En la sala de sesiones del congreso, el 12 de noviembre de
1823, o 4to. de
La firmaron 55 diputados, no habiéndole hecho ninguno de Piura, por cuanto aún, no habían llegado a Lima Diéguez y Arrunátegui que por esos días se aprestaban a desertar del bando de Riva Agüero.
La constitución contaba con 194 artículos. El artículo primero revelaba la preocupación de los convencionales, por asegurar la plasmación de la nación peruana y por eso decía: “Todas las provincias del Perú, reunidas en un solo cuerpo forman la nación peruana”.
Cerraba el paso a toda pretensión monárquica en el artículo 2do. que decía: “Esta (la nación) es independiente de la monarquía española, y de toda dominación extranjera; y no puede ser patrimonio de ninguna persona ni familia.
El concepto que tenía de soberanía era diferente al que se tiene ahora y en el artículo 3ro. expresaba: “La soberanía reside esencialmente en la nación…”
Se ponía al hombre antes que al Estado, cuando decía “La nación no tiene facultad para decretar leyes que atenten a los derechos individuales”. Bella expresión, que las leyes de la república no siempre respetaron.
No obstante, las ideas profundamente
liberales de los diputados, eran también fervientes católicos, por eso a diferencia de los convencionales de
Determinaba la constitución quienes eran peruanos, y establecía que nadie nacía esclavo en el Perú. Se prohibía el comercio de esclavos y se sancionaba al que ejercía ese comercio. La constitución sin embargo, nada decía de los que aún eran esclavos. Su situación siguió igual hasta que Ramón Castilla abolió la esclavitud.
La ciudadanía se adquiría a los 25 años o al casarse. Además se debía saber leer y escribir, y tener propiedad, o ejercer profesión oficio u ocupación.
La constitución establecía los requisitos para que un extranjero pudiera adquirir la ciudadanía peruana.
Para ejercer un cargo público se requería ser ciudadano. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley -decía el art. 23º- y no se reconocen empleos ni privilegios hereditarios. También la constitución establecía los casos en que se suspendía o perdía la ciudadanía.
El gobierno era popular y representativo y se reconocía la existencia de tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Pero todo el Capítulo II, se destinaba al Poder Electoral, a la forma de elegir y ser elegido.
El Poder Legislativo lo componían los diputados elegidos por provincias y no por departamentos. En el artículo 52º se establecía la fórmula de la juramentación de los diputados.
El congreso debía iniciar sus reuniones el 20 de setiembre de cada año, y sesionar tres meses seguidos. Cada dos años, se renovaría el congreso por mitad y por sorteo. Se reconocía la inmunidad parlamentaria. Al congreso se le reservaba una gran cantidad de facultades, contenidas en 31 incisos, lo que hacía del Legislativo el mayor Poder.
Había un senado conservador, integrado por tres senadores por cada departamento. El cargo duraba nada menos que doce años, renovándose cada cuatro años. Entre sus atribuciones estaba la de velar por la observancia de la constitución, elegir a los empleados de la lista civil, convocar al congreso en forma extraordinaria y en forma ordinaria cuando el Ejecutivo no cumpliera con hacerlo, encausar a los magistrados, gestionar empréstitos, velar por los derechos de las reducciones andinas y de los habitantes de las tribus selváticas.
En cuanto al Poder Ejecutivo, consideraba a un presidente y a un vice-presidente.
El presidente era responsable de los actos de su administración. Era jefe de la administración pública y de la fuerza armada. Promulgaba, mandaba a ejecutar y cumplir las leyes. Declarar la guerra de acuerdo a las resoluciones del congreso y ajustar tratados de paz o de alianzar o firmar convenios con naciones extranjeras, con arreglo a la constitución. Nombraba a los jefes del ejército y de la armada de coronel para arriba, con acuerdo del senado, lo mismo que ministros de estado y agentes diplomáticos.
Sólo se consideraban tres ministros; de Hacienda; de Gobierno y Relaciones Exteriores y el tercero de Guerra y Marina.
El Poder Judicial lo componía una
Suprema Corte de Justicia con un presidente, ocho vocales y dos fiscales. Para ser presidente de
En Lima, Trujillo, Cuzco y Arequipa tendrían cortes superiores. En todas las provincias habría jueces de derecho, para lo cual se requería ser abogado, tener 30 años de edad y 6 años de ejercicio de la profesión.
En las causas criminales intervenían los jurados.
Se prohibía la confiscación de bienes y la aplicación de penas infamantes…Sólo en casos extremos se podía aplicar la pena capital.
Se establecía que en el término no mayor de 24 horas se debía hacer conocer a los detenidos la causa de su arresto. Se consagraba la inviolabilidad de domicilio.
Se reconocía al Poder Municipal y se establecía la formación de Colegios Electorales de Parroquia para la elección anual de alcaldes y concejales. Eran atribuciones de los municipios, el llamado orden, instrucción primaria, beneficencia, seguridad y salubridad, ornato y recreo.
Se daban normas sobre la hacienda
pública y sobre el Presupuesto de Gastos.
Se establecía
La fuerza armada de tierra estaba constituida por el ejército de línea, la milicia cívica y la guardia de policía. La milicia cívica se encargaría de mantener la seguridad dentro de los ámbitos de una provincia. Se establecía el servicio militar obligatorio.
Se reconocía la libertad de prensa y se establecía que en cada capital de departamento debía funcionar una Universidad. Las escuelas de primaria debían existir en todo centro poblado.
Se reconocían las siguientes garantías constitucionales; libertad civil, seguridad personal y de domicilio, de la propiedad, secreto de las cartas y derecho de presentar peticiones.
La constitución establecía en su artículo 7mo. Que el territorio se dividía en departamentos, estos en provincias, la provincias en distritos y éstos en parroquias.
Al frente de cada departamento debía existir un prefecto, en la provincias estaban los intendentes y en los distritos los gobernadores.
Los departamentos existentes al darse esta Constitución eran: Trujillo, creado por el Reglamento Provisional el 12 de febrero de 1821 o sea antes de la declaración de la independencia.
Lima, creado el 4 de agosto de 1821. Luego por Decreto del 26 de abril de 1822 los siguientes: Arequipa, Huamanga, Cuzco, Huancavelica y Puno.
El 4 de noviembre de 1823 o sea pocos días antes de darse la constitución, Torre Tagle creó el departamento de Huánuco por fusión de Huaylas y Tarma.
El departamento de Trujillo tenía las provincias de Cajamarca, Chachapoyas, Lambayeque, Huamachuco, Pataz y Piura.
En Piura, la jura de
El intendente, coronel José Ignacio Checa y Salas, lanzó desde los balcones del cabildo una arenga al pueblo congregado en la plaza de armas.
Hay que recalcar que durante el breve período del gobierno de Riva Agüero, estuvo al frente de los destinos del municipio de Piura, don Jerónimo Seminario y Jaime. Mucho del acontecer político piurano, gravita en torno a la figura señera de este personaje y de su familia.
Es decir, que Piura por ese entonces tenía autoridades políticamente encontradas, pues mientras que el municipio hacía llegar a Riva Agüero su adhesión, en cambio el intendente político era adicto a Bolívar.
Como se recordará, la aprobación de la constitución por la asamblea constituyente, y el derrocamiento de Riva Agüero fueron hechos casi simultáneos.
El intendente José Ignacio Checa, era hijo de Ignacio Checa Carasscosa, que había sido Gobernador de Loja y de Zamora, habiéndose radicado en Piura, antes de la proclamación de la independencia, cuya causa abrazó desde el principio. En 1814 se casó con la dama piurana Rosa Valdivieso Carrión, siendo el tronco de conocidas familias piuranas.
En enero de 1824, el
prefecto de Trujillo, nombró como nuevo intendente de Piura al teniente coronel
Miguel María Riofrío y apenas este desembarcó en Paita, se hizo reconocer por
las autoridades del puerto. Eso se supo en Piura, y rápidamente el
cabildo, instituciones y vecinos de
Piura, elevaron un petitorio a Bolívar, solicitando la permanencia de Checa en
la intendencia a lo cual accedió el Libertador, pues conocía los merecimientos
de Checa y su adhesión.
Estaba por ese tiempo como alcalde interino –y lo siguió siendo por mucho tiempo- don Andrés Rodríguez, uno de los firmantes de la adhesión del cabildo a Riva Agüero, pocos meses antes.
El teniente coronel Ramón Castilla, -que con el correr del tiempo llegaría a ggeneral y presidente- fue comisionado para que hiciera en la provincia de Piura, el reclutamiento o leva para incrementar al ejército libertador que se aprestaba a iniciar campaña.
Los piuranos habían ya dado una alta
cuota de sangre cuando Santa Cruz estuvo
en esta región, y una gran cantidad de hijos de estas tierras formaron
Más tarde, los soldados de esa división fueron a luchar en la desastrosa expedición de Intermedios y muchos murieron allá en el sur y por último, no pocos fueron despachados a las frígidas regiones de Bolivia para luchar contra Olañeta. Fueron muchas las familias que nunca más volvieron a ver a los jóvenes que habían partido y había muchos lutos.
En esas circunstancias, no cabía esperar que hubiera demasiado entusiasmo, por enrolarse como soldado para luchar en remotas regiones.
Los levados eran acuartelados en el cuartel del Carmen y hacia allá fue un vecino de Catacaos don Rafael Lalupú, para solicitar que dejara libre a su hijo enrolado. El diálogo se tornó violento, y el iracundo Castilla, mandó a dar en el patio del cuartel 200 azotes al reclamante en presencia del capitán Manuel Rejón, el mismo que había sido antes jefe político y militar de Paita Independiente.
La pena de azotes como castigo infamante había sido prohibida por la recién jurada constitución, además don Ramón Castilla no era quien para sentenciar en civiles tales castigos, de tal manera que la cuestión se tornó en grave escándalo, yendo en queja ante la intendencia y el cabildo.
Se hizo la correspondiente investigación y quedó comprobado el abuso que había cometido don Ramón Castilla. Como consecuencia de todo eso no pudo asumir el cargo al cual se le destinaba de Jefe Militar de Piura, y fue puesto a disposición del comando del ejército libertador.
Don Ramón había desempeñado papel importante en la deposición de Riva Agüero. Más tarde tomó parte en la batalla de Ayacucho y cuando fue presidente no guardó rencor a Piura, pues en 1861 hizo de la provincia de Piura, un departamento.
Muchos de los levados, en primera oportunidad desertaban, y eso no sólo ocurría con soldados procedentes de Piura, sino de todos los lugares del Perú.
Por esos días tal como se puede
apreciar por las Actas de los Libros del
Cabildo algunos soldados piuranos del
Regimiento Coraceros de
Además, el cabildo estaba muy preocupado en otros problemas, como era la epidemia de viruela que había estallado, para combatir la cual, se estaba gestionando la vacuna de Guayaquil.
Don Víctor Eguiguren, en su estudio del régimen de lluvias en el departamento de Piura, titulado “Las lluvias en Piura” da un cuadro sobre intensidad de las lluvias caídas entre 1791 y 1890.
En dicho cuadro se señala a 1824 con el factor 3, de acuerdo a una clasificación del señor Eguiguren. Según el estudio se tenía 0 para años secos, 1 para ligeras lluvias, 2 para años regulares, 3 para años buenos y 4 para años extraordinarios. Por lo tanto, 1824 fue un año bueno para agricultura, o sea bastante lluvioso.
En la sesión del cabildo del 12 de marzo se trató de las lluvias y de las inundaciones causadas por el río Piura.
Textualmente se expresa: “Se acordó que con respecto a la inundación en que se hallan las calles de esta ciudad con motivo de las actuales aguas, el señor juez de solares, regidor don Mariano Salazar, con asistencia del maestro mayor de albañilería, haga un prolijo reconocimiento de los edificios y que a los que encuentre en estado de ruina, obligue a los propietarios que a su costa, los derriben para evitar los males que son consiguientes, y que dé su puntual cumplimiento se dé cuenta. Asimismo, por la necesidad que en razón de víveres se experimenta en el día por igual motivo, se acordó que a más de los señores regidores que se hallan de turno, los demás señores en el presente tiempo, celen y cuiden de este importante asunto para que no se haga monopolio, ni el público sea hostilizado.”
En la misma sesión se denunció al concesionario de la balsa don Pedro Alcedo que había elevado el valor d el pasaje a dos reales y hacía monopolio de los víveres, y se acordó fuera notificado para que siguiera cobrando sólo un real bajo pena de multa de 25 pesos.
Es decir que considerando el año 2.000, hacía 179 años, existían los mismos vicios, y se producían los mismos hechos sin que nada en el fondo haya cambiado de ese tiempo acá, o sea que el río se salió e inundó la ciudad, la lluvia derribó casas, se produjo la especulación y el acaparamiento y el balsero –no había puentes- se aprovechó de la necesidad encareciendo el pasaje y el flete y contribuyendo al acaparamiento.
¿Son acaso todos esos males de la raza?
Don Faustino Sánchez Carrión fue un incondicional admirador y seguidor del Libertador Simón Bolívar con el cual sostuvo una nutrida correspondencia.
El día 8 de
diciembre de 1823, se dirigía a Bolívar
al cual llamaba “Mi muy respetado General, mi amadísimo Libertador. En la comunicación enviada a Trujillo, le
contaba Sánchez Carrión de sus enfermedades como el reumatismo, de un ataque
bilioso y de diarrea.
Luego, pasa a relatarle algunos sucesos políticos que ahora
se podrían calificar de chismes y era así como se expresaba en la forma que
sigue: “Ya me dicen que el señor Tagle ha designado o trata de designar
gobernadores para Piura, Cajamarca, etc.
¿Y que pollos?. El que va a Piura es famoso; esta es la cruel desventura del Perú y si V.E. no arregla todos estos gobiernos confiándolos a
personas honradas y que sean de allí
mismo, continuarán esos patriotas
en su misma dolorosa situación que hasta hoy”.
Sánchez Carrión
En la misma carta insistía Sánchez Carrión en recomendar a un trujillano Ugarte que fue desleal a Bolívar en Guayaquil.
El 15 de abril de 1824, estando ya nombrado el intendente de Piura, insiste Sánchez Carrión mal informándolo en carta que desde Trujillo envía al Libertador que estaba en Huaylas. Dice José Faustino lo siguiente en esta nueva oportunidad.
“Por datos positivos sé que el intendente de Piura, Peralta, es un gran jugador y algo atronado; Este es un gran defecto y tal especie de gente nunca puede cumplir bien porque después de abandonar las obligaciones contemporiza con todos los que tienen dinero porque les cubren sus vicios. Yo observo con dolor que todos los padres que tienen hijas bonitas son considerados, de que resulta que el pobre llena con su sangre lo que éstos deben dar; y de allí el descontento y las violencias. En Piura hay hombres ricos y a uno sólo se le han echado arriba de mil quinientos pesos. ¿Qué vale que V.E.se agite y expida providencias fuertes si las manos segundas no las ejecutan? Mi General, mientras las provincias no sean servidas por hombres de juicio, nada podemos hacer”.
Este Peralta al que se refiere en forma tan poco favorable don José Faustino Sánchez Carrión es don Manuel Peralta, sargento mayor del ejército.
Fue muy poco el tiempo que Peralta sirvió en Piura, pues en marzo de 1824 se encontraba al frente de la intendencia el coronel don José Ignacio Checa. Fue recién el 16 de ese mes que en el Cabildo de Piura, el mayor Peralta jura como Intendente Interino nombrado por el Prefecto, tal como lo dice igualmente Carlos Robles Rázuri se excedió en atribuciones al nombrar a Peralta pues Bolívar por carta había hecho conocer que debía ser Ignacio Checa el nombrado como titular.
En el mismo mes
arribó a Piura como Superintendente y Comandante General el teniente coronel don
Trinidad Morán que luego jugaría en los primeros años de la república un
importante papel, asimismo, en los años
de la formación de nuestra nacionalidad tomando parte en todos los sucesos que
conmovieron al país hasta que murió trágicamente al ser fusilado.
En marzo, Bolívar se aprestaba a abrir campaña contra el ejército realista que ocupaba las serranías del centro y del sur del Perú. Eran las fuerzas del Rey, superiores en número, en armamento y en veteranía. En realidad se trataba para la época de una formidable fuerza y su talón de Aquiles podría estar, en que buen número de esos soldados eran peruanos y por lo tanto en el fondo de su corazón, partidarios de la causa de la libertad.
Fue el teniente coronel Morán el que se encargó de transmitir al cabildo una disposición del propio Libertador por la cual asignaba a la provincia de Piura un cupo en efectivo y animales, como contribución a la campaña. El aporte debía ser :
-En efectivo 25.000 pesos
-Reses. 1.000 cabezas
-Mulas 600 cabezas
-Caballos 500 ejemplares
Como se ve, no era poca cosa lo que se pedía, para ese tiempo y la caballada solicitada excedía en mucho a las necesidades requeridas por todo un regimiento.
A los señores ediles, el pedido los anonadó y más aún cuando para su cumplimiento sólo se daban 40 días de plazo. De inmediato se le hizo conocer al superintendente Morán la imposibilidad de atender el cupo, pero éste se mostró inflexible. No quedó más recurso que formar una comisión para tratar de dar cumplimiento a lo dispuesto por Bolívar. La formaron por dos representantes del cabildo, uno del clero, el ex-intendente Checa (pues ahora estaba en ese cargo el sargento mayor Manuel Peralta) y el hacendado Francisco Escudero.
El cabildo decidió que todos los arbitrios recaudados fueran a engrosar el cupo, con lo cual el presupuesto municipal quedó quebrado y desfinanciado.
Hasta ese momento, el alcalde titular Manuel Valdivieso, no se había incorporado. Este señor se encontraba en su hacienda Macará pero por estar los caminos cortados por las lluvias, las quebradas y los huaycos, no había podido trasladarse a la ciudad de Piura. Lo hizo recién en agosto.
En abril de 1824, es nombrado por Bolívar como comandante militar y gobernador político el coronel colombiano Manuel Torres Valdivia.
Mientras tanto ya se habían cumplido los 40 días de plazo para la entrega de la contribución que le correspondía a Piura y la colecta llegaba en esos momentos a 16 186 pesos, de lo que se informó a Torres Valdivia.
Como el comandante militar no tenía
atribuciones, no podía otorgar rebajas y por eso dispuso que se reactivara la
colecta. Días más tarde, Torres Valdivia
dio un verdadero ultimátum al cabildo de
acuerdo a lo cual en el término de dos horas, los hacendados más cercanos debían de contribuir con 250 reses para atender las necesidades de la
escuadra que en breve iba a tocar en Paita de retorno a Huanchaco, y que si no podían hacer la contribución con
animales, deberían sostener los gastos
de la escuadra. También se
pedían 200 caballos. Esto como era
natural causó mucho malestar en Piura y se murmuraba que
Recién a fines de agosto llegó a Piura una Suprema Orden de Bolívar dejando sin efecto, la obligación de la provincia de Piura de cubrir los ocho mil pesos del cupo que aún faltaban.
El ministro de Bolívar, Sánchez Carrión, desde la localidad de Cerro de Pasco en donde se encontraba el ejército patriota en persecución del realista, dio el 2 de agosto,
o sea en casi las vísperas del combate de Junín, la orden de exoneración del pago de los 8.000 pesos.
Dicha orden decía lo siguiente:
Cerro de Pasco, Agosto 2 de 1824.
Al Señor Prefecto de Trujillo.
En
consecuencia de haber representado
De Orden Suprema, lo comunico a V.S. para su conocimiento. Dios, etc. JSC.
A fines de 1821, cuando Sucre desde
Guayaquil pedía a San Martín con desesperación lo auxiliara con tropas peruanas, el Protector
mando como su delegado ante
A su paso por Piura, se vinculó con muchas personas de las que guardó siempre muy gratos recuerdos. También le agradó su clima cálido.
La salud del general Salazar era bastante precaria en 1823, viéndose precisado en marzo a renunciar el cargo de Ministro de Guerra y Marina siendo reemplazado por el coronel de cazadores don Ramón Herrera.
Posteriormente se radicó en San Pedro de Lloc y desde allí solicitó al ministro de Bolívar don José Faustino Sánchez Carrión, autorización para trasladarse a residir en Piura, lo que le fue concedido.
Con tal motivo, Sánchez Carrión envió al general Salazar, la siguiente comunicación el 8 de abril de 1824.
“Su Excelencia el Libertador, en vista de la apreciable comunicación que se sirvió Ud. dirigirme desde San Pedro, con fecha tres de los corrientes, solicitando permiso para pasar a Piura a restablecer su salud y permanecer allí o en otro lugar de este departamento, se ha servido prevenirme conteste a V.S. que puede presidir en cualquier punto del Perú Libre que conceptúe favorable al objeto que expresa”.
Con posterioridad, asumió el General Salazar el cargo de Inspector General, pero en abril de 1825, renunció.
Al iniciarse el año 1824 la situación de los patriotas era muy comprometida en el Perú.- Los realistas dominaban el sur y el centro del país, y en Lima la situación de los independientes era insostenible. Por otra parte, Bolívar muy achacoso había establecido su cuartel general en Pativilca, al norte de Lima..
Para ganar tiempo, dispuso que el presidente Torre Tagle buscara con los realistas un armisticio de seis meses. Fue enviado entonces en tal misión el ministro de guerra Berindoaga, pero no se logró nada positivo.
Torre Tagle se dio cuenta de que era presidente sólo en nombre y que todas las decisiones las tomaba Bolívar, él que en todo prefería a los soldados colombianos con perjuicio de los argentinos, chilenos y sobre todo de los peruanos. A igual que antes pasó con Riva Agüero, también Torre Tagle empezó a desconfiar de las intenciones del Libertador, y llegó a la conclusión de que preferible era entrar en negociaciones con los españoles tomando como base el reconocimiento de la independencia del Perú. Se trataba en buena cuenta de llevar a cabo un plan similar al propuesto por San Martín en Punchauca, y más tarde por Riva Agüero, pero al interceptarse algunas comunicaciones por los partidarios de Bolívar, se les dio el carácter de una traición que en realidad para los verdaderos interesados en el bienestar del Perú no había tal. Como consecuencia de todo eso se dispuso la captura de los dos personajes, pero Torre Tagle logró esconderse, no así Berindoaga o Conde de San Donas que fue juzgado y fusilado.
Por pura coincidencia, en esos días –5 de febrero de 1824- la
guarnición argentina que estaba a cargo de los Castillos del Callao, se sublevó
por la falta de paga, abastecimiento y
vestuario. El autor del motín fue
el sargento Moyano, que procedió a apresar a sus
oficiales y a poner en libertad a los
oficiales españoles que estaban en el Castillo.
El de más alta graduación era el
coronel José María Casariego, el mismo que nada pudo hacer frente a la decisión
de los patriotas piuranos en enero de 1821.
En esta oportunidad, Casariego desplegó gran actividad y energía haciéndose cargo del control de esa fortaleza, lo cual demuestra que era un jefe arrojado y muy activo.
Poco tiempo más tarde, el prestigioso cuerpo de caballería argentina, “Granaderos de los Andes” que estaba en la tabla de Lurín, también falto de paga y de abastecimientos, se sublevó, apresando a sus jefes, y marchó a unirse a los rebeldes de los Castillos.
La situación en Lima de los patriotas se hizo insostenible y se vieron precisados a abandonarla el 27 de febrero de 1824. De inmediato un ejército realista a las órdenes del general Juan Antonio Monet ocupó la capital. Ante él se presentó Torre Tagle, entregándose como prisionero y pidiendo su envío a Chile, pero Monet no quiso darle tal tratamiento, lo cual perjudicó más a Torre Tagle ante los ojos de los patriotas.
Una gran cantidad de notables de Lima, oficiales, diputados y autoridades, desalentados de la causa patriota, se pasaron al bando realista y se refugiaron en la fortaleza.
Monet, nombró como gobernador de Lima al coronel Mateo Ramírez, el mismo que en cierto momento y años atrás había estado a cargo de la defensa de Paita frente a Cochrane. Este hombre se portó con sadismo y una crueldad infinitas. Se complació en hacer escarnio público de los antiguos adictos a la causa de la libertad, de perseguirlos, confiscarles sus bienes, apresarlos y fusilarlos.
Lima no era sin embargo un sitio militarmente estratégico, y el 18 de marzo los españoles volvieron a abandonar la ciudad.
Felizmente para la causa patriota
que estaba tan mal al iniciarse el año 1824, el general realista Olañeta que estaba en el Alto Perú con poderoso ejército, se sublevó contra sus superiores, lo cual obligó al virrey
Olañeta tenía como segundo jefe al coronel Francisco Valdez, alias el “Barbirucho”, el mismo que con el coronel José María Casariego, fueron dominados por los patriotas piuranos en enero de 1821.
Cualquiera hubiera creído que estos dos jefes eran ineptos y cobardes como para haber sido dominados sin combatir en Piura; pero lo cierto era que se trataba de oficiales valientes, capaces y de gran coraje como lo demostraron en acciones de guerra en que intervinieron posteriormente. En el Alto Perú, (Bolivia), el “Barbirucho” tuvo oportunidad de enfrentarse con el general Jerónimo Valdez, que era el mejor jefe español, y en no pocas oportunidades le inflingió derrotas, sin llegar a destruirlo, hasta que al fin el general J. Valdez logró imponerse a su tocayo y paisano y tomarlo prisionero.
En eso estaban, cuando Bolívar abrió
la campaña contra
Equipar, movilizar y poner en situación de combatir en una guerra combativa a un ejército como el que estaba formando Bolívar, costaba mucho dinero, y eso lo tenía que sacar sólo de Lima y de las provincias del norte. Mucho del gasto se utilizaba en atender las necesidades de las fuerzas colombianas que tenían prioridad sobre las demás, en una demostración de irritante favoritismo. Por otra parte, los oficiales colombianos se mostraban prepotentes y en exceso vanidosos, mientras sus soldados se entregaban a la depredación. Todo eso fue creando un clima contrario contra esos soldados extranjeros y en algunos casos se decía que Bolívar y los colombianos eran peores que los españoles.
Bolívar para financiar los gastos de la campaña puso cupos a las poblaciones, en dinero, especies y ganados. Confiscó las propiedades de Riva Agüero, de Torre Tagle y de los que creía habían colaborado últimamente con los españoles. Extrajo de las iglesias el oro y la plata que no fueran necesarios para las ceremonias del culto. A los curas les puso un cupo de 500 pesos a cada uno y hasta se apoderó de las rentas de los diezmos.
Bolívar para llevar adelante la
guerra contra los ejércitos del virrey
Esto como es natural, sólo se aplicó en aquellos lugares que estaban controlados por el ejército patriota. Medida tan extrema, causó bastante desagrado en los fieles y también en los sacerdotes, que consideraban que las cosas destinadas al culto de Dios debían ser intocables. Además, había muchos religiosos que sólo de un modo forzado habían tenido que mostrar adhesión a la causa de los patriotas, y aún los había que siendo patriotas, no simpatizaban con Bolívar.
La medida dispuesta por el
Libertador motivó por lo tanto no pocas
resistencias. El día 16 de setiembre de
1823, se hizo la requisa en Piura, habiéndose sacado de
De
Esto no contentó a las autoridades de Lima, ni al Libertador, que ordenó una segunda requisa que el intendente de Piura realizó después de recibir el 7 de abril de 1824 una conminación. Esta vez, se sacaron incensarios, atriles, arañas, coronas, potencias con clavos de oro, platitos de vinajeras, etc. Se juntó 107 marcos de plata y 7 ½ onzas con tres castellanos de oro.
Pero tampoco en esta oportunidad quedó satisfecho Bolívar, que dispuso que toda la plata labrada, debía ser entregada de todas las iglesias de la intendencia. Para el culto divino sólo debía quedar un incensario, la custodia y los vasos sagrados.
Todas las donaciones hechas bajo la forma de votos o “milagros” debían entregarse. Se amenazaba a los curas de las iglesias y a los mayordomos de las cofradías con sanciones en caso de negarse a la entrega de las alhajas.
Con fecha 22 de mayo de 1824, el prefecto del departamento, transcribió, la orden del Libertador y nombró para Piura un comisionado encargado de cumplirla.
El comisionado debía de exigir los inventarios y demandar la entrega de toda clase de alhajas de oro y otros metales preciosos, de perlas y de pedrería.
La tercera requisa, fue el 16 de agosto de 1824 es decir después de la victoria de Junín y las Iglesias así como las cofradías fueron literalmente desvalijadas. Se llevaron hasta las campanillas, hisopos, cucharas, cajuelas, imágenes de Cristo, medallas, sagrarios, coronas, cetros, collares, aretes, etc. En ese día visitaron la iglesia matriz, Santa Lucía y sus cofradías. El valor total de lo requisado llegó a 698 marcos de plata y 129 castellanos de oro, además de perlas y piedras preciosas.
Al día siguiente fue visitada
El 18 de agosto fue visitada
De
De
De
Ese día los representantes del Libertador obtuvieron 340 marcos de plata y 250 castellanos de oro.
El 26 del mismo mes visitó
De la iglesia y cofradías de Sechura se logró objetos de plata por valor de 160 marcos, pero el vicario Tomás Diéguez, empecinado patriota consideró que era insuficiente lo recaudado.
El párroco Pedro Valverde, contestó
que se había atendido debidamente al Comisionado teniente coronel Ramón
Castilla y que se había dado lo que se tenía, pues el 11 de julio de 1819,
filibusteros ingleses de
De la iglesia de Huancabamba casi nada se logró, apenas valían 17 marcos los objetos. El párroco explicó la pobreza de la iglesia en el hecho de que hacía poco se había producido un robo sacrílego, sin poder encontrar a los culpables y que 50 años antes había pasado cosa igual. Por lo visto, los huancabambinos no tenían el menor respeto a las cosas de Dios.
Huancabamba y las iglesias de la sierra piurana fueron visitadas en la primera requisa. De Sondor y Sondorillo no se logró nada, por ser las iglesias sumamente pobres. Así lo hizo constar el párroco de Sondor Carlos Martínez en acta suscrita el 4 de diciembre de 1823. Con la iglesia de Chalaco sucedió otra cosa igual.
Con todo lo logrado en esta tercera requisa, superó en mucho a lo obtenido en el primer envío.
El 28 de febrero de 1824, el Intendente de Piura, don José Ignacio Checa, remitía a Trujillo, lo reunido en la requisa que era por un monto de:
Marcos
de Onzas de
plata oro
De Piura. . . . . . . . . . . . . . . . . . 619 7 ½
De Amotape. . . . . . . . . . . . . . . . . 57 4 ½
De Tumbes. . . . . . . . . . . . . . . . . . 49 4 ¾
De
De Huancabamba . . . . . . . . . . . . . . 17
De Catacaos . . . . . . . . . . . . . . . . . 257 2 ¾
De Colán . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306
De Paita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87
De Sechura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116
De Ayabaca . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
De Huarmaca . . . . . . . . . . . . . . . . . 53
En esa época Colán era una población de importancia y su iglesia era bastante rica.
Los documentos del Archivo de Piura, catalogados por el jefe de esa dependencia don Carlos Robles Rázuri, muestran que aparte de lo entregado por las iglesias y cofradías, los religiosos tuvieron que contribuir en forma obligada o sea con cupos por valor diferente de acuerdo a las posibilidades. Los párrocos de Piura, Catacaos, Ayabaca, Huancabamba entregaron 500 pesos. El de Chalaco 300, el de Colán 200 y los demás sumas menores.
El Padre Vargas Ugarte, al referirse a la requisa en Piura,
expresa que de
Por lo visto, Bolívar no tenía ningún respeto por las cosas sagradas.
El fervor religioso en Piura no disminuyó con el advenimiento de la república y eso lo prueba el afán desplegado en la construcción de capillas e iglesias.
En 1825, el dueño de la hacienda Morropón, don Francisco Javier Fernández de Paredes, el potentado marqués de Salinas, gestionó ante el cura de Morropón Mariano Portocarrero, el lugar en donde debía edificarse la nueva capilla de la hacienda.
En el mismo día don Fermín
Seminario, arregla y amplía
En Huangalá se veneraba la imagen
del Señor de
También la propietaria de la hacienda de Somate, la señora Del Castillo, había mandado a construir en Poechos una capilla para el culto de esa sagrada imagen, algunos años antes.
El año 1827,
Como se recordará, desde 1737, los indios tributarios de la parroquia de San Sebastián, tributaban anualmente 49 pesos para la obra. Parece sin embargo que el terremoto y las intensas lluvia que azotaron Piura en 1814, causaron destrozos en la iglesia.
Económicamente, parece que los
vicarios se encontraban muy bien, como para que el párroco de
El administrador del tesoro público de Trujillo, en setiembre de 1824, informaba haber recibido lo siguiente:
-
Del Comisario
sustituto de
-
Del
Vicario de Piura don Tomás Diéguez por cuartas episcopales .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..1
200,00
-
Recibidos
del Intendente de Piura como perteneciente a las Iglesias de aquella ciudad y a
las
de los pueblos de Catacaos, Paita y
Colán a saber:
-
En
1812 marcos 6 y media onzas de plata labrada . .
………………………………………………………….. . . . . . .9 214,00
-
En
moneda por el rescate de 48 marcos 6 y
media onzas de plata labrada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . 202,70
-
En 1
213 castellanos y 1 tomín de oro labrado . . . . . . . . …………………………………………………………... ..2 456,20
-
Diversas
alhajas no valorizadas. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
………………………………………………………….. . . . 11 862,10
En cuanto a la recolección de piezas de oro, se tenían las siguientes cantidades informadas:
Castell Pesos y
Intendencia de Piura Tomines Reales
Abril 28, el señor Intendente don Manuel Pe-
ralta, el Subteniente Juan José Casanova, varias igle
sias de la provincia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 937.7.06 1.917.7
Junio 18, del mismo, señor Intendente como
remitente con el capitán Enrique Loceper como en-
terador,
1.132.7.04 2.265.6
Colecta de alhajas:
Julio 8, remitente D. Manuel Noriega del Pue
blo de Paita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 696.3
Marcos-onzas Pesos-reales
Marzo 29, remitente señor Intendente D. José
Ignacio Checa y como enterador el Teniente José An
tonio Cabrera. De los pueblos de Ayabaca y Huarma
ca. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100.7 605.2
Abril 28, el señor Intendente Don Manuel -
Peralta remite. El Subteniente Juan José Casanova
como enterador. De varias iglesias de la provincia 1.34.2 8.083.2
Junio 18, el mismo señor Intendente y el Ca
pitán don Enrique Loceper. Por el pueblo de Tum
bes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28.1 140.7
1466.2 8.829.5
1466.2
En
esta oportunidad, la colecta había arrojado 202 538 pesos en todo el Perú
Independiente que solamente estaba constituido por
El cercado de Trujillo había aportado 44 356 pesos, Huamachuco 34 499 pesos, Lambayeque 23 597 pesos, Chota 23 353 pesos, Prefectura de Huailas 21 514 pesos, Cajamarca 17.956 pesos y Pataz 9.261 pesos. Cifras menores que Piura, aportaron Lima, Chachapoyas, Maynas, Jaén y Santa.
Instituciones y cargos de las colonias, se mantuvieron durante los años de la revolución de la independencia.
Fue así como don José Faustino Sánchez Carrión, hizo conocer que por Decreto Supremo dado por Bolívar se habían nombrado Visitadores de Tierras para todas las provincias del departamento de Trujillo.
El 9 de abril de 1824 desde Trujillo, el ministro Sánchez Carrión se dirigía a los recientemente nombrados como visitadores de Chachapoyas, Chota, Cajamarca, Huamachuco, Trujillo, Lambayeque, Pataz, Santa, Chancay y Piura. Para esta última se nombró a don Francisco Távara.
El Decreto Supremo correspondiente fue dado por Bolívar el 8 de abril de 1824, siendo sus funciones la de efectuar la venta y repartimientos de tierras, con arreglos a las disposiciones dadas por el Libertador.
Los prefectos, intendentes y gobernadores debían de dar a los visitadores todas las facilidades necesarias.
Esta era de la forma que Bolívar consideró conveniente para hacerse de fondos y por tal razón en el 1er. Artículo de las instrucciones decía que debía de obrarse con gran celeridad, omitiendo las diligencias innecesarias.
Al comprador, se le extendería un documento en el que se le indicarían los linderos del terreno y con dicho documento acudiría al Ministerio General para su aprobación dentro de un plazo no mayor de 4 meses.
El pago sería al contado, suma que el visitador remitiría de inmediato al administrador de alcabalas de la provincia.
Los visitadores deberían actuar con un secretario o actuario de toda su confianza, para formalizar los expedientes, evitándose todo motivo de pleito o queja.
“Para facilitar los repartimientos –decía el artículo 5to.- se tomará en cada pueblo de los indios que tengan o no tierras asociándose al visitador, para el efecto, con el párroco del lugar, con el gobernador y alcaldes, quienes tendrán sólo voto informativo, procurando evitar competencias.
Como pudieran suscitarse pleitos por los linderos con algunos propietarios, ya sea por juicios que se encuentren pendientes o por nuevas pretensiones, los visitadores que en cuanto a lo primero, que queden las cosas como estaban, y sobre lo segundo al uti-possidetis, sin mezclarse en los deslindes entre los propietarios. Más si entre éstos, las tierras de la comunidad o del estado ocurriesen alguna pretensión, harán la mensura con intervención de los peritos y procederán a la venta definitiva. En caso de presentarse documentos legales, estarán al uti-possidetis, haciéndose desde luego el correspondiente informe por expediente separado a fin de que pueda resolverse después.
En las haciendas que son del estado, los visitadores determinarán los lugares más a propósito para fundar nuevos pueblos cuyos sitios se repartirán proporcionalmente a los indios u otros que habitan dichas haciendas, para que fabriquen sus casas, trazándose la población con la mayor regularidad.”
Se norma también lo relativo a la recuperación de haciendas del Estado que se encuentren arrendadas.
Los visitadores tendrán en cuenta todo lo relativo a asegurar el regadío de las tierras y dictarán disposiciones para evitar abusos.
La acción de los visitadores no sólo debía estar destinada a fomentar nuevos ingresos en el Tesoro Público, sino también promover la agricultura. Deberían levantar un catastro rural.
Se dispuso que se respetaran las capellanías que pudieran existir.
En lo referente a las ventas, todos los gastos legales debían ser pagados por los compradores.
Don Francisco Távara Andrade, era por ese año alcalde de segunda nominación de Piura. Tenía en esa época 37 años de edad y era hermano de Santiago, Juan Antonio, José Ignacio, Josefa, Juan y Jacoba.
En abril de 1824, el coronel Juan Agustín Lira, fue nombrado comandante militar de Huancabamba, otorgándosele facultades extraordinarias.
De su instancia en la ciudad serrana, el coronel Lira hace en sus memorias un interesante y esclarecedor relato.
En
virtud de órdenes recibidas inició una
investigación sobre los antecedentes y fidelidad a la causa de
También debía de solicitar cuentas a los que manejaban fondos públicos, habiendo encontrado oposición y resistencia en el gobernador Francisco Iparraguirre. Esto obligó a Lira a intimidarlo y amenazarlo con el embargo de los bienes, motivando que el gobernador viajara a Piura de madrugada, yendo a quejarse al jefe militar de la p rovincia, Torres Valdivia. Vanos fueron los esfuerzos de Lira de lograr su captura, para lo cual había despachado dos soldados en su persecución.
Lira llega a decir en sus memorias, que Iparraguirre se valió de una agraciada sobrina que tenía en Piura, para lograr el favoritismo de Torres Valdivia.
Manifiesta Lira, que su permanencia en Huancabamba, era lo más incómodo que podía pasarle a un militar pues tenía que estar atendiendo de la superioridad las continuas demandas de dinero, de mulas, de caballos, de reses y reclutas, lo que en su criterio era simple y llanamente, desnudar al prójimo. Lira dice que era consciente de las exacciones a que lo obligaba el cargo, pero no podía dejar de hacerlo.
El viaje de Piura a Huancabamba, lo había hecho Lira en compañía de don Ignacio Távara en cuya casa se hospedó. Por los relatos que le hizo su acompañante pudo saber el Coronel, que los huancabambinos eran gente dispuesta a rebelarse ante cualquier autoridad que los presionara como había acontecido con un coronel Medina que había sido enviado por Bolívar para levantar unas cartas cartográficas, por si acaso el ejército patriota se viera precisado a pasar por esos lugares en retirada, y como hizo requisa de algunos caballos, se reunió en la plaza de armas una tumultuosa y vociferante manifestación de mil hombres, al toque de campanas teniendo que huir Medina gracias al apoyo de Távara. Poco tiempo más tarde, el coronel Medina moría en una emboscada realista a la altura de Huando en Lima.
Los huancabambinos no recibieron bien a Lira, posiblemente porque llegó con Távara, al que miraban con desconfianza por haber facilitado la fuga de Medina. Sólo el cura Celi lo fue a visitar. Estando informado el intendente Torres Valdivia de la actitud de los habitantes de Huancabamba y para prevenir cualquier rebelión, envió al teniente José María Arellano –el que participó en la independencia de Piura- con un piquete de dieciséis soldados.
Lira, con el propósito de lograr comunicación y amistad con los huancabambinos, organizó un baile y cuando estaba la fiesta en todo su apogeo, un individuo empezó a dar vivas al rey. En forma disimulada, Lira dispuso que el teniente Arellano fuera al cuartel por sus soldados y como el bochinche siguiera y otros se plegaran a los gritos, Lira dio por terminada la reunión y tomó varios presos. Efectuadas las averiguaciones, quedó establecido que los primeros gritos los había dado un negro esclavo que estaba apostado en la puerta como espectador, incitado por un concurrente. El esclavo pertenecía a don José Adrianzén, uno de los hombres más ricos de Huancabamba. Del juicio sumario que se le hizo al esclavo, resultó sentenciado a ser fusilado, para lo cual fue colocado atado a un poste en la plaza, pero no se llegó a cumplir la sentencia, sino que se hizo para escarmiento del pueblo, repitiéndose el acto por tres días, habiéndose igualmente sancionado al incitador.
Al poco tiempo de haber asumido la gobernación de Huancabamba el coronel Juan Agustín Lira, se produjo una asonada en el pequeño pueblo de Huarmaca, siendo proclamado el rey acaudillados por José Manuel Cherveches.
Este rebelde realista, logró convencer a un grupo de cincuenta soldados, para que siguiera su causa. Esta tropa era parte de un contingente piurano que cuando viajaba a Trujillo en un transporte patriota, fue abordado por el barco realista armado en corso en la isla de Chiloé. Tal barco llamado el “Brujo”, desembarcó a los soldados en las cercanías de Sechura, para que pudieran reintegrarse a su tierra, pues como se ha dicho en anteriores capítulos había resistencia para integrar al ejército patriota y las levas se tenían que hacer en forma violenta.
Cherveches y otros realistas convencieron a estos soldados de que serían tratados por las autoridades patriotas con mucho rigor como desertores, invitándolos a plegarse al bando del rey.
Los sublevados depusieron a las autoridades y se prestaron a efectuar algunas operaciones en los pueblos vecinos.
Lira armó a un grupo de paisanos adictos a la causa de la libertad y los despachó a manera de avanzada, bajo el mando de José Ignacio Távara y al día siguiente partió él con los soldados, dictando medidas de seguridad para Huancabamba.
Estimulados los patriotas de Huarmaca y el gobernador depuesto, por este avance de las armas independientes, reaccionaron y tras una breve refriega, se volvieron a hacer dueños de la situación.
Lira regresó a Huancabamba y quedó Távara en Huarmaca iniciando el proceso. Doce días más tarde, eran enviados a Piura, Cherveches y los principales cabecillas, los que luego fueron remitidos a Trujillo en donde los sentenciaron a diez años de presidio.
El coronel Lira, asegura que durante
el tiempo que fue gobernador militar de Huancabamba logró recolectar 12 000
pesos, de lo que tomó parte para pagar la fuerza militar de ese lugar y el
resto lo envió a Piura, como parte de la contribución de 25 000 pesos que le
correspondía a
También cumplió con entregar los 135 reclutas que se le habían pedido y 685 animales entre reses, mulas y caballos.
Tras de un año de servir en Huancabamba, Lira es trasladado a Lima y en su lugar queda como gobernador don José María Medina, padre del alférez de Húsares Miguel Medina, que más tarde fue general.
La caída de Riva Agüero primero y de Torre Tagle más tarde, trajo consigo un cambio de autoridades, de lo que ni los curas se libraron. Fue así como se removió al cura de Colán suponiéndolo adicto a la causa del rey y de Torre Tagle.
Sánchez Carrión envió al gobernador eclesiástico de Trujillo la siguiente comunicación:
Huaraz, 14 de junio de 1824.
Al Señor Gobernador Eclesiástico del Obispado de Trujillo.
Informado S.E. el Libertador de que el Curato de Paita y Colán se halla servido por el Padre Fajardo, Mercedario, por recomendación del Rey de España e influjo de su Provincial el Marqués de Torre Tagle, me manda prevenir a V.S., que debiendo ser colocados clérigos beneméritos, haga V.S. el que dicho religioso se reduzca a vivir en los claustros de su Convento, bien en Piura o en Trujillo y en su consecuencia proveer el curato interinamente en un clérigo de virtudes y probidad hasta nueva orden del Gobierno.
Bolívar a pesar de sus declaraciones llenas de fe en la victoria como aquella respuesta que diera a su Ministro Mosquera en Pativilca, cuando al verlo enfermo, abatido, con los castillos del Callao entregados por la traición, Bolívar dijo que esperaba ¡Triunfar¡ . No dejó sin embargo de tomar el máximo de precauciones para el caso de ser derrotado en un enfrentamiento contra los españoles.
Buscó que la retaguardia no ofreciera ningún problema para el caso de tener que replegarse con el ejército, hacia Quito, y por tal motivó envió partidas para que reconocieran el terreno correspondiente a la sierra de Piura, y también se deshizo de todo elemento sospechoso que pudiera crearle algún estorbo.
Fue así como dispuso que todos los españoles residentes en Piura fueran deportados a Guayaquil.
Esta tarea se cumplió en el curso del primer semestre de 1824, pues Faustino Sánchez Carrión, ministro de Bolívar, desde Caraz, acusaba recibo de una comunicación del prefecto de Trujillo que decía lo siguiente:
“Circular 19.- Caraz, junio 5 de 1824.- Al Prefecto del Departamento de Trujillo. Sobre, que Su Excelencia el Libertador queda enterado de la lista nominal de los españoles que de Piura se han remitido a Guayaquil a disposición del Señor Intendente. Dios, etc. José Faustino Sánchez Carrión”.
Como se ha de comprender, muchos españoles eran apreciados en la ciudad y unidos por razones de parentesco con muchos piuranos, por cuyo motivo la orden de expulsión no fue bien recibida.
El 21 de abril el cabildo se ocupó de este asunto y el regidor Andrés Aguirre hizo conocer que la orden de destierro a cumplirse el día 23 había sido suspendida pero por lo visto eso sólo fue en forma momentánea.
El 6 de mayo, el cabildo decide respaldar la petición que hacen muchas esposas y los hijos de los españoles deportados, los cuales aseguran que sus padres o esposos son inocentes, y que van a quedar en la más completa orfandad, en caso de que de todos modos se llevase a cabo la orden dada.
La comunicación de Sánchez Carrión, muestra que la expulsión se efectuó de todos modos.
Don Francisco Escudero y Carrión y su esposa doña Chepita Valdivieso de Escudero, intercedieron ante Sánchez Carrión, para evitar que se extremara la medida contra los españoles condenados al destierro. Los citados esposos tenían un bien ganado prestigio de fervorosos patriotas, por cuyo motivo su intercesión no fue desoída.
Desde su Cuartel General en Huánuco, y por orden del Libertador, el ministro Faustino
Sánchez Carrión pasa una circular a los
cabildos de Cerro de Pasco, Huamachuco, Pataz,
Piura, Chachapoyas y Huánuco, para que
cuarenta vecinos se reúnan en
Esos cuarenta electores, debían ser cabezas de familia de mucha probidad y amor al país, además ser designados en la terna, gente incorruptible, de aptitud conocida y servicios reconocidos.
En la misma fecha o sea el 19 de julio se agregaba un Reglamento de 4 artículos. De acuerdo al mismo, las municipalidades presididas por el alcalde del primer voto y a falta de éste, por el del Segundo Voto, formularían una lista de los vecinos que reúnan los requisitos ya antes mencionados y “por sorteo se sacarán a 40 de ellos, los que serán citados en un determinado día al Municipio, al que concurrirían sin excusa ni pretexto alguno”. Una vez reunidos “los 40 bajo la presidencia del Alcalde, harían designación por el medio más sencillo posible una terna, evitando toda disputa. El Secretario del Cabildo hará el escrutinio y sentará un Acta con los resultados, la cual será firmada por los asistentes y remitida al Ministerio General”, que en ese momento estaba en Huánuco.
Este documento fue leído en el cabido de Piura el 5 de agosto y en la sesión del 12 del mismo mes, se confeccionó una lista de 83 vecinos, para lo cual los regidores llevaron sus propias listas, haciéndose una de todas ellas. Luego se efectuó el sorteo y quedaron conformados por 40 electores. Como es de interés conocer los nombres de esas personas, se dan a continuación:
José Colmenares- Vicente Navarro-
Francisco Ugarte- Manuel Ruiz de Arana-Francisco Frías- Manuel Nolberto Reyes-
Presb. Fermín Seminario- Presb. José G.
Rivera- Valentín Benites- Juan Ruidías-
Miguel Carrasco- Sebastián Ramírez- Manuel Sánchez- Dr. Juan
Antonio Taboada- José Velásquez-
Domingo Cevallos- José Garrido- Antonio
Palomino- Pedro Ruesta- León Mimbela-
Manuel Hatiaja- Francisco Farfán- José
Coloma- Eustaquio Guerrero- Tomás
Cortés- Manuel Velásquez-José Manuel Alvarado- José Gabino de Feria- Presb. José Antonio Montenegro- Manuel
Antonio Silva- Pedro José Arriaga- Presb. José A.
Valdivieso- Francisco del Villar- Pedro Alcalde- Rafael Farfán- Presb.
Juan José Váscones- Francisco Montero-
Juan José Velásquez- Mateo Tello de
Meneses y Juan de
Estos personajes con la sola ausencia de Francisco Frías que estaba enfermo y Tomás Cortés (le decían el ciego por miope) ausente, se reunieron y efectuada la votación, el que obtuvo el primer lugar con más alta votación, fue el Teniente Coronel del Ejército don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, en segundo lugar don Manuel Valdivieso y Carrión y en tercer y último lugar el Dr. Gaspar Carrasco.
No había duda que los piuranos habían hecho muy buena elección con Seminario y Jaime pues sus méritos eran indiscutibles, pero estaba en mal predicamento con Bolívar por haber sido adicto a Riva Agüero. Fue ese el motivo por el cual el Libertador nombró como Intendente a Manuel de Valdivieso y Carrión que era alcalde de primera nominación.
El nuevo Intendente tomó posesión de su cargo el 23 de diciembre.
Carlos Robles Rázuri (ya fallecido)da los datos
biográficos de este personaje,
que fue hijo de don Vicente Valdivieso y Valdivieso y de doña Marcelina
Carrión e Iglesias. Fue un potentado poseedor de muchas casas en
la calle San Francisco de Piura y
haciendas como la de Macará, que le embargaba la mayor parte de su tiempo,
El año 1824 la situación económica de los patriotas dejaba mucho que desear y era común que no se pagara a la marinería adeudándoseles varios meses de sueldos. Eso creaba como es natural, frecuentes actos de indisciplina.
Fue así como el capitán de fragata Morgol que iba en convoy hacia Huanchaco, debiendo tocar ante en Pacasmayo, no hizo esta escala, se apoderó de la goleta “Estrella” y se dirigió con ella a Paita.
Por disposición de Bolívar se le siguió el correspondiente juicio.
El primero de junio, se envió desde
el Cuartel General de Caraz, una circular a todos los prefectos del territorio
libre que eran los departamentos de Trujillo,
El buscado personaje había desaparecido repentinamente de Huaraz y tenía muy preocupadas a las autoridades. Cabía suponer, sin embargo, que con las señas tan saltantes que tenía era muy difícil que pudiera pasar desapercibido.
En Piura fue prendido un individuo llamado Félix Avilés que respondía a todas las señas antes mencionadas y en julio era puesto a disposición del Tribunal de Trujillo, para su juzgamiento.
No se conoce la suerte final corrida por Avilés.
Por esos meses, Piura fue conmovida por un acto truculento. Un individuo llamado Enrique Rojas, había sido apresado y luego sometido a juicio por homicidio calificado. Fue condenado a muerte y la sentencia se cumplió por fusilamiento en forma pública.