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Dejan hacienda para el Señor de
Chocán. -
Resumen de la situación entre
1811 y 1815 |
El año 1812 era cura Párroco de
Querecotillo el Presbítero Miguel del Caspio, que tenía como uno de sus
asistentes en
Este religioso había contribuido en
mucho a fomentar la devoción del señor de Chocán. Fue él,
quien logró que la propietaria de
las haciendas Somate-Huangalá, la señora del Castillo, edificara una capilla
para el señor de
El buen cura fue el que estableció
la celebración del Señor de
El Padre
Méndez murió en 1812. En el archivo de
Piura hay un documento que dice, que el Padre Méndez dejó la mitad del valor de
su hacienda Poechos, para las cuatro capillas de
Eran dueños de Huangalá-Somate, así
como también de Ocoto, Locuto,
Chapairá y Casa-Tina, don Fernando Torcuato Seminario
y Jaime casado con doña María Joaquina del Castillo y Talledo, dama muy
religiosa que tenía un hijo que era Presbítero: Fermín Seminario del Castillo,
oficiaba misa en la capilla de Huangalá y junto con su madre también
difundieron la devoción al Señor de Chocán.
El Coronel Fernando Torcuato y doña María Joaquina fueron abuelos de
Grau.
En el Archivo Departamental de
Piura, hay un expediente de nueve folios del año 1813 promovido por el Párroco de
Sechura, Presbítero Miguel Ángel Villarán, en el que
manifiesta que “el río Piura está desviándose
de su cauce y amenaza dejar la ciudad sin el líquido necesario para sus
usos domésticos, y hasta hay el peligro de que vean afectadas –tal como así
estaba ya ocurriendo- las mismas chacras”.
El religioso relata todos los
esfuerzos que en forma personal había
hecho para evitar este mal, y de
la manera como solicitaba el apoyo de
los fieles, sin lograrlo, por cuyo motivo se tuvo que dirigir también a las
autoridades de Lima para lograr ayuda, pero sin mejor resultado.
El 25 de febrero de 1813, el Virrey
Abascal se dirigía al Secretario de Estado en el despacho de Hacienda del Consejo
de Regencia que estaba en Cádiz para hacerle conocer la angustiosa situación
fiscal del Virreinato.
Decía el
Virrey que los gastos habían aumentado por tener que intervenir
militarmente para hacer frente a los
sucesos de Quito y de Buenos Aires.

Se refiere al clamor del comercio de
Lima y las repetidas quejas del Tribunal del Consulado, que no podían verse con
indiferencia y también por propio interés del erario, respecto al ilícito
comercio proveniente de Panamá desde donde llegaba gran cantidad de mercadería
de contrabando a los puertos de Paita y Guayaquil, desde donde se introducen al
interior del país, perjudicando grandemente los derechos municipales del
Consulado. Agrega que desde estos
lugares parte también contrabando de plata y oro procedente de diversos lugares
del país.
Anunciaba el Virrey que iba a tomar
drásticas medidas.
Cuando los piuranos se encontraban
plácidamente entregados al sueño en el caluroso verano de febrero de 1814, se
produjo un fuerte sismo.
Era el 1° de febrero, y a las 5 de
la mañana cuando se sintieron los fuertes remezones que hicieron salir a las
gentes en paños menores a las calles.
La cosa se complicó porque había
llovido toda la noche y las calles estaban mojadas.
Los piuranos habían
celebrado la noche anterior la víspera de la fiesta de
Muchas casas se derrumbaron y otras
sufrieron daños. El sismo se sintió en todo el Partido y causó varias víctimas,
sin que se pudieran establecer cifras.
A partir del sismo las lluvias se
presentaron en forma torrencial y diaria por le resto del verano.
De acuerdo a documentos encontrados
por el P. Miguel Justino Ramírez,
San Miguel de Piura, San Juan
Bautista de Catacaos, San Martín de Sechura, San Francisco de Paita, San Nicolás
de Amotape, San Nicolás de Tumbes, Santo Domingo de Olmos, San Julián de
Motupe, San Mateo de Penacho, San Pedro de Huancabamba, Santa Ana de Huarmaca,
San Andrés de Frías, Nuestra Señora del Pilar de Ayabaca, Santísima Trinidad de
Sullana, San Francisco de Querecotillo, San Andrés de Tambogrande, San Isidro
de Morropón y Yapatera, Santa Ana de
Cuando transcurría el año 1815,
Abascal seguía rigiendo los destinos del Perú y se multiplicaba para detener la
avalancha revolucionaria que en el norte y en el sur, había convertido a las
colonias de América en sangrientos campos de batalla.
España se había convertido por esos
años (1811 y 1815) en escenario de cruentas batallas. Por un lado luchaban como
aliados los portugueses, los españoles y los ingleses bajo el mando del general
Wellington y por el otro lado los franceses. Casi simultáneamente con las
derrotas de Napoleón en Europa, se produce su derrota en España.
En 1812, el general inglés
Wellington, con tropas de su país, había expulsado a los franceses que ocupaban
el Portugal y penetrado en España, derrotando a los franceses en Salamanca con los cual toda Castilla
En 1813, los franceses evacuaron
España y las Cortes que estaban funcionando en Cádiz se trasladaron a Madrid.
El 13 de Mayo de 1814, Fernando VII
ingresó a Madrid y fue bien recibido por el pueblo. El indigno Rey Fernando,
retornó más infatuado que nunca y uno de sus primeros actos fue desconocer las
Cortes de Cádiz y a

En 1814, la estrella de Napoleón
había declinado totalmente. Tras de la desastrosa campaña de Rusia, todas las
naciones se lanzaron contra él, siendo derrotado en
Los diputados fueron perseguidos y
se implantó una vez más el absolutismo en su forma más radical. Hay que
reconocer sin embargo, que el equivocado pueblo español recibió al Rey en triunfo,
quemó los libros y folletos donde figuraban
La derrota de de Napoleón
significó en criterio de las potencias vencedoras, la derrota de la
revolución francesa y de sus postulados liberales.
Para contemplar los nuevos cambios
en el. mapa de Europa que tanto había alterado
Napoleón se reunieron en 1815 en la ciudad austriaca de Viena, los
representantes .de los pises vencedores.
Decidieron que las cosas volvieran a
como había sido antes, es decir terminar con el sistema de monarquías
constitucionales y volver a las monarquías absolutistas.
Se unieron todos los monarcas en un
pacto que se llamó
España que tanto había contribuido
en la derrota de Napoleón no logró ninguna ventaja política, pero Fernando VII
se convirtió en un déspota absolutista.
En América el panorama era muy
diferente.
Bolívar que había logrado éxitos
iniciales en Venezuela en los años de 1813 y 1814, se vio precisado en
En Buenos Aires el Gobierno Revolucionario
estaba firmemente posesionado del poder, la pugna se desarrollaba sangrienta en
el Alto Perú o Bolivia, en donde el General español Joaquín de Pezuela lograba
brillantes triunfos sobre los patriotas.
En México la lucha seguía
sangrienta, encabezada por el sacerdote Morelos.
El Perú sólo se había mantenido en
relativa quietud a causa de la energía y sagacidad de Abascal. Fueron muchos
los proyectos revolucionarios que abortaron y se frustraron casi en sus fases
iniciales.
Entre ellos tenemos:
_ El de Francisco de Zela en Tacna
en 1811.
_ Juan José Crespo y Castillo en
Huanuco en 1812.
_ Enrique Pallardelle en Tacna en 1813.
Muy diferente fue la rebelión del Brigadier
Mateo Pumacahua y de los hermanos Angulo en Cuzco, que llegó a poner en peligro
al Virreinato en 1814, habiéndose propagado hasta Huamanga,
Fatalmente para los revolucionarios,
el general Pezuela tenía en esos momentos bajo control la situación en el Alto
Perú, por lo cual pudo enviar un ejército al mando del general Juan Ramírez, un
brillante jefe militar, aunque muy duro, que dio al traste con la revolución.
En la noche del 3 de agosto de 1814,
dos hermanos Angulo que estaban presos por haber defendido
La rebelión tuvo éxitos iniciales
sorprendentes que inquietaron mucho al virrey Abascal. En Piura se conocieron
los hechos muy prontamente y el incipiente grupo de patriotas que se estaba
formando en las tertulias, se alegró mucho, pero no trascendió al pueblo.
La tercera división tras de tomar
Puno cruzó el río Desaguadero y tomó la ciudad de
El joven poeta Melgar fusilado en el mismo campo de batalla de Humachiri.. El Cusco se sometió fácilmente a Ramírez.
Mientras tanto, Béjar y los Angulo eran derrotados en los combates
de Huanta y Matará. Mariano Angulo murió
en el campo de batalla; mientras que Béjar y los hermanos José y Vicente Angulo, al caer prisioneros
fueron fusilados.
Era Guillermo Brown, un marino
inglés de barcos mercantes radicado desde hacía mucho tiempo en Argentina, que
por haber sufrido el barco de su propiedad, una incautación de las autoridades
españolas, les tomó ojeriza.
Tuvo una gran actuación en la
batalla naval del 16 de mayo de 1814 en que la escuadra española, fue destruida
frente a Montevideo por la escuadra de patriotas argentinos.

En Argentina existía el criterio, de
que había que atacar a Abascal en su propio fortín, para evitar que el
estuviera tomando la iniciativa por todas partes. Además, muchos patriotas
chilenos refugiados en Argentina también abrigaban la idea de que una flota
pasara el Pacífico para atacar las costas chilenas y alentar la revolución.
Para tal misión, se eligió a Brown
que a la sazón contaba 38 años y como segundo tomó al francés Hipólito Bouchard.
A fines de 1815 pudo salir de Buenos
Aires una flota integrada por los barcos Hércules, Trinidad, Halcón y Uribe. En
la travesía del estrecho de Magallanes se perdió esta última por estar muy
cargada de cañones.
El 20 de enero de 1816, la flota de
Brown se enfrentó a las baterías del Callao y a la escuadra surta en el puerto,
logrando alguna ventaja. Burlando a la flota de Abascal, se dirigió al norte y
en Febrero estaban frente a Tumbes. Habían llegado a ese lugar el día 9.
El mismo 9 de febrero, entró en
Paita el barco de San Fernando español procedente de Tumbes y su Contramaestre
Gutiérrez contó que habían avistado 5 fragatas, 3 bergantines y un pailebote
que se dirigían a Tumbes. Estos hechos ocurrieron el día 5. Los barcos estaban
tripulados por insurgentes de Chile y Argentina. También manifestaron que
habían apresado al pequeño barco llamado Sacramento cuando viajaba en la ruta
Guayaquil, a Eten y entre los pasajeros de dicha nave
había 7 mujeres.
La noticia circuló rápidamente en
Piura y se enviaron mensajeros a Guayaquil para alertar a las autoridades.
El San Fernando era un gran navío de
El día 9 los insurgentes -así los
llamaban los españoles- habían anclado entre Tumbes y la isla Puná.
Brown, en forma por demás imprudente
ingresó al estuario de Guayas, con los barcos Trinidad, Andaluz y
Cuando Brown ingresaba a la ría,
venía en sentido opuesto una goleta mandada por José Villamil de Nueva Orleáns
(EEUU) que al ver los barcos argentinos, retrocedió. Este Villamil fue más
tarde general de Ecuador. Cuando Brown vio que la goleta huía, cometió el
desatino de perseguirla. Era ya de noche cuando los barcos pasaron frente a un
pequeño fuerte en Punta de Piedras, que Brown tomó por asalto. La fusilería y
el cañoneo se habían oído en Guayaquil y alertado a las autoridades. Esperó la
marea para continuar y el día

Cuando la escuadra patriota se
presentó ante le Callao, una de las capturas que logró hacer, fue el de la
fragata “
Brown, obligó al práctico a seguir
adelante bajo amenaza de pistola, y al poco rato la “Trinidad” encalló. Preso
de ira, el Capitán mató de un balazo al piloto acusándolo de traición. La nave
quedó a expensas de los tiros que sobre seguro les hacían los soldados de
tierra y en especial las tropas del Regimiento Real de Lima formado
íntegramente por peruanos.
No le quedó más remedio a Brown que rendirse
con 44 de los suyos.
Mientras tanto la “Andaluz” se
percató de lo que estaba pasando, y retrocedió rápidamente, llevando la noticia
a Bouchard.
El segundo comandante, en el momento
propicio de marea alta, se presentó con el resto de la flota ante Guayaquil,
amenazando reducirla a escombros, obligando a las autoridades coloniales a
ajustar un canje. Trece años más tarde Bouchard al
mando de una flota peruana ocuparía Guayaquil.
De esa forma Brown y los suyos
fueron liberados a cambio de dejar en libertad a Mendiburu,
Navarrete y varias decenas más que estaban en la fragata “Consecuencia”.
También entregaron los atacantes el barco la “Candelaria”.
La flota de los patriotas se retiró
a las Galápagos a donde llegaron el 27 de febrero, y allí permanecieron hasta
el 1ro. de Abril, dirigiéndose Bouchard
al Sur para retornar a
De ahí Brown regresó y estuvo
merodeando por las costas de Panamá, Colombia y Ecuador, realizando diversas
acciones de guerra, y efectuando algunas capturas de barcos, para dirigirse
nuevamente al sur, pasando por las costas de Chile, y ell
estrecho, rumbo a
El retorno de Brown causó alarma, en
las autoridades de Piura.
Al poco tiempo de los sucesos de
Guayaquil y cuando los barcos se encontraban en las islas Galápagos, con
frecuencia hacían incursiones en la
costa de Puná y Tumbes, en búsqueda de agua dulce, de víveres y para
arreglar sus barcos. Todo era detectado, y la presencia de los corsarios de Río
de
El 8 de marzo de 1816, el
Administrador de Rentas de Paita don José Mujica, se dirigía al Virrey
informándolo que Ciriaco Vilela mayordomo de la
hacienda de Pariñas había sido a su vez informado por un vecino de Tumbes,
dueño de una chata, apellidado Benavides que habían visto a los insurgentes en
la isla Puná. Los marinos habían llegado hasta Tumbes
a comerciar y entregaron una pieza de bretaña muy fina por cada carnero que
podían conseguir. La vara de bayeta la vendían a 8 reales.
Don Manuel Gonzáles Otoya, Jefe de
Correos de Paita, informaba al Administrador de
Ruiz Mujica, escribía el 5 de junio nuevamente
al Virrey, y le hacía conocer que había llegado del norte la fragata
anglo-norteamericana “Minerva” al mando del capitán Jorge Gocharc,
que el 20 de marzo había avistado cerca de las Galápagos a un pailebote de los
insurgentes y que otras tres fragatas estaban en la isla de San Carlos de las
Galápagos, faltos de agua. Que el 31 de marzo estando dedicados a la caza de la
ballena, vieron pasar dos fragatas rumbo al norte mientras el pailebote
permanecía en la isla. Junto con Mujica
firmaban la comunicación José María de Frías y Manuel Reyes Ochoa, que años más
tarde tendrían activa participación en la jura de la independencia paiteña.
El 16 de julio llegó a Paita
procedente del puerto de Mazatlán el bergantín “Mexicano” con su capitán Pedro
Santander y el piloto Pedro José Bejarano.
Este último informó que el 6 había llegado a Mantas y teniendo noticias
de la proximidad de los insurgentes, dejaron los caudales en tierra, haciéndose
a la vela a Payta. Tuvo conocimiento que Brown disponía del pailebote “Goyeneche” muy bien armado y que había capturado una
fragata española.
El
jefe militar de Guayaquil, Juan Manuel Mendiburu,
escribió al Comando militar de Paita que había recibido comunicaciones del
Presidente de
Como
los hechos lo pudieron corroborar más tarde, toda esta información era
rigurosamente cierta. Los corsarios patriotas, mantenían a las autoridades
españolas en gran tensión, sin que atinaran a inciar ninguna acción ofensiva.
En
Piura, la primera autoridad política militar era don Clemente Merino, que se
desempeñaba como Sub-delegado. Fue padre de nuestro insigne pintor, que nació
al año siguiente (Enero 1817) Ignacio Merino.
En
la ciudad, las correrías de los
corsarios porteños sólo fue materia de comentarios en las tertulias. Todos
condenaban a “Brau” y manifestaban su encendido fidelismo. Algunos mostraban
volantes que habían distribuido los insurgentes. Poco tiempo mas
tarde, esos contertulios se convertirían a la causa de la patria.
López
Albújar al relatar los hechos de su novela “Matalaché”
los sitúa precisamente en esa época; 1816 y refiere mucho a las tertulias
piuranas.
En
el Alto Perú, el General Pezuela, que más tarde llegó a ser virrey del Perú,
alcanzaba resonantes y decisivas victorias.
En
Antes
de esta estatua, había otra, que en realidad si representaba a “

Producido
el retorno de Fernando VII al trono español, se produjo en ese reino, una
reacción absolutista y despótica que bien pronto se sintió en América. Fue la
política del “terror blanco”.
Fernando
VII envió a América un ejército de más de 10.000 hombres, bien fogueado y
veterano en las luchas contra Napoleón para ahogar los intentos revolucionarios
Lo mandaba el joven General Pablo Morillo que en poco menos de cinco años había
ascendido desde Teniente, por acción de armas.
Morillo,
inició en Venezuela y en Colombia (Nueva Granada), la guerra a muerte contra
Bolívar, Páez, Piar y Mariño. Los realistas tenían como aliados a los llaneros
del Orinoco al mando del feroz Boves. Se enfrentaban pues hermanos contra hermanos.
La
llegada de Morillo, puso la ofensiva en manos de los españoles y en Mayo de
1816 entraron nuevamente y en forma triunfal los realistas en Bogotá reponiendo
en el Gobierno al virrey Samano, el cual inició una
política de represalia contra los patriotas.
Fue así como hizo fusilar a la patriota bogotana Policarpia
Salavarrieta, conocida como
Bogotá
había estado tres años en poder de los patriotas así como toda la región sur de
Nueva Granada. Una ofensiva combinada de
tropas del virrey Abascal con las de Morillo, aplastó a los patriotas
colombianos, que buscaron la forma de huir.
Algunos lo lograron refugiándose en los barcos que el almirante
Guillermo Brown tenía frente al puerto de Buenaventura.
Indudablemente
que el escollo más grande que
tuvieron los patriotas de América del Sur, para lograr la independencia de sus
respectivas patrias, fue la presencia de Abascal en el Perú.
Hombre de fuerte personalidad y
nacido para mandar, actuó como un verdadero rey y hasta nombró virreyes y capitanes generales.
De acuerdo a las conveniencias del
momento, modificó la geografía política en forma tal que comprendió bajo la
jurisdicción del virreinato del Perú a
La capacidad de organización de
Abascal, era asombrosa y pudo formar y avituallar ejércitos allí donde se les
necesitaban.
Como político fue sumamente sagaz, y
sobre eso, de una gran fidelidad a la realeza española.
¡Qué diferencia tan grande entre
este hombre y esos monarcas indignos como lo fueron Carlos IV y Fernando VII!
Su fidelidad a Fernando VII, fue fatal para la causa patriota en el Perú y retrasó la independencia total
de los pueblos americanos.
Gobernó al Perú, desde 1806
hasta 1816. El no podía engañarse y
sabía que ya nada podía contener a la causa de la libertad americana. Fue sólo gracias a su energía que en 1815 todo
el territorio bajo su jurisdicción estaba bajo control. Fue entonces, que pidió insistentemente al
Rey de España su relevo.
En muchos momentos los destinos del
Perú y de América del Sur estuvieron en manos de Abascal. Todo dependía de su decisión. Pero su integridad moral y su gran fidelidad
a
Don José Antonio Lavalle relata que el día crucial para Abascal y para
el Perú, fue el 13 de octubre de 1808.
En esos momentos Fernando era
prisionero de Napoleón, pero había renunciado sus derechos al trono a favor del
Gran Corso, sintiéndose honrado de ser su amigo. Su padre Carlos IV también había abdicado y
estaba convertido en enemigo acérrimo de su propio hijo, por eso titulándose
aún rey, escribió al virrey Abascal ordenándole que no aceptase órdenes en
nombre de Fernando. Por su parte
Napoleón escribió al virrey haciéndole conocer que la monarquía española
continuaba y que al igual que en otras oportunidades sólo cambiaba la casa
reinante, pues los tronos no podían ser patrimonios de ninguna familia, ni de
ningún hombre. Abascal decidió ser fiel al indigno Fernando VII.
En 1818 los españoles fueron
derrotados en Chile.
Gran cantidad de jefes y oficiales se
embarcaron a Lima. El virrey Pezuela no
sabía que hacer con tanto militar y los distribuyó en diversos puntos del
territorio nacional.
La gente, sobre todo en los círculos
de los afectados a la causa de los patriotas, se les conocía como los
derrotados de Chile.
Fue así como al Brigadier Manuel
Gonzáles se le asignó Pisco, al Brigadier Simón Díaz Rávago
se le dio el mando de Ancón, al Brigadier Francisco Gil se le envió a Trujillo,
al Brigadier Joaquín Alos a Paita en donde estuvo y al Brigadier Francisco
Salazar a Lurín.
Todo eso para referirnos solo a
Salazar debía de controlar un
litoral de once leguas para lo cual sólo se le dio 25 hombres de los llegados
de Chile y las milicias del Regimiento de Carabayllo. Después sería general de la república.
De Miraflores hasta el Callao, o sea
un litoral de cuatro leguas quedó al cuidado del coronel Manuel Quimper con 40 hombres de Caballería. Del Callao a Santa,
que son 85 leguas, quedó bajo el control de Díaz de Rávago,
el cual tenía a sus órdenes al coronel de Milicias Antonio Salinas que en
Huaura estaba al mando de 20 hombres de caballería y dos regimientos.
Desde Sama hasta Paita, es decir, a
115 leguas quedaba bajo el control de
Francisco Gil, que fue Intendente de Trujillo, inmediatamente antes que Torre
Tagle.
Díaz Rávago
había sido secretario del virrey O’Higgins, pero en
1812 Abascal lo relevó del cargo y al año siguiente lo mandó a Chile en la
fragata “Tomás” a combatir a los insurgentes.
El barco fue capturado por los patriotas en Talcahuano, y Rávago quedó
prisionero, pero más tarde fue liberado y retornó a Lima. Durante la estadía de Bolívar en la capital del Perú, fue notable
la hermosura de su hija Rosa Rávago, que frecuentaba
las fiestas del Libertador.
El general Manuel Gonzáles,
designado a Pisco, aparentemente un puerto sin importancia militar, volvió allí
a saborear el infortunio de la derrota.
Eso ocurrió en noviembre de 1819
cuando el 7 de ese mes, el Almirante Cochrane hizo un desembarco con 400
hombres al mando de los capitanes Miller y Charles. Tenía Gonzáles, mas tropas
que en 1817 y eran de las tres armas, pero no eran veteranas.. Los insurgentes tras de un corto pero
violento tiroteo, obligaron a Gonzáles a evacuar Pisco y replegarse a Caucato. Sin
embargo, en esta acción murió el Capitán Charles, mientras que Miller salió
herido por lo cual los invasores se entregaron al saqueo. Desde ese momento Miller siguió sirviendo al
Perú hasta su muerte.
A Piura llego el Tnte. Coronel José
María Casariego en 1818 y 1819 el Brigadier Vicente Gonzáles con el Tnte.
Coronel Joaquín Germán, su segundo.
Eran estos tres jefes, hombres
valientes pero crueles, abusivos y arbitrarios.
Habían llegado al Perú nada menos que con el famoso Batallón Talavera,
tan temido. La llegada de estos jefes
hace pensar que Pezuela le había asignado a la región de Piura mucha
importancia estratégica.
El año 1813, se creó en España, en
Andalucía, en pleno fragor de la ducha contra Napoleón, el Batallón “Talavera”
con los restos de otros batallones diezmados en los campos de batalla. Se escogió a los soldados más difíciles, para
misiones especiales y como no se llegó a completar la dotación, se sacó a gente
de las prisiones. Era por lo tanto gente
temible que una vez que terminó la lucha en España, las autoridades trataron de
desembarazarse de ellos enviándolos a América.
Bajo el mando del coronel Rafael Moroto y teniendo como segundo jefe al coronel Vicente
Gonzáles, llegó el regimiento al Callao en el navío “Asia”, el 24 de abril de
1814.
Estos soldados cometieron en Lima
muchos abusos y tropelías por lo cual el Virrey Abascal, en atención a la queja
de los vecinos, los envió a Chile a luchar contra los patriotas de O’Higgins (Bernardo) y de los hermanos Carrera.
Cuenta don Ricardo Palma, que los
limeños aseguraban que los soldados de Talavera, eran verdaderos diablos y que
tenían un pequeño rabo.
El 19 de julio del mismo año de 1814
Abascal los reembarcarcó en el mismo navío “Asia” a
550 talaveras con rumbo a Talcahuano bajo el mando de
los coroneles Osorio y Moroto.
En Lima quedaron sin embargo 150 de
esos soldados bajo el mando del coronel Vicente Gonzáles. Cuando Pumacahua y los hermanos Angulo se
sublevaron en el Cuzco, el virrey envió a
los Talavera a Huanta y Huamanga a contener a la columna rebelde que por
allí avanzaba. Gonzáles venció a los
patriotas, pero se ensañó en los vencidos y con los pueblos de la región tomó
tremendas represalias, incendiándolos, saqueándolos y asesinando. A su paso dejó una estela de horror. En el Cuzco, el Brigadier Gonzáles y sus
huestes cometieron tales abusos, que fastidiado Abascal dispuso que fueran a
combatir al Alto Perú. En la lucha en
Bolivia sufrió el regimiento tremendas pérdidas y en Chile fue diezmado.
De Gonzáles y sus Talaveras
podríamos decir: tal tropa para tal jefe.
Ese fue el hombre que llegó a Piura
y más tarde en 1820 pasó al Ecuador a
pedido del Presidente de
El Regimiento Talavera tenía tan
mala fama, que a lo que quedaba se le
cambió el nombre y se le denominó “Victoria
Los ex-Talavera fueron enviados más
tarde a Pasco bajo el mando del Brigadier O’-Relly y
allí fueron deshechos por el general patriota Alvarez de Arenales el 6 de
diciembre de 1820. Alvarez de Arenales había sido enviado por San Marín a la
sierra tan pronto desembarco en Paracas.
Los pocos que quedaron sucumbieron en Ayacucho.
Por lo tanto, en 1820, en Piura
había tres jefes Talaveras con bastante fama de malos.
Casariego llegó como capitán en el
regimiento Talavera con el barco “Asia” que arribó al Callao y junto con Moroto pasó a
Chile. Estuvo presente en la victoria
realista de Rancagua el 2 de octubre de 1814 y más tarde en todas las acciones
de guerra.
En junio de 1817, el enérgico teniente. coronel
José María Casariego que acababa de llegar de Chile, fue nombrado jefe de la
pequeña guarnición de Tumbes, para que ponga freno a los abusos de las naves
balleneras armadas, que merodeaban por esos lugares.
A comienzos de 1818, es trasladado a
Piura, como jefe provisional de las fuerzas del Partido de Piura, debiendo
tomar como base Paita, donde había una pequeña fuerza al mando del tnte. coronel
Antonio Simón.
En 1819, tras la destitución de Francisco Gil, el
coronel Vicente Gonzáles es nombrado jefe de
Según parte de fecha 1ro. de
agosto de 1818, del comandante Casariego, la guarnición de Paita el 1ro. de agosto de 1818 era la siguiente:
Cuerpo
Ofic. Clases Soldados Total
-Real cuerpo de artillería 0 1 15 16
-Compañía Veterana de Maynas 1 6 29 36
-Infantería de Milicias de Piura 0 1 27 28
-Dragones de Milicias 0 0 3 3
Como
se puede apreciar, las fuerzas eran sumamente modestas y la artillería era anticuada. Bien pronto, Lord Cochrane iba a tomar con
facilidad a este puerto.
El 18 de noviembre de 1818 desde
Lima el abastecedor militar Ignacio Gonzáles, enviaba a Paita 1.000
estopines, 100 lanzafuegos, un quintal
de mecha, 8000 cartuchos de fusil con pólvora y balas, estas últimas de
La batería de artillería la formaban
tres cañones de 18 y dos de cuatro.
Casariego había nacido en el Ferrol en España. Se
inició como simple soldado el 11 de diciembre de 1805, peleando contra los
franceses hasta 1815. Desde el año
1813 sirvió en el Batallón Talavera
hasta el 2 de diciembre de 1818. En
realidad desde muchos meses antes ya
había sido separado de ese cuerpo en donde al igual que otros jefes solo
figuraba nominalmente.
Entonces, se le trasladó en
El virrey Abascal en sus memorias
relata que con motivo de la insurrección
de Buenos Aires quedó interceptada la vía estrecho de Magallanes-Océano
Atlántico, para la correspondencia a
Por lo tanto se estableció una
coordinación con Portobello para que allí no faltase
un barco correo mensual que partiese a España.
Desde entonces se incrementó el
tránsito marítimo en Paita.
Cuando Abascal dejó el virreinato y
se intensificó la actividad corsaria de los barcos insurgentes de Argentina y
Chile, el correo marítimo cobró mayor importancia aún.
Los barcos de Panamá llegaban hasta
Guayaquil y de allí a Paita, dejaban toda la correspondencia en este puerto y
retornaban llevando lo que acá encontraban.
Desde Paita, la correspondencia se
enviaba por tierra a Lima, dada la inseguridad en el mar.
Desde Filipinas, floreciente colonia
española en Asia, llegaban barcos de
Los barcos correos, debían de tener
mucho cuidado, porque también andaban tras de ellos los enemigos. Generalmente, se libraban por su gran
velocidad.
La audacia de los corsarios no tenía
límites, y atacaban a sus presas en la misma bahía, no obstante la protección
de los cañones del fuerte.
Fue así como el 25 de setiembre de
1817 había ingresado el Pailebote
“Abascal” a Paita y se había detenido en el
puerto para avituallarse y en espera de la correspondencia que debía de
llegar de Lima. El 8 de octubre hizo su
aparición una fragata que ancló y del pailebote se envió un bote con cinco
hombres para reconocer al barco recién llegado, siendo capturados.
De inmediato, la nave insurgente se
acercó al barco correo y tras un corto
cañoneo, la tomó al abordaje con toda su tripulación a bordo.
Las autoridades militares de Paita
que presenciaron el hecho, nada pudieron
hacer para impedir el audaz golpe.
Durante el gobierno del virrey
Pezuela, los españoles habían perdido el dominio del mar y los corsarios insurgentes
y los contrabandistas de diversas nacionalidades hacían de las suyas. Muchas
veces los corsarios atacaban a las naves extranjeras acusándolas de haber roto
el bloqueo o de no identificarse debidamente. Eso como es lógico motivó muchas
reclamaciones.
En las costas había muchos barcos
balleneros armados con cañones, de nacionalidad rusa, norteamericana e inglesa,
que no sólo hacían contrabando, sino que informaban a las naves insurgentes de
los movimientos de la flota española.
Fue así como Pezuela se vio obligado
a retener en el puerto del Callao a dos balleneros ingleses, hasta varios días
más tarde que hubieran zarpado dos fragatas de guerra españolas, que se
dirigían a Paita y Panamá. Uno de los balleneros era la “Wildman”
con 16 cañones al mando del capitán Juan Lig.
El 29 de enero de 1817 entraba al
Callao la fragata ballenera inglesa “Hydra”. Meses más tarde la fragata española “Tagle”
la detiene en aguas del norte por practicar el contrabando sobre todo en la
región de Tumbes.
La fragata “Tagle” había salido del
puerto español de Cádiz el 6 de mayo de 1817 integrando una flota que la
componían la “Esmeralda”, la “Minerva”, la “Primorosa Mariana”, la “Vigarrena”, “San Juan Bautista”, “Comercio”, Reina de los Ángeles”, “Castilla”, “Cleopatra”
y “San Fernando”. Venían a diversos puertos de América y con ellos el Segundo
Batallón Burgos, que Morillo lo dejó combatiendo en Colombia contra Bolívar.
También vino en estos barcos el general Canterac.
El 30 de setiembre de 1817 salen
rumbo a Paita las fragatas “Tagle” y “Cleopatra” que
cada una disponía de 24 cañones y tenían 120 marinos y 25 soldados. Traían al
puerto de Paita armamentos. Sus capitanes eran José Villegas y José Pareja,
respectivamente. Habían llegado al Callao en Agosto. Fue en su primer viaje a
Paita, que la “Tagle” capturó a la “Hidra”. Después de este suceso y estando el
12 de Abril de 1818, anclada la “Tagle” en la bahía de Paita, ingresó una nave
corsaria francesa y la atacó. La “Tagle” contaba con 121 hombres de tripulación.
El bergantín enemigo disponía de 90 hombres a bordo, con 6 cañones de a 8 y un
cañón giratorio. El combate naval frente a Paita duró media hora, al cabo de la
cual la nave francesa se retiró a toda vela.
El primer viaje del Callao al norte,
de la “Tagle” y la “Cleopatra” fue con el fin de dar
protección a las fragatas mercantes “Resolución”, “Preciosa” y “Bretaña” que
desde Mayo estaban en Panamá esperando a los 2.000 soldados de los dos
Batallones de Burgos, así como dos regimientos de lanceros y al coronel
Canterac, que debían desembarcar en Arica. Canterac era un francés al servicio
de España.
Pezuela envió de inmediato un
pailebote de correo anunciando previamente el viaje de las tres fragatas
mercantes, que salieron del Callao, el 17 de abril de 1817.
Pezuela estaba exasperado por la
larga espera, más aún cuando conoció que corsarios insurgentes recorrían la
costa norte y se podían topar con el contingente de tropas. Por tal motivo
envió a la “Tagle” y a la “Cleopatra” con orden de
que siguieran las huellas de los corsarios y trataran de encontrar a los tres
transportes para darles escolta hasta el Callao en donde debían desembarcar.
También dispuso una espera prudencial en Paita y en caso dado desembarcar allí
las tropas para que llegaran por tierra.
Cumpliendo las disposiciones del
virrey, las dos fragatas de guerra, llegan a Paita el 6 de octubre y tras de
tomar información de que por allí no han pasado los transportes, se dirigen a
Panamá a toda vela.
El 7 de
octubre detienen a la “Hidra” frente a Tumbes y la envían con escolta al
Callao.
Al arribar a Panamá las dos fragatas
españolas, se encuentran con la desagradable noticia de que el general Morillo
había tomado las tropas recién llegadas para su lucha contra Bolívar y sólo
estaba disponible el Coronel Canterac.
En forma enérgica, el capitán José
Villegas exigió indemnización a las autoridades de Panamá que por orden del
virrey de Santa Fe, habían impedido regresar a los tres transportes,
causándoles daños en el velamen, en el casco y un gasto innecesario en atender
a la tripulación en la larga inmovilidad.
El 4 de noviembre la “Cleopatra” y la “Tagle” están de regreso y llegan a Paita
el 1ro. de diciembre y al Callao el 31. La cólera de
Pezuela no es para describir. Los transportes mercantes fueron regresando al
Callao, vacíos en enero, febrero y marzo de 1818.
Los barcos insurgentes continuaron
durante todo el año 1818 merodeando por la costa del Perú haciendo capturas.
En 1817, el “Abascal”, fue
sorprendido en la bahía de Paita por un corsario argentino.
Desde ese momento se redoblaron las
medidas de precaución, y fue así como el 22 de octubre de 1818 el Administrador
General de Correos comunicaba desde Lima, que no saldría el pailebote
“Guadalupe” por las razones arriba expresadas y que más bien iba a reforzar una
flota que preparaba el virrey.
Esos barcos correos iban del Callao
hasta Panamá haciendo siempre escala en Paita.
Casariego había informado, que por
esa fecha iba a zarpar de Paita con destino a Panamá el pailebote correo
“Sacramento” y que con eso se llenaban las necesidades de servicio.
Pezuela abrumado por la derrota de
las tropas de rey en Chile, empezó a solicitar refuerzos de todas partes.
En tal sentido se dirigió al virrey
Juan Samano de Santa Fe de Nueva Granada, para que el
general Pablo Morillo que tenía soldados veteranos europeos, le proporcionase
ayuda.
Samano se dirigió entonces al capitán general
de Cuba en donde los españoles tenían el control total de la situación y con
urgencia pidió cuatro mil fusiles, mil tercerolas, mil pares de pistolas y dos
mil sables, que debían embarcarse en el bergantín “Andaluz” que se enviaba a
fin de que le cargamento desembarcarse en el puerto colombiano de Cartagena en
el Atlántico y de allí transportarlo a Lima.
También dispuso el virrey Samano que el Batallón Numancia de 1.200 plazas que se
hallaba en Popayán, saliese rumbo a Quito y de allí a Lima.
A esto, Pezuela
respondió que temía que tales refuerzos pudieran llegar tarde dada la actividad
de los insurgentes, por cuyo motivo pedía acelerar los envíos. También
expresaba la esperanza de que legaran 2.000 soldados desde España que le habían
sido ofrecidos. El virrey Pezuela tenía proyectado de resistir en Talcahuano en
donde se habían atrincherado los restos del ejército realista de Chile.
Pezuela también solicitó a diversos
lugares del Perú, el envío de contingentes a Lima.
Al jefe de
milicias de Piura, pidió 200 hombres, el 23 de julio de 1818.
Casariego que tenía su base de
operaciones en Paita, se dirigió a Piura y se entrevistó con el comandante
accidental, para agilizar el envío de ese contingente, pero éste se limitó a
contestar, la respuesta que había dado el sub-inspector general, que habiendo
reunido a la junta de capitanes, éstos expresaron que era imposible enviar ese
contingente porque quedaría desguarnecida esa importante región.
Agregaba Casariego en su respuesta
al virrey, que alguna gente había hecho correr rumores alarmantes entre el
pueblo, causando en éste terror al traslado a Lima, por cuyo motivo, mucha
gente huyendo de la leva se refugió en el campo. Al final decía Casariego que
eso había impedido que ni siquiera pudiera enviarse gente voluntaria.
La respuesta de Casariego fue el 23
de agosto.
A Pezuela molestó mucho esta
negativa y así lo hizo conocer en una nueva comunicación, con un llamado de
atención al comandante general, al gobernador intendente y al propio Casariego,
y les manifestaba que hubieran atraído a los voluntarios ofreciéndoles
condecoraciones y medallas.
El año 1819 fue pródigo en
acontecimientos para Piura.
El cabildo lo conformaba don Manuel
Farfán de los Godos y Sedamanos, como alcalde, y lo
integraba José Lama Sedamanos, su pariente; Miguel Almestar, Joaquín Adrianzén Palacios, José Antonio López,
Pedro León, Manuel Diéguez y Juan Bautista Otero. El alcalde era descendiente
de don Diego Farfán de los Godos Espinoza de los Monteros que llegó a Piura en
el siglo XVIII. Por otra parte, don Pedro León y Valdez, Manuel Diéguez, José
Lama y José Antonio López, iban a jugar el 4 de enero de 1821, un papel protagónico
en la independencia de Piura.
Era sub-delegado de Piura o sea la
máxima autoridad política, don Clemente Merino.
El 14 de abril de 1819, el almirante
Cochrane toma Paita, estando en ellas el Tnte. coronel Antonio Simón, jefe de
la plaza; el brigadier Mateo Ramírez, jefe de