Mujer.

En la tierna infancia,su madre la guia
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Como a suave arcilla, su alma modelan,
en casa unas cosas, el resto en la escuela.

Entre deberes y juegos, una bella flor crec�a
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Fueron llegando los dias, en que a la vida se abr�a,
de amores y de quimeras, el alma llena ten�a.

Con la punta de sus dedos, tocar el cielo quer�a
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Del nido de sus mayores, al desposarse, se iba
y a un hombre y sus ideas,para siempre ella se un�a.

Del nectar del amor, la joven mujer beb�a
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

A los frutos del amor, en sus brazos acunaba
y contemplando a sus hijos, el cielo ya no importaba.

Ella, a su familia,se entrega con alegr�a
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

A su coraz�n, la pena le atenaza,
el ultimo de sus hijos, su camino traza.

Ella mira su casa, de almas vac�a
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Las luces se apagan, termina la fiesta
y empieza el hast�o, que nada respeta.

Recuerdos de anta�o a su mente traia
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Cuando la soledad m�s fuerte la abraza,
vuelve a estar, de ni�os, repleta su casa.

De nuevo a la vida, su alma volvia
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Ella, ante el espejo se peina sus canas y
mientras, sus nietos en juegos se afanan.

Mirando su obra, la anciana, suspira
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

En las frias horas de una madrugada,
su alma se eleva,cual blanca mirada.

Entorno a la anciana, toda su familia
y al rayar el alba, el sol resurg�a.

Germana Fern�ndez


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