-�Dices que el hijo de la Manuela tambi�n cayo enfermo?
-El de la Manuela, el de la Juana, la hija del t�o Ram�n y hasta el hijo de la se�ora Gloria, con todo lo que le costo tenerlo. Mi hermana, que serv�a en su casa hasta el a�o pasado, que se cas�, me cont� que antes de quedar embarazada de Ferm�n, la se�ora tuvo cuatro abortos. Para conservar a este necesito guardar cama los nueve meses.
-Pobri�a que se le muera ahora con casi dos a�os, porque de los que cogen la difteria pocos se salban.
-Mira hay se llevan a otro, ni reposar en casa les dejan, apenas cierran los ojos, les envuelven en una manta y pal cementerio.
-Gracias podemos dar que los nuestros son grandes y no la cogen.
-Yo no las tengo todas con migo, el rapaz de la Rosa ten�a ocho a�os y se muri� ayer.
-No me metas m�s miedo en el cuerpo que bastante tengo. Anda dame el pan que me voy pa casa hacer la comida.
Y se fue calle arriba con prisa, como si la siguieran, mirando las casas. Casi todas ellas manten�an sus puertas cerradas, en muchas de las cuales un n�mero de la benem�rita aguardaba imp�vido a que el enfermo expiara para llevarle al cementerio.
-�Buenos d�as, Nicanor! �Esta su nieto en casa? le traigo unos libros de cuentos que compre ayer en la capital.
-Usted siempre tan amable, se�ora Gloria.
-No es amabilidad, Carlitos me recuerda tanto a mi hijo que no puedo por menos que quererle. Ya s� que usted es su abuelo y que no tengo ning�n derecho a molestarle con mis cosas, pero desde que se me muri� Ferm�n, hace hoy cuatro a�os, los momentos m�s felices son los que paso con el ni�o. No lo sabr�a explicar, pero es como si algo m�gico nos uniera; quiz� sea que como a �l se le muri� la madre y a mi el hijo, los dos necesitamos llenar ese vac�o con todo el amor del que somos capaces.
-Si eso ser� � dijo el hombre pensativo.
-Oiga Nicanor, dice mi marido que como el trabajo de enterrador deja mucho tiempo libre podr�a cuidar, si quiere, el huerto y el jard�n de nuestra casa, le pagaremos lo mismo que cobra como sepulturero �Qu� me contesta?
-Que est� bien, el chico necesita ir al colegio y con lo que gano a penas nos llega.
-Bien, no se hable m�s, cuando quiera puede empezar y siempre que pueda tr�igase a Carlitos con usted.
-�Tita Rosa� - grito contento el ni�o al ver a la mujer.
-De otra forma deber�a llamarla � se dijo Nicanor para si � si yo me atreviera... � y se les quedo mirando con una expresi�n de cari�o y miedo a la vez.
Era la noche de Reyes cuando Nicanor, despu�s de cenar, se sinti� mal, Carlos le ayud� a meterse en la cama y fue en busca del m�dico, cuando este lleg�, auscult� detenidamente al enfermo y moviendo la cabeza, y en un tono entre severo y cari�oso dijo:
-�Ay! Nicanor mira que te tengo dicho cantidad de veces que a nuestra edad hay que cuidarse y no trabajar tanto.
-Anda Carlos, hijo, vete a casa de la se�ora Rosa y p�dele de mi parte que vengan ella y el Se�or, ve y no vuelvas sin ellos- orden� el anciano a su nieto.
-Si abuelo- dijo el chico y sali�.
-Hubiera sido mejor que se quedara contigo.
-No Sr. Doctor, no puedo morirme sin que se sepa lo que hace tiempo deber�a haberse sabido.
-�Es tan importante lo que tienes que decir como para exponerte a morir solo?
-Qu�dese usted aqu� hasta que vengan y lo sabr�.
-Est� bien, si hay que esperar se espera; ojal� no tarden mucho.
-�C�mo est�, doctor?.
-Mal, muy mal, Mat�as, pero se ha empe�ado en contarles algo que seg�n �l es muy importante.
-Do�a Rosa, Sr. Mat�as, por favor, ac�rquense a la cama, yo ya no tengo muchas fuerzas y es preciso que me escuchen con mucha atenci�n.
A ustedes no les tengo que recordar lo que pasamos en el pueblo hace 10 a�os, de sobra lo saben, pero yo quiero contarles algo que hice entonces y que llevo sobre mi conciencia todos estos a�os, s�lo pido que Dios y ustedes sepan perdonar y comprender.
En plena epidemia no daba tiempo a cavar tumbas para todos los muertos, as� que los tra�an envueltos en colchas y seg�n ven�an se les met�a en una misma fosa a varios juntos, de esa forma era casi imposible saber donde estaba cada uno, a los familiares no se les permit�a ir al cementerio ni salir de casa, quitando a los que tra�an a los muertos y el Sr. Cura que ven�a todas las ma�anas a celebrar una misa por los difuntos, me pasaba el tiempo solo, abriendo y cerrando tumbas. Una tarde me dijeron: "Toma este es el de la casa grande, la muerte no distingue entre ricos ni pobres". Yo lo dej� caer en la tumba que ten�a abierta, al soltarle, la manta se abri� y me qued� mirando, entonces pens� que Dios no exist�a o era muy cruel al dejar morir as� a tanta criatura inocente. En esto me fij� en su manita, en uno de sus dedos llevaba un anillo de oro y pens� que el ya no iba a necesitarlo y yo lo pod�a vender; decid� apropi�rmelo, como no se lo pod�a quitar cog� unas tijeras y le cort� el dedo, el ni�o estaba muerto, no le pod�a doler. Entonces la criatura dej� escapar un quejido, me asust� y en un primer momento pens� echar tierra encima y tapar la tumba, fue un momento, saqu� al peque�o, le tapon� como pude la herida y sal� con intenci�n de llevarle al pueblo pero seg�n caminaba me vino al pensamiento lo que hab�a hecho y por miedo de la c�rcel me lo lleve a casa, lo met� en mi cama creyendo que se morir�a enseguida, as� y todo le cur� la mano y le cuid� como mejor supe. Tres d�as tard� en abrir los ojos, luego fue mejorando poquito a poco.
En el pueblo la gente estaba demasiado ocupada con sus desgracias como para preocuparse por la vida del viejo enterrador, justifiqu� la presencia del ni�o diciendo que era mi nieto, hijo de Mercedes, mi hija, que hab�a muerto, junto con su marido, en un accidente ferroviario, cosa que era cierta pero no toda la verdad puesto que en el accidente tambi�n muri� mi nieto.
-Abuelo �Por qu� no me lo dijiste? �Por qu� me has dejado creer que mi madre hab�a muerto? �Por qu� no me has dicho quienes eran mis padres? �C�mo has podido verlos todos los d�as y callarte?
-Perd�name, tu no sabes c�mo son las c�rceles y como tratan a los viejos en ellas, al principio estaba aterrado, luego seg�n pasaba el tiempo te fui cogiendo tanto cari�o que no pod�a soportar la sola idea de que me separasen de ti y el destino quiso que tu madre se encari�ase contigo sin saber qui�n eras.
-Nicanor- dijo Mat�as- �c�mo puedo estar seguro de lo que dice?
-Mire en ese caj�n- dijo se�alando la mesilla- dentro hay una cajita de madera, en ella est� el anillo que llevaba puesto su hijo. Carlos, hijo perd�name, siempre te he querido como si verdaderamente fueras mi...
No pudo terminar la frase.
-Mam� �puedo llamarte mama?
-Claro hijo, siempre he deseado o�r esa palabra. Dios me ha devuelto lo que m�s quer�a.
-Pobre Nicanor, lo ha debido de pasar francamente mal, con ese peso sobre su conciencia durante tantos a�os.
-No diga eso doctor, �l nos ha privado de nuestro hijo durante 10 a�os.
-No Mat�as, no, m�ralo desde este otro punto de vista, si a Nicanor no se le hubiese ocurrido querer quedarse con el anillo, el ni�o hubiera sido enterrado en vida.