Hoy os voy a hablar de mi amigo Indalecio.
Él es un hombre pausado de esos que rara vez se alteran, amigo de las tertulias gusta de decir lo que piensa, pero siempre piensa lo que dice, físicamente es alto y delgado, de ojos grandes de mirada franca, en fin, ya lo iréis conociendo.
Indalecio suele frecuentar un bar cerca del puerto donde, entre lo variopinto de su clientela, siempre encuentra a alguien dispuesto a intercambiar ideas sobre cualquier tema.
Hace unas semanas mi amigo discrepaba, con un asiduo del bar, sobre la existencia o no de Dios, isidro, el otro tertuliano, defendía la existencia del Divino dando toda clase de explicaciones, por el contrario Indalecio se empecinaba en querer demostrar lo contrario. A la disputa se fueron sumando espontáneos con opiniones tanto a favor como en contra.
-Nos hemos vuelto tan materialistas – decía Isidro – que no sabemos ver la mano de Dios en las cosas de cada día. Te propongo un trato, en lugar de irte de vacaciones al lugar que tienes planeado has un turismo alternativo, no se, vete a sitios donde la gente no este tan corrompida por el dinero y el poder, reflexionas sobre lo que veas y luego seguimos hablando.
-De acuerdo – asintió Indalecio.
Hoy, tres semanas después, he recibido una grabación, de mi amigo, donde me cuenta lo que vio y lo que opina de ello.
La cinta comienza así:
-Hola Germana, disculpa que te mande una grabación en lugar de una carta pero, como tu ya sabes soy de oratoria fácil y pluma lenta. Te ruego que la pases a letra impresa y se la hagas llegar a nuestro común amigo Isidro y a cuantos quieran leerla. Les dices que yo tardare aún unos días en ir, después de dos semanas de misticismo necesito sumergirme en la vorágine de la vida bohemia.
Como lo prometido es deuda, cogí mi mochila, la documentación y la visa oro, que una cosa es hacer turismo alternativo y otra muy diferente es vivir alternativamente. En un principio pensé en irme a Sudamérica o a África, luego me dije ¿Por qué no te vas a recorrer los pueblos menos turísticos de España? Y así lo hice.
En un pueblo minero de Asturias vi como la gente se arremolinaba en torno a la boca de una mina.
¡Por fin! Les habían localizado. La mayoría de los mineros atrapados en el derrumbe habían muerto, pero aún quedaba alguno con vida, según iban saliendo, tanto los vivos como los cadáveres, se desbordaban las pasiones mezclándose escenas de inmenso dolor con otras de emocionada alegría, en medio de tanta emotividad observe como una madre daba gracias a Dios porque, en su gran misericordia, de los tres hijos atrapados en la mina solo se cobro la vida de dos.
De Asturias a Galicia volví a percibir la intervención Divina. Un autocar en el que viajaban cuarenta escolares, dos profesores y el conductor, se salió de la carretera precipitándose por un terraplén de unos cien metros dando varias vueltas de campana.
El conductor tenia cáncer, él aún no lo sabía y Dios, generoso, para evitarle sufrimiento se lo llevo con Él de un infarto, claro que también se llevo a diecisiete niños y a los dos profesores.
En Cáceres comprobé que Dios es amor. Cuando salía de la posada donde me alojaba fui testigo de una desgarradora escena; una anciana y un muchacho, con síndrome de DAWM, se abrazaban y lloraban desconsoladamente, curioso, le pregunte a una de las personas que les acompañaban por la razón de sus lagrimas.
-Es su nieto – me dijo – su madre lo tuvo de soltera, dicen que la violaron, la pobre murió en el parto y el ya ve como es, ahora, según se va haciendo mayor, cada vez es más indómito. Por eso Bienestar Social se hace cargo de él al considerar que la abuela no esta capacitada para cuidarle, pero ella se va a quedar muy sola.
Cuando el chico se ha ido los vecinos tratan de consolar a la anciana.
-Tenias que estar contenta por él y dar gracias a Dios por permitir que lo recojan, si no cuando tú faltes ¿quién cuidara de él?.
Y la abuela pregunta:
- ¿Por qué Dios permitió que a su madre la violasen y él naciese con esa tara?.
Llegando a tierras andaluzas aprecie, en toda su grandeza, la justicia Divina. Aprovechando que estaba en tierras de García Lorca fui a visitar a mi amigo Elías, el cirujano, él tenia guardia en el hospital, así es que hacia allí me dirigí, al vernos nos saludamos con un fuerte abrazo.
-Gracias – dijo Elías – necesitaba el abrazo de un buen amigo.
-¿Te pasa algo? – le pregunte.
-No, a no ser esta sensación de rabia e impotencia que me corroe por dentro. - al percatarse de mi actitud inquisidora prosiguió – Hace un cuarto de hora operamos a un niño que había sido violado, además presentaba varias fracturas, el bazo reventado y hematomas por todo el cuerpo, no pudimos hacer nada por él, murió en la mesa de operaciones. Tenias que haber visto la cara de sus padres, el padre, hundiendo la cabeza entre sus brazos y acurrucado en el asiento repetía una y otra vez “Esto es un castigo, esto es un castigo”.
-Un castigo, ¿por qué?.
-Al parecer, unos quince años atrás, el padre del niño abuso de una deficiente mental dejándola embarazada, cuando los padres de ésta le reclamaron él contesto que no iba a cargar con una tonta y mucho menos con su hijo “ vete a saber a cuantos más se habrá tirado” y diciendo esto se desentendió de todo. La madre de la chica le maldijo con estas palabras “¡Ojalá! Que Dios permita que tu también llores lagrimas de sangre porque cualquier mal nacido haga daño a algún ser para ti muy querido”. Ahora él cree que Dios le castiga por ello. Y yo pregunto ¿Qué mal ha podido hacer un niño de apenas diez años para merecer una muerte tan cruenta?.
He aquí, después de reflexionar como me mando Isidro, mis conclusiones. Una de dos;
1ª- Dios no existe, delo cual estoy convencido.
2ª- Si por el contrario existe, es un sanguinario ególatra que se deleita con el sufrimiento de la humanidad.