artillería y llevarse todo su armamento. Alaba al cabildo de Piura y a los jefes y oficiales de las milicias de la mencionada ciudad.
Don Manuel Torrente, español que
editó una historia muy parcializada de la revolución de la independencia del
Perú, se ocupa muy brevemente de este hecho de armas, diciendo: “…su guarnición
compuesta de 100 hombres, se retiraron sin hacer la menor defensa,
abandonándolo al saqueo de 120 marineros que desembarcaron con el capitán Foster…”
En Paita
también estuvo Blas Cerdeña, capitán del Numancia y el brigadier Mateo Ramírez, un veterano jefe
español que había luchado en Europa contra Napoleón. La presencia de este
militar en el puerto fue incidental.
Mateo Ramírez había estado luchando
en 1817 contra los patriotas porteños en el Alto Perú. En mayo se vio cercado
por el coronel argentino
Los soldados que habían ensayado
defender Paita y que huyeron ante los insurgentes de Lord Cochrane, fueron los
de
En sus memorias, el virrey Pezuela
se queja amargamente de los responsables de los trágicos sucesos de Paita.
Narra que en el puerto había tres
cañones de 18 y dos de a 14 de bronce, un oficial y 16 artilleros, así como 77
hombres de tropa con sus correspondientes fusiles. Otros 54 fusiles para
milicianos, 48 sables, 35.000 cartuchos de fusil, 15 quintales de pólvora y
otros artículos de guerra, de tal manera que le puerto -según criterio de
Pezuela- se encontraba en muy buen estado de defensa, bajo las órdenes -toda la
guarnición-, del teniente coronel Antonio Simón y prevenido ese jefe por el
mismo Pezuela y por le Comandante General de
Pezuela expresaba también que el 7
de abril había recibido comunicación del jefe general de la costa norte,
asegurándoles que “no le daba cuidado dicho punto de Paita, no obstante las
críticas circunstancias en que nos hallamos, pues está Simón mandándolas”.
Es decir que se tenía la más
absoluta confianza en Antonio Simón.
Fue le contador de la aduana,
Gonzáles Tizón el que llevó a Piura el 14 de Abril -es decir la día siguiente-
la noticia de la toma de Paita. Cuando Francisco Gil, se enteró de este suceso,
le escribió al virrey excusándose. Decía Gil que no habían tenido armas
suficientes como para repeler el ataque, lo que Pezuela no aceptó, pues
manifiesta que “se pusieron vergonzosamente en estado de impotencia por falta
de ellas (de armas), cuando hacían muchos meses que habían estado prevenidos de
poner en defensa toda la costa y sus milicias con cuantos auxilios pidió para
ello…”.
Pezuela tuvo mucha razón en juzgar
así los hechos, pues tanto Gil como Antonio Simón, se habían mostrado en
extremo fanfarrones antes del ataque, y dado plenas seguridades. Luego del
cobarde comportamiento, le sobraron excusas.
Disgustado el virrey con Gil, lo
obligó a renunciar y envía como jefe de la costa norte al general Vicente
Gonzáles, del batallón de Talavera, hombre sin duda muy valiente, pero cruel.
Vicente Gonzáles había estado
sirviendo en esos momentos en la costa sur como segundo jefe. Su sede sería siempre
Trujillo, pero el presidente de la audiencia de Quito, Aymerich
pidió al poco tiempo su concurso, por lo cual se trasladó a Cuenca.
Gonzáles llegó al Perú en 1812 en el
Batallón Talavera, en el navío “Asia”. El virrey envió con Osorio a Chile a una
parte de este batallón y 150 quedaron en Lima a cargo del entonces tnte. coronel
Vicente Gonzáles.
Cuando estalló la rebelión de
Pumacahua en el Cuzco, el virrey Abascal envió a Gonzáles a detener el avance
de los patriotas Béjar y Hurtado de
Mendoza con 120 hombres del Talavera logrando resonantes victorias el 2 y el 3
de Octubre en Huanta. Manchó sus triunfos con crudelísimas represalias y
crímenes inauditos. Nuevas victorias le permitieron pacificar Huancavelica,
Apurímac y Huamanga. Se dirigió al Cuzco y lo tomó el 6 de Julio de 1815. El
virrey se vio precisado a enviarlo con sus tropas al Alto Perú, porque en la
antigua ciudad imperial cometía muchos abusos. Luego pasó a Chile y estuvo en
el triunfo realista de Rancagua y de allí se trasladó nuevamente al Perú,
siendo enviado a Arica, para guarnecer la costa sur, de donde se trasladó al
norte, a Piura, como Jefe de
Estando San Martín en Santiago de
Chile a comienzos del año 1819, se presentaron ante él dos jóvenes militares
limeños, llamado uno Francisco Fernández de Paredes y el otro José García
solicitando ser enviados al Perú para cumplir misión secreta de enlace y
catequización.
Fernández de Paredes era de
distinguida familia y como capitán en el Regimiento Infante Don Carlos, fue
enviado en la segunda expedición de Osorio a Chile siendo tomado prisionero en
la batalla de Maipú. Fue entonces cuando solicitó su incorporación al ejército patriota.
Era pariente del marqués de salinas.
García, era un hombre de muy buena
presencia, enamorador y seductor, jugador y pendenciero, podía sin embargo
hacer pronto amigos por su carácter. Muy impulsivo, era capaz de hacer las más
nobles, como también las más ruines acciones, dejándose llevar por sus
impulsos.
Por problemas de amoríos fue tomado
preso en Lima y enviado como soldado realista en la fuerzas que luchaban en el
Alto Perú en donde en la primera oportunidad se pasó a los patriotas
argentinos. Formó parte del Ejército de los Andes y rápidamente llegó a Alférez
de Caballería.
San Martín los envió en la goleta “Montezuma” desembarcando en Ancón con los nombres de
batalla de Carlo y Mario (García). San Martín antes
de partir tuvo conversación por separado con cada uno y recomendó que uno
vigilase al otro, dada la grave misión que llevaban.
Pronto se relacionaron con los
patriotas que en forma secreta estaban desplegando intensa actividad.
Recibieron diez mil pesos para que cumplieran una misión en el norte. A
Fernández de Paredes le correspondió expedicionar en
Supe, Huacho, Huarmey y Santa, mientras que a García se le dio misión Trujillo,
Lambayeque y Piura.
Piura se encontraba en esos momentos
muy alterada por las incursiones sobre Paita y sobre Sechura de los corsarios
insurgentes, habiendo García tomado
contacto con algunos principales, que tenían simpatías por la causa patriota.
Pero García, viéndose con dinero y
sin el control de su compañero, se dedicó nuevamente a sus vicios: el juego y los
amoríos. De retorno García de la misión que había desempeñado en el norte más
mal que bien, fue sorprendido en Nepeña por un
destacamento realista que lo apresó. Dio la fatalidad que ese destacamento lo
comandaba un capitán realista, que era hermano de García por cuyo motivo lo
invitó a retornar a las filas realistas a fin de evitarse el duro castigo que
se le podía imponer. Llevado ante el virrey aceptó el indulto, denunciando a
todos los patriotas que estaban actuando en forma oculta, por lo cual hubo una
gran redada en la que cayeron numerosos religiosos y personas de figuración
como Riva Agüero, pero Fernández de Paredes pudo salvarse a duras penas
volviéndose a embarcar rumbo a Chile.
Así terminó, con una traición la
misión de José García.
Francisco Fernández de Paredes, era
homónimo de Francisco Javier Fernández de Paredes, Marqués de Salinas por mucho
tiempo acérrimo realista, pero que tras la independencia de Piura abrazó la
causa patriota.
Don Clemente Merino, subdelegado de
Piura, se encontraba tranquilamente en Sechura haciendo cobro de contribuciones
el 11 de julio de 1819 y se había entregado al descanso para continuar su tarea
al día siguiente, cuando a la 1 de la madrugada fue despertado por el vecino
Juan Esteban Monasterio que le dio una alarmante noticia que la su vez le había
sido dada en ese mismo instante por un indio pescador. Una fragata insurgente,
estaba fondeada en la bahía de Sechura.
No se trataba en realidad de ningún
barco de Cochrane por que el Almirante estaba en esos instantes a miles de millas de
distancia, en Valparaíso.
El subdelegado Merino, dispuso que
cinco indios a caballo fueran a la playa a observar qué clase de gente era, su
número aproximado y los movimientos que desplegaban. Se dieron disposiciones
para sacar de la rica iglesia las alhajas y as pusieran en un lugar seguro. Aún
cuando se trató de actuar con la mayor discreción posible, bien pronto en el pueblo
se supo la noticia y cundió el temor.
A la media hora retornaron dos de
los vigías a caballo con la alarmante noticia de que el desembarco se había
efectuado y que una columna marchaba sobre Sechura de la que sólo estaba a un
cuarto de legua.
Aseguró el subdelegado Merino en su
parte que con el fin de tener un mejor conocimiento de las fuerzas contrarias,
encabezó un grupo a caballo que también integraron don Cipriano Muiño y dos de los ayudantes que el subdelegado había
llevado. No pudo en realidad lograr una adecuada observación porque la luna se
había ocultado y sólo pudo observar las sombras que avanzaban amparadas en la
oscuridad de la noche. Ante esta situación y en vista de que no había
absolutamente fuerzas para resistir optaron por dirigirse a Piura siguiendo el
cauce del río Piura, seco en esa época. Como precaución dejó a un indio para
que tratara de contar el número de asaltantes y le llevara el dato al otro lado
del río en donde iba a hacer un alto. Años más tarde Merino se unió a la causa
de
Pronto se pudo apreciar que los
insurgentes habían ingresado al pueblo pues hacían numerosos disparos de
fusilería. El indio vigía informó que aproximadamente eran cuarenta los que
habían llegado a Sechura. En estos momentos eran ya las tres de la mañana.
Clemente Merino avanzó dos leguas
más y llegó a
Estando en
Se robaron una corona de
Los invasores obligaron a los indios
arrieros de Sechura a que en las mulas y asnos de sus piaras transportaran el
botín a la playa. A los que resistieron, los golpearon.
Con el fin de conocer si aún el barco
incursor estaba en la bahía Merino se dirigió a la
playa con el señor Murillo, don José Palacios y sus dos ayudantes y allí
encontraron a un insurgente que se había rezagado el que fue capturado y
desarmado. En los ranchos de los indios de Sechura se encontraron también dos
fusiles que habían dejado por olvido los invasores.
En el mismo día 11 por la tarde la
fragata se alejó a mar abierto.
El aviso que Clemente Merino había
enviado a Piura fue recibido por José María Casariego, el cual informaba que
los insurgentes que habían entrado a Sechura eran 79. Aseguró Casariego que inmediatamente armó 50 soldados
de las milicias con dos oficiales y al mismo tiempo envió aviso al capitán
Cerdeña de Paita a fin de que estuviera prevenido. A las 11 y 30 de la mañana,
el destacamento salía de Piura y lógicamente ya cuando llegaron, la nave
corsaria se había alejado de la rada. Sin embargo, Casariego como tenían por
costumbre los jefes españoles, aseguraba que los insurgentes tuvieron noticia
de que llegaban las tropas del rey y que por eso precipitaron su retirada.
En el Parte hace mención al teniente
Pedro León, al subteniente Pedro Torres, así como también a los oficiales
teniente Agustín Navarrete y subteniente Manuel Gallo que voluntariamente se
ofrecieron para ser de la partida.
Pezuela en sus Memorias, asegura que
el ataque fue ejecutado por la fragata insurgente “Los Andes”. Sin duda se
refirió a la “Rosa de los Andes”.
El marino irlandés John Illingworth ingresó al
servicio de la marina de Chile, antes del propio Cochrane. Armó la fragata
(algunos dicen era corbeta) con 36 cañones y 135 infantes para trabajo a bordo
y desembarco, los mismos que puso a órdenes del capitán francés Henry Dessiniers, estando los artilleros al mando del alférez de
fragata de Chile Fierro Calvo.
En misión de corso, partió del
Valparaíso hacia el norte en el mes
de Junio de 1818.
La audacia del marino irlandés,
molestó a Pezuela que dispuso su captura o destrucción.
Con tal fin salieron del Callao las
fragatas “Prueba” y “Venganza”, y el barco de apoyo “
Era
fines de junio de 1819, cuando la “Rosa de los Andes” navegaba cerca de la isla
Puná, con la bandera española. El 24 la “Piedad”
navegaba por el Canal de Jambelí a un costado de la
isla Puná, cuando sorprendió a la “Rosa de los Andes”,
la nave española(
El
capitán irlandés resolvió dirigirse a las islas Galápagos en donde estuvo un
mes reparando la nave. Cuando se consideró en condición de navegar, se dirigió
a Panamá y atacó a la isla Taboga, capturando
importante botín tras de vencer a la guarnición española. Luego bajó por las
costas de Colombia alentando la insurrección de los pueblos.
El 12 de mayo de 1820, la “Rosa de los Andes”
fue sorprendida por la “Prueba” frente a las costas ecuatorianas. El barco
español contaba con 50 cañones y era tripulado por 550 marinos.
La
“Rosa de los Andes” conociendo la superioridad del adversario trató de
eludirlo, pero al ser acorralados sufrió el terrible cañoneo de la “Prueba”.
Sin embargo, pudo escabullirse hacia el norte e ingresar a la ría del Iscuandé, en cuyo cauce encalló.
Con
sus marinos Illingworth se internó en territorio
colombiano, a pesar de la dolorosa herida que tenía y se unió a las huestes
patriotas de Bolívar.
Desde
entonces Illingworth militó a las órdenes del
Libertador y fue enviado con Sucre a Guayaquil. En la batalla de Huachi, otro paisano suyo el coronel Mires comandaba el regimiento
“Albión” formado por ingleses. Allí Sucre sufrió el 12 de Setiembre de 1821
tremenda derrota y el audaz capitán Illingworth
también conoció la derrota total a manos de sus enemigos españoles.
Posteriormente
se encuentra en la victoria de Pichincha en la guerra con Colombia, estaba al
servicio de Bolívar contra el Perú. Al deshacerse
Con
el tiempo él mismo castellanizó su apellido y se firmaba Illingort.
El 11 de julio, un grupo insurgente del “Rosa
de los Andes”, toma Sechura, cuando estaba en sus proximidades el subdelegado
Merino, cobrando impuestos.
En
setiembre Merino fue a Chalaco en su misión de cobrar impuestos, siendo
rechazado por la población y los milicianos. Más tarde los chalacos enviaron
una delegación a Piura, la que fue apresada. El alcalde Manuel Farfán de los
Godos y el jefe militar de Piura, tnte. crl. José
María Casariego, acusaron a Merino ante el virrey Pezuela, de arbitrario, de
haber cometido desfalco, y de tener simpatías con los patriotas. En abril de
1820, Merino fue destituido y en su lugar fue nombrado Pedro León y Valdez.
Entonces Merino se trasladó a Trujillo de donde era oriundo, y allí se unió a
Torre Tagle en
Uno de los barcos que hacía el comercio entre
Paita y los puertos de América Central sin haber tenido nunca problema alguno
con los corsarios insurgentes fue el pailebot
“Príncipe Carlos”. El viaje entre nuestro puerto y Mazatlán hacia en redondo,
es decir entre ida y vuelta, entre 95 y 100 días. Pertenecía a don José Are,
que la mayoría de los días vivía en Piura y tenía por capitán a don Joaquín Aicaida, uno de los hombres más conocedores de la ruta.
Completaban la dotación tres oficiales de mar, cuatro marineros, cinco grumetes
y un paje. El 1ro. de julio de 1816 siguió viaje al
Callao tras permanecer 16 días en la bahía de Paita, llevando pacas de algodón,
cascarilla, pabilo, barras de plata y mercadería en general.
En
marzo de 1817 salen del Callao la “Venganza” y el bergantín “Potrillo” a
perseguir corsarios que habían sido avistados entre las costas de Paita y
Tumbes. Lo cierto, es que el “Potrillo” que estaba al mando del teniente de
navío Ramón Bermúdez, era un barco muy marinero y desde 1816 estaba dedicado a
la tarea de ahuyentar a los corsarios. Su figura se tornó muy familiar en
Paita.
En
marzo de 1817 habían llegado al Callao la fragata rusa “Suwarous”
y el mercante “Kutusoff”, éste último se encontraba
sin embargo, artillado con 16 cañones, y la tripulación contaba con 100
fusiles, 20 pistolas y 10 sables.
No
obstante que venían con buenas recomendaciones del embajador español ante
Cuando
meses más tarde llegaron a Tumbes y a Guayaquil hicieron ventas, en forma
abierta motivando la protesta de las autoridades españolas de esas localidades
que presentaron su queja al virrey Pezuela.
La
fragata “Prueba” y “San Telmo”, habían llegado de España también en 1819, pero
habían sufrido averías en la travesía por cuyo motivo Pezuela autorizó recién
la escala en Pisco para efectuar las reparaciones. El virrey no se explicaba
como barcos a cargo de oficiales acreditados de la marina, no podían hacer una
travesía que los mercantes cargados hasta los topes lo hacían sin novedad. Sin
embargo, para seguridad de los barcos y en vista de que Cochrane bloqueaba el
Callao, autorizó la arribada a Pisco.
Pero
la “Prueba” no se detuvo en Pisco, sino que fue a dar a Paita en donde estuvo
varios días y luego se dirigió a Guayaquil a donde llegó el 14 de Octubre de
1819. En Guayaquil al igual que en el Callao había astilleros, para reparar
barcos.
La
“Prueba” tenía 50 cañones, y su intención había sido ingresar al Callao, pero
fue avistada por la escuadra de Cochrane, que al principio la tomó por un
ballenero de EE.UU., pero una pronta maniobra del
navío que viró en redondo y fugó, evitó su captura. La nave estaba bajo el
mando del capitán de fragata Melchor Pérez de Camino que al aproximarse al
Callao, despachó un bote a la altura de Chorrillos para explorar la bahía,
conviniendo las señales para el caso de que el Callao estuviera bloqueado. Por
eso advertido a tiempo el capitán pudo virar y ganar distancia de sus
perseguidores.
El
23 de octubre del mismo año (1819), el virrey envía a la goleta “Alcance”, con
armas para la costa norte y socorros para la “Prueba”.
La
“Alcance” estaba artillada con seis
cañones de montaña y tenía por capitán a don Manuel Loro, un marino muy
capaz. Llevaba con destino a Lambayeque y a Piura 300 fusiles, y otras armas
por lo cual debía anclar en Paita. A Guayaquil conducía al capitán de Fragata
Pardo que debía traer a la “Prueba” al Callao. Llevaba galleta fina, tocino y
otros artículos alimenticios para 460 hombres durante 60 días y 4000 pesos para
cancelar sueldos de los marinos y reparar las averías del barco. Fuera de eso,
transportaba también armas y municiones para Guayaquil.
En Guayaquil, tan pronto como se tuvo
conocimiento de la toma de Paita por Cochrane, se hicieron aprestos de defensa.
Las
fragatas “Águila”, “Begoñia”, “Peruana” y “Palafox”,
todas artilladas, retornaron a Guayaquil a guarecerse al conocer que el Callao
estaba bloqueado y que la escuadra de Lord Cochrane, merodeaba por el norte.
Pero
como se sabe, no tuvo el almirante irlandés la intención de atacar Guayaquil en
este viaje, y tras los sucesos de Paita, retornó al Callao y se dio allí con la
ingrata sorpresa de no encontrar a las naves del almirante Blanco Encalada que
había quedado a cargo del bloqueo.
Por
lo tanto, Lord Cochrane enfiló a Valparaíso.
Las
autoridades navales de Chile deseaban hacer el mayor daño posible a la escuadra
española, con el fin de evitar que pudiera constituirse en un peligro para la
invasión que proyectaba hacer San Martín.
Fue así que la escuadra que inició
el segundo crucero se componía de los siguientes barcos:
La fragata de guerra “O’Higgins” de 48 cañones, nave almirante en donde iba Lord
Cochrane.
El navío “San Martín” con 64 cañones
a cargo del cap. navío Walkinson.
La fragata “Lautaro” de 50 cañones bajo el mando de José Guise.
Fragata “Independencia” con 28
cañones comandada por el cap. Foster,
el bergantín “Victoria” destinada a brulote lo mismo que el “Jerezana”; la
fragata “Galvarino” de 18 cañones a cargo del cap. corbeta J. Spry; fragata “Araucano” de 16 cañones comandada por D. Crosby.
El 2 de octubre estaban ya
en el Callao.
El 12 de noviembre salió una
división de esta escuadra rumbo al norte bajo el mando del mismo Cochrane.
Deseaba capturar la fragata “Prueba”.
El 26 del mismo mes la flota anclaba
frente a Paita. Esta vez eran cuatro los barcos: “O’Higgins”,
la “Lautaro”, y los bergantines “Galvarino” y “Puerreydón”
Es de imaginar la zozobra que
experimentó el capitán Blas Cerdeña, comandante de la compañía de numantinos. Los
mensajes llegaron una vez más a Piura y nuevamente Casariego se vio en apuros.
Pero a las pocas horas la escuadra levantó anclas, al ver que no había en la
bahía presas por capturar. En esta oportunidad el almirante quería tomar al
abordaje a la magnífica fragata española “Prueba” que se suponía en Paita o
Guayaquil. El 27 llegaba a la isla Puná y luego
penetraba a la ría del Guayas sin utilizar práctico. Pero no encuentra a la
“Prueba” que había subido río arriba protegiéndose en los 3 fuertes. Sorprendió
en cambio a la fragata “Begonia” que se entregó con sus 20 cañones sin combatir
y luego capturó a la fragata “Águila” tras media hora de combate. Esta última
tenía 30 cañones. El abordaje de este barco se realizó gracias al heroísmo del
cadete peruano Vidal. Los magníficos cañones de bronce de la “Begonia” fueron a
reforzar a la “Lautaro”.
En
Luego el almirante con la “O’Higgins” se interna en el mar con rumbo desconocido. Se
dirigía directamente hacia el sur de Chile, objetivo: la captura del Fuerte
Valdivia, que se suponía inexpugnable, pero lo logró En la acción se distinguió
el cadete peruano Francisco Vidal que
llegó a ser presidente del Perú.
Cuando Cochrane puso nuevo bloqueo
al Callao en su segundo crucero, era profesor de Anatomía y Filosofía en el
Real Colegio de San Fernando, el bachiller Santiago Távara, piurano de 29 años
que se había dejado ganar por las ideas libertarias.
Por estas razones y por haber estado
practicando en un barco extranjero, fue confinado en el mismo plantel que se le
dio como prisión por orden del virrey Pezuela.
Fue entonces, que burlando la
vigilancia, se presentó a la escuadra de Lord Cochrane, en donde de inmediato
se le tomó, pues se necesitaban médicos en la flota.
Santiago Távara, destacó más tarde
como escritor y político.
Gran contrariedad tuvo el virrey
Pezuela cuando se enteró de la captura de Paita, disponiendo la destitución de
Antonio Simón de la jefatura militar de Paita, y de Francisco Gil de la jefatura
de la costa norte, en reemplazo del segundo designó al coronel Vicente Gonzáles
y como a su segundo a tnte. coronel Joaquín Germán,
los mismos que fueron encargados de llevar tropas a Piura, donde Gonzáles
asumió el mando militar de la región que interinamente tenía Casariego. A éste,
Gonzáles lo nombró jefe del Batallón Provisional de Infantería del cuartel de
Al poco tiempo de estar en Piura
Gonzáles, pasó al Ecuador a requerimientos de Aymerich,
y en su lugar interinamente quedó Germán como Jefe de la costa norte. En lugar
de Pedro León y Valdez, fue nombrado sub-delegado del Partido de Piura, el
coronel José Francisco Valdez, al que decían el “Barbirucho”
por su barba espesa de color rojizo. Sería el último sub-legado de Piura.
El virrey Pezuela dispuso que en
Piura se formase una División Volante de 1500 hombres de las tres armas.
Mariano Torrente, español que relató
los hechos de la independencia en “Historia de
Pero a causa de que el 22 de marzo
de 1820 hubo una reunión de alto mando con asistencia de los generales
Mientras tanto en Colombia, la lucha
se había intensificado entre patriotas y realistas, siendo por lo tanto
Se creyó también conveniente que
continuara el proyecto de formar la división piurana.
El 22 de junio el virrey Pezuela se
dirigía por escrito al obispo de Trujillo, José Carrión y Marfil, furibundo
realista, solicitando la contribución del clero para fortificar Paita. Pondera
el general Pezuela el riesgo en que quedarían las “propiedades si se
abandonasen al enemigo los puertos por falta de fortificación, siendo el de
Paita el más expuesto por aquella parte del territorio.”
Agrega que con ello se excitaría el
celo de los vecinos y cuerpos seculares.
El obispo ofreció hacer el pedido
por todo el obispado y para tal fin envió circulares a todas las parroquias.
Agrega: “ Vuestra Excelencia conoce que el clero de
El historiador piurano, Don Juan Paz
Velásquez que tanto ha venido destacando en la investigación histórica sobre
hechos de nuestro departamento, publica el 4 de enero de 1983 en el diario
“Correo” un artículo sobre las erogaciones que por orden del virrey Pezuela
hizo el cabildo de Piura, lo que consta en acta del 21 de octubre de 1820.
Era alcalde en ese entonces don
Pedro León y Valdés, el mismo personaje que presidió la reunión de cabildo bbierto en la que se abrieron los pliegos de Torre Tagle y
se proclamó la independencia de Piura, el 4 de enero de 1821.
Don Juan Paz Velásquez, transcribe
una interesante relación de donantes. La colecta se hizo preferentemente entre
españoles residentes en Piura pero por los resultados, se puede apreciar que
muchos de los contribuyentes fueron peruanos de nacimiento. La mayoría -como
siempre- pretextó estar en mala situación económica para no dar su ayuda, o
para darla en forma muy modesta.
Los aportes podían ser en dinero o
en especies.
Así por ejemplo, don Nicolás
Aguilera, acaudalado comerciante español aportó botijas de aguardiente. Expresa
el articulista, que el Administrador de Correos don Mariano del Valle, envió
comunicación remitida al subdelegado y dice: “Haré ahora el último sacrificio
de exhibir 100 pesos que remito por vía donativo, sin cargo de reintegro ni responsabilidad,
con sólo la calidad de que se me considere como un buen español, buen
ciudadano, siempre fiel y sumiso al rey y a las autoridades que gobiernan a su
nombre.”
Como se puede apreciar, parece que el
señor del Valle ya antes había contribuido y con la donación de 100 pesos
anuncia que pone punto final a las contribuciones. Por otra parte dona y no
presta los 100 pesos que no eran poca cosa; pero bien sabía el Administrador de
Correos que los préstamos jamás se devolvían y por eso trató de quedar bien.
Hace protestas de fidelidad al rey,
pero cuando llegaron meses más tarde los
pliegos de Torre Tagle a su oficina, trató de convencer a Casariego que no
actuara con violencia, porque ya nada se podía hacer.
Según José María Arellano, amanuense
de correos e informador de los hechos de
Don Diego Escandón,
no da ayuda pretextando su mala situación económica, don José
Ignacio Checa, dona 50 pesos y no más, también por su escasa fortuna,
pero ofrece el contingente de su persona. Don José Ignacio era coronel graduado
y tomó parte activa en
Don Francisco Zavala es otro español
que dice no poder dar ayuda económica y que también ofrece su persona.
Don José Joaquín de Irondo dona 50 pesos, don Francisco Landaveres
obsequió 100 y don Francisco Távara aportó 25 pesos, agregando: “mi oferta es
un esfuerzo de fidelidad por ayudar con alguna cosa por mi parte a sostener el
equilibrio de nuestro antiguo y feliz gobierno, contra las fuerzas que lo
combaten”. Era don Francisco, terrateniente en el Alto Piura, importador de
negros y estuvo emparentado con los esclarecidos patriotas Antonio y Santiago
Távara.
Francisco Ugarte dona 4 pesos,
Antonio Palomino 12 pesos y don Antonio López 50 pesos. Con el tiempo, don José
Antonio López fue un rico comerciante que se convirtió posteriormente en el
principal erogante de la causa patriota y su hijo José Manuel López Merino, fue
prócer de
Don Pío Garrido donó 25 pesos y
reafirmó su adhesión al rey. En total se llegó a reunir 396 pesos, suma que sin
duda alguna fue muy magra, y que más que falta de entusiasmo por sostener la
causa del rey, demostraba cicatería.
Muchos de estos, aparecen
también como donantes a la causa de
Pedro León Valdez 200
pesos
Diego Escardón 100
pesos
Ignacio Checa y Salas 72
pesos
Antonio Palomino 300
pesos
Francisco Zabala 50 pesos
Francisco Ugarte 50 pesos
Pío Garrido 500
pesos
Antonio López 300 pesos
En 1820 como intendente de Trujillo
se encontraba el Marqués de Torre Tagle. En muchos círculos allegados a Pezuela
se dudaba de la lealtad de este noble trujillano a la causa del Rey, pero no
había ninguna prueba que lo pudiera incriminar. Más bien continuaba tomando
medidas destinadas a impedir cualquier brote revolucionario.
Fue así como dispuso que parte de
las compañías de Batallón Numancia que había quedado en Trujillo, pasara a
Lambayeque con el capitán Antonio de
En Lambayeque había
gran actividad entre los grupos patriotas que cada vez actuaban con mayor
audacia. Juan Manuel Iturregui que el año anterior
había sido alcalde, era quien encabezaba la conspiración y hasta había venido
acumulando armas en haciendas de su propiedad.
Antonio de
Este envío de
tropas de Torre Tagle, trastornó todos los planes de Iturregui.
Poco tiempo antes habían
pasado por Lambayeque rumbo a Piura, 400 soldados que enviaba desde Lima el
virrey Pezuela, 300 soldados de caballería y 4 piezas de artillería, todos bajo
el mando de don Joaquín Germán. Para preparar todo lo referente al
desplazamiento de esos efectivos, también estaba en Lambayeque el comandante
José María Casariego, jefe militar de Piura. Este militar, pudo darse cuenta de
que la situación estaba muy inestable en Lambayeque y decidió dejar un
escuadrón de caballería al mando del capitán Antonio Gutiérrez de
Había por lo tanto una
regular guarnición en Lambayeque, pero de todos modos los patriotas planearon
levantarse en armas y asaltar tanto al cuartel de los efectivos del Numancia
como a la caballería de Gutiérrez de
Otro hecho imprevisto obligó a una
nueva postergación.
Tanto el subdelegado de Lambayeque
don José Romero, como el capitán Gutiérrez de
El comandante Joaquín Germán, ( Jefe encarado de la costa norte), salió con otro
contingente de las tropas llegadas de Lima y a la altura de Olmos envió
mensajeros anunciando su próximo arribo a Lambayeque. El historiador don Germán
Leguía y Martínez en “Historia de
La proclamación de la independencia
lambayecana, la primera en el Perú, tuvo lugar el 27 de Diciembre. Para esa
fecha ya se habían ganado la adhesión de los soldados del “Numancia”.
Por entonces San Martín y su
ejército estaban en Huaura al norte de Lima.
Entre el 9 y 11 de setiembre, San
Martín desembarcó en Paracas con 4118 soldados.
En esos momentos los efectivos del
Virrey Pezuela eran los siguientes:
ACANTONAMIENTO SOLDADOS
Artill. Infant. Caball. Total Artill.
(piez.)
En Lima a órdenes de Pezuela 463 4641 1161 6265 22
Callao: Brig. Juan Fco.
Sánchez 224 740 40 1004 72
------------------------------------------
SUB TOTAL: 687 5381 1201 7269 94
Lima-Pisco, Crl. Manuel Quimper 42
298 128 468 6
Lima-Santa, Crl. Agustín Otermin ---- 340 51 891 ----
Arequipa, Crl. Mariano Ricafort 38 1037 397 1472 5
Provincia de Puno 32
119 20 171 8
Provincia de Cuzco 7 286 49 342 4
Provincia de Huamanga 17 234 ---- 251 10
Provincia de Huancavelica 3 99 ---- 102 ----
Trujillo (Provincia) 62 934 279 1275 4
Provincia Guayaquil 166 868 115 1149 59
------------------------------------------
TOTAL: 1054 10090 2240 13390 190
Además en el Alto Perú, había 9800 soldados empeñados en una sangrienta lucha con patriotas bolivianos y argentinos.
Fuera de Lima, se puede apreciar los mayores contingentes en Arequipa, en la provincia de Trujillo y en Guayaquil.
Eso no iba a impedir que días más tarde, Guayaquil proclamase su independencia.
Considerando las fuerzas de
Estando el capitán Blas Cerdeña en Paita, recibió
orden de reforzar la dotación de la fragata española “Prueba” para salir a dar
caza a la nave patriota “Rosa de los Andes”, que al mando del Capitán Juan Illingworth, estaba merodeando por la costa de Chocó. Esto
sucedía en mayo de 1820.
La “Prueba” bajo el comando de Pérez de Camino, había estado bastante tiempo inactiva en la ría del Guayas, protegiéndose con las baterías de tierra. Su dotación era de 46 cañones y la tripulación completa.
El virrey Pezuela en sus Memorias, critica al marino comandante de la “Prueba”, diciendo que no obstante su superioridad en armamento fue burlada por “Rosa de los Andes” que tenía 30 cañones.
El virrey asegura que la tripulación de la fragata española fue reforzada con soldados del Numancia que estaban apostados en Guayaquil. En este aspecto don Manuel de Mendiburu, discrepa asegurando que el refuerzo fue con gente del Numancia que había en Paita.

Tal fuerza estaba compuesta por 2,313 argentinos, 1,805 chilenos y peruanos, entre los que destacaba el general nacido en Huaraz don Toribio de Luzuriaga, se embarcaron en el puerto de Valparaíso en Chile, el 20 de Agosto de 1820, Después de navega sin haber sufrido contratiempo alguno, al atardecer del 7 de setiembre de 1820, la expedición Libertadora, hacía su ingreso a la bahía de Paracas en las costas de Ica, y al día siguiente 8 de setiembre, las tropas desembarcaban ocupando el pueblo de Pisco en donde San Martín estableció su Cuartel General,
Para el virrey Pezuela fue esto una gran sorpresa. En Piura se conoció la llegada de San Martín, relativamente rápido y eso estimuló a los grupos patriotas que actuaron en forma mas osada convocando a reuniones mas frecuentes, bajo la forma de tertulias para intercambiar noticias que luego eran difundidas entre el pueblo..
El sorprendido Pezuela pactó en Miraflores con los enviados de San Martín un armisticio el 20 de setiembre y trataron de llegar a u entendimiento sin conseguirlo.

El 5 de Octubre San Martín se decide a iniciar as hostilidades y dispone que el General Juan Antonio Alvarez de Arenales con una división de mil hombres, penetre en la sierra. Lo primero que hicieron los patriotas fue tomar Ica, lo que significó un golpe psicológico para los realistas. Al Ingresar Alvarez de Arenales en la sierra recibió el apoyo de grupos guerrilleros de Tarma y de Jauja; y al llegar a Cerro de Pasco batió y capturó al brigadier español O’Reilly que contaba con una división bien armada.
Las noticias iban llegando a Piura creando gran entusiasmo entre los patriotas y mucha preocupación entre los realistas.
El 21 de octubre San Martín da un decreto creando la bandera del
Perú independiente, que de acuerdo a la tradición se inspiró en una visión
de flancos cuando volaban. La bandera
tenía dos colores como hasta ahora, pero los campos eran rectangulares y en los
vértices iba el escudo.
El 30 de
setiembre San Martín se reembarco con
sus fuerzas y se ubicó en Ancón al norte de Lima y más cerca de los pueblos
norteños. Este hecho perturbó más a los realistas y causó regocijo entre los
patriotas de
La situación de
desconcierto entre los españoles se pudo apreciar cuando el 29 de enero de
1821, las fuerzas realistas de Lima acantonadas en Anazpuquio, deponen al
virrey Pezuela y colocan en ese alto cargo al jefe del ejército General
San Martín creyó conveniente ubicar a sus fuerzas más al norte y se volvió a reembarcar para establecerse definitivamente en Huaura.
Eso le permitió a San Martín una comunicación mas directa con los patriotas de Trujillo, Lambayeque y Piura y precipitó el pronunciamiento de Torre Tagle.
En Guayaquil había una importante guarnición, en cifras, tal como lo hemos hecho conocer antes. Los 1.150 hombres se distribuían así:
_ Regimiento Granaderos de reserva 600 hombres
_ Milicianos del Escuadrón de Caballería Daule 150 hombres
_ Milicianos 200 hombres
_ Brigada de artillería 200 hombres
Jefe militar de la plaza era Pascual de Vivero y capitán de puerto el brigadier Joaquín Villalba.
Las fuerzas del “Numancia” ya no estaban por que se habían embarcado en el “Prueba”.

En Guayaquil se encontraban otros oficiales del “Numancia” llegados de Lima, que habían sido dados de bajo por suponérseles partidarios de los patriotas. Eran estos el capitán cuzqueño Gregorio Escobedo, Miguel Letamendi, León Febres y Luis Urdaneta.
La principal fuerza de Guayaquil, el regimiento de Granaderos, estaba formado en su mayoría por cuzqueños y sobre ellos se inició en forma más intensa la catequización.
Los militares recién llegados se vincularon con los elementos patriotas del puerto, entre los que estaba Joaquín Olmedo, y resolvieron dar el golpe. La decisión se tomó en una reunión efectuada en la vivienda del general Villamil, durante la celebración de un baile que éste ofreció el 1ro. de octubre.
El lunes 9 de octubre a las 2 de la mañana, los complotados se distribuyeron por todo el puerto y sorprendieron a las autoridades y jefes militares realistas durmiendo, apresándolas.
El único que no estaba en Guayaquil era Villalba que había ido a la isla Puná para remitir un preso a Lima.
Los granaderos que estaban previamente comprometidos dieron apoyo militar a los complotados, para tomar las otras fuerzas militares, surgiendo en el escuadrón Daule un contratiempo cuando el capitán Magullar intentó resistir, siendo muerto en un tiroteo.
Estando Villalba fuera de Guayaquil, pudo darse cuenta de la situación y movilizó cinco lanchas cañoneras, pero habiendo ido a pedir protección a la goleta artillada “Alcance” se dio con la sorpresa cuando estuvo a bordo, de que se había plegado a la revolución, quedando prisionero, y viéndose obligado a rendir la flotilla de lanchas.
El 10 de octubre de 1820, el
ayuntamiento proclamó
Se acordó enviar aviso a San Martín, para lo cual se comisionó al mismo Villamil, el cual con el capitán Letamendi, se embarcaron en la goleta “Alcance” y partieron el 11 de Octubre, llegando a su destino el 31 del mismo mes, pero como las noticias volaban, cuando los comisionados llegaron, ya se conocían los sucesos de Guayaquil.
José Villamil, cuatro años antes había contribuido al fracaso de la expedición del almirante Brown, pero después abrazó la causa patriota.
El historiador español Mariano Torrente dice que los rebeldes de Guayaquil, llegaron con Villalba a un acuerdo, según el cual los prisioneros relistas, debían ser enviados a territorio ocupado por las autoridades adictas al rey. Los detenidos eran 500 y estaban en al goleta “Alcance”, pero hay que suponer que muchos preferirían quedar en el puerto, junto a su familia e intereses.
Torrente dice: “Más la misma facilidad con que fueron otorgadas las reclamaciones de Villalba, arrojaba las mayores dudas sobre su cumplimiento; tardó poco en descubrirse este nuevo acto de falsedad e hipocresía; lejos de dar la prometida libertad al gobernador y demás presos, fueron colocados en la goleta ”Alcance”, para ser remitidos a disposición del general San Martín, quien usando de la mayor generosidad, los envió al virrey de Lima, sin exigir por ellos más rescate que el del teniente coronel Tollo…”.
Contrariando lo dicho por Torrente, podemos asegurar que Villalba quedó prisionero en Guayaquil hasta los primeros días de diciembre pues el 12 de ese mes, pasó por Paita a bordo de una fragata inglesa, dejando al jefe español Joaquín Germán, un relato de los sucesos del 10 de octubre y posteriores.
En Piura se conocieron muy pronto los sucesos de Guayaquil por comerciantes y marinos llegados del puerto. También arribaron algunos prófugos españoles.
San Martín nombró entonces al general Toribio Luzuriaga y al crl. Tomás Guido, para que asumieran el control del puerto, con la orden de que se abstuvieran de iniciar ninguna operación de guerra contra los realistas de Quito. Estos dos personajes partieron de Ancón el 14 de noviembre y llegaron el 27, pero ya era tarde. Algunos imprudentes habían actuado precipitadamente, emprendieron una campaña y fueron totalmente derrotados en Ambato.
En la madrugada del 3 de diciembre de 1820 el batallón “Numancia” considerada una fuerza de élite, se pasó a los patriotas. En realidad, desde hacían muchos días que esta acción era esperada. El capitán Cerdeña, jefe de compañía del batallón, parece que se encontraba en Lima con su batallón, mientras que su compañía seguía en Paita.
En efecto, el historiador Germán Leguía y Martínez, dice que el oficial Herrera del “Numancia” fue hecho teniente coronel por San Martín y que había sido este jefe el que se encargó, a última hora de conquistar al capitán Blas Cerdeña, llegando de Paita con su compañía”.
Don
Manuel Mendiburu, expresa: “Cerdeña tuvo gran parte
en la obra de propaganda patriótica entre los soldados de ese cuerpo, y el
general San Martín lo premió extendiéndole el despacho de sargento mayor el 13
de diciembre de
El día 4 de diciembre se celebra en Lima una Junta General de Jefes presidida por el Virrey Pezuela, actuando como secretario el general Lóriga.
El punto 2 del
acta, dice textualmente: “Se leyó el parte del Señor Comandante General de
Vanguardia, en que comunica la deserción del Batallón “Numancia” a los enemigos
y se determinó que el pailebote “Aranzazu” a su viaje a Panamá, tocase en
Paita, llevando orden para que una compañía del mismo batallón que está allí,
pase a Trujillo, para evitar igual acontecimiento y que se avisase
reservadamente a las divisiones, comandantes de armas y subdelegados, este
accidente para que no fuesen sorprendidos. Y que los oficiales y tropas del
“Numancia” que habían quedado (los que no plegaron a la deserción andaban
dispersos por el campo), se presentasen al Señor Sub-inspector, para que
destinase, los blancos al Infante (Don Carlos) y los de color al “Arequipa”. “
Como se puede apreciar, la compañía “Numancia” seguía en Paita aún cuando el batallón que estaba en las proximidades de Lima, se pasó a los patriotas, estando Cerdeña en él.
Cuando
días más tarde se proclamó
El capitán de fragata y capitán de puerto de Guayaquil, Joaquín Villalba, permaneció prisionero de los patriotas de ese lugar, hasta los primeros días de Diciembre, en que fue embarcado con su familia en la fragata inglesa “Inspector”, la que arribó a Paita el 12 de diciembre. Desde este barco, Villalba envió un informe de los sucesos del 10 de octubre, al comandante Joaquín Germán.
También informaba Villalba, que el día 23 de octubre, los insurgentes de Guayaquil, organizaron una fuerza de 700 soldados de infantería, 150 de caballería y 30 artilleros con dos cañones, los que marcharon con destino a Quito para batir a la fuerzas del rey. Iban como jefes, los capitanes Urdaneta, León y García, ascendidos por los rebeldes al grado de coroneles. El día 9 de noviembre habían llegado a Guaranda y poco tiempo después fueron completamente batidos cerca de Ambato por le coronel Calzada. El batallón de Granaderos de Reserva quedó diezmado. Mientras tanto en Guayaquil, ocurrían también novedades, pues dieron un golpe interno, deponiendo a Escobedo y enviándolo en el bergantín “Águila” a disposición de San Martín. También informaban que San Martín había enviado a los coroneles Guido y Luzuriaga.
No obstante que el tnte. crl. Joaquín Germán era en
Piura el militar con más alto cargo como encargado de
El 27 de diciembre, como jefe militar de piura, José María Casariego informaba a Pezuela que una fuerza insurgente de mil hombres había sido deshecha cerca de Ambato por una división de Quito. Decía Casariego que este suceso había servido para aquietar a Cuenca, que se encontraba revolucionada por un individuo chileno de apellido Novoa hijo espurio de un fraile dominico. Hace conocer Casariego, sus sospechas del Intendente de Trujillo Torre Tagle, y menciona una serie de hechos que lo obligan a pensar de ese modo. Relata la llegada a Paita de la fragata inglesa “Inspector” con el capitán Villalba a bordo, que viajaba en compañía de un francés apellidado Pití. Decía Casariego que trató de lograr mayor información del capitán, pero que le barco, sorpresivamente se dio a la vela.
Da cuenta Casariego de haber cumplido con el encargo de Pezuela de haber lanzado volantes en Guayaquil.
Muy lejos estaba Casariego de suponer que en ese día Lambayeque estaba proclamando su independencia, que luego lo haría Trujillo y que él mismo, se vería envuelto en el huracán revolucionario en Piura, en los próximos días. Pero en Piura todo era tranquilidad y no se movía una paja.