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Junín según el general de la
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Celebran el triunfo de Junín |
Fue pretensión de Bolívar la de lograr la independencia del Perú utilizando tropas sólo colombianas, es decir sacadas de Venezuela, Colombia y Ecuador.
Se proponía traer nada menos que 10 000 soldados, pero sólo pudo reunir 6500 distribuidos en unos 9 regimientos, en los que había un gran número de peruanos pues las bajas que sufrían por enfermedad, muerte o deserción eran reemplazados por reclutas del Perú Independiente. Sólo entre el 1ro. de junio y el 15 de agosto de 1824 fueron incorporados a los ejércitos de Colombia, 984 peruanos. Así el regimiento Bogotá de 776 hombres, tenía 200 peruanos y otros 150 de los 673 eran nuestros paisanos. En cambio los regimientos y batallones peruanos eran un cien por cien del lugar.
Bolívar siempre trató de denigrar a los cuerpos militares del Perú. Decía que la caballería colombiana era superior a la argentina y la peruana inferior a esta última.
En agosto de 1824, el ejército colombiano estaba formado por las siguientes unidades Vargas, Vencedor, Rifles, Voltígeros (ex-Numancia), Bogotá, Pichincha, Caracas, Granaderos y Guías y los Húsares. En total eran 6800 soldados de los que más de 1500 eran peruanos.
Thomas Rourke, biógrafo del
Libertador, en su obra “Bolívar”, dice que éste contaba con cinco mil soldados
colombianos y cuatro mil peruanos. Los
primeros bajo el mando de Sucre y los últimos a las órdenes de
En 1824 el ejército peruano tenía
los siguientes Regimientos o Batallones; Regimiento de Dragones del Perú,
Escuadrón Guías del Perú, Regimiento de Infantería de
Las tropas de Argentina eran los:
Granaderos a Caballo, Batallón Nº 11,
Regimiento de Infantería de Río de
Chile tenía el 2do. Batallón de Infantería.
Pertenecían al Escuadrón
Lanceros de
En el 1er. batallón de infantería de
El 2 de agosto el Libertador Simón Bolívar pasó revista a su ejército en el llano de Rancas, y terminó con estas palabras elocuentes:
¡Soldados! Vais a completar la obra más
grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero
de la esclavitud.
¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir
se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus
armas con las vuestras que han brillado en mil combates.
¡Soldados! El Perú y
El informe dado por el general Tomás de Heres, secretario general de Bolívar, elaborado el sábado 7 de agosto en el cuartel general de Reyes decía entre otras cosas lo siguiente:
“los enemigos habían avanzado hasta Pasco, volvieron sobre sus pasos a marchas forzadas, en consecuencia de las noticias que tuvieron de la dirección que seguía el ejército.
S.E. contaba con forzarlos a una acción formal situándose a su retaguardia por el camino que ellos debían de llegar a Jauja, pero la precipitación con que marchaban, les proporcionó la dichosa casualidad de llegar y aún pasar el punto en que debíamos encontrarnos, algunas horas antes con nuestro ejército, que tuvo que hacer una jornada por terreno escabroso y difícil. En este estado, observando S.E. (Bolívar) que el enemigo continuaba sin cesar su retirada y considerando por otra parte que se escapaba de entre las manos la ocasión de terminar de un golpe la penosa campaña en que nos hallamos y decidir la suerte del país, resolvió adelantarse con la caballería al trote, mandada inmediatamente por el intrépido general Necochea y situarla en la misma llanura que ocupaban los enemigos, esperando que aquellos que nos habían buscado tan resueltamente, aprovecharían la ocasión que se les presentaba de lograr sus deseos, o
que
viendo a nuestra fuerza de caballería
sobre ellos, comprometerían una acción para salvar todo su ejército. Sea correspondiendo a estos cálculos, o por una ciega confianza en su caballería, los enemigos cargaron a la
nuestra en una situación bien desventajosa para nosotros; el choque de estos
dos cuerpos fue tremendo y al fin después de diferentes conflictos en que ambas
partes lograban la ventaja, la caballería enemiga aunque superior en número y
mejor montada que la nuestra, fue
completamente desordenada, batida y acuchillada, hasta las mismas filas de su
infantería, que durante la acción continuaba la marcha hacia Jauja y se hallaba
muy lejos del campo, cuando aquella se decidió.
Nuestra caballería ha mostrado un arrojo
que mi pluma no alcanza a expresar y que sólo puede concebirse
recordando los siglos heroicos.
El resultado de esta brillante jornada ha sido la de doscientos treinta y cinco muertos en el campo de batalla, entre ellos diez jefes y oficiales, más de ochenta prisioneros, muchos heridos y una infinidad de dispersos. Se han tomado más de 300 caballos apareados y el campo de batalla está cubierto de toda clase de despojos. Por nuestra parte hemos tenido fuera de filas 60 hombres muertos y heridos. Entre los primeros al capitán Urbina de Granaderos a Caballo de Colombia y al teniente Cortés del primer regimiento de caballería del Perú. Entre los segundos al bizarro general Necochea con siete heridas aunque ninguna de cuidado, al coronel Carvajal de Granaderos a Caballo de Colombia, al comandante Sobervi del 2do. Escuadrón del 1er. Regimiento del Perú, al sargento mayor Felipe Brown y al capitán Pedraza, ambos de caballería de Colombia. . .”.

El historiador, general Felipe de

Entonces los enemigos dando el triunfo por completo, se entregaron a una ciega confianza y abandonaron igualmente su formación, acuchillando por grupos a los dispersos, lo cual visto por Suárez que conservaba en perfecto orden al escuadrón peruano, situado a regular trecho del campo de acción avanzó resueltamente contra ellos –no habiendo cargado desde el principio ni empeñado su cuerpo porque se componía de gente nueva a quienes él no conocía absolutamente- al llegarse a las manos, tuvo lugar, un lance de heroísmo, que dio origen a lo más tremendo del choque: mandaba una mitad de esta fuerza un intrépido joven natural de Piura, llamado D. Miguel Cortés, el cual inflamado en tan solemnes momentos de un ardiente patriotismo y de un vehemente deseo de gloria, apostrofó a grandes gritos a los españoles, en estos términos ¿no hay ningún gallego que quiera medir su lanza con la de un peruano? A cuyas voces se le encaró un vigoroso jinete aceptando le reto con igual audacia. Cortés al mirarlo se arroja inmediatamente sobre él, y es quien primero acomete, asestándole una recia lanzada, que logró evitar aquel con suma destreza, y sin dejar a Cortés tiempo de retirar su arma al ristre, envióle la suya con tan desgraciado acierto, que el bravo joven cayó muerto del caballo, atravesando su generoso corazón. Aquí fue donde comenzó una nueva lucha, la más sangrienta y atroz que pueda imaginarse, esta sola faja de héroes, esta masa de bronce como lo diría el historiador español Torrente, sostuvo el combate con tal furia, decisión y arrojo contra la caballería enemiga, que a bandadas se precipitó sobre ella”.

Tal lo expresado, por el historiador,
General Felipe de
En el parte de guerra emitido por el
general Santa Cruz, no aparece, ni se menciona el papel decisivo jugado por la
reserva de la caballería peruana al mando de Suárez. Con relación a la acción en sí, dice Santa Cruz: “Siete escuadrones mandados inmediatamente
por el intrépido general Necochea,
Comandante General de la caballería, se adelantaron a las cinco de la
tarde al trote hasta la llanura en donde se hallaba el enemigo. El general Canterac, confiado en la superioridad
de su caballería, o bien obligado a batirse por no ser desordenado en su
retirada, formó tres cuerpos y por una brillante maniobra cargó al galopee
sobre la nuestra por el frente y por el flanco izquierdo. Aunque inferiores en número e impedidos por
la naturaleza del terreno para desplegar, nuestra caballería resistió la carga
con el mayor denuedo. El choque de
estos dos cuerpos fue terrible, porque
ambos estaban satisfechos de su
bizarría, ambos empezaron a acuchillarse y por el momento ellos arrollaron algunos de nuestros escuadrones, a tiempo que
los Granaderos de Colombia, que formaban la cabeza de la columna y estaban en
batalla, estimulados por el heroico ejemplo de su Comandante accidental Mayor Felipe Brown, rompieron la izquierda del enemigo. Los
Húsares de Colombia, al mando de su Coronel Laurencio Silva y el Primer Regimiento del
Perú, a las órdenes del General
Como se puede apreciar, Santa Cruz no tuvo una idea cabal de cómo habían pasado las cosas, y da méritos por igual a los Húsares de Colombia y a los del Perú, cuando en realidad sólo a los últimos correspondió que la derrota se convirtiera en victoria. Santa Cruz, no explica por qué razón los españoles que antes se consideraban ya victoriosos terminaron repentinamente por desordenarse.
Veamos ahora lo que dice Miller en sus Memorias.
“En la mañana del 5 de agosto había avanzado el General Canterac a Carhuamayo y adelantó con su caballería a Pasco. En vez de hallarse en aquellos llanos inmensos con una sola división aislada, como probablemente esperaba, supo que el ejército libertador estaba reunido y avanzaba por la orilla opuesta del lago. (Los españoles habían dejado pasar a los patriotas negligentemente por los desfiladeros desaprovechando la oportunidad de destruirlos). Canterac se retiró aquella misma noche sobre su infantería y el 6 siguió su retirada. Mientras tanto continuaron su marcha los independientes en prolongación de la extremidad sur del lago, para cortar a los realistas, y al cabo de una marcha de cinco leguas por un terreno montañoso, vieron repentinamente al llegar a un punto elevado, a las 2 de la tarde, a los realistas, que a distancia de dos leguas marchaban por los llanos de Junín, un poco al sur de Reyes. . . A las 4 de la tarde, 900 hombres de la caballería patriota, habiendo dejado a una legua a retaguardia a dos escuadrones (los que dieron luego la victoria) y a la infantería, se adelantaron a corta distancia del todo de las fuerzas realistas, compuestas de 8 000 infantes y de 1 200 caballos y un número proporcionado de fuerzas de artillería. Canterac, considerando peligroso continuar su retirada sin contener los progresos del enemigo, se puso a la cabeza de su caballería, la hizo desplegar en batalla colocando un escuadrón formado en columna a retaguardia e inmediato a los flancos de la línea y mandó a cargar. La infantería realista continuó su retirada. Es justo decir que no solamente dio Canterac una carga maestra, sino que logró darla en circunstancias desventajosísimas para los patriotas, cuyo entusiasmo les había conducido, quizá demasiado cerca del cuerpo del ejército enemigo, y demasiado adelantados por un desfiladero formado por un arroyo y un terreno de pantanos por un lado y una fila de montañas escarpadas por el otro que les impedía desplegar con la rapidez que las circunstancias requerían. El escuadrón que formaba la cabeza de la columna fue el único que pudo desplegar (fue todo sin duda alguna, una pésima maniobra de Bolívar). El General Bolívar mandó al General Miller para que con 250 hombres (eran peruanos), flanquease la derecha de las líneas realistas que iban avanzando, pero como éstos se echaron encima al galope, no pudo llevarse a efecto este movimiento y tuvo que converger sobre su derecha y atacar de frente.”
“La gente que
mandaba Miller junto con el ala derecha de los patriotas al mando de Necochea, fueron cargados al
mismo tiempo. El choque fue tremendo y
sus consecuencias naturales en las circunstancias que acaban de describirse,
fue la derrota total de los patriotas, a excepción de unos cuantos granaderos a
caballo de Colombia a órdenes del bizarro Mayor Braun,
que se abrió paso por los enemigos, y un escuadrón peruano que estando al
primer choque un poco a la retaguardia, se liberó afortunadamente de la suerte
de los demás (fue este el escuadrón
Isidoro Suárez). Con el primer
movimiento debe terminar todo elogio a la caballería española, porque en vez de
guardar su primitivo orden o conservar su reserva, se dividieron o
dispersaron. Una parte perseguía a la
caballería patriota a las órdenes de Miller que trataba de alcanzar el camino
de Cacas y la otra seguía por el desfiladero al resto de los patriotas.”
“El Teniente Coronel Suárez, que mandaba el escuadrón peruano que no había sido batido, había en el entretanto avanzado sin oposición a ocupar el intervalo que dejaron los realistas y hallándose completamente a su retaguardia, empezó a cargar a los que perseguían la izquierda de los patriotas al mando del General Miller, el cual viéndose embarazado por lo pantanoso del terreno, volvió caras e hizo frente al enemigo (en realidad, Miller pudo observar que la situación había cambiado y en lugar de salir huyendo, reingresó al combate).”
“Hallándose los realistas sumamente
extendidos y en desorden, y viéndose
amenazados por el frente y la retaguardia, principiaron a fluctuar y huyeron a
su vez. El oportuno socorro de
Suárez facilitó a los escuadrones patriotas dispersos de la derecha y de la
izquierda, la posibilidad de reunirse y el General Miller, los Coroneles Carbajal, Silva, Cruix y el Mayor
Braun con cuanta gente pudieron reunir, apoyaron a
Suárez. Entonces los patriotas
emplearon sus lanzas con tal efecto, que la decantada caballería de los
españoles se puso en una total y vergonzosa fuga. El Teniente Coronel Suárez y el Mayor Braun fueron los oficiales que más se distinguieron y más
contribuyeron al éxito feliz de la acción.
El Primer Regimiento de Caballería del Perú, anteriormente Húsares de
Tal el informe de Miller que por haber estado en medio de la acción, estuvo en condiciones de ser más exacto en su manifestación.
El comandante Suárez era una
argentino de sólo 23 años de edad, y sin
embargo ya era todo un veterano, pues desde los 16 años había servido en el
ejército de San Martín, habiendo estado
presente en las victorias de Chacabuco y Maipú que dieron la independencia a
Chile.. También tuvo mas tarde
brillante participación en la batalla de Ayacucho, nada de lo cual impidió que
Bolívar lo desterrase a
El general Canterac, sobre su derrota en Junín, informaba al virrey del siguiente modo:

Para cerciorarme
si era efectivo que General Bolívar empezaba las operaciones, me dirigí
rápidamente con el ejército a mi mando sobre Pasco, y habiendo averiguado que
marchaba por la orilla de la derecha de la laguna, retrocedí para dirigirme a
atacarlo por su retaguardia, o bien interponerme entre él y este valle. Estando en marcha en las Pampas de Reyes, el
día
vista del enemigo; tuve la ocasión por
extraordinariamente propicia. Los
enemigos tenían dos escuadrones formados en batalla, y los demás hasta el
número de ocho, en columna por mitades, entre un cerro y un pantano, que impedía
a éstos poder desplegar; cargué de frente con los escuadrones de húsares
y dragones del Perú que estaban en batalla y los 4 escuadrones de
Como se puede apreciar Canterac se dio cuenta del grave error táctico de Bolívar al haber escogido mal el terreno para el combate. Por otro lado, Canterac, no llegó a saber –cuando menos al momento de dar el parte- la razón de la fuga repentina de la caballería realista.
Mariano Torrente en “Historia de
“Reconcentrado el expresado ejército
de Bolívar en el valle de Huaraz, emprendió su marcha sobre Pasco en el mes de
julio. Los generales Lara y Córdova
mandaban la primera y la segunda división
de infantería,
Las tropas de Bolívar cruzaron los horribles desfiladeros de las cordilleras de los Andes con tanta constancia y sufrimiento que sería un acto de injusticia, negarles el gran mérito contraído en esta campaña pero la gloria que refluye sobre ellas en haber ejecutado con tanta felicidad esta penosísima marcha, habría podido ser disputada por los realistas, si su situación les hubiera permitido salirles al encuentro con antelación, o más bien si hubieran tenido tanta confianza y ventaja en el arma de infantería, como pretendían tenerla en la caballería, por cuya razón buscaban más bien terrenos llanos para hacer un bizarro despliegue de ella.
Al llegar Bolívar al llano que encuentra entre Rancas y Pasco, dio una enérgica proclama a su ejército para animarle a combatir contra las brillantes tropas del citado Canterac, cuyos puestos avanzados se encontraban en Casas, distantes tres leguas de Reyes. No dejó de influir en el mayor aliento de los independientes, el recuerdo, de haber obtenido cuatro años antes en aquel mismo sitio, una importante victoria sobre el brigadier O’Reilly.
Deseaba en efecto el General Canterac dar una muestra positiva de su poder, figurándose invencible con dichos cuerpos de caballería, que podían competir en todos sentidos con los mejores de Europa, por lo que estuvo acechado el modo de empeñar esta sola arma, si bien caminaba con todas sus fuerzas sobre el camino real que conduce a Reyes. Ya había llegado a Carhuamayo y Pasco el 5 de agosto, cuando noticioso de que el enemigo se avanzaba por la orilla derecha de la laguna, retrocedió para que no se le colocase a retaguardia.
Ambos ejércitos se buscaban, y ambos se hallaron el día 6 en Junín o Pampas de los Reyes, a las dos de la tarde. Habiendo observado Canterac que la caballería insurgente era la que únicamente se había adelantado dejando su infantería a unas dos leguas de distancia, se llenó de gozo por ser esto lo que tanto deseaba. Dando pues la orden de que la suya continuase la retirada por temor de que si se emplease le arrebatase al enemigo, con su pronta fuga, el triunfo que daba por seguro, formó su plan de atacar simultáneamente su derecha, izquierda y centro.
Tenían los
disidentes formados 900 caballos en las
Pampas o llanura del mencionado punto de Junín, apoyando su
derecha a un cerro y su izquierda a un pantano.
Las tropas de Canterac dirigidas sobre
el centro llegaron a romperlo
y aún a colocarse a retaguardia; las
que habían salido a flanquear la
izquierda se hallaron con el citado pantano, cuyo obstáculo no habían previsto,
y quedaron paradas sin tomar parte en la acción; la columna dirigida sobre la
derecha había así mismo cumplido con lucimiento su respectivo encargo. Ya los independientes habían sido arrollados
a pesar de su arrojo y decisión, no habían podido resistir al terrible empuje
de la caballería realista y ya éstos empezaban a entonar el himno de la
victoria, cuando dos escuadrones enemigos que estaban a retaguardia, al mando
del Teniente Coronel Suárez, se lanzaron sobre los vencedores que se hallaban
también en el mayor desorden y confusión mezclados con los vencidos.
Reunidos éstos, con aquella masa de bronce que guardaba una perfecta formación, cayeron de nuevo sobre los diseminados realistas, los acuchillaron horrorosamente, los obligaron a ponerse en pronta retirada y les arrebataron el campo de batalla”.
Tal la narración de un escritor español que escribió en la misma época en que los acontecimientos se desarrollaron y que por eso se mostró -como era natural- muy parcializado, pero que como vemos en la narración que hace de la batalla de Junín se pega más a la verdad que muchos otros historiadores.
Sobre la actitud de Bolívar, Torrente dice: “Bolívar, que apenas vio la primera dispersión de su caballería en los llanos de Junín, se puso según su costumbre, en precipitada fuga hacia su infantería, creyéndolo todo perdido, recibió a poco tiempo la plausible como inesperada noticia de la victoria”.
El General Miller en sus Memorias, relata este episodio de la siguiente manera: “Pero así que percibió la dispersión Bolívar, marchó inmediatamente en busca de la infantería, a la cual colocó en una altura elevada cerca de una legua a retaguardia, donde permaneció hasta que recibió el primer parte del General Miller, anunciándole la victoria”.
Por muchos años no se difundió, cual había sido la razón por la cual el Comandante Isidoro Suárez que estaba al mando de los dos escuadrones Húsares del Perú, se decidió a intervenir en tan crítico momento.
Los dos escuadrones
estaban formados por norteños muy bisoños, en los que Bolívar no tenía la menor
confianza, por cuyo motivo los dejó a la retaguardia sin darles orden de
intervenir. Sin embargo, allí había
algunos veteranos de la victoria de Pichincha como el Alférez Miguel Cortés del
Castillo.
Desde el lugar
en donde estaba Suárez, se dominaba todo el campo y lleno de incertidumbre al
ver la derrota de la caballería patriota, envió a su segundo el joven Teniente José Andrés Rázuri a pedir
instrucciones al General
Rázuri, lleno de gran patriotismo y
deseo de entrar en acción, cambió audazmente la orden y le dijo a Suárez: “Mi
comandante, el General
Fue así como “aquella masa de bronce en perfecta formación“, como le dice Torrente, se lanzó a la batalla y dio la victoria.
Junín fue pues un triunfo de piuranos, lambayecanos y trujillanos, en donde destacó el gesto patriota de Rázuri, el heroísmo de Miguel Cortés y el denuedo y decisión de Suárez.
Después de la victoria, el General
Muchos años más tarde, fue el propio Rázuri el que narró el
episodio y otros lo confirmaron.
Rázuri después del conflicto con
Colombia se radicó en Piura y contrajo matrimonio con una piurana. Se dedicó a la agricultura en
Tambogrande. Miguel Cortés era aún un
adolescente cuando murió heroicamente.
Era hijo de don Antonio Cortés y
Fuentes Zorrilla de
Cuando el 13 de agosto se reunieron en el cabildo de Piura cincuenta prominentes vecinos designados por dicho cabildo para que propusieran una terna para el cargo de intendente, sólo dos faltaron, no obstante, las advertencias de que no se admitirían excusas por las inasistencias.
Los no concurrentes fueron don Francisco Frías y Adrianzén, que estaba enfermo, y don Tomás Cortés del Castillo, al que por ser miope le llamaban el “ciego Cortés”, que no concurrió por estar de viaje.
Era éste, hermano del alférez de caballería Miguel Cortés del Castillo que había muerto heroicamente el 6 de agosto en combate. No obstante la lejanía, no resultaba improbable que ya la infausta noticia hubiera llegado a la familia, lo cual motivaría el viaje de Tomás.
El cabildo no volvió a reunirse sino hasta el 31 del mismo mes y se toma el acuerdo de felicitar a Bolívar, por la victoria de Junín, que la consideraban era un triunfo personal –criterio sin duda muy equivocado-.
Recién el 20 de noviembre, el cabildo se decide celebrar el triunfo de Junín, pero no por propia iniciativa, sino por una Suprema Orden transmitida a todos los pueblos del norte por el prefecto de Trujillo.
Se debía como parte de las celebraciones, oficiar solemnes exequias por los valientes que con su sangre habían reconquistado la libertad peruana, para lo cual se nombró una comisión para hacer una colecta entre el vecindario. Se fijó el día 25 para tal celebración, pero resultó que los ciudadanos de Piura no contribuyeron, por lo cual el concejo con sus propios fondos hizo la celebración.
Lo que llama poderosamente la atención es que en las sesiones del cabildo no existe la menor referencia a la muerte del joven Cortés, no obstante que se trataba de una familia muy conocida y patriota.
Una vez más los piuranos recibieron con gran disgusto una orden de Bolívar, por más contingentes de sangres y también de mayores contribuciones económicas.
El 18 de noviembre, el intendente y comandante general de la provincia, el coronel Manuel Torres Valdivia, notificaba al cabildo que se tenían que aportar 800 reses, las mismas que serían enviadas con dirección a Santiago de Chuco, debiendo el cabildo prorratear entre los pueblos y los hacendados este cupo, a la brevedad posible.
También solicitaban 400 hombres para el arma de caballería, lo cual prueba que recién –y a raíz del triunfo de Junín- se valoraba en debida forma las condiciones y capacidades de la juventud piurana como soldados de a caballo. El concejo, al deliberar sobre este asunto, llegó a la conclusión de que había escasez de jóvenes a causa de las frecuentes levas, y que “por ahora los que existen se encontraban desempeñando actividades diversas, incluyendo talleres para obras del propio Estado”, que no podían abandonarse. El cabildo señaló para la ciudad de Piura, sólo una cuota de veinte, bajo la condición de que se aumentaría el número si es que se encontraban más hombres útiles.
De varios pueblos del interior, también llegaron protestas contra el reclutamiento que paralizaba la agricultura.
Pero la demanda de mayor contribución no tenía cuando acabar. Poco tiempo después se exigió al pueblo de Colán y a los hacendados del Bajo Chira, un aporte de 200 reses, para alimentación de las tropas auxiliares de Colombia, que al decir del coronel José María Egúsquiza, no formaban parte de la anterior cuota de 800 reses.
Por Paita y Colán pasaron los barcos colombianos “Pichincha” y “Paynety” conduciendo un Escuadrón de Lanceros y soldados de Infantería destinados todos a reforzar el sitio de los Castillos del Callao. Algunos de esos soldados venían enfermos, hasta con viruela.
Por este tiempo, Piura tuvo que aportar también 100 mulas aparejadas con sus monturas y herrajes, las que llegaron a Trujillo a fines de noviembre.
Tal como sucede en la actualidad, el cambio de gobernantes trae consigo el cambio de funcionarios. Siempre los grupos políticos antagónicos se mostraban muy activos recomendando a los suyos.
En la sesión del congreso del 2 de diciembre de 1823, don Manuel León desde Piura presentaba un petitorio para que se restituyera a su hermano José María en el empleo de administrador de la aduana de Paita, según se afirmaba lo había destituido “el tirano Rivagüero” por venganza política, para premiar también a un traidor que se había dedicado a recoger firmas de vagos de Trujillo, para la disolución del cuerpo legislativo. A tenor de la comunicación enviada en enero de 1824 del ministerio de hacienda al congreso, el pedido fue atendido.
El 10 de noviembre de 1824 el ministro Sánchez Carrión pasaba la siguiente comunicación al prefecto de Trujillo:
“Su Excelencia el Libertador, ha venido a mandar que el administrador de rentas de la ciudad de Piura, don Vicente Navarrete, sea separado de dicho empleo y que en el acto sea residenciado rigurosamente y encargado el destino a don Santiago León, mientras se nombre al que debe servirlo.
Con este motivo desea Su Excelencia saber la conducta de todos los empleados de hacienda a fin de poner remedio en muchos desórdenes que con dolor se están notando, a pesar de los decretos expedidos con el único fin de arreglar este importante ramo.
El 18 de noviembre el mismo ministro
comunica que “Su Excelencia se ha servido nombrar Receptor de
Recién en marzo de 1825 se solicitó al cabildo una relación de ciudadanos probos que podían servir para los diversos cargos de hacienda en la provincia. Se confirmó a Santiago León.
Santiago León y Valdivieso era un abogado de prestigio que había tenido la defensa de los menores José Antonio Echandía Ramos y Josefa del Castillo y Talledo por el matrimonio que habían celebrado y que la autoridad eclesiástica objetaba.
El 17 de noviembre, Sánchez Carrión hizo conocer al prefecto de Trujillo el cambio del coronel Torres Valdivia, como intendente y comandante general de la provincia de Piura. Con tal motivo cursó la siguiente comunicación:
“Su Excelencia el Libertador,
enterado de la nota de Vuestra Señoría del 6
de los corrientes, sobre la necesidad de cambiar al Comandante Militar de
Torres Valdivia había venido desempeñando los cargos de intendente y de comandante general, pero ahora se habían separado las funciones y como intendente figuraba ya don Manuel Valdivieso y Carrión.
El cabildo se ocupó en sesión del 7 de diciembre del traslado de Torres Valdivia y acordó pedir su continuación al frente del cargo pero solo al mando militar. El citado comandante general continuó en el cargo hasta fines de febrero de 1825 en que fue reemplazado por el coronel José Ignacio Checa.
El 2 de diciembre de 1824, se dispuso el confinamiento en Piura de varias personas a las que se consideraba anti-patriotas.
Con tal motivo Sánchez Carrión envió al prefecto de Trujillo el coronel Luis José de Orbegoso, la comunicación que sigue:
“Su Excelencia el Libertador, manda
confinados en la goleta “Guayaquileña” a la ciudad de Piura, a don Manuel
Ignacio García por haber regresado a Lima desde
Su Excelencia quiere que los tres
primeros aprendan en esa distancia a tener honor y firmeza por la causa de
En su consecuencia, los referidos
guardarán la ciudad por arresto debiendo presentarse diariamente a
La victoria de Junín estimuló grandemente la confianza y decisión de los patriotas y para los españoles fue un verdadero desastre no tanto por las pérdidas en sí, si no por sus consecuencias.
El mismo Canterac dice: “la fuga de nuestra caballería y la superioridad numérica de la infantería enemiga me precisaron a ver de alejarme con la rapidez posible del enemigo, para no exponer mis fuerzas a un contraste”. “Nuestra pérdida ha sido de poca consideración en el número, pero ha influido extraordinariamente en el ánimo, particularmente en el de la caballería”.
Miller en sus memorias, dice que los españoles perdieron 19 oficiales y 345 hombres muertos y 80 prisioneros (es decir, la tercera parte, lo que no era poco). Los patriotas tuvieron 3 oficiales (el capitán Urbina de los Granaderos a Caballo de Colombia, el tnte. Cortés del 1er. Regimiento de Caballería y tnte. coronel Carlos Sowersky que había luchado junto a Napoleón en Borodina ) y 42 hombres muertos, así como 8 oficiales y 91 soldados heridos. Se le tomaron a los españoles 400 caballos ensillados, lo que muestra su precipitada fuga.
La caballería argentina, los famosos Granaderos de los Andes, con 122 soldados en Junín, no tuvo tan brillante comportamiento como correspondía a su gloria. Tuvo 8 muertos y 16 heridos; la caballería de Colombia formada por 598 jinetes que eran los engreídos de Bolívar, resultó con sólo 3 muertos y 8 heridos; y los Húsares de Junín con 519 combatiente, resultó con 23 muertos y 45 heridos. Eso dice bien a las claras, que fueron los jinetes peruanos los que hicieron la mayor parte de la victoria de Junín sobre todo los soldados norteños.
Bolívar dejó el ejército al mando de Sucre y se fue a Lima; mientras que Canterac emprendía precipitada fuga hacia Ayacucho y el Cuzco para unirse al Virrey. La caballería de Canterac que se consideraba invencible, había sido derrotada por los soldados bisoños del norte del Perú.
Sucre en su Parte de Guerra del 11 de diciembre; tras de narrar el descalabro de Corpahuaico en donde la división de Lara sufrió grave daño perdiendo los patriotas 300 hombres y abundante parque, se refiere a la batalla en los siguientes términos:
“La aurora del día 9 vio a estos dos ejércitos disponerse para
decidir los destinos de una nación.
Nuestra línea formaba un ángulo: la derecha formada por los batallones de Bogotá,
Voltigeros (ex–Numancia), Pichincha y Caracas, al mando del Sr. General Córdova; la izquierda de los batallones 1ro., 2do.,
3ro. y Legión
Peruana bajo el Ilustrísimo Sr.
General
“Nuestra posición aunque dominada, tenía seguros sus flancos por unas barrancas y por su frente no podía obrar la caballería enemiga de un modo uniforme y completo. La mayor parte de la mañana fue empleada en sólo fuego de artillería y de los cazadores. A las diez de la mañana, los enemigos situaban al pie de la altura cinco piezas de batalla, arreglando también sus masas a tiempo que estaba yo, revisando las líneas de nuestros tiradores. Di a éstos la orden de forzar la posición en que colocaban la artillería, y fue la señal del combate.”
“Los españoles bajaron
velozmente sus columnas, pasando a las quebradas de nuestra
izquierda los batallones de Cantabria, Centro, Castro, 1ra. Imperial y dos escuadrones de Húsares, con
una batería de seis piezas, formando demasiadamente su ataque por esa
parte. Sobre el Centro, formaban los batallones
Burgos, Infante, Victoria, Guías y 2do. del Primer
Regimiento, apoyando a la izquierda de este con tres escuadrones de
“Observando que las masas del centro
no estaban en orden, y que el ataque de la izquierda se hallaba demasiado
comprometido, mandé al Señor General Córdova, que lo cargase rápidamente con
sus columnas, protegido por la caballería del Señor General Miller, reforzando a un tiempo al General

“Entre tanto los enemigos,
penetrando por nuestra izquierda, amenazaban la derecha del General
“El Señor General Córdova trepaba con sus
cuerpos la formidable altura del Cundurcunca, donde se tomó prisionero al Virrey
fatigados del ataque, tuvieron la
orden de retirarse y fue sucedido por
el Señor General Lara, que debía
reunirse en la persecución al General
“Se hallan por
consecuencia en poder del Ejército
Libertador, los tenientes generales
General Córdova, atacó
diciendo: ¡Adelante!,
paso de vencedores, armas a discreción
“Mil ochocientos cadáveres y
setecientos heridos, han sido en
“Los subtenientes Galindo, Chabur, Rodríguez, Malaba, Terán
y Pérez de
“Estos oficiales son muy dignos de una distinción singular.”

“El Batallón “Vargas conducido por
su denodado Comandante Morán (Trinidad) ha trabajado bizarramente.
“Con satisfacción cumplo el
agradable deber de recomendar a la consideración del Libertador, a la gratitud
del Perú y al respeto de todos los valientes de la tierra, la serenidad del
Señor General
“La bravura con que el General Córdova condujo sus cuerpos y desbarató en un momento el centro y la izquierda enemiga. La infatigable actividad con que el Señor General Lara, atendía con sus reservas a todas partes y la vigilancia y oportunidad del Sr. General Miller, para las cargas de Caballería.”
“Como el ejército todo ha combatido con una resolución igual el peso de los intereses que tenía a su cargo, es difícil hacer una relación de los que más han brillado, pero he prevenido al Señor General en Jefe de Estado Mayor General, que pase a Ud. los originales de las noticias enviadas por los cuerpos. Ninguna recomendación es bastante para significar el mérito de estos bravos.”
Según los estados tomados al enemigo, su fuerza disponía en esta jornada, era de 9,310 hombres, mientras que el Ejército Libertador formaba 5,780. Los españoles no han sabido si admirar más, si la intrepidez de nuestras tropas en la batalla, ola sangre fría, la constancia, el orden y el entusiasmo.”
“La campaña del Perú está terminada. Su independencia y la paz de América se han firmado en este campo de batalla. El Ejército Unido quiere que sus trofeos en la victoria de Ayacucho sean una oferta digna de la aceptación del Libertador de Colombia. Dios Guarde a Ud. Antonio José de Sucre.”
La batalla de Ayacucho se ganó por el arrojo del joven general
Córdova. En un momento crucial, el general Sucre se le acercó y le dijo:
general Córdova, si toma los altos del cerro Condorcunca, habremos ganado la
batalla. Entonces Córdova se bajó de su caballo y arengó a sus soldados
diciéndoles: ¡Adelante, paso de vencedores. Armas a
discreción ¡ Al llegar a su meta, Córdova encontró al
Virrey
El historiador
español Mariano Torrente afirma que el
ejército realista en octubre contaba con 9500 pero que desde esa fecha había
sufrido bajas considerables en los 47
días de continuos movimientos por los parajes más fragosos y difíciles, en el paso de una multitud de
torrentes y ríos a causa de las privaciones de todo género que habían sufrido y la deserción propias de aquellas
tropas, como también por los muertos y herido en las acciones de Andahuaylas, Matará y otras
escaramuzas. Su fuerza efectiva era pues
igual a la de los enemigos, es decir de
Continúa Torrente manifestando que el ejército insurgente se componía de diez batallones, doce escuadrones y una pieza de artillería, con una fuerza disponible de 5780 hombres confesada por los enemigos, pero que según mejores datos no bajaba de los 7000.
El mismo historiador asegura que en el ejército realista sólo había 500 españoles y que el resto eran peruanos o del Alto Perú. Luego expresa que para evitar las deserciones se encerraba a los soldados naturales del país en cuadros formados por españoles. Esto como es fácil suponer demandaba más de 500 españoles.
Dice Torrente que en buen número de
soldados del Ejército realista no tenían voluntad de luchar, y supone que hasta habían
sido ganados a la causa de los patriotas.
Narra casos de soldados que arrojaron sus armas y otros que hasta
dispararon contra sus jefes. Culpa
también como otros historiadores, al Coronel español Rubín de Celis, de haberse
adelantado temerariamente en el ataque,
dando oportunidad a que toda
Sucre en carta dirigida a Bolívar el 19 de noviembre aseguraba tener más de 5000 hombres de a pie y 1000 de a caballo, lo que representaba más de 6000 en total.
Después del revés que sufrió el ejército patriota en Corpahuaico, en que tuvo apreciables pérdidas; su ejército quedó conformado por 4000 colombianos, 1200 peruanos y sólo 80 argentinos.
El P. Rubén Vargas Ugarte, en
“Historia General del Perú”, dice que
Canterac con el resto de esta arma y
dos batallones del Gerona constituía la reserva. La artillería desmontada quedó a la
retaguardia de Villalobos, salvo algunas piezas que llevaba Valdés. El plan de los realistas era sencillo. Se reducía a rebasar la izquierda de los
patriotas (que mandaba
Relata el P. Vargas, que Valdés
desde las faldas del cerro Condorcunca miraba con largavista el movimiento de los patriotas. Luego “fijando el anteojo sobre el terreno de
la derecha que era el punto que a él se había asignado les decía: Es la división peruana la que a esa parte se dirige,
voy a vérmelas con
Como puede apreciarse, todo el poder
español en Ayacucho buscaba concentrarse contra
Sucre dispuso que
Fue Valdés el que inició el ataque al que le salieron al encuentro los
guerrilleros morochucanos al
mando del coronel Carreño. No había contado Valdés con este
contratiempo, pero pronto lo superó y se volcó como una avalancha, atacando la
infantería mientras que la caballería golpeaba los flancos de
El general Villalobos, debía atacar,
sólo cuando Valdés estuviera ya arremetiendo con el grueso de sus fuerzas
sobre
Pero resultaba que Valdés no había podido penetrar y romper
a
Mientras tanto la caballería realista al mando de Feraz, no pudo apoyar a la infantería en sus movimientos por que le salió al encuentro la patriota al mando de Miller. Todo el plan de Valdés había fracasado.
Los españoles iniciaron un repliegue general ante la arremetida temeraria de Córdova.
El general Valdés ya sin
esperanza siguió luchando valientemente
como simple soldado, en claro intento de morir en acción para no sobrevivir a
la vergüenza de la derrota. Sus ayudantes
lo sacaron, hasta donde estaban los otros jefes españoles ya derrotados con
Canterac que había asumido el mando de los restos de ese ejército por estar
La capitulación se ajustó entre Sucre y Canterac.- Antes hubo
consejo de oficiales en el ejército realista y hasta el general Jerónimo Valdez
aceptó.
De acuerdo a la
capitulación en todos los lugares del Perú donde habían guarniciones españolas,
estas debían entregar las armas, cuarteles, bagajes y caballos militares a los
independientes..Los oficiales y soldados españoles que
deseaban regresar a su patria, recibirían pasaje pagado del gobierno peruano, y
mientras tanto podían conservar su uniforme. Los oficiales y soldados del
ejercito español, podrían ingresar al ejercito peruano, si así lo quería, y
conservarían su grado militar..
Los solados españoles derrotados en Ayacucho formaron en columnas y recibieron los honores militares de una rendición honrosa.
Algunas estipulaciones de la capitulación no se pudieron cumplir, pues el general realista Olañeta seguía sublevado en el Alto Perú. En el Callao, el general Rodil se negó a entregar la fortaleza, y los habitantes de Huanta se negaron aceptar la capitulación de Ayacucho.
Los realistas tuvieron 1400 hombres entre muertos y heridos. Los prisioneros llegaron a 1000. Se tomaron 2500 fusiles y toda la artillería consistente en 14 piezas.
En las filas patriotas, los muertos y heridos fueron los siguientes:
|
DIVISION |
C U E R P O |
MUERTOS |
HERIDOS |
|
H E R I D O S |
|
T O T A L |
|||||
|
|
|
OFICIALES SOLDADOS |
OFICIALES SOLDADOS Totales |
|
|
|
GENERAL |
|||||
|
|
Estado
Mayor |
|
0 |
4 |
0 |
|
|
|||||
|
1ra
de |
Rifles |
3 |
51 |
1 |
39 |
|
|
|||||
|
Colombia |
Vencedor |
1 |
28 |
4 |
144 |
334 |
|
|||||
|
|
Vargas |
1 |
20 |
1 |
31 |
|
|
|||||
|
|
Húsares |
0 |
13 |
3 |
20 |
|
|
|||||
|
|
Artillería |
0 |
0 |
1 |
31 |
|
|
|||||
|
División
|
Legión
Peruana |
0 |
3 |
1 |
10 |
|
|
|||||
|
Peruana |
Numero
1 |
0 |
6 |
3 |
25 |
184 |
|
|||||
|
|
Numero
2 |
0 |
48 |
2 |
21 |
|
|
|||||
|
|
Número
3 |
0 |
20 |
0 |
21 |
|
|
|||||
|
|
Húsares de Junín |
0 |
8 |
2 |
12 |
|
|
|||||
|
|
Bogotá |
1 |
24 |
4 |
61 |
|
|
|||||
|
2da
de |
Voltígeros |
0 |
19 |
7 |
60 |
|
|
|||||
|
Colombia |
Pichincha |
2 |
20 |
6 |
55 |
461 |
|
|||||
|
|
Caracas |
0 |
30 |
9 |
128 |
|
|
|||||
|
|
Granaderos Montados |
1 |
10 |
3 |
21 |
|
|
|||||
|
T
O T A L E S |
300 |
|
51 |
619 |
979 |
|
||||||
Los 80 argentinos estaban integrados en el Regimiento Granaderos Montados. Por el número de bajas peruanas se puede asegurar que el ataque de Valdés no resultó muy mortífero, y los peruanos no llegaron a desorganizarse, resistiendo a pie firme.
La lucha peruana por la independencia fue en realidad una contienda civil, pues tanto en filas patriotas como realistas habían gran cantidad de peruanos. Los españoles, más tarde para justificar su derrota trataron de echar culpa a la baja calidad de sus soldados olvidando que con ellos habían antes obtenido ruidosos triunfos.
Por otra parte los soldados peruanos de uno y otro bando mostraron constancia, y resistencia en las largas y rápidas marchas y contramarchas en la cordillera de los Andes. Fue el general Valdés el que tuvo una visión más cabal de la situación pues en su informe que tiempo después presentó a la corte de España, aseguraba que la tropa había sido ganada a la causa rebelde. Eso era lo cierto, los soldados peruanos que militaban en el ejército realista llegaron a tener conciencia de su situación y de que se les estaba utilizando para sostener un régimen contrario a sus intereses. Sabían también que al frente tenían como ocasionales enemigos a muchos amigos parientes o simples compatriotas, por eso perdieron el entusiasmo por luchar y hasta se negaron a ello.
No fue pues la victoria de Ayacucho un triunfo de soldados colombianos sobre soldados peruanos, como algunos historiadores extranjeros lo han pretendido.
Los piuranos siempre se habían preocupado por disponer de un cementerio alejado del centro de la ciudad.
En 1814, en cumplimiento de ordenanzas dadas por el rey desde un año antes, las autoridades piuranas dieron disposiciones concretas para la construcción del cementerio y hasta se entró en trato con el maestro de obras José Antonio Vilela, el mismo que años más tarde tuviera destacada actuación en la proclamación de la independencia de Piura.
Pero como siempre, se tropezó con la
falta de fondos por cuyo motivo se pensó
en hacer un panteón provisional, con lo cual después de todo, como
súbditos fieles, se cumplía con
Para calcular las dimensiones de ese
panteón provisional se apeló a una estadística de defunciones que en 1806 había
elaborado el cura párroco Casimiro de
Diez años más tarde, el cementerio
seguía siendo la preocupación de los piuranos, y al frente de la parroquia
seguía el P. Casimiro de
En setiembre de 1824, el cabildo se ocupaba otra vez de la necesidad de la “fábrica del panteón de que carecía la ciudad, con grave perjuicio de su natural salubridad”. Para financiar su construcción se propuso la utilización de las limosnas de los cautivos cristianos y Lugares Santos de Jerusalén, que en forma “regular el vecindario había visto con el mayor escándalo disiparse por los legos cobradores”. Por lo tanto, se acordó en el cabildo, que la construcción del panteón se hiciera por cuenta de la construcción de la iglesia matriz, que en esa época se estaba reconstruyendo, y que cualquier diferencia se cubriese con las limosnas de los vecinos.
El entusiasmo de los señores regidores por tener un nuevo cementerio y erradicar al que existía próximo a la iglesia matriz, fue grande pero la cosa no pasó de allí, en efecto, el 27 de junio de 1825 se acordó dejar el asunto al cabildo siguiente.
En el cabildo piurano se debatió la urgencia de construir puentes sobre los ríos Quiroz y Macará.
Esto como resulta claro, era para asegurar el comercio bastante intenso que Piura hacía con Loja.
Hacía poco más de un mes, que el alcalde titular, don Manuel Valdivieso y Carrión, recién había tomado posición del cargo, pues según manifestó en su descargo, las lluvias que fueron fuertes en 1824- lo habían tenido inmovilizado en su hacienda Macará.
A las claras se veía que el pedido de construcción de los dos puentes se hacía por influencia del alcalde, pues uno –el de Quiroz- le facilitaba el arribo a su hacienda y el otro favorecía al intercambio comercial fronterizo. Se acordó una especie de impuesto a las importaciones, debiendo pagar ocho reales cada mula que cruzara la frontera con efectos del Ecuador. En cambio, los que llevasen ropa al otro lado, pagarían cuatro reales y los efectos de menor importancia, un real.
Ya en plan de crear tributos, se acordó también el pago de un real por cada tercio de 7 arrobas, de algodón que salga de la provincia. En caso de ser desmotado, las pacas de 6 arrobas pagarían dos reales.
El aguardiente de caña pagaría dos reales por botija y el pisco se subía, el pago de dos a cuatro reales. También se trató del remate de las balsas que hacían el pase de los ríos Chira y Piura. En el primero de los nombrados, el remate de balsa existió hasta después de 1930.
Muchos fueron los piuranos que como simples soldados o clases, lucharon en los campos de Ayacucho.
Gran parte de ellos formaron parte del Batallón Nº 4 que se formó en Piura en 1821 siendo a fines de ese año trasladado a Lima.
Este batallón tomó parte en las desafortunadas campañas de intermedio y en las luchas del Alto Perú. El resto se incorporó al ejército que formó Bolívar en el Callejón de Huaylas.
José María Raygada, sullanero integrante de
Francisco Alvarado Ortiz, paiteño, luchó en Ayacucho como Subteniente resultando herido. Fue condecorado por su participación en Junín y en Ayacucho. Llegaría a general.
Juan José Farfán, luchó como cabo en Ayacucho, integrando el Regimiento Húsares de Junín. Eugenio Raygada, Ignacio Seminario, también en la caballería.
José María Frías, paiteño que también había combatido en Junín, participó en la batalla de Ayacucho. También llegó a general.
Ventura Raygada, sullanero, ayudante mayor en el Húsares de Junín.
Gerónimo Garrido, porta estandarte del 1er. escuadrón del mismo glorioso regimiento. José Garrido, Antonio Merino, son otros piuranos vencedores en Ayacucho.
Recién en sesión del 14 de enero de 1825, el cabildo de Piura, tomó acuerdo para celebrar la victoria de los patriotas en Ayacucho.
Con tal fin, se nombró una comisión de vecinos para que efectuase una colecta pública, debiendo el cabildo cubrir el déficit en caso de haberlo. Se citó también a los maestros mayores de los gremios y a los comisarios de los barrios para comprometer su ayuda.
Tres días más tarde, la comisión nombrada informaba que el vecindario no quería contribuir con sus colectas pretextando el estado de miseria en que estaban, y que por lo tanto, devolvían los poderes. Los regidores discutieron este asunto y llegaron a la conclusión de que tampoco el cabildo podía hacer frente a los gastos de celebración por cuanto se encontraba la caja municipal en falencia debido a que los contribuyentes estaban muy morosos en el pago de sus tributos. De todo esto se acordó informar al intendente. Este recibió muy mal la comunicación del cabildo, insistiendo que con fecha 23 de diciembre, el ministro de estado, por conducto de los prefectos, había dispuesto la celebración de fiestas cívicas en todo el país.
Ante esta situación no quedó más recurso que hacer una colecta entre los mismos regidores y el intendente.
El intendente don Manuel Valdivieso contribuyó con 20 toros. El alcalde Francisco Frías Adrianzén, con 17 pesos. El alcalde de 2da nominación Tomás de Aquino Vásquez cn 5º pesos, don Manuel Echandía con 25, Francisco García con12, Mariano del Valle con 25 Baltasar de Taboada con 25, Joaquín Suárez con 25, Juan Helguero con 12, Manuel Silva con 25, Manuel Cortés con 12 y el secretario con 6. Todo ascendía apenas a 221 pesos, poniendo el municipio otros 200 pesos.
Por lo que podemos apreciar, los piuranos no se mostraban muy
generosos con
Por lo tanto la celebración de la victoria de Ayacucho, se hizo en Piura, tarde y sin brillo y sin entusiasmo, en contraste con la forma como se desarrollaron los actos iniciales de la emancipación, cuando sí hubo auténtico calor popular.
Para establecer términos de comparación a un diputado se le pagaba por dietas 1º pesos diarios.