Me disponía a marchar de aquella oscura y sucia habitación en la que había pasado la noche cuando vi iluminado por la débil luz que entraba por una pequeña claraboya un mohoso cuadro de un hombre de pies cansados caminando por entre la hojarasca de mediados de octubre mirando al suelo con las manos en los bolsillos y la expresión nostálgica de quien todo ha perdido.
Me quedé mirando al oleo durante mucho tiempo mientras mis suspiros se condensaban en densas volutas de vapor y la atmósfera me engullía, llevándome lejos, a otro lugar, tiempo, hacia pensamientos y sentimientos ya olvidados.
No se que tenía ese cuadro pero me vi pensando en la tristeza de ese hombre una pena que podría ser cualquier pena la pena de cualquier hombre por la muerte de alguien amado, por un amor fallido de un objetivo, ahora inutil por su imposible culminación. Me imaginé a aquel hombre allí, caminando entre árboles caducos mientras sus pensamientos, llenos de tristeza afluían de su mente al compás del crujir de las hojas al ser pisadas, contemplando a ese hombre recordando el dia en que se despertó en la cama de una extraña que le llamaba cariño y a unos niños en la cocina que decianse hijos suyos, en el trabajo aquel. Trabajo que no era el suyo, le daban palmaditas en la espalda y le daban la enhorabuena por yo que se ascenso, le habían robado su vida, ésta no era la suya la que había deseado cuando era universitario y las energías, deseos y la vida entera al igual que el mundo, eran suyos, sin limitaciones.
Ese día, al volver a esa casa, el hombre cogió sus zapatos viejos y llenó su maleta de nostalgia, deseos incumplidos y penas hasta que el peso le encorvaba la espalda. Ahora se le ve al pobre hombre en una tarde de mediados de octubre en un viejo bosque caduco buscando su vida, la vida que el imagina.
Pensé en esos sentimientos, motivos que el autor tuvo al pintar el cuadro, sentimientos similares a los del cuadro, a los mios propios, porque la pena, la tristeza, la nostalgia, no es mas que la pérdida de alguien, de algo, un sentimiento, un recuerdo, un deseo.
Miré por última vez el cuadro y cerré la puerta mientras otra se abría en mi interior; sentimientos perdidos para mi que afluyeron como una catarata de lágrimas en una noche fría de mediados de octubre cuando conté todo al mudo espacio vacio de mi cama en el apartamento de una ciudad que me vió crecer, jugar, reir y también morir entre lágrimas por todo lo que perdí en una noche de verano en una ciudad de extraños.