Meditacion

 

 

 

 


¿Por qué medita la gente?

 

La gente medita por muchas razones:

   Relajación

   Salud

   Paz interior y armonía

   Concentración

   Para mejorar el rendimiento deportivo o teatral

   Inspiración y creatividad

   Calidad de vida

  Autocomprensión y terapia

   Despertar espiritual

 

Relajación

Después de una crisis seria o años de tensión crónica, muchas personas pierden su capacidad de relajarse y son millones los que necesitan medicación para una función tan natural como dormir. La incapacidad de relajarse fácilmente puede conducir a una pobre calidad de vida y a problemas de salud.

Aprender a relajarse conscientemente y hacerlo con rapidez, en cualquier situación, es el primer paso para la meditación. Al relajarnos no sólo destensamos el cuerpo, sino también nos deshacemos de las preocupaciones mentales que nos pusieron en tensión.

La relajación consciente, generalmente se consigue al principio en un lugar tranquilo, con los ojos cerrados, pero llega el momento en que también nos podremos relajar mientras conducimos, comemos, hablamos, o incluso, mientras mantenemos una discusión. No perdemos los estribos y al final del día nos podemos recuperar fácilmente.

 

Salud

Estar más relajado cada día es enormemente valioso para nuestra salud. La meditación nos lleva un paso más adelante y hay cientos de estudios médicos que respaldan la pretensión de que la meditación es buena para la salud. Los que aparecen a continuación son los descubrimientos más comunes.

 

La meditación relaja la tensión muscular. Esto alivia el dolor automáticamente, aumenta la movilidad y permite que el cuerpo se relaje. La respiración, los fluidos corporales y los impulsos nerviosos fluyen con libertad.

 

La meditación disminuye la presión arterial alta. Cuando la tensión muscular se afloja, el cuerpo se vuelve más flexible y el corazón no tiene que bombear con tanta fuerza para enviar la sangre a través de venas y arterias. Cuando estamos en tensión, la sangre se espesa con colesterol, pero se hace más líquida cuando nos relajamos.

 

La meditación estimula el sistema inmunológico y la producción de glóbulos blancos. El sistema inmunológico se resiente cuando el cuerpo está en tensión. El proceso de curación funciona mejor cuando el cuerpo está relajado o durmiendo. La meditación acelera el tiempo de recuperación después de una enfermedad o una operación.                    

 

La meditación abre los conductos respiratorios cerrados. Resulta particularmente buena para personas asmáticas y alérgicas (fiebre del heno).

 

La meditación aumenta la circulación de la sangre hacia el aparato digestivo, la piel y el cerebro. Cuando estamos en tensión, el sistema digestivo se nos cierra y el torrente sanguíneo se dirige a los grandes músculos responsables del reflejo «hacer frente o escapar». La meditación le da la vuelta a este proceso y el aparato digestivo vuelve a funcionar correctamente otra vez.

El flujo de sangre hacia la piel y las extremidades se puede experimentar como una agradable sensación de cosquilleo cuando nos relajamos. Una mejor circulación significa que todo el cuerpo se alimenta mejor de nutrientes y elimina los productos tóxicos con mayor eficacia.

 

La meditación tiene efectos drásticos sobre la actividad hormonal. Se trata de un descubrimiento complejo que todavía requiere una interpretación más ajustada. Obviamente, las hormonas relacionadas con la tensión disminuyen durante la meditación. El patrón de secreciones hormonales de una persona que hace meditación generalmente se parece al de una persona cinco o diez años más joven, lo que sugiere que las tensiones físicas de la edad no pesan tanto sobre la persona que practica la meditación. Las personas que hacen meditación son como las personas que están en muy buenas condiciones físicas, parecen más jóvenes de lo que son en realidad por su edad.

 

La meditación equilibra la actividad de los hemisferios izquierdo y derecho. Cada uno de los hemisferios del cerebro gobierna la coordinación motora del lado opuesto del cuerpo. Si un hemisferio es activo en exceso, el cuerpo puede tender a estar ligeramente inclinado, torcido o desequilibrado, lo que naturalmente crea tensión física. Las personas ansiosas tienden a tener o sentir nudos por todo el cuerpo.

Para mí, la presencia de un desequilibrio corporal es una herramienta de diagnóstico. Cuando veo por primera vez a unos alumnos, les hago una foto mental y a medida que pasan las semanas, espero ver que su postura general se vuelve más simétrica al tiempo que la actividad de sus hemisferios se equilibra.

Dicho de una forma muy sencilla, el hemisferio izquierdo generalmente rige sobre el pensamiento mientras que el derecho lo hace sobre los sentimientos. Muchos de nosotros nos encontramos en un caso u otro. Tal vez pensamos en exceso todo el día o las emociones nos inundan, pero la meditación equilibra esa situación. La persona que practica la meditación es capaz de pensar con claridad al tiempo que mantiene sus respuestas emocionales.

 

Indicaciones sobre la salud en general. La evidencia médica sugiere que la meditación puede resultar especialmente eficaz en casos de insomnio, migraña, asma, dolor crónico, hipertensión, alergia o recuperación después de una enfermedad. Frecuentemente consigue buenos resultados con los desórdenes psicosomáticos de la piel, el aparato digestivo y el sistema nervioso.

 

La evidencia anecdótica indica que la meditación actúa ocasionalmente como una «bala mágica». Quienes padecen insomnio o migraña son los que con más posibilidades consiguen resultados rápidos y duraderos. La meditación puede eliminar el 20 por ciento superior de tensión que da paso al insomnio o a un ataque de migraña.

De hecho, la meditación generalmente funciona como un tratamiento naturopático: pone a todo el cuerpo en armonía. Los resultados son más lentos, más generales y no son fáciles de medir científicamente. Aun así, podemos considerar que la meditación es útil para todas las enfermedades y no sólo para las mencionadas más arriba. La mayoría de personas, después de tres o cuatro semanas de práctica continua, nota mejoría en la salud en general y en su bienestar.    

                                                                      

Paz interior y armonía                                                                           

A veces pensamos que la paz interior es imposible porque el mundo o nuestra vida es un caos, y sin embargo, la tranquilidad, aunque sea pasajera, siempre nos acompaña cuando nos relajamos. En esos momentos en los que disfrutamos plenamente de la belleza de la naturaleza o jugamos con nuestro perro, el miedo y la rabia quedan en suspenso, hayamos tenido un día bueno o malo. Incluso el dolor crónico parece más tolerable.

 

Concentración

La tensión socava nuestra capacidad de concentración. Si intentamos pensar y hacer una docena de cosas diferentes a la vez, no hacemos ninguna bien.

La meditación nos prepara para concentrarnos en una cosa cada vez. Aprendemos a descartar las preocupaciones mentales triviales y las obsesiones improductivas, lo que nos da espacio para trabajar y poner toda la mente en la tarea a realizar.

 

Mejorar el rendimiento

En Estados Unidos muchos profesores de meditación se ganan la vida enseñando a deportistas y gente del mundo del espectáculo, quienes descubren que la meditación les da la fuerza que necesitan para alcanzar máximos resultados. Saben que funcionar sólo a altos niveles de adrenalina resulta contraproducente.

Los grandes bailarines, tenistas y actores llevan a cabo su actuación con gracia y facilidad. Están relajados y usan sólo la cantidad de energía necesaria para lo que están haciendo.

 

Inspiración y visión

«Se me ocurren tantas ideas durante una clase de meditación», decía un artista visual, «que me duran toda la semana». La meditación pone el pensamiento verbal en el fondo y crea un espacio para que la inspiración aparezca. Podemos activar la parte adecuada de la mente y soñar estando completamente despiertos. Esto promueve las ráfagas de conocimiento que a menudo emergen con el ensueño o la quimera.

La meditación puede ayudar a solucionar problemas difíciles. Nos permite retirarnos, como si nos subiéramos a una montaña para inspeccionar el terreno que vemos debajo. Podemos dejar de lado las enojosas minucias y concentrarnos en la visión general. No se trata de un proceso por el que «pensamos la cosas con detalle», sino que las respuestas frecuentemente aparecen como una ráfaga cuando la mente está tranquila.

En la tradición budista, la sabiduría interior (que es la única que vale la pena tener) tiene su origen en estas ráfagas de conocimiento. Son momentos cuando nos podemos apartar de nuestros ego-dramas y ver las cosas con exactitud. Se hace la luz y nos damos cuenta de que «el queso me da dolor de cabeza» o «en realidad, mi esposa no me gusta», o tenemos profundas intuiciones sobre cuestiones personales o filosóficas.

 

Calidad de vida

Se supone que los monjes y las monjas llevan una vida de privaciones, sin sexo, sin diversión, con restricciones alimentarias, pero de hecho, es probable que lleven vidas de refinada sensualidad. Del mismo modo, las personas que practican la meditación pueden vivir en un mundo rico de sensaciones y sentimientos. Disfrutar de una simple comida a conciencia es más satisfactorio que zamparse un gran banquete con la mente puesta en otra cosa.

Muchas personas me dicen a menudo «Si pierdo mi sesión matutina, todo el día se hace difícil». Los principiantes se dan cuenta de lo valiosa que es la meditación cuando dejan de practicarla durante un tiempo. 

  

Conciencia de uno mismo y terapia

La conciencia de uno mismo comienza con la conciencia del propio cuerpo. La señal más clara de neurosis es la falta de esta conciencia. Las personas así ni siquiera se dan cuenta cuando encienden otro cigarrillo o se llevan comida a la boca. Tienden a vivir en la cabeza; las personas anoréxicas, por ejemplo, están obsesionadas con la idea, no con la realidad, de su cuerpo.

La meditación nos hace poner los pies en la tierra, nos pone en contacto con las sensaciones de nuestros cuerpos. Reconocer la realidad de quiénes somos puede ser incómodo, pero la conciencia de uno mismo debe comenzar por aquí. La relajación afloja las tensiones del día. La relajación profunda puede liberar la tensión crónica acumulada durante años. A su vez, esto puede aflojar las emociones reprimidas que dieron lugar a dichas tensiones. Cuando la mente es fuerte y está tranquila, a menudo hace aflorar recuerdos y emociones ocultas, lo que nos permite reconocerlas y tratarlas. A su modo, la meditación cubre exactamente el mismo terreno que cualquier psicoterapia.

 

Despertar espiritual

Para poder seguir el camino espiritual, necesitamos aclarar la mente y escuchar. El místico cristiano Meister Ekhardt dijo que debíamos convertirnos en un espacio en el que Dios pudiera entrar. La tradición budista dice lo mismo: sólo el cuenco vacío puede recibir sabiduría. No podemos pensar nuestro camino hacia Dios: la gracia sólo puede venir cuando la mente está abierta y receptiva.

Nuestras mentes a menudo se encuentran contaminadas por un interminable desfile de pensamientos y fantasías triviales. La meditación puede eliminarlas a medida que aparecen. La tradición budista dice: «Cuando se dominan los pequeños momentos, el gran momento está cerca».

Puede parecer que una persona que busca el despertar espiritual practica la meditación de forma distinta a la que alguien que intenta superar el insomnio, pero sin embargo, las reglas generales son las mismas en ambos casos. Para conseguirlo, ambas personas necesitan estar relajadas y conscientes en la meditación y en la vida diaria.

Cualquier cosa que hagamos con la mente, lo haremos mejor si meditamos. La meditación es como aprender a conducir un coche. Hay ciertos procedimientos que debemos seguir de forma ineludible, pero una vez que aprendemos a conducir, somos nosotros los que decidimos dónde vamos.

 

 

¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN?

 

  ¿Qué es la meditación? ¿Cómo funciona?

 

La meditación: el arte de estar relajado y alerta

Una pregunta que me hacen con frecuencia es «¿Qué diferencia hay entre relajación y meditación?», y tienen razón al sospechar que la meditación es algo más que simplemente estar relajado.

La meditación es un estado mental tranquilo y alerta; el cuerpo está relajado y la mente concentrada. Los pensamientos quedan a un lado y nos sentimos en armonía con las sensaciones del momento.

La relajación, en cambio, se da cuando la mente va de un lado a otro, entre el sueño, la fantasía y el pensamiento. Podemos estar medio despiertos y no saber lo que estamos pensando. Es un estado agradable, pero fuera de control.

Tenemos más posibilidades de sentirnos relajados y alerta cuando nos concentramos en algo que nos gusta, como por ejemplo:

   Escuchar música                                                                              

   Observar los pájaros en el jardín                                                   

   Practicar yoga, o cualquier ejercicio con conciencia                    

   Ducharse                                                                                                       

   Comer un melocotón

   Hacer un ramo floral                                                                            

   Estar acostado escuchando el viento y la lluvia

 

También podemos sentirnos relajados y alerta estando sentados en una silla, notando nuestro cuerpo expandirse y contraerse al respirar. Esto es, en realidad, meditar con la respiración.

La meditación es un acto de equilibrio: podemos estar relajados pero no muy despiertos, o podemos estar alerta pero físicamente en tensión. A veces necesitamos relajarnos más y otras veces necesitamos despabilarnos. Generalmente estamos demasiado alerta, porque nuestras ansiedades nos mantienen en tensión. Con la práctica y afinando, podemos alcanzar lo mejor de ambos mundos.

Al principio de un curso, los alumnos frecuentemente cometen el error de entrar en estado de somnolencia. Es más fácil despertar una mente relajada que calmar una excesivamente alerta. ¡Para algunas personas es un gran logro dormirse en una silla en una habitación llena de gente! Al llegar a las últimas semanas, sin embargo, sabrán mantenerse mentalmente despiertos aunque sus cuerpos estén relajados.

 

La concentración y sus instrucciones básicas

Mantenemos la mente alerta mientras nos relajamos concentrándonos en algo. Esto nos ayuda a mantenernos despiertos e impide pensamientos que nos distraigan.

 Las instrucciones básicas para la mayoría de meditaciones son las mismas:

 

1.   Relajarse.

2.   Elegir algo para concentrarse y explorar.

3.   Si la mente se distrae, traerla nuevamente a la concentración.

4.   Dejar de lado todo lo demás.

 

En otras palabras, a la mente le asignamos una tarea sencilla para mantenerla alejada de las preocupaciones. Por ejemplo, contamos las respiraciones o decimos un mantra. Esa es nuestra ancla. Cuando nuestra atención sé pierde, nos esforzamos por hacerla volver.

Parece un trabajo que cuesta hacer, y en realidad así es. Nos encanta jugar con nuestros pensamientos, perseguir los buenos y pelearnos con los malos. No queremos dejar de lado nuestras preocupaciones y fantasías, por más frustrantes que sean, y sin embargo, está claro que tenemos que deshacernos de esta lucha si queremos relajarnos. Dejar de lado, dejarse ir, puede ser un trabajo difícil.

La concentración es la técnica básica de casi todas las meditaciones. La expresión puede ser problemática para algunas personas que la asocian con tener el entrecejo fruncido y una firme determinación. Por este motivo, algunos profesores dicen que sus prácticas no requieren concentración, pero en realidad esto no es así. Una buena concentración es placentera. Es como un niño fascinado con un juguete: sensaciones y sentimientos, no pensamientos. Estamos concentrados cuando todos los otros pensamientos y sensaciones quedan momentáneamente apartados o empequeñecidos. La concentración sucede de forma natural, como en los ejemplos que aparecen al principio de este capítulo, pero también es una habilidad que se puede desarrollar.

 

Diferentes prácticas y sus efectos

Hay miles de diferentes meditaciones, pero las instrucciones para casi todas ellas son similares: relajarse, concentrarse en un objeto o actividad y dejar de lado todo lo demás. La diferencia principal entre las distintas meditaciones es el objeto sobre el que decidimos concentrarnos.

Las meditaciones más ampliamente usadas son:                                     

 

1. Respiración y conciencia corporal. 

2. Mantra y afirmaciones.

3. Visualización.

4. Objetos sensoriales (naturaleza, música, vela, sonido, etc.).

 

Existen incontables variaciones de estas meditaciones, y esto es sólo el comienzo. Eventualmente podremos meditar sobre recuerdos, un problema, el dolor, nuestras emociones, principios abstractos, Dios o sobre la naturaleza de la propia mente. Pero es mejor comenzar por algo más sencillo; hay que aprender a caminar antes de correr.

A menudo me preguntan «¿Cuál es la mejor meditación?», pero eso como si me preguntaran cuál es la mejor medicina. Una medicina sólo tiene valor si se ajusta a la persona que la usa, y esto explica por qué hay tantas clases de meditaciones. Si usted prueba unas cuantas, pronto descubrirá si una práctica es adecuada o no, porque será obvio: o le gusta o no le gusta. Haga como los perros que olfatean algo en la calle y confíe en su instinto; si huele bien, cómaselo.

Casi todas las meditaciones tienen un objetivo similar: reforzar nuestra capacidad de relajarnos y concentrarnos. Aceptando esto, sin embargo, debemos decir que distintas prácticas producen distintos efectos, y resulta útil saber algo sobre ellos.

 

Las meditaciones basadas en la respiración y el cuerpo tienden a estimular la conciencia de uno mismo, la salud, la memoria, la relajación y la dicha. Son prácticas buenas y útiles que, sin embargo, pueden llevar a un auto-análisis excesivo .

 

Mantra y afirmaciones son ideales para promover la tranquilidad. Son prácticas sencillas y flexibles, adecuadas para personas de temperamento devoto o religioso y a menudo producen felicidad a costa de la claridad  mental.

 

Las visualizaciones son positivas, creativas e individualistas. Pueden hacer aflorar el potencial de la mente, pero a menudo les falta profundidad. Pueden llevar a un estado mental ambicioso que exige resultados (visiones  y conocimientos) de cada meditación.

 

Las meditaciones sobre objetos sensoriales hacen salir de uno mismo y  aumentan la empatia con el mundo exterior y su comprensión.

 

Muchas personas consideran que las meditaciones basadas en la respiración y la inspección del cuerpo son las prácticas más útiles, pero otras meditaciones (música, mantra y afirmaciones) son más fáciles, por lo que tal vez usted prefiera empezar por ellas.

Es corriente que los grupos tengan preferencias claras por determinadas técnicas de meditación. Los budistas del sur tienden a preferir la respiración, pero los grupos hindúes prefieren el mantra. A los miembros de la generación llamada New Age les gustan las afirmaciones y la visualización, y así sucesivamente. Cada grupo tiende a enseñar sólo su práctica preferida.

Es una situación bastante inadecuada, porque es como decidir que todo el mundo necesita más vitamina C o zinc en su régimen alimenticio. Los principiantes a menudo creen haber fracasado si la práctica que realizan no les da resultado, cuando lo más probable es que la técnica no sea la adecuada a su temperamento. La meditación es un camino individual y cualquier persona puede practicarla si encuentra el medio apropiado.

 

La postura

Podemos meditar en cualquier postura (sentados, de pie, caminando o acostados) o situación intermedia. Cada postura tiene un efecto mental diferente y no hay una postura concreta que sea «la mejor». Lo que importa no es la postura sino lo que hacemos en ella.

Lo ideal seria meditar en Loto, pero como le resulta bastante complicado a la mayoría, seguiremos las siguientes intrucciones:

Busque la silla o la combinación de cojines que mejor se adapte a usted para que se sienta cómodo (pero no demasiado cómodo). Su postura debe permitirle respirar con facilidad (nada de hombros caídos) y mantenerse despierto y alerta (¡meditar en la cama tiene sus inconvenientes!).

 

Ondas cerebrales alfa y beta

Cuando nos relajamos, nuestras mentes literalmente se vuelven más lentas, algo que es fácil de comprobar porque no pasamos de una idea a otra con tanta rapidez. Es conveniente llamar «alfa» a este estado, dado que las ondas cerebrales alfa (entre 7 y 14 ciclos por segundo) son dominantes cuando nos relajamos. Las ondas cerebrales más rápidas (14 a 30 ciclos por segundo) se llaman «beta». Éste es generalmente nuestro estado mental activo. Las ondas cerebrales del sueño se llaman theta y delta.

El estado alfa tiene una calidad mental muy clara que podemos aprender a cultivar. En alfa, el sentir predomina sobre el pensar y somos mentalmente receptivos más que activos. Nuestra atención se centra más en el presente que en el pasado o futuro. El estado alfa es un estado que acepta y no enjuicia

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Reconocimiento de estados mentales más profundos

La meditación extiende las fronteras de la conciencia. Comenzamos a familiarizarnos con los alrededores de la conciencia, particularmente con los estados más cercanos al sueño. Esta progresión tiene una descripción clásica:

 

1.   Ser consciente estando despierto.

2.   Ser consciente estando relajado.                           

3.   Ser consciente en estado de sueño.

4.   Ser consciente en un estado sin sueños.

 

Notaremos que a medida que nuestro metabolismo se hace más lento, nuestro estado mental también cambia. En beta, nuestro estado despierto habitual, la mente es como un saltamontes, pues está constantemente pensando, hablando, en completa actividad y «en escena». Nuestro cuerpo se siente sólido o tenso y mantenemos nuestros sentimientos más tiernos en la periferia.

Cuando estamos relajados y en alfa, la actividad de la mente parece más lenta. La mente va y viene, ve imágenes o colores, incluso fantasías. Experimentamos el cuerpo directamente como sensaciones que aparecen y desaparecen: dolores y molestias, suaves cosquilleos, etc.

Cuando la mente se aproxima al sueño se vuelve «irracional». A veces aparecen fugazmente imágenes soñadas o viejos recuerdos, incluso revelaciones inesperadas («¡Ah, ya sé dónde dejé las llaves del coche!»). Las preocupaciones del día se borran y sentimos el cuerpo pesado o liviano, o flotando, incluso puede dar la sensación de desaparecer completamente. La sensación del cuerpo es muy diferente respecto de la que tenemos en el estado beta.

A medida que nos acercamos a esta situación de «cuerpo dormido, mente despierta» se hace más difícil permanecer alerta, pero no es sorprendente porque llevamos encima décadas de condicionamiento que nos hacen caer dormidos al llegar a este punto. Permanecer despierto significa romper un hábito muy arraigado y también tenemos que estar convencidos de que merece la pena.

¿En qué punto se pierde la conciencia? Algunas personas se quedan dormidas en las primeras etapas del estado alfa, pero si logramos permanecer despiertos a medida que el cuerpo se aproxima al sueño, las recompensas son infinitamente mayores.                                                                

¿Se ha despertado alguna vez sintiéndose milagrosamente vivo y lúcido? Sabe que ha tenido un sueño maravilloso, aunque no lo recuerde para nada. Quien lo sabe es alguna parte de usted. La situación de «cuerpo dormido, mente despierta» es así.

Es bueno para la salud sentirse más relajado en la vida diaria, pero la curación profunda es más probable que ocurra en la situación de «cuerpo dormido, mente despierta». Las ansiedades crónicas que nos persiguen, despiertos o dormidos, no están presentes en este estado. Las causas psicológicas de la mala salud quedan cortadas de raíz. El mecanismo de autocuración de toda la psique se pone en acción, al menos en esos momentos.

 

Estar relajado y consciente durante el día

Existen estados más profundos que los mencionados anteriormente, pero son difíciles de describir y más aún de experimentar. Es más importante desarrollar amplitud en la práctica, o sea sentirse centrado y consciente a lo largo del día.

Yo no califico a mis alumnos con aprobados o suspensos, pero de todos modos miro si pueden traspasar dos umbrales críticos. ¿El alumno puede mantenerse alerta mientras está profundamente relajado? Lleva tiempo lograr sentirse fuerte y centrado en este estado; lamentablemente, conozco personas que llevan años «meditando» sin llegar hasta aquí.

El siguiente umbral es estar conscientemente relajado y despierto durante el día, fuera de la sesión formal de meditación. Es fácil relajarse en clase, estando acostado, con los ojos cerrados, la ayuda de alguien que nos guía, en un ambiente tranquilo y con el apoyo de otras personas que están haciendo lo mismo, pero poco a poco hay que ir dejando de lado estos apoyos para poder meditar sentados o caminando, con los ojos abiertos, sin ninguna guía, en circunstancias ruidosas y rodeado de personas que piensan que lo que hacemos es una tontería.

Hay que intentarlo varias veces, pero pronto se aprende a meditar con los ojos abiertos. Esto proporciona una gran flexibilidad y una claridad mental extra. Es posible meditar en salas de espera, mientras caminamos, en conferencias. Se puede meditar sobre cosas de belleza, como el cielo, el océano, un arbusto florecido o unos pájaros volando. Se puede meditar en medio de la actividad. Podemos aprender a meditar en diferentes posturas, prescindiendo de una determinada silla, un cojín concreto, una cierta habitación. Podemos aprender a meditar en el dentista o mientras esperamos para recoger a los niños delante del colegio.

Llegará el momento en el que podremos meditar aunque las circunstancias disten de ser las ideales, por ejemplo, cuando sentimos la televisión en la casa de al lado, el ruido del tránsito en la calle o a los niños peleándose en el salón. Nos podemos sentir agotados, enfadados o deprimidos, y sin embargo, pensar que la meditación no sólo es posible, sino que es justo lo que necesitamos. En este punto la meditación se convierte en una práctica continua. Es el arte de encontrar siempre el punto de equilibrio en el imprevisible tiempo de nuestras vidas.

 

En busca del éxtasis

Muchas personas que hacen meditación están «enganchados al éxtasis» y sólo buscan las meditaciones «buenas». Son adictos a todo lo que rodea a la meditación: las personas, el entorno, el método y a menudo la filosofía que le sirve de base. El resultado es, lamentablemente, que sus meditaciones dependen de un lugar, un momento del día, un determinado estado emocional. Si cualquiera de estos elementos no es el ideal, la meditación no es buena.

Es fácil caer en las redes de una plétora de reglas y prohibiciones si sólo se persigue la máxima perfección: no meditar después de una comida, comer sólo alimentos vegetarianos, sentarse en el suelo con las piernas cruzadas en la posición del loto, llevar ropa blanca o negra, aprender a respirar «correctamente», sentarse como una estatua, usar sólo un mantra determinado, no probar otros métodos, tener sólo pensamientos puros y nobles, abandonar aquellas cosas que limitan el crecimiento espiritual, tales como trabajo, familia, cultura, y otras reglas y prohibiciones por el estilo.

Son sistemas valiosos, pero innecesarios si lo que buscamos es un estado de conciencia y equilibrio en la vida. La meditación no nos exige que nos apartemos de la realidad, sino que es un hábito, el de estar relajados y a tono con nosotros mismos, física y emocionalmente, durante todo el día. Este equilibrio interior continuado es más valioso que la ocasional «perfección».

Punto de meditación: Un objeto cualquiera

Esta técnica se puede practicar en cualquier momento libre, por ejemplo sentado a la mesa de trabajo, o esperando el autobús, o en el coche.

 

Instrucciones

Elija un objeto interesante dentro de su campo de visión.

Puede ser una flor, la hierba moviéndose al viento, el dibujo de la camisa de la persona que está a su lado.

Fije su mente allí. Elimine la charla interior. Pase a sentir.

Deje que los ojos se ablanden (no fije la mirada).

Use los ojos como una lente zoom. Deje que el tiempo se haga lento

y explore el objeto a placer. Imagine su textura u olor, si es el caso.

Permita que afloren las asociaciones.

Deje que su cuerpo se afloje y se relaje.

Respire produndamente y suspire al soltar el aire.

Tenga conciencia del objeto, su cuerpo y la corriente de atención que los une.

Finalmente, de forma consciente, deje de centrar la atención en el objeto.

Compruebe si su estado mental ha cambiado.

¿Se siente más tranquilo y alerta?

 

 

Mantra

 

Un mantra es como una afirmación, pero con dos diferencias importantes. Un mantra puede no tener significado alguno o, si lo tiene, la calidad de sonido de las palabras es más importante. En segundo lugar, la concentración está en el mantra en sí. Las afirmaciones normalmente se hacen mientras nos concentramos en la respiración o el cuerpo, pero con un mantra nos concentramos en su ritmo y en su calidad sonora.

He aquí algunos mantras comunes:

OM

OM AH

OM AH HUNG SVAHA

SOHAM

OM MANÍ PEME HUNG

OM NAMAH SHIVAYA

 

Los mantras son musicales, nos envuelven en sonidos y su ritmo nos transporta. Pueden aparecer colores e imágenes cuando nos relajamos y la sensación es a menudo cómoda y sensual, pero también pueden ser soporíferos, como cuando canturreamos una canción de cuna, a no ser que busquemos específicamente la claridad mental.

Los mantras son más místicos que una práctica menos emocional como la meditación sobre la respiración. Fácilmente crean sensaciones e imágenes y pueden tener una calidad mágica de encantamiento. Esto atrae a algunas personas y descorazona a otras. De todas las prácticas apuntadas en este libro, ésta es la más religiosa o exótica en tono.

Para hacerlos accesibles, los profesores han intentado desmitificar los mantras. Benson, en The Relaxation Response, sugiere usar la palabra «one» como mantra. LeShan sugiere encontrar un mantra de dos sílabas abriendo el listín telefónico al azar. Se toma la primera sílaba del primer nombre, luego se vuelve a abrir el listín, se repite el proceso ¡y ya tenemos un mantra!

El grupo llamado Meditación Trascendental (en adelante llamado MT) insiste en que un mantra es una disciplina psico-física y no una religión. Proporciona grandes fondos a investigaciones sobre los efectos de la meditación para apoyar su posición y ha logrado cambiar la imagen de la meditación en occidente. Hay grandes corporaciones mundiales que no tienen empacho en invitar a trajeados profesores de MT para que ayuden a los ejecutivos a relajarse.

Aun así, sigue habiendo un poco de misterio y la consiguiente sospecha con respecto a MT. Yo creo que tienen un problema: su producto es excelente, pero es tan sencillo que si lo explicaran, la gente no se lo tomaría en serio. ¿Alguien pagaría mucho dinero por algo tan básico?

Cualquiera que sea la razón, su mantra es secreto. Además, los alumnos reciben su mantra personalizado en una ceremonia de iniciación y se les pide que nunca lo divulguen. Este uso de mantras personalizados es la característica principal que distingue a MT de otras prácticas similares.

Naturalmente, corren abundantes rumores sobre estos mantras secretos: que sólo hay uno (o cuatro, o diecisiete) y que dan a todo el mundo, que todos los alumnos de un año determinado reciben el mismo mantra, que todas las personas que tienen treinta años reciben un mantra y todas las que tienen cuarenta reciben otro diferente, etcétera.

Los padres cristianos a menudo se oponen al uso de la meditación en la escuela porque sospechan que un mantra es una oración a un dios pagano. En este sentido, puedo exonerar a MT. He oído muchos mantras de MT a lo largo de los años y son lo que dicen que son: sonidos sin sentido, generalmente de dos sílabas.

¿Pero hace falta que los mantras sean secretos? En el mundo oriental, los mantras son «de dominio público», como si dijéramos. Aparecen escritos en paredes, ropas o libros, o se oyen en calles y templos. Forman parte de canciones conocidas o se leen en la parte frontal de los camiones. Están grabados sobre rocas u ondean en banderas. Los niños los saben antes de aprender a leer.

También hay mantras «secretos» que requieren iniciación, pero son más escasos. Distintos grupos pueden tener su propio mantra, por ejemplo, o un mantra ir con una práctica determinada. En todo caso, no están hechos a medida para una sola persona.

Parece que sólo MT utiliza mantras personalizados y este aspecto desconcierta incluso a personas que simpatizan con la meditación y el mantra. Da la impresión de elitismo y sugiere que los mantras tradicionales que millones de personas han usado durante miles de años no son «trascendentales».

El mantra y la meditación sobre la respiración son las dos meditaciones más extendidas en todo el mundo. Las personas tienen una afinidad inmediata con uno o con otra. La meditación sobre la respiración es más fría, analítica y realista. Un mantra, a pesar de los esfuerzos de desmitificación de algunos, sigue siendo más emotivo e imaginativo. Esto es justamente parte de la naturaleza del mantra. Yo enseño el mantra de forma sencilla, pero hay otras forma de usarlo.

Los grupos religiosos tienden a preferir el mantra porque es más adecuado para crear emoción que la respiración. El hinduismo tiene una gran tradición de canciones populares sagradas. Son como villancicos, que grupos de devotos cantan durante horas. Estas sencillas y bellas canciones son bastante repetitivas y producen el efecto de un mantra. Cuando los cristianos aprenden meditación, a menudo sienten afinidad por el mantra. El Salve María, el pasar las cuentas del rosario y las liturgias repetitivas de la iglesia son similares en efecto al mantra.

También es posible bailar siguiendo el mantra, como sabemos por haber visto a los seguidores de Haré Krishna por las calles. Hace falta mucha energía para cantar y bailar un mantra y eso dificulta pensar en cualquier otra cosa. Es adecuado para los jóvenes o para personas con mentes no disciplinadas.

En la India, un mantra se dice muy rápido y en voz alta. Se trata de la teoría de la manguera de alta presión del mantra: hacer volar todo lo demás que haya en la conciencia.

Un mantra se puede decir en voz alta o en silencio. Quienes lo usan suelen comenzar en voz alta, pero a medida que se relajan, el mantra se vuelve silencioso y se transforma en un murmullo interior, hasta que se para solo y la persona queda inmóvil.

La propia simplicidad del mantra puede ser un problema. Muchas personas consideran que el mantra es extremadamente aburrido y usar uno 20 minutos cada día se convierte en una tarea masoquista. El mantra, entonces es la medicina equivocada para esas personas, por lo que deberían probar algo que les resultara más atractivo.

Meditar sólo sobre el sonido de un mantra puede ser monótono, aunque el mantra tiende a evocar color y disposición de ánimo, simplemente debido a sus cualidades musicales.

Con la relajación, la mente a menudo genera imágenes de forma espontánea, imágenes con las que podemos jugar para hacer más profunda la meditación. Como ya he dicho anteriormente, el hecho de usar un mantra puede parecer cosa de niños.

Muchos mantras orientales son los distintos nombres de Dios. Decir un mantra es como invocar un aspecto de Dios, lo que se puede entrelazar con visualización, conceptos y emociones religiosas. Obviamente, este tipo de mantra no es un simple sonido sin sentido que se dice para relajarse.

Algunos mantras sencillos consisten en un solo sonido sin significado: TAM, OM AH, HUNG. Otros, igualmente sencillos, son nombres de deidades: RAM BUDDHO, JESÚS CHRISTOS, KALI. Otros son invocaciones: HARÉ KRISHNA (a Krishna), OM TARE TUTTARE TURE SOHA (a Tara, el Buda femenino) y OM NAMAH SHIVAYA (a Shiva).

Otros mantras contienen conceptos en su parte esencial: el gran mantra del Tibet OM MANÍ PEME HUNG, por ejemplo, evoca la luz de diamante del Buda de la compasión.

También existen mantras largos, como el padrenuestro y el catecismo católico, y sus equivalentes orientales. Éstos son mantras contemplativos; aunque tienen significado, estimulan un estado de ánimo en lugar del pensamiento especulativo.

El mantra puede ser muy flexible. Como la respiración, puede ser la base de una meditación más sofisticada. Es fácil añadir una visualización (de una deidad), un concepto (amor o compasión) y actividad física (mecer el cuerpo, bailar o pasar las cuentas de un rosario).

Hecho de forma sencilla, un mantra nos puede relajar con mucha rapidez. Es como un niño repitiendo una palabra sin cesar. Se puede usar en actividad, del mismo modo que podemos canturrear una canción mientras hacemos las tareas domésticas. A veces resulta desconcertante hablar con un tibetano, porque está claro, por la forma en que pasa las cuentas de su rosario, ¡que está diciendo un mantra mientras nos escucha!

 

 

Meditación básica 1: La respiración

 

Por encima, parece una técnica sencilla. Nos sentamos y contamos las veces que respiramos a lo largo de la meditación. Pero si esto es todo lo que hacemos, la práctica puede resultar bastante insípida, reduciéndose a simplemente marcar el tiempo. Es mucho más importante sentir la respiración. ¿La mente está allí cuando la respiración comienza o se para? ¿Nos damos cuenta de los detalles cambiantes momento a momento? ¿Sentimos la reverberación de la respiración en diferentes partes del cuerpo, como el vientre, el diafragma, el pecho o las fosas nasales?

Si examinamos la respiración con curiosidad, la mente estará concentrada y podremos notar finas sensaciones que resultan fascinantes. Esta meditación puede, eventualmente, llevarnos a explorar todas las energías vitales dentro nuestro.

 

Instrucciones

Busque un lugar relativamente tranquilo y tómese 15 minutos para meditar. Coloqúese en una posición cómoda que le permita respirar con facilidad. A casi todo el mundo le va bien una silla acolchada de respaldo recto.

 

Dedique un minuto o dos a repasar lentamente su cuerpo de forma interna, para soltar las tensiones sutiles. Examine ojos, boca, hombros, manos, vientre.

 

Respire profundamente y suspire. Deje que su abdomen se afloje, que el aire de la respiración tenga espacio donde moverse.

 

Explore el movimiento de la respiración dentro suyo. Si hay una pausa cuando acaba de soltar todo el aire, disfrútela. Permita que la respiración sea espontánea. No trate de controlarla, ni de respirar correctamente o de regular la respiración.

 

Para mantenerse alerta, cuente las respiraciones hasta cinco o diez repetidas veces. Esto ayuda a fijar la mente cuando usted se distrae. Puede contar cada vez que acaba de expeler todo el aire («uno... dos... tres...», o contar dos veces, cuando inspira y cuando expira («uno, uno... dos, dos...), o usar la conjunción «y» («uno... y dos... y tres...»).

 

Si pierde la cuenta, no se preocupe y vuelva a empezar. Si se distrae fácilmente, examine cada respiración con mayor intensidad. Si tiene sueño, abra un poco los ojos o corrija su postura. Deje que su cuerpo se duerma. No se ponga rígido. En el fondo, sea consciente de las sensaciones de relajación, o sea pesadez/ligereza, cosquilleo, respiración suave, etc.

 

Salga lentamente de la meditación. Permanezca sentado en silencio con los ojos abiertos durante un minuto. Observe si se siente diferente con respecto a cuando comenzó el ejercicio.

 

 

Meditación básica 2: Inspección del cuerpo

 

En cualquier meditación ayuda tener algo sistemático que hacer. En este ejercicio podemos inspeccionar el cuerpo deliberadamente en etapas, de arriba hacia abajo o al revés. La inspección del cuerpo es una meditación sobre la postura y la respiración. Es una práctica excelente por sí misma y puede servir de preliminar para otras técnicas.

Divida al cuerpo en siete regiones y pase deliberadamente de una a la siguiente. En la meditación previa explorábamos las sensaciones de la respiración para mantener la mente ocupada. En ésta, examinamos todas y cada una de las sensaciones que aparecen en cada parte del cuerpo, como, por ejemplo, dolor, cosquilleo, calor, tensión, pulso, humedad, o cualquier otra.

Se puede repasar el cuerpo hacia arriba o hacía abajo, con rapidez o con lentitud. Se puede pasar de una región a otra cada vez que se suelta el aire, o contar cinco o diez respiraciones (o más) en cada región.

Instrucciones

Siéntese cómodamente y sacuda el cuerpo hasta aflojarlo. Inspecciónelo por encima y afloje cualquier tensión obvia. Respire profundamente un par de veces y déjese ir completamente mientras suelta el aire.

Repase el cuerpo a su propio ritmo: una, cinco o diez respiraciones a cada región. Interésese por el detalle sutil:

Cuero cabelludo y frente

La cara y la parte inferior de la cabeza

Cuello, garganta, hombros, brazos y manos

Pecho y espalda

Diafragma y plexo solar

El vientre

Caderas, piernas y pies

Concéntrese en el flujo de la respiración en cualquier parte del cuerpo: vientre, pecho, garganta o fosas nasales. Cuente las respiraciones, como en la meditación anterior. Tome conciencia de las sensaciones de relajación que le rodean: pesadez, cosquilleo, expansión, etc.

Repita los pasos 2 y 3 a su gusto. Como alternativa, tal vez prefiera inspeccionar el cuerpo en dirección ascendente. La inspección descendente es relajante, en efecto. La inspección ascendente eleva la energía y lo mantiene más alerta.

 

 

Meditación básica 3: Música

 

Si su objeto de meditación es la música, las instrucciones habituales son válidas. Relájese, concéntrese en la música y cuando la mente se distraiga, tráigala otra vez a la concentración.

Muchos de nosotros usamos la música como muzak, o sea, nos relajamos flotando junto con ella. Sin embargo, separarse del resto del mundo a través de la música no es meditación, sino una forma de relajación en la que la mente no está muy lúcida. La meditación con música se parece más a asistir a un concierto. Si nos gastamos un buen dinero en la entrada, está claro que queremos concentrarnos en la música, y si lo logramos, disfrutamos mucho más porque reconocemos detalles de riqueza y color que de otro modo no notaríamos. La música es más probable que evoque imágenes o sensaciones que pueden profundizar nuestra concentración (si no permitimos que nos distraiga).

A menudo me preguntan: «¿Hay alguna música que sea mejor para la meditación?». Cualquier música no cantada sirve. Puede ser rápida, lenta, tranquila o apasionada, pero con alguna característica que atraiga a la mente. Yo medito frecuentemente escuchando música compleja rápida, pero es más importante la calidad de la concentración que la música en sí.

La música de relajación o tipo New Age generalmente es demasiado insustancial para la meditación. Puede dar lugar a una mente soñadora en lugar de concentrada, pero aun así, puede ser útil para crear un ambiente mientras que usted medita sobre otra cosa.

 

Instrucciones

Revise su postura y respiración durante un minuto o dos. Ponga su mente en estado alfa antes de que la música comience.

 

Haga sonar la música y disfrútela. Observe detalle y color. Si espontáneamente aparecen imágenes o colores, úselos para profundizar la meditación. Sienta la música resonar dentro del cuerpo. Pregúntese de vez en cuando «¿Estoy todavía con la música?». Tenga presente cuando se siente alejar. Observe la especial calidad «viva» de esos momentos cuando está completamente con la música.

 

Cuando la música deje de sonar, vuelva a usted mismo. ¿Se ha relajado completamente, o está un poco nervioso? ¿Está aguantando la respiración, o es suave y floja? Cuando se sienta absolutamente en contacto consigo mismo, salga de la meditación.

 

 

 

Meditación básica 4: Afirmaciones

 

Los principiantes normalmente encuentran que las afirmaciones son muy gratificantes. Es una práctica más sencilla que la de la respiración, y para conseguir resultados no hace falta pensar o practicar mucho.

Cuando estamos relajados somos bastante sugestionables y tendemos a responder a nuestras afirmaciones sin darnos cuenta. Por este motivo, asegúrese de que su afirmación le conviene. En el siguiente ejercicio probaremos dos, pero es bueno inventarse las propias.

 

Instrucciones

Póngase cómodo y repase el cuerpo para detectar tensiones obvias. Cuando esté preparado, respire hondo dos veces. Suelte el aire completamente y sienta cómo la respiración se mueve dentro suyo.

En cuanto entre en contacto con la respiración, diga la primera afirmación: «MÁS LENTO». Diga la primera palabra al inspirar y la segunda al espirar. No intente regular la respiración. Adapte la afirmación a la respiración. Preste atención a las palabras hasta que salgan solas de forma automática y sin esfuerzo.

Ahora concéntrese en la respiración. Probablemente se hará más lenta. Esto generalmente sucede cuando nos relajamos, pero no importa mucho si no es así. Preste atención a las sensaciones de la respiración o los latidos del corazón. Esto ayuda a que las ondas mentales se hagan más lentas y pasen a alfa. Siga con «MÁS LENTO» durante un rato o cambie la afirmación a «DEJARSE IR». El ánimo puede cambiar. Tal vez le resulte más fácil dejarse ir al soltar el aire, o dejar ir los pensamientos, o dejar ir el esfuerzo de lograr un efecto.

Siga con la afirmación que le vaya mejor o invente una propia. Al final de la meditación observe si su estado de ánimo ha cambiado y, en tal caso, cómo.

 

 

Meditación básica 5: Mantra

 

Se puede usar un mantra directamente sin relajarse antes. El mantra barrerá los pensamientos y el cuerpo pronto le seguirá. Se puede decir en una meditación formal o mientras lavamos los platos, caminamos o compramos en el supermercado.

Puede usar cualquier mantra mencionado en este capítulo. Los tres siguientes funcionan bien: om ah es un buen mantra, muy sencillo (om al tomar aire, ah al soltarlo). Otro mantra sencillo es shalom (también dicho al inspirar y espirar).

Los mantras más largos le proporcionarán algo más consistente. Le mantendrán más alerta cuando se relaje profundamente. A mucha gente le gusta en especial el mantra tibetano om mani peme hung por este motivo. También tiene un ritmo repetitivo que nos transporta. Pronunciado Om maní péiméi hang, se puede decir rápido o lento, al compás de la respiración, los latidos del corazón o los pasos, o independiente de cualquier otro ritmo corporal.

 

Instrucciones

Elija un mantra y comience a repetirlo en silencio. Generalmente ayuda el sincronizarlo de alguna manera con la respiración natural o los latidos del corazón.

Sumérjase en la «lectura» y el ritmo del mantra. Envuélvase en el flujo de sonidos. Entrelace el mantra con las sensaciones producidas por la respiración. Deje que el mantra lo transporte. Siga con el mantra. Intente darse cuenta cuando la mente se queda en blanco. Si está perdiendo la concentración, diga las sílabas con mayor precisión o acentúe el ritmo. Disfrute.

 

 

Meditación básica 6: Cuerpo dormido, mente despierta

 

Este es el ejercicio más eficaz que conozco para entrar en el es­tado de «cuerpo dormido, mente alerta». Hay personas que lo usan a propósito para quedarse dormidas. Requiere gran concentración y relajación y es mejor hacerlo acostado.

En esta técnica revisamos el cuerpo, pero cambiamos nuestro punto de concentración cada dos o tres segundos. Esto nos mantie­ne alerta. En cada lugar buscamos sensaciones nuevas y luego se­guimos adelante antes de que la mente se aburra. Esta práctica es fácil de aprender, aunque al principio pueda parecer compleja. Grabarla en una cinta puede ayudar. En esta meditación, primero descienda sistemáticamente por el lado derecho del cuerpo, luego el lado izquierdo, luego lentamente hacia arriba y finalmente des­cienda por el medio. Terminamos concentrándonos en la respira­ción.

 

Instrucciones

Elija una postura. Si se acuesta en el suelo, ponga las palmas de las manos hacia arriba, las piernas un poco separadas y una al­mohada pequeña debajo de la cabeza. Dedique un minuto a aflojar las tensiones que tenga dentro.

A continuación recorra el cuerpo con la mente como si fuera un foco. Nombre cada lugar y trate de sentir o imaginar las sensa­ciones de ese lugar, por más sutiles que sean. Muévase ligera­mente, sintiendo y dejándose ir, sintiéndose y dejándose ir. Lado derecho: «Pulgar derecho... dedo índice... dedo medio... anu­lar... meñique... palma de la mano... reverso de la mano... muñe­ca... antebrazo... codo... parte superior del brazo... hombro... parte superior derecha de la espalda... mitad de la espalda... parte infe­rior de la espalda... nalga... muslo... rodilla... parte inferior de la pierna... tobillo... talón... planta del pie... empeine del pie... dedo gordo del píe... segundo dedo del pie... tercer dedo del pie... cuar­to dedo del pie... quinto dedo del pie... todo el lado derecho del cuerpo... lado derecho... lado derecho...» (Fíjese si lo nota diferen­te al izquierdo. Quédese así más o menos un minuto).

Lado izquierdo, igual que el lado derecho: «Pulgar izquierdo... todo el lado izquierdo del cuerpo».

Hacia arriba (más lentamente): «Ambos pies y tobillos... parte in­ferior de las piernas y rodillas... muslos y caderas... vientre y par­te baja de la espalda... plexo solar... pecho y parte superior de la espalda... manos y antebrazos... codos y parte superior de los bra­zos... hombros, cuello y garganta... parte de atrás y lados de la cabeza... parte superior de la cabeza... todo el cuerpo...» (Quédese así durante unos segundos). Hacia abajo y hacia adentro: «Frente... ojos... orejas... nariz y me­jillas... boca... mandíbula... toda la cara... interior de las fosas na­sales... interior de la boca... interior de la garganta... el pulmón derecho (sentir cómo se expande y se contrae)... el pulmón iz­quierdo... el corazón... hígado... estómago... ríñones... intestinos... órganos sexuales... todo el interior del cuerpo...». Sienta el suave fluir de la respiración. Deje que la mente des­canse en algún lugar dentro de usted y cuente las respiraciones durante el resto de la meditación.

 

 

Meditación básica 7: Objeto natural

 

Cuando algo nos llama la atención, la mente momentáneamente se concentra en ello y los demás pensamientos desaparecen. Esto sucede muchas veces al día. Esta meditación transforma este hecho natural en una práctica formal.

Suelo enseñar esta meditación colocando varios objetos sobre una mesa: un florero con flores, una vela, un cristal, una manzana o un mango, un trozo de madera devuelto por el mar, un pañuelo de seda multicolor. Es importante que los alumnos puedan elegir algo que les resulte personalmente atractivo.

Podemos observar el objeto fríamente, como si dijéramos, considerando su forma y color, pero a medida que nos vamos relajando aparecen espontáneamente recuerdos y asociaciones. Por ejemplo, nos podemos encontrar imaginando la textura, el gusto y la estructura interna de una naranja. Todo esto contribuye a ahondar nuestro sentido de empatia y unión con el objeto.

El proceso se puede reforzar usando la imaginación. Podemos imaginar que nos hacemos pequeños y entramos en la manzana, o incluso que nos convertimos en una manzana. Puede ser muy divertido.

 

Instrucciones

Coloque algo que le interese sobre una mesa a una distancia conveniente delante suyo, no demasiado cerca ni demasiado lejos, ni muy bajo ni muy alto. Cierre los ojos un par de minutos y relájese usando cualquier técnica que le apetezca.

Abra los ojos. Mantenga los músculos flojos y suaves. Los ojos pueden estar casi desenfocados. Pose los ojos sobre el objeto y explórelo. Diga el nombre del objeto en silencio, como si fuera un mantra, cada vez que suelta el aire. Sin esfuerzo y sin fijar la mirada, familiarícese con el objeto. Note su color, sombras, textura, etcétera.

Use su imaginación si lo desea. Imagine que lo está tocando o sosteniendo, que está metiéndose dentro del objeto o transformándose en él, o permita que afloren las asociacioens. Si lo desea, cierre los ojos y explore el objeto en su imaginación. Siga diciendo la palabra para evocar la imagen. Los detalles pueden cambiar ligeramente. Si pierde la imagen del todo, abra los ojos otra vez.

De vez en cuando repase todo el cuerpo para asegurarse de que está relajado. Si nota que se está poniendo tenso, mantenga los ojos cerrados un rato. Si nota que empieza a soñar, abra los ojos. Medite sobre el objeto con los ojos abiertos o cerrados, como quiera. Al final de la meditación, observe cómo se siente su cuerpo.

 

 

Meditación básica 8:  Visualización

 

La visualización puede ser muy sencilla (un punto de luz blanca en el espacio, por ejemplo) o más compleja. Con independencia de sus inclinaciones, al principio es conveniente comenzar a practicar sobre cosas sencillas, como por ejemplo:

  Los colores del arco iris

  Los cuatro elementos (aire, tierra, agua, fuego)

  Objetos de los cinco sentidos

  Diferentes formas de vida, desde los virus para arriba.

• Recordar los detalles sensoriales del día: colores, olores, sabores, sensaciones táctiles, sonidos y las emociones que rodean a cada uno de ellos.

 

Este tipo de práctica desarrolla la habilidad de construir visualizaciones más complejas a voluntad. La más sencilla es visualizar un color. Algunas personas evocan fácilmente un color puro, mientras que otras prefieren evocar objetos de ese color. Las siguientes meditaciones se pueden hacer con cualquiera de las secuencias mencionadas más arriba.

No es importante «ver» los colores con claridad, sino que es suficiente con la sensación que generan. Lo que importa es tener la mente absorta, de modo que no se distraiga con otras cosas. El color es sólo una excusa para que la mente se concentre, cosa que sucede incluso intentando sentir algo que está más allá de su percepción.

 

Instrucciones

Póngase cómodo y relájese, con los ojos abiertos o cerrados. Comience a trabajar lentamente con los colores del espectro, comenzando por el rojo. Diga la palabra «rojo» cada vez que suelte el aire. Espere que aparezca un determinado tono de rojo, o el recuerdo de un objeto rojo. Cuando aparezca, explore la sensación sin ponerse tenso. Disfrútelo durante un minuto. Trabaje con los colores del arco iris, dedicándole un minuto a cada uno: rojo... naranja... amarillo... verde... azul... añil... blanco. Notará que algunos colores u objetos le vienen a la mente con mayor facilidad que otros.

Concéntrese ahora en el color que más le ha gustado. Imagine la calidad de ese color irradiando a través de todo el cuerpo. Juegue con las asociaciones que afloren. Siga diciendo la palabra como si fuera un mantra. No trate de lograr nada. Asegúrese de su cuerpo no se pone en tensión.

Deje que el color desaparezca y que su mente descanse con las sensaciones del cuerpo durante un par de minutos. Note el estado de su cuerpo y mente antes de emerger.

 

 

Meditación básica 9:  Asignar nombres

 

En esta meditación nada es una distracción. Aquello que llame su atención en el momento se convertirá en el objeto de meditación. Céntrese en ese objeto un segundo, asígnele un nombre, déjelo ir y vuelva a la respiración. Si le pone nombre a un pensamiento que lo distrae, puede mantenerlo a distancia, y eso lo desarma. No importa la frecuencia con que haga esto, simplemente reconozca dónde está su mente, si en la respiración o en la distracción.

Poner o asignar nombres es una meditación que da conocimiento o conciencia de uno mismo. Ayuda a que veamos exactamente cómo es nuestra realidad momento a momento.

La asignación de nombres se puede hacer de muchas maneras. Es corriente decir el nombre elegido dos o tres veces, para volver más lento el impulso de la mente. Una expresión que pone un nombre puede ser muy precisa o muy general. Veamos algunos ejemplos; puede usar cualquier combinación que le vaya bien:

Si lo que aparece es un pensamiento del día anterior, puede decir «pasado, pasado...». Si es un pensamiento para mañana, diga «futuro, futuro...».

Puede darle un nombre a la sensación más destacada: «oído, oído... (para los sonidos); tacto, tacto... (para dolores en el cuerpo); pensar, pensar... », y así sucesivamente.

Puede catalogar el estado emocional: «triste, triste... cansado, cansado... aburrido, aburrido...». También puede asignarle un nombre a su reacción: «Me gusta, me gusta... No me gusta, no me gusta...».

También puede ponerle nombre al objeto exacto del pensamiento: «María, María... tarea, tarea... Bosnia, Bosnia... café, café...».

 

Instrucciones

Siga cualquier meditación habitual. Si la mente se distrae, observe hacia donde va. Pase su atención a la distracción y asígnele un nombre, dos o tres veces, luego regrese al objeto de la meditación.

No persiga un pensamiento ni se interese en él. No especule «¿Por qué estoy pensando en esto?». Siéntase relajado mientras cambia su atención del objeto de meditación a la distracción una y otra vez.

No se esfuerce por lograr una gran concentración ni censure algunas cosas. Permita que todas entren en la conciencia, incluso aquellas que habitualmente trata de ignorar. Literalmente todo se puede aprovechar. «Dolor de cabeza, dolor de cabeza... tristeza, tristeza... zumbido, zumbido... comida para perros, comida para perros...».

Aprenda a verlo todo con igualdad y sin apego. Esta es su experiencia de vida, aquí y ahora. ¿Puede aceptarla? ¿O quiere detenerse a elegir?

A medida que sigue adelante, los pensamientos ajenos se vuelven menos insistentes. A usted le toca decidir si permanece con la respiración o disfruta de los espacios donde no hay pensamientos.

 

 

Meditación básica 10:  Vaciar la mente

 

Esta meditación es similar a la anterior. Cuando «asignamos nombres» nos concentramos en la respiración o la distracción. Cuando «vaciamos la mente» no nos concentramos en nada, excepto el proceso de dejarse ir. «Asignar nombres» es bueno cuando la mente está plagada de distracciones; «vaciar la mente» es una práctica avanzada a realizar cuando la mente se encuentra especialmente fuerte y clara.

Normalmente nos concentramos en un objeto que nos ayude a abandonar todos los demás pensamientos. Cuando la mente es fuerte, sin embargo, podemos abandonar incluso el objeto y simplemente dejar que la mente se abra. Todo lo que tenemos que hacer es vigilar y descartar cualquier cosa que aparezca en la mente. Por lo tanto, nos concentramos en dejarse ir, dejarse ir, dejarse ir. Continuamente tratamos de desconectar y vaciar la mente.

Unas imágenes pueden servir para ilustrar este proceso: esta meditación es como barrer el patio en un día de viento. Cuando barremos las hojas muertas de nuestros pensamientos de un lugar, aparecen otras de otro lado.

Otra imagen es considerar la mente como una corriente de conciencia, en la que nuestros pensamientos son las hojas y las ramas que pasan flotando. En cuanto note que ha pescado un pensamiento de esos y lo ha rescatado de la corriente, vuelva a tirarlo al agua.

También podemos pensar en la mente como un espejo. En sí es perfectamente claro, pero en cambio, refleja todos los detalles de las nubes que le pasan por delante. Tratamos de identificarnos con el espejo (la mente que observa) y no con las nubes (nuestros pensamientos).

Dado que en esta meditación estamos continuamente vaciando la mente, pueden aparecer sensaciones inusuales, conocimientos y recuerdos que normalmente no llegarían a la conciencia. Dejar todo eso de lado puede ser un reto considerable, porque en cuanto sacamos algo de la corriente, ya hemos perdido la meditación.

«Vaciar la mente» es algo muy especial. Al contrario que en otras prácticas, no nos concentramos en un objeto o una imagen. En la meditación de «asignar nombres» nos concentramos momentáneamente en las distracciones, pero en esta práctica llegamos a la claridad mental subyacente.

 

Instrucciones

Puede comenzar haciendo una práctica de meditación cualquiera. Cuando su mente esté tan clara que nada la distraiga, deje el objeto de lado y permita que la mente se abra y sea como un espejo.

Disfrute del espacio y permita que cualquier cosa pase por él: emoción, pensamiento, sensación, memoria. No demuestre interés por nada, pero esté atento a la más mínima atracción o aversión. Decir la afirmación «dejarlo ir» mientras respira, para centrarse, le puede servir de ayuda.

Mire a cada pensamiento, emoción y sensación de igual manera, sin preferencias: un tic en la oreja, un recuerdo de infancia, un sentimiento de pena, el ruido del tránsito, un pensamiento sobre mañana, una gran revelación.

Si aparecen muchos fenómenos similares (una cadena de recuerdos, por ejemplo, o puras sensaciones físicas), es que está seleccionando inconscientemente. Realmente está desconectado si lo que aparece es diverso y pasa en un instante. Si sospecha que está perdido, entonces es que lo está. Pare inmediatamente y reestablezca la concentración en un objeto. No vaya de un lado a otro.

Ajústese a los espacios entre pensamientos y sienta la conciencia detrás de los contenidos de su mente. Cuando acabe esta práctica, su mente se sentirá imperturbable, espaciosa y tranquila.

 

 

Punto de meditación: Estar presente

 

Este ejercicio está pensado para ayudarle a encontrarse si se siente disperso o «fuera de juego». Hace pasar la mente rápidamente de los pensamientos al mundo de las sensaciones que le rodea. Se puede hacer en cualquier lugar y en cualquier momento. Es fácil de practicar cuando se está en actividad; yo lo hago a menudo mientras:

  Me cepillo los dientes

  Limpio la habitación

  Me preparo para salir

  Compro en el supermercado

 

Instrucciones

Pregúntese: «¿Dónde estoy?» y cambie su mente de pensamientos a sensaciones.

Observe de qué forma su atención va de un punto a otro: al sostener el cepillo de dientes, abrir el grifo, oir el sonido del agua que sale, sentir el movimiento del brazo al alzarlo, el picor de la pasta de dientes en la lengua.

Fíjese también en el tono emocional: de gusto o no gusto, apresurado, inquieto, de disfrute, cansado, nervioso. Observe estos tonos con igual desapego mientras desfilan delante suyo. Verá que la mente puede volver rápidamente al mundo de los pensamientos. Tráigala enseguida a cualquier sensación inmediata, por trivial que sea.

Observe pasivamente las sensaciones y emociones que van y vienen mientras usted lo desea. No piense o analice. Cuando note lo que está haciendo, podrá observar que sus movimientos se han vuelto más armoniosos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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