Se�oras
y Se�ores:
Con nuestro
respetuoso saludo quisi�ramos pedirles, que al menos un segundo de todos sus
d�as piensen en nosotros para que no nos angustie la idea de que muchos de
ustedes no nos aman, y de que otros, ni siquiera nos escuchan porque hace tiempo
que la atenci�n y el amor pas� de largo frente a ellos, irrespetando el m�s
elemental de nuestros derechos.

Casi siempre vemos a los adultos m�s
cercanos �tan ocupados!
como la gran mayor�a de
esos s�rdidos individuos que llaman
gobernantes...
Para quienes las ni�as y los ni�os no somos otra cosa que migas de
desechos diseminadas por lugares pre�ados de miseria.

Quisi�ramos que
hasta nosotros -que en oportunidades no tenemos una mano amiga que caliente las
nuestras- extendieran, ustedes, el manto del sastrecillo del cuento para abrigar
en �l nuestros corazones de almendra y nuestra poderosa fuerza
de amar a los
dem�s....
Quisi�ramos que cada adulto que pasa por nuestro lado fuera como las
mam�s de los delfines, para que nos resguardara de tantos ignaros depredadores
que castran nuestros
sue�os y
matan a ese amigo
�ntimo que
llevamos por dentro.

Cuando escuchamos a alguien
que relee en alg�n diario o revista las cifras alarmantes de las ni�as y los
ni�os que mueren en tierras de Am�rica Latina y en otros lugares del planeta
"...por causas que atendidas prontamente evitar�an graves consecuencias en
nuestro desarrollo f�sico, psicosocial o mental"; sentimos que la delgada piel
de nuestros cuerpos se arruga dentro de las venas y nos ahoga la mesura para
responder con coraje a los discursos celebradores del..
D�A DEL NI�O
y de otras conmemoraciones aprobadas
en Asambleas, Declaraciones, Convenciones..... acomodaticias a las abultadas
inversiones promoci�nales de los gobiernos de turno mientras nosotros seguimos
siendo los m�s olvidados.

En ocasiones, tantas cosas que
otros prometen a favor de nosotros y no las cumplen, nos hace desear a un
protector adulto que tenga un coraz�n inmenso...�como un globo!,y que nos
deje entrar en �l para buscar un lugar d�nde acomodarnos a nuestro gusto con el
fin de animarlo en la lucha por la defensa de nuestros derechos.
Un adulto que
cuando nos hable nos mire cari�osamente a los ojos para que lea en ellos
nuestras alegr�as, nuestros sufrimientos, nuestras ganas de re�r ante un sue�o
imaginado o las ganas de llorar ante el abandono y la ignorancia de los grandes.
Un adulto que no nos etiquete y que estimule nuestra forma de conducirnos sin
compararnos con situaciones parecidas. Un adulto que se haga ni�o - como
nosotros- que sienta palpitar en su pecho un coraz�n de ni�o, que por sus venas
se mueva la algarab�a de nuestra infancia y que se alimenten sus c�lulas de
nuestras picard�as para que cuando se re�na con nosotros, aflore la camarader�a
de una conversaci�n entre amigos que se cuentan sus secretos... sus
intimidades...

�Saben?... muchos de nosotros no tenemos un
techo que nos proteja ni pan para comer;tampoco tenemos abrigo para
resguardarnos del fr�o durante los d�as y las noches de inaguantables desniveles
de temperatura. Algunos no tenemos atenci�n m�dica ni medicinas que nos libren
de la muerte en el suelo de un hospital p�blico...

Otra cosa:
No tenemos juguetes, ni creyones para
colorear... ni libros bonitos para recrearnos... Y,algo muy triste: una gran
mayor�a somos sometidos a explotaci�n y abuso por parte de las personas adultas;
hemos perdido nuestra infancia trabajando en tareas que est�n muy lejos de
nuestros intereses y que no se adaptan a nuestro desarrollo f�sico, porque no
olviden ustedes que...a�n seguimos siendo ni�os.
Esto nos recuerda unas
palabras muy bonitas que escuchamos una vez... Richard Bach, dec�a: "Jam�s
dejes de ser un ni�o�.Nunca dejes de sentir, gustar, ver y extasiarte ante
cosas tan grandes como el aire, el vuelo y los sonidos de la luz del sol en tu
interior."�Qu� lastima! que los que vivimos tan ocupados trabajando de sol a
sol no podamos escuchar los sonidos de esa luz en nuestro interior, porque
cuando regresamos, estamos �tan extenuados! que, ya no hay espacio para pensar
en cosas bonitas con los ojos cerrados.... El sue�o nos domina.

Cada vez que un adulto -de
esos que abundan en los carnavales del mundo- se pone su antifaz de mago
generoso, sentimos miedo... Pero, cuando revisamos los dep�sitos de nuestras
almas y vemos que a�n hay mucho amor almacenado, nos llenamos de alegr�a y nos
ponemos a recoger trocitos de firmamento en nuestras manos para guardar una
porci�n en cada uno de nuestros corazones, de tal forma, que nunca se nos apague
la estrella de la esperanza y que por siempre habite en nuestro esp�ritu la
ilusi�n...As�, cuando el calendario nos estire hasta la adolescencia,
nuestras manos y nuestros pies no queden sujetos a las rejas de un
correccional.

Dios que todo lo ve... que
todo lo escucha y que preteje a los ni�os y a las ni�as, no permitir� que
nuestro anhelo de crecer interiormente nos lo arruine la mano castigadora, el
gesto inoportuno o la palabra lacerante de alg�n adulto de esos que encontramos
por montones en los caminos que cruzamos.
Se�oras y Se�ores,
respetuosamente les rogamos que su lenguaje adopte la m�sica original que
sabemos escuchar y entender quienes amamos... Deseamos que sus manos s�lo se
levanten para convertir en magia todo cuanto toquen.
Le hemos pedido a Dios que
ninguno de ustedes apague el resplandor de la fe que entra en nuestros corazones
y... que sea esa misma claridad la que por Navidad espere el beso del ni�o
Jes�s, la visita de Santa o el amistoso saludo de los Reyes Magos que,algunas
veces traen regalos y otras .

�No!...Pero, no
es porque nos hemos portado mal como suelen decir algunos de ustedes cuando
est�n mal informados, sino porque no pueden...No importa si no traen regalos
ya que ellos pasan por nuestras casas mientras dormimos y nos dejan un beso en
la frente o en la mejilla para que nos enteremos de que estuvieron all�.... a
nuestro lado. Sabemos que cuando no pueden traer regalos, toman de las altas
copas de los pinos y eucaliptos un manojo de colibr�es y los echan a volar por
encima de nuestras casas para que podamos sentir el ritmo de las campanitas que
suenan dentro de cada uno de nosotros, cuando estamos contentos.
Autora: In�s de
Cuevas (Venezuela)


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