
El Hatha Yoga es el tipo de
yoga que deberíamos de comenzar a practicar.
Pero, ¿qué es realmente el Hatha Yoga? ¿Es simplemente una palabra de esas raras que
nadie sabe lo que significa, pero que todos usamos porque queda muy bien? ¿Qué esconde detrás esta palabra, y porqué no
se dice en nuestro idioma para que todos nos entendamos?
Para responder a esto diremos en primer
lugar que la Yoga es una ciencia milenaria, con una antigüedad conocida de unos
ocho mil años. Esta ciencia pretendía el
mejoramiento integral de la persona a través de la unión de su cuerpo, mente y
espíritu. Para ello se fueron
inventando, o mejor dicho descubriendo, nuevas técnicas para conseguir este
fin, de manera que se fue creando todo un cuerpo de disciplinas físicas,
mentales y espirituales que pudieran llevar a buen puerto a las personas que
decidían seguir por este camino.
Yoga viene de la raíz sánscrita Yug,
que significa yugo o unión, y trata de hacernos ver la manera de conseguir
unificar lo material con lo no material, entendiendo dentro de esta
no-materialidad tanto a nuestra mente (que es algo más que nuestro cerebro)
como a nuestro espíritu (emociones, sentimientos, etc.).
El Yoga es una ciencia milenaria, como hemos
comentado, que nos ofrece un conjunto de técnicas psicofísicas que potencian la
salud y las facultades naturales del ser humano.
El trabajo que se realiza con las posturas en el
ámbito fisiológico repercute sobre el sistema neurovegetativo reequilibrando la
función hormonal y estimulando el sistema linfático, lo que produce un
incremento de la respuesta inmunitaria y de la vitalidad en general.
La práctica de una respiración adecuada equilibra
nuestras energías, aumentando la lucidez mental y contribuyendo a la
eliminación del estrés y la depresión entre otras dolencias modernas.
Con la práctica de la meditación abordamos el plano
mental que es en cierto modo el componente fundamental de nuestra existencia,
ya que la correcta percepción de la realidad es la base necesaria para el desarrollo
de la objetividad y el discernimiento.
El Yoga es, por tanto, una vía que nos conduce hacia
una profunda experiencia de nosotros mismos, provocando una plenitud
existencial.
Pues bien, dentro de las disciplinas físicas
que nos propone la Yoga nos encontramos con la Hatha
Yoga, que podríamos traducir como la Yoga del esfuerzo, entendido esto como el
esfuerzo o la fuerza física necesaria para realizar una serie de posturas y
movimientos que llevan a la mejora de nuestro cuerpo físico, en primer lugar, y
a la cesación de las fluctuaciones de nuestra mente, en segundo lugar.
Nos preguntaremos entonces: si esto es algo tan simple de explicar, ¿por
qué no se dice en el idioma correspondiente a cada persona, en lugar de hacerlo
en sánscrito que no entiende casi nadie?
Esto es así simplemente porque es la mejor manera de expresar lo que
significa, ya que sólo el sánscrito como idioma original de definición de estos
términos permite poder dar toda la explicación a lo que realmente es, y los
demás idiomas sólo dan unas aproximaciones a través de la limitada traducción
que permiten nuestros idiomas occidentales sobre los conceptos orientales. Por este mismo motivo, en este libro se darán
las posturas, así como otros conceptos en sánscrito, aunque intentaremos hacer
una traducción y aproximación a su significado lo más certero posible.
¿Qué pretende entonces la Hatha yoga? Simplemente que consigamos en primer lugar
elasticidad en nuestro cuerpo físico, que dicho sea de paso, es la fuente de la
eterna juventud, ya que un cuerpo elástico es un cuerpo joven. Esta elasticidad se nos proporciona por el elongamiento progresivo de los músculos y ligamentos a
través de la utilización de la fuerza de gravedad en unas posturas (con lo cual
no existen riesgos de lesiones) y en otras por la constancia en el
mantenimiento y mejoramiento progresivo de las posturas.
En segundo lugar, nos permiten el fortalecimiento de la musculatura, y
sobre todo de determinados músculos que no usamos habitualmente.
En tercer lugar, proporcionan una acción directa sobre determinadas
glándulas endocrinas estimulándolas para que realicen su función de la manera
más correcta posible.
En determinadas posturas, existen una serie de presiones sobre órganos
internos que provocan una serie de efectos beneficiosos para los mismos.
Por último, y en el tipo de Hatha Yoga que
describiremos en este libro, existen una serie de puntos de atención mental,
donde debemos de fijar nuestro pensamiento mientras se realizan las posturas,
de forma que consigamos poco a poco ir aquietando nuestra mente.
Esto es así debido a que la
mente es la que normalmente nos va a impedir realizar las posturas (denominadas
ásanas en sánscrito), provocándonos con pensamientos
que nada tienen que ver con nuestro cuerpo, y que cuando llegan a centrarse en
él, lo único que nos proporcionan son sensaciones negativas para que
abandonemos la postura y así poder liberarse del control que ejercemos sobre
nuestra propia mente.
Esto seguramente se verá más claro con un ejemplo:
“Al encontrarme realizando una
postura cualquiera, en la que me voy a mantener, o intentar mantener, sin
realizar ningún tipo de movimiento y lo más relajado posible, al menos durante
un minuto, lo que estoy haciendo es provocar que mi mente también se pare en el
torbellino de ideas que tiene, centrándola en un punto de acción determinado,
aunque este sea todo mi cuerpo. Cuando
la mente se tiene que centrar en detectar lo que está ocurriendo en mi cuerpo
cuando realizo la postura no puede pensar de manera anárquica, con lo que se
produce una rebelión de la mente. Es
entonces cuando comienza a enviarnos estímulos para que abandonemos la postura
estática que mantenemos y así poder romper nuestra concentración mental. De esta forma recibimos estímulos que
reconocemos como un picor irresistible, la necesidad de mover un dedo, la
molestia en una rodilla, etc., que sin ser reales nos provocan para que
abandonemos la postura que realizábamos en total quietud.”
Por supuesto, antes de conseguir centrar nuestra mente en los
determinados puntos de atención mental que diremos para cada postura,
observaremos que lo primero que conseguimos es darnos cuenta que existen en nuestro cuerpo infinidad de cosas
a las que no habías prestado la menor atención, y algunas que incluso
descubrimos por primera vez, con sensaciones incluso de frío o calor en
determinadas zonas, que nos indican que existen posibles lesiones aunque de
tipo muy leve.
Ustedes estarán de acuerdo
conmigo en que sólo nos damos cuanta de donde tenemos el hígado, o el estómago,
etc., cuando nos duele o sentimos algún tipo de molestia. La Hatha yoga
conseguirá también que podamos reconocer cualquiera de las distintas partes de
nuestro cuerpo sin necesidad de sentir dolor o molestia alguna.
Queda, aún, una parte de beneficios que nos proporciona la realización
de las posturas de Yoga, y es su nivel energético. Lo primero que notaremos cuando llevemos un
poco de tiempo practicando las ásanas será que cuando
terminemos la sesión nos encontraremos totalmente llenos de energía, preparados
para realizar una jornada de trabajo, como si se nos hubieran “recargado las
pilas”.
Así hemos explicado a “grosso modo” lo que es el Hatha
yoga, y que es lo que nos va a aportar.
Sin embargo, no nos extenderemos mucho más en todo esto, ya que este es
un libro eminentemente práctico donde se pretenden dar a conocer las distintas
pautas a seguir para un principiante de Yoga, y como es lógico nos centraremos
mucho más en toda la parte práctica de explicación de las posturas y sus
efectos benéficos.
Comentar por último, que dentro
del Hatha Yoga existen 84 posturas básicas, y de
estas, podemos decir que existen unas
mil variantes de cada una, por lo que vemos que el campo de realización de
posturas parece casi ilimitado.
De todas formas, lo más importante sería contactar con una persona cualificada que nos siguiera formando en Yoga, lo cual podemos hacer en cualquier centro de yoga que tengamos cerca de nuestro lugar de residencia.