Vamos a ver Isabel � le dec�a por en�sima vez la asistenta social a la ni�a � tienes que acatar la sentencia del juez, tu padre tiene todos los derechos sobre ti, s�lo tienes 14 a�os y hasta que cumplas los dieciocho estar�s bajo su tutela. �l dice estar muy arrepentido de haberos abandonado y ahora quiere cuidar de ti.
-No, �l no quiere cuidar de m�, �l no me quiere, �l no nos ha querido, ni a mi mam� ni a m�, nunca. Nos pegaba y nos insultaba, �l es el culpable de que mi mam� haya muerto.
-No digas eso, tu madre muri� de un infarto y no hay pruebas de que tu padre os maltratase, no existe ninguna denuncia.
-Porque mam� se lo callaba todo, pero puede preguntar a los vecinos.
-Ya lo hemos hecho y nadie sabe nada.
-Nadie quiere saber nada. - dijo, casi en un susurro Isabelita.
A esas horas de la ma�ana el cementerio estaba vac�o, s�lo Isabelita, sentada al lado de la tumba de su madre, romp�a su silencio.
-Mam�, dice que va a venir a cuidar de mi pero es mentira, �l nunca ha cuidado de nosotras. �Te acuerdas madre? �Te acuerdas cuando llegaba la noche y �l tardaba en venir, el miedo que nos entraba?
Yo te preguntaba
�Mam� cerramos con llave?
Tu siempre contestabas:
-No, si la puerta esta atrancada tu padre se enfada mucho.
De todas formas se enfadaba, si no era porque la cena estaba fr�a, era porque no le gustaba, o por el vestido que llevabas puesto, o porque yo estaba en la cama o porque no estaba en la cama, era igual el caso es que siempre se enfadaba.
�Recuerdas madre como me dec�as?
-Si ves que tu padre se enfada, te metes en tu cuarto cierras con el cerrojo y no salgas oigas lo que oigas.
�Y aquella vez que te dije? :
-Mam�, �Por qu� no se muere pap�? �Le odio.
Tu me contestaste:
-No hija, no digas eso, tu padre es bueno y nos quiere, es esa maldita bebida que le vuelve loco y no sabe lo que hace, luego le pesa.
S�, a la ma�ana siguiente nos ped�a perd�n llorando y prometiendo no volver a beber, pero era mentira, a los pocos d�as llegaba otra vez borracho.
�Y ese d�a madre? Ese d�a nunca se me podr� olvidar. Me probabas un vestido que me estabas haciendo para mi d�cimo cumplea�os, recuerdo que era azul y blanco, muy bonito, de pronto �l entro borracho y grito:
-�Os cre�is que estas son horas de andar prob�ndose trapos! Ponme la cena y tu mocosa vete a la cama.
Tu le contestaste mientras te volv�as para ir a la cocina:
-Tu cena esta puesta, pero como tardabas en venir...
-Yo vengo cuando me da la gana � dijo
Entonces fue cuando ocurri�, cogi� las tijeras del costurero y te las clavo en la espalda, yo grite, �l se volvi� hacia m� con las tijeras ensangrentadas en su mano y tu suplicaste:
-�No por Dios, a la ni�a no!
�l amenaz�ndome con las tijeras me dijo:
-Ni una palabra de esto a nadie, si se lo cuentas a alguien os mato a ti y a tu madre. Ahora cuando yo salga esperas un poco, llamas a la vecina y le dices que tu madre se ha ca�do y se ha clavado las tijeras �Entiendes? �Entend�is las dos?
Lo entendimos �Vaya s� lo entendimos!
Al d�a siguiente me llevo a verte al hospital y estando los tres solos en la habitaci�n nos record�, por nuestro bien, que no dij�ramos nada.
A ti te trajeron de la cl�nica en una silla de ruedas, de la que ya nunca te has podido separar, a �l no le volvimos a ver. Era muy triste verte en la silla sin poderte levantar y tener que ayudarte a vestirte, a lavarte, e ir al ba�o..., poro yo lo hac�a a gusto madre porque te ve�a contenta, sin miedo, yo tampoco ten�a miedo, no lo volvimos a sentir desde que �l se fue, y dorm�amos madre �Pod�amos dormir! A la noche cerr�bamos la puerta y nos met�amos a la cama a dormir �Sin miedo, madre, sin miedo!
Ahora que tu te has ido al Cielo, dice que quiere venir �No le dejes madre, no le dejes! Habla con Dios y dile que no le deje.
Sono el timbre de la puerta e Isabel se dirigi� a abrirla, cuando �sta se abrio la ni�a retrocedi� asustada, enfrente de ella estaba su padre, el miedo la enmudeci�, se sinti� incapaz de articular palabra alguna.
�l entra y se dirigi� a la sala, donde todav�a permanec�an, la silla de ruedas y los enseres de costura de su mujer.
-Esta es mi casa y ahora que no est� tu madre para reprocharme nada, ser� agradable vivir aqu�.
Las palabras de su padre empezaron a resonar en la cabeza de Isabelita, al mismo tiempo que le golpeaban el cerebro como si se lo quisieran aplastar, la sangre le lat�a en las sienes y las palabras se segu�an repitiendo: �Ahora que tu madre no esta... vivir aqu�... aqu�...� y las tijeras encima de la mesa, tijeras, aqu�, aqu�, tijeras...
-�Noooo!
Mientras dos hombres con batas blancas se la llevaban, Isabel volvi� el rostro para mirar la silla de ruedas vac�a, diciendo:
-No fui yo quien le mat�, madre, fueron las tijeras.