EL INTERCAMBIO

Autora:Germana Fernández


-¡Buenos días maría! – saluda Marta de vuelta de la agencia.
-¡Buenas días! – contesta desganada la mujer.
Desde que la dejo su marido cada día estaba más triste, no hacia otra cosa que darle vueltas a la cabeza, no comprendía como un hombre tan atento como Juan se había podido marchar así, de repente, sin una disculpa, sin decir nada.
En tres meses solo recibió una escueta nota en la que le decía “Lo siento María pero ya no aguanto tanta farsa, hace tiempo que no siento nada por ti, tú no tienes la culpa, nadie la tiene, es solo que se termino el amor. Te dejo la tienda, es rentable y marta te enseñara a llevarla, es mayor pero muy competente. Te deseo mucha suerte”
María se encontró de repente, a sus cuarenta y cinco años, sola en una casa demasiado grande, dado que no tenía hijos su única compañía era su gata Beta, las dos deambulaban por la casa como dos almas en pena. Los intentos de Marta para animarla resultaron fallidos, todo lo más que consiguió fue hacerla bajar a la tienda todos los días. Se sentaba en un rincón al lado del ordenador y dejaba pasar las horas, casi ni se enteraba de si entraban o salían, siempre callada, ausente, contestaba, solo si se dirigían directamente a ella, a veces cogía un libro o un catalogo y simulaba estar leyendo, lo hacia, más bien, para que no la molestasen.
-¿Quieres un café – le pregunta Marta.
-Sí, si no te es molestia.
-Ahora mismo hago dos, a mi también me apetece – y se dirigió a la trastienda.
-¡Hola! ¿Me puede atender? – sonó una vocecita al otro lado del mostrador.
María se giro pero no ve a nadie, creyendo que lo había imaginado volvió a enfrascarse en sus pensamientos.
-¿Es qué no me va a atender? – repitió la voz.
La mujer se levanta y mira por encima del mostrador, allí al otro lado, estaba un niño de unos cinco años, pelirrojo y pecoso, con cara de querubín travieso, sujetaba entre sus manos una cajita de música rota.
-¿Qué quieres, pequeño – le pregunta extrañada. -¿Me podría arreglar esta caja de música? era de mi abuelo me la regaló antes de irse al cielo.
-Yo no se arreglar cajas de música pero, espera que llamo a marta y ella te la arregla.
-¡Por favor! ¿Es qué no quiere ayudarme? – pregunta el niño y pone una carita tan dulce que mirándole, María, evoco sin darse cuenta al hijo que ella podría haber tenido de no ser porque se malogro a los seis meses de gestación. Quizás fue por eso por lo que su marido la dejo, por su incapacidad para darle un hijo.Quizas fue por eso por lo que su marido la dejo, por su incapacidad para darle un hijo.
Sale fuera del mostrador coge la caja que a simple vista le parece muy antigua, pero ella entiende muy poco del tema, es su marido el anticuario, a maría las antigüedades siempre le parecieron eso, cosas viejas.
-Es muy antigua – le dice el niño – mi abuelo decía que tenía muchos años,¿sabe usted cuantos?
-No, no lo se.
-¿Esta no es una tienda de antigüedades?
-Sí, pero era mi marido el que la atendía y se ha ido.
-Pero puede aprender, mi abuelo siempre decía que si se quiere se puede aprender cualquier cosa.
-Yo ya soy muy mayor.
–Mi abuelito aseguraba que la edad no es un impedimento si de verdad se quiere.
-El mío también lo decía, él era sargento de policía pero siempre quiso ser ingeniero y a fuerza de ingenio y tesón lo consiguió.
-Creo que tu abuelo estaría contento viéndote feliz ¿Él no te dejo nada especial?
-Sí, me dio parte de su colección de canicas, tenia más de 2000, entre todas escogió diez y me las entrego diciéndome “representan los diez mejores momentos de mi vida consérvalas junto a ti y nunca estarás sola” las demás las dono a un museo.
-Tu abuelo era muy generoso.
-Sí, pero yo las metí en un cajón y no me volví a acordar de ellas hasta ahora.
-Puesto que no te gustan podrías dármelas a cambio de mi caja. -Te las traeré mañana pero te llevas también la caja.
-¿Con quién hablas? – pregunta Marta entrando con el café.
-Con este niño que ha traído
-¿Qué niño? – interrumpe Marta.
-Éste… estaba aquí hace un momento, mira me ha dejado esta caja de música, quiere que se la arreglemos.
-Bien, entonces volverá. Al rato María pregunta.
-oye, Marta, ¿tú crees qué yo aún puedo aprender algo sobre antigüedades?
-¿Por qué no? Solo hace falta que te lo propongas, yo puedo enseñarte muchas cosas, pero es mejor que te matricules en un buen centro, si quieres te puedo buscar uno que este cerca.
–No, mejor no, para qué.
-Como tú quieras, si cambias de opinión me lo dices. Bueno, aquí tienes la cajita de música arreglada. Por cierto, vale una fortuna, no puedo asegurarlo, sin un estudio a fondo, pero yo la dataría entre cien años antes o después de Cristo. Hay que enterarse de quienes son los padres del niño y ponerles al corriente de su valor.
-Él vendrá mañana a recogerla entonces se lo preguntaremos. Esa noche María busco por toda la casa las canicas si ningún resultado, sintió no encontrarlas, más que por ella por el niño. Era la hora de cerrar y el niño aún no había venido a por la caja y Marta le dice a María.
-Si mañana no viene daremos parte a los gendarmes para que lo encuentren, un niño de esa edad tiene que vivir cerca y estar escolarizado, no les será difícil dar con él. No les diremos nada de la caja, no sea que nos salgan dueños donde no los hay, podemos decir que es una de las que tenemos aquí de mucho menos valor, cuando sepamos fijo que se trata de la familia del pequeño les daremos la autentica.
Pasaron más de dos meses y nadie pudo dar con el paradero del niño ni de su familia. Mientras María se había matriculado en Arte e Historia y aunque al principio le costo trabajo salir de casa y relacionarse con otras personas, ahora estaba contenta.
-Marta – dijo María – creo que me voy a llevar la cajita del niño a mi casa y si algún día vuelve subo y se la bajo, de todas formas y por mucho que valga no puedo vender algo que no me pertenece.
-¿No dijiste qué él te la dio.
-Bueno, me la dejaba a cambio de unas canicas, pero como tú comprenderás esas son cosas de niños. En cualquier caso él no vino a por las canicas – dicho esto María cogió la valiosa caja de música y la abrió para deleitarse con su hermosa melodía, cual no seria su sorpresa al encontrar dentro una nota que decía así “Me llevo las canicas pero te dejo a cambio la música, que es la risa del mundo, cuando estés triste abre la cajita y escucha su son volverás a sonreír.



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